Opinión Migración 120523

Rayuela

Se terminó el sueño migrante; comienza la pesadilla (La Jornada, Contraportada)

Bajo reserva

¿Y Garduño?… Ante la crisis migratoria, otra vez Ebrard

Ante el fin del Título 42, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo ayer que apoyarán a Estados Unidos con mayor presencia de la Guardia Nacional en la frontera sur y acciones que llevará a cabo su gobierno para proteger a los migrantes, y para que no haya “disputas entre hermanos”, es decir entre el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, y el canciller Marcelo Ebrard, aseguró que se llegó al acuerdo de que será el segundo quien estará a cargo de todas esas acciones. Ni modo, nos hacen ver, que el titular de Migración, Francisco Garduño, ocupado en su defensa por la causa penal en su contra por la tragedia de la estación migratoria de Ciudad Juárez de marzo pasado, sea el responsable del gobierno de enfrentar lo que ya se ve como una crisis migratoria que pone en rojo las fronteras norte y sur del país. Así que otra vez le toca a don Marcelo sacar las castañas del fuego. (El Universal, Nación, p. 2)

Frentes políticos

¿Tras las soluciones? En un encuentro con funcionarios de Estados Unidos en la Casa Blanca, Roberto Velasco, jefe de la Unidad para América del Norte de la SRE, propuso nuevas políticas de colaboración para atender las causas del fenómeno migratorio. La delegación mexicana enfatizó la importancia de ampliar el trabajo conjunto con instituciones globales, como la Organización Internacional para las Migraciones, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia. Lo más sorprendente es que, frente a los retos de los flujos migratorios y cuando se requieren políticas de protección, el Instituto Nacional de Migración, a cargo de Francisco Garduño, cierra sus refugios hasta nuevo aviso. ¡Plop!

Ignorante. Vaya encono causaron las declaraciones racistas que hizo el senador republicano de Estados Unidos John Kennedy, pues comentó que, sin su país, los mexicanos estarían “comiendo comida para gatos de una lata y viviendo en carpas en un traspatio”. La respuesta no se hizo esperar y el canciller Marcelo Ebrard dijo que el senador es una “persona non grata en México. Nosotros no nos rebajamos a ese nivel, respetamos a Estados Unidos, porque somos países aliados”. Agregó que los comentarios de Kennedy sólo revelan “lo ignorante y pequeño que es… porque Estados Unidos también necesita a México”. Hay personajes que no saben el significado de la alta diplomacia. (Excélsior, Nacional, p. 9)

¿Será?

¿Y dónde está Garduño?

Por cierto, a propósito de la crisis migratoria, ¿alguien sabe si al comisionado nacional de Migración, Francisco Garduño, vinculado a proceso por ejercicio indebido del servicio público, a propósito de la muerte de 40 migrantes en un centro de retención del Gobierno federal. ¿Tendrá que ver algo en la coordinación para atender la situación que se presenta? o mandarán a encabezar la operación a otro amigo del Presidente, perdón, a otro servidor público. ¿Será? 

Migrantes olvidados

La llegada de miles de migrantes en los próximos días a la frontera común con Estados Unidos es una bomba de tiempo, una bomba que nadie parece dispuesto a desactivar. Sin embargo, el asunto va más allá de recursos, que son urgentes y necesarios, principalmente para los municipios donde se han asentado las personas que intentan ingresar a Estados Unidos. El asunto de fondo, insisten quienes han estudiado el fenómeno, es el enfoque que se le ha dado, no solo en esta administración, sino a lo largo de décadas, a la migración, porque mientras se le vea como una arista de la seguridad nacional en ambos lados del Río Bravo, poco o nada cambiará. ¿Será? (24 Horas, La dos, p. 2)

Rozones

Garduño y el Título 42

Y a quien se ha visto poco en estos días, a pesar de que la creciente presión migratoria se está haciendo más notoria con la conclusión del llamado Título 42 —que permitía a Estados Unidos expulsar a migrantes de manera inmediata— es al titular del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, nos comentan. Y es que sólo ha tenido una tímida actividad en Twitter y su última aparición en público fue el 1 de mayo. Aunque los esfuerzos de contención para evitar que los migrantes sigan atravesando el país habrán de recaer en otras áreas y no tanto en la suya, el trabajo del INM no se perderá de vista, pues es claramente sabido que los flujos migratorios tienen su principal origen en la frontera sur, donde la institución tiene su desempeño más visible. Y a la que, se informó ayer, llegarán refuerzos de la Guardia Nacional. Pendientes.

Un boomerang y la mañanera

Con la novedad de que el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, ayer aseguró en una entrevista con la televisora pública PBS, que México es un país seguro para migrantes y hasta con regiones en donde se les puede ofrecer condiciones de empleo. Esa declaración, nos comentan, levantó algunas cejas entre los defensores de la 4T que de inmediato vieron el hecho como un plato puesto hasta para que el Presidente lo retome en sus mañaneras. Sobre todo porque esa dependencia estadounidense, a través de alertas de viaje, y el propio Blinken, con dichos ante senadores han cuestionado la seguridad en México. Incluso hace sólo unas semanas, López Obrador refutó dichos del funcionario en el sentido de que aquí hay regiones controladas por el crimen organizado. Las declaraciones sobre el país ocurren en el momento de una oleada de migración, tras el fin del Título 42, que pone a prueba al vecino del norte. ¿Dirá algo el Presidente?

Otro golpe coordinado

Así que la coordinación entre niveles de gobierno volvió a funcionar y esta vez dio como resultado la detención de tres traficantes de drogas de origen colombiano. De acuerdo con lo informado por el titular de la SSC, Omar García Harfuch, las capturas fueron posibles gracias a operativos simultáneos en domicilios de dos alcaldías, para lo cual se contó con el apoyo de la Armada. Son ya, nos dicen, varios los golpes contundentes propinados a la delincuencia en la Ciudad de México. Y en todos prevalece el mismo común denominador: las labores de inteligencia por parte de la Policía capitalina y el apoyo logístico de fuerzas federales. Varios gobiernos estatales, nos dicen, podrían copiar esta simple fórmula como una forma de reducir los niveles de violencia. Pero no lo hacen por falta de capacidad o de voluntad. O de ambas. (La Razón, La dos, p.  2)

Con pelos y señales // La moral victoriosa

En el cerrojazo de su administración, el presidente López Obrador ha hecho alardes de moralidad republicana que le garantizan un sitio de honor en el altar de la patria. Meses antes de que su partido sufriera duros reveses en la elección intermedia de 2021 declaró moralmente derrotada a la oposición. Desde entonces era previsible que lucharía con denuedo por anotarse victorias morales, pero nadie imaginó que lo haría con tal frenesí. La más reciente, su amenaza de recortar al mínimo el presupuesto de la Suprema Corte, por atreverse a invalidar la primera parte del plan B, y los ataques de porros encapuchados a la sede del poder judicial, reafirman el indomable arrojo de cruzada regeneradora.

Sabe que tiene la fuerza de su lado, pues ningún otro presidente del siglo XXI se había esmerado tanto por convertir a nuestra joven y frágil democracia en un gobierno militar. Aunque tuvo la prudencia de ocultar su militarismo cuando era candidato, algo que tal vez le hubiera restado votos, ya en el poder lo ha exhibido con orgullo. Los grandes éxitos del ejército en el combate a las organizaciones criminales ameritaban, sin duda, el diluvio de recompensas que le ha otorgado. La prosperidad de los generales llena de júbilo a todo mexicano bien nacido, pues vemos por doquier los frutos de su tarea pacificadora, sobre todo en las carreteras, donde ningún grupo delictivo perturba ya la paz pública. Al permitirles usufructuar el Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles y la línea aérea que tratará de poblar ese mausoleo, López Obrador ha creado un régimen de propiedad intermedio entre lo público y la privado: la propiedad militar. No sólo ha sido dadivoso con las fuerzas armadas: también las protege contra la insidia de la prensa conservadora que ha denunciado, por ejemplo, el espionaje telefónico del Ejército a defensores de derechos humanos y los opulentos viajes al extranjero del secretario de la Defensa, que hace turismo fifí a costa del erario en compañía de toda su familia. Bravo, señor presidente: desde que liberó al general Cienfuegos sabíamos que nunca intentaría imponerle controles a esa impoluta corporación.

Otra contundente victoria moral de López Obrador son sus espaldarazos a colaboradores cercanos que cometieron negligencias criminales o gigantescas malversaciones de fondos. En tiempos de la presidencia imperial, las graves pifias o los trinquetes de un alto funcionario podían costarle el puesto. Más celoso de su autoridad que aquellos emperadores, AMLO jamás ha destituido a una oveja negra envuelta en escándalos bochornosos. Contra viento y marea sostiene en su puesto a Francisco Garduño, el titular del Instituto Nacional de Migración, a pesar del criminal incendio en la mazmorra de Ciudad Juárez donde murieron 40 migrantes, y en vez de procesar judicialmente a Ignacio Ovalle por la estafa de 15 mil millones de pesos en Segalmex, lo premió con un puesto en la Secretaría de Gobernación. Un hermoso ejemplo de amor al prójimo que ni el papa Francisco podría superar. El pueblo bueno se lo agradece con los ojos anegados en llanto.

Pero estas exhibiciones de rectitud palidecen ante la acción más virtuosa de su gobierno: la tentativa por destruir o paralizar al INAI, bloqueando en el Congreso el nombramiento de los comisionados que le hacen falta para sesionar. Como sabemos, la información que el INAI proporcionó a los medios en el sexenio de Peña Nieto contribuyó a destapar las cloacas de la casa blanca, la estafa maestra y la operación safiro. Por una mezcla de pudor y miedo a la opinión pública, Peña mantuvo en funcionamiento el instituto que lo dejó en cueros. Por fortuna, López Obrador no tiene pudores ni se arredra ante el riesgo de cometer marrullerías que la mafia del poder puede tachar de cínicas. Su desposorio con el pueblo ratifica todos los días una superioridad moral que lo pone por encima de toda sospecha.

Si el presidente está seguro de haber erradicado la corrupción, ¿por qué no se abre al escrutinio de la sociedad? ¿Tendrá algún esqueleto en el clóset? Eso piensan los traidores a la patria que desearían volver a la rapiña del periodo neoliberal. Pero las campañas electorales son guerras sucias y en la que empezó con dos años de anticipación por el destape prematuro de las corcholatas, el blindaje de los documentos públicos es indispensable para evitar revelaciones que pueden costar millones de votos. Sería funesto para el país dar esa ventaja a los enemigos de la cuarta transformación. Ante un peligro tan grande, los verdaderos patriotas tienen el deber sacrosanto de cerrar a piedra y lodo los archivos de las dependencias públicas, eximiendo al caudillo de una fiscalización que lastima su dignidad. Nadie tiene derecho a husmear en los gastos de un prócer situado más allá de las leyes y las flaquezas humanas. (Enrique Serna, Milenio Diario, Cultural, p. 26)

Kiosko

Migración, tema tabú de funcionarios federales

El que aplica la frase “no me toquen ese vals” en Chihuahua, nos platican, es el delegado federal de Bienestar, Juan Carlos Loera de la Rosa (Morena), cada vez que escucha: “migrantes”. Nos relatan que don Juan Carlos anunció que estará enfocado en asuntos de la Secretaría de Bienestar y federales, y sobre la crisis de migrantes sólo participará en Ciudad Juárez cuando se requiera algún apoyo de alimentación o insumos humanitarios, pero enfatizó que “no opinará ni dará información sobre ese tema” que sigue latente. Sin embargo, nos dicen que desde la tragedia en la estación migratoria de Juárez, en marzo pasado, los funcionarios federales y del INM siguen con la cabeza oculta, por lo que miles de extranjeros siguen a su suerte. ¡Qué tal! (El Universal, Estados, p. 15)

Migración: un equilibrio delicado

El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que la frontera sur será reforzada con más elementos de la Guardia Nacional para atender el flujo migratorio sin precedente en la región. Precisó que los efectivos llevan instrucciones de no utilizar la fuerza y que el despliegue se acompaña de acciones cuya finalidad es contrarrestar los engaños y la información falsa divulgada por los traficantes de personas para animar a más gente a empeñar sus exiguos recursos en la travesía hacia el norte. El mandatario descartó que esta medida haya sido acordada con su homólogo Joe Biden, pero refirió que sí responde a la intención de evitar que una eventual llegada masiva de personas a la frontera compartida con Estados Unidos sea explotada por políticos reaccionarios para atizar la xenofobia.

