Garduño no pierde el sueño
Muy tranquilo duerme el comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño. Así lo afirmó el funcionario, investigado por la tragedia en la estación migratoria de Ciudad Juárez que dejó 40 personas muertas. Resulta que culpó a dos venezolanos por el incendio y sostuvo que no piensa renunciar al cargo.
Marcelo planta cara a DeSantis
Ya está el canciller Marcelo Ebrard en EU, donde tiene una variada agenda. Hoy inaugura el consulado de México en Oklahoma, y el domingo va a Florida a promover recursos legales contra leyes antimigrantes, impulsadas por el gobernador Ron DeSantis, quien mandó agentes a Texas para frenar a indocumentados. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)
Francisco Garduño
El todavía titular del INM asegura que duerme tranquilo porque cuando ocurrió la tragedia que costó la vida a 40 migrantes estaba a 1,800 kilómetros del lugar… como si las estaciones no fueran su responsabilidad. (La Crónica de Hoy, La dos, p. 2)
Peligro. Mientras Xiomara Castro, la presidenta de Honduras, pinta su gobierno con brochazos socialistas, el lienzo económico de su país amenaza con tornarse gris y desolado. Su última pincelada, la Ley de Justicia Tributaria, augura, según los sabios del dinero, medio millón de empleos perdidos, precios desbocados, y un éxodo de inversión y talento. Pero ahí no acaba la cosa, se vuelve aún más sombrío cuando su esposo y principal asesor, Manuel Zelaya, es acusado de vínculos con los cárteles. Si no cambia de rumbo, no sólo Honduras pagará las consecuencias: México y la región se verán afectados por la migración. La advertencia está dada. La catástrofe se aproxima con Xiomara Castro. (Excélsior, Nacional, p. 11)
Más de una década no ha bastado, ni el paso de tres administraciones federales, emanadas, sucesivamente, del PAN, PRI y MORENA, ha servido para solucionar el problema de la inseguridad que afecta a los migrantes que cruzan el territorio nacional para llegar a los Estados Unidos.
El 22 de agosto de 2010 ocurrió lo que la CNDH denomina “la primera Masacre de San Fernando”, porque en ese estado se han cometido otros asesinatos masivos.
Los Zetas mataron a 72 migrantes de diversas nacionalidades que iban a Estados Unidos.
En el ejido de El Huizachal, los centro y sudamericanos fueron “asesinados por la espalda, y sus cuerpos fueron posteriormente apilados y abandonados a la intemperie”, según la CNDH.
Fueron masacrados luego de ser secuestrados, por lo que emitió una recomendación, que quedó en letra muerta.
Por lo menos en dos décadas, el secuestro masivo de migrantes no ha dejado de aparecer en las primeras planas y noticieros del país y, en ocasiones, del mundo.
Según el informe de actividades de la CNDH 2022, “el INM reportó que durante el año 2020 se identificaron a 164 personas migrantes relacionadas con el delito de tráfico y 4 con el de secuestro; en cambio, durante el año 2021 identificó a 990 por el primer delito y 31 por el segundo, de tal suerte que en 2021 se calcula un incremento del 503% en el tráfico y 675% en materia de secuestro en perjuicio de esta población”.
Y es que para recorrer a salvo los casi mil 700 kilómetros que separan la frontera sur con Matamoros, Tamaulipas, o los más de 3 mil 800 kilómetros que hay entre el puente fronterizo de Tecun Umán – Ciudad Hidalgo, en Chiapas, hasta Tijuana, Baja California, se necesita más que suerte.
Van unos datos de los más recientes:
En diciembre de 2022, policías rescataron a 23 migrantes, en su mayoría venezolanos, que habían sido secuestrados cuando se dirigían a la frontera con Estados Unidos, mientras otras seis personas que habían logrado escapar de sus captores fueron localizadas tras el rescate, cerca de Ciudad Juárez, Chihuahua.
En abril de este año, fueron rescatadas 86 personas en varias zonas de Matehuala, San Luis Potosí; de esa cifra, 59 corresponden a migrantes de diferentes nacionalidades.
También en abril, el consulado de Ecuador denunció la privación ilegal de la libertad de al menos 30 de sus ciudadanos, en Sonora, por lo que se realizó un operativo en Sonoyta, que permitió el rescate de 63 personas de diferentes nacionalidades.
Y este mes, los días 5 y 6 de mayo, fueron rescatadas 10 y 113 migrantes en San Luis Río Colorado, Sonora, provenientes de El Salvador, Honduras, República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos, India, Perú, Nepal, Bangladesh, Cuba, Colombia, Brasil y Afganistán.
Esta semana, al menos 50 migrantes fueron secuestrados, otra vez en la zona de Matehuala. Fueron localizados 49 migrantes con la intervención de 650 elementos militares y policiacos. Faltaban por hallar a los choferes y dos migrantes, un venezolano y un haitiano.
