Opinión Migración 130323

A la sombra

A 10 meses de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, entonces presidida por el ministro Arturo Saldívar, declaró inconstitucionales las revisiones migratorias por ser una medida discriminatoria y racista, la Cámara de Diputados aprobó un dictamen que establece que el Instituto Nacional de Migración, que dirige Francisco Garduño, podrá llevar a cabo revisiones migratorias dentro del país conforme a sus protocolos.

De acuerdo con organizaciones de migrantes, esta iniciativa, turnada apenas al Senado, es inconstitucional, contraría a lo aprobado por la SCJN y perpetúa el actuar racista y discriminatorio en las revisiones migratorias. Ricardo Monreal deberá hilar fino para dirimir esta contradicción. (El Sol de México, República, p. 2)

Rozones

Tropel en la frontera

Y fue un tropel de migrantes indocumentados corriendo sobre un cruce fronterizo en El Paso, con la idea de cruzar ilegalmente a Estados Unidos, lo que hizo levantar la ceja a más de un observador del tema migratorio. Sobre todo porque se da en un momento de tensiones entre México y algunas voces, principalmente de congresistas del Partido Republicano, que suelen usar esos temas en sus campañas. Y es que la situación en el puente de pronto dio la noción de autoridades superadas, especialmente las del lado mexicano, que no pudieron frenar la marea de personas que de pronto avanzó hasta que se encontró con alambres de púas y cuerpos de seguridad estadounidenses. La situación de tensión que se prolongó varias horas también viene a dar cuenta, nos comentan, que la presión migratoria, como hemos referido en estas páginas, sigue al alza. (La Razón, La dos, p. 2)

Pulso político // Reinstalación de Jacobo, primer revés al Plan B

DE ESTO Y DE AQUELLO…

Para colmo, después del secuestro de cuatro estadounidenses en Matamoros, dos de ellos asesinados, en Monterrey se reportó la desaparición de tres mujeres residentes en Texas, en el municipio neoleonés de China, que son buscadas por agentes del FBI y autoridades estatales. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 5)

Contra las cuerdas // Corcholatas alistan salida

Uppercut: Después de los cuatro gringos desaparecidos en Tamaulipas, tres mujeres ciudadanas estadounidenses desaparecieron en el estado de Nuevo León. 

Se trata de las hermanas Maritza y María Trinidad Pérez Ríos, de 48 y 47 años respectivamente, así como Dora Alicia Cervantes Sáenz, de 53 años. 

La desaparición ocurrió cuando ellas viajaban en una camioneta Chevrolet Silverado, tipo pick up, con placas de Texas, Estados Unidos. 

Fueron vistas por última vez el pasado sábado 25 de febrero, en la colonia Centro del municipio de Chinal. 

Ellas eran de Doctor Coss y se dirigían supuestamente a vender ropa, por lo que tomaron la Carretera China a General Terán. (Alejandro Sánchez, El Heraldo de México, País, p. 7)

Razones // Con EU, atrapado por la narrativa

El gobierno de Estados Unidos, por lo menos mientras el presidente sea Joe Biden, no declarará como terroristas a los grupos del narcotráfico mexicano, y no emprenderá acciones militares contra los mismos, como pretenden muchos líderes republicanos y algunos demócratas. Pero que nadie se engañe, eso no significa que ignore esas presiones o que no intervenga ante un desafío que considera de seguridad nacional.

La tensión en temas de seguridad y, sobre todo, de tráfico de fentanilo, seguirán creciendo mientras no se desarticulen las redes y se golpee a las cabezas de los cárteles. Nadie puede oponerse a una campaña conjunta de difusión sobre los daños del consumo de fentanilo, pero incluso la misma se dificulta si se cree, como dijo el presidente López Obrador, que el problema es de Estados Unidos, que aquí ni siquiera hay consumo de fentanilo.

