En 2005 Steve Jobs fue el invitado para dar un discurso a los graduados de la Universidad de Stanford, este discurso ha sido uno de los más vistos en la historia de dicha institución, pues uno de los grandes genios de la historia moderna nos compartió la clave para confiar en el proceso, pues al final todo tenía un sentido: “no puedes conectar los puntos mirando hacia el futuro, solo puedes conectarlos mirando hacia el pasado. Así que tienes que confiar en que los puntos de alguna manera se conectarán en tu futuro”.
Siguiendo este consejo, hice un recuento de los sucesos de los últimos días para lograr comprender el accionar del Instituto Nacional de Migración, que hasta hace no menos de una semana era gran aliado para garantizar los derechos humanos de las personas migrantes, sin embargo, hoy parece que su actuar está en dirección opuesta.
El 16 de septiembre anunciaron el colapso en la frontera México- Estados Unidos, por la llegada masiva de migrantes, siendo el alcalde Bruno Lozano quien declaró estado de emergencia en Ciudad del Río, Texas, en sus palabras es una situación sin precedentes y surrealista, los agentes de la Patrulla Fronteriza estaban abrumados y las condiciones en que viven los migrantes simplemente son imposibles.
El 17 de septiembre, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) informó la reasignación de oficiales en apoyo de la Patrulla Fronteriza para las labores de procesamiento de migrantes a partir del 18 de septiembre, por lo cual posiblemente mermaría las actividades en el Puente Internacional Las Américas.
El mismo día, el Instituto Nacional de Migración inició operativos de control migratorio en los estados de Coahuila y Durango, en coordinación con la Guardia Nacional, los cuales consisten en bajar a los migrantes que viajan en el tren de carga ‘La Bestia’ para que continúen su recorrido por otros medios hasta llegar a la frontera.
El 18 de septiembre, en una decisión unilateral, Estados Unidos formalizó el cierre del puente internacional de Las Américas, ubicado en la frontera de Ciudad Juárez y El Paso, Texas, por el cual se transporta el 20 por ciento de las exportaciones mexicanas desde Ciudad Juárez y circulan alrededor de tres mil unidades de transporte de carga, de acuerdo con la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), y el cual continúa cerrado con serias implicaciones económicas para nuestro país.
El 19 de septiembre, Grupo México anunció en un comunicado sin precedentes (002/2023) la suspensión de actividades de 60 trenes de carga, equivalentes al 40 por ciento del total de trenes disponibles por Ferromex, carga que significa mil 800 camiones, por lo que la empresa pierde 40 mdp por día con esta medida. Sin embargo, están dispuestos a asumir el costo, pues el objetivo es “evitar accidentes o pérdidas de vidas” de personas migrantes.
El 21 de septiembre, en otra decisión unilateral, Estados Unidos, a través de la Oficina de Operaciones de Campo de CBP, informó la suspensión de manera indefinida de las operaciones de procesamiento de vehículos en el puente internacional de Eagle Pass y Piedras Negras, Coahuila, ante la llegada de alrededor de 5 mil migrantes.
Entre comunicado y comunicado, los trenes nunca se detuvieron en el tramo Irapuato-Torreón, salvo para permitir los operativos de control por parte de las autoridades migratorias y de la Guardia Nacional, reportándose por parte de la red de voluntarios a pie de vías establecida desde Irapuato, Guanajuato, hasta las fronteras en Coahuila y Chihuahua. Estos voluntarios alertaron de trenes detenidos para bajar migrantes y curiosamente la empresa Ferromex detenía estos trenes en los lugares donde se efectúan estos operativos que no son precisamente patios de maniobras.
Estos controles se han intensificado en tres puntos clave de la ruta migratoria central, Guanajuato, Aguascalientes y Coahuila, la pregunta a resolver por parte de las autoridades es ¿qué hacen con esos migrantes? Porque hoy por hoy se encuentran 33 estaciones migratorias cerradas (incluidas las de Aguascalientes y Coahuila donde se reportan ya estos operativos).
De acuerdo a la enseñanza de Steve Jobs, al unir los puntos en retrospectiva, el accionar se parece más a una estrategia de contención maquinada por el gobierno federal y ejecutada por la empresa Ferromex, que una medida para salvaguardar la seguridad y la vida de las personas migrantes, pues al bajarlos del tren se encuentran más expuestos al crimen organizado que acecha las rutas migratorias; hace apenas unos días la ONU declaró el trayecto México-Estados Unidos como la ruta terrestre más letal y peligrosa del planeta.
Al día de hoy se estima que hay alrededor de cuatro mil migrantes en Irapuato a la espera del tren de carga, el desplegado de operativos en puntos cada vez más riesgosos está más vigente que nunca en Aguascalientes, Coahuila y Chihuahua, las estaciones migratorias continúan cerradas, el proceso contra el comisionado de Migración sigue vigente, senadores señalando que las reuniones de trabajo del comisionado se convierten en intercambios de regalos y mientras tanto, las personas migrantes están a su suerte. (Nadine Cortés, El Financiero, Opinión, p.30)
POR CIERTO que el director del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, ha estado muy ocupado, pero no por la crisis de migrantes, sino tratando de librarse de ir a la cárcel.
HACE APENAS unos días, un juez rechazó la propuesta del funcionario para “reparar el daño” por la tragedia en el centro migratorio de Ciudad Juárez, donde murieron 40 personas y 27 resultaron lesionadas. La oferta de Garduño fue una burla para las víctimas, pues ofreció únicamente reparar el inmueble afectado. De ahí que en el juzgado lo batearon y le exigieron lo que debería ser obvio: pensar primero en las personas afectadas.
A LO MEJOR por andar en esas diligencias fue que el titular del INM no le avisó a su jefe, el Presidente, que va a empezar a hacer redadas y operativos para contener a los migrantes que andan por todo el país. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.10)
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“Problema que se resuelve con dinero no es problema”. Bajo ese lema, el todavía comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, propuso que se desvaneciera el juicio en su contra ofreciendo pagar 468 mil 225.40 pesos por el incendio del 27 de marzo donde murieron 40 migrantes en una estación de Ciudad Juárez.
Un juez federal rechazó dicha oferta este fin de semana y no cesa la indignación de organizaciones mexicanas de migrantes ante la propuesta del funcionario, quien alega a su favor que no está acusado de homicidio sino “sólo” de uso indebido del servicio público. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)
La oleada migratoria y de refugiados pone al gobierno ante una crisis técnica provocada por una inversión de prioridades.
Empiezo por el plano externo. México recibe hoy un flujo de migrantes y refugiados de más de 100 países; la mayoría son de Venezuela, Cuba, Haití y Honduras. No me detendré en los detalles, ni es culpa de México el deterioro de esos países, pero evitar que estallen las crisis es el ABC de la diplomacia preventiva y se ha hecho muy poco. Por estar en nuestra zona de responsabilidad, México está obligado a promover la estabilidad de la región y evitar las oleadas de refugiados que huyen de las dictaduras o los desplazados que huyen de la violencia. No se ha hecho casi nada para alterar el statu quo. Maduro sigue oprimiendo a su pueblo sin que la presencia de un gobierno de izquierda en México haya servido para aliviar la suerte de los venezolanos. Lo mismo podríamos decir de Cuba, en donde los derechos humanos y políticos no avanzan. Los numantinos huyen de su fortaleza y México se ha dedicado a repetir (en su zona de confort) la crítica al embargo americano.