Y esos son los secuestros masivos de los que nos enteramos, porque hay muchos más que pasan de noche y quedan en la impunidad.
Es tan evidente que en México la protección de los migrantes es una tarea fallida, que el propio presidente López Obrador dijo en la Mañanera: “la travesía hacia el norte es riesgosa en extremo”.
Si así lo afirma en público el presidente, ¿cómo estará de grave la situación?
Patriotas y traidores
¡Por caridad, alguien tenga lástima de la VILCHISmosa! Lleva semanas recetándonos que los americanos financian a opositores a través de la “yu es ai di”, cuando la USAID es, en realidad “yu es eid”.
Hasta para rebuznar hay que saber el tono y si no, que pregunte. (Amador Narcia, El Universal, Opinión, On line)
Era inimaginable a fines del siglo pasado, cuando se difundió el paradigma multicultural, pero hoy no cabe duda de que en Estados Unidos está en curso un relanzamiento del supremacismo blanco. Es otro de los legados funestos del paso de Donald Trump por la Casa Blanca, que ya captura el centro gravitacional de los discursos de la derecha republicana, con miras a la elección presidencial de 2024.
En las últimas semanas hemos visto dos muestras preocupantes de esa refundación racista del conservadurismo estadounidense. La primera fue el pronunciamiento del gobernador de Texas, George Abbott, a favor de un blindaje de la frontera, en evidente rechazo al fin del Título 42 decretado por el presidente Joe Biden.
A pesar de que la política migratoria de la actual administración demócrata no ha revocado totalmente las medidas restrictivas, y violatorias de derechos humanos, de los gobiernos anteriores, cualquier gesto de flexibilidad de la Casa Blanca es recibido por los republicanos como un llamado a abrir las fronteras y adulterar la identidad nacional de Estados Unidos.
El mensaje de Abbott fue rápidamente respaldado por el gobernador de la Florida Ron DeSantis y una veintena de estados dirigidos por el Partido Republicano. El posicionamiento busca elevar la tensión con la Casa Blanca, colocando la agenda antimigrante y, específicamente, antimexicana, en los titulares de la campaña electoral de los republicanos de aquí a 2024.
En la misma estrategia se inscribe la nueva ley promovida por DeSantis en la Florida, aprobada por la mayoría republicana que controla el congreso estatal. La ley establece que empresas y hospitales investiguen a empleados y pacientes hispanos, para precisar su condición migratoria, y en caso de encontrar alguna situación ilegal, desocuparlos o retirarles la atención médica.
Como era de esperar, múltiples organizaciones y comunidades de hispanos, en Estados Unidos, han reclamado la violación de garantías básicas en que incurren esas medidas y hasta han cuestionado su constitucionalidad. Los demócratas y la actual administración podrían capitalizar esa resistencia, pero, si lo intentan, deberán asumir el desencanto de esos sectores con las promesas incumplidas de Biden en estos tres años.
El ascenso de la xenofobia y el racismo en el discurso político de la derecha estadounidense es más que evidente. Pero ya se hace difícil cualquier distinción entre esa xenofobia y ese racismo y los de sus equivalentes en México o América Latina. Desde hace años, las emigraciones también se dan entre los propios países latinoamericanos y caribeños y las escenas de rechazo o desprecio se repiten en varias capitales de la región.
Son conocidos los brotes de racismo y xenofobia contra migrantes peruanos y bolivianos en Argentina y el creciente malestar por el aumento de la llegada de haitianos a Chile. También hemos visto protestas y hasta conatos de violencia, en Ecuador, contra los refugiados venezolanos. En varias ciudades del norte de México se repiten esos episodios contra el paso de migrantes del Triángulo Norte de Centroamérica y, también, de Venezuela, Haití y Cuba.
La incapacidad de negociar y coordinar políticas migratorias propias, entre los gobiernos latinoamericanos y caribeños, es evidente. Todos buscan concertar sus políticas, bilateralmente, con Estados Unidos, pero ninguno hace un llamado a tratar seriamente el tema en los foros regionales o en la Celac.
México, país de tránsito y, también, de creciente emigración, pareció intentarlo, pero hemos visto a su gobierno suscribir la tesis equivocada de que las diásporas de Venezuela y Cuba se deben, únicamente, al “bloqueo”, y enzarzarse en disputas con Guatemala y El Salvador, en un momento especialmente delicado, que demanda visión humanitaria y de colaboración regional, para hacer frente a una ofensiva antimigrante que amenaza a todos. (Rafael Rojas, La Razón, Informativa, p. 4)
La migración es el hilo con el que se ha tejido gran parte de la historia entre México y Estados Unidos, el hilo con el que se han zurcido encuentros entre los dos países y en algunos muchos casos, enmendado los desencuentros. A pesar de estas coincidencias, las perspectivas y prácticas para entender y abordar este fenómeno son diferentes en ambos lados de la frontera.
