Opinión Migración 160823

El campo envejece 

 

La persistente despoblación de áreas rurales en México está teniendo consecuencias serias en las actividades agropecuarias. Un fenómeno agravado por el debilitamiento de la organización social y comunitaria, la degradación del suelo, la deforestación, la falta de acceso a créditos para el sector y como remate, la emergencia de la crisis climática que ha provocado una sequía devastadora.

 

La salida del bono demográfico, la bajísima productividad, el modelo económico que prioriza las importaciones y el control por parte de multinacionales de amplios segmentos del mercado, han socavado el trabajo agrícola. El campo y sus campesinos se hacen viejos y el relevo generacional se presenta cada vez más complejo. El Censo Agropecuario 2022 nos revela que el 72% de las personas que laboran en sector primario tienen 46 años y más.

 

La mano de obra femenina muestra una caída de participación en labores agropecuarias de 3 puntos con respecto al último Censo levantado en 2007. Sólo 4,4 millones de mujeres equivalente al 16% se encuentran ocupadas en el sector. El restante 84% corresponde a 22.8 millones de hombres.

 

La mayoría de las personas que migran lo hacen del entorno rural ante la constante falta de opciones económicas y educativas. Coneval estima que 15.5 millones de personas que viven ahí se encuentran en situación de pobreza. No conocemos la cifra de los que migran desde el campo, pero sí de los que son repatriados. El Instituto Nacional de Migración reporta que el año pasado fueron 200 mil hombres mayores de 18 años; el promedio de edad es de 27 años según el último Censo de Población.

 

Estados como el mío, Zacatecas, es el segundo con el mayor porcentaje de unidades de producción agropecuaria con una cuarta parte de su población dedicada a esa actividad.

 

La inversión en el sector agrícola es dispar en el país. Existen entidades con un fuerte potencial como Chihuahua, Sinaloa o Baja California en contraposición a estados del sur cuyas condiciones de rezago en infraestructura, pobreza e inseguridad alientan la expulsión de mano de obra. Cientos de jóvenes del ámbito rural son obligados y reclutados a trabajar por grupos delictivos para la siembra de enervantes, pero también una gran proporción buscan una oportunidad educativa que les permita invertir su ancestral condición familiar.

 

El continuado abandono del campo por la ausencia de políticas agrícolas efectivas, la histórica emigración de sus habitantes, la degradación ambiental reforzada por sequías intensas, la erosión del suelo y la deforestación son algunas de las causas que perjudican la sostenibilidad de la agricultura y deja el trabajo en manos de una población envejecida.

 

El Censo Agropecuario registró que los principales problemas en el sector se asocian a altos costos de insumos y servicios (conviene recordar los elevados subsidios que realizan Estados Unidos y naciones europeas al sector agrícola), factores climáticos, pérdida de fertilidad del suelo, inseguridad, escasez de mano de obra y la edad del productor. Agregaría las importaciones a bajo precio de productos como maíz, cereales y otros granos que deriva en una competencia desleal.

 

Con este telón de fondo, no se ve un horizonte cierto para el campo mexicano. Ni hablar de seguridad o soberanía alimentaria. La necesidad de reactivar y relanzar a ese sector es otra de las demandas que siguen pendientes, que son las mismas de siempre, de todos los años. (Claudia Corichi, El de México, Análisis, p. 13)

 

La visita de la canciller Bárcena a Washington

 

La semana pasada, la canciller en funciones Alicia Bárcena visitó la capital de Estados Unidos. La visita se da en un contexto bilateral complejo, ya que la relación México-Estados Unidos está en uno de los momentos más tensos en su historia reciente. Las tensiones se deben a dos temas principalmente: la seguridad y la migración. Ambos temas que desde la perspectiva norteamericana están completamente vinculados, la migración se ve en Estados Unidos desde la óptica de la seguridad.

 

Así mismo, la relación bilateral siempre se ve influenciada por el momento político que vive cada país. Ambos países están inmersos en la lógica electoral para la contienda del 2024. En el caso de Estados Unidos, México vuelve a estar al centro de ese debate.

