Opinión Migración 100823

Corrigiendo el rumbo de México desde EU

El pasado fin de semana tuve la oportunidad, junto con Osvaldo Contreras Vázquez y a Raúl Jesús Torres Guerrero, de crear el tercer Comité de Acción Migrante en Estados Unidos, esta ocasión en la Ciudad de Austin, Texas. ¿Y saben de qué fui testigo? ¡De que el “gigante” ya despertó!

Entre la euforia provocada por la apertura de este Comité, se me acercó una mujer migrante llamada Rosa y me preguntó: “Doctor Juan, ¿sabe qué me dijo mi madre ahora que vino a Texas para vernos después de 15 años de que me vine de León? Me dijo que estamos a tiempo de corregir el rumbo de México. Me mostró dos fotos. Una se la tomó días antes con Xóchitl Gálvez y una de Santiago Creel en un evento en León”. Rosa supo por su madre que hoy, más que nunca, quienes viven fuera del país tienen la posibilidad de participar no sólo en las elecciones presidenciales del 2024 sino, además y de manera histórica, en la definición de la candidata o al candidato del Frente Amplio por México.

Los tiempos que vivimos actualmente en México son complejos y han provocado un descontento entre la mayoría de la población. Por ejemplo, no podemos ser omisos a la polémica que han generado los contenidos “tendenciosos”, como los definen especialistas en la materia, de los nuevos libros de texto gratuitos. ¡Se trata de la educación de nuestras hijas e hijos lo que está en juego, por Dios! Esta, y otras circunstancias igual de inconcebibles, son con las que tenemos que lidiar a diario en México. La inseguridad, la falta de medicamentos, la inflación y los privilegios oficialistas que alimentan a la voraz corrupción del actual gobierno federal son, desafortunadamente, parte de lo que hoy vivimos.

Pero esta calamidad es sólo una cara de nuestra realidad como país, también existe, por otra parte, un movimiento en el que buscamos recuperar la grandeza de nuestra tierra. Desde el Frente Amplio por México hemos decidido intervenir, con el ánimo de mejorar las cosas y no de polarizar aún más a una sociedad que vive cansada de no ser tomada en cuenta. Podemos ver que, quienes buscan encabezar nuestro movimiento, tienen en su plan de acción a las mexicanas y mexicanos que radican en el extranjero. Mi estimado Santiago Creel estuvo hace unas semanas en León y, como parte de su mensaje, destacó la importancia de la participación de nuestros paisanos que viven en el exterior, siendo piezas clave en el proyecto con el que desea generar un país más incluyente. Recuerdo aquellos tiempos en los que Santiago y un servidor compartimos el gabinete del entonces presidente Vicente Fox y en el que ya contemplábamos proyectos de inclusión migrante, como una procuraduría.

Y qué podemos decir de la creatividad de Xóchitl Gálvez: ¡es simplemente genial! Hace unos días visitó varios municipios de mi querido Guanajuato y fue recibida con la fe de un pueblo que confía no sólo en su carisma sino, sobre todo, en su temple y capacidad para abordar las grandes problemáticas de México. En un video que subió a sus redes sociales, Xóchitl les dice a nuestros paisanos que radican en el exterior: Si eres mexicano y vives en el extranjero y misseas los tacos: this message is for you. Una forma muy mexicana de iniciar las instrucciones para registrarse y elegir a quien será la o el candidato del Frente Amplio por México.

Como lo he comentado en este espacio, vivimos tiempos históricos y tenemos la gran oportunidad de consolidar la historia del voto en el extranjero, la cual inició en el 2006 y que marcará un antes y un después este 20 de agosto. La forma de participar es muy sencilla.

Primero ingresa a la página https://frenteampliopormexico.org.mx y da clic en el botón de registro. Después toma una foto a tu credencial del INE y súbela a la página. Finalmente, vota por la persona que crees debe ser el candidato.

Estoy por subirme a otro avión para continuar en esta cruzada por el voto en el extranjero, en la que ya sumamos ocho estados de la Unión Americana y les puedo decir que la euforia de nuestros migrantes es muy contagiosa. Antes de abordar, veo mi celular y Rosa me acaba de enviar un mensaje de WhatsApp, diciéndome que ya se inscribió en el Frente Amplio por México. Me dio mucho gusto saberlo, pero más alegría me dio ver la foto que me mandó de su hijo de 15 años, quien desea jugar en el equipo de futbol de León. Este tipo de metas son las que tienen millones de jóvenes mexicanos que, por alguna razón, sus padres están en otro país, luchando para darles una mejor oportunidad de salir adelante. Estos sueños son tan valiosos para el futuro de nuestro país que vale la pena ir por ellos a donde quiera que estén. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, p. 13 )

De recuperaciones y optimismos

Con todo y las alentadoras noticias sobre la economía, conviene saber que la recuperación llevará tiempo, no exento de veleidades y adversidades que pueden contradecir el buen humor actual.