Con Honduras se ha buscado mayor cercanía con “sembrando vida” y al ser una democracia las cosas son más sencillas, aunque las expectativas del gobierno de Xiomara Castro se desmoronan a ojos vista. Repetir que hace falta inversión en Centroamérica fue una buena idea inicial de este gobierno que no ha tenido consecuencia, entre otras cosas porque el presidente se encastilló en Palacio y ha desairado a japoneses y europeos, potenciales contribuyentes. Esperando a Godot. Haití se desangra, como lo refería Blinken en la ONU. ¿Qué se ha hecho por mejorar nuestro vecindario? Hemos sido una diplomacia de baja intensidad y hoy vemos las consecuencias.
No hemos invertido en aumentar la capacidad de Comar y ACNUR nos aporta una ayuda inestimable para gestionar el flujo de refugiados. Es delirante endosar a la cuenta de la ONU la disfuncionalidad del Instituto Nacional de Migración, que igual estafa migrantes que ve cómo se calcinan en sus instalaciones. En su faceta más benigna nos demuestra que es un aparato sin liderazgo ni capacidad operativa para enfrentar una crisis de esas dimensiones.
Enfrentar esta crisis con el Inami es enfrentar a una Armada con una chalupa. Desde su concepción es disfuncional. No ata ni desata y como ejemplo pongo la estupidez que todos podemos comprobar: las salidas de todos los mexicanos deben ser todavía registradas ¡¡¡¡en un formato impreso!!!! Un procedimiento manual para controlar la entrada y salida del país cuando en la tienda más modesta tienen capacidad de almacenar datos en un inventario electrónico. Los pasaportes tienen chip, sin embargo, tenemos que llenar una tarjeta de cartón con nuestro nombre, número de pasaporte, lugar donde vivimos y vuelo en el que partimos. Ni en los extintos videoclubes tenían un proceso tan arcaico. Pero la prueba de su disfuncionalidad es que el Instituto nos recibe de regreso a la patria con una incapacidad irritante al no tener infraestructura para leer chips o códigos de barras. El Instituto de Migración nos recibe con módulos de los años 40, en los que se realiza una inspección manual para, finalmente, estampar el decimonónico sello. Una chulada tecnológica. Si ese es el aparato administrativo que cuida nuestras fronteras, Dios guarde la hora. No quiero imaginar los huecos que una delincuencia del siglo XXI encuentra para burlarlo, corromperlo; lo que incomoda, pues, es la incapacidad técnica del gobierno federal de ordenar un cuerpo de seguridad fronteriza que no sea alternativamente la vergüenza o la causa de tragedias en el país. (Leonardo Curzio, El Universal, Opinión, p.17)
Una de las consecuencias del cierre del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) ha sido que se redujeron los foros sobre este sector, claves para el crecimiento económico del país y, por ello, el de Expansión Turística, que organizó John McCarthy y Gustavo Ripoll, resultó tan interesante.
Allí estuvo Enrique de la Madrid, extitular de Turismo y exaspirante a la candidatura presidencial por el Frente Amplio por México, quien le dijo a los que se quejan de que el turismo no es una prioridad, que hasta el gobierno pasado sí lo había sido, aunque pocos se dieron cuenta.
Pero hoy el gran reto es la seguridad, en donde el narco ha llegado al extremo de controlar la venta de productos básicos en la tierra caliente de Guerrero y Michoacán, así como en varias regiones de estados como Zacatecas y Durango.
Desde su perspectiva, no hay una “bala de plata” ni un remedio mágico, para acabar con ese “demonio”, sino un conjunto de medidas que incluyen crecer a por lo menos 5 por ciento al año, fortalecer la educación, la salud y los cuerpos de seguridad con una estructura que no cambie cada sexenio.
Sobre el turismo ve que urge regresar a la promoción de la marca país, al manejo profesional de las crisis, al desarrollo de infraestructura y a un apoyo serio a la capacitación, debido a los problemas crecientes para conseguir personal.
Si no tenemos un gobierno, dijo, capaz de aprovechar la oportunidad del nearshoring, de regresarle el control de la seguridad a las instituciones y de actuar con gente profesional, el tiempo para que México siga siendo viable se está agotando rápidamente.
De la Madrid está trabajando precisamente en hacer un benchmarking sobre países que han salido de problemas complicados de seguridad como Colombia y El Salvador.
Y la noticia del foro fue que el nearshoring está generando interés entre los inversionistas, para retomar proyectos hoteleros en el segmento de negocios que tanto han sufrido a partir de la pandemia.
Fernando Rocha, director de Adquisiciones y Desarrollos de Fibra Inn, y Manuel Muñoz, de Banco Sabadell México, confirmaron que en las plazas que serán beneficiadas por la relocalización ya hay nuevos proyectos hoteleros y solicitudes de créditos.
DIVISADERO
Migración. Lo peor para una fuente de información es perder credibilidad y eso le está sucediendo a la Unidad de Política Migratoria del Instituto Nacional de Migración.
Ésta lleva el registro de la llegada de viajeros internacionales por vía aérea, pero al haber incurrido en un subregistro de “nada más” 800 mil estadunidenses que sí llegaron a Quintana Roo al primer semestre de este año, ha provocado desconcierto en varios actores del turismo.
El Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo, que dirige Javier Aranda, ya dijo que fueron 3.3 y no 2.5 millones los estadunidenses que llegaron a los aeropuertos del estado entre enero y junio, 5 por ciento arriba respecto de 2022.
Dato que no reconoce Paco Madrid, el gurú de Cicotur Anáhuac, porque echa por tierra su teoría de los “turistas prestados” a México por la pandemia.
Mientras Rosario Rodríguez, presidenta de Amdetur, dice que sus afiliados han sentido la baja de estadunidenses, pero Juan Triana, socio y consejero delegado de la cadena de hoteles Riu, dice que en sus establecimientos en Quintana Roo van arriba contra 2022. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p.4)
Hay casi 3 mil kilómetros de distancia entre Ciudad Juárez, Chihuahua y San Gregorio Chamic, Chiapas. Ambas localidades viven hoy crisis por razones que podrían pensarse diferentes que reflejan un mismo fracaso.
La más reciente ola migratoria ha vuelto a sentar en la mesa a los encargados de la mano dura contra los migrantes y, según un reporte de CNN, han decidido hacer más de lo que saben hacer y llevan tiempo haciendo: más mano dura contra quienes deciden atravesar México para llegar a Estados Unidos.
Según la cadena, algunos de los acuerdos son: deportar a migrantes a sus países de origen por tierra y aire; permitir que la CBP (Patrulla Fronteriza) expulse a los migrantes a través del puente internacional de Ciudad Juárez, que conecta con El Paso; realizar gestiones con los gobiernos de Venezuela, Brasil, Nicaragua, Colombia y Cuba para la recepción de sus ciudadanos deportados; realización de intervenciones en ferrocarriles y carreteras, y establecer puntos de control a lo largo de la ruta ferroviaria de Ferromex.
Es decir, ningún abrazo, listos para los balazos. La crisis, con nuevas caras, continuará.
En la frontera sur llevamos meses en que cada día la situación empeora. El video que se viralizó el fin de semana de un grupo criminal entrando a San Gregorio Chamic como si fuera suyo —tal vez lo es— muestra la ausencia de Estado en aquella entidad y un ejemplo de la táctica de los criminales. Si me paseo frente a ustedes con esas armas, ¿quién se niega a pagarme lo que les pido, a hacer lo que yo diga?