Se vuelve al discurso vacío de los años 70 y principios de los 80, como en casi todo, cuando se decía que “si México era el trampolín de las drogas, Estados Unidos era la alberca” y se insistía en que el problema de consumo era de ellos, que se atacaba la oferta pero no la demanda. Lo único que provocó ese discurso fue que, con complicidades gubernamentales, crecieran los cárteles en México en forma exponencial, hasta que estalló el caso Camarena.

En México, el consumo de drogas creció desde entonces hasta ahora. Cada vez más, por ejemplo, el fentanilo, a ambos lados de la frontera, se está mezclando con otras drogas, haciéndolo incluso más peligroso, porque muchas veces no se sabe qué es lo que se está consumiendo. Y esa realidad ya está presente en México. Hay ciudades como Tijuana, donde el consumo de fentanilo ha crecido exponencialmente.

El fentanilo recorrerá el mismo camino que han hecho todas las drogas anteriores, como la cocaína y las metanfetaminas: impuesto el consumo en la Unión Americana, los cárteles comienzan a pagar con droga sus servicios y buena parte de la misma se queda en territorio nacional y se impone su consumo local. Eso ya está pasando con el fentanilo. 

Pero, más allá de eso, Estados Unidos interviene e intervendrá en México. Seguramente no habrá intervención militar, pero sus agencias sí lo harán. Esta misma semana y también después de la reunión en Palacio Nacional, el embajador Ken Salazar denunció que hay municipios fronterizos en Tamaulipas donde ni él ni su personal pueden entrar, destacó el número de homicidios en ellos y exigió que puedan operar en ellos.

Después de la reunión del Presidente con la asesora de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, el FBI anunció que comenzaba la “cacería” de los líderes del Cártel del Golfo, publicaba sus fotos, ofrecía recompensas por información sobre ellos y demandaba toda la información posible sobre el secuestro de Matamoros. A lo que se ha sumado el tema de la desaparición de tres mujeres estadunidenses en el municipio de China, Nuevo León, cuando se dirigían a Matamoros, supuestamente para vender ropa, y de las que se ha perdido el rastro desde fines de febrero.

En términos de opinión pública, en Estados Unidos se ha impuesto la narrativa de que en México el Estado no tiene el control de buena parte del territorio nacional y los datos siguen fortaleciendo esa tesis: este fin de semana fueron incendiados por los criminales dos de los bares más importantes de Morelia, hubo otra masacre, esta vez en Apaseo el Grande, Guanajuato, se robaron tráileres con automóviles de empresas importadoras de automóviles. La lista es interminable.

El gobierno de Biden no se puede dar el lujo, ni los republicanos tampoco, de acabar con un intercambio comercial entre México y Estados Unidos que alcanza los 660 mil millones de dólares al año. Pero menos aún puede parecer indiferente a la violencia fronteriza y a los más de cien mil muertos anuales por sobredosis, que se suma a la crisis migratoria que los republicanos ya han ligado directamente con los cárteles y el tráfico de fentanilo. Y ésa es una narrativa muy poderosa en la Unión Americana, porque se compone de fuertes tramos de realidad.

No ayuda en ese sentido que el presidente López Obrador, por tercera o cuarta vez en los últimos meses, haya declarado que si los republicanos siguen con ese discurso iniciará una campaña para que los mexicanoamericanos no voten por sus candidatos en 2024. 

No se entiende que, primero, la influencia que puede tener el gobierno mexicano en el voto latino en Estados Unidos es escaso; segundo, que en lugar de debilitar, fortalece la posición republicana y, al mismo tiempo, estrecha los márgenes de operación los demócratas y de la propia Casa Blanca en una lógica de precampaña electoral. Y, finalmente, se olvida que cada vez el porcentaje de latinos, tanto de origen cubano como mexicano, que votan por los republicanos es mayor: no vaya a ser que ese escenario de polarización lo haga crecer.

