En este espacio hemos dado cuenta de que luego de un explosivo aumento a partir de la segunda parte de 2021 y a lo largo de 2022, los flujos turísticos internacionales a México habrían entrado en una desaceleración de su crecimiento desde marzo de 2023. En mi opinión, esta tendencia se explica por diversas causas, como la vuelta a la normalidad de la competencia turística con la reincorporación de destinos que tuvieron restricciones; el fortalecimiento del peso mexicano; la insuficiencia de recursos para promoción turística del país, y la inseguridad que prevalece y que afecta la imagen de los destinos turísticos mexicanos.
Así, hace unas semanas el Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo, a través de su director, Javier Aranda, un respetado profesional del turismo con muchas horas de vuelo, anunciaba que la delegación de la autoridad migratoria en Quintana Roo les habría hecho saber que en la información sobre llegadas de viajeros internacionales a los aeropuertos de Cancún y Ciudad de México existía una importante subestimación en la medición del flujo turístico, particularmente en lo que se refería a los mercados norteamericanos. Toda vez que la mencionada infravaloración supera el millón de turistas en el periodo enero-julio, se debería revalorar nuestro juicio sobre si, efectivamente, estamos en una desaceleración o no.
Antes de señalar algunas claves para descifrar la situación que se vive, vale recordar que, al paso del tiempo, la información del Instituto Nacional de Migración en materia de estadística del turismo es cada vez más detallada y oportuna, y ha sido una importante fuente para el análisis de la realidad turística y la consecuente toma de decisiones de los agentes del sector. Se debe subrayar también que no es infrecuente que se realicen revisiones de la estadística, aunque, ciertamente, una variación de las magnitudes de este caso parece inusual.
Poco ayuda el que hasta hoy no se haya publicado una actualización de la información en el sitio web de estadísticas de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación. Incluso, en la reciente difusión de la información de agosto parece prevalecer la subestimación de datos tanto para periodos previos como para el del ya mencionado mes.
Para tratar de entender lo que sucede hay que tener en cuenta que en la estadística de estos temas se consideran dos criterios de clasificación diferentes para los turistas: un corte por nacionalidad y otro por residencia de los viajeros. Así, de acuerdo con lo que inferimos, la subestimación pareciera situarse sólo en el segundo perfil de viajeros (residencia).
Si esta apreciación fuera correcta, estaríamos ante una situación en la que la desaceleración sí está presente, aunque a un ritmo menor del que habríamos comentado en este espacio editorial. En comparación con el mismo periodo de 2022, las reducciones habrían sido de -1.3, -0.5, -0.8 y –2.6%, respectivamente, de mayo a agosto. Esto sumaría un descenso en estos meses de un poco menos de 88 mil turistas.
Vale la pena mencionar que en un análisis de la información que genera el Departamento de Comercio de Estados Unidos para viajes que realizan los nacionales de aquel país al exterior, hemos encontrado una alta correlación con lo antes señalado, subrayando que este mercado representa poco más de 60% del total de turistas internacionales que se internan al país vía aérea.
Con la información disponible es posible afirmar que la desaceleración está presente en el mercado internacional y, dadas las turbulencias que se observan en el entorno, los destinos y las empresas turísticas mexicanas deben prepararse para enfrentar un periodo invernal complicado, con un pequeño respiro si se mantiene la devaluación moderada del peso. (Francisco Madrid Flores, Director del Centro de Investigación y Competitividad Turística (Cicotur) Anáhuac, El Universal, Cartera, p. A26)
La frontera de cristal es un libro de nueve cuentos, publicado en 1995 y escrito por Carlos Fuentes, que explora temas relacionados con la frontera entre México y Estados Unidos.
Cada cuento de esta obra aborda diferentes aspectos de la relación y las dinámicas entre ambos países. Sus personajes e historias nos llevan a reflexionar sobre cuestiones como migración, identidad cultural, política, historia y la complejidad de la frontera que separa estas dos naciones.
Uno de los temas centrales del libro —y que le da su título— es la idea de la frontera frágil y permeable, “de cristal”. En los relatos se utiliza esta metáfora para destacar la idea de que, a pesar de las divisiones geográficas y políticas, la realidad de ese lindero es mucho más compleja y fluida de lo que parece a simple vista.
La frontera de cristal invita a repensar las relaciones entre México y Estados Unidos, así como la experiencia de las personas que viven en ese límite territorial y se ven afectadas por las decisiones políticas y sociales de ambas naciones. Esto viene a cuento porque en los años recientes esos dos países han compartido un sinfín de desafíos en su relación bilateral, desde cuestiones comerciales hasta migración y seguridad.
Recientemente, se celebró el Diálogo de Alto Nivel (DAN) entre autoridades mexicanas y estadounidenses, que se enfocó en dos temas cruciales: migración y fentanilo. Este evento prometía abordar problemas que han afectado profundamente a ambos países, pero es necesario analizar si tales conversaciones son suficientes para generar un cambio significativo.
Hablemos, por ejemplo, de migración, tema particularmente álgido en la relación bilateral durante décadas. Con la creciente presión en la frontera sur de Estados Unidos y la necesidad de una solución humanitaria, el DAN representó la oportunidad de abordar este problema de manera integral, pero ¿se están retomando sus causas fundamentales?
El enfoque principal sigue siendo la seguridad en la frontera, pero no podemos ignorar las condiciones de vida desafiantes, la violencia y la falta de oportunidades en los países de origen de las y los migrantes. México y Estados Unidos deben trabajar juntos para abordar estas causas subyacentes y no solo reforzar medidas de seguridad. Además, es crucial que se respeten los derechos humanos de esas personas y que se busquen soluciones más allá de la detención y la deportación.
El fentanilo, por su parte, es un problema de salud pública que ha cobrado innumerables vidas en ambos lados de la frontera. La declaración conjunta emitida tras el Diálogo se refiere a la colaboración para su combate, pero la cuestión es si estas conversaciones realmente pueden frenar la crisis. El fentanilo es un negocio lucrativo para los cárteles de la droga y se necesita una estrategia multifacética que incluya medidas de prevención, tratamiento y reducción de la demanda.
Además, no podemos pasar por alto el papel de Estados Unidos en esta crisis. La demanda de drogas en su territorio es un motor principal de la producción y el tráfico de este opioide sintético. En lugar de centrarse únicamente en la interdicción en la frontera, la Unión Americana debe abordar sus problemas internos de adicción y acceso a sustancias controladas.
La declaración conjunta menciona el respeto por la soberanía de cada país, un principio importante en las relaciones internacionales. Sin embargo, es esencial que no se convierta en una justificación para la falta de acción o de responsabilidad. La crisis de migración y el fentanilo son problemas interconectados que requieren cooperación genuina y esfuerzos coordinados, como expresó el presidente Andrés Manuel López Obrador.
El fentanilo y la migración son solo dos aspectos de una relación bilateral compleja. Para avanzar, tenemos que buscar soluciones a largo plazo que trasciendan las fronteras y aborden las desigualdades profundamente arraigadas. La verdadera colaboración implica enfrentar estos desafíos con determinación.
