Opinión Migración 140323

Bajo sospecha // La mano que mece la cuna

Cientos de migrantes, en su mayoría venezolanos, se abalanzaron por el puente  internacional Paso del Norte-Santa Fe, que conecta a Ciudad Juárez, Chihuahua, con El Paso, Texas. De forma ilegal  e intimidatoria intentaron cruzar para llegar a Estados Unidos.

Cerca de las dos de la tarde del pasado 12 de marzo, de forma inusual, la garita comenzó a llenarse de migrantes, en su mayoría venezolanos; cientos de personas se aventaban y confrontaban con las autoridades estadounidenses. 

En instantes los migrantes decidieron caminar por el puente, no causaron daños, y, sin dudarlo, corrieron hacia la segunda inspección del puente, que es del lado estadounidense.

Eran mujeres, niños y adultos mayores que dejaron atrás a los elementos de la Guardia Nacional y del Instituto Nacional de Migración, dicen que para buscar respuestas de sus solicitudes por parte de las autoridades estadounidenses, que, a diferencia de las mexicanas, no cedieron un solo centímetro y mantuvieron a raya a los migrantes.

Está muy extraño que hayan sido migrantes, principalmente venezolanos, y cientos de ellos intentaran cruzar a como diera lugar. Recordemos que Venezuela está en constante conflicto con Estados Unidos y que el Presidente Maduro ha manipulado a la gente de su país en contra de Estados Unidos, particularmente contra la administración Biden.

El diario La Voz de Venezuela dice: “CARACAS / MARACAIBO, VENEZUELA. Durante los primeros dos años de la administración del presidente Joe Biden, la Casa Blanca ha dejado en el retrovisor una política de máxima presión sobre el chavismo en Venezuela para dar paso a una estrategia de negociaciones, cuyos resultados palpables apenas asoman sus frutos, según expertos consultados”.

Los medios de comunicación en Venezuela están bajo el control del Estado. La libertad de expresión simplemente no existe.

Estas caravanas masivas no son espontáneas, están hechas para desestabilizar la política interior de Estados Unidos. Hoy es el crimen organizado el que mueve a esa gente, prometiéndoles que los van a ayudar a lograr el sueño americano.

Muy pocos de estos migrantes saben que están siendo manipulados, pero a quien los mueve se le está pagando. Es negocio de millones de dólares.

En la caravana de estos días, de acuerdo con testimonios de varios venezolanos, llegó un mensaje de que era el “Día del migrante” y que Estados Unidos abriría las puertas para permitir que varios buscaran asilo o una visa humanitaria.

Pero se trataba sólo de un rumor, que generalmente es fomentado por grupos criminales que mueven estas caravanas para manipular, extorsionar, secuestrar, violar u obligar a los migrantes a delinquir.

Podría casi asegurar que detrás de esta caravana migrante podría estar el gobierno de Venezuela, entre otros opositores a Estados Unidos.

Me ha tocado cubrir como reportera algunas de estas caravanas. Por ejemplo, la del 2018, en Chiapas. Con mentiras, los migrantes fueron llevados a la frontera, y con un discurso muy religioso, prometiéndoles que llegarían a la tierra prometida del señor.

Los llamados “polleros” han movilizado estos enormes grupos desde Centroamérica con la promesa de que estarán mejor, pero el riesgo para ellos es enorme, y además, les cobran mucho dinero.

Según un cálculo de la Secretaría de Gobernación, en 2019, las ganancias de los traficantes de migrantes en México ascendieron a 615 millones de dólares. 

Para muchos, si un migrante paga a un pollero 5 mil dólares, bien podría tener otra opción de buscar una ruta segura a través de un vuelo desde Chiapas hasta Tijuana, que podría costarle poco más de 4 mil pesos, pero hay que recordar que se necesita tener papeles en regla para abordar un avión, y muchos de los migrantes no cuentan con pasaporte o identificación válida que les permita tomar esta ruta.

Por ello, el migrante termina siendo convencido por el pollero y opta por caminar varias semanas.

En otras ocasiones se ha dado el reporte de cómo estas caravanas surgen en momentos que parece favorecer a ciertos grupos, como en 2018, cuando el discurso antiinmigrante del entonces presidente Donald Trump subía de tono; de forma paralela miles de nicaragüenses, salvadoreños y hondureños comenzaron a viajar a pie en cantidades que antes no se habían visto con la finalidad de llegar a Estados Unidos. En ese momento, y especulando, podría ser que parte de estos movimientos hayan sido planeados de manera estratégica por el gobierno de Trump.

Lo que vimos este fin de semana, siendo mal pensados, la manera en que estos venezolanos intentaron ingresar a Estados Unidos, beneficia al gobierno de Venezuela, porque una situación así pone en problemas a la administración del presidente Joe Biden, con quien se han conflictuado constantemente.