 

Por un lado, el partido republicano está articulando una campaña en la que dos de sus precandidatos punteros, Donald Trump y Ron de Santis, acusan a los carteles de la droga mexicanos de ser culpables de la muerte de cientos de miles de estadounidenses afectados por el fentanilo. Los carteles son los enemigos que seguir y, por lo tanto, la percepción de México se vuelve muy negativa. Las propuestas de cómo enfrentar el problema se plantean de manera unilateral, agresiva, casi bélica. Buscan con ello que el electorado les devuelva la Casa Blanca.

 

Por otro lado, el partido demócrata quiere mantenerse en la Casa Blanca. También considera como el principal problema con México la seguridad y la migración, pero su estrategia dista mucho de la de los republicanos. Han fomentado la cooperación y eso ha significado que la colaboración entre mandos importantes de ambos gobiernos sea en tono más positivo y se use el diálogo como el instrumento para llegar a acuerdos con México en los temas de su interés.

 

En ese sentido, la visita de la novel canciller fue interesante por varias razones. Primero porque demostró la continuidad en las formas de cooperación que se tenían con el anterior secretario. Se reunió con las cabezas de la seguridad, Jake Sullivan y el secretario Alejandro Mayorkas, así como con el secretario de estado Anthony Blinken.

 

La visita de la canciller buscó ser integral ya que se reunió también con organizaciones de la comunidad mexicana y líderes en dicha comunidad, con quienes toco el tema de los derechos humanos y tendió puentes en la relación gobierno-sociedad civil.

 

Segundo, porque trató de establecer un quid pro quo en los temas a discutir que le preocupan a México, la migración y las armas frente al de los estadounidenses y las drogas sintéticas como el fentanilo.

 

La cuestión de las boyas en el Río Bravo, que el republicano gobernador de Texas, Greg Abott, colocó para evitar el paso de los migrantes y la petición de la canciller de su retiro, fue para México el tema central en las reuniones. La canciller señaló de manera importante en la conferencia de prensa junto al secretario Blinken, la atención que México le debe dar a los migrantes en la frontera sur, resaltando la cooperación con la ONU y la Organización internacional de la migración.

 

El tema de las drogas sintéticas es tan importante para Estados Unidos que organizó en el pasado mes de Julio una reunión para crear la Coalición global para abordar la amenaza de las drogas sintéticas, en la que han logrado juntar a 85 países, entre ellos México para hacer una alianza global en contra del tráfico, distribución, consumo y fabricación de drogas sintéticas. Desde el punto de vista de Estados Unidos, debe haber un acuerdo global, que homologue los tiempos y las medidas para atacar el problema. El intercambio de información y una mejor relación entre el gobierno y el sector privado son parte de las estrategias planteadas, que se verán reflejadas en la elaboración de un plan en el mes de septiembre.

 

En ese sentido y derivado del compromiso adquirido frente a las drogas sintéticas, la canciller Bárcena presentó en Washington un proyecto que consiste en monitorear de manera digital y vigilar la entrada de los precursores químicos a México y rastrearlos para ver a dónde llegan, si a la industria farmacéutica y de cosméticos o a la producción ilícita de drogas. Por supuesto que el tema del tráfico de armas hacia México salió en la conferencia de prensa en donde la canciller aprovechó para agradecer a Estados Unidos por su compromiso en el tema.

 

Así parece que la visita a Washington abarcó todos los temas de interés para México a la vez que mostró empatía con los intereses de Estados Unidos. Ahora resta estar pendiente de cómo se logran los compromisos de cooperación manifestados por ambas partes y la manera en la que los intereses de ambos se puedan volver convergentes para mejores resultados. Lo que sí es seguro es que mientras no haya resultados, la percepción negativa de México en Estados Unidos continuará a pesar de la buena voluntad de los encargados en ambos países de la relación bilateral. (Pía Taracena Goût, El Sol de México, Análisis, p. 12)

Estrictamente Personal / Infierno veracruzano

Un cateo realizado este domingo por militares, agentes ministeriales y elementos de la Secretaría de Seguridad Pública veracruzana en dos casas que habían sido usadas para cometer crímenes en Poza Rica, produjo un macabro descubrimiento: al menos 13 cuerpos cercenados y almacenados en hieleras. El horror no ha tenido aún un seguimiento exitoso sobre quiénes fueron los sacrificados, porque no había denuncias de desapariciones sobre el piso del cual partir ni, más importante, nadie se presentó a reclamar un cuerpo o a pedir información tras el hallazgo. Todo apunta a que las víctimas eran migrantes que fueron presa de la violencia creciente que vive el norte del estado por la guerra entre cárteles de las drogas.