Necesitamos refrescar, transformar el discurso en la relación con Estados Unidos. Más allá de encuentros diplomáticos públicamente amistosos, lo cierto es que tenemos muchos problemas que deben ser tratados y presentados de otra forma. Desde los temas migratorios y de tráfico de fentanilo, hasta los energéticos y los que no tienen siquiera sustento lógico, como la prohibición del maíz genéticamente transformado, que crea tensiones económicas y políticas sin sentido, porque lisa y llanamente ignora la información científica y viola el T-MEC. Pero seguimos con el discurso de los años 70. Hay que recordar cómo nos fue entonces. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)

Nadando entre tiburones // The law is the law, amigou

El Presidente es un enemigo de la democracia que, no conforme con dinamitar la de su propio país, ha pretendido interferir en los procesos electorales de otras naciones sin enfrentar consecuencia alguna. Los ejemplos sobran: en los conflictos con Bolivia y Perú, las escaramuzas le han servido para aumentar su popularidad; en el caso de EU —sin embargo— las cosas habrán de ser muy distintas.

“O cambia su trato hacia México o desde hoy comenzamos con una campaña informativa, en EU, para que todos los mexicanos, nuestros paisanos, sepan de esta alevosía, de esta agresión de los republicanos a México”, afirmó el Presidente —amenazante— el 9 de marzo pasado. “Y si continúan con esa actitud, vamos a estar insistiendo de que ni un voto de mexicanos, de hispanos, de los que quieren a su patria (…). Ni un voto a los republicanos”, continuó, enfático. “Queremos ver incluso, la reacción de otros legisladores del Partido Republicano, a ver qué opinan…”.

El Presidente demanda una reacción que llegará muy pronto, aunque —sin duda— será muy distinta a la que espera. “The law is the law”, terminarán opinando —¿qué más?— los legisladores ceñidos a un estricto rule of law. Las democracias latinoamericanas —incluida la nuestra— no cuentan con las herramientas legales suficientes para enfrentar al demagogo: EU, en cambio, lo han previsto desde antes que llegara al poder.

El pez por su boca muere; el pejelagarto, también. Andrés Manuel López Obrador ha expresado su intención de interferir en las elecciones norteamericanas: la Orden Ejecutiva 13848 —relativa a la “Imposición de sanciones ante actos de interferencia Extranjera en elecciones Norteamericanas”, y expedida en septiembre de 2018, por Donald Trump— ha definido conductas similares a las de nuestro mandatario como “una amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de los EEUU”.

Una amenaza a la seguridad nacional. La fiesta de la verborrea ha terminado: the law is the law, y las declaraciones de nuestro Presidente no sólo formarán parte del reporte final de las elecciones, en lo relativo a “cualquier información que indique que un gobierno extranjero, o cualquier persona que actúe a su nombre, ha actuado con la intención o propósito de interferir en las elecciones”, sino que serían parte fundamental de cualquier acusación que se encausara en su contra y de sus colaboradores. Acusaciones cuyas consecuencias rebasarían el plano personal, y terminarían por afectar al país entero.

El Presidente está incurriendo en los supuestos de la #EO13848, sin considerar que su conducta implica no sólo la congelación de sus activos —y los de sus familiares, y colaboradores más cercanos— sino que quienes hicieran negocios con ellos, y las instituciones financieras que les prestaran servicios, quedarían congelados, también, de inmediato, en el sistema estadunidense. La muerte comercial, para ellos: para el resto sería peor. El flujo de personas entre los dos países quedaría suspendido, ante la situación de emergencia, y el envío de remesas se interrumpiría sin tener que incurrir en mayor trámite; las empresas más importantes en cada industria quedarían bloqueadas también —expresamente por dañar al enemigo— y el flujo comercial se interrumpiría por completo. (Víctor Beltri, Excélsior, Nacional, p. 14)

Fuera de la caja // Dos embusteros

La relación entre México y Estados Unidos se ha complicado notoriamente en las últimas semanas. Aunque llevamos rato con dificultades, provenientes de las estrategias frente a la migración de parte de ellos y las relacionadas con la energía de parte nuestra, la situación es bastante peor desde el juicio a García Luna en ese país.