El crimen organizado ha encontrado hace tiempo en el tráfico de personas un buen negocio y en estos tiempos, ya instalados, han hecho lo que saben hacer: apropiarse del territorio. Así lo describió la Diócesis de San Cristóbal: “estamos sufriendo los asesinatos, secuestros, desapariciones, amenazas, hostigamiento, extracción de nuestros bienes naturales, persecución y despojos de los bienes, fruto de nuestro trabajo. Los grupos delincuenciales se han apoderado de nuestro territorio y nos encontramos en estado de sitio, bajo psicosis social con narcobloqueos, que usan como barrera humana a la sociedad civil, obligándolos a estar y poner en riesgo su vida y la de su familia”.
Casi 3 mil kilómetros de distancia.
Dos caras del fracaso. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p.,2)
La crisis migratoria que viven actualmente México y Estados Unidos ha cobrado especial protagonismo en la agenda internacional durante las últimas semanas. Además, nos recuerda la necesidad de darle un enfoque humanitario y de justicia social, sobre todo tomando en cuenta que más de 8,000 personas están llegando todos los días a la frontera norte de nuestro país esperando ingresar al territorio de la Unión Americana.
La migración no debería ser criminalizada ni estigmatizada, sino vista como una expresión legítima de la búsqueda de un mejor porvenir. Recuerdo al respecto novelas como Las uvas de la ira, del escritor estadounidense John Steinbeck, o Brooklyn, del irlandés Colm Tóibín, que ofrecen perspectivas diversas y conmovedoras sobre este fenómeno: desde la migración interna en un país hasta la migración transcontinental. Cada una de estas obras captura las complejidades, los desafíos y triunfos de aquellas personas que por circunstancias particulares se embarcan en viajes en busca de un nuevo hogar y oportunidades.
Las personas migrantes buscan oportunidades, seguridad y una vida digna, y es esencial comprender que su lucha es reflejo de un sistema global injusto que perpetúa la concentración de riqueza y el poder. México mismo tiene una importante tradición migratoria que ha ayudado a conformar nuestra cultura en ambos lados de la frontera.
En tal sentido, conviene reflexionar en torno al llamado a humanizar la migración, que hizo la canciller Alicia Bárcena, a nombre del presidente Andrés Manuel López Obrador, en el marco del 78.o Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
La capacidad de México y Estados Unidos para recibir un mayor número de migrantes se rebasó, lo que habla de la complejidad de la situación en la región. De ahí la importancia de buscar soluciones conjuntas que promuevan el bienestar de todas estas personas y, sobre todo, que se respeten a cabalidad sus derechos fundamentales.
Recordemos que la frontera entre Estados Unidos y México se convirtió en la ruta migratoria terrestre más peligrosa del mundo; así lo señala un informe reciente de la ONU. La travesía de miles de migrantes que buscan una vida mejor está llena de peligros y marcada por la violencia y la explotación. Las cifras de muertes y desapariciones en la frontera son alarmantes y deben encender las alertas en ambos países.
Cierto, la crisis migratoria que enfrentamos no es sorprendente ni inesperada. Las causas del fenómeno son complejas y están relacionadas con pobreza, violencia, falta de oportunidades e inestabilidad política en varios países de América Latina. Asimismo, se trata de una respuesta desesperada a condiciones inhumanas que muchas personas enfrentan en sus lugares de origen.
Hoy más que nunca es imperativa la cooperación internacional y responder a esta crisis a partir de la solidaridad y el respeto a los derechos humanos de todas las personas, al margen de su condición migratoria.
Ante ello, también es esencial que México y Estados Unidos trabajen en estrecha colaboración con otros países y organismos internacionales. La respuesta no puede ser simplemente militarizar las fronteras o endurecer las políticas migratorias. Debemos abordar las causas fundamentales de la migración y buscar soluciones conjuntas que promuevan el bienestar de todas las personas.
Adicionalmente, es fundamental recordar que esta crisis no es responsabilidad exclusiva de México ni de los países de origen de las y los migrantes: Estados Unidos desempeña un papel principal en ella, ya que muchas de sus políticas de migración y comercio tienen un impacto negativo directo en la región.
Además, en medio de esta crisis hay que recordar que todos los seres humanos poseen derechos fundamentales que deben ser protegidos, sin importar su estatus migratorio, lo cual es responsabilidad de las naciones.
Reitero: la respuesta a esta crisis tiene que darse bajo la conducción de una visión humanitaria y solidaria. Hay que buscar alternativas a la detención de migrantes y promover programas que ofrezcan protección a quienes huyen de situaciones de peligro. Privar de su libertad a menores y familias en condiciones de vulnerabilidad es una afrenta a la dignidad humana y debe ser rechazada categóricamente.
Esta crisis migratoria es una llamada de alerta para la comunidad internacional. Es también un desafío complejo y multifacético que requiere una respuesta a la altura de las circunstancias. Es hora de dejar de ver a la migración como un problema y comenzar a abordar sus causas fundamentales. México y Estados Unidos tienen la oportunidad de liderar un enfoque más humano y justo. La pregunta es hasta qué punto están todos dispuestos a hacerlo. (Ricardo Monreal Ávila, El Universal, Opinión, p.17)
La última semana diversos sucesos han puesto nuevamente el tema migratorio en la agenda mediática. Mientras que en mayo-junio hubo una baja de casi el 50% de los flujos migratorios debido a las amenazas y el despliegue de seguridad fronterizo puesto en marcha por el fin del Título 42, a partir de julio las llegadas de migrantes han aumentado sensiblemente, incluyendo nuevas rutas. Como respuesta, Ferromex anunció la suspensión de las operaciones de 60 trenes de carga, presuntamente con la intención de salvaguardar la vida de los migrantes y evitar que corran riesgos. A esto, se suma el subsecuente comunicado de las autoridades migratorias proponiendo acciones conjuntas para controlar el incremento de los flujos migratorios. Varios puntos que subrayar al respecto: por un lado, los trenes han sido utilizados por los migrantes desde hace mucho tiempo y es hasta ahora que la empresa manifiesta preocupación y suspensión. Por el otro, suspender los trenes y contribuir a la detención de migrantes y su regreso al sur del país no resuelve el problema de fondo. La decisión genera preocupación entre los migrantes. Roberto, de Venezuela, comentó: “nos preocupa que frenen los trenes, ya que en este transporte evitamos cobros indebidos de funcionarios y extorsiones de grupos criminales en el camino”.