El norte de Veracruz vive un infierno como consecuencia de la recomposición de las organizaciones criminales en todo el país, que en el caso de esa región, se ha enfocado por el control de las rutas de migrantes entre el Grupo Sombra, que nació en 2017 como brazo armado del Cártel del Golfo para enfrentar al Cártel Jalisco Nueva Generación y que, a su vez, también ha tenido realineamientos importantes, que son causa directa de la generación de violencia que vive actualmente el estado.

Este último realineamiento se aceleró al término del gobierno de Francisco Javier Cabeza de Vaca en Tamaulipas, en septiembre del año pasado, que dio inicio a una batalla por el liderazgo del Cártel del Golfo en su propio bastión, Matamoros. En esa lucha salieron fortalecidos los liderazgos del cártel en Tampico, mejor estructurados y con mayor control, que fueron los que fundaron el Grupo Sombra para reforzar su dominio en el norte de Veracruz, con plazas definidas en Tuxpan y su vecino Álamo Temapache, y Poza Rica y su vecina Tihuatlán, donde luchaban contra el Cártel Jalisco Nueva Generación.

El Cártel Jalisco Nueva Generación había establecido su base en Tihuatlán y la vecina Coatzintla, con la ayuda de la policía intermunicipal de esos dos municipios, controlada desde Poza Rica. La policía intermunicipal fue disuelta en medio de acusaciones de estar ligadas al Jalisco Nueva Generación, que comenzó a reclutar a exkaibiles, que eran los soldados de élite del Ejército de Guatemala, y con los cuales empezaron a confrontarse con el Grupo Sombra.

Este grupo comenzó a recibir refuerzos, viejos miembros de Los Zetas –que se hacen llamar Zetas Vieja Escuela–, que han estado comenzando a salir de las cárceles, después de haber cumplido sus sentencias. No hay un dato preciso sobre cuántos de ellos han quedado en libertad, pero en lo que sí hay certeza es que una parte de ellos regresó a las calles para delinquir, coincidiendo con actos criminales que producen horror, como es el caso de las 13 personas encontradas en Poza Rica, aunque todavía falta por establecerse si ese grupo fue responsable de la matanza.

 

La presencia de ex-Zetas y exkaibiles es una pésima noticia para los veracruzanos, y para los mexicanos en general, porque ambos son exmilitares o con formación militar, caracterizándose, en la larga lucha entre los cárteles en México, por la violencia y brutalidad de sus acciones. Paradójicamente, los kaibiles fueron contratados hace más de 12 años por Los Zetas, para que les ayudaran en su preparación. Todavía, hasta muy recientemente, operaban centros de adiestramiento y capacitación en las selvas del sur mexicano, cuyo descubrimiento fue una de las razones por las que el presidente Andrés Manuel López Obrador recurrió al Ejército para realizar una parte de la construcción del Tren Maya –que también cruza las rutas ilegales de migrantes–.

El descubrimiento de los cuerpos descuartizados en congeladoras no sería un evento inusual, pese al espanto que causó, sino un patrón de normalidad acorde con los métodos de los grupos armados que están en guerra.

El impacto nacional e internacional que provocó el hallazgo obligó al gobierno federal a actuar rápidamente que, en coordinación con el gobernador Cuitláhuac García, inició un operativo con 300 elementos del Ejército y la Guardia Nacional en toda la región de influencia del Grupo Sombra y el Cártel Jalisco Nueva Generación, incluyendo a Cazones de Herrera, al sur de Tuxpan y al este de Tihuatlán, y la sierra del Totonacapan, donde se han dado denuncias de secuestro y retención de autobuses de pasajeros.

