Sabadazo a migrantes
Aplicó sabadazo el Instituto Nacional de Migración, a cargo de Francisco Garduño, en el caso de los migrantes que acampaban en la Plaza Giordano Bruno, de la colonia Juárez. De madrugada desalojaron a varios y los subieron a autobuses. Se dice que los llevan a albergues en Chiapas y Puebla, pero también al aeropuerto Felipe Ángeles, desde donde serán deportados.
Aumenta crisis con Perú
Se complica la relación bilateral con Perú. Además de la negativa del presidente López Obrador para entregar la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico a su homóloga Dina Boluarte, la cancillería de ese país acusó que las autoridades migratorias de México restringen el ingreso de peruanos en los aeropuertos de la Ciudad de México y de Cancún. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
Una de las mayores tragedias de las que tenemos memoria respecto a las vicisitudes que sufren los migrantes indocumentados en México, fue la horrible muerte de 40 hombres, y por lo menos otros 25 heridos en una “estación migratoria” instalada en Ciudad Juárez, Chihuahua. El comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, declaró: “Yo estaba a mil 800 kilómetros de distancia de esa instalación; duermo tranquilo”.
Con esa ligereza respondió a las preguntas de los reporteros, quienes le cuestionaban si iba a renunciar; el señor Garduño dejó ver su falta de dignidad y compromiso institucional, y decidió seguir en su puesto, previo apoyo explícito del Presidente de la República.
Ante la presión de la opinión pública, el Presidente dijo que lamentaba este incidente e informó que la Fiscalía General de la República había iniciado una investigación, por lo que “habrá que esperar qué resuelve”. Acusó a la prensa al decir que él no iba a abonar al “amarillismo y el sensacionalismo de los medios de comunicación”, comparando al periódico Reforma con el Alarma, ése sí, un pasquín grotesco. Defendió a Garduño de quien dijo conocer desde hace muchos años, y a quien considera un “hombre bueno”.
El secretario de Gobernación, Adán Augusto López, responsable principal por mandato de ley del INM, argumentó que Garduño “fue omiso en sus obligaciones de proteger las instalaciones y personas a su cargo y lo acusó de ejercicio indebido del servicio público, por lo cual podrá afrontar esta etapa procesal en libertad, como es también su garantía constitucional, y se mantiene en el ejercicio de su cargo, atendiendo los asuntos del instituto”.
En la primera audiencia a la que tuvo que acudir Garduño se le hizo saber que, como resultado de la visita de inspección a la citada estación, se encontró que se carecía de las más elementales medidas de protección como era que las salidas del centro estaban tapadas, que nadie llamó a los bomberos, que los agentes responsables de abrir la celda donde los migrantes desesperados pedían salir se alejaron sin explicación o razón alguna.
Los supervivientes declararon haber sido extorsionados por los agentes migratorios, quienes les pedían dinero para ser puestos en libertad.
Garduño se reservó el derecho a declarar dejando el proceso a cargo de sus abogados.
Al escribir estas líneas, el asunto ha desparecido de la atención pública, por lo que no hay manera de conocer qué medidas preventivas ha tomado el doctor Garduño (el título de doctor en derecho y ciencias jurídicas lo obtuvo de la Universidad del Distrito Federal y una maestría en la Universidad de Ciudad Juárez) en el resto de las “estaciones migratorias”.
No obstante, esas “credenciales académicas”, destaca más el hecho de haber sido responsable del sistema penitenciario de la Ciudad de México cuando López Obrador fue jefe de Gobierno. Las críticas son contundentes, ¿es correcto hacer responsable del cuidado de gente inocente, que sólo busca un mejor horizonte para sus familias, a una persona que tiene experiencia en administrar cárceles? ¿Dónde quedó la política migratoria con una” visión humanitaria” de la 4T?