En noviembre pasado, los migrantes también fueron convocados a través de redes sociales para que se aglutinaran en la misma garita de Ciudad Juárez. La mentira era similar: que Estados Unidos abriría las puertas a unos cuantos para dejarlos pasar, sin embargo, no llegaron más allá de la línea migratoria.

Ante este panorama, en 2021, el embajador estadounidense, Ken Salazar, acusó a los líderes de la caravana migrante de fingir que velan por los derechos humanos, cuando en realidad están beneficiando económicamente al crimen organizado, especialmente, a las pandillas de polleros que cruzan a migrantes a través de la frontera a cambio de dinero. 

En esa misma ocasión, el diplomático criticó que algunos políticos, sin mencionarlos directamente, utilicen el tema migratorio para hacer crecer su carrera en el sector público. “Los que usan esto de la migración para avanzarse políticamente, hay muchos, no lo deberían de hacer”.

Lo de Ciudad Juárez del pasado domingo se da en medio de las críticas de los republicanos más radicales y a unos meses de que termine la aplicación del llamado Título 42, con el que el gobierno de la Unión Americana deporta de forma inmediata a los migrantes con el argumento de los contagios por Covid-19. 

Ahora que el virus ya no es amenaza, Joe Biden alista nuevas reglas para frenar los enormes flujos migratorios bajo el Título 8 de la ley de migración, el cual pondrá en marcha a partir de mayo. Además, hay que recordar que pronto habrá elecciones en Estados Unidos, y eso también es parte de la estrategia. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 18)

¿Será?

Nos dicen que ayer fue un día duro para el Gobierno mexicano. Por una parte el presidente Andrés Manuel López Obrador se reunió con una delegación congresista bipartidista encabezada por el republicano Jason Smith. En EU el canciller Marcelo Ebrard sostuvo reuniones con congresistas del mismo Partido Republicano. Hay quien asegura que el tema central fue el de la propuesta estadounidense para que sus fuerzas armadas apoyen la lucha contra el narcotráfico a cambio de favores en materia migratoria.¿Será? (24 Horas, La dos, p. 2)

Hechos y susurros // ¿Buena vecindad?

En materia de política exterior, la relación bilateral entre México y los Estados Unidos de América ha sido y sigue siendo fundamental para nuestro país. La extensión de frontera -3 mil 200 kilómetros- para nosotros la norte y para los norteamericanos la del sur, mantiene una agenda en la histórica y cada vez más complicada crisis migratoria.

Para nuestro país, es un muy importante socio comercial el vecino país del norte; también en materia de seguridad y narcotráfico, y muchas cosas más que vinculan la cercanía geográfica de ambos países, por eso la importancia de la relación bilateral.

Nunca han sido fáciles las relaciones diplomáticas. A raíz del secuestro en Matamoros, Tamaulipas de cuatro estadounidenses, las alertas del Gobierno del Presidente Biden, tocaron las puertas de Palacio Nacional para ser escuchados y atendidos por el presidente López Obrador. El embajador Ken Salazar, denunció las dificultades tan solo en Tamaulipas, de los funcionarios de los consulados americanos por parte de los cárteles en la entidad.

Y por ello, la iniciativa de los republicanos para clasificar a los cárteles mexicanos como terroristas. Hecho que reclamó el presidente López Obrador con el respaldo de gobernadores de las filas de Morena y legisladores afines a la 4T. Pero, son congresistas norteamericanos afines a Donald Trump, a quien el Jefe del Ejecutivo nombró su amigo, en lo que ha sido el inicio de la relación bilateral.

La diplomacia mexicana, a través del Presidente de la República, responde a los congresistas republicanos en el escenario del proceso electoral que se avecina de pedir a los ciudadanos de origen mexicano y latinoamericano que no voten por el Partido Republicano. Y en materia económica, los empresarios americanos le piden a Joe Biden que en el campo energético pida a los mexicanos certeza.

La vecindad entre México y Estados Unidos se empieza a dar a través de la “Ley del Talión” ojo por ojo. (Dolores Colín, 24 Horas, CDMX, p. 7)

Apuntes de Guerra // ¿Al grito de guerra?

El reciente aluvión de críticas al gobierno mexicano por parte de algunos legisladores, comentaristas y medios estadounidenses ha caído como balde de agua fría en el difícil escenario de la relación bilateral, pero no es sorpresa. 

Lo que parecería un estallido de indignación a raíz del trágico secuestro/asesinato en Matamoros, es parte del repertorio de los sectores más conservadores de EU. Las palabras clave parecen de manual: migración, mano de obra barata que roba empleos, falta de integración/asimilación, pandillerismo, narcotráfico y violencia criminal.

Aún si hay un obvio motivador xenofóbico/racista, una parte de estas frecuentes campañas tiene que ver con la agenda de política interior estadounidense, y el calendario electoral juega un papel determinante.