El operativo, dados los antecedentes, no va a resolver nada. Operativos militares similares en colaboración con gobiernos estatales, que son diseñados para disuadir, no para combatir, a fin de lograr la seguridad y alcanzar la paz, han estado fracasando. Guerrero y Michoacán son grandes ejemplos, pero en la zona de Frontera Comalapa, en Chiapas, se ve con más claridad la nula eficacia de esa estrategia, porque su presencia sólo se hace notar luego de que los enfrentamientos entre el Cártel del Pacífico/Sinaloa y Jalisco Nueva Generación han terminado.

Ese tipo de estrategias han probado que no funcionan y, por alguna razón, no han querido emplear otros métodos. Las autoridades tienen la información de inteligencia sobre qué está sucediendo en el norte de Veracruz, como mostró el gobernador García al afirmar el lunes en una conferencia de prensa que el crimen era resultado de una lucha entre organizaciones delincuenciales –lo que es cierto–, como consecuencia de una disputa entre dos “peces gordos” y una “descomposición” y “traiciones” al interior de los grupos criminales –lo cual, aunque generalizó, también es cierto–.

Es el trabajo de inteligencia y la toma de decisiones a partir de esa información lo que debe hacer para resolver la conflictividad criminal, pero no se hace. Las autoridades tienen el mapa de cárteles, de sus brazos armados y sus sicarios, así como la identificación de sus líderes y jefes de plaza, pero el gobierno opta por mantenerlo como trabajo de gabinete, sin darle utilidad sobre el campo de operaciones. Dar abrazos está resultando muy costoso en vidas, y la descomposición del tejido social tiene impacto sobre la economía familiar. El gobernador prometió el lunes que las cosas no quedarían impunes, pero por el camino escogido, eso no sucederá.. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 34)

Detective / Santa Isabel Maui necesita apoyo

A espaldas de la Basílica de Guadalupe está Santa Isabel Tola, una colonia populosa que en la época colonial fue un barrio nahua colindante del emblemático Tepeyac. La visité por primera vez hace unos veinte años porque ahí nació y creció una adorada amiga. Recuerdo la enorme impresión que me causó saber que ese territorio tan típicamente chilango tenía una insospechada conexión humana con una remota isla del Pacífico.

 

Tras una de las recurrentes crisis económicas de los ochenta, un cuñado de mi amiga, como miles de mexicanos entonces y hasta la fecha, debió emigrar a Estados Unidos con la intención de conseguir un trabajo que le permitiera dar sustento a su familia. A la hora de investigar a qué sitio en específico tendría que ir, se enteró que un amigo suyo había llegado a Hawái. ¿Hawái?, se preguntó para luego conseguir un mapa y descubrir en medio de una inmensa mancha azul el archipiélago fundado por los polinesios al cual arribó semanas después.

Con el paso del tiempo se corrió la voz y otros habitantes de Tola, presionados por la situación financiera, decidieron emprender la misma travesía, llegando sobre todo a Maui, la segunda isla hawaiana más poblada, donde eran recibidos por los vecinos pioneros, quienes establecían una red de apoyo similar a la que crean los migrantes mexicanos a lo largo del territorio americano. OaxaCalifornia llaman algunos hoy al nuevo “estado” conformado por el fenómeno migratorio entre uno y otro lugar; en una escala menor, sucedió lo mismo con la isla de Maui, donde se estima que hay alrededor de mil mexicanos, en su mayoría oriundos del barrio de Santa Isabel Tola, perteneciente a la alcaldía Gustavo A. Madero.

Apenas hace unos días, Maui cobró atención mundial por una serie de incendios que acabaron con la vida de casi cien personas y el patrimonio de miles más, entre ellos nuestros paisanos, quienes han empezado a recibir ayuda a distancia de familiares y de sus vecinos chilangos, pero es tan inmensa la desazón causada por este desastre climático sin precedentes que necesitan apoyo especial de la Secretaría de Relaciones Exteriores y de la sociedad en general para salir adelante. Una auténtica tragedia sufre esta fantástica comunidad chilangohawaiana fundada en medio del Pacífico.