México en sus orígenes recibió a migrantes que, si bien fueron agresivos, decidieron al final mezclarse para tener como resultado una riqueza cultural importante; en la época actual, aunque el discurso es de apertura, las condiciones no son favorables para quien viene en tal condición. Estados Unidos, por su parte, históricamente es un país construido por migrantes, ahora sostiene un discurso oficial cerrado para ellos, sin embargo, la realidad y practicidad suponen un escenario que, si bien ya no es el sueño americano, sigue ofreciendo oportunidades para (casi) todos.
Sin hablar de discursos o colores, en México la política migratoria ha sido en los últimos tiempos objeto de dudas y cuestionamientos, de tropiezos e incongruencias cuando al norte se le solicita un trato digno para los nuestros.
Cuando uno se sienta a la mesa, tanto para alimentarse como para negociar, si no se sabe lo que se quiere y en qué cantidad, es posible que se termine aceptando cualquier cosa en cualquier porción sólo para justificar la ocupación del asiento. México, más allá de un discurso de apertura y buenas intenciones, no ha logrado tener una estrategia clara para el tema, ni con el exterior ni al interior, el resultado ha sido, por ejemplo, aceptar a 30 mil centroamericanos cada mes, provenientes de un intento de cruce indocumentado hacia Estados Unidos a un país que no cuenta con las condiciones ni un plan claro para atender tal diáspora.
Miles de migrantes, después de un viaje extenuante y que no tuvo éxito, acaban en un territorio donde prácticamente son dejados a su suerte, expuestos al crimen o a una tragedia que acabe con sus vidas. Expuesto también queda México a la crítica internacional y a los señalamientos por parte de otros países y organizaciones por las frecuentes y severas violaciones a derechos humanos, expuesto también a perder la voz para defender a los suyos y a que siga estando condenado por, como lo dijo Porfirio Díaz, estar tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.
Estos últimos, por su parte, a pesar de una retórica si bien no cerrada, pero tensa en cuanto al tema, sus condiciones y dinámica económica hiperacelerada terminan por arrastrar a los extranjeros a insertarse de manera casi inmediata al entorno de negocio, mientras no se haga nada fuera de la ley y se paguen impuestos, existen aún las condiciones para permanecer, sobrevivir, incluso vivir y proveer. Tan es así que las ciudades principales ya reportan un repunte poblacional de migrantes perdido durante la pandemia, mostrando resiliencia, apertura, diversidad y dinamismo.
Para esta administración en su ocaso o la siguiente en su génesis: la peor política exterior es una mala política interior y una política exterior pobre es una pobre política exterior. En otras palabras, solventemos las carencias internas y formulemos una estrategia clara para construir una estructura fuerte que permita hacer frente a los flujos migratorios al tiempo que nos fortalezca ante presiones extranjeras e invirtamos el capital necesario para ello. (Azul Etcheverry, Excélsior, Nacional, p. 17)
Se acerca el fin del sexenio del presidente López Obrador, en el mismo tenor de aprovechar el último año en su presidencia para llevar adelante lo que considera sus grandes cambios, que representan en la inmensa mayoría drásticos retrocesos en los tiempos que corren: la mayor crisis migratoria de Centroamérica, México y América Latina, en la que por cierto crece también la migración de mexicanos hacia Estados Unidos, que hasta hace poco era muy minoritaria o inexistente por el mayor retorno de mexicanos hacia sus localidades. Ahora va creciendo, lo que debiera ser un cambio a analizar. La migración de mexicanos a EU estaba estabilizada entre los que iban y los que regresaban, ahora se ha invertido, son más los que se van que los que regresan.
Destaca también la eliminación de 18 instituciones, entre las que destacan:
La Comar, indispensable su crecimiento en las actuales condiciones migratorias, cuyas respuestas y acciones dejan mucho que desear. Destacan también el Conacyt y las instituciones para el desarrollo de las investigaciones, el desarrollo de la ciencia en este mundo que nos tocó vivir y en el que la ciencia estaba dando ya pasos importantes, sobre todo en materia de investigación.
Entre ellas destaca también el INAI que, con un retroceso importante en materia de información gubernamental y de protección de datos personales, incomoda normalmente a los gobiernos que quisieran no dar a conocer determinados gastos e informaciones.
Deberá ponerse punto final a los ataques del mandatario a la Presidenta de la Suprema Corte de Justicia, Norma Piña, reconociendo y valorando la labor, la opinión y las obligaciones Constitucionales de la SCJN y del Poder Judicial.
Importante sería que hubiera una armonía de los tres poderes de la Unión que marca la Constitución: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Conscientes de las obligaciones y límites de cada uno, con colaboración y respeto, sin agresiones, ni intenciones de control de las tres por parte del Presidente. (…) (Enriqueta Cabrera, El Universal, Opinión, p. 14)

(Boligán, El Universal, Opinión, p. 14)