El dramático incremento en los flujos migratorios que atraviesan territorio mexicano pone al país en un predicamento. Por un lado, es inadmisible violar los derechos humanos de los viajeros o añadirles complicaciones cuando ya enfrentan las circunstancias más adversas; pero es igualmente irrenunciable la facultad del Estado de regular y documentar la afluencia de centenares de miles de seres humanos. No se trata de alguna compulsión de control, sino de necesidades que redundan en beneficio de los propios migrantes, quienes deben comprender que su recorrido está plagado de peligros y el Estado mexicano sólo puede protegerlos en la medida en que conozca sus identidades, su número, procedencia, ubicación, desplazamientos y características demográficas. 

La realidad es que en el contexto actual una política de libertad mal entendida, en que las autoridades voltearan hacia otro lado y dejaran a los migrantes moverse a voluntad, no ayudaría en nada a su causa. En cambio, sería irresponsable y contraproducente, pues los viajeros quedarían a merced de delincuentes de este lado del río Bravo. Quienes lograran cruzar, tendrían que vérselas con la deportación inmediata, en el mejor de los casos, o con corporaciones y ciudadanos estadunidenses armados y exaltados por discursos de odio, en el peor. Ésa es justamente la catástrofe que se busca evitar.

En 2021 y 2022, el Instituto Nacional de Migración expidió 62 mil 81 visas humanitarias a migrantes del Caribe, Centro y Sudamérica, pero sólo 228 de ellas derivaron en peticiones de refugio, es decir, un abrumador 99.64 por ciento de quienes ingresan al país sin documentos no tienen intención de quedarse aquí, sino de dirigirse, tan pronto como les sea posible, a Estados Unidos. Aunque México no escogió ni propició en modo alguno esta situación, debe hacer todo lo posible para solventarla con éxito.

Sin ninguna duda se vivirán episodios de gran tensión, pero cabe esperar que el país salga bien librado de este acuciante desafío, tanto para bien de los extranjeros que cada día arriban al país, como del vínculo bilateral con Washington. Ello requerirá desarrollar o actualizar manuales y protocolos de manejo y atención a los migrantes, respetar de manera escrupulosa los procedimientos, privilegiar las tareas de contención, así como actuar con racionalidad, sensatez y, por encima de todo, espíritu humanitario. (Editorial, La Jornada, Editorial, p. 8)

La Esquina

Mientras se trabaja para resolver el crucigrama de la crisis migratoria no hay que perder de vista que hay cientos de miles de ciudadanos mexicanos que también se han visto obligados a dejar sus poblaciones de origen, expulsados por la violencia. Si no se atiende también ese problema, a través de políticas efectivas de seguridad, el problema de los desplazados se va a potenciar a niveles difíciles de controlar. (La Crónica de Hoy, Pp.)

En privado // AMLO arranca campaña

Retales

CRISIS. El momento migratorio que vive México es de crisis. Con un gobierno de Estados Unidos que a partir del primer minuto de hoy aguantó sus fronteras con soldados y alambres con cuchillas, con millas de personas decididas a todo en su desesperación y con un gobierno mexicano que ha quedado atrapado en esa crisis sin capacidad de encaminarlo y menos de atender a las millas de migrantes que nos deportarán. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

Arsenal // Crisis en el muro de la tortilla

El caos se instaló en la frontera México-Estados Unidos tras la desaparición, en el último minuto de ayer, del llamado “Título 42”, una restricción sanitaria adoptada en 2020 por el gobierno de Trump, bajo pretexto de combatir el Covid-19.

 

 El “Título 42” permitió la deportación expedita a México de miles de migrantes de varios países que se habían cruzado ilegalmente al otro lado de la frontera.

 La desaparición de la restricción sanitaria ha servido como imán para atraer mas flujos de migrantes de todo el mundo a nuestra frontera.

Y es que existe la falsa idea de que el abandono del “Título 42” relajará los controles fronterizos a partir de hoy.

 

 Pero el presidente Biden ha dado muestras de que no será así.  Envió a la frontera sur  1,500 soldados para apoyar a la Patrulla  Fronteriza y a la Guardia Nacional en su tarea de evitar más cruces ilegales

 “Quiero ser claro: nuestras fronteras no están abiertas. Quienes crucen ilegalmente y carezcan de base para permanecer en nuestro territorio serán deportados inmediatamente” , advirtió el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas.

El  New York Times, en su  nota principal,  informó ayer que “agentes fronterizos” se esfuerzan por mantener el orden mientras Estados Unidos pone fin a las políticas de la era de la pandemia.

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 De este lado no cantan mal las rancheras. El presidente López Obrador prometió a su homólogo estadounidense “ayudar en todo” para que la situación no se salga de control.

 

 Esa “ayuda en todo” implica el envío de más elementos de la Guardia Nacional a la fronteras norte y sur del país.  No dijo cuantos, pero la Sedena informó, el mes pasado, que alrededor de 25 mil están desplegados en ambas fronteras.

 Todos los días vemos escenas con filas y filas de indocumentados y sus familias que arriesgan la vida por el sueño americano. El fenómeno alcanza niveles de crisis y los expertos vaticinan que se pondrá peor.

 El Washington Post reportaba ayer, en su portal, que los cruces ilegales alcanzaron un promedio de 10 mil personas diarias en la última semana. “Un nivel nunca alcanzado”, subrayó el cotidiano.

 En seis meses la Patrulla Fronteriza detuvo a más de un millón de indocumentados. El vespertino francés Le Monde, calcula de ese total, 420 mil fueron expulsados de inmediato hacia México, transformado, de facto, en tercer país seguro.

 

 A pesar de la tensión que existe en las ciudades fronteriza  por la saturación de los albergues y las condiciones infrahumanas que viven los migrantes, México ya dio su venia para recibir más deportados.

 El canciller Marcelo Ebrard habló de mil diarios. Eso significa 30 mil al mes, 60 mil en dos meses y 90 mil en tres meses.  ¿Con qué ojos? Es pregunta.

Por cierto que de “país seguro” México no tiene nada. Allí está la tragedia en la estación migratoria en Ciudad Juárez (40 muertos); más cien migrantes secuestrados en Matehuala, SLP, colombianos masacrados en una carretera de Zacatecas…y contando.

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 Clara Torres, directora del Instituto Chihuahuense de Desarrollo Integral, describe las condiciones en las que llegaron niños migrantes al albergue temporal que el gobierno panista de Maru Campos habilitó en el Centro Infantil “Juntos por los Niños”,  en Ciudad Juárez, a pesar de no tener presupuesto.   

 “Llegaron muertos de frío, algunos sin calcetines, con hambre, sin bañarse y con ropa de varios días”, nos dijo la también ex directora del desaparecido Programa de Estancias Infantiles al inicio del gobierno de AMLO.

 Clara agradeció la ayuda de la UNICEF, de distintas Ong´s, de dos migrantes venezolanos, Nelson y Judith, de Fiesta Park, del Museo del Niño. Dio más nombres, muchos mas,  de los que ayudan. Por cuestiones de espacio no podemos mencionarlos. Pero ninguno relacionado con el gobierno federal.

 “La cereza del pastel fue que se logró que el 95 por ciento de esos niños ya están en Estados Unidos con sus familias”, señaló muy oronda.

 El gobierno de López Obrador, por cierto, anunció el cierre “temporal” de las 33 estaciones migratorias que serán revisadas por la CNDH (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)

Razones // El colapso fronterizo

El presidente Joe Biden dice que, a partir de hoy, con el fin del Título 42 y la implementación del llamado Título 8 para temas migratorios, “por un tiempo” podría haber una situación “caótica” en su frontera sur y, evidentemente, en nuestra frontera norte, aunque los orígenes de la crisis están también en la sur.

Ante la llegada, conservadoramente estimada en 15 mil solicitantes de asilo y refugio a la frontera norte de México cada día, intentando ingresar a Estados Unidos, el secretario del Homeland Security, Alejandro Mayorkas, ha anunciado que lo que se hará será aumentar el personal, tanto de la patrulla fronteriza como de la reserva militar; cumplir con la legislación mucho más dura para ingresar en esas condiciones a Estados Unidos; implementar más vuelos de regreso de migrantes expulsados y tratar de reducir los tiempos de trámites en la frontera. La Unión Americana otorgará unas mil solicitudes diarias, pero llegarán cada día unas 15 mil personas, que se sumarán a las que serán expulsadas cada día.

La respuesta de México ha sido, como debe ser, colaborar con Estados Unidos y enviará, dice, hasta 24 mil elementos de la Guardia Nacional a las fronteras para tratar de controlar la situación. Obviamente, serán necesarios. Pero de ninguno de los dos lados de la frontera eso puede considerarse una política migratoria seria, ni siquiera un paliativo para la realidad. Ante un drama social de esa magnitud, acrecentar la presencia militar y policial nunca es una solución.

 

Ya se ha hablado mucho de por qué Estados Unidos está en esta coyuntura, pero miremos hacia México, más allá de la necesaria cooperación con Estados Unidos. La política que estamos siguiendo es vergonzosa, sobre todo comparándola con la posición histórica de México ante el asilo y el refugio.

Estoy de acuerdo, lo hemos dicho muchas veces, que todo país debe tener control sobre sus fronteras y sobre la entrada y salida de personas. Y que estamos ante un flujo migratorio inaudito. Pero dejando eso asentado, no podemos ignorar que, como pasó con el covid-19, lo que se está haciendo es dejar a la gente, a los migrantes y a los pobladores de las ciudades donde éstos llegan, simplemente a su suerte. De la misma forma en que durante la pandemia no hubo apoyos a empresas y trabajadores, se habló de detentes y rechazo a las mascarillas más que de prevención, en esta crisis tampoco hay apoyo alguno para los migrantes, tratados casi como ganado y, sobre todo, para las comunidades que se ven arrolladas por miles de personas en situación límite que llegan sin control alguno donde no hay la  capacidad de que reciban atención.

Tenemos experiencia en cómo tratar flujos importantes de migrantes. Cuando comenzaba a reportear, por ejemplo, me tocó conocer los campamentos de refugiados guatemaltecos que se asentaron en la frontera sur para huir de la brutal represión de los kaibiles. No había comodidad alguna para los miles que allí se fueron a refugiar para salvar la vida, pero había, por lo menos, dignidad, organización de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), había alimentos, un lugar donde dormir, aunque fuera debajo de una carpa, y protección del Estado, incluso ante las incursiones que a veces hacían los kaibiles. No hablemos —fue un fenómeno diferente— del enorme apoyo que dio México a los refugiados españoles, chilenos, argentinos, uruguayos, nicaragüenses, salvadoreños, en aquellos años, parte de los mejores capítulos de nuestra política exterior.