El Diálogo de Alto Nivel es una oportunidad, pero su éxito se medirá en función de las acciones que sigan a estas conversaciones. El reto ahora para ambos países estriba en mantenerse comprometidos y trabajar juntos para abordar de manera efectiva y humanitaria estos problemas apremiantes. Nuestro futuro conjunto depende de ello. (Ricardo Monreal Ávila, El Universal, Opinión, p. A17)
Cito de un boletín de ayer de la Cámara Nacional de Autotransporte de Carga: “Han pasado 21 días desde que la administración del gobernador Greg Abbott tomó la decisión de frenar el flujo de unidades que transitan por los tres puentes que dividen a la región de Ciudad Juárez con El Paso, Texas. En este periodo Canacar tiene registro de un rezago de al menos 19 mil camiones que no han podido cruzar la frontera. El valor de las mercancías que se encuentran varadas asciende a mil 900 millones de dólares, lo que ha generado ya una grave afectación al comercio entre México y EU. La presencia de elementos del Departamento de Seguridad de Texas en los cruces fronterizos y la puesta en marcha de operativos de revisión provocan cierres de carriles, incrementos en los tiempos de cruce de hasta 24 horas y filas que han llegado a tener una longitud de 23 kilómetros”.
El gobernador de Texas ha estado desde hace un tiempo en una andanada de medidas en contra de México. Nada nuevo. Greg Abbott es un republicano de derecha desde hace mucho y los texanos lo quieren. Es el abogado que por más largo tiempo en la historia de Texas ocupó la fiscalía de justicia estatal (que se decide por votación) y, si decidiera competir en 2026 por una reelección más como gobernador –elección que seguramente ganaría—, sería el que más tiempo habrá ocupado esa silla.
Antiaborto, proventa y compra de armas, antimigrantes, Abbott ha llevado su nueva campaña a la frontera con alambres de púas, policías y guardias texanos y desde hace 21 días complicando el intercambio comercial, el más importante en la frontera que suma algo así como par de cientos de miles de millones de dólares al año. Con cientos de miles de empleos dependiendo de esa relación.
Desde la mañanera el Presidente ha lanzado artillería verbal contra Abbott que ha recibido como respuesta más medidas en contra de México.
La popularidad del gobernador no anda mal, en comparación con la de otros gobernadores y hasta el presidente Biden. Pero más allá de las escaramuzas verbales que funcionan bien en México valdría preguntarnos si habría algo que hacer por medio de los instrumentos legales que da el tratado comercial entre México y EU, o al menos preguntarnos si alguien está pensando hacer algo, porque Abbott no se va a ir, ni los migrantes dejarán de llegar, ni el fentanilo se dejará de consumir. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
Focos rojos por tráileres varados
Y donde las autoridades tendrán que ponerse las pilas en breve es en el tema de los tráileres cargados de mercancías que se encuentran varados en la frontera con Texas. Y es que son ya tres semanas en las que los cruces al otro lado enfrentan un verdadero atorón por las medidas que, a causa de la crisis migrante, decidió imponer el gobernador Greg Abbott. Y es que por esa razón son ya 19 mil camiones los que no han podido pasar a EU a entregar mercancía con un valor que supera los mil 900 millones de dólares.
El caso es que ya la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga ha prendido los focos rojos para ver si las secretarias de Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena, de Economía, Raquel Buenrostro, y de Gobernación, Luisa María Alcalde, algo hacen para tratar de atender el asunto. Dentro de lo malo, el gremio reconoce a la policía de Juárez y a la estatal de Chihuahua, que mantengan protección a las unidades, para que no las asalten. Si no fuera así, ya sería el colmo, nos hacen ver. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
La semana pasada sirvió como potente vitrina para mostrar los grandes desafíos que conlleva una compleja relación como la que viven día con día Estados Unidos y México. En distintos episodios, el comercio, la migración y los relacionados con la seguridad dejaron de manifiesto la trascendencia de los retos que enfrentan ambas naciones, al mismo tiempo que se evidenció la miopía que prevalece en las perspectivas para aprovechar las amplias oportunidades que existen para un futuro compartido en el hemisferio:
Comercio. Prevalecen conflictos comerciales y de inversiones en temas energéticos, agrícolas y de telecomunicaciones, que evidencian graves contradicciones. Tan sólo en el tema de maíz, mientras que México batió récord en sus importaciones de maíz en la temporada de 2022-2023, con la adquisición de 18 millones de toneladas al vecino del norte –modificado genéticamente prácticamente en su totalidad–, la secretaria de Economía, Raquel Buenrostro, prevé que la decisión final en el panel de resolución de controversias sobre el maíz genéticamente modificado se alcance en marzo de 2024.
Por otro lado, aun cuando México ha ocupado recientemente el primer lugar como socio comercial de EU, la decisión del gobernador Greg Abbott de hacer exhaustiva la revisión de las importaciones ha impedido el cruce de mercancías valuadas en alrededor de 1,500 millones de dólares. La Cámara Nacional del Autotransporte de Carga denunció que se encuentran detenidos 15 mil camiones de exportación en la frontera con Texas.
Migración. La ola se ha intensificado con alrededor de 260 mil personas que en septiembre cruzaron ilegalmente. Mientras que miles de migrantes de las más diversas nacionalidades –desde africanos, asiáticos, hasta centroamericanos, caribeños y sudamericanos– circulan por el territorio mexicano y se aglomeran tanto en ciudades fronterizas como del interior del país, Joe Biden ha ordenado la construcción de un muro fronterizo con México en el sur de Texas.
La resolución presidencial, contenida en un documento que el Departamento de Seguridad Nacional publicó en el Registro Federal, considera 10 puntos donde se han detectado recientemente más cruces de migrantes indocumentados. Queda claro que ya no sólo se trata de migrantes nacionales. México se ha convertido en un punto de entrada internacional que empieza a detonar una problemática multifactorial preocupante. Tan sólo durante esta administración las alarmas del sistema financiero de posible lavado de dinero relacionado con el tráfico de migrantes han crecido más de 900%.
Fentanilo. En tanto que las muertes por sobredosis en Estados Unidos superarán las 110 mil –posiblemente 70 mil de ellas por fentanilo–, en nuestro territorio los cárteles de la droga pelean por un sinnúmero de puntos estratégicos al interior del país: en Chiapas por la frontera sur con Guatemala, en Zacatecas por las principales rutas que van hacia los principales destinos fronterizos de Estados Unidos, en Colima por la entrada y salida de productos desde el Puerto de Manzanillo, por sólo mencionar algunos.
La perspectiva bilateral se ha quedado en una estéril discusión sobre si los cárteles mexicanos producen y trafican fentanilo. La miopía por parte de algunos de aquel lado se esmera en provocar el envío de tropas para “acabar con los narcotraficantes”. De este lado, las autoridades mexicanas se han estancado en la defensa absurda de que “en nuestro país no se procesa dicha droga sintética”.
