¿Dónde estará Garduño?
Y en medio de la crisis migratoria que impacta al país, octubre empezó con la noticia de un accidente que se suma a la lista de hechos en los que fallecen indocumentados en su ruta hacia Estados Unidos. Ayer la fatalidad alcanzó a 10 personas en la carretera Pijijiapan-Tonalá, en Chiapas, cuando una camioneta en la que iban 27 migrantes se volcó.
En estas páginas, el fin de semana pasado, se informó del número récord de personas que se internaron al país en los últimos dos meses, para tratar de llegar a la frontera norte. Si hasta agosto de 2022, el INM reportaba la detención de 248 mil migrantes, al mismo periodo del año actual la cifra se ubica en 402 mil.
El problema es que quienes siguen de cerca el fenómeno advierten que lo que vienen son mares de migrantes, ante los que cualquier contención se quedará corta. Mientras Francisco Garduño parece más preocupado por él mismo que por atender el problema. ¿Será? (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Tan sólo en Ciudad Juárez han estado parados mil 500 camiones de carga, que no pueden cruzar la frontera. La Canacar considera el freno de los camiones, en una pérdida de hasta mil 200 millones de dólares, en más de una semana de no poder trasladar sus productos de exportación.
Vía terrestre, 83% de exportación
83% de las mercancías exportadas a Estados Unidos, lo hacen vía terrestre, en particular por camiones de carga.
Y están frenados porque en ciudades como Juárez o Ciudad Obregón, hay una crisis migratoria, generada por miles de migrantes que han llegado a esas ciudades e intentan cruzar la frontera. Ya vimos lo sucedido en Eagle Pass, Texas, donde las autoridades estadunidenses cerraron toda la frontera para impedir el paso de migrantes.
Oleada migrante abarrota ciudades fronterizas
Haitianos, venezolanos, nicaragüenses, salvadoreños, guatemaltecos, hondureños y mexicanos tienen desbordadas varias ciudades fronterizas. Esta oleada se esperaba una vez que el Título 42, originalmente creado por Donald Trump, desapareciera. El Título 42, diseñado en la pandemia, permitía una deportación rápida de los migrantes que llegaban a Estados Unidos. Una vez desaparecido, la ola de migrantes que esperan no ser deportados, ha comenzado.
Grupo México y Maru Campos acusa a la federación
En México tuvimos las alertas, pero no les hicimos caso. La primera alerta fue la de Grupo México, a través de Ferromex, pues tuvo que detener, al día, hasta 60 trenes, generando alrededor de 40 millones de pesos de pérdidas diarias.
En varios de sus patios de trenes, llegaron cientos y hasta miles de migrantes. Son trenes de carga, donde las personas que viajan no tienen de dónde detenerse ni agarrarse. Ante ello, no sólo hombres o mujeres, sino familias enteras, con niños, han sufrido mutilaciones y fallecimientos. Grupo México, del empresario Germán Larrea, tuvo que frenar los trenes. Fue la primera alerta.
Y hubo un acuerdo, donde estuvieron el Instituto Nacional de Migración, el gobierno de Chihuahua, gobernado por Maru Campos, y Ferromex. Ahí se acordó revisar desde la frontera sur todos los puntos migrantes, con mayor vigilancia.
Sin embargo los migrantes siguieron llegando por miles. La gobernadora Maru Campos ha responsabilizado al gobierno federal de no vigilar la migración.
Cuidado con provocar desabasto
El problema puede empeorar. México es una economía exportadora, donde 80% se exporta hacia Estados Unidos y 83% de ese monto se hace a través de transporte de carga. La crisis migratoria ha estado deteniendo camiones (se habla de entre cuatro y diez horas para cruzar la frontera), y trenes. Se tiene el temor de que en ciudades fronterizas pueda venir otro problema económico adicional, el desabasto. La crisis migratoria está provocando problemas serios en la frontera, que ya son sociales y económicos.
Katherine Tai a México: espectro y acero
Al gobierno estadunidense le preocupa el precio elevado del espectro en México, sí el radioeléctrico que deben pagar las compañías telefónicas para operar. Tanto Telcel como AT&T, deben pagar por el espacio donde transmiten sus frecuencias, pero lo hacen de manera muy cara. Hacienda lo considera un tema recaudatorio, cuando debería ser un tema de impulso a las inversiones. A Washington le preocupa que AT&T tenga condiciones difíciles de competencia al pagar por un espectro tan caro. Recordemos que Telefónica Movistar, de plano le regresó el espectro al gobierno mexicano. Y hoy, sólo AT&T y Telcel invierten en desplegar sus redes para ofrecer lo que será el 5G. Mal hace Hacienda en cobrar un espectro tan caro, y a ver si no despiertan un problema en el T-MEC.
Chips, tema clave en DEAN
En el Diálogo Económico de Alto Nivel, donde México estuvo representado por Raquel Buenrostro (Economía), Alicia Bárcena (Cancillería) y Esteban Moctezuma (embajador), se vio la necesidad de desarrollar cadenas de valor, en especial de chips, que son la clave de la industria actual. ¿Entraremos a la producción de chips? Es una apuesta estratégica, esperemos lograrlo. (José Yuste, Excélsior, Dinero, p. 2)
SOS migración
La migración es el éxodo del siglo XXI. Cientos de miles de familias dejan sus lugares de origen, emprenden viajes largos, plagados de peligros, algunos de ellos mortales, para emprender una nueva vida en otra parte, donde, piensan, tendrán más oportunidades.
México es el emisor paradigmático de migrantes. Millones de ellos han cruzado la frontera y desde allá en EU, con su trabajo, mandan millones de dólares que son, hay que reconocerlo, un seguro para la estabilidad social en el país.
Sin las remesas la viabilidad del país estaría en peligro.
Pero México también es ruta para miles de migrantes que vienen de otros países y quieren llegar a Estados Unidos a través de nuestra nación. Su travesía es uno de los horrores de nuestra era.
Por eso la jerarquía católica mandó un SOS ante la crisis migratoria. Las instancias oficiales han sido rebasadas y la gente, en su mayoría, se mantiene al margen. Se requiere, por parte de las personas, sensibilidad, paciencia y tener presente los grandes riesgos que encaran los migrantes en su travesía. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 3)
Antes de comenzar la misa de bodas el novio llamó aparte al sacerdote que iba a oficiarla y le entregó bajo manga 2 mil pesos. Le dijo: “Le doy este dinero para que en la lista de obligaciones que debo cumplir con mi mujer omita usted ésa de ‘serle fiel'”. Para sorpresa del desposado el cura le preguntó en el momento de consagrar el matrimonio: “¿Prometes serle fiel a tu mujer; no poner los ojos nunca en otra; darle a tu esposa tu sueldo completo; obedecerla en todo; dejarla que se compre lo que quiera; invitarla a comer y cenar cuatro días a la semana y llevarle diariamente el desayuno a la cama?”. El aturrullado mancebo se vio en la precisión de responder: “Sí, prometo”. En seguida el párroco le habló en voz baja: “Tendrás que perdonarme, hijo. Tu novia me dio 5 mil pesos”…
En lo que se refiere a los migrantes, AMLO le hace el trabajo sucio al Tío Sam. Por eso López fue tan amigo de Trump, que tuvo en el presidente mexicano un obediente servidor; por eso la 4T sigue tratando de detener a esos peregrinos en vez de darles protección contra todos los riesgos que los amenazan en su paso por nuestro territorio hacia la frontera norte. De ahí derivan las tragedias que de tiempo en tiempo se repiten, como la sucedida ayer por la madrugada en una carretera de Chiapas, una de las mayores zonas de peligro, donde la volcadura de un camión que transportaba migrantes causó la muerte de una decena de ellos, a más de numerosos heridos.
De sobra está decir que un fenómeno como el de la migración es muy complejo. Los problemas que trae consigo son graves, y de difícil atención. Pero la situación empeora si a los migrantes se les ve como enemigos en vez de considerarlos personas que en su país de origen sufren hambre, violencia y falta de un futuro promisorio para ellos y para sus hijos, y que por eso mismo buscan mejores oportunidades en país como Estados Unidos, que a sus ojos es el paraíso, la tierra prometida.