En este espacio he insistido en múltiples ocasiones que la política migratoria debería ocupar un lugar relevante en el gobierno federal. Somos uno de los países en el mundo con mayores volúmenes de personas en movimiento, tanto nacionales como extranjeros, la vecindad con Estados Unidos nos hace únicos en ese sentido.
El presidente Biden se ha visto obligado a endurecer los controles de su frontera sur ante la crítica de los Republicanos, quienes lo acusan de ser débil al poner orden a la creciente ola de migrantes y drogas provenientes de México, y nuestro país no podrá evadir ser “el muro” de estos flujos de personas.
En 2024, México y Estados Unidos tendrán sus respectivos procesos electorales para elegir a sus nuevos gobernantes empezando por los presidentes, más legisladores federales, un gran número de gobernadores, funcionarios estatales y locales.
Desde ahora es fácil suponer que serán procesos extraordinarios por la polarización política que cada uno enfrenta. La migración, junto con el narcotráfico, serán temas prioritarios en la agenda bilateral. Dado el evidente fracaso de sus respectivas políticas públicas en estos dos temas, cabe preguntar, ¿habrá nuevas propuestas? (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 8)
Van por deudores alimentarios que huyen a EU
Tras la aprobación de la reforma que impide a los deudores alimentarios tramitar licencia de conducir y pasaporte, nos cuentan que ya se alista en el Senado una nueva iniciativa elaborada por las organizaciones impulsoras de la Ley Sabina que propondrán al canciller Marcelo Ebrard, para que los padres que huyeron a Estados Unidos evadiendo el pago de pensiones no puedan tramitar allá matrículas consulares ni pasaportes, indispensables para obtener otros documentos en el vecino país. Nos aseguran que son miles y miles los mexicanos en esta situación, por lo que podría incluso haber un incremento en las remesas. A hacerse responsables. (Bajo Reserva, El Universal, lados, p. A2)
Los procesos migratorios, en general, se planteaban como un fenómeno que respondía a la oferta y la demanda. En América, se decía que sobraban las tierras feraces y que se requería de colonos y trabajadores que las cultivaran. La larga marcha de migrantes hacia el lejano oeste es un buen ejemplo. En términos más formales, se decía que los países ricos en capital solían ser pobres en mano de obra y es ahí donde confluía la oferta y la demanda. Hoy los países ricos suelen tener poblaciones envejecidas y no sólo requieren mano de obra, sino de servicios personales y cuidados especiales; si bien no hay personal nativo que quiera realizarlos, los migrantes sí están dispuestos a llevar a cabo esas labores.
Los países socialistas no atraen población, en realidad la expulsan, por eso suelen controlar las entradas y las salidas. En algunos países ni siquiera está permitida la migración interna. En Cuba la migración hacia La Habana está controlada por medio del acceso a la vivienda y los sistemas de control de cada barrio o comuna. Los cubanos que viven en Santiago no pueden disfrutar de los dólares del turismo habanero.
Pasa lo mismo en China, donde la población campesina no puede ir ni quedarse a vivir en las ciudades, mientras el acceso a la vivienda está restringido y controlado.
Por el contrario, en la Rusia soviética hubo una gran migración entre los países del bloque, hasta el punto que, con el desmembramiento de la URSS, las estadísticas señalaban a esta región como la más relevante a nivel mundial en temas migratorios.
En Latinoamérica, en los tres países llamados socialistas, los procesos son diferentes. En Cuba siempre han existido restricciones para salir y volver, lo que resulta fácil dada su condición de insularidad. El proceso de salida es complejo, se requiere de un pasaporte vigente, de una visa, de dinero para el viaje y de muchas razones y constancias que justifiquen la salida y que convenzan al agente migratorio o al político a fin de que dé el visto bueno. La otra opción es la balsa.
No es el caso de Venezuela ni de Nicaragua, donde la salida por múltiples pasos fronterizos legales o trochas irregulares facilitan la salida e impiden que se pueda ejercer un control estricto. Si bien en Venezuela acceder a un pasaporte puede ser un suplicio, en ambos casos se podía transitar, entre países vecinos, sin pasaporte ni visa, gracias a los acuerdos regionales de libre circulación. Este fue un factor que facilitó la emigración y el tránsito por diversos países de América Latina.