Hoy nada de eso existe. En su camino, los migrantes son explotados por el crimen organizado, que controla sus traslados y son contadas las redes que han sido desarticuladas. En ese camino algunos mueren, otros desaparecen, son secuestrados, violados, extorsionados. Cuando llegan primero a la frontera sur o a la frontera norte, si tienen suerte, terminan hacinados en lugares sencillamente indignos, como lo pudimos comprobar en el centro de detención de Juárez, donde murieron 40 migrantes.

No hay recursos destinados a tratar de establecer condiciones dignas donde puedan estar los migrantes y no hay recursos, porque no hay política alguna para atenderlos. Y, obviamente, no existe una infraestructura mínima para que puedan estar, comer, dormir, mientras se resuelve su situación.

El problema es mucho mayor porque tampoco se les dan recursos y apoyos a los municipios fronterizos a donde llegan los migrantes. Hay más de 30 pueblos o ciudades con pasos fronterizos en el norte del país y allí no ha llegado un peso para atender a esos 15 mil migrantes que llegan cada día. Las comunidades de esos pueblos y ciudades están también viviendo al límite, son espacios ocupados por personas desesperadas que no tienen solución a sus problemas y que tampoco cuentan con refugio y apoyo alguno, más de los que le pueda dar la propia comunidad local que, salvo excepciones, ya no quiere hacerlo a su propio costo y por periodos prolongados.

Lo que vamos a ver más temprano que tarde son reacciones sociales terribles que cualquier gobierno debería tratar de evitar. Pero sin recursos, programas, infraestructura y voluntad no se podrá evitar la violencia. Tampoco sólo concentrando soldados y policías.

El gobierno federal ha dicho que no quiere apoyo económico de Estados Unidos para atender la situación, como recibe, por ejemplo, Turquía de la Unión Europea. Es discutible, pero acordemos que está bien. Pero entonces debe haber políticas, infraestructura y, obviamente, recursos, para hacerse cargo internamente de una crisis que, en el corto tiempo, se puede convertir en un colapso. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 6)

Alto mando // Frontera militarizada

Ayer concluyó el llamado Título 42, una medida aplicada por el entonces presidente Donald Trump para expulsar a migrantes bajo el argumento de evitar la propagación de covid-19 en su país, estrategia que mantuvo Joe Biden hasta la declaración del fin de la emergencia sanitaria hace unos días.

Ese anuncio movilizó a miles de migrantes con la esperanza de ingresar de última hora a EU, pero se toparon con retenes vigilados por más de 24 mil agentes de migración y mil 500 soldados, cuya orden irrestricta fue no dejarlos cruzar y retornarlos a México hasta en tanto se diseña una nueva política migratoria, sin embargo, y siendo realistas, al país de las barras y las estrellas nunca le ha interesado lograr una solución duradera en materia migratoria, quizá porque los gobiernos en turno ven este tema como muy redituable electoralmente.

 

En su lugar, es más fácil utilizar a México como Tercer País Seguro y endilgarle la carga política, social y económica que implica el problema.

Mucho lo ha negado la 4T, de no ser un Tercer País Seguro, pero para nadie es un secreto que Donald Trump amagó a López Obrador con imponer aranceles a productos mexicanos en 2019 y en consecuencia instrumentó, de manera inmediata, el traslado de miles de elementos de la Guardia Nacional a la frontera sur además de implementar la llamada Sección 235, que consistía en que aquellos migrantes que cruzaran la frontera para solicitar asilo serían retornados sin demora a México, donde deberían esperar la resolución de sus solicitudes.

Hoy México juega de nueva cuenta el papel de traspatio, a pesar de lo que diga o trate de disimular el gobierno mexicano. Los miles de migrantes asentados en línea fronteriza no podrán cruzar y por consecuencia tendrán que quedarse en nuestro territorio, lo que acrecentará la crisis humanitaria y el riesgo de repetir la tragedia que se vivió hace unas semanas en Ciudad Juárez.

A esto se suma que el gobierno de Biden ha usado como pretexto la crisis migratoria para militarizar la frontera y enviar helicópteros artillados Black Hawk y C 130, además de ordenar la presencia de la CIA y la DEA para combatir acciones de los cárteles mexicanos, además de que algunos gobernadores, entre ellos Ron DeSantis, de Florida, y Greg Abbott,de Texas, han mostrado un macabro interés de que la crisis fronteriza escale a un conflicto mayor.

El peligro se acrecienta con la orden de López Obrador para que se dé la presencia de al menos 10 mil elementos de la Guardia Nacional y del Ejército mexicano en la frontera. Un error podría detonar la violencia y una conflagración.

* El informe de Anne Milgram, directora de la DEA, relacionado con el operativo Última Milla, destaca la colaboración de México para alcanzar los objetivos: el arresto de 3 mil 337 personas vinculadas a los cárteles del Pacífico y CJNG en EU, así como el aseguramiento de 44 millones de pastillas de fentanilo, tres toneladas de polvo de la misma sustancia, 41 toneladas de metanfetamina, 8 mil 497 armas de fuego y más de cien millones de dólares.

* Vaya bocaza del senador republicano John Kennedy, que para nadie es una novedad saber de su animadversión hacia México y más aún, cuando lo culpa de todos los males que le ocurren a su país por la propia inoperancia de su gobierno. Durante la comparecencia de Anne Milgram, le exigió que la DEA pida a Biden y a López Obrador el uso de las FA para terminar con los cárteles mexicanos, pero el republicano fue más allá: “Sin EU, México sólo sería su traspatio y los mexicanos comerían comida para gatos, por lo que menos podrían solos contra los cárteles”. (Miguel Ángel Godínez García, Excélsior, Nacional, p. 6)

De naturaleza política // Escala migración presión México- EU

Previsible el endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos tras la cancelación del denominado Título 42 impuesto en el marco de la emergencia por el covid-19 que, en los hechos, obligará a México a reforzar las tareas de inhibición y control de los miles de nacionales y extranjeros que cotidianamente buscan cruzar la frontera común con la Unión Americana, y ha comenzado a presionar a Andrés Manuel López Obrador y a los suyos en momentos en que, si algo no desea el tabasqueño, es agregar nuevos problemas a los que ya hoy debe enfrentar en el ámbito interno.

Y más, valga decir, cuando de sobra se sabe que el cumplimiento de la tarea que como socio y/o “auxiliar” toca cumplir a México en el referido combate a la migración ilegal, so pena de ver afectada su cada vez más endeble relación con la Casa Blanca, se entiende obligará al fracasado gobierno de la 4T a, no sólo reforzar su “porosa” frontera sur con el despliegue de nuevos contingentes de elementos de la Guardia Nacional, militares y marinos, sino también asumir el virtual mantenimiento de miles de migrantes por tiempo indefinido, lo que le exigirá la realización de gastos millonarios cuando la otrora bonanza del erario cedió el paso a la escasez…

El virtual retorno a condiciones tradicionales de trato a la migración ilegal, haciendo sólo cruce de la frontera un delito punible por parte de la potencia del norte, activará, igualmente, protocolos de seguridad que, más tarde que temprano si se quiere, y esto se sabe en Palacio y en las inmediaciones de la Alameda Central, impactarán en el accionar mexicano en materia de seguridad interna, particularmente en lo que se refiere al fallido enfrentamiento y erradicación de las bandas criminales, las vinculadas a la producción y tráfico de enervantes en particular.

A partir de hoy y durante las próximas semanas por lo pronto, el masivo retorno de ciudadanos provenientes de países centro y sudamericanos en particular, que en las últimas horas ingresaron ilegalmente a territorio estadunidense, forzará a las autoridades a tomar medidas “emergentes” para su movilización hacia la frontera sur y, en no pocos casos, su inmediata expatriación o, en el extremo, la legalización de su estadía en México, lo que, igualmente, supone una problemática difícil de resolver(Enrique Aranda, Excélsior, Nacional, p. 12)

Columna invitada // Los migrantes, un sueño con intermitencias de pesadilla

Con una oración comenzaron su audacia migratoria, un agente del Instituto Nacional de Migración en forma infructuosa les decía: “Gente se les invita a retroceder por favor, por su seguridad”.

 

De nada servía, los migrantes ya en ropa interior y con todo el ánimo de echarse a las inciertas aguas del río Bravo iban decepcionados por la lentitud en el proceso de asilo legal y como dominados y fascinados por su anhelado sueño de pisar suelo americano, como si en esa acción per se y por arte de magia se cumplieran todas sus esperanzas.

Bajaron a las orillas del río del lado mexicano en un primer intento; uno de los migrantes en bóxer color gris agachaba su rostro al río y con ambas manos tomaba agua y mojaba su rostro como si estuviera calentando su ánimo y toda su esencia para lo que estaba a punto de hacer. El drama generaba gran expectación, pues otros dos compañeros le seguían, uno con una bolsa de plástico negra con sus ropas y otro más con una niña en brazos.

Alguien de entre la muchedumbre que asistía a este ritual de audacia humana migratoria les dijo: “Por aquí está muy hondo, váyanse un poco más para allá donde no se vayan a hundir”.

Ya casi con el agua en las rodillas decidieron hacer caso a la sugerencia y salieron de las turbias aguas del río Bravo. Los tres migrantes en paños menores se desplazaron entre el gentío a otro punto del cauce; periodistas y curiosos los acompañábamos un tanto incrédulos y con el corazón acelerado por estar siendo testigos del drama migrante en Tamaulipas al norte de México.

Se desplazaron 50 metros río abajo, la voz insistente, pero sin autoridad de dos agentes de migración les volvía a conminar para que abortaran el plan de cruzar a nado; el imperativo disuasorio de la autoridad migratoria mexicana resultaba a los oídos de los migrantes más una sugerencia que una orden imperativa la cual simplemente no acataron y ante la turba humana repetían los oficiales: “Pásenle para atrás”.

Nadie hacía caso. Llegaron al punto conveniente para llevar a cabo su audaz acción de cruzar el río Bravo a nado. Iban convencidos de que nada ni nadie los detendría. Bajaron por una parte de la tierra irregular y entre dos ramales entraron al agua. A los dos migrantes de avanzada les comenzaron a llover las sugerencias de quienes se quedaban en tierra e iban detrás: “No nades, vete tocando la tierra, no flotes, párate, sólo camina”.

De entre el tumulto alguien sugirió: “Vamos a hacer una cadena. El que no sepa nadar agárrese bien de la mano”.

Un menor de edad depositó la confianza de su vida en los hombros de quien parecía era su padre, pues en esta oleada humana nadie sabe si los vínculos familiares son sanguíneos o simplemente como un proceso de adaptación hay que hacer una prótesis familiar y llamar padre, madre o hijo a quien tenga ese perfil y hacer de esa unión su piso firme e inventarse su familia.

Y los que en un principio eran sólo tres varones en ropa interior se convirtió en un desfile humano de hombres, mujeres y niños que, gracias a su valentía o a pesar de sus temores, se arrojaron a las inciertas e impredecibles aguas del río; estaban ahí frente a su destino con un horizonte bastante nebuloso, pero con sus esperanzas desembocadas en estas aguas que veían como el punto final de su larga y azarosa travesía desde sus países de origen y que en cuestión de nadar pocos metros ya estarían en su tan anhelada meta.

Lo curioso de esta breve travesía es que a los pocos metros que hay entre el margen del río Bravo del lado mexicano al americano son escasos diez metros, y ya en los EU los esperaban un número significativo de militares, agentes de migración y de la Border Patrol. Uno de estos elementos del gobierno americano decía infructuosamente desde un megáfono: “Atención, atención, quédense en México. Es ilegal cruzar a los Estados Unidos, si cruzan van a ser deportados. Quédense en México”.