Lo ha sido para muchos durante varios siglos, de ahí la expresión que alguna vez se usó para calificar a la nación de Washington, Jefferson y Lincoln: the melting pot, crisol de fundición donde se unieron personas llegadas de todas partes del mundo para dar origen a un pueblo que llegó a ser el más poderoso del planeta. Rico, riquísimo es ese país, y mientras haya pobres en América Latina los seguirá atrayendo como imán, y México continuará siendo vía obligada de paso para ellos. No debemos perseguirlos, sino asistirlos. Que el trabajo sucio lo hagan otros, no nosotros…
Pomponita le dijo al galán que la cortejaba: “Las dos cosas que me gustan más de ti son tu franqueza y tu sentido del humor. ¿Cuáles son las dos cosas que te gustan más de mí?”. Respondió él: “Estás sentada encima de ellas”. (En su infinita sabiduría Dios, o la naturaleza para los no creyentes, dotó a la mujer de una región glútea más abundante que la del hombre, para que equilibrara el peso de la cría durante el embarazo.
O sea que el atractivo de esa atractiva parte femenina no es cuestión de estética, sino de ingeniería. Habrá quienes se decepcionen al considerar esto, pero es la realidad. Y bien vistas las cosas nada importa: ingeniería o estética, tal encanto es sobremanera encantador. Me viene a la memoria el caso de una hermosa chica que caminaba por una calle de su colonia, y se sobresaltó al oír pasos que la seguían.
Recobró la tranquilidad cuando vio que quien venía atrás de ella era un vecino suyo, amable caballero de avanzada edad. “Perdona si te asusté, linda -se disculpó el señor-. Es que no sabía si caminar atrás de ti y gozar de la vista o caminar junto a ti y gozar de la conversación”)… FIN. (Catón, Reforma, Opinión, p. 9)
Justo cuando un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) revela la importancia creciente de la población latina en la economía estadunidense en los distintos componentes del producto interno bruto (PIB), el fenómeno migratorio del sur al norte vive uno de sus momentos más álgidos y dolorosos, con un promedio diario de 10 mil personas cruzando la frontera sin estatus migratorio regular, con Eagle Pass, Texas, como su punto más sensible, seguido de el Paso, San Diego y Arizona.
La paradoja de ser un activo fundamental sobre el que descansa la fortaleza de la primera economía del mundo –mediante el trabajo, el consumo y la contribución fiscal de millones de inmigrantes de primera, segunda y tercera generación, la mayoría de origen mexicano y al mismo tiempo el maltrato de que son objeto quienes ahora pretenden ingresar– exhibe con crudeza la falta de una política de Estado en suelo estadunidense para un tratamiento racional y humano, de beneficio compartido, y no simplemente reactivo y de corto plazo, al fenómeno migratorio.
Las escenas desgarradoras del tránsito azaroso de miles de familias provenientes del sur y el centro del continente, cruzando selvas, ríos y desiertos, nos recuerdan la necesidad de un acuerdo supranacional que siente las bases para una reducción sustantiva de ese éxodo, desincentivando la partida, y un tratamiento más humanitario para quienes tengan que hacer ese recorrido extenuante y doloroso, en busca de mejores condiciones de vida.
La reducción de los flujos migratorios, como hemos señalado en este mismo espacio de opinión, implicaría atacar las causas sociales y económicas de fondo: generar condiciones de desarrollo, seguridad y empleo en los países expulsores, para encontrar en su propia patria lo que se busca fuera de sus fronteras nacionales.
Para quienes tienen que partir, lo racional es que se otorgue un estatus migratorio regular, temporal o permanente, para los que aportan su valiosa fuerza de trabajo en sectores que históricamente no atiende la población local de Estados Unidos. La reforma migratoria pendiente, muchas veces anunciada y nunca procesada.
Sólo eso, desincentivar y regular, haría innecesario el sufrimiento que hemos visto exacerbado estos días. La semana pasada los medios de comunicación dieron cuenta vívida y profusa de la manera como en la frontera sur de Texas, concretamente en el sector de Eagle Pass, se verificó un ingreso masivo de migrantes, dos de los cuales murieron en su intento de cruzar el río Grande, uno de ellos un niño de tres años.
Son escenas que no debieran presentarse más, ni en la frontera de México con Estados Unidos, ni en ningún otro lugar del mundo, como el mar Mediterráneo, frontera de Europa con África, donde los flujos irregulares no cesan y también se han dado hechos trágicos y deplorables, con la pérdida de cientos de vidas inocentes en 2022.
En el caso del continente americano, lo que estamos presenciando, desde el Tapón del Darién hasta la frontera México-Estados Unidos, es una de las mayores crisis humanitarias de la historia reciente de las Américas, como califica Adam Isacson, experto en defensa y seguridad de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), institución no estatal de Estados Unidos de derechos humanos. La violencia, la pobreza, la corrupción y el autoritarismo están empujando hasta a 10 mil personas diarias a arriesgarlo todo y huir, resume.
Mientras esto ocurre, la UCLA publicó un estudio, muy sustentado cuantitativamente, en el que revela que la población latina en Estados Unidos alcanzó en 2021 un PIB de 3.2 billones de dólares, lo que la constituiría en la quinta economía del mundo si fuera un país soberano en sí misma.
El PIB de la población latina ese año, cuando concluyó el estudio, se ubicó después del mismo indicador nacional de Estados Unidos, China, Japón y Alemania, superando ya la suma de bienes y servicios de economías de países como Reino Unido, Francia, Italia y Canadá. Ha rebasado también el producto interno bruto particular de todos los países de América Latina.
El estudio de la UCLA, que confirmó y actualizó la importancia creciente de la población latina, ya revelada por otras instituciones públicas y privadas, evidencia que, pese al desafío de la pandemia de covid-19 para todo el mundo, el PIB generado por los latinos creció 7.1 por ciento en 2021, ajustado a la inflación, superando 3 billones de dólares por primera vez en la historia.
Hay otro dato revelador de la importancia creciente de los latinos, como productores, consumidores y contribuyentes: a pesar de que representan sólo una quinta parte de la población estadunidense generaron 39 por ciento del crecimiento del PIB real del país en el periodo 2020-2021. Una cifra más: respecto de las 10 mayores economías del mundo, el producto interno bruto latino logró el segundo crecimiento más rápido en ese mismo periodo, sólo detrás de China.
En suma, es preciso dimensionar, sobre todo por quienes definen las leyes y las políticas públicas en Estados Unidos, la importancia capital de los migrantes, recientes y de pasadas generaciones en la construcción y el mantenimiento de la primera economía mundial, un reconocimiento que conduzca a un tratamiento más humanitario, justo y de beneficio compartido para quienes sólo buscan medios lícitos para una mejor calidad de vida. (José Murat, Presidente de la Fundación Colosio, La Jornada, Política, p. 16)
La búsqueda de una vida mejor está llevando a cientos de miles de personas a un calvario peor que del que tratan de huir. La migración no es un fenómeno nuevo, pero sí ha adquirido dimensiones nunca antes vistas. La crisis migratoria que sufre nuestro país genera efectos colaterales que cada vez pasan menos desapercibidos para la población general.
Lo que antes solamente era visible en las centrales de autobuses o cerca de las oficinas migratorias, se transformó en un hecho habitual: hoy podemos ver a los migrantes esparcidos por toda la ciudad de México. De acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones, nuestra frontera norte se ha convertido en la ruta terrestre más mortal del planeta para los migrantes.
Este mismo organismo de Naciones Unidas logró registrar en lo que va de este año la muerte o desaparición de 789 migrantes en esa zona, lo que representa 103 más que en todo 2022.Estas cifras coinciden con las que ha difundido la autoridad en México. De acuerdo a la Secretaría de Gobernación, agosto se convirtió en el mes de mayor flujo migratorio irregular del que se tenga registro.
El asunto se vuelve aún más complejo ante la inexorable participación del crimen organizado. Hay tanto dinero detrás del movimiento masivo de personas, que ya hay delincuentes víctimas de delincuencia. Por increíble que se escuche, se ha documentado que los traficantes de personas tienen que pagar extorsiones. Apenas este fin de semana en Tecate, Baja California, dos mexicanos murieron asesinados luego de un ataque armado a migrantes. Y es que es una zona controlada por un grupo criminal que exige pago por derecho de piso a los polleros.
Lo más dramático de este fenómeno son los constantes abusos y vejaciones que sufren las mujeres y los niños. Los menores son ahora reclutados por los traficantes para guiar a los migrantes que cruzan el río Bravo. Eligen a niños porque no pueden permanecer detenidos en Estados Unidos Se les considera como menores que viajan solos, por lo que son inmediatamente liberados y pueden regresar pronto a seguir trabajando para los criminales.
El gobierno mexicano destinará un presupuesto de 18 mil 948 millones de pesos en 2024 para atender el tema migratorio, pero no se trata de ayuda humanitaria. Más del 90 por ciento de esos recursos serán para labores de aseguramiento, contención y deportación. De hecho, ya se analiza la posibilidad de empezar a deportar a Ecuador, Venezuela y Colombia a los migrantes de estos países que sean rechazados en Estados Unidos.