En este complejo escenario, los acuerdos que se publicaron respecto a la reciente reunión bilateral de alto nivel, parecería que son más un catálogo de buenas intenciones. Más allá de la inversión de 15 mil millones de pesos, por parte de México, para modernización fronteriza y el consenso para realizar en nuestro país, una cumbre con 11 países expulsores de migrantes, los resultados son muy pobres frente al tamaño de los desafíos.
Los datos duros muestran que la problemática evoluciona de una manera creciente y dinámica. Los múltiples retos que se enfrentan, habrán de agravarse en un escenario en el que convergen los procesos de elección presidencial de México (junio 2024) y de Estados Unidos (noviembre 2024). El ruido mediático que ello generará será muy potente y perturbante para todos. Por ello, la #SociedadHorizontal tiene frente a sí la enorme oportunidad de empujar un nuevo diálogo que propicie acuerdos por una mayor integración entre ambas naciones. Sólo con ello será posible encontrar respuestas diferentes, innovadoras y corresponsables, frente a las ya insuficientes que presenta la anquilosada diplomacia tradicional. (Armando Ríos Piter, Excélsior, Nacional, p. 15)
Suma tres semanas de crisis el tránsito de mercancías en la frontera mediante tráileres, derivado de la manera en que el gobierno de Estados Unidos, en particular el texano Greg Abbott, contiene la oleada de migrantes centroamericanos y mexicanos que buscan desesperadamente refugio en su territorio: de acuerdo con la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga, que preside Miguel Ángel Martínez, son unos 19 mil camiones cargueros “embotellados” y con rezago en el cruce de México al vecino país, con una carga valuada por casi 2 mil millones de dólares…, siendo tan sólo el daño perceptible.
El gobierno de Texas ordenó desde mediados de septiembre reducir a la mitad los carriles de revisión de camiones de carga para una evaluación exhaustiva y destinar la mitad del personal de aduanas del CBP (que encabeza Try Miller) a brindar apoyo a la patrulla fronteriza. Como aquí se anticipó, ello generó el gran “embotellamiento” y, al mismo tiempo, incrementó en alrededor de 30% el costo logístico que considera salario y prestaciones extra de choferes y ayudantes, combustibles, seguros, desgaste del equipo en “rodeos” de 800 kilómetros o más para llegar a cruces menos abotagados y para lo cual recorren las peligrosas rutas terrestres mexicanas.
Pero en el mediano y largo plazos, la afectación es más seria: se empieza a dislocar la cadena de suministros en los centros de consumo urbano –en los supermercados de Ciudad Juárez empiezan a escasear algunos productos– y las líneas de producción manufacturera comienza a perder el ritmo del just in time.
En tanto, las secretarias de Economía y de Gobernación, Raquel Buenrostro y Luisa María Alcalde, han evitado los foros vitales para plantear soluciones como el Foro de la Industria Mexicana Maquiladora y Manufacturera de Exportación, que encabeza Luis Manuel Hernández, o la Reunión Anual de Industriales, a la que convocó José Abugaber como líder de la Confederación Nacional de Cámaras Industriales.
Dejar correr la crisis migratoria ha resultado contraproducente: los vecinos podrán sufrir 6 meses o un año de escasez y carestía de algunos productos “Made in México”, pero el nearshoring podría ser otra ilusión malograda de este sexenio. (Mauricio Flores, La Razón, Negocios, p. 22)
Los problemas estructurales y coyunturales que enfrenta nuestro país son numerosos. Pero siempre, en los años electorales, adquieren un matiz diferente y su resolución, o bien se sujeta a intereses y a cálculos de rentabilidad electoral, o bien, como ocurre la mayoría de las veces, se pospone, generando enormes costos para quienes llegan a los cargos de elección popular, pues, generalmente, están acotados ante la urgencia de administrar las crisis heredadas, y también prohijadas por sus propias actuaciones previas.
El primer gran problema estructural que se habrá de enfrentar es el desencanto con la democracia, pues según los datos del informe más reciente de Latinobarómetro, México es uno de los países latinoamericanos donde el respaldo ciudadano a la democracia, como la mejor forma de gobierno, ha tenido los mayores retrocesos y donde se declara que se podrían preferir gobiernos autoritarios.
Las elecciones de 2024 transcurrirán, además, en el contexto más violento de nuestra historia reciente, y con grupos delincuenciales dispuestos a todo, con cada vez mayor presencia pública y con cada vez mayores demostraciones fehacientes de desafíos al Estado: han atentado en contra de funcionarios de todos los niveles, pero también en contra de altos mandos de las Fuerzas Armadas.
Hay factores externos que agudizan estos problemas: el más visible el de la migración en situación irregular de decenas de miles de personas provenientes de Centro y Sudamérica, quienes en su paso por México viven extorsiones de todo tipo y perpetradas, tanto por grupos delincuenciales como las autoridades que son denunciadas, una y otra vez por las víctimas, sin que ocurra nada relevante para prevenir y evitar la situación.
Lo anterior ha provocado que numerosos municipios se encuentren colapsados, los cuales están “dejados a su suerte” tanto por las autoridades estatales, pero, sobre todo, las federales, las cuales toman decisiones y establecen acuerdos internacionales, sin considerar la frágil y desbordada situación que se vive en ya decenas de municipios altamente poblados y con sus propios dilemas y complejidades.
Los datos que el Inegi dio a conocer recientemente respecto de la natalidad y la mortalidad también son reveladores de los enormes retos de nuestro país, y se nos impone como el gran factor determinante de nuestras posibilidades y de las mayores amenazas que se ciernen sobre la población: pérdida de años de vida saludable, reducción o estancamiento, dependiendo de la región, de la esperanza de vida al nacer; prevalencia del embarazo adolescente, alta natalidad en varias regiones y tasas elevadas de envejecimiento en otras, todo ello en medio de una mortalidad que está determinada por causas mayoritariamente evitables.
En Estados Unidos habrá elección presidencial el próximo año, pero también del Congreso; lo cual coloca a México en una situación de tensión y vulnerabilidad frente a la que, nos guste o no, sigue siendo la principal potencia mundial, y que es, además, nuestro principal socio comercial y del cual dependemos para tener un lugar relevante en la posibilidad de atraer las inversiones que se están retirando de China.
Por si todo lo anterior no fuese ya demasiado, los pronósticos en torno a la sequía y la posibilidad de que haya escasez y, como resultado, un nuevo proceso inflacionario en el sector de los alimentos anticipa un posible recrudecimiento de las condiciones en que viven los más pobres entre los pobres, los cuales fueron el único grupo en el cual no mejoraron las condiciones de bienestar en los últimos cinco años.
Nos reta igualmente nombrar apropiadamente lo que tenemos enfrente; porque el nombrar es fundamental para explicar, pero, sobre todo, para comprender y comenzar a resolver todo lo que nos hace falta para convertirnos en un país de paz, de justicia, de bienestar y de posibilidades de prosperidad para cada habitante de nuestro país.