Cinco veces hizo esta mención, las mismas que fueron desobedecidas por los casi 25 migrantes que cruzaron a las 12:30 del mediodía de 11 de mayo del 2023. ¿Qué fue de todos ellos? Hasta el momento de escribir la presente columna desconocemos su situación migratoria. Ésa es su apuesta de vida con altas probabilidades de perder mientras los gobiernos no definan un plan que resuelva de raíz esta crisis migratoria y humanitaria que azota nuestra región.

El tiempo hablará. (Jorge Chávez, Excélsior, Nacional, p. 16)

Uso de razón // EU no puede con esta crisis

Hay una crisis nueva para la cual Estados Unidos no está preparado ni está en sus manos solucionar: los Estados fallidos de Venezuela, Nicaragua, Cuba y Haití expulsan a millones de sus ciudadanos a buscar refugio en el país de las barras y las estrellas.

A partir de anoche, en que terminó el Título 42 que mantuvo cerrada la frontera a solicitantes de asilo, 660 mil indocumentados que se encuentran en México intentarán cruzar a Estados Unidos.

Vienen más. Serán millones.

Venezuela, Cuba y Nicaragua son Estados fallidos. El experimento socialista dictatorial los ha deshecho, y su gente sale a buscar dónde trabajar para comer tres veces al día.

Eso es lo que ha defendido el gobierno mexicano en estos cuatro años y medio: dictaduras que, si bien llegan al poder por la vía electoral, ahí se pertrechan e imponen un modelo económico fracasado.

Los millones de trabajadores que huyen de sus países cambian la utopía socialista por una oportunidad de trabajo en Estados Unidos.

 

Información del New York Times indica que entre febrero de 2021 y marzo de este año, agentes de migración de Estados Unidos atraparon a migrantes ilegales en la frontera con México en 5 millones de ocasiones.

El martes de esta semana subió a 11 mil el número de detenciones diarias, luego de un promedio de 7 mil.

La marea crece. Y México es el número uno en expulsar a sus habitantes hacia Estados Unidos, porque es el más poblado y por el fenómeno de la violencia.

 

Estados Unidos no estaba preparado para los éxodos masivos de los Estados fallidos cuyos gobernantes se aferran al poder.

Como señala un ex alto funcionario del gobierno de Joe Biden, citado por Eileen Sullivan en The New York Times: los migrantes son el síntoma, y los Estados fallidos son la enfermedad.

El diario neoyorkino señala que las instalaciones para la detención de migrantes y el sistema de resguardo fronterizo están hechos para capturar a migrantes que cruzan de manera ilegal, por su cuenta o en pequeños grupos.

Ahora lo que vemos son cientos de miles, millones de seres humanos, que huyen de la crisis humanitaria provocada por el socialismo dictatorial de gobernantes que no se van del poder para no enfrentarse a la rendición de cuentas.

 

Eliminar el Título 42 fue una decisión valiente del presidente Biden, porque representaba el espíritu antiinmigrante de la era Trump. Lo quiso hacer desde el inicio de su gobierno, pero se lo prohibieron las cortes.

Sin embargo, sustituirla con el Título 8, que incluye la prohibición de entrada a Estados Unidos por cinco años a migrantes reincidentes, además de ser una nueva “regla” que dificulta el proceso de asilo, es considerada una traición a las promesas de una política distinta a la de Trump.

Como dijo el senador Bob Menendez: “Es decepcionante ver que la administración optó por seguir adelante con una prohibición de tránsito dañina que limita fundamentalmente el acceso al sistema de asilo de nuestra nación”.

 

El despliegue de las tropas es otro desatino, porque genera la percepción de que los migrantes son una amenaza.

Las leyes migratorias de Estados Unidos para aceptar trabajadores y refugiados datan de comienzo de la década de los 90 del siglo pasado.

Desde ese entonces la economía de ese país ha crecido lo suficiente como para cambiar las cuotas de aceptación, y éstas no se han movido.

 

El envío de tropas a la frontera da una pésima imagen a Estados Unidos, que no es el culpable del fracaso del socialismo en Venezuela, Nicaragua y Cuba.

 

No estaban preparados para atender las consecuencias humanitarias del descalabro socialista ni del empoderamiento de los grupos criminales en México.

En lugar de soldados, la administración Biden pudo haber enviado personal civil de la Administración Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), para tratar el problema como si fuera un desastre, no una invasión.

Aunque se hayan desplegado más de 24 mil agentes, el procesamiento de un número inédito de migrantes, su alimentación, atención médica, van a rebasar al gobierno federal del vecino del norte.

 

Además, creará tensión con alcaldes fronterizos porque miles de esos migrantes serán aceptados y se quedarán a vivir en del lado estadounidense.

El Paso, Brownsville y Laredo, en Texas. ya se declararon en estado de emergencia.

No hay soluciones fáciles en el corto plazo, pero la administración Biden deberá ampliar en números considerables las rutas legales de acceso.

La apertura de centros de procesamiento de solicitudes de asilo en Guatemala y Colombia fue una buena idea, aunque tardía.

 

Y eso ignora los 660 mil migrantes que –según informes de inteligencia citados por el Times– ya están en México y empezarán a intentar cruzar a partir de hoy.

 

La única buena noticia para Biden es que los republicanos se aprestan a pasar, ayer, una iniciativa migratoria más dura que hará ver al presidente como un moderado.

 

Mal año para ser migrante en busca del sueño americano.

Aunque para millones ya no es un sueño, sino una obligación de vida para dar de comer a sus hijos y dejar atrás la pesadilla. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 42)

Estrictamente personal // Otra vez, el trabajo sucio

Una vez más, el presidente Andrés Manuel López Obrador aceptó hacerle el trabajo sucio migratorio a Estados Unidos a costa de los mexicanos. Una vez más, quería hacerlo a espaldas del pueblo mexicano, pero no pudo lograrlo porque, lo que aquí quería dejar en lo oscurito, lo hicieron público en Washington. Ayer en la mañanera trató de darle el spin de soberanía a lo que acordó hacer a partir de este viernes, cuando entre en vigor el Título 8, un infame decreto del presidente Joe Biden contra los migrantes, y reconoció que enviaría a la Guardia Nacional a la frontera con Guatemala, haciendo nuevamente las veces de buffer state.

No lo acordamos”, atajó López Obrador para apuntalar la idea de una toma de decisión autónoma. “Nosotros tomamos la decisión… ayudar en todo para que no haya caos y mucho menos violencia en la frontera”. Las palabras ni son ciertas, ni son suyas. “Caos” la usó Biden la víspera para describir cómo serían los primeros días de la cancelación del Título 42, la política del expresidente Donald Trump para impedir la entrada de migrantes con el pretexto del covid-19, y la entrada en vigor del Título 8, que significa deportaciones y penas criminales a indocumentados.

Ciertamente no acordó con Biden la decisión de enviar a la Guardia Nacional al Suchiate durante su conversación esta semana. El resumen que hizo la Casa Blanca sobre los temas tratados señala que “hacia el final (de la conversación) discutieron sobre una coordinación estrecha y continua entre las autoridades fronterizas y fuertes medidas de fortalecimiento policial, en preparación” de la entrada en vigor del Título 8. No entraron en detalles y amarraron compromisos porque habían sido acordados una semana antes con una funcionaria de cuarto nivel dentro de la Casa Blanca, Elizabeth Sherwood-Randall, la responsable de seguridad territorial en el Consejo Nacional de Seguridad.

En un briefing con cinco funcionarios de los departamentos de Estado y de Seguridad Territorial en la Cancillería estadounidense el miércoles, uno de los diplomáticos que hablaron en una teleconferencia con periodistas dijo que los dos presidentes habían hablado sobre los compromisos que había hecho López Obrador con Sherwood-Randall, que incluye la aceptación de renovar la iniciativa que le presentó Biden en enero, para que recibiera 30 mil cubanos, haitianos, nicaragüenses y venezolanos al mes.

Pero lo que no ha dicho López Obrador, y menos aún explicado, es lo que esto significa. El compromiso de enero se enmarcaba en el Título 42, donde Estados Unidos impedía la entrada de nacionales de esos cuatro países, y dentro de lo establecido en el programa Permanecer en México esperaban en territorio mexicano a que se tramitara su ingreso documentado a esa nación. Lo que aceptó López Obrador es continuarlo bajo el Título 8, que parece similar al anterior, pero es completamente distinto.

El Título 8 no pone en espera a los migrantes, como el Título 42, sino que los deporta y les abre una ficha que les impide volver a solicitar asilo a Estados Unidos en cinco años, y que, si reinciden, se les procesará criminalmente. Además, a espaldas de los mexicanos, sienta un precedente, al ser la primera vez en la historia de México que se acepta deportados de nacionalidades que no son mexicanas.

López Obrador siguió rompiendo hitos. Sucumbió a las presiones de Trump en 2018 y por primera vez puso el territorio mexicano para que fuera aquí, no en las estaciones migratorias en Estados Unidos, donde esperaran los migrantes la conclusión de sus trámites de asilo. A diferencia de Turquía, que suscribió un acuerdo distinto, el de tercer país seguro, que para efectos prácticos era lo mismo, México no recibió fondos del gobierno estadounidense para apoyar su esfuerzo.

El canciller Marcelo Ebrard presumió varias veces la diferencia de acuerdos, pero fue retórica barata. Le salió gratis a Trump, y más adelante a Biden, que continuó con esa política, a costa de México, que modificó sus políticas migratorias y de asilo para apoyarlos en un tema muy sensible en Estados Unidos y altamente electoral.

 

Bajo el Título 42 envió 27 mil guardias nacionales a la frontera con Guatemala, materializando el viejo sueño de Washington de que la primera línea de policías que buscaran frenar la migración, fuera en el Suchiate, no en el río Bravo. La receta se la volvieron a aplicar a López Obrador, aunque no ha querido decir cuántos guardias nacionales desplazará ahora a la frontera con Guatemala.

Esta decisión entra en el contexto de otro punto que conversó con Biden en torno a “la urgencia de reducir eficazmente el amontonamiento de gente en la frontera norte de México”. No quería Biden que hubiera paso libre de migrantes con México –como lo hubo hasta abril– y que se apilaran en la frontera sur de Estados Unidos, generando probables situaciones de “caos”, como dijo. Mejor, quedó implícito, que el caos y la anarquía se dé en México.

 

Los acuerdos de López Obrador con la Casa Blanca no benefician a los mexicanos ni al país, convertido por él en un renovado patio trasero de Estados Unidos. El Presidente no fue engañado por Washington, y desde enero está escuchando las preocupaciones y prisas de Biden por resolver una promesa de campaña –acabar con el Título 42–, pero disfrazar un endurecimiento de la política migratoria –el Título 8–, que también tiene objetivos electorales. Lo que no hizo López Obrador, que sí están haciendo en la frontera sur de Estados Unidos a nivel local, estatal y federal, fue prepararse para estos días de ajuste y tensión. Del lado mexicano, cada ciudad y cada estado enfrentará los eventuales problemas de arribos masivos y tensión, sin la ayuda del gobierno federal.

A López Obrador no le importa lo que suceda con la migración. Tampoco le preocupa impedir un conflicto social en las ciudades donde más se amasen los migrantes. Le interesa quedar bien con Biden y que haya reciprocidad. Un trueque político que haga buena su frase de “amor con amor se paga”. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p. 44)

Astillero

Senador Kennedy y El Padrino (en chafa) // Groseras pretensiones // Presiones en tema migratorio // La Corte: productiva bandera

Es natural que se produzca una repulsa en México a las groseras pretensiones intervencionistas del senador republicano John Kennedy, quien llegó a decir ante la directora de la DEA que, si no fuera por Estados Unidos, en nuestro país se estaría comiendo alimento para gatos y viviendo en una casa de campaña.