Todas estas medidas de contención aportarán aún más tensión y penurias para los migrantes cuya situación actual demanda medidas urgentes. Solo un enfoque regional puede acercarnos a una verdadera solución. Así se planteó en el Diálogo Económico de Alto Nivel entre México y EU, allá en Washington.
Se habló de la necesidad de “coordinar estrechamente la asistencia para el desarrollo económico con el fin de mitigar las causas fundamentales de la migración. ¨El problema es que, a pesar de la urgencia, el tema no es realmente prioridad para ninguno de los dos países. La atención tanto en México como en Estados Unidos está puesta en la elección presidencial del próximo año.
En este clima preelectoral en el que casi todas las decisiones tienen un cálculo político, solo se moverán las fichas que generen popularidad. Seguramente escucharemos muchos discursos taquilleros y veremos pocas decisiones eficaces. También en ese escenario, los que llevan la de perder son los migrantes. (Paola Rojas, El Universal, Opinión, p. A16)
Hace cuatro años, Santiago Abascal, líder del partido “Vox” de España, manifestaba sus diferencias con el Papa Francisco sobre el tema migratorio. Intentando relativizar la enseñanza pontificia afirmaba: “cuando habla el ciudadano Bergoglio y da sus opiniones políticas, las respeto, pero no tengo por qué compartirlas y de hecho no las comparto”.
Al parecer, Abascal cree que la enseñanza pontificia sobre la migración son meras “opiniones políticas”, de tan bajo nivel sapiencial y magisterial, que pueden ser desechadas sin más por parte de la conciencia católica.
Sin embargo, los mensajes para la Jornada mundial del migrante que, año con año, el Papa comparte son parte de su magisterio ordinario, y se han convertido en una de las voces más apreciadas a nivel mundial para atender y entender la crisis migratoria contemporánea.
La ACNUR, la agencia de las Naciones Unidas para refugiados, en su informe de agosto de 2023, reporta que existen, tan sólo de Venezuela, más de 7.24 millones de migrantes y refugiados. 7.4 millones de personas están desplazadas por la fuerza en Colombia, El Salvador, Honduras y México; existen 285 mil personas refugiadas y solicitantes de asilo de Nicaragua y 636 mil personas solicitantes de asilo de El Salvador, Guatemala y Honduras. A esto se le aúnan 250 mil personas que han cruzado la selva del Darién, entre Colombia y Panamá.
UNICEF, por su parte, anota que 40 mil niños hicieron el cruce de la mencionada selva en 2022 y más de 60 mil niños lo han hecho en los primeros ocho meses de 2023. La mitad de ellos menores de cinco años.
Simultáneamente, el número de niños, niñas y adolescentes refugiados y migrantes detenidos en la frontera sur de Estados Unidos también ha ido en aumento.
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP) registra más de 149 mil niños cruzando en el año 2021 y más de 155 mil en el año 2022. En los primeros siete meses del año 2023, más de 83 mil niños ingresaron al país.
La migración no se realiza por turismo, por capricho o por deseo de incomodar. La enorme mayoría de los migrantes lo hacen de manera forzada. El Papa Francisco, en este sentido, afirma: “Los migrantes escapan debido a la pobreza, al miedo, a la desesperación. Para eliminar estas causas y acabar finalmente con las migraciones forzadas es necesario el trabajo común de todos, cada uno de acuerdo a sus propias responsabilidades.
Es un esfuerzo que comienza por preguntarnos qué podemos hacer, pero también qué debemos dejar de hacer. Debemos esforzarnos por detener la carrera de armamentos, el colonialismo económico, la usurpación de los recursos ajenos, la devastación de nuestra casa común”.
En efecto, las causas de la migración contemporánea son complejas y poseen un carácter estructural y sistémico. La corrección estructural del modelo general de desarrollo exige hombres y mujeres capaces de repensar y de gestionar el bien común de una manera más integral. Sin embargo, esta capacidad no se improvisa. Nada más peligroso para el escenario actual que el mundillo de las ocurrencias, los fáciles mesianismos, y la falta de formación rigurosa.
La crisis migratoria requiere ser resuelta de raíz y no ser objeto de soluciones meramente populistas y/o demagógicas. (Rodrigo Guerra, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, El Heraldo de México, País, p. 9)
El ex Presidente Donald Trump y los otros aspirantes presidenciales del Partido Republicano aseveran que Estados Unidos está siendo invadido por migrantes indocumentados mexicanos que son responsables del contrabando de fentanilo al país.
Sin embargo, los candidatos republicanos están distorsionando totalmente la realidad y difundiendo una narrativa falsa. Lo que no están diciendo es que la mayoría de los migrantes que cruzan la frontera sin documentos no son mexicanos, sino venezolanos y centroamericanos, y que los datos oficiales muestran que los indocumentados no tienen prácticamente nada que ver con el tráfico de fentanilo.
Según datos oficiales, casi todo el fentanilo ingresa en Estados Unidos a través de puertos de entrada legales, incluidos los aeropuertos. Lo que es más importante aún, la mayor parte de esta droga es contrabandeada por ciudadanos estadounidenses.
Las llegadas ilegales a través de la frontera sur han vuelto a ser noticia porque aumentaron un 30 por ciento en julio y agosto, después de haber disminuido ligeramente en mayo y junio.
Pero Trump y los otros aspirantes republicanos están falseando los datos oficiales para culpar a los indocumentados del tráfico de fentanilo y alimentar el racismo de muchos de sus seguidores. Como buenos populistas, culpan a los de afuera.
Hablando de los migrantes, Trump comentó en un mitin de campaña reciente que si gana las elecciones detendría “la invasión” de indocumentados, y enviaría “miles de tropas” a la frontera”.
En el segundo debate republicano la semana pasada, al que Trump decidió no asistir, todos los aspirantes republicanos parecían competir para ver quien adoptaba la línea más dura contra los migrantes mexicanos y México. Algunos, como DeSantis y Nikki Haley, pidieron una intervención militar estadounidense en México para combatir a los carteles de la droga.
Sin embargo, según el servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), la mayoría de los indocumentados que están cruzando la frontera no son mexicanos.
“Si se consideran todas las llegadas irregulares a la frontera suroeste de Estados Unidos este año fiscal, los mexicanos representan solo el 30 por ciento”, me indicó Colleen Putzel-Kavanaugh, analista del Instituto de Política Migratoria, un centro de investigaciones no partidista.
“El resto son principalmente venezolanos, hondureños y guatemaltecos”.
En agosto, hubo 51 mil 913 llegadas de migrantes indocumentados a través de los cruces fronterizos entre Estados Unidos y México, de los cuales solo 15 mil 990 fueron mexicanos. El resto eran venezolanos, haitianos, cubanos, centroamericanos, africanos y asiáticos, según datos de la guardia fronteriza.
Lo que constituye una mentira aún mayor por parte de los aspirantes republicanos es su afirmación de que los indocumentados son los culpables del tráfico de fentanilo. Más de 73 mil estadounidenses murieron por sobredosis de fentanilo en 2022, más del doble de la cantidad de muertes por esa droga en 2019, según el Centro para el Control de Enfermedades.
De acuerdo con datos oficiales, el 86.2 por ciento de los delincuentes condenados por tráfico de fentanilo son ciudadanos estadounidenses.
Lo que es aún más revelador, un estudio del Instituto Cato encontró que sólo el 0.02 por ciento de las personas interceptadas mientras intentaban cruzar la frontera ilegalmente llevaban fentanilo.
Los indocumentados que cruzan la frontera saben que pueden ser detenidos y registrados por los guardias fronterizos, y por lo tanto no se meten en ese negocio. Por eso, la mayoría de los traficantes de fentanilo son ciudadanos americanos que entran al país por cruces legales, o aeropuertos, donde la posibilidad de ser registrados es mucho menor.
Pero a pesar de todas las evidencias en sentido opuesto, una encuesta de NPR-Ipsos mostró que el 60 por ciento de los votantes republicanos cree que la mayor parte del fentanilo que ingresa al país es contrabandeado por indocumentados.
En lugar de invadir México o enviar tropas a la frontera, como piden los aspirantes republicanos, Washington debería aumentar la detección de fentanilo en los puentes fronterizos y los aeropuertos. Y, por supuesto, debería aumentar la educación, la prevención y los tratamientos para reducir el consumo de fentanilo en Estados Unidos.