México no puede esperar, y frente al borrascoso escenario que nos amenaza la mejor opción que tenemos es la de una democracia fortalecida, dialogante, defensora de la diversidad y la pluralidad, pero eso es justamente lo que aún falta por construir. (Mario Luis Fuentes, Excélsior, Nacional, p. 14)
México, como cualquier otra nación, ha tenido retos y problemas en los últimos 50 años. Desde la “dictadura perfecta”, descrita por Vargas Llosa, que gobernó en forma oprobiosa al país, hasta las monumentales crisis económicas sufridas desde los años setenta hasta los noventa, con niveles de inflación de hasta 159% anual, cuando los precios en tiendas y supermercados cambiaban varias veces en un solo día.
Han existido momentos de agitación social, como los movimientos estudiantiles del 68 y grupos armados de principios de los setentas o las crisis que desataron el movimiento zapatista, cuando pensábamos despertar en el primer mundo gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte y despertamos con grupos levantados en armas, como muchos países de Centroamérica. Se cometieron errores monumentales de políticas públicas, la nacionalización bancaria, los malos manejos de las finanzas del país, el robo en despoblado de políticos y funcionarios, que perduran hasta nuestros días.
A pesar de todo esto, los niños podían salir a la calle a jugar con los vecinos, convirtiendo las calles en canchas de futbol. Los barrios llenos de ávidos conductores de bicicletas y avalanchas, en patines o jugando bote pateado, canicas y “tapados” con las estampas de ocasión. Los niños y jóvenes caminábamos sin temor por nuestras calles, incluso entrada la noche, regresando a tiempo para la cena. No existían los celulares, pero todos conocíamos el número telefónico de la casa de los amigos y familiares donde solíamos pasar nuestras horas de juego.
Conocíamos a nuestros vecinos por nombre y, sin importar si existía una buena o mala relación con ellos, nos cuidábamos los unos a los otros. Había un sentimiento de seguridad personal que ya no conocen aquellos nacidos en los últimos 25 años: los jóvenes en las grandes ciudades del país escuchan estas historias como si fueran leyendas populares tan creíbles como La Llorona.
El crimen y la impunidad han existido en todas sus formas, pero la ineficacia de los gobiernos y sus estrategias de seguridad en este siglo han ocasionado que los hábitos y las dinámicas de los mexicanos cambien, convirtiéndonos en ciudadanos temerosos de no regresar a nuestros hogares al final del día. Al iniciar el siglo XXI, estábamos consternados porque había más de mil secuestros por año; desde hace seis años mueren asesinadas más de 110 personas al día.
Entre 2006 y 2023 han desaparecido más de 95 mil mexicanos, que son buscados solamente por sus madres, familiares y amigos, porque a los gobiernos estatales y federales no les importa encontrarlos.
La incongruente y estulta política de seguridad nacional basada en “abrazos, no balazos” y las amenazas de “acusar con su mamá a los delincuentes”, han dado rienda suelta no sólo a los grandes cárteles de las drogas, sino también a los criminales comunes.
Los ciudadanos estamos indefensos, la función fundamental del Estado de proveer seguridad a todos los mexicanos hace mucho que es letra muerta. Los migrantes que cruzan el país rumbo a Estados Unidos sufren un infierno y arriesgan la vida, que está al capricho de los criminales que les prometen llegar a su destino para una vida mejor.
Bajo esta andanada de datos, están los sufrimientos de las familias que padecen la pérdida de un ser querido, de todos aquellos que son asaltados en el transporte público, en carreteras y sus negocios. Quienes tienen que pagar extorsiones para poder mantener abiertos sus locales o para tener permisos y licencias para operar, o las “mordidas” a policías y servidores públicos para “aceitar la maquinaria” y que los trámites lleguen a buen fin. Los temores diarios de las mujeres del país que, solamente por su género, corren el riesgo de ser una de las 21 mujeres que mueren cada día.
Entre toda esta situación de desesperanza y zozobra, el Presidente pregona su popularidad de 58% y asegura que, de los 100 compromisos de su presidencia, sólo le falta resolver el caso de los estudiantes de Ayotzinapa. Mientras tanto, en comparecencia en el Congreso, la secretaria de Gobernación, Luisa Alcalde, describió un país con mayor seguridad para los mexicanos y los migrantes. Un México donde todo lo malo es consecuencia de las administraciones anteriores (aunque ya está a punto de terminar este sexenio). El país de las maravillas que se describe cada mañana desde Palacio Nacional es en realidad el país de nuestras peores pesadillas. Y no podemos despertar de ellas. (Carlos Kenny Espinosa Dondé, Excélsior, Nacional, p. 15)
Estamos presenciando hechos que preludian el derrumbe de la gobernabilidad en el país, y en la oposición no hay una voz que asuma el liderazgo para frenar el deterioro.
¿Y Xóchitl?, es la pregunta.
A ella se le eligió coordinadora de un amplio frente de partidos y organizaciones de la sociedad, preocupados por el camino hacia la autodestrucción por el cual avanzamos.
Por lo visto, Xóchitl Gálvez lo ha tomado como si se tratara, únicamente, de una próxima candidatura presidencial.
Mientras el gobierno niega los problemas que nos llevan al quiebre institucional del país, la coordinadora de la oposición se abstiene de fijar postura y poner los puntos sobre las íes.
La vemos sentada en un banco en la universidad a la espera de aclarar o rectificar un tema relacionado con su tesis profesional, trasladándose en bicicleta o recibiendo aplausos en informes de gobernadores.
Eso seguramente –o tal vez– le granjea algunas simpatías entre el electorado, pero hoy el liderazgo de la oposición tiene que señalar el fatídico tobogán de ingobernabilidad por el cual nos deslizamos.
México no aguanta otros seis años así.
Hasta ahora se oye una sola voz, la oficial, que dice que tales problemas son inventados.
Grupos criminales ganan espacios y gobiernan, cooptan gobiernos o se asocian a ellos o los someten, y crean estados paralelos para el cobro de vidas o impuestos en amplias zonas del país.
Negocios, compra y venta de materiales, transportes y constructores deben pagar impuestos a grupos armados que nadie detiene ni pone en su lugar.
En ciudades medias se ven a los nuevos señores feudales con escoltas de 30 o 40 pistoleros en camionetas que ni siquiera tienen la preocupación de cubrirse la cara con un pañuelo.
En Tijuana (ojo, es Tijuana y no un pueblo apartado), la alcaldesa culpó a unos músicos (Peso Pluma y el grupo Fuerza Regida) por cancelar un concierto por amenazas del narco.
“Estos dos artistas cantan sólo a un grupo criminal, luego entonces, ¿por qué la preferencia a un solo grupo y no a otro?”, reprochó la autoridad de Tijuana a las víctimas.
En el estado de Guerrero, la autoridad estatal es amiga de Los Ardillos, y la autoridad de la capital de la entidad es amiga de Los Tlacos. Y en medio de esa disputa entre grupos criminales aliados de las autoridades local y estatal, ambas del mismo partido, hay un reguero de cadáveres, secuestrados y descuartizados.
¿Otros seis años así? ¿Le seguimos?