Por un lado, López Obrador quiso aprovechar ese juicio para convertirlo en una descalificación total del gobierno de Felipe Calderón. Por otra, la atención que tenían los medios internacionales sobre México desde la manifestación del 13 de noviembre, que se reflejó positivamente en la del 26 de febrero, implicó también la elevación del tema de narcotráfico, debido al juicio. Por las menciones a su persona en ese proceso, López Obrador le fue bajando al tema, pero en Estados Unidos ocurrió al revés, y algunos políticos empezaron a asociar el tema con el Presidente.

El muy confuso caso de los estadounidenses secuestrados en Matamoros, donde dos de ellos murieron, encontró entonces un campo ya preparado. Los republicanos aprovechan para descalificar a Biden en el tema del fentanilo y la seguridad, de donde se extienden a migración. Alguno ha regresado a la idea de declarar los cárteles como organizaciones terroristas, lo que para algunos en México es interpretado como el inicio de una invasión armada.

Los demócratas tratan de minimizar estos ataques, y para ello trasladan parte de la responsabilidad a López Obrador, y exigen que haya un trato más rudo, no solamente en el tema económico, sino también en el de seguridad. No mencionan migración, donde, como sabemos, México es el muro.

Aquí, López Obrador se hace eco de aquellos que imaginan una invasión armada para envolverse en la bandera nacional, y regresar a esa historia de bronce que le encanta y que sigue siendo casi la única referencia para la mayoría de los mexicanos. No dudo que este sábado, en la conmemoración de la nacionalización de la industria petrolera, aprovechando el lema que le pusieron a Pemex al inicio del sexenio, el tema sea “en defensa de la soberanía”.

En ambos países, la relación se ha convertido en tema electoral, porque ambos elegiremos presidente en 2024. Ya nos había pasado eso en 2015, cuando Trump nos usó durante la campaña para ganar votos, creando una ola xenófoba entre sus seguidores. El riesgo que eso implicaba en materia económica se reflejó en una depreciación del peso que no tenía ninguna otra explicación. Pasamos de 15 a 22 pesos al día de la toma de posesión de Trump, y ahí nos mantuvimos debido a la renegociación del NAFTA, primero, y al triunfo de López Obrador, después. Las amenazas de hoy no son iguales, pero el entorno financiero es más volátil.

Algunos opositores se imaginan que la presión estadounidense sobre López Obrador es buena noticia, pero no es así. Primero, no se trata de algo orientado al beneficio de ciudadanos mexicanos, sino al interés de políticos estadounidenses. Segundo, es una gran oportunidad para que López Obrador aproveche su discurso soberanista trasnochado (el que no utiliza con Cuba, Venezuela o Nicaragua). 

Lo más probable es que tengamos un incremento en la polarización en ambos países que no terminará con las elecciones de 2024. Tanto Trump como López Obrador (el Trump mexicano, lo llamó Fareed Zakaria) creen que eso los beneficia, y les tiene sin cuidado si daña a sus naciones. Ellos son la culminación de un proceso de deterioro político: autoritarios, irresponsables, narcisistas, que hacen realidad esa frase atribuida a Luis XIV: “después de mí, el diluvio”.

Dos grandes naciones subyugadas por dos embusteros. Después del diluvio, nos tocará reconciliar y reconstruir. (Macario Schettino, El Financiero, Política, p. 43)

American curios // La sombra ominosa

Es preocupante que a estas alturas se tenga que hacer la pregunta sobre si Trump podrá regresar al poder en las elecciones de 2024. Aún más alarmante es que no se puede descartar el retorno neofascista dentro de este autoproclamado faro de la democracia en el mundo.