El alegato de Kennedy corresponde al supremacismo invasor que cree posible poner la fuerza económica del imperio por delante en cualquier tipo de discusión o negociación entre naciones. Al estilo de don Vito Corleone en la clásica novela de Mario Puzo, El Padrino, el senador mencionado consideró que al presidente Andrés Manuel López Obrador y a México en general se les podrían hacer ofertas que no pudieran rechazar, para que se aceptase la acción militar gringa en territorio mexicano contra los cárteles del crimen organizado, con el tema del fentanilo como principal causa bélica.

Claro es que Estados Unidos puede golpear severamente a México, y provocar desestabilización, con tan sólo cerrar la frontera unos días y por cualquier motivo (aunque las consecuencias económicas fueran para ambos lados) o mediante golpes financieros selectos. Pero el imperio no es el de antes, entrado ya como está en un declive largamente anunciado, con un proceso de desdolarización en varias economías nacionales e inmerso en desventaja en un rediseño mundial, frente a Rusia y China.

Sin embargo, México aún es útil para las campañas electorales de Estados Unidos y en ese contexto afilan las críticas y aceran las maniobras los grupos en pugna. Se multiplican las exigencias de mano dura contra México, de presión fuerte para que se acepte el ingreso de fuerzas armadas estadunidenses para combatir a los grupos criminales, sobre todo los que introducen fentanilo al país vecino, directamente Los Chapitos, aunque la narcocartelera principal debiera tener otros nombres, como el nunca capturado y siempre discreto Ismael Zambada, El Mayo, jefe histórico del cártel de Sinaloa y sus varias recomposiciones.

El presidente López Obrador está frente a un escenario muy complicado en lo general, y en particular en cuanto al tema migratorio, agravado por el fin del Título 42, la reanudación del desplazamiento hacia Estados Unidos y la lamentable ratificación de México como crítica sala de espera para expulsados de la nación de las barras y las estrellas.

López Obrador mantiene la retórica nacionalista y se asigna decisiones polémicas (como enviar más elementos de la Guardia Nacional al sur, un fortalecimiento del papel de Migra 4T), aunque la realidad muestra que tiene muy poco margen de acción frente a la realidad geopolítica que le lleva a aceptar irremisiblemente la lógica y las políticas de Washington. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 12)

Duda razonable // El muro existe, en parte lo pagamos y será inútil

Cuando usted esté leyendo esto, el ahora muy conocido Título 42, que permitió expulsar migrantes aceleradamente por razones de salud, habrá expirado. Desde la medianoche se habrá aplicado otra norma para intentar hacer lo mismo en la frontera entre México y Estados Unidos.

Desde hace semanas, gracias a la falta de información, a la desinformación y a la mentirosa propaganda de criminales traficantes de personas, los flujos de migrantes que vienen de Centro y Sudamérica, y muchos mexicanos, han crecido y miles y miles de personas se han venido apilando en las ciudades fronterizas esperando que a partir de hoy sea más sencillo quedarse del otro lado, al menos como lo era antes de la pandemia.

Y por eso, desde hace semanas también, el gobierno de Estados Unidos comenzó a aplicar una estrategia de contención y deportación rápida con la movilización de miles y miles de efectivos militares y policiacos a lo largo de toda la frontera, enfocados en las ciudades más grandes.

 

La idea desde hace unos días es evitar el caos y sobre todo las situaciones de violencia y tragedia como la que se dio en Ciudad Juárez, cuando la policía migratoria mexicana se puso a arrestar y encarcelar migrantes que vivían en las calles de la ciudad, lo que terminó en un incendio que mató a 40 personas.

Desde el comienzo de esta semana, pero ayer se incrementó, en la frontera se han comenzado a deportar a muchos que estaban en albergues en ciudades estadunidenses, y dejado pasar a muchos que estaban en México apilados en albergues improvisados solo para volverlos a regresar de manera más ordenada.

 

Al mismo tiempo, como lo confirmó el presidente Andrés Manuel López Obrador, a petición de los estadunidenses México ha movilizado a más policías y militares a la frontera sur y otras zonas de paso de migrantes para contener a quienes quieren llegar a Estados Unidos.

 

Completamente inútiles para hacer políticas públicas de migración que han permanecido intocadas por décadas, el gobierno de Joseph Biden ha construido, sin ladrillos, el muro trumpiano. Y lo han hecho con la ayuda servil del gobierno mexicano poniendo el primero en nuestra frontera sur.

Quién iba a decirlo. Hay muro. Y sí, pagamos una parte.

Y como ya se anticipaba, el muro servirá de poco porque muchos de esos miles que han llegado y seguirán llegando al norte se quedarán allá, en Estados Unidos. Cumplirán su objetivo. Y muchos se seguirán animando. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

Quebradero // Expulsados de todos lados

EU y México saben bien que la migración no va a parar. Lo importante ha sido, es, y será, organizarla y buscar y atemperarla a través de proyectos de colaboración multilaterales, no basta que traten de entenderse, o hacer como si se entendieran, México y EU.

Es una vieja historia que no cambia y que diferentes gobiernos, por lo general, han visto sólo pasar mientras no deja de crecer. La ven pasar a la distancia llenando de promesas y elogios a los migrantes sin que al final cambien las cosas.

Los gobiernos mexicanos se han dedicado a reconocer el valor de las remesas en todos los sentidos, pero sobre todo en lo económico. Hablan del esfuerzo que hacen mujeres y hombres con tal de mandar su dinero trabajando largas jornadas, pero en el fondo no cambia nada el estado de las cosas.

Les ha dado también por, a menudo, ponerse la medalla para tratar de colocar el dinero como parte de sus políticas públicas cuando en el fondo si por algo se van es porque no hay estrategias que les permitan quedarse en el país.

Los migrantes sólo cuentan cuando se trata de las remesas, se está en campaña o cuando se quiere discutir algún tema con EU. Hace algunos años el entrañable y reconocido especialista en la materia Jorge Bustamante, fundador del Colef, nos decía que en la historia de México nunca se ha dado una manifestación de solidaridad en apoyo de los migrantes. Hay manifestaciones de toda índole, pero ninguna que tenga como objetivo apoyar a los migrantes, nos decía, y eso que es uno de los más importantes ingresos para la economía de cientos de miles de familias en el país.

Es probable que el fenómeno de la migración sea uno de los más claramente diagnosticados. Es producto de las condiciones económicas, políticas y sociales que se viven en los países de la región. Los países terminan por expulsar a su gente, pero cuando llega el dinero inmediatamente estiran la mano, porque sin la menor duda atemperan los muchos problemas económicos de nuestras naciones.

Es un asunto que también tiene que ver con la condición humana y con el derecho que se tiene de que las personas se movilicen a su antojo. Es el derecho a migrar y tener la libertad para hacerlo.

El elemento central y detonante sigue siendo el económico. Las condiciones de los países de origen obligan a las personas a buscar una vida mejor, la cual no se les ofrece en sus países. En muchas ocasiones son las propias familias las que alientan la migración, debido a las condiciones en las que se vive con tal de que se evite que sus hijos se integren obligadamente a las pandillas, porque en caso contrario la afectación es para las familias en su conjunto.

Este fenómeno se ha agudizado en los últimos años de manera significativa. Guatemala, Honduras y El Salvador están bajo condiciones económicas adversas. No hay empleo, no hay posibilidad de adquirir una vivienda, y en muchas ocasiones no hay posibilidades de alimentar a las familias, a lo que hay que sumar los deteriorados sistemas de salud y educación.

A los migrantes de estos países ahora hay que considerar a los de otras naciones, como Venezuela y Cuba, debido a las condiciones imperantes en estos países.

Se ha incrementado la migración por la violencia que se vive en muchos barrios de estos países. La brutal presencia de las pandillas obliga a los jóvenes a integrarse o a huir, y junto con ello también está la persecución política, debido a que los gobiernos nacionales y locales están marcados por tintes autoritarios y represivos.

 

En la mayoría de los casos los migrantes terminan siendo expulsados de todos lados. El Título 42 o el 8 sólo sirve para la esperanza, con ello o sin ello la determinación es forma de vida. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)

Pulso político // Riesgo de violencia por oleada migrante

Sin imaginar qué es lo que desde el primer minuto de este viernes pueda ocurrir por la oleada de migrantes procedentes de países de Centro, Sudamérica y el Caribe que desde el sur de México y desde hace meses buscan llegar a toda costa a Estados Unidos, miles de soldados y policías en las fronteras de ambos países tratarán de impedirlo, lo que puede originar un grave problema de violencia.

A pesar de que autoridades estadounidenses han reiterado que la frontera de su país no está ni estará abierta al concluir el Título 42, multitudes de adultos, jóvenes, menores y familias enteras siguen decididas a cruzar las fronteras, aun a sabiendas de que los contingentes policíaco-militares apostados en ellas, tienen órdenes de impedirlo, por lo que las consecuencias son impredecibles, pero imaginables.

DE ESTO Y DE AQUELLO…

Sin respuesta mañanera, la insolente declaración del senador republicano John Neely Kennedy de que “sin la gente de Estados Unidos, México, estaría comiendo comida para gato y viviendo en una carpa, en el traspatio”, al exigir a la jefa de la DEA, Anne Milgram, que debe convencer al presidente Biden que le proponga al Presidente López Obrador que permita a militares de ese país venir a combatir aquí a los cárteles de la droga, lo que éste no podrá rechazar.

Los que sí replicaron de inmediato fueron el canciller Marcelo Ebrard, quien lo tachó de ignorante y racista que busca notoriedad y el Jefe de la Unidad para América del Norte, Roberto Velasco, al recordarle al legislador de Louisiana, que México es un país grande, digno y soberano, no traspatio de nadie, que rechaza cualquier acción de intervencionismo y exige respeto como socio económico y aliado más importante de EU. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 5)

Teléfono rojo // Llegó el momento de la revancha de Biden

El Presidente de Estados Unidos ha aguantado firme.

 

Se entrevista, recibe en la Casa Blanca, visita y saluda con una gran sonrisa a su similar de México, Andrés Manuel López Obrador, y hasta promete con amabilidad colaborar en problemas comunes.

Mientras él usa la mano suave, algodón diplomático para la imagen, manda a los suyos a presionar por distintas vías y diferentes materias:

 

A la DEA de Anne Milgram a denunciar el dominio pleno de cárteles del crimen sobre amplias regiones del territorio nacional con tolerancia y paciencia del Gobierno.

Al Departamento de Justicia del fiscal Merrick Garland a detener capos y a encaminar los trámites de extradición para someterlos a proceso en Estados Unidos.

Ahora mismo hay varios casos pendientes famosos e imposibles de ignorar por la Fiscalía de Alejandro Gertz Manero, la cancillería de Marcelo Ebrard y la Corte de Norma Piña.

Al enviado especial del presidente Joe Biden para el clima, John Kerry, a atender asuntos urgentes en medio ambiente, un tema de bajo o nulo interés para Palacio Nacional.

Y al secretario de Seguridad Interior, Alejandro Mayorkas, a instrumentar medidas de control para contener o al menos aminorar el flujo de migrantes a través de la frontera con México.

LA PROMESA FALLIDA

A partir de hoy la emergencia tiene rostro migrante.

 

Lejos quedó aquella promesa -17 el octubre de 2018- cuando el Presidente electo conminó a centroamericanos a venir a México a disfrutar del país de promisión de su campaña:

 

“Vamos a ofrecer empleo, trabajo, a migrantes”, anunció al tiempo de celebrar con Estados Unidos y Canadá un magno plan de desarrollo para la cintura de América.

Muchos le creyeron, así incentivó las llamadas caravanas y, ante la amenaza del sur estadounidense, Donald Trump ordenó detenerlas y rápido se montó un aparato de seguridad estimado en 28 mil soldados por la Casa Blanca.