De manera que la próxima vez que escuchen a los aspirantes republicanos -o a Fox News y otros medios de propaganda republicana- decir que los indocumentados están causando la crisis del fentanilo, sepan que están mintiendo. Están engañando a la gente, sin hacer nada para solucionar los problemas. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)
En una relación que en su día a día es dominada por la retórica, la pasada reunión del Diálogo Económico de Alto Nivel México-Estados Unidos fue una rara muestra del pragmatismo de ambos gobiernos y de la complejidad de los vínculos bilaterales.
En el lado estadounidense, la imagen de la relación es dominada por la crisis fronteriza, creada tanto por el explosivo crecimiento del intercambio como por la llegada de decenas, o cientos de miles de migrantes centro y sudamericanos, así como de otras regiones del mundo y nuevos migrantes mexicanos.
Peor aún, la gran mayoría de los aspirantes a la candidatura presidencial republicana enfatiza la posbilidad de usar recursos militares –de soldados de Fuerzas Especiales a bombardeos– para combatir en México a los cárteles del narcotráfico y, en especial, los laboratorios fabricantes de fentanilo.
La idea general es mostrar al presidente Joe Biden como débil, al margen del presunto beneficio de agitar los miedos y temores de un sector de la población estadounidense ante la llegada de inmigrantes y las muertes por fentanilo.
En el lado mexicano, la retórica ha sido defensiva y más enfocada a subrayar las diferencias con su principal socio comercial, de la ayuda a Ucrania a los vínculos con otras regiones del mundo, de Rusia y China a Brasil o Europa, mientras lucha por enfrentar la crisis migratoria y los problemas del narcotráfico.
Pero ambos países enfrentan frecuentes dosis de realismo, que sin ser tan dramáticas como los problemas subrayan lo que está en juego.
“Tenemos la tremenda oportunidad de hacer de Norteamérica la más competitiva, más productiva y más dinámica región del mundo”, dijo el secretario de Estado Anthony Blinken, durante el encuentro del viernes.
La secretaria mexicana de Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena, anotó a su vez, que “nos hemos convertido en el primer socio comercial de Estados Unidos y eso significa muchas cosas. Indica que hay responsabilidades, compromisos. Y diría también que hay una visión compartida para crear una de las más poderosas áreas hablando económica y socialmente”.
La cooperación va de cuestiones policiales y de seguridad a la economía y la creación o fortalecimiento de cadenas de producción.
Hay diferendos de muy alto perfil entre los dos países, en torno a la prohibición mexicana a la importación de maíz transgénico, a la política energética mexicana, sujetos ya al trabajo de abogados especializados.
Queda implícito el interés estadounidense en un vecino estable y el mexicano en una relación que asegure su prosperidad.
Un pequeño aparte durante la visita de Bárcena a Washington puso, sin embargo, de relieve una dimensión usualmente ignorada de la relación bilateral: el vínculo con los ya más de 35 millones de estadounidenses de origen mexicano. La reunión con miembros del Caucus Hispano, formado por los diputados de origen latino en el congreso estadounidense destacó un intento de acercamiento que no había sido frecuente los últimos años. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Online)
Cuando en septiembre del 2021 se anunció el relanzamiento del Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN) entre México y Estados Unidos, la intención del presidente Biden fue contar con un foro en el que los secretarios del gabinete económico de ambos países pudieran generar proyectos bilaterales que contribuyan al crecimiento económico sustentable de América del Norte, de manera de convertirla en la región más competitiva del mundo y enfrentar los retos de China. Al cumplir con este objetivo, también se lograría generar empleos permanentes y bien pagados que ayudarían a reducir la pobreza y la desigualdad en México, y sería un elemento estratégico para mitigar la migración proveniente de centro y Sudamérica. Pero la reunión del pasado viernes dejó muchas dudas sobre el futuro del grupo.
La agenda y el lenguaje del DEAN reflejan las prioridades económicas del gobierno de Biden. Su reunión ministerial busca ofrecer el marco necesario a los proyectos que fortalezcan la economía regional y atender los fenómenos económicos que puedan afectarla, como el cambio climático y la inmigración, y el T-MEC es el marco para su implementación.
Los cuatro ejes de trabajo son: I) Generar un entorno económico estable, que fortalezca las cadenas de suministro y produzca otras nuevas; II) Promover el desarrollo económico sustentable y social del sur de México y Centroamérica; III) Garantizar las herramientas digitales para la prosperidad y seguridad cibernética; y IV) Incluir en la economía a sectores relegados como las mujeres, comunidades indígenas y la comunidad LGBTQ+ para contar con la fuerza laboral mejor preparada. (Jorge Molina Larrondo, Consultor en Políticas Públicas y Comercio Exterior El Financiero, Economía, p. 8)
Desde los orígenes de El arte de la guerra de Sun Tzu hasta nuestros días, siempre se ha sabido que las guerras se libran entre personas y las personas –con independencia de cuál sea nuestro origen étnico, religioso, social o de cualquier otro orden– tenemos un repertorio de acciones y reacciones derivado de nuestros sentimientos y estados de ánimo. Dicho de otra forma, los seres humanos muchas veces nos dejamos llevar más por lo que sentimos que por la lógica y la razón. Por poner algunos ejemplos, la ira, la envidia, el resentimiento y el odio son sentimientos que han iniciado y desencadenado un sinfín de guerras y batallas a lo largo de nuestra historia.
Todo aquel que es un buen guerrero sabe que la guerra sólo puede ser total y que una cosa es usar tambores de guerra para asustar a la gente y otra cosa es que una vez que la guerra empieza, no hay espacio para dudas y todo se resume en dos posibilidades: vencer o ser vencido. O bien se utilizan todos los medios para conseguir la victoria o, de lo contrario, el enemigo se aprovechará de la tibieza mostrada y no pensará dos veces para alzarse con el triunfo. Dicho esto, es necesario e indispensable cambiar la perspectiva sobre lo que está pasando en nuestro país y dejar de argumentar o tratar de interpretar el panorama actual o hacia dónde se dirigen las cosas.
Estamos en medio de una guerra total donde el primer mandato es anular el triunfo, las ganas y cualquier posibilidad de victoria en el enemigo. Y, en segundo lugar, hay que hacer tierra quemada y dejar claro que no habrá perdón, olvido, piedad ni conmiseración para los que estén o formen parte del bando opositor. Las guerras en el México de la época previa a la llegada de Hernán Cortés eran salvajes y brutales; sírvase como ejemplo las batallas libradas entre aztecas, toltecas, tlaxcaltecas y los enfrentamientos entre las distintas tribus y civilizaciones prehispánicas y precoloniales. No fue hasta que la potencia colonizadora e invasora, la España de los reyes católicos y de Hernán Cortés, pisó por primera vez suelo mexicano y cambió el rumbo de la historia. La llegada de los españoles a México es un tema que hasta la fecha sigue siendo debatible en Europa en el sentido de que aún no queda claro qué país actuó de manera más cruel, España o Turquía.
Son tantos los libros escritos sobre la Guerra Civil española y los rastros que dejó con el paso del tiempo, que no es complicado entender por qué había no solamente que ganar –que eso es obvio–, sino por qué había que eliminar toda posibilidad de contestación por parte de los que estaban siendo derrotados. No bastaba con matarlos, además era necesario colgarlos de los postes del telégrafo y exponerlos en la vía pública para que todo el mundo pudiera ser testigo cuál era el destino de todo aquel que no formara parte del bando victorioso.
Que nadie se equivoque, desde hoy hasta el 2 de junio de 2024 la guerra es total y sin cuartel. No habrá ley ni instrumento del Estado ni nada que sea capaz de protegernos ante las necesidades e intereses del poder. No tenemos más posibilidad y esperanza que la de que se multipliquen tanto los problemas y las necesidades operativas de los que quieren ganar a costa, o haciendo uso de los recursos del Estado, que no les dé tiempo ni capacidad de realizar todo lo planeado. Por eso, no me extraña que los principales líderes de los partidos políticos que conforman al Frente Amplio por México tengan una enorme tentación. ¿Ganar la Presidencia? Lo dudo. ¿Evitar que Morena consiga la mayoría en el Congreso? Si pueden evitarlo, lo harán sin pensarlo. Y es que al final la gran tentación es seguir ocupando sus escaños en el Senado y en la Cámara de Diputados, que –tal y como actualmente están las cosas– parece que eso depende más de quien está a cargo del rumbo del país que de la voluntad del pueblo mexicano.