Trump ya está en campaña y con ello regresan los ataques contra periodistas como enemigos del pueblo, los yo tengo otros datos para promover engaños y mentiras sobre elecciones, hechos científicos o para callar críticas, y también han regresado las teorías de conspiración y los ataques contra el llamado Estado profundo que incluye a sectores del Poder Judicial, el Congreso, la FBI y del Pentágono que se atreven a cuestionarlo. Revive la ofensiva política cultural contra los derechos y las libertades civiles de mujeres, los gays, rebrota la retórica racista y por supuesto el ataque antimigrante tan central a la primera campaña electoral, incluido el famoso muro.

Trump y su equipo han enfocado el mensaje de su campaña sobre el tema de la venganza: para aquellos que han sido agraviados o traicionados: yo soy tu retribución, repite el candidato. En su discurso reciente, Trump subrayó que “esta es la batalla final… todos lo saben… O ganan ellos o nosotros, y si ellos ganan ya no tendremos país”. Vale recordar que en diciembre, él afirmó que su retorno al poder, aun si eso implica terminar con la Constitución, es el objetivo supremo.

Ahora existe la posibilidad de que él pueda estar en campaña presidencial mientras está en juicio ante uno o más tribunales, y que por primera vez en la historia se volverá el primer ex presidente en enfrentar cargos criminales.

En Nueva York, el fiscal distrital parece estar cerca de anunciar una acusación criminal en torno a esfuerzos para pagarle a una estrella de pornografia, Stormy Daniels, por su silencio durante la primera campaña presidencial sobre una aventura sexual ¿Será que finalmente una estrella de porno valiente y honesta sea lo que finalmente logre frenar a una de las figuras más corruptas y misóginas de la historia moderna del país? (David Brooks, La Jornada, Opinión, p. 29)

Matamoros: ¿la gota que derramará el vaso?

Por las consecuencias de largo plazo que podrían tener, los trágicos eventos de la semana pasada en Matamoros podrían significar un hito en la evolución, tanto de la política de seguridad de México, como de los esquemas de cooperación que México y Estados Unidos han seguido en esta materia.

El asesinato de dos ciudadanos estadounidenses minutos después de que se internaran en nuestro territorio, por un escuadrón criminal perteneciente a Los Escorpiones (escisión de lo que fue el Cártel del Golfo), exhibe, una vez, más la conocida anemia crónica que padecen nuestras fuerzas de seguridad en varias zonas del país.

Pero estos asesinatos, en los que las víctimas fueron ciudadanos norteamericanos, serán exhibidos como evidencia de que la violencia criminal de México cobra nuevo auge, lo que afecta ya directamente la integridad física de los estadounidenses que visitan o viven en nuestro país.

Este tema, sumado a varios otros que en los últimos años han generado severas tensiones en la agenda bilateral, empiezan a considerarse, en conjunto, una amenaza mayor a la seguridad nacional de Estados Unidos.

La violencia de la que fueron víctimas nuestros visitantes de Carolina del Sur es un agravio más, entre los que Estados Unidos ha utilizado recientemente, para ejercer mayor presión sobre el gobierno mexicano.

Si volteamos un poco atrás, un primer agravio tuvo que ver con el crecimiento de las caravanas de inmigrantes ilegales que cruzaban México para arribar a Estados Unidos.

A mediados de 2019, Trump acusó a México de propiciar esa avalancha y amagó con militarizar la frontera, con construir un enorme muro e, incluso, con imponernos tarifas arancelarias. México fue receptivo a estas presiones y destina actualmente 47 mil elementos militares y de la Guardia Nacional a tareas de control migratorio, con un saldo de casi 350 mil migrantes detenidos tan sólo el último año –según cifras oficiales citadas por Manu Ureste en Animal Político–.

