Opinión Migración 280823

Migración según Trump y DeSantis

Mal está el asunto si la comunidad latina tiene que escoger entre alguno de los 10 precandidatos que se disputan la designación del Partido Republicano con miras a las elecciones de 2024. Donald Trump y Ron DeSantis encabezan el grupo, y al parecer será uno de ellos el que obtenga el beneplácito de los simpatizantes de su partido.

Lo malo para la población de origen latino es que ambos tienen ideas similares en torno a dicha comunidad y los países de donde proceden. Han expresado su voluntad de restringir la entrada a quienes provienen del sur de la frontera con Estados Unidos y, en algunos casos, los derechos de quienes viven allí con o sin documentos migratorios.

Es conocido el antagonismo de Trump en contra de todo lo que tenga que ver con los derechos de las minorías en general, y en particular con las de origen latino. Su pretensión de construir un muro en la frontera de México es apenas un esbozo de las propuestas que pretende aprueben los legisladores afines a sus ideas: negar la ciudadanía a quienes nazcan en Estados Unidos si sus padres carecen de documentos migratorios, recortar los programas de salud a los migrantes, limitar o impedir el ingreso al sistema escolar a niños y jóvenes de ese mismo origen, detener y cuestionar a todos aquellos cuyo aspecto sea diferente ante la sospecha de que puedan ser indocumentados, realizar redadas en sitios de trabajo para deportar a quienes carezcan de documentos sin importar el tiempo que tienen viviendo y trabajando allá.

DeSantis suscribe esas propuestas e incluso con más insidia. Con el apoyo incondicional de la comunidad cubana residente en Florida, particularmente el grupo que aspira a reivindicar las prebendas que sus antecesores gozaron del gobierno de Fulgencio Batista, ha dominado la política de ese estado y logrado propagar sus ideas a nivel nacional.

Un ejemplo de eso fue que mintió a cientos de migrantes que llegaron a Florida en busca de asilo al prometerles que los llevaría a lugares donde encontrarían trabajo y vivienda: los subió a decenas de autobuses y los depositó en las puertas de las oficinas de los gobiernos de Nueva York, Washington y Sacramento como medio de repudio a los gobiernos de esas ciudades por su política “permisiva” en favor de los migrantes.

Trump y DeSantis han dicho una y otra vez que el responsable de la ola migratoria que pide asilo en Estados Unidos es el gobierno de Joe Biden. Con el respaldo del Partido Republicano, han insistido que su política debe ser más agresiva en contra de los migrantes.

Lo evidente es que aprovechan la cercanía de las elecciones para ganar votantes que se destacan por su animadversión en contra de los que ya viven aquí y de los que intentan cruzar la frontera.

En este marco, la sobrevivencia de muchos legisladores demócratas en congresos locales y estatales pende de un hilo porque han apostado por un trato humanitario.

Se repite una situación que en otras latitudes ha creado caos y muerte entre quienes tratan de llegar a tierras en donde puedan vivir con mayor seguridad económica y física. No se quiere entender que mientras no se atienda el problema de fondo millones de personas continuarán abandonando sus países, no por gusto, sino por la necesidad de recuperar las condiciones de vida que les han sido arrebatadas por las corporaciones que han usurpado la riqueza ancestral que les pertenecía.

Parece imposible que Trump, DeSantis y quienes también en otras naciones se identifican con ellos, admitan que es necesario un cambio profundo que detenga o atenúe las olas crecientes de migrantes. Cualquier cambio asusta a muchos que hoy viven y defienden el status quo que los ha beneficiado.

Cambiar las bases de un sistema tan desigual es algo que no quieren ni les conviene por razones evidentes. La conclusión es que los que pueden cambiarlo no quieren, y los que quieren no pueden. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Política, p. 13)

El Informe Oppenheimer / ¿Invadirá EU a México con los republicanos?

De todos los disparates que se dijeron en el primer debate presidencial del Partido Republicano de Estados Unidos el 23 de agosto, la medalla de oro al populismo barato debería ir al precandidato Ron DeSantis por prometer una invasión militar a México para terminar con los cárteles de la droga.

