Opinión Migración 250323

Frentes Políticos

  1. Atrocidad sin límites. El crimen organizado roza lo inhumano. Un bebé de un año, abandonado a su suerte en la frontera, deja en evidencia la crueldad de los polleros. El río Colorado, testigo mudo de la desesperación, presencia cómo el traficante nada hacia EU con el pequeño en brazos y lo deja junto al río. Un minuto y 30 segundos bastaron para retratar el horror. El niño sigue al pollero al agua, pero la tragedia es evitada por una camioneta de la CBP. ¿Hasta dónde llegará la vileza de estos criminales? ¡Basta ya! Francisco Garduño Yáñez, el titular del Instituto Nacional de Migración, es el primero que debería actuar para poner un alto al tráfico de personas; de no hacerlo, su gestión pasará sin pena ni gloria. Y representa a la 4T, no lo olvide. (Excélsior, Nacional, p. 13)

La esquina

Como por un goteo cada vez más rápido, aumenta el número de solicitantes de asilo provenientes de Haití, que han hecho el viaje desde nuestra frontera sur. Son personas que requieren ser atendidas con humanidad… y representan también un problema social y humanitario que se le está viniendo encima a las autoridades. (La Crónica de Hoy, Pp)

Los principios de política exterior

Errática y visceralmente se conduce la política exterior de México desde las mañaneras, destruyendo todo lo que el día anterior el Servicio Exterior logró edificar con base en el interés, estrategia y objetivos nacionales.

No hay ruta ni visión de país, solo una gran ansia de protagonismo y conflicto.

Nuestra Constitución, en su artículo 89 fracción X, enumera los 8 principios con base en los cuales el Poder Ejecutivo Federal debe conducir la política exterior de México, siendo éstos la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

Son principios históricos que la nación mexicana fue forjando con base en sus necesidades y experiencia, pero sobre todo ante las amenazas que la acechaban desde el exterior, siendo plasmados en la Constitución el 11 de octubre de 1988, convirtiéndose en normas jurídicas de obligada observancia.

No obstante, desde 2018 se ha pretendido aplicar estos principios de manera caprichosa y selectiva, cometiendo graves arbitrariedades con países hermanos como Perú y España, siendo omisos ante la invasión rusa de Ucrania y entrometiéndose en la política interna de países como Estados Unidos.

Mientras en el orden interno se exige respeto a la autodeterminación de las y los mexicanos, en el exterior se pretende influir en el rumbo de asuntos ajenos, demostrando una grave falta de coherencia que no afecta a un individuo o un partido, sino a todo el país.

Vemos con gran preocupación cómo el actual gobierno pretende desviar la honorable e importante labor de los consulados que la sociedad mexicana financia para la protección de nuestros connacionales en Estados Unidos, hacia labores proselitistas en la política estadounidense, cometiendo con ello no solo la desviación de recursos públicos, sino generando un grave conflicto con nuestro principal socio comercial.

Se trata de una muestra evidente de falta de conocimiento de nuestros principios de política exterior, improvisación y mala aplicación de los mecanismos consulares de nuestro país.

 

Por el bien de los intereses nacionales, es urgente que en lo que resta del actual sexenio la operación de la política exterior se realice únicamente por parte del Servicio Exterior Mexicano, integrado por mujeres y hombres de gran capacidad, conocimiento y experiencia, que no obedecen a intereses partidistas ni personales, sino a los de la Nación. (Alejandro Moreno, El Universal, Opinión, p. 14)

Lo que no se quiere ver…

Las recientes declaraciones del presidente López Obrador respecto a la postura del Departamento de Estado, del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, -respecto a los derechos humanos en México-, contradicen la realidad cotidiana que viven los mexicanos hoy día.

Decir que se respetan más los derechos humanos en México que en Estados Unidos, no resiste el más leve raciocinio.