Ciertamente, una recuperación cercana al 3.0 por ciento no es despreciable, pero no puede decirse que por sí misma pueda “jalar” al cuerpo productivo y económico en general y gestar una dinámica diferente y mejor a la que ha primado por más de tres décadas; menos aún si como llama la atención Dora Villanueva en La Jornada (8/08/23) el gasto público se rezaga en áreas prioritarias.

Me parece que más que festinar cifras y desempeños de un arranque tortuoso, como sin duda ha sido éste, se deben calibrar y poner en perspectiva los alcances que un crecimiento de esta naturaleza puede tener sobre el conjunto de la sociedad y sobre las complejas interrelaciones que el país ha tejido con el norte de América. Si bien parece venir de allá el grueso de la inversión directa de la “mano” de la relocalización industrial, algunos observadores advierten, con cautela, que mucho puede esperarse de los emprendimientos originados en China.

Así, todo parece volverse geopolítica y disputa hegemónica, donde poco margen tenemos para maniobrar, salvo navegar al calor del viento amigo y mantener añejas tradiciones sobre las soberanías y el respeto de las naciones. Hacer política internacional en pro del multilateralismo debería ser tarea del gobierno, pero sin un presidente interesado en ello poco es lo que nuestros diplomáticos pueden hacer.  Empero, de lo que sí podemos estar seguros es de que la gran ola migratoria del Sur seguirá creciendo.

La globalización abrió mercados, movió capitales y permitió libertades mayúsculas a las empresas transnacionales para ubicarse en los espacios del mundo con tranquilidad, pero no auspició el salto productivo estructural necesario para el crecimiento de sociedades asoladas por la pobreza y la postración, donde se alojan millones de personas que, cada día con mayor determinación, optan por la emigración como una forma subversiva de ajustarse a los nuevos mundos pero, sobre todo, abandonar los panoramas de desolación y abandono en que han vivido.

Nosotros somos cruce de unos caminos que se vuelven escenarios de explotación criminal y, en cualquier momento, retorno del empobrecimiento. Pero es con esas poblaciones que México tiene que visualizar su traslado a las nuevas plataformas que ofrece la irrupción de una globalización que pretende ser distinta a la que parece estar abandonando el escenario que ayer dominaba con absurda arrogancia hasta topar con las crisis sucesivas hasta la pandemia.

Entre los dos grandes océanos y entre el norte poderoso y el sur ansioso, se dice que México puede entrar a una era de prosperidad social, sostenida en una economía dinámica y renovada. Para no poner en riesgo equilibrios tan costosamente alcanzados, la sociedad tiene que asumir lo que sus dirigencias se han obstinado en negar por lustros: para mejorar se requiere una economía pública fuerte y flexible, capaz no sólo de afrontar sus enormes déficits, sus carencias ignominiosas y sus injusticias fehacientes sino poder crear las condiciones para aprovechar el cambio estructural como el que ahora se promete.

Una economía pública, capaz de construir y de proveer los bienes públicos indispensables para que todas las comunidades que conforman la nación puedan reproducirse e inscribirse en oleadas de cambio, no puede ni siquiera ser imaginada con el aparato estatal prevaleciente. Requerimos un Estado saludable política e institucionalmente, por ello capacitado para promover consensos y acciones cooperativas entre sectores y grupos sociales.  Inimaginable sin recursos provenientes de la contribución efectiva de todos, con criterios de equidad y justicia fiscal y social, que programe sus gastos y transparente sus acciones y políticas y que, sin ambages, contribuye en un ejercicio de planeación nacional que empiece por un programa nacional de inversiones para dar sustento y sentido a la recuperación.

En otras palabras: sin un Estado activo, dispuesto a participar en el proceso de acumulación, no habrá recuperación verdadera; tampoco la habrá sin el concurso comprometido de la empresa y el capital en empeños de renovación e innovación.

Habrá que ver si a la recuperación le sigue un crecimiento sostenido, y si la imprescindible reforma estatal da paso a un efectivo fortalecimiento de los gobiernos y arranca un nuevo episodio de transformación y desarrollo como el que nos llevó a una modernidad inconclusa, pero rica en realizaciones.  Nada puede darse por resuelto. (Rolando Cordera Campos, EL Financiero, Economía, p. 6)