Opinión Migración 170823

Rayuela

Y si las boyas asesinas están del lado mexicano, ¿por qué no las retiramos?

(La Jornada, Contraportada)

La gran depresión / ¿A quién sí escucha AMLO fuerte y claro?

No hay manera de que no resulte ofensivo para todos, seguidores y detractores, que el presidente de la República responda con un chiste a los cuestionamientos de los reporteros sobre la desaparición de cinco jóvenes en Lagos de Moreno, Jalisco.

No hace falta más que ponerse unos segundos en los zapatos de los familiares y amigos de estos jóvenes para sentir ese dolor y más cuando se trata de esa figura del líder político de un país como lo es el presidente.

Lo que sí oye y muy bien Andrés Manuel López Obrador es cuando el gobierno de Estados Unidos llama a cuentas a su administración con temas como narcotráfico, migración y alianzas geopolíticas.

Cuando viene a México la asesora de Seguridad Nacional del gobierno de Estados Unidos, Elizabeth Sherwood-Randall, no es recibida por el asesor mexicano en esa materia, sino por el propio López Obrador.

Disparidad jerárquica, pero un mensaje claro del gobierno de Joe Biden. Es a ese nivel que La Casa Blanca espera que se atiendan sus preocupaciones en materia de narcotráfico y migración, independientemente del nivel del mensajero estadounidense.

El presidente mexicano oye con total claridad cuando Biden le pide revisar la estrategia migratoria de México ante el incremento del flujo de indocumentados que cruzan por la frontera sur mexicana y llegan hasta la frontera común en el norte.

Ante la solicitud estadounidense, ayer mismo López Obrador se reunió con “todo el gabinete”, según dijo él mismo, para revisar el plan migratorio, después de un repunte de casi 30% de los flujos de personas desde Centro América en julio pasado.

Y es que antes ya había escuchado López Obrador con gran nitidez lo que evidentemente fue una instrucción del expresidente estadounidense Donald Trump de desplegar a la Guardia Nacional 28,000 solados gratis, dijo Trump, quien también aseguró que nunca había visto a nadie doblarse tan fácilmente.

Nada de sordera presidencial cuando el propio Trump llamó a López Obrador a asistir a la Casa Blanca en plena campaña electoral en aquel país para que ahí, en el Jardín de las Rosas, el presidente mexicano adulara al republicano en su intento de reelección.

Y vaya que escuchó muy bien la convocatoria que le hizo el presidente estadounidense Joe Biden de presentarse, no la canciller o un representante, sino él personalmente, en la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, en San Francisco, California del 15 al 17 de noviembre próximo.

A López Obrador no le gusta viajar a los lugares donde no tiene el control y donde haya iguales, pero va a tener que ir porque escuchó fuerte y claro el mensaje de Washington.

Ahí, el presidente Biden quiere dejar un mensaje contundente de lealtades entre sus principales socios del mundo ante China y Rusia y México tiene que estar ahí con su máxima representación.

Es un hecho que López Obrador está desconectado de muchos de los problemas nacionales y es capaz de caer en excesos como contar chistes cuando le preguntan sobre cinco de los miles de desaparecidos en México.

Pero cuando desde el norte se levanta la voz, acá en Palacio Nacional, López Obrador escucha fuerte y claro. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 8)

Puentes y cruces / Una pausa con gran agradecimiento

La frontera que nos une con Estados Unidos es equivalente a la distancia lineal entre Barcelona y Moscú, vasto espacio lleno de retos y oportunidades. Con Canadá nos unen profundos lazos culturales y valores compartidos.

A quienes acompañan con su lectura este espacio:

He tomado la decisión de pausar la publicación de mi columna Puentes y cruces en Excélsior, casa editorial a la que agradezco infinitamente por abrirme sus puertas durante los últimos 32 meses. La pluralidad de ideas, sin duda, enriquece lo público.

La diplomacia tiene siempre el reto de no desvincularse de la sociedad que representa, lo cual implica, en primer término, apegarse a los principios, prioridades y directrices que son establecidos mediante nuestros procesos democráticos: la Constitución, que entregó al Presidente de México la facultad de dirigir su política exterior, nuestras leyes e instituciones. La cercanía con el pueblo requiere también de explicar de manera constante y transparente las decisiones de política exterior, tarea a la que he dedicado éste y otros espacios.

En más de una centena de ediciones de Puentes y cruces retomé las principales decisiones de México en sus relaciones con Estados Unidos y Canadá. En primer lugar, el apoyo irrestricto a nuestra comunidad en ambos países, que es la más numerosa fuera de nuestro territorio y que tanto aporta a nuestro desarrollo. También, la construcción de una diplomacia que, a la par, defienda nuestra soberanía y autonomía, y profundice las vías de cooperación e integración con nuestros principales socios comerciales.

La frontera que nos une con Estados Unidos es equivalente a la distancia lineal entre Barcelona y Moscú, vasto espacio lleno de retos y oportunidades. Con Canadá nos unen profundos lazos culturales y valores compartidos. Durante esta administración trabajamos con ambos países sobre una visión estratégica común, cimentada en el respeto mutuo y mediante un robusto andamiaje institucional que nos permite hacer frente a fenómenos de gran complejidad, como la relocalización global de industrias, la cambiante migración, el surgimiento del fentanilo y el nuevo contexto regional y geopolítico.