 

Ahora, vencido el plazo del Título 42, la administración Biden ha montado un gran muro de seguridad para remitir a cuanto extranjero ingrese indebidamente.

Destino: México, cuya frontera norte está rebasada y según cálculos pronto aumentará el caos con más de 150 mil deportaciones.

Washington se expresa con hechos, no con discursos de soberanía. (José Ureña, 24 Horas, México, p. 3)

Seguridad y defensa // Migración y crisis del capitalismo

Aunque toda la atención se ha centrado en la zona de guerra en que se ha convertido la frontera México-EU por problemas de migración, narcotráfico, corrupción y delitos asociados, y la única salida ha sido la militarización estadounidense, el fondo del problema es simple de explicar: el modelo político capitalista ha derivado en el dominio de poderes fácticos que han polarizado la división social entre pobres y ricos.

Las caravanas interminables de migrantes del sur del Río Bravo que quieren entrar por la fuerza a territorio estadounidense en busca de salario y bienestar, en realidad están huyendo de regímenes políticos y económicos que no responden a los intereses de la sociedad no propietaria, además de que se tienen evidencias de que se trata de un capitalismo delictivo, es decir, que los intereses de los empresarios se fusionan o compiten o conviven con el poder económico, político y social de los poderes fácticos del crimen organizado.

A ello se agrega la parte más importante de la ecuación: la crisis económica y de modelo productivo de Estados Unidos ya no está satisfaciendo a sus propios nacionales y menos aún tendría capacidad para dar empleo y bienestar a ingresos mayores a 5 millones de personas en el corto plazo y muchas más después.

En este contexto, la crisis migratoria es reflejo del colapso del modelo económico capitalista estadounidense que no ha entendido las necesidades sociales de las masas no propietarias y está aumentando la polarización de sus propios nacionales, por lo que el modelo no tiene capacidad para atender las necesidades de personas que quieren ingresar en busca de empleo y bienestar.

Mientras no se entienda que la migración es producto del colapso del modelo capitalista, la frontera México-EU seguirá aglomerando personas tratando de ingresar legal o por la fuerza a territorio estadounidense. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 10)

Caja fuerte // Entrar a EU, más difícil que pasar por el ojo de una aguja

Para un migrante ilegal, entrar a Estados Unidos es más difícil que pasar por el ojo de una aguja. No se construyó el muro de Trump, pero hay miles de soldados y policías; nuevas tecnologías y drones voladores en la frontera con México… además de una xenofobia bipartisana. En el territorio mexicano el infierno es de otro tipo, con diferentes diablos. Aquí existe el trato “humanista”: extorsión de las autoridades, violencia de los grupos de crimen organizado y debilidad institucional.

Es patente la rudeza de la alianza mexico-estadounidense para tratar a los migrantes, pero ésta no basta para frenar el flujo migratorio. Las fuerzas expulsoras son poderosas en los países de origen: Honduras, Guatemala, Nicaragua, Venezuela, Cuba y México. Es la falta de oportunidades económicas y la violencia. Es también la fuerza de atracción de Estados Unidos. Sigue vivo el mito de que ese país es la “tierra prometida”. Un lugar donde se puede ganar 10 o 20 veces más que en el lugar de origen. Un país donde hay mucha violencia antimigrantes, pero mucho menor de la que hay en los lugares de origen, con la excepción de Cuba. En la isla “sólo” hay pobreza y falta de libertades.

Los números gritan: entre marzo de 2020 y diciembre del 2022, Estados Unidos deportó a 5 millones 88,000 personas. El 2022 fue un año con cifras extraordinarias. Fueron 2 millones 578,000 detenciones de migrantes, de los cuales 31% fueron mexicanos, más o menos 860,000 personas.

Somos un país de gente que migra. En un mundo ideal, eso significaría que tendríamos empatía y simpatía por los migrantes que pasan por nuestro territorio. En el mundo en que vivimos, las cosas son de otro modo. En 2022 rompimos el récord de detenciones a migrantes que estaban en México en situación irregular. Fueron 444,439 detenidos, de los cuales 97,000 son de origen venezolano, prófugos de la distopia bolivariana que tan bien administra Nicolás Maduro. Las detenciones de 2022 en México fueron 44% superiores a las de 2021. El incremento se explica porque llegaron más personas y también porque aumentó la “productividad” de los caza migrantes.

Las condiciones de los que aspiran a entrar a EU son cada vez peores. Siete de cada 10 utilizan los servicios de los polleros. Estos cobran cuotas que van de los 4,500 a los 10,000 dólares. Este precio es entre 30 y 50% superior al que había a principios de la década. Es la inflación, atizada por la entrada al negocio del crimen organizado y el endurecimiento de las políticas gubernamentales en México y Estados Unidos.

No se detendrá el flujo, mientras siga creciendo la brecha entre las condiciones de vida de América Latina y Estados Unidos. El caso de México es emblemático o sintomático. En la segunda mitad de la década de los 90 llegó a “enviar” medio millón de personas por año. Luego se estabilizó en torno a los 200 o 300,000 en la primera década de este siglo y tuvo un periodo de regreso a México de casi un millón de mexicanos, entre 2010 y 2019. El dato de las 860,000 detenciones en 2022 deja claro que estamos viviendo otro momento de migración masiva. Los factores económicos siguen siendo fundamentales para explicar el nuevo éxodo, pero no podemos dejar fuera las cuestiones relacionadas con violencia e inseguridad. La mejor prueba de esto es el enorme peso que tienen los estados más violentos de México en la lista de mayores emisores de migrantes.

¿Cuántas personas lograron eludir los controles y pasar a EU? Imposible saberlo. En 2019 se hablaba de 11 millones de mexicanos indocumentados, pero no hay cifras sobre cómo se ha movido ese número desde entonces. Los que logren llegar, se encontrarán con una población mexicana y mexicano-estadounidense empoderada. La presencia mexicana es notable y creciente en la política, la cultura y la economía. La masa salarial de los trabajadores mexicanos residentes en Estados Unidos equivale a 35,000 millones de dólares mensuales (de los que menos de 20% se convierten en remesas). Los 39 millones de estadounidenses de origen mexicano generan un PIB que supera el billón y medio de dólares. Si fueran un país, tendrían la segunda economía más grande de América latina, sólo superada por Brasil.

La economía de los latinos y los mexicano-estadounidenses crecen a una mayor velocidad que el PIB de EU. Eso es excelente para ellos, pero no se traduce en mejor trato a los migrantes. No es raro que las segundas y terceras generaciones de mexicanos en Estados Unidos apoyen agendas republicanas radicales anti migrantes. Hay solidaridad, pero también rechazo y rudeza. Eso es una realidad, ¿qué hacemos para que la nueva generación de migrantes pueda pasar por el ojo de la aguja? (Luis Miguel González, El Economista, El Foro, p. 47)

Desde afuera // Entre la realidad y la retórica

Si algo pudiera iluminar la esquizofrénica visión mexicana de su relación con Estados Unidos serían las recientes declaraciones y acciones del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

Es una relación de “frío” y “caliente”, según el momento que vivan dos gobiernos profundamente inmersos en sus necesidades domésticas.

López Obrador y Joe Biden sostuvieron esta semana una conversación telefónica a propósito del final del “Título 42”, una limitación sanitaria a la entrada de nuevos refugiados a Estados Unidos, pero dejó a decenas de miles en México.

El jueves, el mandatario mexicano anunció que elementos de la Guardia Nacional reforzarán la frontera sur de México, ante el aumento en los flujos de migrantes que creen que significa que se abrieron las puertas para ingresar a Estados Unidos.

Precisó, sin embargo, que no fue algo que acordara con Biden, sino  una decisión propia. Como también lo fue aceptar recibir a 30 mil deportados mensuales no-mexicanos.

La medida parece similar a la que adoptó en 2019, cuando el entonces presidente Donald Trump amenazó con incrementar los aranceles a las exportaciones mexicanas, ante la llegada de caravanas de centroamericanos a la frontera de México y Estados Unidos.

Esta vez la Guardia Nacional se apersonará en la frontera sur. “Nosotros tomamos la decisión (…), llevan instrucción de no utilizar la fuerza. Decidimos que se esté pendiente para evitar provocaciones”, dijo AMLO.

Sí hubo, en cambio, la aseveración de que Biden “no sabe” del financiamiento de la agencia de ayuda al desarrollo estadounidense (USAID) que él asegura se oponen a su gobierno, una acusación de la que no excluye a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o la Agencia Antinarcóticos (DEA).

 

Igualmente, afirma que hay funcionarios estadounidenses interesados en crear problemas entre los dos países.

Es la formulación más reciente. En las últimas dos semanas, el mandatario mexicano se ha referido lo mismo al carácter injerencista del gobierno de Estados Unidos que a la cooperación bilateral en lo que se trate al problema migratorio.

López Obrador igual ha pronosticado una crisis económica en EU para después de las elecciones de 2024, que ha subrayado la importancia de los vínculos entre las dos naciones.

 

“En definitiva, nosotros vamos a seguir considerando al dólar como la principal moneda del mundo. Tenemos razones suficientes como para no recurrir a otras monedas.

“En primer lugar, la fortaleza de siempre del dólar y sostenemos que, aun con una crisis financiera en el futuro, el dólar va a seguir siendo la moneda más importante en el mundo“, dijo.

AMLO puntualizó que “nosotros tenemos una integración económica cada vez más estrecha con EU y con Canadá”.

Tal vez ese reconocimiento explica la política de su gobierno hacia Estados Unidos. Una colaboración real, efectiva, en el marco del creciente entreveramiento de la región norteamericana, pero con una retórica crítica para cubrir sus necesidades políticas. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, CDMX, p. 27)

Hiel y miel // Ni aquí ni allá

La ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados) ha denunciado que desde el gobierno de Trump, hasta nuestros días, existe una “presión sin precedente” en nuestras fronteras a la que se enfrentan los migrantes, desplazados y refugiados.

Provienen, en su mayoría, de Centroamérica, el Caribe y Venezuela, pero también los hay de otros continentes.

Se ha enfatizado la necesidad de un reparto de responsabilidades regionales y mundiales para intentar regular este problema. Nada de esto ha sucedido en todos estos años.

Al revés, la situación se ha tornado cada vez más difícil. Sabemos bien que nuestro territorio se ha convertido en el muro soñado por Trump y consolidado por Biden. Nuestro país ha aceptado colaborar entusiastamente con las infames políticas migratorias de Estados Unidos.

Republicanos o demócratas, populistas o no, en Estados Unidos quieren que nuestro país retenga a los miles y miles de seres humanos que con arrojo y jugándose la vida se ven obligados a escapar de situaciones de violencia o pobreza insoportables.

 

¿De qué manera se van a retener a estos migrantes en México? ¿Estamos dispuestos a ser cómplices silenciosos de estas brutalidades? ¿Nos importa poco—como en la lamentable tragedia de Ciudad Juárez—el destino de estas personas? La respuesta oficial a lo ordenado por nuestro vecino del norte ha sido de una injustificable obediencia.

Además de los golpes, violaciones, vejaciones y patadas que padecen cotidianamente los desplazados, existe una situación de insalubridad, carencia de servicios, hacinamiento y falta de atención médica que sufren las personas que cada día en mayor cantidad llegan a las nuestras fronteras. Condiciones deplorables y riesgosas para todos. No olvidemos a los 40 de estos seres humanos que en busca de oportunidades de vida vinieron a encontrar la muerte por la irresponsabilidad de funcionarios mexicanos.