Para los Republicanos en general, y los Trumpistas/DeSantistas/Abbotistas en particular, la frontera EU-México ha sido una mina de oro propagandística en los últimos dos años y pico. A raíz del discurso más humanista de Biden en materia migratoria, todo lo que sucede en la frontera se lo cargan al presidente, y la realidad de una crisis migratoria y humanitaria pocas veces antes vista hace que esto resuene muy bien en medios conservadores como Fox, Breitbart y Newsmax, además de un sector de la comentocracia washingtoniana.

Si sumamos la crisis provocada por el fentanilo, que en 2022 mató a más de 70 mil estadounidenses, tenemos el ambiente idóneo para la crítica al gobierno de México y sus percibidos como pocos resultados en cuanto al combate a los cárteles. Agregando todo lo recientemente divulgado en el juicio de Genaro García Luna, la narrativa del fracaso histórico mexicano no se complica.

Consideremos: primero, la corresponsabilidad estadounidense al no poder controlar en su propia frontera la entrada de drogas y precursores químicos, ni la salida de armas de alto poder y efectivo en cantidades industriales.

Segundo, la ineptitud o complicidad de autoridades estadounidenses al haber confiado y colaborado ciegamente con los García Lunas de este lado de la frontera. 

Tercero, el absurdo planteamiento de la acción militar directa, cobijada o no bajo la denominación de los cárteles como organizaciones terroristas. Quien crea que unos misiles contra algún laboratorio van a hacer una diferencia en la guerra contra el narco bien haría en regresar a Afganistán, Irak, o cualquiera de los escenarios en que EU ha fracasado estrepitosamente.

Finalmente, habrá quien se pregunte por qué el presidente mexicano se ha enganchado de tal forma con legisladores estadounidenses de segunda o tercera fila que hacen burda propaganda electorera. La respuesta es fácil, para López Obrador, que había evitado el discurso ultranacionalista, es un regalo providencial: poner dura la pierna ante los Menéndez y los Crenshaws y hasta los Grahams tiene pocas repercusiones inmediatas y le abonará puntos de aprobación en México.

Nada quita lo serio y lamentable de la situación en que nos encontramos, peleando una guerra que solo parcialmente nos corresponde, con “aliados” que no hacen lo que les toca y que de paso nos insultan y agravian cada que pueden. (Gabriel Guerra, El Heraldo de México, País, p. 8)

Serpientes y escaleras // La contraofensiva de Palacio Nacional

Después de una semana de haber actuado de manera solamente reactiva y ante la fuerza que está tomando la campaña del partido Republicano en Estados Unidos, para acusar al gobierno mexicano de no actuar ante los cárteles productores y traficantes de fentanilo y pedir una intervención estadounidense en México, el gobierno del presidente López Obrador pasó ayer a la contraofensiva y comenzó a hablar con congresistas del país vecino, a los que les explicó las acciones que lleva a cabo su administración para frenar el tráfico de fentanilo, además de instruir a los 52 cónsules y al embajador mexicano en Estados Unidos a iniciar una campaña en los medios de aquel país para “no permitir que atropellen a México” con mentiras.

Diseñada desde la Secretaría de Relaciones Exteriores, la contraofensiva mexicana inició con una reunión que tuvo ayer López Obrador con una delegación de siete congresistas demócratas y republicanos de Estados Unidos, a quienes recibió personalmente en Palacio Nacional y en donde participó también el embajador estadounidense, Ken Salazar. En el encuentro, según un comunicado de la Presidencia de la República, el mandatario mexicano abordó el tema del fentanilo y respondió a las duras críticas que se han hecho desde el Congreso norteamericano contra su gobierno por no combatir la producción y tráfico de esa droga letal al país vecino.

“El primer mandatario subrayó las acciones y resultados del Gobierno de México en materia de lucha contra cadenas internacionales de suministro de fentanilo y otros percusores químicos, en el marco del Entendimiento Bicentenario sobre Seguridad, Salud Pública y Comunicaciones seguras”, sostuvo el comunicado oficial sobre la reunión en la que participaron los congresistas republicanos, Jasos Smith, de Missouri; Beth Vane Duyne, de Texas; Carol Miller, de Virginia Occidental; Michelle Fischbach, de Minnesota; Mike Carey, de Ohio, y Kelly Armstrong, de Dakota del Norte; así como los congresistas demócratas Terry Sewell, de Alabama; y Jimmy Panetta de California.