Al parecer así será, porque la oposición no tiene una voz que señale el problema y ponga contra la pared al gobierno federal.
Vivimos una crisis migratoria y humanitaria en el país, con cientos de miles de centro y sudamericanos que entran al país por la frontera que controla el narco en el sur de México, y cruzan el territorio nacional en condiciones de mendicidad y víctimas de la extorsión de bandas criminales y de autoridades federales, estatales y municipales.
También lo padecen los mexicanos, que ven oleadas de migrantes instalar tiendas de campaña en las banquetas y usar las calles como urinarios y otras cosas peores, porque el gobierno no tiene el control de la frontera; tampoco pone albergues ni proporciona alimentos a los migrantes.
En lo que va de 2023, más de 2 millones de migrantes llegaron a la frontera norte, publicó el viernes LaPolíticaOnline, y ahí señala el periodista Milton Merlo que, al menos, 300 personas estaban entre los terroristas más buscados por Estados Unidos.
La mayoría de esos 2 millones que llegaron a cruzar la frontera son mexicanos, donde no hay problemas de desempleo, sino que huyen de su patria por la violencia de los grupos armados.
México está desbordado, y las máximas autoridades del país niegan el problema, dicen que no existe, que no hay tal crisis migratoria ni de falta de Estado.
Esa es la única voz que se oye, la del gobierno, y no dice la verdad.
¿Y Xóchitl?
¿No es este el momento de exhibir la destrucción de México y encarar a la candidata de la continuidad?
No es un tema de si la economía es mejor o peor con más gobierno y menos sector privado. Esos debates se darán en campaña.
El punto es el derrumbe dramático de la gobernabilidad y la erosión de las instituciones encargadas de la defensa nacional.
Xóchitl Gálvez aparece en la universidad, en la casa de un adulto mayor en Macuspana y dispensa sonrisas arriba de una bicicleta.
¿Eso era todo?
¿Y quién fija el rumbo de la defensa política de México ante la irresponsabilidad y la barbarie?
Joseph Biden ya no tiene cómo defender a su vecino del sur. Los republicanos le dicen que la guerra que tiene que pelear está en México y no en Ucrania. Le tienen parado el presupuesto.
Todos los precandidatos presidenciales de ese partido se pronuncian, de uno u otro modo, por la intervención militar en México. Ante eso nuestro gobierno sólo tiene discurso ideológico que no sirve para defender a la nación ni nos quita el peligro de encima.
La CBP (Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EU) informó que la incautación de fentanilo en este año fiscal será el doble que el año pasado (25 toneladas contra 14).
México está en un momento crítico de su historia, y el gobierno se limita a negar los problemas uno por uno.
La oposición carece de voz, no obstante haber elegido a una líder que sólo ha enseñado que sabe sonreír (se agradece), andar en bicicleta y decir groserías en tono simpático.
Tiene tiempo, aunque no mucho, para armar equipo y asumir el liderazgo.
Hay millones esperándola. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 40)
Cada 12 años coinciden las elecciones presidenciales mexicanas y estadounidenses. Este año, al mismo tiempo y con la misma inestabilidad institucional, México elegirá a un/a presidente y Estados Unidos elegirá a ¿quién? Al parecer, en el caso estadounidense, la balanza se inclinará por la elección de un candidato sin presentarse ni participar en ningún acto de la metodología de selección de las elecciones primarias, al menos del Partido Republicano.
Hasta este momento, la gran campaña de Donald Trump ha sido el seguimiento y desahogo de sus procesos judiciales y, por increíble que parezca y a reserva de que suceda algo extraordinario, da la impresión de que tiene todas las posibilidades para asegurar su regreso a la Casa Blanca. Sin embargo, como menciono, aún Trump tiene que enfocarse en garantizar que los procesos judiciales en los que está envuelto no sean lo suficientemente sustanciales ni perjudiciales para evitar que gane las elecciones de 2024.
Han sido contadas las ocasiones en las que han coincidido la gravedad y nivel de las crisis paralelas entre Estados Unidos y México. Actualmente no sólo compartimos sociedades divididas, líderes controversiales, sino que tenemos un fármaco sintético que cada día nos une y nos vuelve más dependientes: el fentanilo. Pero como en las historias de amor, la dependencia sólo es sostenible cuando permite un beneficio o crecimiento mutuo ya que, de lo contrario, la relación se expone a sufrir graves consecuencias.
No se puede negar que “haiga sido como haiga sido” –rememorando la antigua declaración de Felipe Calderón– se ha permitido la coexistencia libre, y a expensas del Estado, de los cárteles durante todo este sexenio. Se despedazan y descuartizan entre ellos; sin embargo, son raras las ocasiones en las que los enfrentamientos se dan contra el Ejército mexicano.
Aunado a ello, durante esta administración han sido pocas las veces y los esfuerzos que se han hecho para combatir contra el crimen organizado; esto, junto con la falta de claridad en cuanto a la estrategia adoptada por el gobierno al respecto de este tema, ha provocado una clara sensación de inestabilidad al pueblo mexicano.
La industria del narcotráfico ha crecido exponencialmente en todo el continente americano. No hace falta nada más que ver y comprobar la cada vez más creciente presencia e injerencia de los cárteles ya no sólo en el tráfico de drogas, sino en la vida pública de los Estados. Los problemas más latentes en la relación bilateral son el narcotráfico y el cáncer migratorio que cada vez expone con mayor fuerza lo insostenible de la situación.
Dos elementos que han ido envenenando paulatinamente la relación entre México y Estados Unidos y que no hace más que poner en cuestión hasta dónde o cuándo se podrá estirar la liga antes de que todo reviente. La visita de más alto nivel que ha habido durante todo este sexenio –que no incluye al propio presidente Biden– fue la que encabezó la semana pasada el secretario de Estado, Antony Blinken.
El objetivo de éste no fue más que tratar y buscar soluciones sobre los dos temas que menciono previamente y que han puesto la relación bilateral en una posición de alta tensión. Dos temas que, además, ocuparán un lugar muy importante en las agendas y promesas de campaña sobre todo por parte de los contendientes estadounidenses de cara a 2024.
Por parte del gobierno estadounidense constantemente se ha culpado a México y a nuestros cárteles de ser los únicos responsables del narcotráfico y de la crisis migratoria. No obstante, es muy importante resaltar el hecho de que, por un lado, para haber oferta tiene que existir una demanda y en ese sentido el estadounidense es un gigantesco mercado de consumo de narcóticos.
Por otro lado, en este punto vale la pena recordar que el gobierno de López Obrador cedió ante las constantes demandas de los estadounidenses mandando a miles de elementos de la Guardia Nacional a la frontera sur. Aunque también es cierto que sin la base operativa mexicana y sin el crecimiento descomunal de los cárteles en los últimos años en América Latina, el problema de seguridad interna estadounidense sería otro.
