En agosto del 2021 las alertas terroristas se encendieron en México luego de que un ciudadano yemení fue detenido en la estación migratoria de Tapachula, Chiapas. Era un hombre de 28 años de edad llamado Mahmood Naji Saad Al Qamus, quien apareció en una lista de terroristas vinculados a Al Qaeda con ligas en organizaciones de tráfico de personas y armas. Fue deportado a Estambul, Turquía, de donde lo enviaron a El Cairo, Egipto y su destino final Yemen. No fue el unico caso, por esas fechas fue asegurado un ciudadano iraquí llamado Ali Falih Kalkhan Hamrani, quien ingresó a México de forma irregular, y quien apareció en la lista de militantes de Hezbollah, vinculado a un caso de terrorismo en Seattle, Washington. Fue detenido cuando pretendía salir del país rumbo a Turquía. Un tercer caso fue el de Rubén Dario Hoyos Pulido, ciudadano colombiano de 35 años de edad quien militó en las FARC. En México se dedicaba a supervisar rutas de cobranza de los préstamos “gota a gota” en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Brasil. En el país tras cumplir una pena de prisión por narcomenudeo, fue deportado. Ni
Los tres casos aparecen en el documento “Flujos Migratorios Irregulares de Migrantes de Nacionalidad de Interés Especial. Contraterrorismo y seguridad trasnacional”, fechado en febrero de 2022, localizado en los correos hackeados a la secretaría de la Defensa Nacional por el colectivo Guacamaya. El documento es un análisis muy amplio sobre los flujos migratorios descontrolados, considerado uno de los temas de la Agenda Nacional de Riesgos.
El estudio señala que los flujos migratorios descontrolados son un riesgo para la seguridad pública, son un “potencial para generar o dinamizar redes delincuenciales y de corrupción, ponen a prueba la capacidad de las autoridades para detectar y contener la migración irregular”. En seguridad transnacional, “afecta a personas y Estados, son un factor desestabilizador en el ámbito social, económico, político y de seguridad”. Y en la seguridad nacional, “vulneran el pleno desarrollo de una nación, hasta atentar contra los objetivos e intereses nacionales”.
Los flujos migratorios irregulares pasaron de 86 mil 298 casos en 2013, a 239 mil 542 en 2021, antes de que estallara la actual crisis que ha colapsado trenes, estaciones migratorias y puntos fronterizos al norte y sur del país. Como antecedente en 2016 hubo un arribo masivo de congo-haitianos, se registraron más de 30 mil procedentes de Brasil y en 2018 hubo cinco caravanas migrantes.
De los más de 239 mil 542 migrantes detenidos en 2021, 4 mil 627 procedían de países de “interés especial en materia de contraterrorismo”. De esa cifra el 64 por ciento venía de países con presencia de organizaciones terroristas yihadistas”, mientras el 36 por ciento era origjnario de naciones con presencia de terrorismo de extrema izquierda.
En 2021 ingresaron dos mil 142 migrantes extra continentales de nacionalidades de “interés especial”. En ese año se disparó en 91 por ciento el ingreso de rusos a estaciones migratorias respecto al año anterior. El 84 por ciento de los rusos se registraron en Tijuana. El ingreso de Uzbecos se incrementó en 81 por ciento en relación al 2020, y por primera vez hubo Tayicos y Kazajos. El documento confirma que México está en la ruta de células terroristas. (Juan Veledíaz, El Sol de México, República, p. 5)
De creer a Kevin McCarthy, expresidente de la Cámara de Representantes (diputados) defenestrado por sus propios correligionarios republicanos por ser insuficientemente derechista, la reciente incursión terrorista contra Israel desde territorio de Gaza debería ser una advertencia para los estadounidenses.
“Deberíamos despertarnos. Lo mismo podría ocurrirnos la próxima semana a nosotros”, dijo a una publicación política derechista, The Washington Free Beacon, en referencia a la situación en la frontera con nuestro país que, de acuerdo con la imagen que tratan de crear los republicanos, es de una creciente peligrosidad.