También, hace algunos días cerca de dos mil migrantes irrumpieron en las oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), ubicadas en Tapachula. Este evento evidencia la desesperación que muchos migrantes experimentan al quedarse varados en el sur del país, a causa de la tardanza que existe en los procesos de solicitud de refugio en nuestro país. Trámites que deberían tardar máximo tres meses, se extienden hasta más de un año. La angustia se agudiza en aquellos que viajan en núcleo familiar, otra de las características de los flujos migratorios que han ido en aumento en los últimos años. La Comar esta desbordada a pesar del apoyo que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados le brinda. Tan solo en lo que va de 2023, se han registrado más de 90 mil solicitudes de refugio; de continuar esta tendencia, en 2023 se superará el récord histórico, con cerca de 140 mil peticiones. A pesar de esta realidad, seguimos sin que los legisladores destinen un mayor presupuesto al fortalecimiento de la política de refugio en nuestro país. La diputada Rosa M. González Azcárraga, quien encabeza la Comisión de Migración en la Cámara de Diputados, parece estar más concentrada en su campaña personal que en los migrantes y sus necesidades. También, para evitar aglomeraciones como las que se han dado en últimas fechas, hacen falta más oficinas de la Comar en diferentes ciudades del país. Muchos migrantes se ven obligados a dar seguimiento a sus trámites en estados y regiones alejados de los lugares en los que cuentan con familiares o redes de apoyo. Una colaboración más estrecha y coordinada con el Instiututo Nacional de Migración sin lugar a duda resultaría deseable y podría ser útil para la despresurización de casos. Muchos de los solicitantes no quieren quedarse en México, solo se registran para poder transitar con mayor seguridad por el país.
Finalmente, la oleada de cerca de 4 mil migrantes que cruzaron en el punto fronterizo de Eagle Pass y el anuncio de la llegada de entre 4 mil y 8 mil personas más en los próximos días, derivaron en una declaratoria de emergencia y el cierre del puente de las Américas, lo que, entre otras cosas, es una alerta para otros puntos fronterizos.
Resulta preocupante el uso político de los migrantes que desde hace un tiempo vienen haciendo varios gobernantes y contendientes del partido republicano. México, presionado por las autoridades estadounidenses, sigue permitiendo que deporten a personas de otros países al nuestro y cuenta con más de 34 mil efectivos de seguridad dedicados al tema migratorio. Seguimos priorizando la política de securitización sin que hasta ahora haya logrado disminuir el fenómeno, porque los factores de empuje siguen presentes y en aumento en los países de origen.
Ante este panorama, más vale repensar las acciones y la colaboración con el vecino país del norte, para evitar ser el muro de contención migrante sin nada más que ofrecer. El nearshoring y la necesidad de mano de obra del sector empresarial, tanto en Estados Unidos como en México, debería contribuir a generar modelos más empáticos, seguros, ordenados y productivos que permitan conectar la oferta con la demanda, con menos riesgos de por medio para las personas y en beneficio de todos. De otra forma, la situación actual seguirá empeorando. (Eunice Rendon El Universal, Online)
No hay antecedentes de una migración tan numerosa, tan diversa y tan intensa.
La situación económica y política de América Latina está creando condiciones de expulsión ciudadana, salir del país de origen, en la mayoría de los casos, es una forma de sobrevivencia. A esta migración hay que sumar la de algunos países africanos a los que se les cobra cantidades de dinero significativamente altas.
El asunto es ya una crisis humanitaria. No verlo así impide un diagnóstico preciso de lo que pasa. Al ser la migración multifactorial no basta con impedir a los migrantes salir de las zonas en las cuales se encuentran, particularmente en la frontera norte y sur.
Lo que está pasando en Tapachula es, desde hace tiempo, de focos rojos. A la migración hay que añadirle la crisis de seguridad que se vive en Chiapas y en buena parte del país. Han caminado por rumbos paralelos la migración y la cada vez mayor presencia de los cárteles. Este fin de semana en las carreteras chiapanecas se vivieron escenas que llevan a entender al estado como narcoestado.
El gobernador de Chiapas ha optado por el silencio ante la situación límite. Lo es por la gran cantidad de migrantes que entran por el sur y ante la cual ninguno de los diferentes órdenes de Gobierno tiene una respuesta estratégica, ponderando la perspectiva humana y la necesaria sensibilidad. El muy buen discurso de la canciller en la ONU sobre el tema se diluye cuando se trata de acciones concretas.
La confrontación entre el CJNG y el de Sinaloa coloca a los chiapanecos sin la más mínima capacidad de vida y de maniobra. La delincuencia organizada tiene además entre sus nuevos objetivos a la migración.
Muchos jóvenes migrantes han sido secuestrados y en otros casos han optado libremente por integrarse a la delincuencia organizada. Saben lo que hacen, toman la decisión, porque bajo las circunstancias en las que están integrarse es al menos tener un ingreso. Estamos como país en medio de una delicada coyuntura que puede trastocar valores de nuevas generaciones.
Recientemente conversamos con un migrante venezolano en la CDMX. Nos decía que era más difícil cruzar México que cruzar el Darién, la línea fronteriza entre Colombia y Panamá, para desde ahí recorrer todo Centroamérica hasta llegar a la frontera sur mexicana, que recorrer nuestro país; lo que viven los migrantes en el país es una auténtica pesadilla de vida y muerte.
La impunidad es un eje en todo esto. Es cuestión de revisar los muy pocos resultados de la investigación sobre el incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez para confirmar que no hay justicia. Legisladores del Grupo Plural aseguraron que se está tratando de “convencer” a los familiares de los migrantes calcinados para que quiten su demanda.
El director del INM, quien es, entre otras cosas, el responsable de las estaciones migratorias, sigue en su cargo lo que inevitablemente se interpreta como un acto de impunidad; estamos en un capítulo más del no pasa nada.
México se ha ido convirtiendo en destino migrante. Ante las innumerables dificultades para llegar a EU han optado por quedarse en México. Estamos lejos de aquella promesa del entonces presidente electo cuando invitó a los migrantes a venir a México para trabajar. Si en su momento no tenía asidero al paso del tiempo se ha convertido en un imposible.
Chiapas está en el límite. La migración es un fenómeno multilateral, pero algo en México no se está haciendo lo cual tiene que ver con las autoridades migratorias y con quienes se encargan de la inteligencia, la política y las relaciones exteriores.
Chiapas, en este sentido, no es todo el país, pero cada vez en México todo está teniendo que ver más con Chiapas.
RESQUICIOS.
Para leerse la extraordinaria entrevista de Juan Domingo Argüelles a Juan Carlos Ramírez Pimienta de la Universidad de Michigan en El Cultural de La Razón bajo el sugerente título “Narcocorrido. De la moral a celebrar el delito”. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, La,2 p.2)
El Tren Maya es un barril sin fondo. No conforme con la inversión adicional de 150 mil millones de pesos para 2024 y que hará llegar el costo de la obra a casi 500 mil millones de pesos, el Gobierno federal está “boteando” en otras dependencias para que aflojen y se junte más billete… ¡Jajaja!
Por ejemplo, en la Ley Federal de Derechos de 2024, el Gobierno propone crear una bolsa de recursos para que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) integre un fideicomiso para la administración y operación del Tren Maya.
Los recursos se obtendrán del pago de derechos de extranjeros con situaciones irregulares en el país, propone la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
“Se propone que los ingresos obtenidos del derecho relativo a la prestación del servicio consistente en la expedición de la condición de estancia a las personas visitantes sin permiso para realizar actividades remuneradas que ingresen al país con fines turísticos, se destinen al fideicomiso público federal sin estructura que constituya la empresa de participación estatal mayoritaria denominada Tren Maya, S.A. de C.V., sectorizada a la Secretaría de la Defensa Nacional, en términos de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria y su Reglamento”, según se establece en el documento.
¿Cuánto y por qué tan caro?
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Migración (INM), en este 2023 el costo de ingreso para un extranjero a México es de 513 pesos y entran vía terrestre por la frontera sur, es decir, Quintana Roo, Chiapas y Tabasco. Y si la entrada es vía marítima o aérea, 687 pesos.