Significa desconocer que nuestras policías, municipales, estatales y federales no tienen ni la más básica capacitación, necesaria para cumplir con su misión. Que los levantones por parte de las policías siguen existiendo, -igual que antes-, y que incluso entregan gente a los grupos delictivos para que sean investigados, o sea, torturados.

 

Negar esta realidad genera más sospechas. ¿Será que su único contacto que nuestro presidente tiene con la realidad cotidiana de los mexicanos son los reportes de sus colaboradores?

Basta con ver los noticieros de TV y los de radio para descubrir testimonios aberrantes, y que por falta de voluntad política de los tres niveles de gobierno, terminan en la impunidad.

 

¿Será que él está tan obsesionadamente concentrado en el tema electoral, -pensando en el 2024-, que ya se ha desentendido de la gobernanza de este país?

El problema es que no sabe delegar responsabilidades, pues su pretensión de centralizar todas las decisiones, -al más puro estilo presidencialista de los años sesenta y setenta-, genera disfuncionalidad organizacional.

Está tan dedicado a promover los logros de la 4T que se atreve a hacer comparaciones que no resisten una superficial mirada.

El problema es que bien sabe él que sus seguidores creerán “a pie juntillas” lo que él dice, porque le tienen lealtad incondicional y fe ciega.

Sin embargo, no ha descubierto aún que vivimos en un mundo globalizado y cada “mañanera” pasa por la observación de las redacciones de los más influyentes medios de comunicación del mundo, porque México es un país muy importante dentro de la comunidad internacional.

Vamos a conceder que existe la buena intención de su parte de cambiar las peores prácticas de este país, -entre ellas las injusticias, las torturas y el abuso, por citar algunas-, y piensa que con desearlo con toda la fuerza de su voluntad, inmediatamente la realidad se va a alinear para cumplir sus designios, pues el poder que él ejerce es omnipotente.

 

Sin embargo, el sentido común nos dice que si no se han instrumentado programas específicos, -con acciones que garanticen el respeto a los derechos humanos-, no hay razón para suponer que la realidad haya cambiado.

Equivale a pensar que alguien podría esperar sacarse la lotería aún sin haber comprado boleto.

 

Quizá los programas de gobierno de esta administración fallan porque sus subordinados no han instrumentado los sistemas que impidan que se practique la corrupción. El fraude a Segalmex, -por 15 mil millones de pesos-, es la muestra palpable de que si no se instrumenta un sistema probado y garantizado, -para evitar la corrupción-, y toda su estrategia se resume en emitir mensajes moralistas que apelan a la responsabilidad del funcionario público, pues entonces todo va a seguir igual, o quizá peor.

Las estrategias de gobierno no solo se decretan, -como lo hace el presidente López Obrador-, sino que se instrumentan con acciones específicas.

 

Las mañaneras, -en este mundo globalizado-, ya no son un púlpito desde donde se hacen declaraciones dirigidas sólo a los mexicanos. Dada la importancia de nuestro país, ya se convirtieron en un medio público de alcance internacional. No puede haber mensajes sólo para los mexicanos y otros dirigidos a la comunidad internacional.

Por ejemplo, las declaraciones de Nicolás Maduro en sus variados programas de televisión sólo tienen impacto en su país. Sin embargo, la ubicación geográfica de México, su importancia como miembro del G20 y las inversiones extranjeras en nuestro territorio, generan en la comunidad internacional un interés especial, por conocer lo que aquí sucede.

Lo peligroso es que el protagonismo de nuestro presidente, -y su habitual ánimo de hacer declaraciones de alto impacto-, generan expectación en la prensa internacional, pues constituyen noticia. Sin embargo, algunas de estas aseveraciones afectan la reputación de nuestro país, por el modo en que son expresadas.

Por su impacto en la política exterior de nuestro país, las mañaneras debiésemos empezar a considerarlas un asunto de seguridad nacional, porque pueden afectar las relaciones con otros países. (Alejandro Homs, El Universal, Opinión, p. 15)

Liberales y conservadores / ¿Presidentito?