No hay que caer en engaños, ya que todo lo que suceda en el devenir político de nuestro país se verá acompañado por cubrir el más amplio espectro, de alcanzar, si no es posible los 30 millones de votos –que resulta prácticamente imposible conseguirlo y que además es algo que no perdonaría ni permitiría el presidente López Obrador–, sí es indispensable lograr una victoria contundente e indiscutible. Para poder consumirse la transición deseada por el líder de Morena y no dejar duda de su mandato y legado, Claudia Sheinbaum tiene la responsabilidad y encomienda de ganar de tal manera que no queden dudas, dejando sin posibilidades a la oposición.
Desde hace muchos años hay un asunto pendiente en la democracia mexicana que es el tema relacionado con los migrantes. He sido testigo de las tragedias que sufren los mexicanos que emigran del país, especialmente de aquellos que buscan nuevas oportunidades en Estados Unidos. Pero más allá de la importancia que por sí mismo tiene este tema, lo más relevante de frente a los comicios del próximo año es la capacidad, libertad, pero, sobre todo, la preferencia al momento de votar de los mexicanos que no residen en nuestro territorio.
Desde la creación del IFE ha habido un constante debate sobre el censo de población mexicana y sobre las capacidades y derechos de los mexicanos que viven en el exterior. En estas circunstancias y siendo conscientes de que Sheinbaum tendrá que obtener una victoria total, será indispensable que todos los consulados de México en el extranjero funjan como oficinas electorales del INE y que se catalogue al pasaporte como documento válido para votar. Y es que con tantos millones de mexicanos viviendo específicamente en Estados Unidos, este es y será un factor clave para inclinar la balanza para cualquier lado. Para lograrlo, es indispensable crear una narración que sea capaz de dar un sentido de identidad y pertenencia a quienes viven fuera con la realidad y quien termine ganando la elección.
Dicho lo anterior, algo que a muchos pudo sorprender, pero que yo vi como lógico, fue la aparición del eslogan #EsClaudia en las pantallas de Times Square, el pasado martes 26 de septiembre. Seguramente se trató de una simulación o de una prueba, pero lo que definitivamente no es una prueba es su deseo de monopolizar el deseo y voto de los migrantes.
Mientras eso sucede en la Gran Manzana, aquí sigue latente la discusión sobre si los del Frente Amplio por México realmente quieren vencer a los pronósticos y ganar la contienda electoral. La elección presidencial, que hasta el momento ha sido dirigida desde Palacio Nacional y encargada por Claudia Sheinbaum, no pierde ni un segundo en consolidar lo que es el dominio territorial, económico y político sobre el cuerpo electoral.
Dada la importancia que han adquirido las remesas, dado lo que significa el gran fracaso del tema migratorio tanto para México como Estados Unidos, no me sorprende para nada que haya toda una estrategia y plan de acción para obtener todos los votos del extranjero. Pero, sobre todo, haciéndoles creer que no sólo se fue culpable de forzarlos a buscar más y mejores oportunidades pasando las fronteras, sino que se pretende acompañarlos en esta pseudorrevolución migratoria que se ha puesto en marcha hace años.
Para lograr la acometida, la primera parte del plan consiste en conseguir dominar el proceso electoral, y para eso es importante, primero, la comprensión del INE. Después, la multiplicación de todos los elementos de desarrollo e infraestructura haciendo uso de los consulados ubicados principalmente en Estados Unidos.
Y, por último, es necesario crear un mecanismo de colaboración entre el gobierno mexicano y el estadounidense para darle una buena salida al futuro migratorio. Morena y, principalmente Sheinbaum como defensora de la cuarta transformación, buscan que los migrantes sean un factor decisivo que permita dar continuidad y consolidar el movimiento iniciado por López Obrador.
No me sorprende ni me extraña que la campaña haya empezado en las superpantallas de Times Square, y es que realmente de lo que se trata es que ninguna ley, ninguna condición previa ni ninguna situación sean capaces de hacer dudar de que la victoria tendrá que ser inapelable. Por eso, #EsClaudia.
En cualquier caso, es necesario comprender que esta campaña es una campaña en la que no solamente se están rompiendo todos los antecedentes. Se trata de una campaña inédita que inició en el año 2018 –o incluso desde antes– y que aún sigue en curso. Y es que de lo que dificilmente habrá dudas es sobre el hecho de que, mañanera tras mañanera, realmente esta administración fue más de palabras y exposiciones que de hechos y resultados. Viene Claudia Sheinbaum y lo hace, primero, tratando de estar a la altura de su predecesor. A pesar de ser consciente de la dificultad de alcanzar los más de 30 millones de votos conseguidos por López Obrador, tiene la ilusión y la esperanza de lograr la acometida. La doctora Sheinbaum también es consciente de que, para realmente lograr sus planes y objetivos, el próximo año tendrá que conseguir una victoria rotunda que no sólo no deje dudas, sino que además le permita gobernar libremente.
Sheinbaum no logrará conseguir el histórico apoyo obtenido por López Obrador; no obstante, sabe que tiene que aprovechar la oportunidad que representa el voto de los migrantes en Estados Unidos y hará todo lo posible por contar con ellos. Se trata de millones de votos que serán imposibles comprobar su validez o su precedencia. Pero no sólo eso, sino que lo que también hace interesantes y especiales las próximas elecciones es, por una parte, el ajuste del nuevo INE y, por la otra, la coincidencia con el proceso electoral estadounidense.
Inicia la guerra, ¿quién y cómo la ganará? (Antonio Navalón, El Financiero, Enfoques, p. 31)
El fenómeno que nos ocupa no es exclusivo de nuestra región, imágenes de dolor brotan aquí y allá. Medios de comunicación de diversas partes del mundo han registrado la situación que prevalece en torno a los flujos migratorios en el continente americano, específicamente en el intento de familias centroamericanas que buscan llegar a Estados Unidos, con todo lo que ello significa.
En ese esfuerzo cruzan ciudades, pueblos, rancherías, selvas y bosques. Algunos de ellos lo hacen caminando y por algunos segmentos a bordo de algún autobús o un tren, jugándose la vida, y recorriendo un sendero en el que existen tantos riesgos como kilómetros de distancia.
Como motor del andar de las familias, la necesidad de abandonar la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades que imperan en sus países de origen; alrededor de su caminar, una serie de grupos y factores que incentivan y a la vez dificultan la migración para aprovecharse de ella, con intereses políticos y/o económicos.
Muchos niños, mujeres, hombres jóvenes, con algunas pertenencias indispensables, que seguramente se vuelven pesadas, pero necesarias en el andar; con la esperanza de dejar atrás la desolación del pasado y en la búsqueda de un futuro mejor. Se arriesgan en agua y tierra, se envuelven, arrastran y contorsionan para atravesar el alambre de púas sembrado en la frontera sin lacerarse.
Los municipios y ciudades, tanto en territorio mexicano como en territorio estadounidense, registran severas complicaciones para brindar lo mínimo necesario a los migrantes y mantener el orden comunitario. La emergencia está presente y los recursos para atenderla nunca son suficientes.
El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, no se equivoca al subrayar y cultivar la atención de las causas que provocan la migración. En ese sentido, resulta fundamental combatir la pobreza y la violencia en los países expulsores de migrantes mediante la atracción de inversiones y la creación de empleos. No serán las fronteras las que logren frenar los flujos migratorios, sino la satisfacción de las necesidades mínimas de bienestar de las familias las que logren fijarlos a su territorio.
La solución no será inmediata, pero cuanto antes se fortalezcan este tipo de medidas, políticas y programas, mejores resultados se registrarán en el desarrollo de la misma. En voz de Tonatiuh Guillén, la motivación económico-laboral ha sido substituida por la violencia, que ha provocado el desplazamiento de millones de familias en busca de salvar la vida. La primera motivación registrada principalmente en hombres en edad productiva, y la segunda en familias enteras.
Ante grandes retos, deberemos buscar articular soluciones en las que tanto el sector público, privado y social, unan esfuerzos regionalmente. Debemos pensar en dos vías paralelas: la atención de la emergencia en lo inmediato, y la atención de las causas en el mediano y largo plazo. En el proceso, poner a salvo a las familias y lograr que se inserten en una actividad productiva legal, que les permita sostenerse y agregar valor al sitio al que arriban. (David E. León Romero, La Razón, México, p. 10)
Mientras en el Partido Republicano siguen preguntándose quién ganó el segundo debate entre seis de sus siete precandidatos a la presidencia (el exvicepresidente, Mike Pence; el gobernador de Florida, Ron DeSantis; el empresario, Vivek Ramaswamy; la ex gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley; el ex gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie; el senador de Carolina del Sur, Tim Scott; y el gobernador de Dakota del Norte, Doug Burgum), los números en las encuestas no dejan lugar a dudas: sin participar en ninguno de los debates, Donald Trump sigue siendo, para pesar de millones de personas, el alma de la fiesta republicana.