La indiferencia y el mirar hacia otro lado son la respuesta permanente de los altos funcionarios, de los lamentables agentes migratorios y de la Guardia Nacional ante estas atrocidades. ¿Dónde quedó la actitud del Presidente al inicio del sexenio, en cuanto a la política de puertas abiertas para los que huyen de países “hermanos”? ¿Acaso se está trabajando en un acuerdo con Estados Unidos que regule la situación de los migrantes en México y sus anhelos por llegar al norte de nuestras fronteras?

Por mucho que platiquen Biden y López Obrador, no se ha logrado un acuerdo que defina responsabilidades, ni existe un plan para atender un asunto de vida o muerte para miles de personas.

 

La brutalidad militar, la indiferencia gubernamental, las ambiciones políticas en ambas naciones, la falta de respeto a los derechos humanos son temas que deberían importarnos a todos. Ni aquí ni allá, este problema les importa un bledo. (Tere Vale, El Heraldo de México, País, p. 6)

Parteaguas // Miren nomás el relajo del Ross

La experiencia en esas tiendas es como la de quien ha comido una torta de tamal y la ha disfrutado. Difícilmente presumirá de esa delicia, si acaso admite que cedió ante el bocado.

Las tiendas Ross Dress for Less son generalmente austeras, incluso feas. Representan lo que nadie quiso. Es el outlet de los outlets y es el lugar en el que las señoras y los señores que van al shopping probablemente preferirían no ser vistos. Pero por una razón misteriosa hay un montón y la compañía tiene ingresos bien estables.

Es un conjunto de casi mil 700 tiendas que cobraron 18 mil 916 millones de dólares en 2022. Más o menos lo mismo que un año antes. No van mal, vaya, el problema es quién pone orden en sus pasillos ahora parecidos a un tianguis.

No hay mucha gente que pueda y quiera ocupar un puesto en ese negocio y los anaqueles que alguna vez estuvieron ordenados, ahora asemejan obras de cubismo.

La cosa es que así como está el Ross, parecen estar todos los negocios en el país vecino.

Es el colmo. Medio mundo quiere emigrar para trabajar en esa nación y allá no tienen suficiente gente para ocupar los puestos vacantes en el Ross, en el Burlington, incluso en Target. Si no hay empleados, es un problema aumentar ventas.

“¡Tu Ross Dress for Less está contratando! Si te gusta la programación flexible, un ambiente de equipo y grandes beneficios que incluyen un generoso descuento. ¡Trabaja donde te gusta comprar! Aplica hoy”, reza el sitio web de la compañía.

Lo más irónico es que a partir de esta semana, el territorio nacional mexicano va a convertirse en vereda tropical de un desfile inmenso de gente nacional y extranjera que va a tocar la puerta al Tío Sam, para tener trabajo en el Ross o en donde sea.

Sucede que el Gobierno de Estados Unidos eliminó las deportaciones “en caliente” (Título 42), ahora que terminó la pandemia. El Gobierno de Joe Biden en Estados Unidos ya puso otras reglas quizás más duras y los caminantes van a topar con pared, pero esas son las letras chiquitas que pocos de ellos quieren. Ahí no termina la cosa.

 

La gran migración que podría “derribar” la frontera

Los dueños de la casa quieren abrir la puerta. Representantes de las empresas más relevantes de ese país arreciaron este mes una demanda a congresistas estadounidenses para pedir que, al tiempo que ponen más seguridad en la frontera, permitan más inmigración legal. Va la historia.

“Hemos formado la Campaña Reforma Este Año de Inmigración Legal y Cumplimiento Fronterizo (LIBERTY, por sus siglas en inglés), para pedir al Congreso que promulgue medidas este año para mejorar la frontera y nuestro sistema de inmigración legal. Cualquier progreso que pueda lograr el Congreso puede convertirse en la base para reformas adicionales”, reza una misiva enviada a los gobernantes de aquel país.

¿Quién la llevó a Washington? La mano que mece la cuna. La Cámara de Comercio de Estados Unidos, el gremio empresarial más poderoso y rico del mundo.

Va el resumen de sus razones:”La Cámara de Comercio de EU, junto con más de 430 asociaciones comerciales de los 50 estados, lanzó la campaña LIBERTY para asegurar nuestras fronteras y modernizar nuestro sistema de inmigración legal anticuado y roto”, expresó la agrupación, y así sigue: “La situación en nuestra frontera sur es un desastre y empeorará con la expiración del Título 42″. Prepárense en Tamaulipas.

El Congreso no puede quedarse de brazos cruzados y permitir que esta situación se deteriore aún más”, demanda la llamada US Chamber, representada en México por la Amcham.

 

¿Qué quiere la US Chamber?

Incrementar los recursos en la frontera de Estados Unidos. Reformar sus leyes de asilo. Aumentar las cuotas para visas de inmigrantes basadas en el empleo. Ampliar el alcance de los programas de trabajadores esenciales. Crear nuevas opciones de visa para estudiantes internacionales, empresarios y, miren nomás, trabajadores de alta demanda para satisfacer “las necesidades críticas” de la fuerza laboral. Aguanta, Ross, la ayuda está en camino… a Reynosa. (Jonathan Ruiz Torre, El Financiero, Empresas, p. 30)

Quédate donde puedas: el fin del Título 42

El flujo de migrantes que esperan expectantes el fin del Título 42, medida que bajo el argumento de riesgos a la salud pública permitió a Estados Unidos realizar 2.7 millones de deportaciones inmediatas durante los últimos tres años, ha tenido un aumento considerable desde diciembre del 2022. Pese a que las dinámicas de tensión y distensión entre el gobierno estadounidense y el mexicano en materia migratoria se han mantenido como una constante a lo largo del tiempo, el fin de dicha política este 11 de mayo trae consigo tres claves sin precedentes que esbozan un devenir caótico.

El primer punto tiene que ver con la forma en la que los migrantes solicitan su entrada a Estados Unidos. Hace unas semanas, el Departamento de Estado y el Departamento de Seguridad Nacional estadounidenses anunciaron la próxima creación de centros regionales de procesamiento migratorio, siendo Guatemala y Colombia los países elegidos para el inicio de este programa piloto. La medida plantea que los inmigrantes hagan su solicitud desde dichos países y así poder acceder, de ser elegibles, a permisos laborales, asilo, programas de reunificación familiar, entre otros.

Si bien esta medida encuentra precedente en el controversial programa “Quédate en México”, llama la atención la ampliación del alcance de esta propuesta cada vez más lejos de sus fronteras, dejando además la gestión de esta problemática a países que no encabezan las expulsiones regionales de migrantes. Aunado a ello, su implementación omite que gran parte de las personas que buscan asilo no pueden permanecer en su país pues precisamente huyen de las condiciones en las que se encuentran.

Además, esta medida sobrepasa su intención disuasoria, al condicionar a la realización de este lento proceso a permanecer en estos países, negándoles la posibilidad de aplicar a aquellos que han intentado ingresar de manera ilegal al país anteriormente y, para algunas nacionalidades, exigiendo contar con un patrocinador en Estados Unidos. Los obstáculos selectivos que se han implementado no solo representan una evasión de las obligaciones legales de Estados Unidos, sino una flagrante violación a los derechos humanos.

Por su parte, recientemente México anunció que accedió a continuar recibiendo a cerca de 30,000 migrantes de cuatro nacionalidades (Cuba, Haití, Nicaragua, Venezuela) mensualmente, aún después del vencimiento del Título 42. Esto en sí mismo es histórico, pues en ningún otro momento un país ha aceptado tal número de deportaciones desde Estados Unidos de personas que no son nacionales.

Mientras que en el caso de Colombia y Guatemala existe el entendido de que recibirán los fondos necesarios para la gestión de dichos centros, la experiencia mexicana ha evidenciado un vacío en la cooperación bilateral y en la disposición de fondos federales para contar con las condiciones necesarias para la atención de personas migrantes. En este renovado acuerdo, no hay claridad en qué consiste el supuesto programa humanitario conjunto. Tampoco queda claro qué pidió México a cambio en la negociación, aunque probablemente aseguró una ceguera selectiva del vecino del norte ante controversias comerciales o el deterioro institucional que atraviesa el país.

Finalmente, se palpa un creciente ambiente de militarización y criminalización migratoria desde el ejecutivo y el legislativo estadounidense. Por un lado, en un intento de anticipar la crisis que se avecina, la administración de Joe Biden ordenó el despliegue de 1,500 elementos del ejército en la frontera sur, dejando un total de 4,000 elementos en la zona. Por su parte, estados como Texas y Florida intentan recrudecer las políticas migratorias desde los congresos locales. En Texas se discute una propuesta de ley que permitiría que civiles armados realicen labores de patrullaje y detención de migrantes, así como otra que busca penar a las personas que lleguen sin documentos hasta con 10 años de cárcel. Así mismo, el gobernador y posible candidato presidencial Republicano, Ron de Santis, anunció que utilizaría fondos para trasladar a personas indocumentadas a ciudades gobernadas por Demócratas.

Al igual que ocurre en México con la ampliación de facultades de la Guardia Nacional en materia migratoria, militarizar la frontera es un error. En un contexto en donde se calculan entre 7 mil y 8 mil detenciones diarias de migrantes sin documentos, catalogarles como una amenaza al orden público les coloca en una posición de criminales de facto. La gravedad de esta postura, recrudecida ante la retórica Republicana que responsabiliza a migrantes del tráfico de fentanilo, recae en convertir potenciales faltas administrativas en delitos. Más allá de ello, este enfoque no ha tenido el efecto buscado, como muestran el aumento de flujos y de caravanas que se dirigen al norte.

Si bien los impulsores de estas medidas argumentan que se trata de un intento de ordenar la migración y hacer de este problema una responsabilidad hemisférica, no consideran suficientemente los efectos que tendrán en miles de personas. En un panorama en donde se conjuntan la desesperación por una vida digna, el oportunismo criminal y las aspiraciones electorales, el fin del Título 42 abona a la certeza del caos que viene. En medio de una flagrante crisis humanitaria, “quédate donde puedas” jamás podrá ser el mensaje correcto. (Raquel López – Portillo Maltos, El Universal, Opinión, p. 16)

El Espectador / Y la relación con EU se puede poner peor

En medio del bullicio fronterizo y la ola migratoria que azota tanto el norte como el sur de México, se revela un documento intrigante liberado por el Servicio de Investigación del Congreso (CRS, por sus siglas en inglés), esa agencia de investigación imparcial incrustada en la Biblioteca del Congreso, que ofrece análisis exhaustivos y objetivos a los políticos estadounidenses y su equipo.

Comentan que el Congreso de Estados Unidos no deja de expresar sus preocupaciones sobre las tensiones en la cooperación de seguridad entre ese país y México. Les llama la atención un asunto en particular: durante el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012), México extraditaba un promedio de 98 personas al año.

Cuando Enrique Peña Nieto asumió el poder, las extradiciones se redujeron a 54 en 2013, pero alcanzaron su punto máximo en 2016 con 76 casos. ¡Y en enero de 2017, México dejó a todos con la boca abierta al extraditar a Joaquín “El Chapo” Guzmán, el líder del Cártel de Sinaloa y uno de los objetivos principales de la DEA! Ese gesto de cooperación bilateral fue aplaudido por muchos miembros del Congreso. Sin embargo, las extradiciones se mantuvieron estables en los primeros años del gobierno de López Obrador, hasta que en 2022 llegaron a su nivel más bajo en 20 años.

Los entendidos aseguran que el año 2023 pondrá a prueba las relaciones entre Estados Unidos y México. Las tensiones en los ámbitos de seguridad y energía, así como las preocupaciones estadounidenses sobre los derechos humanos, la debilitación de las instituciones democráticas mexicanas y el creciente papel del ejército en la economía y sociedad, serán temas candentes.