Según los republicanos, la frontera entre Estados Unidos y México se desenvuelve en la ilegalidad, con los cárteles mexicanos de la droga en el control práctico, mientras los traficantes de personas, inmigrantes indocumentados y posibles terroristas pasean a sus anchas.
Inmigración es desde hace décadas uno de los puntos críticos de la política estadounidense, y uno que hoy por hoy resuena de manera ominosa en la ya presente campaña presidencial de 2024.
De creer a los republicanos, la situación de la frontera es una de total vulnerabilidad y, por tanto, una crisis de seguridad nacional, como resultado de lo que califican como debilidad del presidente demócrata Joe Biden y su política de apertura migratoria.
Y más allá, parecen haberse esforzado en contribuir a extender la sensación de crisis. El gobernador republicano de Texas, Gregg Abbott, ha enviado más de 50 mil inmigrantes o refugiados a varias ciudades del norte estadounidense gobernadas por demócratas. Las administraciones republicanas de Florida y Arizona han enviado también a por lo menos 15 mil migrantes.
Esos “envíos” han creado a su vez, un problema para ciudades como Nueva York, Boston y Chicago, con las consecuentes presiones sobre el gobierno Biden, que la semana pasada anunció la construcción de 32 kilómetros de valla fronteriza a pesar de una promesa en contra.
De acuerdo con un reciente reporte elaborado por republicanos, unos 2.2 millones de personas fueron detectadas al entrar ilegalmente a Estados Unidos, entre octubre de 2022 y agosto de 2023.
Rafael Bernal dijo para el diario digital político The Hill que muchos de los “detenidos” al entrar a territorio estadounidense eran de hecho solicitantes de asilo.
Un análisis estadístico del Instituto Cato, un grupo libertario partidario de la inmigración, precisó la semana pasada ante una audiencia legislativa que, entre 1978 y 2022, no se ha registrado ninguna víctima estadounidense a manos de terroristas que hubieran entrado desde México.
Pero los republicanos parecen inspirados por las novelas de Tom Clancy, un popular escritor de “aventuras”, y creen que alimentar la xenofobia y la desconfianza en el gobierno Biden les ayudará electoralmente.
Y si se añade una dosis de desconfianza en el gobierno mexicano. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)
La guerra en Israel mueve la geopolítica mundial, lo que inevitablemente tiene efectos para México. La polarización de bloques internacionales reduce el margen de la política de neutralidad con que López Obrador ha jugado para evitar injerencias en asuntos internos, por ejemplo, a cambio de cargar con el peso de la estrategia antiinmigrante estadunidense y del fentanilo.
La compleja agenda bilateral con EU es presa del relanzamiento de la política de “seguridad fronteriza”, que agita la retórica republicana antiinmigrante y que jalara a los demócratas por la lección de fallas y errores del ataque de Hamás contra Israel. Desde Trump, el “muro” en Palestina ha sido referente de la política de migración estadunidense, que defienden gobernadores como el de Texas y que Biden se ha visto forzado a retomar. Desde el ataque terrorista en Nueva York en 2001, la agenda de seguridad permeó el enfoque sobre la frontera y los riesgos del descontrol para EU.
La política de no tomar partido en una guerra con la esperanza de permanecer al margen es difícil, a pesar de que el pacifismo es esencial para la legalidad internacional. De más alto grado si la presión internacional tensa la cuerda o cuando al interior se acumulan denuncias de violaciones a derechos humanos de los migrantes con programas como “permanecer en México”, que el gobierno de López Obrador pacto con EU en 2019 para contener los flujos con la Guardia Nacional.
La guerra pone en aprietos la política de neutralidad y la agenda con EU, al menos en dos aspectos. El brutal ataque contra Israel y la feroz respuesta del gobierno de Netanyahu es la imposición, tanto del terrorismo de Hamás como del fundamentalismo político israelí. Pero la neutralidad se evapora cuando hay crímenes de guerra contra civiles. Israel se ha inconformado por la “neutralidad” de López Obrador, que equipara con apoyo al terrorismo. Pero no se trata del reclamo de un acto humanitario, sino de una postura política para forzar la condena en la línea de extrema violencia de la defensa israelí para invadir y arrasar a los palestinos.