Dicen las malas lenguas de la Tesorería que al año lo recaudado por el cobro de ese derecho supera los 14 mil millones de pesos. ¡Ah jijo!
El dinero recaudado, dice la propuesta, será destinado al fideicomiso administrado por la Sedena para la planeación de proyectos, construcción de obra, pagos de servicios, entre otros del Tren Maya.
Eso sí, todo depende del incremento del flujo migratorio. Todavía no lo inauguran, ni tampoco entra en operación para saber si es redituable la inversión millonaria que se le ha hecho al Tren Maya, pero eso sí, ya le buscaron una fuente de ingresos adicional.
Lo anterior, sin mencionar que el gobierno lopezobradorista ordenó la creación de este fideicomiso, sí, esos que tanto rechazó y de los que tanto habló en su sexenio, esos que incluso había mandado desaparecer.
La propuesta ya está en manos de los legisladores para que le provoquen una sonrisa al Presidente y así seguir financiando una de las obras faraónicas del hijo predilecto y consentido de Tepetitán, Macuspana.
En el baúl. Clara Brugada ha dejado el alma en la cancha en favor del movimiento, moviliza recursos y también personas cuando se lo solicitan, se ha jugado el prestigio, pero, sabe que su postulación pondría en riesgo el bastión más importante de la 4T y de la izquierda en el país. Por eso, aunque ha demostrado ser un soldado leal, la van a sacrificar para asegurar el triunfo en la Ciudad de México, con un perfil que atraiga y convenza a los indecisos y a los inconformes con la transformación. (El Duende, La Razón, México, p.6)
La migración forzada es un fenómeno planetario que tiene alcances regionales y cuya intensidad, aun cuando varía por periodos, se ha acelerado a ritmos inéditos en las últimas dos décadas. En efecto, datos de la Unión Europea indican que este año se registraron los dos trimestres más trágicos para las personas que usan la llamada “Ruta del Mediterráneo”.
En otras zonas, la guerra ha provocado desplazamientos de decenas de miles de personas, así en el caso más visible, en Ucrania a partir de la agresión rusa; pero también en otros países, como el caso de Etiopía, donde se estima que han fallecido 600 mil personas y que han sido desplazadas más de un millón como consecuencia de la guerra civil.
En el caso de la migración latinoamericana hacia los Estados Unidos, la crisis se ha prolongado ya por muchos años. Y en los últimos cinco, los casos de extorsiones, secuestros y abusos cometidos en contra de personas migrantes, principalmente centroamericanas y otras provenientes de Haití y Venezuela, se han agudizado hasta llegar a niveles que no se habrían imaginado al inicio del presente siglo.
Esta realidad no debe llevar al ocultamiento o invisibilización de la propia migración mexicana, pues las detenciones de personas que migran de manera irregular hacia Estados Unidos también se han incrementado de manera muy importante en los últimos meses.
Migrar en situación irregular, en un mundo marcado por los tráficos ilícitos, expone a las personas a una gran cantidad de riesgos: agresiones sexuales, trata de personas, extorsión y secuestro son algunos de los más horrendos, pero también el reclutamiento forzado para trabajar para los cárteles criminales, y en los casos más extremos, la tortura, el asesinato y la exhumación de las víctimas en fosas clandestinas, como lo ha documentado Marcela Turati en su reciente texto San Fernando, última parada.
Ante esta realidad, la respuesta institucional no sólo ha sido insuficiente, sino, ante todo, equívoca. Por eso sorprende la posición del Ejecutivo Federal quien a cuestionamiento explícito ha contestado una vez más que no se requiere revisar la política migratoria del país, porque, en su percepción de la realidad, todo está avanzando de manera apropiada.
Nada más erróneo que ello. Los municipios de tránsito, y muchos de ellos ya de destino de miles de personas migrantes están desbordados en sus capacidades. No hay recursos para darles atención digna: albergue —aun cuando sea temporal o de paso—, alimentación, acceso a servicios mínimos de higiene y descanso digno y, sobre todo, el cuidado apropiado de la niñez, la cual, independientemente de la condición migratoria de sus acompañantes, debe estar protegida bajo los mandatos, estándares y protocolos que se derivan de la Convención de los Derechos de la Niña y el Niño, y de la propia Constitución y leyes mexicanas.
De otro lado, la migración está acelerando y profundizando fenómenos como el abandono y desaparición de comunidades enteras, abandono de viviendas en zonas urbano-marginadas, y el desaprovechamiento, envejecimiento y deterioro de infraestructura social, la cual ha costado millones de pesos al erario y se encuentra subutilizada o en franco abandono. Esto no deja de ser una paradoja porque, en todo caso, los recursos de que se dispone, y los mecanismos que existen para su distribución y aplicación en lo local están fragmentados y no existe un proceso de conducción nacional que oriente la inversión social hacia una nueva lógica de garantía de derechos, que promueva procesos virtuosos de crecimiento económico y de desarrollo social.
La pauperización histórica que se ha vivido en Centroamérica y en varios países latinoamericanos, pero también la que se registra en varias regiones de nuestro país, hoy están haciendo crisis a la par de una expansiva ola de violencia, y de un deterioro institucional y democrático en nuestros países que están provocando cada vez más reacciones que apuestan por la criminalización de los procesos migratorios, y cuyas nefastas consecuencias las tenemos cotidianamente a la vista. (Mario Luis Fuentes, Excélsior, Nacional, p.12)
Desde hace semanas, las disputas por territorios entre dos de los principales cárteles que operan en el país, el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación ( CJNG), ha colocado a las poblaciones de varias localidades de Chiapas en una situación desesperante: uno y otro grupo han creado en la entidad, mediante extorsiones, amenazas y reclutamientos forzados, bases sociales, han bloqueado las comunicaciones terrestres y aéreas y han cortado la electricidad, el agua y las líneas telefónicas dominadas por el cártel rival.
Además de las zonas fronterizas de Motozintla, Frontera Comalapa y Chicomuselo, hay desasosiego en San Cristóbal de las Casas por la presencia allí de una banda conocida como los motonetos que agrede con completa impunidad a los habitantes de esa ciudad.
A la capacidad de poner a pobladores al servicio de sus propósitos delictivos, debe agregarse la determinación de los cárteles de llevar a cabo acciones con finalidades mediáticas y propagandísticos, como la caravana de vehículos artesanalmente blindados y artillados que hizo desfilar en el poblado de Chamic, cerca de Frontera Comalapa, en un supuesto movimiento para desalojar de la zona al CJNG.
Lo anterior ocurre en el contexto de descomposición, cooptación o ausencia de instancias municipales y estatales, el accionar de corporaciones extractivas claramente depredadoras, el pingüe y criminal negocio de los traficantes de personas, los flujos migratorios de varias nacionalidades y el descontrol existente en el occidente de Guatemala –fronterizo con México–, convertido en una tierra de nadie propicia para el trasiego de drogas y toda suerte de actividades delictivas.
En estas circunstancias, es indudable que en la entidad del sureste las autoridades federales deben apretar el paso en los cuatro ejes en los que se basa la estrategia de seguridad en el país: la lucha contra la corrupción, la generación de empleo y condiciones de bienestar social –en cuya ausencia, el crimen organizado obtiene un semillero de posibles reclutas–, el trabajo de inteligencia para debilitar las finanzas de los grupos delictivos y el despliegue de la Guardia Nacional.