Tras llenar el Zócalo con medio millón de asistentes, según el cálculo oficial, el presidente López Obrador se envalentonó y buscó con quien medir su grandeza

Como no vio enemigo local digno, buscó afuera.

Enfocó sus baterías al otro lado del Río Bravo porque cree que puede y que no hay nadie que se lo impida.

 

López Obrador percibe equivocadamente que el presidente Biden —a quien por estrategia deslinda de las agresiones a México— está debilitado dentro de su país y en el mundo.

Hace mal en confundir su vejez con candidez.

En su desdén, olvida que Biden es uno de los políticos más experimentados y que encabeza a la nación más poderosa del planeta. Apuesta a que la supremacía estadounidense ya fue desplazada por los chinos y rusos.

Ya había intentado subirse a ese ring el 9 de marzo, al responderle a legisladores que proponían que Estados Unidos calificara a los narcotraficantes como terroristas.

 

Hace una semana, se reunió con legisladores de Estados Unidos por cinco horas. A su regreso a Washington, los legisladores expresaron que le dijeron a López Obrador que “debe ‘hacer más’ contra el narcotráfico y ‘la migración desenfrenada’”, según la AFP.

Este lunes el Departamento de Estado dio a conocer el Informe de países sobre prácticas de derechos humanos de 2022, elaborado por la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, y compilado por Stephen Eisenbraun, editor en jefe desde 2006 de esa publicación.

El diagnóstico es brutal: “Hay informes creíbles de homicidios ilegítimos o arbitrarios por parte de la policía, el ejército y otros funcionarios gubernamentales; desaparición forzada por agentes del Estado; tortura o tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes por parte de las fuerzas de seguridad; condiciones penitenciarias duras y potencialmente mortales; arresto o detención arbitrarios; restricciones a la libertad de expresión y de los medios de comunicación, incluida la violencia contra los periodistas, entre otros”.

O sea, lo que vemos y reportamos todos los días y a lo que cínica y conchudamente nos hemos acostumbrado.

López Obrador montó en cólera. Martes y miércoles calificó el documento como “un bodrio”; les dijo que no era cierto lo que ahí se decía, que eran unos mentirosos y al área que lo elaboró en el Departamento de Estado lo tildó de “departamentito”.

Y trató de desviar la atención. Pero esta vez, el presidente tuvo respuesta.

Un portavoz del Departamento de Estado, Vedant Patel, dijo que su país no intenta ocultar sus problemas internos “bajo la alfombra” (como otros) y que estos informes intentan promover los principios de “justicia, libertad y la paz mundial”.

Fue aplastante lo que dijo el secretario de Estado, Antony Blinken, quien en un comité senatorial afirmó lo que sabemos y percibimos todos los días: que hay zonas del país controladas por el narco.

 

Pero más allá de la estridencia patriotera hay algo de fondo: el Presidente está en campaña y no puede perder tiempo pues cada vez le queda menos.

Y no habrá maximato tropical si no gana el candidato de su partido.

Ya no hay duda, la elegida #EsClaudia. El Presidente advirtió el sábado pasado que no permitirá zigzagueos y medias tintas. No se arriesgará a los matices de Ebrard o a que Adán pierda la elección

Solo esperamos que la doctora, como alumna, no quiera superar al maestro en sus locuacidades y no resulte más radical.

Lástima por la brillantez del Canciler, que no será. Se perderá en la frivolidad y lo superfluo de los susurrantes que lo rodean.

(No será presidente pero todavía le queda el TikTok). (Amador Narcia, El Universal, Nación, p. 8)

Ocultar la realidad

El Presidente estaba enojado. El Departamento de Estado acababa de dar a conocer su informe anual de violaciones a los derechos humanos en el mundo y México no había salido bien parado. Hay graves acusaciones de asesinatos, feminicidios, tortura, corrupción e impunidad. “Es un bodrio”, reaccionó molesto Andrés Manuel López Obrador ante el reporte. “Son calumniadores” y “no tienen pruebas”. E infantilmente le llamó “departamentito” al Departamento de Estado, encargado de la política exterior de la más rica superpotencia del planeta.