Las razones para explicar la emigración de estos países son muy conocidas: la falta de libertad, la persecución política, la carencia de oportunidades, la ausencia de bienes de consumo, el racionamiento, etc. No obstante, en Cuba la población tiene acceso universal y gratuito a la salud, al estudio y a un trabajo que proporciona el Estado; no así en Venezuela ni en Nicaragua.
Más allá de los factores internos, en el caso cubano existe y persiste un efecto llamada de Estados Unidos. Por más de medio siglo, los cubanos que llegaban a ese país tenían asegurado el asilo, lo cual era un factor crucial en la política de desestabilización de Cuba por parte de Estados Unidos, al facilitar la emigración. Este factor no opera en Venezuela ni en Nicaragua, salvo el atractivo que siempre ofrece el imperio, así como el sueño americano.
Donde sí hay coincidencias es en el carácter persecutorio de los regímenes socialistas con respecto a sus opositores; en un tipo de democracia sui géneris donde los dirigentes se perpetúan en el poder y donde la oposición, que quiere participar en elecciones, es fácilmente defenestrada, como acaba de pasar en Nicaragua. Todo esto genera migración.
Otra coincidencia tiene que ver con la clara conciencia que tiene la población, de que viven en un régimen socialista. No sucede lo mismo con el modelo capitalista neoliberal, en el que gran parte de la población no tiene conciencia de lo que es ni de lo que implica. En ese sentido, la mayoría de la población de los países socialistas tiene claridad con respecto al fracaso del modelo económico socialista y la falta de ciertas libertades, como la libre circulación.
Por el contrario, en el capitalismo no hay esa conciencia generalizada del fracaso de un modelo, que hace más ricos a los ricos y pobres a los pobres, ni siquiera entre los más desprotegidos y explotados. La ideología neoliberal impregna a todos los estratos de la población hacia un consumismo desmedido, con la globalización todo está al alcance de los ojos, pero no de la mano y menos aún del bolsillo.
La emigración en los países socialistas puede ser fomentada por los mismos gobernantes como una válvula de escape para paliar los problemas sociales, económicos y políticos del régimen. Por su parte, en Venezuela, es claro que al tener 7 millones de opositores en el exterior resulta imposible una rebelión. Lo mismo pasa en Nicaragua, donde todos los posibles candidatos a la presidencia fueron encarcelados.
La emigración es inherente a los regímenes capitalistas, pero también a los socialistas. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 12)
¿Qué gana: el discurso o la realidad? El discurso dice “vamos bien”, “yo tengo otros datos”, “Por el bien de todos, primero los pobres”. La realidad, sin embargo, dice otra cosa: el país no está progresando, el desempleo se ha elevado, la pobreza se acentúa, la educación se deteriora todavía más, la falta de oportunidades se acrecienta y la violencia asciende de manera incesante. El discurso afecta percepciones, desvía la atención y mitiga el sentido de urgencia, pero no altera la realidad. Tarde o temprano, la realidad se va a imponer. La pregunta es qué tan tarde, porque de eso depende el devenir mediato del país.
Dos factores mantienen al país funcionando: las exportaciones y las remesas. El gobierno ha hecho prácticamente nada para promover el crecimiento de las exportaciones, el principal motor de crecimiento económico: no hay infraestructura nueva; la violencia cunde por todo el territorio y especialmente en las rutas que llevan a la frontera por donde tienen que atravesar las exportaciones; y factores clave, como la electricidad, son motivo de disputas político-ideológicas que se traducen en incertidumbre respecto a su disponibilidad futura. En una palabra, se obstaculiza la principal fuente de empleo, crecimiento y oportunidades.