Por lo demás, resulta imprescindible formular y ejecutar, en combinación con lo anterior y así sea a marchas forzadas, una nueva política migratoria capaz de hacer frente a flujos humanos para los que el país no está preparado y de romper el círculo vicioso que se produce entre la inoperancia de la institucionalidad migratoria actual y el florecimiento de las mafias dedicadas al tráfico de personas.
Se necesita, en suma, una visión integral para enfrentar y resolver una circunstancia regional que no sólo pone en peligro a los habitantes, sino que podría dar al traste con el crecimiento económico y el turismo en el estado, y afectar incluso el buen funcionamiento del Tren Maya, uno de los proyectos más importantes del actual gobierno. (La Jornada, Editorial, p.2)
Buen discurso. La canciller Alicia Bárcena afirmó en la Asamblea General de la ONU que, en el tema de la movilidad humana, “México tiene una brújula muy clara: humanizar la migración”, en momentos en que nuestro país y Estados Unidos viven una grave crisis. En representación del presidente Andrés Manuel López Obrador, la secretaria de Relaciones Exteriores se pronunció a favor de atender con urgencia las causas estructurales y profundas y llamó a los gobiernos que se benefician del trabajo de estas personas a tomar medidas para atender el problema. Ya sólo falta bajar las cifras. (Excélsior, Nacional, p.11)
La oleada de migrantes ya es una catástrofe humanitaria. La diputada Rosa María González Azcárraga señala que en vez de dar dinero a otros países para Sembrando Vida, programa que no ha detenido la migración, deberíamos usar esos recursos para construir albergues y enfrentar la crisis (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p.10).
Cuando en marzo de hace dos años el general Glen VanHerkl, jefe del Comando Norte de los Estados Unidos, reveló el control de entre 30 a 35 por ciento del control territorial de los delincuentes en la República Mexicana jamás obtuvo una respuesta. Logró desdén y menosprecio, pero nunca hubo quien se sentara a analizar ni sus fuentes ni el rigor de sus apreciaciones. Al menos no con reconocimiento público del abordaje de tan peligroso tema.
El avestruz de la soberanía metió de nuevo la cabeza en el agujero del patriotismo.
“(apro). – El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que no es verdad que los grupos del crimen organizado controlen entre el 30 y el 35% del territorio mexicano, tal como lo aseguró el general Glen VanHerkl, jefe del Comando Norte de Estados Unidos.
“No es cierto lo que se sostiene, pero respetamos las opiniones de todos. Vamos a tener buenas relaciones con el gobierno de EU. No nos vamos a pelear y el respeto al derecho ajeno es la paz”. Tan, tan.
Desde entonces miles de mexicanos más han muerto víctimas de una incontenible violencia cuya cifra será el epitafio sobre la losa de un gobierno transformador, cuando se acabe en el año 2024. Y es cierto lo de la transformación, muchos vivos se transformaron en muertos.
“…Diré que es un síntoma de un problema más amplio (refiriéndose al tema de los migrantes)… no voy a involucrarme en política ni en llamar crisis o no a la situación, lo cierto es que necesitamos una frontera segura y saber quiénes vienen… Todos estos son indicadores y razones de por qué la gente deja Centroamérica, Sudamérica y México para venir a nuestra nación. Y se refería a la situación de desastres naturales, el Covid-19 y la inestabilidad emanada del crimen organizado.
“Cuando digo síntoma -dijo el general- narcotráfico, migración, tráfico humano, todos son síntomas de las organizaciones criminales trasnacionales, que operan con regularidad en áreas sin gobierno, del 30 a 35% de México, y es lo que está creando alguna de las cosas que enfrentamos en la frontera”.
Hace mucho tiempo (Proceso), Janet Napolitano, ex secretaria de Seguridad interior en el gobierno de Obama, habló del “Estado fallido” (pre 4-T) en México, lo que provocó reacciones furiosas desde nuestro país.
“–No recuerdo desde ese entonces (dijo el corresponsal) que se hablara de control del crimen organizado en México, vaya, de 30-35 por ciento, y eso que no quiso hablar de política, que si lo hubiera hecho habría señalado otros puntos que conoce. Recordemos que el comando Norte está a cargo de la estrategia militar en EU desde la región de Las Bahamas hasta donde termina el hemisferio norte de este continente”.
Quizás ayer, antes de acudir al servicio religioso dominical, el señor VanHerkl haya leído, entre sonrisas nerviosas, esta información:
“…Presuntos miembros del Cártel de Sinaloa tomaron las calles de San Gregorio Chamic, Chiapas, en México, frente a la frontera con Guatemala. En un video que circula en redes sociales, se puede apreciar a un convoy de al menos 20 camionetas, ocupadas por hombres fuertemente armados, desfilando ante la mirada de los habitantes locales, de acuerdo con información de Reforma.
“El desfile estuvo acompañado de gritos y aplausos de los espectadores, que coreaban “¡Puro Sinaloa!” mientras los vehículos pasaban. Este evento ha llamado la atención de la opinión pública y las autoridades, resaltando la preocupante presencia de grupos criminales en algunas zonas del país y su influencia en las comunidades locales. Las imágenes capturadas en este desfile son un recordatorio de los desafíos que enfrenta México en materia de seguridad y lucha contra el crimen organizado”.
Y eso sin contar la publicación de Science (cualquier cosa menos un pasquín inmundo) en cuanto a la capacidad de empleo del crimen organizado en México. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, La 2, p.2)
Prácticamente no pasa un día sin noticias sobre los enormes flujos migratorios que atraviesan nuestro país con destino a los Estados Unidos. Con un crecimiento exponencial en el flujo de refugiados, prófugos, migrantes, reclamantes de asilo y minorías étnicas en tránsito, México sigue empleando enfoques tradicionales para enfrentar este fenómeno. Las categorías con las que se define este proceso de movilidad internacional reflejan concepciones jurídicas y políticas, así como actitudes de la población, de la memoria colectiva y percepciones respecto al grado de distancia social existente entre los diversos grupos. La ausencia de políticas coherentes y efectivas hacia las migraciones deriva de estrategias que privilegian la idea de los confines nacionales propiciando procesos de inclusión y exclusión.
La movilidad es un fenómeno que acompaña desde siempre la historia de la humanidad y ha influido profundamente en la modernización de las sociedades así como en el nacimiento de distintas comunidades estatales. Las migraciones son, sobre todo, procesos demográficos que se caracterizan por los desplazamientos de personas al interior de los países y entre las regiones del mundo. Ellas modifican de manera irreversible la composición de las poblaciones tanto en las sociedades de partida como en las de llegada. Es en las “sociedades globales” de nuestro tiempo -caracterizadas por una profunda interdependencia entre las diversas áreas del planeta- que las migraciones internacionales se han impuesto como uno de los principales factores de cambio en nuestras sociedades.
El potencial transformador que producen las migraciones actúa en todos los niveles de la vida social: desde el ámbito político-institucional hasta el espacio económico, desde el plano cultural y de la identidad nacional hasta las distintas esferas de la cotidianeidad. Por ello resulta imprescindible comprender el fenómeno de la movilidad humana así como los desafíos que produce en la convivencia social. Por sus profundas implicaciones en las comunidades de destino y tránsito, las migraciones representan un fenómeno que pone en crisis los mitos de la homogeneidad cultural y nacional. Es necesario tener presente que la condición de desventaja estructural que golpea a los migrantes y a sus familias también impacta directamente en la cohesión social. Por si fuera poco, muchos aspectos no funcionan en la gestión de la movilidad humana. Destacan los efectos perversos de los regímenes de admisión y de las políticas de acogida, así como la tendencia a la exclusión de quienes son percibidos como diferentes constituyéndose en objeto de discriminaciones y racismos.