El problema es que lo que dice el reporte es cierto, sí tiene pruebas y el presidente Andrés Manuel López Obrador está tratando de ocultar la realidad. Quizás con sus mañaneras AMLO logra imponer la agenda noticiosa en México. Pero no puede hacer lo mismo en Estados Unidos ni en el resto del mundo.

México, hay que decirlo, es un país peligrosísimo. Y nada de lo que diga AMLO para negarlo cambia los hechos. El reporte dice que en México hay “desapariciones forzadas por agentes gubernamentales, torturas… detenciones arbitrarias, restricciones a la libre expresión y a los medios, violencia contra periodistas… insuficientes investigaciones de la violencia de género... e impunidad y niveles extremadamente bajos de enjuiciamiento”, entre muchas otras violaciones a los derechos humanos.

El reporte del Departamento de Estado no es una invención. Es una obligación anual de informarle al Congreso sobre lo que ocurre en las naciones que ayuda Estados Unidos o que forman parte de la ONU. En su elaboración colaboran embajadores, especialistas en política exterior, organizaciones no gubernamentales, académicos, periodistas y expertos en derechos humanos. A ellos es a los que López Obrador llamó “mentirosos”. Y luego añadió: “Es pura politiquería, con todo respeto”.

No lo es, con todo respeto.

De hecho, el reporte del Departamento de Estado coincide en muchos temas con las cifras oficiales del mismo gobierno de López Obrador. En el 2022 hubo 30,966 asesinatos en México, 973 feminicidios y 723 secuestros. Eso es exactamente lo que denuncia el reporte de Estados Unidos.

 

Y no sorprende que el tema central del reporte sea la presencia y creciente influencia de los cárteles de las drogas en México. “Elementos criminales, incluyendo pandillas y narcotraficantes, son los que, significativamente, realizan crímenes violentos, homicidios, tortura, secuestro, extorsiones y tráfico humano”, denuncia el Departamento de Estado, “y la mayoría de estos crímenes no son investigados ni enjuiciados”.

En una audiencia del Senado le preguntaron al secretario de Estado, Antony Blinken, si él creía que los cárteles de las drogas controlan partes de México y no el gobierno. “Es justo decir que sí”, respondió Blinken. Y eso es lo mismo que pudiera decir cualquier mexicano en Tamaulipas, Michoacán o Sinaloa. AMLO ha perdido el control de amplios sectores del territorio nacional con su política de “besos y no balazos” (como dijo hace poco, quizás intencionalmente, el senador estadounidense Bob Menendez).

El presidente López Obrador dice, correctamente, que el Estado mexicano ya no es el principal violador de los derechos humanos. Pero su militarización del país ha dado lugar a muchos abusos. El pasado mes de febrero cinco jóvenes, desarmados, murieron cuando el Ejército mexicano “accionó sus armas de fuego” contra la camioneta en que viajaban, según el eufemístico informe oficial. Con 20 balazos es difícil pensar que fue una equivocación.

López Obrador, todas las mañanas, de lunes a viernes, les pinta a los mexicanos el país que él se imagina pero que no es en el que viven más de 130 millones de personas. Sigue siendo un Presidente muy popular. Pero no es mago. Sus palabras no cambian la realidad. Y lo peor es que, al no reconocer lo que está mal y asumir su responsabilidad en los errores, es imposible encontrar verdaderas soluciones.

Al final de cuentas, lo que reporta el Departamento de Estado sobre la violencia, la impunidad y la violación de los derechos humanos en México es exactamente lo mismo que viven en carne propia los mexicanos. Los muertos, los feminicidios, los secuestros y los periodistas asesinados no se pueden ocultar con un par de insultos en la mañanera. Son palabras huecas. (Jorge Ramos, Reforma, Opinión, p. 8)