No sólo está muy adelante en las preferencias del Gran Old Party (55% por 13% que tiene DeSantis, su más cercano perseguidor), sino que, incluso, según una encuesta publicada por The Washington Post y ABC News, Trump podría ganar la presidencia contra el demócrata y actual presidente Joe Biden.
Más allá de la gran popularidad que tiene Trump en sectores extremistas y que lo mantienen a la cabeza en las preferencias de los republicanos, es inevitable hacernos una pregunta: ¿Qué visión tienen los otros candidatos de su partido en materia migratoria? Los analistas políticos coinciden en que la migración fue uno de los principales ejes del debate y en el que todos pusieron el dedo sobre la llaga. Por ejemplo, Nikki Haley se comprometió a desplegar 25 mil agentes fronterizos más para “contener” la entrada de “seis millones de migrantes indocumentados” y detener una crisis que “mata a más estadounidenses que las guerras de Irak, Vietnam o Afganistán juntas”.
Por su parte, Vivek Ramaswamy definió como un “queso suizo” a la frontera entre Estados Unidos y México. Mientras que el polémico Ron DeSantis (conocido por poner en marcha la Ley Antiinmigrante más dura en la historia de Estados Unidos), prometió utilizar a militares estadounidenses.
Podríamos seguir analizando el segundo debate entre los precandidatos republicanos, como el tema económico en el que, a su manera, cada uno prometió emprender acciones para beneficiar a las familias norteamericanas. Sin embargo, ¿qué pasa con la comunidad latina que empuja con su sudor, lágrimas y sangre a la economía más poderosa del mundo? Habría que mandarles a los republicanos (y a Joe Biden y compañía, de paso) el U.S. Latino GDP Report, realizado por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), que nos facilita datos muy reveladores al respecto. De entrada, nos indica que la producción económica total (o PIB) de los latinos que viven en Estados Unidos en 2021 fue de 3.2 billones de dólares, frente a 2.8 billones en 2020, 2.1 billones en 2015 y 1.7 billones en 2010. Es decir, ¡en la última década casi se ha duplicado el PIB de los latinos en la Unión Americana!
Como lo informa el U.S. Latino GDP Report, si los latinos que viven en Estados Unidos conformaran un país, serían el quinto PIB más importante del mundo, superando a naciones como la India, el Reino Unido y Francia. Así mismo, el estudio afirma que si sumáramos el PIB Latino más el PIB de México se generaría una zona económica que ocuparía el tercer lugar a nivel mundial. ¿Se imaginan el impacto que tendrían nuestros paisanos que viven en territorio estadounidense tan sólo en el desarrollo de México, ahora que estamos sumergidos en una crisis sin precedentes? Sabemos que de alguna manera ya lo hacen a través del envío de sus remesas, sin embargo, su participación puede y debe ser estratégica, incluso en materia política y no sólo como votantes sino como posibles perfiles para puestos de elección popular. ¡Sería histórico y trascendente el papel de nuestros migrantes!
A pesar de que muchos de los republicanos y de los demócratas siguen sin reconocer la trascendencia de las comunidades latinas en su país, y de que en nuestra propia tierra no se han generado las condiciones para que los migrantes se involucren estratégicamente, les puedo decir que la esperanza llegó al “estado 33 mexicano”. Me explico. Tuve la oportunidad de acompañar a la coordinadora (no podemos decir “candidata”) del Frente Amplio por México, Xóchitl Gálvez Ruiz, durante su visita a California.
En esta gira nos habló de que nuestro país es una nación de 170 millones de mexicanos dividido sólo por un río y que, para solucionar los problemas de los migrantes, es necesario escucharlos de cerca y no sólo saludarlos de lejos (como lo hizo el presidente López Obrador desde la ventana de un hotel en una visita a Estados Unidos).
En su recorrido por California, Xóchitl participó en la pisca de fresa en compañía de migrantes mexicanos, porque, como ella misma lo dijo, “gracias a su trabajo, la economía norteamericana se mantuvo funcionando durante la pandemia”. Si algo tenemos claro en el Frente Amplio por México es el dolor que pasan nuestros paisanos en Estados Unidos al no ver a sus familias durante muchos años.
Pero, por otra parte, estamos seguros de que tienen un papel muy importante que jugar en nuestra principal encomienda: corregir el rumbo de México. Por eso, estamos envolviendo varios ejemplares del U.S. Latino GDP Report para enviarlos a las oficinas del Partido Republicano, del Partido Demócrata y, además, unos cuantos más para Palacio Nacional en la Ciudad de México. (Juan Hernández, Coordinador Nacional de Acción Migrante, El Sol de México, Análisis, p. 12)
Tras la pandemia se acuñó un concepto perverso: nueva normalidad, dando a entender que la vida volvía a ser como antes, aunque no tanto. Una idea similar es la que nos tratan de vender con lo que ocurre en Chiapas (y con lo que le ha ocurrido). La violencia criminal, la cultura del peligro cotidiano y la convivencia con muertos y desaparecidos (blancos de un solo tiro) resulta común a demasiadas regiones y localidades de México. Entonces, ¿por qué extrañarse de que eso pase en dicho estado del sureste?
Ya nos tranquilizó el presidente asegurando: lo hemos visto aquí, y se los voy a recordar, es de los estados con menos violencia en el país. Consideró propaganda adversa las informaciones que sugieren algo distinto y magnifican o exacerban la situación (La Jornada, 28/9/23).
Hemos de admitir que si el país está peor que Chiapas, es que se encuentra en emergencia continua: los muertos se suman en otras entidades, desaparecidas y desaparecidos son cosa de todos los días y a cualquiera le puede tocar una bala. Carreteras bloqueadas entre llamas, una ejecución aquí, una emboscada por allá. Gente levantada, desplazada, extorsionada.
Hace ya sexenios que nos venimos acostumbrado al escalamiento del juego de policías y ladrones, charros contra gánsteres, que evolucionó a enfrentamiento entre los ejércitos del bien y el mal. El narcomapa del país (y del mundo) se expande a velocidad de hongo. El concepto cártel mexicano devino paradigmático, universal, cinematográfico. A todo se acostumbra uno, pero admitamos que vivimos en un país peligroso.
Todo esto lleva a la pregunta: ¿por qué Chiapas no es lo mismo? ¿Cuál es la gravedad de su circunstancia actual, dentro de lo grave de la expansión sostenida del crimen organizado, sus controles territoriales, la corrupción de muchas relaciones y transacciones, el tráfico de personas y sustancias?
En primer lugar, es la única frontera real con el sur de América, de donde provienen drogas (cocaína) y dólares abundantes en ineluctable ruta a Estados Unidos. Ingresa por ahí el éxodo generalizado del sur hacia el norte anglosajón. En semanas recientes, la cifra de migrantes que llegan a México se ha vuelto estratosférica.
Se refleja en los tráileres rescatados o accidentados llenos de migrantes, en parques y albergues, carreteras y trenes, en la vasta frontera con la Unión Americana. Pero prácticamente toda esa masa humana entra por Chiapas. Y le urge salir de ahí. Esto hace jugoso el valor comercial de esa multitud indocumentada que va sucesivamente del infierno al limbo y de vuelta al infierno como materia prima de mafias y redes criminales.
La previsible actuación de grandes cárteles en esta frontera no es nueva, aunque nunca estuvo tan revuelta. Se atribuye al ex procurador estatal durante el primer sexenio del siglo XXI, Mariano Herrán Salvati, haber logrado un hábil pacto con los del Golfo (y Zetas) y con los de Sinaloa, repartiendo las rutas en direcciones divergentes: una por la costa del Pacífico, y otra hacia el Golfo de México. Supe de primera mano que existía un rancho de El Chapo Guzmán en la costa sur de Chiapas, donde a veces se alojaba el hombre más buscado del mundo. Era vox populi en la región, en Tuxtla Gutiérrez, en todas partes.
Esto sin duda calmaba el frente interno, en una entidad tan explosiva en ese entonces, con el alzamiento zapatista todavía en el centro de la mesa política. El gobierno se pisaba la cola por las terribles masacres apenas ayer en los Altos y la región chol. La profusa militarización era única en un país aún no sobrepoblado de tropas y patrullas, como nos lo dejarían Calderón y García Luna a partir de 2007. Los pueblos originarios, sobre todo los de origen maya, andaban muy alebrestados, y los mejor organizados eran autónomos, revolucionarios, armados y no dados a la transa.