La mayoría de los expertos concuerdan en que la mejor manera de enfrentar estos desafíos es que ambos países, junto con Canadá, sigan trabajando juntos para asegurar los mejores resultados posibles para toda América del Norte. Hasta el momento, una serie de reuniones de alto nivel entre las administraciones de Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador han mantenido el diálogo abierto.

Sin embargo, las críticas incisivas del Congreso estadounidense hacia la incapacidad de México para abordar el tráfico de fentanilo, junto con las críticas mexicanas a la intervención y violaciones de la soberanía por parte de Estados Unidos, han avivado las tensiones nuevamente.

Además, la cooperación bilateral podría tambalearse debido a las elecciones presidenciales que ambos países celebrarán en 2024. El Congreso probablemente mantendrá un interés significativo en México, y se espera que temas como comercio, seguridad, política de drogas, migración, salud y medio ambiente sean objeto de financiamiento y supervisión.

Para los del norte está claro que las relaciones entre Estados Unidos y México atraviesan momentos turbulentos durante la administración de López Obrador. México ha tenido que adaptarse a los cambios en las políticas de inmigración y seguridad fronteriza de Estados Unidos, ha negociado un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá, ha colaborado con Estados Unidos en la recuperación de la pandemia y ha relanzado la cooperación en seguridad bajo un nuevo Marco del Bicentenario.

Más o menos eso dice el documento que leen desde ayer los políticos estadounidenses para saber qué es lo que está pasando en el país del sur al hablar de cooperación. (Hiroshi  Takahashi, El Sol de México, República, p. 6)

Globali…qué / Mad Men: Marcelo Ebrard contra el canciller

La Secretaría de Relaciones Exteriores tiene varios años convertida en agencia de publicidad y relaciones públicas.

Ya no es necesaria una leyenda de advertencia: “El siguiente mensaje es un comercial pagado por Marcelo Ebrard como una estrategia de competencia para lograr la candidatura presidencial de Morena”.

No es necesario.

“Con mi amigo Park Jing, Ministro de Relaciones Exteriores de Corea del Sur, quien ya leyó “El Camino de México” y subrayó la página 297 en la que me refiero al éxito de su país a partir de la educación, el ahorro y la innovación. Bienvenido!!!”.

En este mensaje de su cuenta de Twitter, Marcelo Ebrard utiliza la imagen del funcionario Park Jing para publicitar su imagen en el campo electoral.

En el remoto escenario de que Ebrard cumpliera con su trabajo como secretario de Relaciones Exteriores, lo ideal hubiera sido su explicación sobre el avance en las negociaciones de un tratado comercial entre México y Corea del Sur. El año pasado el Gobierno de México convocó a Seúl para iniciar una ronda exploratoria que diera inicio la negociación. ¿Qué ocurrió?

En la agencia de publicidad se creó la estrategia para convertir a México en el patio trasero migrante de Estados Unidos a cambio de que la Casa Blanca no tuviera injerencia en el ejercicio prioritario del presidente López Obrador: sus conferencias de prensa, alias las mañaneras.

En la agencia de publicidad se creó la frase: Política Exterior Feminista. La entonces subsecretaria Martha Delgado iba de embajada a embajada a promocionar su frase que es muy fácil de desmontar (no hay secreto como la receta de Coca Cola). Es el presidente AMLO quien diseña la política exterior. No es Marcelo Ebrard, no era Martha Delgado. AMLO no es feminista y el ánimo de Ebrard y Delgado terminó reducido a una campaña institucional en la Secretaría de Relaciones Exteriores, pero en absoluto fue replicada por el resto de las instituciones federales.

En la agencia de publicidad se trataba de diseñar estrategias para mitigar la visión bélica que AMLO tiene sobre la diplomacia. Ejemplos de conflictos creados por Palacio Nacional sobran: España, Estados Unidos, Panamá y Perú, entre otros. Pero resultó imposible. Marcelo Ebrard es corresponsable del desaseo diplomático del actual gobierno.

Ebrard es responsable de haber nombrado a gente inexperta y descortés con el mundo diplomático. Bernardo Aguilar, quien se desempeñaba como Director de Europa concluyó su carta de despedida con lo siguiente: “Estoy seguro que nos encontraremos pronto”, le dice a Ebrard. “En una misión más alta y trascendente”. Es decir, su misión en Relaciones Exteriores no fue trascendente.

Mad Men, Ebrard, aparece hoy en espectaculares promocionando su imagen para las elecciones. ¿Quién lo paga? ¿La agencia de publicidad? ¿Sterling Cooper?  (Fausto Pretelin Muñoz de Cote, El Economista, Geopolítica, p. 41)

Redes de poder

Esto apenas empieza

Las muy desafortunadas declaraciones que emitió el senador estadounidense John Neely Kennedy respecto a México, podrían ser apenas el inicio de lo que venga en el contexto del proceso de las elecciones generales en Estados Unidos en 2024 y es que, tal como lo dijo el canciller Marcelo Ebrard, en estos tiempos convulsos, hay muchos políticos que buscan notoriedad o bien, hacerse de un nombre y por ello recurren a las declaraciones incendiarias para posicionarse. Ya lo vimos muy claramente durante la campaña de Donald Trump en 2015 y 2016, en la que el hoy expresidente escogió como uno de sus blancos favoritos a México. Hoy lo mismo está pasando, quizá a menor escala, tomando como pretexto la crisis migratoria o la de consumo de rentabilidad. Lo dicho, esto apenas empieza y ahí viene de nuevo Trump. (Reporte Índigo, Reporte, p. 3)

A la migración, poesía en vez de tropas

Andrés Manuel López  Obrador y Joe Biden enfatizan una visión humanista ante la frontera desbordada. Admite el demócrata una situación caótica por algún tiempo. Evidentemente, no habrá tropa que detenga las migraciones. Seguirán las invasiones masivas por el río Bravo con riesgo de morir en el intento.

Experta en migraciones, la filósofa española María Zambrano hace poesía en su libro Claros del bosque, y lo inicia con estas palabras: El claro del bosque es un centro al que no siempre es posible entrar desde donde se le mire y la aparición de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso, es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama y hasta donde vaya marcando su voz.

En el libro habla de un método y sus pasos. Me permito versificar su pensamiento. ¡Vaya que habla de humanismo!:

Hay que dormirse arriba de la luz, / hay que estar despierto abajo, / en la oscuridad intraterrestre, / intracorporal de los cuerpos, / que el hombre terrestre habita, el de la Tierra, el del universo, el suyo propio. / Allá en los profundos, en los infiernos, el corazón vela / se desvela, se reenciende en sí mismo. / Arriba, en la luz, el corazón se abandona, / se entrega. / Se recoge. Se duerme al fin ya sin pena, / en la luz que acoge donde no se padece violencia alguna, / se ha llegado allí, a esa luz, sin forzar ninguna puerta, / y aun sin abrirla, sin haberla atravesado / dinteles de luz y de sombra / sin esfuerzo y sin protección.

Brota el delirio al parecer sin límites, no sólo del corazón humano, sino de la vida toda, y se aparece todavía con mayor presencia en el despertar de la Tierra en primavera (como en la actualidad) y paradigmáticamente en plantas como la hiedra, hermana de la llama, sucesivas madres que Dionisio necesitó para su nacimiento, siempre incompleto, inacabable. Así nos muestra este dios un padecer en el nacimiento mismo, un hacer padeciendo, la madre no dio de sí para acabar de darlo a luz nacido enteramente. Dios de incompleto nacimiento del padecer y de la alegría, anunciando el delirio inacabable, la vida que muere para volver de nuevo. Es el dios que nace y el dios que vuelve.

Según mi lectura, este es el pensamiento humanista en las migraciones de la filósofa María Zambrano. (José Cueli, La Jornada, Cultura, p. 6)

Yo lector // Por una visión más humana con los migrantes

Creo que ya va siendo hora de que los gobiernos de Estados Unidos y México acuerden un plan para la posible llegada masiva de inmigrantes que sea más humano, no solamente enviando más policías y soldados, lo cual, a la larga, podría resultar peor.

 

Pero no solamente es responsabilidad de la Unión Americana y de México, también los demás países expulsores de migrantes, como El Salvador, Honduras, Venezuela, etcétera, deberían entrarle a un proyecto que ayude a esa pobre gente que, al final del día, está buscando mejores condiciones de vida y de seguridad, algo que no han tenido en sus países de origen.

Y cuando digo que es importante una estrategia mejor estructurada y que no sólo contemple el uso de la fuerza pública me refiero a algo más humano. No debemos olvidar que son familias, que hay niños que están sufriendo y, lo más importante, son personas que lo hacen por necesidad, no por gusto. Hasta la fecha no he sabido de un solo caso de algún migrante que lo haga por gusto, que deje familia, amigos y hogar sólo para vivir la “aventura”, para nada, se han visto obligados por la fuerte violencia sufrida a manos de bandas delictivas, como los famosos maras.

Tampoco debemos olvidar que esa gente ya ha sufrido una infinidad de vejaciones en su trayecto a la frontera estadunidense, pues, además de los ataques de las bandas delictivas, también los cárteles de la droga los llegan a secuestrar, violar y maltratar de las peores maneras. Por ello. Lo reitero, es necesario realizar este operativo o proceso de la manera más humana posible.

Por último, creo que es muy importante ayudar con recursos a todas las ciudades y comunidades fronterizas a donde están llegando los migrantes, pues los habitantes no pueden solos, he visto que ayudan a los migrantes, pero no sólo es responsabilidad de ellos, sino también de todos los órdenes de gobierno. (María Teresa Fuentes, Excélsior, Nacional, p. 6)

El Correo Ilustrado

carton 8

Malos augurios para la migración pese a suspensión del Título 42

La suspensión del Título 42 de la ley estadunidense, que argumentando razones sanitarias permitía la expulsión inmediata de solicitantes latinoamericanos que pedían asilo o de otros ciudadanos que cruzaban la frontera México-Estados Unidos, provocará un inesperado flujo de migrantes por los cruces fronterizos de Tijuana, Ciudad Juárez y Matamoros. 

Pese a que dicho Título 42 fue producto de la política antinmigrante de Donald Trump y la ofensiva política republicana, con los demócratas en el poder hay pocas posibilidades de que mexicanos, guatemaltecos, hondureños, venezolanos, ecuatorianos y de otras nacionalidades logren ingresar al territorio del sueño americano. Las autoridades estadunidenses han desplegado 24 mil agentes a lo largo de los puntos fronterizos, establecido numerosos centros de detención para adultos y niños y, lo que es peor, una campaña de disuasión que advierte a los migrantes que será difícil tramitar una solicitud de asilo y que, si intentan pasar sin papeles, se les amenaza con prohibirles ingresar por años a Estados Unidos.

 

Los próximos días serán cruciales y se espera que en este escenario pueda hacerse lo mejor por parte de las autoridades migratorias mexicanas para que, al menos desde la orilla de nuestro país, no se presenten calamidades, se respeten los derechos humanos y se frene la detención masiva de migrantes que, por cierto, ya empezó a registrarse. (Mario Trujillo Bolio, El Correo Ilustrado, Editorial, p. 8)

Cartones

carton 1

(Xolo, 24 Horas, La dos, p. 2)

carton 2

(Alarcón, El Heraldo de México, La dos, p. 2)

carton 3

(Rapé, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

carton 4

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 12)

carton 5

(Chavo del Toro, El Economista, Política, p. 39)

Acuerdo migratorio

carton 6

(Nerilicón, El Economista, El Foro, p. 46)

carton 7

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 8)

carton 9

(Obi, Reforma, Opinión, p. 8)