La actualidad está marcada por la vertiginosidad de los acontecimientos globales y de la información. En ese sentido, se requiere evaluar y actualizar de manera permanente las vías de comunicar las importantes decisiones de la diplomacia de México. Si la política es tiempo, la diplomacia es tiempo y circunstancia. Así, tomaré ahora un espacio de ajuste —una pausa, no una despedida— mientras continúo enfocado en mis labores en la Cancillería de México.

Gracias por ser parte de este espacio con su atención y comentarios. Seguiremos la conversación sobre América del Norte y las actividades de la Secretaría de Relaciones Exteriores en redes sociales, canales institucionales y otros espacios, siempre con integridad, transparencia y apertura.  (Roberto Velasco, Excélsior, Nacional, p. 10

AMLO me explica cosas

El Presidente de México está acostumbrado a cuestionar y atacar a quien no comparte su proyecto. Otro elemento constante en el discurso de AMLO es presentarse siempre como una víctima de mafias ocultas y complots, a pesar de ser hoy el hombre más poderoso de México. Lo hacía cuando era líder de la oposición y lo ha hecho a lo largo de su sexenio. En este doble empeño de atacar a sus adversarios y presentarse como mártir popular, la semana pasada intentó victimizarse, una vez más, al equiparar las críticas a su gestión como Jefe de Estado, con las agresiones que sufrimos las mujeres de forma recurrente y cotidiana.

Si escuchara más allá del eco de sus palabras que resuenan en las paredes de su Palacio, entendería que ni a México, ni a su gobierno, le conviene negar la realidad. Lo que no se nombra o distingue simplemente no se enfrenta. Lo que se necesita es que por primera vez pasemos a construir una visión conjunta con la que atendamos el estado de emergencia en el que nos encontramos las mujeres a causa de la violencia de género.

El Presidente dirige el rumbo de un país, donde cada día 11 mujeres son asesinadas a causa de la violencia de género, a causa de la desigualdad entre hombres y mujeres y que a esos 11 asesinos en su mayoría se les deja impunes.

No se puede negar que todos los días desaparecen 7 mujeres, la mayoría entre 15 y 21 años, mujeres a las que la autoridad no busca, mujeres que la delincuencia organizada dispone con fines de explotación sexual, porque la esclavitud moderna ataca a los más vulnerables, niñas, niños y mujeres. México es un país donde se origina la trata de personas, un país por donde se trasladan víctimas de trata para EU y América Latina; y donde también se reciben y explotan mujeres y niñas migrantes convirtiéndonos a la vez en una ruta de tránsito y un destino de explotación.

En 2022, según las cifras oficiales, se recibieron 127,424 denuncias por violencia familiar y 23,102 por violación. Esta violencia nace de una discriminación alimentada por una cultura patriarcal en la que se justifica y se deja impune a los agresores. Todo esto sin considerar la cifra negra, las violencias cotidianas que no tienen un registro estadístico.

A las mujeres nos violentan donde deberíamos estar más seguras, en nuestros propios hogares, por nuestra propia familia, en las escuelas y trabajos, lugares para nuestro desarrollo personal y laboral, en el transporte y en las calles. Así que, Señor Presidente, hay que reconocer que la violencia no tiene raza, clase, religión o nacionalidad, pero sí tiene género.

La violencia de género en México es una realidad que afecta a millones de mujeres en diversos ámbitos de su vida, desde el hogar hasta el espacio público. Se trata de una violencia basada en el machismo y el patriarcado, que busca limitar la libertad, la dignidad y los derechos de la mitad de la población. Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, el 70.1% de las mujeres de 15 años y más, ha experimentado al menos un incidente de violencia a lo largo de su vida.

La violencia puede ser psicológica, económica, patrimonial, física, sexual, digital o política y puede ser ejercida por cualquier persona agresora, incluyendo la pareja, la familia, los compañeros de trabajo o estudio, las autoridades y hasta el propio Presidente de la República.

Las consecuencias de la violencia de género son graves, afecta la salud mental y física, limita el bienestar y desarrollo de las mujeres, así como el de la sociedad en su conjunto. Por eso, es necesario tomar medidas para prevenir, atender, sancionar y erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres, así como para garantizar su acceso a la justicia y a una vida libre de violencia.

Nunca he escuchado a un hombre disculparse por explicarme lo que yo entiendo mejor que él, tampoco he visto que el Presidente tenga como rasgo de su carácter el admitir errores o pedir disculpas. Sin embargo, las mujeres estamos cansadas de que los hombres asuman que saben más de algo que no viven, ni sufren. El problema es que mientras nuestra máxima autoridad política se sienta más víctima que parte causante del problema, el anhelo de vivir sin violencia estará aún más lejos de volverse realidad (Alessandra Rojo de la Vega, Reforma, Opinión, p. 10)

CARTONES

Cartón 01 17 agosto

(Obi, Reforma, Opinión, p. 11)

Cartón 02 17 agosto

(Magú, La Jornada, Política, p. 4)