En Chiapas nacieron y se consolidaron otros poderes indígenas reales, como los cacicazgos del pueblo tsotsil chamula, divididos en tradicionalistas dentro de su influyente municipio, y expulsados (en la década de los 80 por intolerancia religiosa, refugiados en el norte de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas y otras partes de su municipio, como Betania). Los medios lo llamaron Chamula Power. Se sabe de sus boyantes negocios regulares, y los irregulares: transporte de maderas, trasiego de armas, drogas, migrantes indígenas a Estados Unidos, pornografía de producción propia. En ambos extremos de la chamulidad hay poder y fuerza reales.
En los Altos, la selva y el norte operan todavía grupos paramilitares contrainsurgentes. Convertidos en bandas criminales, causan zozobra en Aldama y agitan las aguas en Chenalhó, Pantelhó, Sitalá. Confirman que todo Chiapas es ruta para los traficantes.
A pesar de sus contrapesos populares, los ingredientes de excepción en el estado resultaron un caldo de cultivo propicio para la implantación territorial, social y política del narcopoder verdadero, que domina zonas, barrios o regiones en todo el país y tiene presencia mundial.
“Chiapas es uno de los estados donde menos se respeta el estado de derecho. De acuerdo con el Índice de Estado de Derecho en México 2021-2022 existe un fuerte deterioro del sistema de justicia”, escribe Carlos Soledad. Y acusa a la ausencia de contrapesos institucionales, un estancamiento en la lucha contra la corrupción, además de una inseguridad creciente.
Se habla de narcopolítica con soltura. Alcaldes, representantes y funcionarios caen en la tentación por las buenas o por las malas. Ello, considerando que los tres últimos gobernadores (Sabines, Velasco, Escandón) fueron decorativos, casi ausentes, todo menos gobernantes en un estado donde la autoridad oficial carece de autoridad real ante muchos pueblos y comunidades.
Se avecinan nuevas elecciones. La nunca confiable clase política chiapaneca, hoy apiñada en Morena y su aliado Verde, lucra y especula con la negación de lo que ocurre, teniendo las manos en la masa y siendo parte del asunto.
La vida cotidiana cambió. Más insegura, más cínica, más fatalista. Quizá sean comparativamente correctas las cifras oficiales, pero luego de medio siglo de conocer la entidad, creo que por la delincuencia las cosas están, como nunca, de la fregada. (Hermann Bellinghausen, La Jornada, Cultura, p. 4a)
La semana pasada, los hechos registrados en Frontera Comalapa y municipios aledaños –una región que por días estuvo paralizada por el conflicto entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa– acapararon la atención de los medios. Esta difícil situación, y la resistencia del Presidente para aceptarla, fueron también el tema central de las conferencias de prensa mañaneras en Palacio Nacional.
Sin embargo, la crisis de violencia en Chiapas no es un problema de los últimos días. Hace poco más de un año publiqué en este espacio un texto titulado Otra vez, Chiapas es una bomba de tiempo. Desde entonces ya advertía sobre los mismos fenómenos que se han salido de control en las últimas semanas: los desplazamientos forzados, las desapariciones de personas y los bloqueos carreteros, con su efecto devastador sobre la economía local.
Lo que ocurre en Chiapas es resultado de una evolución de largo plazo, que hemos observado por lo menos durante los últimos tres lustros. Cuando las crisis de violencia criminal estallaron, en el verano de 2008, éstas se concentraron en algunas regiones y ciudades clave para el tráfico trasnacional de drogas, sobre todo al norte del país. Tijuana y Ciudad Juárez fueron los ejemplos más claros de estas crisis tempranas. Un poco después la violencia golpeó fuerte el noreste, incluyendo la Zona Metropolitana de Monterrey.
En las ciudades del norte, generalmente con más recursos, las autoridades han logrado recuperar el control, o al menos mantener a raya algunas de las actividades más nocivas de la delincuencia (después de miles de muertos y varios años de zozobra). Desafortunadamente, el crimen organizado ha respondido expandiendo sus actividades hacia el ámbito rural y hacia estados y municipios donde las capacidades institucionales son menores. En esos contextos los grupos criminales se enquistan y resulta extremadamente difícil limitar sus operaciones, al grado que llegan a convertirse en el gobierno de facto. Esta situación ha prevalecido por años en la Tierra Caliente de Guerrero, Michoacán, Morelos y el Estado de México. Ojalá me equivoque, pero todo apunta a que lo mismo va a ocurrir en Chiapas, donde el problema no sólo no se resolverá, sino que tenderá a agravarse en los próximos meses. Hay tres factores que abonan a ello.
El primero es que el tráfico de migrantes es un negocio fabuloso y, al parecer, inagotable. Ni el CJNG ni el Cártel de Sinaloa, ni las mafias locales con las que operan, están dispuestos a soltar a esta gallina de los huevos de oro.
El segundo son las elecciones del próximo año, en las que no sólo se renovará la gubernatura, sino también los ayuntamientos de los 124 municipios del estado. Ambas coaliciones criminales, Jalisco y Sinaloa, van a intentar imponer gente afín a sus intereses. Casi con certeza tendremos, además de agresiones a candidatos, violencia armada entre comunidades o bandos políticos rivales. En muchos municipios hay hondos conflictos locales. La presencia de grupos armados los potencia, como ocurrió este fin de semana en Altamirano.
El tercero, y más importante, es que en el Cártel de Sinaloa ya le tomaron la medida al gobierno. Se dieron cuenta de que cultivar una base social es la clave para operar de forma impune. Las autoridades rara vez actúan cuando se percibe que quien bloquea una carretera, quema negocios o secuestra funcionarios, forma parte de “la comunidad”. En Aguililla, entre otros municipios de Michoacán, los criminales se han apoyado en este esquema para mantener incomunicadas algunas localidades, a veces por semanas. El esquema, al parecer, se está replicando con éxito en Chiapas.
En este sentido, no es gratuita la demostración de supuesto apoyo popular que el Cártel de Sinaloa recibió en Frontera Comalapa hace algunos días. En Chiapas, la estrategia del Cártel de Sinaloa es de paramilitarismo, financiar grupos armados, que son bien vistos por algunos empresarios y por algunos sectores de la población (hartos de los abusos del CJNG, la organización que se percibe actualmente como la más agresiva).
En resumen, el panorama es desolador. La situación es crítica, y no tiene visos de mejorar. Así lo señalan los periodistas que hacen trabajo de campo en Chiapas, los empresarios que mueven mercancía en el estado y cualquier vecino de las localidades afectadas. Lo que se ha hecho hasta ahora –mandar en ocasiones más elementos de la Guardia Nacional– no ha funcionado. Si no se plantea una solución de fondo, el próximo año se podría vivir una situación similar a la que se registró en Michoacán a principios de 2013, cuando dicho estado estuvo al borde de una guerra civil. (Eduardo Guerrero Gutiérrez, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 39)
El presidente López Obrador intenta subestimar las advertencias de Estados Unidos.
Grave error.
Lo hizo el viernes frente a la enmienda propuesta por el legislador republicano Alex Mooney.
“Propósitos politiqueros”, dijo AMLO frente al deseo del legislador de frenar 60 millones de dólares en proyectos de ayuda de Estados Unidos a México.
Alex Mooney, cuya madre cubana escapó de la prisión política a los 21 años, explicó sus motivos para detener los 60 millones de dólares. Lo hizo el jueves ante el pleno de la Cámara de Representantes: “El presidente mexicano sigue afirmando falsamente que en su país no se fabrica ni se consume fentanilo”.
El día después, AMLO le restó importancia a lo dicho por Mooney: “No hay que tomarlo en serio, y van a seguir con lo mismo (…) van a llegar a plantear que van a bombardear a México (…) de risa, son muy ridículos (…)”.
El presidente mexicano no ha logrado estudiar y analizar la transformación del Partido Republicano en los últimos quince años. Despreciar la política exterior como lo ha hecho su administración genera una desconexión peligrosa.
En la segunda mitad del siglo pasado el Partido Republicano tenía afinidad con los migrantes; también ocurrió durante los dos gobiernos de George W. Bush entre el 2000 y 2008. Su mutación ideológica lo representa el movimiento Tea Party con Sarah Palin como una de sus figuras más visibles.
La evolución conservadora del Tea Party floreció en 2008 cuando Palin fue la compañera de fórmula del candidato presidencial John McCain.
El discurso antiinmigrante permaneció en la sombra entre 2008 y 2016, los dos periodos de gobierno del presidente Obama; esto no significó que el demócrata colocara el tema en el último de su agenda de gobierno.
Barack Obama deportó a casi 3 millones de migrantes durante sus ocho años de gobierno; George W. Bush deportó 2.1 millones. Trump se acercó al millón de migrantes deportados.