Al mismo tiempo que el presidente recibía a los congresistas estadounidenses en México, en Washington el canciller Marcelo Ebrard se reunía en la sede de la Embajada mexicana con el embajador Esteban Moctezuma y con los 52 cónsules mexicanos en la Unión Americana para ordenar a los diplomáticos que inicien una campaña de respuesta a los ataques a México en los medios, la opinión pública y los círculos políticos estadounidenses. “No vamos a permitir que atropellen a México”, dijo Ebrard a los cónsules mexicanos, a los que pidió “no dejar que se consolide una narrativa basada en mentiras que dañe a nuestro país”, y les instruyó a realizar reuniones informativas con la comunidad mexicana y actores políticos e informar semanalmente de esos encuentros.

Según el secretario de Relaciones Exteriores, México ha sido “el principal aliado de Estados Unidos en la estrategia en contra del fentanilo” y esa lucha ha costado cientos de bajas de fuerzas federales mexicanas. En lo que va del sexenio, informó Ebrard a los cónsules, México ha incautado una cifra récord de más de 6 toneladas de fentanilo en el territorio nacional, lo que ha evitado, según el funcionario, miles de millones de dosis mortales. “Con este costo de vidas humanas ¿cómo es que estos señores se atreven a cuestionar nuestro compromiso o, peor aún, a pedir una intervención en nuestro país”, preguntó el canciller ante el aplauso de los cónsules y el embajador mexicano reunidos en el Instituto Cultural de México en Washington.

Al parecer, tras varios días de dimes y diretes entre López Obrador y senadores republicanos como Mike Waltz y Dan Crenshaw, el gobierno mexicano decidió dejar de lado los adjetivos y las respuestas meramente discursivas del presidente, para pasar a una estrategia diplomática con la que se busca contrarrestar el discurso de los sectores más duros del Partido Republicano y las pretensiones de buscar una intervención militar contra los cárteles de la droga mexicanos, a partir de que se les declare organizaciones terroristas.

Veremos qué tanto funciona la contraofensiva mexicana, en la que incluye también el activismo de los cónsules del país para hablar con las comunidades de migrantes mexicanos en las ciudades estadunidenses, algo que el propio presidente López Obrador advirtió públicamente al Partido Republicano con la amenaza de que podría usar su influencia entre la comunidad mexicana residente en la Unión Americana para pedirles que “no voten por los republicanos”. El problema es que, a partir de las declaraciones del pasado domingo del influyente senador demócrata, Bob Menéndez, ya no sólo se tiene que contrarrestar a los republicanos radicales, sino también a los congresistas del partido gobernante en la Casa Blanca.

Por lo pronto es un hecho que, con la respuesta mexicana y la ofensiva cada vez más intensa desde el Capitolio contra el gobierno lopezobradorista y su fallida estrategia contra el narcotráfico, ha empezado una guerra diplomática en la que en Palacio Nacional han decidido contraatacar y recurrir a su ejército de diplomáticos en el territorio estadounidense, además de buscar el diálogo con los sectores menos radicales de las bancadas republicanas, en busca de parar la campaña republicana que genera la percepción de un país caótico y sin ley y un presidente y su gobierno rebasados y encubridores ante los cárteles de la droga. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. 11)

Antilogía // Hacia un acuerdo de seguridad regional

Desde el diseño del TLC, en los años noventa del siglo pasado, se planteó incluir temas como la seguridad y defensa de la región, sin que prosperara esa iniciativa, en virtud del enfoque eminentemente comercial del tratado.

Recuerdo que México planteaba capítulos de regulación migratoria, laboral y de protección al campo, mientras que EU exigía petróleo, energía y defensa. Al final, las pretensiones de una y otra parte fueron retiradas, pero la realidad terminó imponiéndose. Creció el libre comercio, pero también la emigración indocumentada y el tráfico de drogas ilícitas. Un ejemplo: con sus 15 mil contenedores cruzando diariamente la frontera, Nuevo Laredo, Tamaulipas, se convirtió en la aduana del TLC, pero también en una de las plazas más disputadas por los cárteles que trafican droga y personas de aquí para allá, y armas y dinero de allá para acá.

Después de los ataques terroristas del 11-S, se promovieron al menos dos iniciativas para lograr un acuerdo trilateral de seguridad y defensa: la iniciativa de “fronteras inteligentes” y la Asociación para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN). No prosperaron por un principio elemental de soberanía y por la desconfianza natural de México y Canadá a todo lo que implique “operaciones conjuntas” con un ejército imperial.

Sin embargo, nos urge como país no tener otro García Luna en Nueva York ni otro matamorazo en nuestro territorio. Y en este sentido, México y EU pueden reforzar un acuerdo de colaboración, cooperación y asistencia mutuas para desmantelar los cárteles en ambos lados de la frontera.

Nuestro país debe depurar sus aduanas, especializar sus órganos de seguridad, y reformar su sistema de procuración e impartición de justicia. Por su parte, EU puede revisar su sistema de venta de armas, fiscalizar a sus farmacéuticas consumidoras de precursores químicos y, en general, revisar su política de combate a las drogas. (Ricardo Monreal, Milenio Diario, Política, p. 13)