Por lo que toca a las remesas, el gobierno hace todo lo posible por estimular la migración hacia el norte (que ha vuelto a crecer de manera dramática) al negar oportunidades, castigar a las madres que no tienen con quién dejar a sus hijos al cerrarse las estancias infantiles y favorecer la violencia a través de su política de abrazos con los delincuentes. El crecimiento de las remesas en los últimos años, desde mediados del gobierno de Peña Nieto, ha sido extraordinario y explica al menos en parte la estabilidad de vastas zonas rurales, pero también representa un reto social monumental para familias que se fragmentan. Como política social, la migración es, por decir lo menos, una política de dudosa calidad moral, toda vez que entraña la pérdida de mucha de la ciudadanía con mayor potencial de desarrollo y creatividad.
Avanza el sexenio sin que el gobierno repare en las consecuencias de la negligencia implícita en su estrategia de “desarrollo”. El momento del sexenio es relevante porque la capacidad de administrar la multiplicidad de variables que caracterizan a un país de la complejidad de México va disminuyendo con el reloj sexenal. El discurso presidencial puede aparentar que todo marcha bien, pero su propia capacidad para incidir en los procesos sociales y económicos va desapareciendo en paralelo con el ascenso de las naturales e inevitables disputas que surgen en el contexto de la definición de candidaturas para la sucesión presidencial.
Este no es un reto novedoso para el sistema político mexicano, cuya historia es extraordinaria en dos sentidos: primero, en evitar catástrofes. Y, segundo, en contar con una insólita capacidad para reparar el daño causado por políticas y estrategias descarriadas. Desde esta perspectiva, esta no es la primera vez que México se encuentra ante una tesitura tan compleja como la actual; lo que no es evidente es que ese viejo sistema político siga contando con las condiciones y elementos para evitar una catástrofe.
Durante los setenta, la era que parece ser dorada para la actual administración, el país avanzaba de manera incontenible hacia la catástrofe, pero el discurso presidencial -infinitamente menos sofisticado y efectivo que la narrativa actual- mantenía la apariencia de estabilidad a la vez que promovía la polarización de la sociedad. Sin embargo, nada de eso pudo evitar la catástrofe que siguió. Aquella circunstancia era muy distinta a la actual porque los excesos financieros y el endeudamiento con el exterior eran evidentes, todo ello sin las fuentes de divisas que, gracias a las exportaciones, hoy alteran radicalmente la película. Por otro lado, en contraste con el momento actual, la economía venía creciendo a un ritmo inusitado que no sólo animaba el discurso triunfalista, sino que parecía justificarlo en el terreno que cuenta: el de la realidad.
Es importante situarse en aquella circunstancia para comprender el ánimo del momento y poderlo contrastar con las circunstancias actuales. La economía venía creciendo a casi 8%, el empleo era casi total, los salarios reales crecían, las becas se multiplicaban y México, como país, era visto como un ejemplo de oportunidad y potencial. Independientemente del factor que sostenía aquel sueño -los precios del petróleo- es fácil percibir la sensación del momento. Todo iba hacia arriba en el imaginario colectivo hasta que, de pronto, se colapsó, con aterradoras consecuencias sociales y económicas.
Ninguna de las variables económicas de hoy justifican escenarios catastrofistas como aquellos, pero la complejidad del México de hoy nada tiene que ver con aquel país tan primitivo en términos relativos. La economía y sociedad de hoy funcionan gracias a la existencia de instituciones como el T-MEC y el INE, ambas bajo ataque, la segunda de manera explícita, la primera de facto. El México de hoy requiere fortaleza institucional, pesos y contrapesos y un gobierno efectivo. La “nueva” Suprema Corte ha mostrado su relevancia, pero podría no ser suficiente. (Luis Rubio, Reforma, Opinión, p. 11)
TRASLADAN A CHIAPAS A MIGRANTES
¿Por qué Chiapas? Claro que es una deportación.
WEDNESDAY GÁMEZ
(Staff, Reforma, Nacional, p. 4)