DeSantis, el Gobernador de la Florida y segundo en las encuestas republicanas detrás del ex Presidente Donald Trump, quien no participó en el debate, dijo que enviaría tropas a México el “primer día” de su mandato.

Según apuntó, esa idea, que había sido sugerida antes por el propio Trump, ayudaría a detener el flujo de fentanilo, el opio sintético que está causando decenas de miles de muertes en Estados Unidos.

Sin embargo, hay sobradas razones para creer que un ataque militar estadounidense sin el consentimiento de México sería contraproducente, por razones que van mucho más allá de la memoria colectiva de los mexicanos sobre la invasión estadounidense de 1916.

 

En primer lugar, lo más probable es que México respondería a un ataque militar expulsando a la DEA y a otras agencias estadounidenses que actualmente operan en su territorio. Eso resultaría en un aumento de la producción y el contrabando de fentanilo.

En segundo lugar, México también cortaría sus programas de cooperación con Washington en materia migratoria. Bajo los acuerdos bilaterales actuales, México usa su Guardia Nacional para frenar a migrantes centroamericanos y de otros países antes de que crucen la frontera con Estados Unidos, y permite a los solicitantes de asilo esperar en México mientras se tramitan sus papeles migratorios en Estados Unidos.

En tercer lugar, un ataque militar estadounidense afectaría el comercio en la frontera y perjudicaría a la economía estadounidense. Aunque muchos no lo saben, México en julio superó a China como el mayor socio comercial de Estados Unidos.

Si el comercio a lo largo de la frontera se paraliza por un conflicto entre los dos países, los precios de los automóviles en Estados Unidos se dispararían, porque muchos vehículos y repuestos se importan de México.

En cuarto lugar, una invasión estadounidense a México dejaría en ridículo las críticas de Washington a Rusia por su invasión a Ucrania.

“Cualquier Presidente mexicano, ya sea el actual o cualquiera de sus predecesores, reaccionaría terminando los acuerdos de cooperación”, me dijo el ex Canciller mexicano Jorge Castañeda.

Rebecca Bill Chávez, presidenta del centro de estudios Diálogo Interamericano y ex funcionaria del Departamento de Defensa de Estados Unidos, está de acuerdo.

“México, entre otras cosas, dejaría de hacer nuestro trabajo sucio en materia de migración”, me dijo.

Pero, por más loco que parezca, la idea de una invasión a México se está convirtiendo en un grito de guerra cada vez más fuerte de la campaña republicana.

Durante su mandato, Trump sugirió más de una vez bombardear a los cárteles de la droga mexicanos con misiles, según un libro de su ex Secretario de Defensa, Mark Esper, quien dice que rechazó la idea.

A principios de este año, Trump discutió con sus asesores el envío de “fuerzas especiales” y el uso de “guerra cibernética” para atacar a los cárteles si es reelegido, según reportó Politico.com.

Irónicamente, bombardear los laboratorios mexicanos de fentanilo sería casi inútil, dice la mayoría de los expertos en seguridad.

El contrabando de fentanilo continuará mientras siga subiendo la demanda en Estados Unidos. Además, bombardear los cruces fronterizos sería inútil, porque la mayor parte del fentanilo entra a Estados Unidos por puertos y aeropuertos.

Uno de los pocos aspirantes republicanos que habló como un adulto en el debate presidencial fue el ex Vicepresidente Mike Pence.

Tomando distancia de la idea de invadir México, sugirió que Estados Unidos debería aplicar “presión económica” a México y aumentar la cooperación con el Ejército mexicano para destruir a los cárteles de la droga.

No me hago muchas ilusiones de que Trump, DeSantis y otros demagogos republicanos abandonen su “macho-populismo” en el corto plazo. Los llamados a invadir militarmente a México son más fáciles de entender y generan más votos que los sesudos estudios que proponen una mayor cooperación bilateral.

Pero el peligro es que, si la demagogia populista de los aspirantes republicanos contra México sigue subiendo de tono, cada vez más gente se creerá el cuento.

Hay que denunciar la idea de una invasión a México antes de que este disparate de Trump y DeSantis se convierta en una política oficial de la campaña republicana. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 17)