Siempre he pensado que nunca habría solución hasta que la relación bilateral se enfrentara a los graves efectos que están produciendo ambas crisis. Y naturalmente, pese al milagro que blanquea los corazones y las actitudes, una vez que se cruzan las fronteras es muy difícil suponer que esa industria y esos niveles de desarrollo, de penetración y de profesionalidad se puedan conseguir sin la colaboración activa de muchos funcionarios estadounidenses.
Se acabó el tiempo en el que nosotros poníamos los muertos y ellos ponían el negocio. Ahora mismo, los muertos los ponemos ambas partes. Unos como consecuencia del proceso de estructurar el reparto industrial y otros porque, descubierto ya el elemento más grave que significa haber creado una droga mortal de un precio asequible y de una capacidad de movimiento muy fácil, provoca que el mercado esté estallando, sobre todo desde el punto de vista de las consecuencias.
Las imágenes de la descomposición social que se materializa en las principales calles de Nueva York, de Los Ángeles, de San Francisco o de Filadelfia, son prueba de la crisis tan profunda por la que actualmente atraviesa Estados Unidos. Por el lado mexicano, poco más que añadir. Han desaparecido unas fuerzas que han luchado, al menos desde un punto de vista visible y cuantificable contra el mal, y se ha creado una nueva realidad empresarial en torno al tema armamentístico. Hoy contamos con la creación de nuevos grupos económicos y de explotación cuyo único elemento en común es que tienen uniforme o que los nuevos dueños portan uniforme.
Es muy difícil tratar de limitar que, en la aplicación de la propia legislación estadounidense, no se vaya a cumplir el fenómeno de la extraterritorialidad y da la impresión de que al menos Los Chapitos, colocados –con razón o sin ella– como los principales sospechosos de la magno industria del fentanilo, no sean entregados por México a los estadounidenses como en el caso de Ovidio. De lo contrario, a lo que hay que prepararse en plena antesala del inicio de los procesos electorales, es a la intervención por medio de operaciones militares encubiertas.
Ahorro lo que significa el torrente de palabras para condenar lo que se producirá en las mañaneras a partir de aquí. Y si digo que la relación en todos los sectores –considerando el T-MEC, el arbitraje, el nearshoring– en fin, toda la relación va a depender de la solución de los dos macroproblemas mencionados.
En cuanto a la migración, cumplimos en demasía y ya no quedan elementos de la Guardia Nacional que podamos trasladar a la frontera Sur. Sin embargo, los esfuerzos no han sido suficientes. Me gustaría saber quién es el responsable de que, a pesar de todos los mecanismos de control, día tras día ingresan miles de centro y sudamericanos a nuestro territorio y que tienen como destino final la frontera norte.
Pero más que eso, me interesa saber hasta cuándo podrá seguir siendo factible y, sobre todo humano, este incesante éxodo que en muchas ocasiones culmina en el río Grande o en las zonas aledañas de los distintos puntos fronterizos del país. Queda claro que La Bestia –como si fuera una representación de un tren de la India– traslada a muchos de ellos, al igual que también queda claro que un movimiento así, tan coordinado y centralizado por parte de quien lo coordina, no es algo improvisado.
Nuestros guardias nacionales tratan de detener el éxodo, pero –por lo que se ve– ya se trata de un éxodo imposible de contener. Y es que, sin una nueva lectura y sin una nueva doctrina o estrategia migratoria, no habrá salidas que permitan encontrar de manera pacífica el río interminable de la necesidad y el fracaso de la otra América. De la América que no habla inglés y que todos los días arriesga su vida por encontrar ya no mejores oportunidades laborales, sino lo mínimo para asegurar su desarrollo humano.
Migración y narcotráfico. Narcotráfico y migración. ¿Se lograrán solucionar o serán los dos elementos que terminen colapsando la relación bilateral? (Antonio Navalón, El Financiero, Enfoques, p. 35)
Joe Biden se confiesa católico, López Obrador y varios presidentes de Centroamérica cristianos, pero los gobiernos de Estados Unidos y de la región están muy lejos de adoptar en sus políticas sobre migrantes el postulado “idealista” del Papa Francisco: “migrar debería ser siempre una decisión libre, donde se respeten los derechos humanos y haya un lugar de acogida para cada persona”.
Ante este ideal del Papa y el mundo real, el camino inmediato para los cristianos es exigir a los gobiernos respeto a derechos humanos y ayudar a los migrantes; y nosotros, y aplicar el principio evangélico de dar de comer al hambriento, ofrecer un techo a quienes no lo tienen y consolar al que sufre”.
El líder de los católicos, en su último mensaje sobre la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (11 de mayo 2023), urge a los gobiernos a crear políticas trasparentes y honestas, para eliminar las migraciones forzadas causadas por las persecuciones, las guerras, los fenómenos atmosféricos y la miseria.
Francisco recomienda: “dondequiera que decidamos construir nuestro futuro, en el país donde hemos nacido o en otro lugar, lo importante es que haya siempre allí una comunidad dispuesta a acoger, proteger, promover e integrar a todos, sin distinción y sin dejar a nadie fuera”.
El gobierno mexicano informa (DOF) que hay del sureste al norte hay cinco rutas de migrantes hacia EU: Golfo de México; Pacífico Sur; Centro Golfo; Centro Pacífico y Pacífico Norte, que utilizan los migrantes desde el sur del país para llegar a la frontera con Estados Unidos.
En 1,149 kilómetros de la línea fronteriza con Guatemala y Belice, existen 11 puntos de tránsito internacional terrestre legal, aunque operarían hasta 370 lugares de tránsito informal, alrededor del 95% del flujo de migrantes en tránsito irregular ingresa por puntos informales en la frontera sur.
Ante esta situación conviene preguntar: ¿qué hacen las iglesias para resolver, aliviar, consolar y acompañar a millones de migrantes que pasan por nuestro país?
La dimensión Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia del Episcopado Mexicano, responsable de atender, acompañar, acoger, asesorar a las personas que se encuentran dentro del fenómeno migratorio en territorio mexicano, informa:
Existen por lo menos 20 diócesis católicas, cristianos y no creyentes que se suman a esta gran campaña nacional de ayudar a los hermanos que buscan un mejor futuro y que ofrecen servicios de comida, hospedaje, apoyo de salud y legal.
Hay varios casos de ayudar que conviene destacar: en Tapachula que es la ciudad mexicana que presenta “el mayor ingreso de migrantes”, y es también el primer punto en el que la Iglesia en el país les brinda ayuda en sus centros de apoyo a migrantes.
La Casa del Migrante cumple 20 años de existir y recibe anualmente alrededor de 7 mil personas principalmente de países de Centroamérica y Sudamérica.
Desde hace más de 10 años, la Diócesis de San Cristóbal de las Casas ofrece asistencia humanitaria de las personas migrantes y solicitantes de refugio, por lo que cuenta con casas, albergues, dormitorios y comedores organizados por las comunidades parroquiales que se encuentran en las rutas de tránsito: Zapata, Palenque y Salto de Agua, en el corredor selva; Frontera Comalapa, Comitán y San Cristóbal de las Casas en el corredor central.