La migración en México enfrenta políticas de gestión que son violatorias de los derechos humanos. Incapaz de entender las nuevas condiciones de la movilidad humana la estrategia gubernamental ha privilegiado el uso de las fuerzas armadas en el control de la migración. La reclusión en estaciones migratorias no es una alternativa, además, los ciudadanos deben confrontar aquellas tendencias xenófobas presentes en nuestra sociedad que buscan ampliar la distancia social como criterio legitimo para justificar la exclusión, la marginación y en ocasiones la persecución de los migrantes como ya empieza a observarse en algunas zonas de la Ciudad de México.
Para los migrantes se requieren nuevas políticas de Estado que tengan en cuenta las exigencias de orden público y de pacífica convivencia, los vínculos de sostenibilidad económica así como las instancias éticas y de justicia social que progresivamente permitan ampliar el círculo de los incluidos en el ámbito de la ciudadanía y de acceso a los derechos. Es necesario dejar de ver la migración solamente como un problema, para adoptar una nueva perspectiva donde las personas representan oportunidades y recursos de integración que requerimos valorar. Se debe reconocer el derecho a migrar fundado en el principio de libertad de movimiento y en el derecho a buscar condiciones de vida dignas. (Isidro H. Cisneros, La Crónica de Hoy, Columnistas. P.3)
RESPALDO ECLESIASTICO
Nos cuentan que en el marco de la 109 Jornada Mundial de las Personas Migrantes Refugiadas, Guadalupe Torres, Obispo de Ciudad Juárez, dijo que las personas que recurren a este hecho deben de ser libres de miedos, temores, agresiones, hambre y violencia; además, es vital, que el gobierno garantice los derechos humanos y haga frente a la vulnerabilidad extrema. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Derecho a la información: entre el sueño migrante y la realidad
El tema migratorio se encuentra en el centro de la discusión pública, pues se vive una crisis en la cual miles de personas han sido expulsadas de sus lugares de origen y buscan movilizarse para sobrevivir. Este panorama nos debe ocupar como Estado y como sociedad.
Por mencionar algunos ejemplos, la semana pasada en las oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) en Chiapas, se suscitó una estampida de migrantes ante la desesperación de ser atendidos, lo cual provocó fractura de brazo a una persona, lesiones abdominales a otra y que se suspendieran los trámites ante el riesgo presentado. También la empresa Ferromex determinó detener por unos días la operación de 60 trenes de carga, por la seguridad de los migrantes; en Oaxaca una camioneta con 22 migrantes volcó.
Sin duda, estos hechos nos recuerdan que la crisis migratoria es compleja y requiere de soluciones interinstitucionales para que no se repitan sucesos lamentables como el incendio de una estación de migrantes ocurrido el 27 de marzo de este año en Ciudad Juárez, Chihuahua, en el que 40 personas migrantes perdieron la vida y 27 más resultaron heridos.
Por esta tragedia, el 8 de mayo, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) solicitó una partida presupuestal especial de 140 millones para reparar el daño de las víctimas, misma que fue encargada a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).
Ante este contexto, la información pública es pieza clave para el respeto integral a los derechos humanos, al trato digno de las personas migrantes e incluso a la reparación del daño de víctimas.
Asimismo, el interés de la sociedad se ha manifestado constantemente. En la Plataforma Nacional de Transparencia existen, vinculadas a la temática migratoria: 578 mil registros de información pública, 89 mil 478 solicitudes de información y 604 quejas de respuesta.
En específico, en el caso de los recursos de revisión que se han interpuesto, en 2018 se contabilizan 36; en 2019, 69; para 2020 fueron 34; en 2021, 34; 2022 sumó 42; y en lo que llevamos de 2023 van 39. En las entidades también se ha manifestado el interés: Puebla acumula 530 solicitudes a su instituto local de migración; Zacatecas cuenta con 376; y le sigue Chihuahua con 300 solicitudes.
No debemos ser indiferentes ante la situación porque la solución debe venir en varias vías. Por ello, la semana pasada resolví un recurso para que se informe sobre el fideicomiso –responsabilidad de la CEAV– para la reparación del daño a familiares de las víctimas de Ciudad Juárez, y esta semana resolveremos, entre otros, un asunto para que se entregue información sobre migrantes deportados en zonas fronterizas.
El Estado mexicano no puede permitir que suceda otra tragedia como la que ocurrió en Chihuahua; las herramientas de transparencia funcionan precisamente para aclarar dichos procesos y combatir las violaciones a derechos humanos que podemos sufrir todas y todos. (Julieta Del Río, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Me sentí sumamente avergonzado y miserable mientras la mujer tomaba unos cuantos pesos de mi mano para contener el hambre del día. Caminaba acompañado de mi hijo de escasos trece años, cuando me topé con una familia de migrantes proveniente del país X, de América del Sur, varados en México y quienes me solicitaron ayuda. En su embajada les habían cerrado las puertas.
La familia estaba integrada por varios miembros entre los que se encontraban una niña y un niño, cercanos a la juventud, quienes me miraban angustiados en espera de mi respuesta. Su destino era Estados Unidos. Impotente y con la boca amarga después de conversar con ellos y sin poder prestar mayor ayuda seguí mi camino, con mi hijo también desconcertado, hacia la estación del metro Hidalgo rumbo a casa, mientras trataba de adivinar la suerte que tendrían esos dos jovencitos y su familia rumbo a su destino. Me preguntaba dónde podrían pasar esa noche, en esta inmensa selva de concreto, sobrepoblada y muchas veces insensible y agresiva llamada Ciudad de México.
Puede persistir discriminación, xenofobia y racismo hacia a los migrantes, cuando no se entiende el contexto de la movilidad migratoria, particularmente cuando responde a una migración forzada. Van en busca de sobrevivencia y subsistencia, de mejores oportunidades de vida y un futuro de esperanza para sus hijos.
La gente emigra por violencia en su país, pobreza extrema, cambio climático o reunificación familiar, las razones son diversas. Muchos migrantes no acceden a una emigración regular y segura porque carecen de la documentación necesaria, por razones económicas o por disposiciones migratorias complejas en el país elegido.
Son sumamente vulnerables: quedan a expensas de coyotes, transitan por rutas peligrosas, quedan expuestos a enfermedades y son endebles ante la corrupción de autoridades migratorias y policiales, pandillas y ante el crimen organizado. Muchos niños, niñas y adolescentes cruzan las fronteras con o sin sus padres, se apilan en transportes inseguros y quedan expuestos a la explotación laboral y sexual; generalmente no tienen acceso a la protección y a los servicios esenciales en los países de tránsito.
Su detención por autoridades migratorias y separación familiar son experiencias traumáticas que llevarán toda la vida. Algunos datos de la Unicef son devastadores cuando se trata de menores. De acuerdo a este organismo en América Latina y el Caribe los menores de once años conforman el grupo más numeroso en el segmento de niños, niñas y adolescentes migrantes; los niños, niñas y adolescentes representan el 25% de las personas migrantes en la región; se observa que este tipo de migración ha alcanzado altos índices en puntos clave migratorios como es la Selva del Darién, entre Colombia y Panamá, en el desplazamiento migratorio haitiano y venezolano y en países Centroamericanos y México.