Si alguien desea tender una mano, puede hacerlo en www.gofundme.com y buscar “Support for the Montiel Cardenas Family”. (Diego Enrique Osorno, Milenio, Al Frente, p. 2)

 

Delincuencia sin fronteras

Como pozarricense, los recientes hechos de violencia que han salido a la luz hace unos días me han perturbado fuertemente. A mi mente viene el recuerdo de amigos y familiares, de mi infancia y de mis paisanos. El terror que ha sembrado el crimen organizado en esa región es inaudito, muchos conocidos míos han tenido que abandonar sus hogares de toda la vida por el miedo que se vive en la entidad.

 

La violencia ha escalado a tal grado que las tragedias ocupan los escaparates informativos un día sí y el otro también. Sin ir más lejos, apenas procesábamos el magnicidio en Ecuador y el feminicidio en Guanajuato, cuando apareció la triste noticia de Veracruz. Una semana atrás fueron los asesinatos en Chilpancingo, y atrás las ejecuciones en Acapulco y más atrás el asesinato de Hipólito Mora. Revisen los diarios, no hay día en que no haya una noticia de esta índole.

 

La riqueza acumulada por la delincuencia organizada ha crecido y seguirá creciendo, prueba de ello es el aumento de las remesas que se envían hacia México, que son la verdadera fuente de la reducción de la pobreza en muchos hogares y no el buen manejo del gobierno como nos quieren hacer creer.

Lo más preocupante es lo que ha puesto de manifiesto el asesinato del candidato Villavicencio, que el crimen organizado hace mucho dejó de tener fronteras y que la violencia y el narcotráfico no están focalizados en las entidades limítrofes entre México y Estados Unidos, como erróneamente lo ven algunos.

Sorprende, o tal vez ya no tanto, la defensa que hace López de los cárteles mexicanos ante los señalamientos del propio Villavicencio, quien con antelación manifestó la presencia del Cártel de Sinaloa en aquel país, las amenazas de muerte que recibió de uno de sus operadores y la colusión que había con el gobierno mexicano.

 

Lo expuesto por el fallecido candidato debe prender las alarmas en los países latinoamericanos, sobre todo en aquellos que están próximos a tener elecciones y de manera particular México, donde los secuestros y asesinatos de candidatos están en el escenario electoral desde 2018 y 2021 y hasta el momento no se conoce programa alguno que tenga por objetivo evitar la violencia en las elecciones de 2024.

El presidente debe entender que su papel en el proceso electoral del siguiente año no es el de jefe de campaña o gran elector, sino el de impulsar e instrumentar medidas, de aquí al final de la contienda, que garanticen elecciones libres de amenazas, extorsiones, secuestros y homicidios que puedan incidir en los resultados, como ha ocurrido en las dos últimas elecciones en las que se ha evidenciado cómo opera la delincuencia organizada en la votación.

La delincuencia no se crea ni se destruye, sólo se traslada; por eso no hay receta perfecta para combatirla, ni forma de erradicarla por completo. Cuando los cuerpos de seguridad logran regresar el orden a una zona controlada por criminales, éstos no se quedan de brazos cruzados ni abandonan sus operaciones, simplemente trasladan su negocio a un área menos preparada para contenerlos. Esa es la razón por la cual los grupos criminales se han propagado por todo el hemisferio, desde Alaska hasta la Patagonia.

Sin nuevos y más eficaces mecanismos de colaboración para controlar la delincuencia organizada transnacional y sus efectos en la salud, las finanzas y otras áreas de la vida económica y social habremos de seguir atestiguando actos de destrucción criminal y política como el de Ecuador.

Un país en forma aislada no podrá resolver el reto que plantea el enfoque global en el que se maneja la delincuencia; se requieren leyes similares a las de la Unión Europea, con alcances supranacionales, para que puedan aplicarse en todo el hemisferio de forma obligatoria antes de que sea demasiado tarde. Los países que ignoren este llamado serán los menos preparados y por lo tanto los más vulnerables y propensos a que sus gobiernos y sociedades sean invadidos por los criminales. (Ignacio Morales Lechuga, El Universal, Opinión, p. A15)

 

Cartones

 

CArtón 01 16 agosto

(Perujo, El Economista, El foro, p. 47)

 

Cartón 02 16 agosto

(Camacho, Reforma, Opinión, p. 8)