La Diócesis de Ciudad Juárez, tiene capacidad para 490 migrantes, y se encuentra al 85 por ciento de su capacidad, donde ingresan familias.
En Nuevo Laredo el flujo migratorio no ha cesado, los albergues de Catholic Charities reciben en promedio de 200 a 250 personas por día, desde personas en solitario hasta familias con más de cinco miembros.
La diócesis de Torreón dice que cada fin de semana llegan 4,000, en su mayoría procedentes de Venezuela.
En Querétaro, desde el 2015, año en que se creó el Albergue para Migrantes Toribio Romo, se han atendido a 37 mil personas, cifra que puede crecer ante el aumento de migrantes en la entidad.
Las iglesias estiman que el problema migrante, ante la poca sensibilidad de EU, lejos de resolverse va a aumentar, por ello es importante apoyar apoyar apoyar para la causa migrante. (Luis Vega D., La Prensa, Editorial, p. 6)
A lo largo de la semana pasada se celebró en la Ciudad de México una serie de reuniones –algunas públicas, otras privadas– entre funcionarios mexicanos y estadounidenses de las áreas de seguridad y procuración de justicia. Los funcionarios que participaron pertenecen al gabinete presidencial o forman parte del círculo compacto de asesores de cada uno de los presidentes.
Dadas las complejas coyunturas por las que atraviesan ambas naciones en materia de seguridad (México), salud pública (EU) y migración (México y EU), y la alta jerarquía oficial de quienes participaron en dichas reuniones, este “diálogo de alto nivel” (como se le viene llamando) generó también “altas” expectativas, al menos en México. Y no era para menos: nuestro país acumula crecientes crisis en materia de seguridad, para las que deseamos ver respuestas pertinentes y eficaces. Por un lado, los incrementos de homicidios, desapariciones y “levantamientos” en varias zonas de México y, por el otro, la penetración del crimen ya no solo en los gobiernos municipales de los estados más rezagados, sino también en las áreas de seguridad de grandes empresas privadas, han encendido las alarmas no sólo en México sino también en la comunidad internacional de negocios.
Por lo que atañe a Estados Unidos, el aumento exponencial de muertes por sobredosis de fentanilo, y el arribo crónico a su frontera sur de caravanas de miles de migrantes del centro y sur de América, también supondrían la concertación y el anuncio de nuevas medidas –más ambiciosas y eficaces– con sus contrapartes mexicanas para atender estos problemas.
Sin embargo, ante estos escenarios críticos en ambos países que parecerían requerir urgentemente de acciones preventivas y disuasivas, sólo se reiteraron en medios las fórmulas retóricas a las que estamos acostumbrados (tales como “colaboraremos o nos coordinaremos cercana o estrechamente para”, “uniremos nuestros esfuerzos para”, “nos comprometemos mutuamente para”). Sólo fue anunciada una acción concreta de la Sedena y dos propuestas específicas (una de AMLO y otra de la Semar) para atender algunas dimensiones de las crisis.
Por lo que respecta a las propuestas, la del Presidente de la República fue convocar a 11 países de la región a una reunión sobre migración. Sólo eso, convocar a una reunión. Por su parte, la Semar, propuso la creación de una Coalición Internacional para el Seguimiento y la Trazabilidad de Precursores Químicos. Una buena idea, sin duda, pero hasta ahora sólo eso, una idea. Finalmente, la Sedena anunció una inversión de 15 mil millones de pesos para proyectos de modernización de infraestructura de seguridad en la frontera. OK, qué bueno que se “modernice” nuestra inadecuada infraestructura, la cual, entre otras tragedias, cobró, el pasado 28 de marzo, 40 víctimas cuando las autoridades abandonaron una estación migratoria que se incendiaba en Ciudad Juárez.
Aunque en las reuniones se abordaron temas relevantes como el combate a las drogas sintéticas o al tráfico de armas, no se exhibieron cifras sobre las acciones que se han implementado ni sobre el impacto registrado. Por lo que toca al compromiso, ya adquirido por México, de combatir el tráfico de fentanilo, tampoco se difundieron detalles. Ante estas omisiones y silencios, lo lógico es pensar que no hay avances.
AMLO ha manifestado repetidamente que deben combatirse las causas estructurales del crimen y la violencia, con una estrategia de corte humanista. Sin embargo, ningún miembro de su gabinete formuló en estas reuniones, ni siquiera de modo incipiente, un conjunto de propuestas dirigidas a combatir tales causas estructurales. La impresión que queda, entonces, después de ver lo minúsculo de las propuestas vertidas en la mesa de “alto nivel” es que la serie de medidas anticrimen que la actual administración ha implementado desde 2018 han fracasado rotundamente.
Primero, los programas sociales con que arrancó la estrategia de seguridad federal no tuvieron impacto alguno en el reclutamiento criminal de los jóvenes. Segundo, el plan anticorrupción y contra el lavado de dinero impulsado durante el segundo año tampoco rindió frutos. La colusión de funcionarios locales con el crimen está hoy en niveles altísimos, y el reciente ingreso de la mafia china ha reducido drásticamente los costos para lavar las exorbitantes ganancias de las mafias mexicanas.
En tercer lugar, la iniciativa para combatir el tráfico de armas, en la que se invirtió un gran esfuerzo en su momento, ha perdido pertinencia dada la inmensidad del desafío. Finalmente, la convicción presidencial de no confrontar directamente, y a través de la fuerza, a las organizaciones criminales propició su expansión y enquistamiento territorial durante la primera mitad del sexenio.
Esperemos que el próximo “diálogo de alto nivel” en 2024 se celebre con una agenda renovada, en la que figuren los temas que en esta ocasión fueron “los elefantes en la habitación”. Esta agenda debe contemplar, como mínimo, la depuración y profesionalización de las policías locales, creación de fuerzas especiales regionales mixtas (policiales y militares) para el combate a las cúpulas de las organizaciones más violentas, combate a los centros de reclutamiento criminal, y el diseño de la ruta crítica para avanzar en la construcción de un futuro Tratado de Seguridad para América del Norte. (Eduardo Guerrero Gutiérrez, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 43)
En el complejo mundo de la política, la habilidad para comunicarse eficazmente es una herramienta invaluable para cualquier líder. López Obrador, ha demostrado una maestría excepcional en este aspecto a lo largo de su vida política. Su capacidad para generar narrativas claras y transmitirlas en sus “mañaneras” le han permitido establecer una conexión única con sus seguidores, evitando intermediarios y medios tradicionales.
A la gente les encantan los “storytellers”. Sin embargo, muchas de las historias que ha repetido AMLO constantemente son falsas y es precisamente aquí donde entra en juego el desgaste de las narrativas repetitivas. Como sucede con la magia, la repetición constante de un truco puede llevar al público a descubrir el secreto detrás de la ilusión. Estos falsos mensajes y argumentos a los que ha recurrido una y otra vez en los temas como la migración y fentanilo entre otros, han generado rechazo, no solo por los que él llama adversarios, sino ahora también en Estados Unidos, con los republicanos y demócratas.