Aún prevalecen prejuicios hacia los migrantes que afectan la vida de muchas personas, a quienes se les ha negado los derechos y las oportunidades que les corresponde, particularmente cuando dejan sus países por desplazamientos forzados.
La movilidad de las personas no debe entenderse sólo como un problema, sino como un hecho que ha prevalecido a través de la historia y como un fenómeno social real que requiere atención y soluciones. Es necesario avanzar hacia una migración ordenada y segura, con respeto a la dignidad y a los derechos humanos de los migrantes. Pero tristemente parece que esta opción aún está muy lejana. (Omar Hurtado, El Heraldo de México, Online)
Si uno reflexiona con atención el discurso que leyó el sábado la secretaria de Relaciones Exteriores en la Asamblea General de la ONU se imagina que habló de un país que no se parece a México o, quizá, que la funcionaria de plano viajó hacia el pasado, particularmente el 1 de diciembre de 2018, día inaugural del sexenio del presidente AMLO.
Primero, algunos de los hechos para evitar juicios sin sustento.
Hecho: El 28 de marzo de este año 40 migrantes murieron en Ciudad Juárez en un centro de detención del Instituto Nacional de Migración; su director, Francisco Garduño, no renuncia.
Hecho: El presidente AMLO decide boicotear la Cumbre de las Américas en Los Ángeles celebrada entre el 6 y 10 de junio de 2022; un tema a tratar: la migración.
Hecho: El gobierno mexicano decide entregar el premio Águila Azteca al represor cubano Miguel Díaz-Canel el 11 de febrero de este año; miles de cubanos salieron a las calles a pedir libertades el 11 de julio de 2021.
Hecho: El 15 de noviembre de 2018 Marcelo Ebrard, sin puesto en el gobierno, pero a dos semanas de convertirse en secretario de Relaciones Exteriores, promete al entonces secretario de Estado Mike Pompeo el programa “Quédate en México”, bajo la condición de que la Casa Blanca no hiciera público el obsequio.
Hecho: El 31 de mayo de 2019 el presidente Donald Trump anuncia la imposición de aranceles, hasta un 25%, a las importaciones de productos mexicanos. La amenaza se disipa gracias a que AMLO militariza (Bárcena le llama “humanizar) la frontera sur con la guardia nacional para evitar el paso de migrantes.
Son demasiados hechos desafortunados; faltarían los pleitos con España, Panamá, el Europarlamento, la Alianza del Pacífico o la ausencia de AMLO en la Cumbre Apec, la falsa e inexistente “política exterior feminista” de Marcelo Ebrard y Martha Delgado, y un largo etcétera.
Alicia Bárcena dijo el sábado: “México seguirá encontrando (…) inspiración para su acción internacional en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas (…).
Uno de los principios son los Derechos Humanos. Las simpatías con Nicolás Maduro o Díaz-Canel, entre otros dictadores violadores de DDHH, disipan las palabras de la canciller. Vamos, su equipo de comunicación no reveló su encuentro con Maduro el viernes 15 de septiembre en La Habana.
La secretaria dijo que “participamos en la búsqueda de soluciones para el diálogo político en Venezuela”.
No dijo que Maduro es señalado por la ONU como posible criminal de lesa humanidad, y ha convocado más de 15 mesas de diálogo: en todas ha ganado él.
Bárcena pidió “fin a situaciones aberrantes, como (…) el embargo económico que sufre Cuba”, pero no mencionó la ausencia de democracia en la isla.
Sobre el tema de migración, la funcionaria mexicana dijo que hay que “atender las causas estructurales”, pero pasó por alto los 40 muertos en Ciudad Juárez ni tampoco dijo nada sobre la militarización que sustituye a la “humanización”.
Joel Hernández, subsecretario para Asuntos Multilaterales y DDHH de la SRE aplaudió a su jefa en X: “Un privilegio ser parte de la delegación de México encabezada por la canciller @aliciabarcena. Su liderazgo se puso de manifiesto (…) en su intervención que ubica a México en el justo lugar que ocupa en el concierto de las naciones”.
Alicia Bárcena leyó un discurso sin apegarse a la realidad luego de cinco años de gobierno del presidente AMLO.
Una mañanera en la ONU. (Fausto Pretelin Muñoz de Cote, El Economista, Geopolítica, p. 50)
Para un creciente número de estadounidenses la situación en la frontera es un problema serio, tanto que parece adquirir cada vez más importancia como tema electoral.
La frontera, dijo el diputado republicano Tony Gonzales, de Texas, “es pura anarquía”.
La idea de una frontera rebasada por migrantes ilegales, traficantes de personas y drogas es una cada vez más presente en la opinión pública estadounidense, y a querer o no tiene un impacto sobre la imagen de México y en la relación bilateral.
De acuerdo con las autoridades estadounidenses, unos 6,900 migrantes fueron detenidos en la frontera cada día durante los primeros 20 días de septiembre de forma ilegal. En julio el promedio diario había sido de 4,300 tras cruzar la frontera.
De creer a los republicanos, la frontera entre Estados Unidos y México está bajo control de los cárteles mexicanos, que “han desatado un infierno” en la región.
Es un negocio “de mil millones de dólares anuales”, aseguró el senador Thom Tillis, republicano de Carolina del Norte, en declaraciones a la cadena Fox, de filiación derechista y portavoz de hecho de sectores ultranacionalistas frecuentemente vinculados con grupos racistas, xenófobos y neonazis.
Una gran parte de los arrestos son de personas de nacionalidades distintas que los mexicanos, especialmente latinoamericanos, pero también de otros países y de acuerdo con las autoridades estadounidenses, algunos presuntamente ligados con grupos extremistas islámicos.
Pero al mismo tiempo, el hecho es que dos ciudades texanas, El Paso y Eagle Pass, declararon una situación de emergencia por el número de migrantes.
Así, los temas entrelazados de migración, la situación de la frontera y el tráfico de drogas, específicamente fentanilo, son parte importante de la retórica republicana con miras a la campaña electoral de 2024.
Una gran parte de los arrestos son de personas de nacionalidades distintas que los mexicanos, especialmente venezolanos, pero también de otros países y de acuerdo con las autoridades estadounidenses, algunos presuntamente ligados con grupos extremistas islámicos.
La situación fronteriza se ha convertido en un problema político: una encuesta publicada el domingo precisó que sólo 23 por ciento de los estadounidenses aprueba la forma en que Biden ha manejado el problema y 62 por ciento lo desaprueba.
Por lo pronto la situación ha provocado ya cierres temporales en algunos puertos fronterizos, roces políticos entre autoridades mexicanas y gobiernos estatales estadounidenses, y consultas entre los gobiernos de los dos países, mientras la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador lucha con un problema propio, representado por el paso de miles de migrantes desde América del Sur hacia Estados Unidos.
Y lo que haga, o deje de hacer el gobierno mexicano, será examinado de cara a la elección estadounidense y, por tanto, tendrá impacto en la relación bilateral. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Online)

(Llera Excélsior, Nacional, p.12)

(24 Horas, p,2)

(Patricio, El Sol de México, Análisis, p. 14 y La Prensa, Editorial, p. 6)