Hacia finales de 2019, Trump y su equipo dieron otro manotazo en la mesa y exigieron a México debilitar a las organizaciones criminales que, según ellos, producían fentanilo y lo transportaban a Estados Unidos. México reaccionó también rápido al reclamo y elevó considerablemente las detenciones de delincuentes de alto perfil, especialmente aquellos ligados al Cártel Jalisco Nueva Generación, la coalición criminal más grande y violenta del país.

También, en coordinación con la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, las autoridades mexicanas congelaron cientos de cuentas de empresas presuntamente vinculadas con organizaciones criminales. 

Sin embargo, a pesar de todas estas acciones, la provisión de fentanilo a distribuidores y vendedores en Estados Unidos continuó su trayectoria ascendente, pues las muertes por sobredosis crecieron hasta llegar a 110 mil en 2022 (de las cuales 70 mil fueron por fentanilo).

Este incremento escandaloso de las muertes por sobredosis ha contribuido a gestar una coalición de legisladores, en su mayoría republicanos, que ejerce una tremenda presión sobre las agencias antidrogas y de inteligencia (DEA y FBI, especialmente) para reducir el tráfico de drogas desde México.

Estas presiones se escucharon claramente en la audiencia de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por el republicano Bob Menendez, sobre las medidas para frenar el tráfico de fentanilo.

En esa audiencia del pasado 15 de febrero varios legisladores fueron sumamente críticos sobre el mal desempeño de México en materia de seguridad y de las propias limitaciones de las agencias de su gobierno para enfrentar la epidemia de fentanilo.

En esa audiencia, Menendez declaró incluso que si no conseguían la cooperación de México para luchar contra los cárteles “por las buenas”, entonces tendrían que conseguirla “por las malas”. En ese mismo tono su colega Lindsey Graham se refirió el jueves pasado a México como un “narco-Estado”. 

Finalmente, el pasado 2 de marzo, William Barr, exprocurador de Estados Unidos, publicó un texto en el The Wall Street Journal donde expone sus razones para apoyar una resolución legislativa, promovida por los diputados Dan Crenshaw y Michael Waltz, que busca otorgarle al presidente de Estados Unidos la facultad de disponer del Ejército para atacar a los cárteles mexicanos.

De acuerdo con Barr, Estados Unidos no sólo está pagando un precio altísimo en vidas humanas por el tráfico de drogas, sino que paga más de un trillón de dólares anuales por costos indirectos. Por otra parte, el presidente López Obrador ha respondido a estos señalamientos, algunos de los cuáles carecen del mínimo rigor, con denostaciones y amenazas que sólo arrojan gasolina al fuego.

Sin embargo, me parece que detrás de toda esta nebulosa de agitación y vocerío políticos podrían estarse anunciando cambios de gran calado en los tradicionales esquemas institucionales con los que ambas naciones han trabajado hasta ahora. Un primer consenso fundamental que emerge es evidente: nadie está satisfecho con los resultados de lo que se ha venido realizando.

Una vez que se asienten los ánimos y el diálogo reemplace al ruido, el trágico evento en el que Shaeed Woodard y Zindell Brown fueron asesinados en suelo mexicano podría ser crucial para que las autoridades de México y Estados Unidos regresen a la mesa de negociaciones con una perspectiva más madura, con una visión más audaz y creativa, que nos permita avanzar en nuevas fórmulas de cooperación y apoyo que trasciendan moldes tradicionales.

Si esto llegara a suceder, estaríamos, quizás, en una etapa muy temprana todavía, pero ya en la vía de construir lo que en unos años podría conocerse como el nuevo Tratado de Seguridad y Protección para América del Norte. Sobre este escenario reflexionaré la próxima semana. (Eduardo Guerrero Gutiérrez, El Financiero, Política, p. 44)

Cartones

carton 1

(Galindo, El Universal, Opinión, p. 14)

carton 2

(Rapé, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

carton 3

(Rictus, El Financiero, Política, p. 42)

carton 4

(Magú, La Jornada, Política)