AMLO no conoce el sistema de gobierno de Estados Unidos. Cree que los legisladores son comparsas o juanitos.
En los debates de 2016, solo Trump prometió la construcción del muro; en el debate del pasado miércoles la mayoría de los precandidatos prometió “operaciones especiales” porque México “no está siendo buen socio” (Niki Haley); “utilizar el ejército para perseguir a los cárteles de la droga mexicanos” (Ron DeSantis). En un sentido similar piensan Chris Christie, Vivek Ramaswamy, Tim Scott, Mike Pence y Doug Burgum.
AMLO ignora los avisos. Total, a él ya no le tocará negociar con Estados Unidos.
El desastre de su política exterior está generando costos que tarde o temprano tendremos que pagar. (Fausto Pretelin Muñoz de Cote, El Economista, Geopolítica, p. 46)
Donald Trump encabeza actualmente las preferencias entre los votantes republicanos para volver a contender por la presidencia de Estados Unidos. El ex presidente cuenta con el 54% de las preferencias de los miembros de su partido, muy por delante de Ron DeSantis que ronda el 13.5%.
Es probable que las acusaciones judiciales que enfrenta Trump en Georgia y Nueva York le peguen un poco más en su imagen rumbo a la elección del martes 5 de noviembre de 2024. Aún si es encontrado culpable y pisara la cárcel, Trump puede ser candidato e inclusive puede ganar. Paradójicamente, la mejor estrategia legal que tiene Trump es ganar la elección presidencial y, muy probablemente, autoindultarse.
Por otro lado, el presidente Joe Biden enfrenta un escenario electoral muy complicado. Tiene una aprobación de solo el 41% y una desaprobación del 53.7%. Los republicanos en el Congreso quieren abrirle una investigación y un proceso de destitución por culpa de su hijo Hunter Biden quien presuntamente aprovechó sus vínculos para hacer negocios en el extranjero.
Biden tiene frentes abiertos al interior de su país como la posibilidad que no se apruebe el presupuesto federal y tenga que cerrar el gobierno en 40 días. También afronta dos problemas que están en la mente de los republicanos y que pasan por México: el aumento de las muertes por fentanilo, y cifras récord de inmigrantes. En el exterior se enfrenta de manera indirecta a Rusia por el conflicto en Ucrania y la guerra comercial con China se mantiene.
Sería histórico que un presidente regrese a la Casa Blanca después de haber sido derrotado en su reelección, y que arribe con un proceso legal y penal en su contra. Pero la gran pregunta es qué sucederá en la relación de EU y México. Aquí algunas pistas
Continuará el nearshoring. Trump mantendrá la relocalización de cadenas productivas establecidas en China y México seguirá beneficiándose.
Endurecimiento de la política migratoria. Regresará el debate en Washington sobre la reconstrucción de un muro, pero sobre todo se endurecerá la política de refugio que ha motivado a muchos extranjeros a buscar asilo en EU. México estará en el centro de atención por los esfuerzos que se le exigen para detener este flujo migratorio desordenado. Ante la amenaza de triunfo de Trump, 2024 puede romper todos los récords de flujos migratorios que pasen por México rumbo a EU.
Ofensiva contra los cárteles. La presión para el uso de la fuerza militar estadounidense en contra de las organizaciones criminales mexicanas aumentará en la Casa Blanca y el Capitolio. Se incrementará aún más la presión para la detención y extradición de los chapitos y los integrantes de los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación.
Lo que es seguro, es que México regresará como tema en la campaña electoral americana. La buena noticia, es que en caso de ganar Trump, la diplomacia mexicana ya tiene experiencia en negociar con un hombre rudo como Trump.
Agenda estratégica: El 28 y 29 de septiembre se realizó con éxito el Seminario en Seguridad Nacional en el Colegio de Defensa Nacional. Este foro, que reunió a especialistas civiles y militares, es punta de lanza para el intercambio de ideas de futuro para México en un espacio académico privilegiado. (Gerardo Rodríguez, El Heraldo de México, País, p. 6)
En Aguascalientes se rinde culto a San Toribio Romo y en tiempos foxistas tuvo auge, como protector de los migrantes. En Michoacán, “tierra de mártires”, más recientemente, pero con igual fervor, se honra la memoria de San José Sánchez del Río curtidas. Y en San Luis Potosí, Daniel Espinosa Delgado avanza decidido con su mural sobre la Cristiada.
Han pasado 97 años del inicio de ese infausto periodo que la Cuarta Transformación simplemente esquiva en su peculiar narrativa de la evolución histórica de México. En una amplia región del Centro-Occidente del país, en defensa de la fe, se preserva una herencia religiosa y cultural esculpida con sangre.
En Guadalajara hace 15 años iniciaron los trabajos para construir un megasantuario dedicado a los Mártires Cristeros y en Chiapas alguna vez se intentó erigir una imagen más grande que el Cristo de Corcovado.
En vísperas del arranque de las campañas presidenciales, la feligresía sigue atenta los procesos partidistas. La jerarquía católica ha comenzado a orientar su labor hacia los fenómenos de la inseguridad y la migración. Y las políticas que buscan votos saben de su importancia: del guadalupismo de versadas militantes de izquierda, como Rosario Robles y Claudia Sheinbaum.
¿Y la ultra derecha? La candidatura independiente de Eduardo Verástegui, en ciernes.
Arropados en la bandera de la defensa de la libertad religiosa y los derechos humanos frente a la persecución y la violencia, los organizadores del Congreso Nacional Cristero han convocado a académicos, activistas y familiares de Cristeros. Dentro de tres semanas, expertos nacionales e internacionales abordarán las causas y las consecuencias de esa guerra civil, y las lecciones para el presente y el futuro.
La sede del encuentro es la Casa Social de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Sahuayo, aunque el programa incluye visitas a las Catacumbas Cristeras, la ruta del Martirio y el lugar donde fue ejecutado San José Sánchez del Río. (Alberto Aguirre, El Economista, Política y Sociedad, p. 51)
El Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index) invitó a su XLVIII Convención Nacional –efectuada en la Ciudad de México– tanto a Claudia Sheinbaum como a Xóchitl Gálvez para que plantearan sus propuestas para aprovechar al máximo la relocalización global de procesos y logística; también conocerían de primera mano los obstáculos y riesgos que enfrenta esa industria en México, así como las oportunidades que representa ante los profundos cambios tecnológicos. Pero ninguna de las dos asistió.
Una, Gálvez, futura candidata por el Frente Amplio por México, mandó a decir con el subalterno de un subalterno que andaría de gira por California para reunirse con migrantes mexicanos; Claudia, por Morena, dijo que sí primero, pero canceló una noche antes de su presentación, porque tenía un evento con sus huestes en la CDMX.
Pero no fue el único desdoro que recibieron los integrantes de las 18 asociaciones que sesionaron en el Hotel Presidente Intercontinental, de Polanco. El secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, también canceló de buenas a primeras, seguramente tendría algo más importante que hablar ante los empresarios y ejecutivos clave para captar la inversión extranjera e impuestos y con una derrama diaria de 500 millones de dólares en el mercado local que podría hacer realidad el pronóstico oficial de que el PIB crezca 3% el último año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador. La titular de Economía, Raquel Buenrostro, no atendió la invitación; tal vez sea irrelevante que las empresas Index generen cerca de 3.2 millones de empleos y exporten 613 millones de dólares al día, aunque padecen la carencia de suministro eléctrico en cantidad y calidad suficiente.
No pagar deportación, detener exportación. Y Luisa María Alcalde dejó plantados a mujeres y hombres de negocios que hoy enfrentan las amenazas del crimen organizado y la gigantesca oleada de migrantes indocumentados que, varados del lado mexicano, colapsan las aduanas estadounidenses, lo cual ya asfixia el comercio bilateral con pérdidas estimadas en 200 millones de dólares diarios; parece que para Gobernación es más fácil que se paralicen las exportaciones que pagar deportaciones.
Se puede entender que las futuras candidatas anden de “trabajo en territorio” para ganar simpatías, pero ello no disculpa su despreocupación, ya se darán cuenta de lo mucho que requieren contar con las empresas que representa Luis Manuel Hernández.
A los que no se entiende es a las y los funcionarios que saben la relevancia de las empresas exportadoras: pudieron haber asistido al Diálogo Económico de Alto Nivel México-EU…, pero ninguneando a los actores directos del nearshoring, sin tomar acciones rápidas y a fondo, tal concepto quedará en una palabra hueca muy rápido. (Mauricio Flores, La Razón, Negocios, p. 19)