Cientos de veces AMLO ha insistido en que hay que combatir a las causas de la migración. Sin embargo, en las mayores migraciones de Latinoamericana, las de Venezuela, Nicaragua y Cuba, se niega a reconocer las verdaderas causas que las han generado. Durante años, Nicaragua, el segundo país más pobre del hemisferio occidental después de Haití, solo vio emigrar a cuentagotas a sus habitantes hacia los Estados Unidos.
Pero a partir del 2018 debido a la represión de Ortega la migración ha aumentado, como diría AMLO, como nunca. No es la pobreza y la falta de oportunidades lo que ha generado esta migración. A diferencia de los presidentes Petro de Colombia y Borich de Chile que han denunciado públicamente a Ortega, AMLO no ha dicho una sola palabra. Lo mismo se podría decir de Venezuela, en donde casi la tercera parte de su población ha migrado por las políticas de Maduro.
Recientemente el presidente Biden autorizó estatus de protección temporal a 472 mil venezolanos que llegaron a Estados Unidos antes del 31 de julio de 2023. Estos se sumarán a otros 242 mil 700 que ya gozaban de esas autorizaciones antes del anuncio. ¿Cuáles son las causas tangibles de la migración masiva de estos países? ¿Cómo quiere AMLO que actúe Estados Unidos para remediar la migración masiva de Venezuela y Nicaragua? ¿Dándole dinero a Ortega y a Maduro? ¿Recibiendo a todos los migrantes venezolanos y nicaragüenses que huyen de sus propias crueldades?
El negocio redondo para Ortega y Maduro es exportar migrantes que luego envíen dinero a sus países. Cada persona que se va, genera menos oposición interna y menor gasto público y, además el migrante trabaja para la manutención de tres o cuatro que se quedan. En México no estamos muy lejos, ¿cuál ha sido históricamente la principal exportación de México? Mexicanos. ¿Cuál es la principal fuente de ingresos? Las remesas. Después de haber disminuido a cero la emigración neta mexicana, hoy está creciendo rápidamente. ¿Qué paso con el combate a las causas?
Por estas hipocresías, hasta personajes como Fareed Zakaria, internacionalmente reconocido como un defensor histórico de los migrantes recientemente recién escribió: “Hay decenas de millones de personas en todo el mundo que podrían afirmar de manera plausible que enfrentan persecución, y EU no puede aceptarlos a todos… los casos de asilo deben ser especiales y distintos de los casos de personas de todo el mundo que intentan emigrar a Estados Unidos porque huyen de la pobreza, o la violencia…. es sumamente injusto para quienes tienen reclamos legítimos de asilo o estatus de inmigrante legal”. Y Biden ahora autorizó la expansión del Muro.
Hace unos días en Washington escuché: “López Obrador con sus mañaneras fabricó y nos envió de regalo una piñata mexicana para nuestra campaña electoral. No nos echen la culpa.” Regresaré con este tema. (Jacques Rogozinski, El Financiero, Economía, p. 13)
Los panameños suelen referirse a su país como “el puente del mundo”, aludiendo a la conexión entre el Caribe y el Pacífico.
Hasta hace pocos años este puente era sólo marítimo, ya que la vía terrestre entre Centro y Sudamérica se interrumpía en la región selvática del Darién entre Panamá y Colombia.
La carretera panamericana que nace en Alaska y termina en Argentina, –más de 25 mil kilómetros de recorrido–, se quiebra en el Tapón del Darién: un tramo de 87 kilómetros donde no se ha podido continuar la ruta tanto por los excesivos costos que entraña atravesar pantanos y ríos de tupida selva, como por el daño que sufriría una de las reservas naturales con más diversidad en el mundo.
¿Quién hubiera podido imaginar que, en pleno siglo XXI, el Tapón del Darién se habría de convertir en la peligrosa senda de multitudes desesperadas que no han encontrado una mejor salida al drama de sus vidas?
Según datos recientes del Migration Policy Institute de Washington, recabados por los investigadores Caitlyn Yates y Juan Pappier, antes de 2021, el número de personas que se aventuraban a desafiar la selva del Darién era prácticamente insignificante. En cambio, en ese año las autoridades panameñas detectaron 130 mil cruces.
En 2022, las llegadas aumentaron a casi 250 mil. Esa cifra ya se superó en los primeros ocho meses de 2023, y se estima que más de 500 mil personas habrán transitado por el Tapón del Darién para final de año.
Hay múltiples razones para este aumento. Muchos migrantes de Sudamérica y el Caribe (y de fuera del continente), no pueden obtener visas para México y países centroamericanos y, por tanto, carecen de vías alternativas para llegar a Estados Unidos. A medida que la ruta a través del Darién se ha ido consolidando, los migrantes han compartido información sobre las mejores formas de cruzarla, y grupos delincuenciales se han organizado para explotar la miseria humana y facilitarles el paso.
El drama de las migraciones en nuestro ámbito regional y en otras partes del mundo, no puede ser frenada únicamente con muros o medidas de contención. El fenómeno migratorio sólo puede ser enfrentado exitosamente partiendo del principio de responsabilidad compartida entre países receptores y expulsores de migrantes.
Se requiere de un enfoque integral que atienda las causas reales de la migración y de una cooperación internacional encaminada a lograr que los flujos migratorios sean seguros, ordenados y con pleno respeto a los derechos humanos y la dignidad de los indocumentados.
La Cumbre de las Américas del año pasado, en San Francisco, presentó una buena hoja de ruta y recomendaciones que requieren ser implementadas. Hace falta, sin embargo, mayor voluntad política de la potencia del norte para contribuir de manera efectiva al desarrollo regional para desalentar estos flujos. La campaña presidencial en Estados Unidos amenaza con complicar este propósito, distorsionando en ese país el debate migratorio. (Carlos De Icaza, El Heraldo de México, Orbe, p. 34)
La propia ONU (el gran florero internacional) reconoce que “Palestina fue uno de los antiguos territorios otomanos que la Sociedad de las Naciones puso bajo administración británica en 1922. Con el tiempo, todos esos territorios se convirtieron en estados independientes, excepto Palestina, en cuyo caso, además de la prestación de asistencia administrativa y asesoramiento, el Mandato Británico incorporó en 1917 la Declaración de Balfour, en la que expresaba apoyo al establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío.
Durante el mandato, de 1922 a 1947, tuvo lugar la primera ola de migración judía a gran escala a este territorio, proveniente principalmente de Europa oriental: el número de judíos que inmigraron aumentó enormemente en la década de 1930 debido a la persecución nazi. Las reivindicaciones árabes a favor de la independencia y la resistencia a la migración judía desembocaron en una rebelión en 1937, tras la cual ambas partes recurrieron, una y otra vez, al terrorismo y la violencia. Reino Unido consideró varias opciones para facilitar la independencia a esa tierra devastada por la violencia, y en 1947 acudió a Naciones Unidas para que resolvieran el problema de Palestina. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 27)
Ahorrar papeleo

(Magú, La Jornada, Política, p. 8)
Posicionamiento