La exigencia de una postura enérgica tendría que pasar también por condenar actos que desbordan la legalidad internacional, como asfixiar a la población en Gaza y el uso desproporcionado de la fuerza en la ofensiva total israelí. Por eso, la protección de civiles “sin matices” —como pide la canciller Bárcena— compromete la neutralidad. La guerra coloca a México en situaciones de riesgos en el realineamiento de los bloques y en el manejo de la agenda de “seguridad fronteriza”. Pero si las políticas unilaterales frente a la crisis de refugiados han sido difíciles de sobrellevar, ahora el panorama de inseguridad en las fronteras europeas e israelíes complicará aún más los acuerdos. La onda expansiva de la guerra dará municiones al Congreso, gobernadores y extremistas republicanos favorables a posiciones de fuerza para reforzarla. Si el condicionamiento del apoyo de armas a Ucrania ya obligó a Biden a seguir adelante con el muro de Trump, la inestabilidad en Oriente Medio fortalecerá las posiciones radicales ante el flujo imparable de migrantes y el tráfico de fentanilo como asunto de “seguridad nacional” en el centro de la agenda bilateral.
Las evidentes fallas de Israel para asegurar sus fronteras son un golpe duro a la imagen del poder de su ejército y la eficacia de su aparato de inteligencia, a pesar de la desigualdad de recursos tecnológicos y de armamento en su política de confinamiento de los palestinos. El propio Netanyahu, cabe recordar, alentaba a Trump en la construcción del Muro con México porque a ellos les había dado buenos resultados.
Pues bien, las lecciones de Israel ya son parte de la discusión sobre el costo político de la represión en la competencia política en EU. La decisión de Biden ahora sólo parece el preludio de una intensa confrontación entre demócratas y republicanos sobre las medidas más eficientes para controlar la migración, ante el discurso “pacifista” y “soberanista” cada vez más irrelevante para ellos.
El margen de maniobra se reducirá para México en una agenda dominada nuevamente por la “seguridad fronteriza” y campañas antiinmigrantes. El genio nacionalista con que Trump infectó a su país cobra nueva vida fuera de la lampara con la reactivación del muro como prueba de su esparcimiento en la epidermis de la política estadunidense. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 16)
¿Por qué falló la inteligencia de Israel para detectar el ataque terrorista de Hamás?, ¿por qué falló la inteligencia de Estados Unidos en prevenir los atentados del 11 de septiembre de 2001?, ¿por qué están fallando los sistemas de inteligencia, incluidos los de México, en prevenir situaciones que podrían haber sido controladas previamente? La pregunta es pertinente porque cada vez más la seguridad de los países y las sociedades dependen de una información e inteligencia oportunas y bien analizadas que permitan adelantarse a los acontecimientos. Y cada vez más vemos gobiernos, en México y el mundo, reaccionando ante los ataques, pero lejos de poder preverlos.
¿Por qué falló la poderosísima inteligencia israelí en el ataque de Hamás? El New York Times concluyó que, entre otras razones, fracasó por la combinación de cuatro elementos: porque los oficiales de inteligencia que supervisan los canales de comunicación utilizados por los atacantes de Hamás no fueron capaces de detectar las señales previas a ese ataque; porque hubo una dependencia y confianza excesiva en el equipo de vigilancia fronteriza que fue fácilmente bloqueado por los atacantes, lo que les permitió asaltar bases militares y matar soldados en sus camas, antes de que siquiera reaccionaran; porque se agruparon demasiadas comandancias en una sola base fronteriza que fue invadida en la fase inicial de la incursión, impidiendo la comunicación con el resto de las fuerzas armadas, y porque fueron engañados al aceptar al pie de la letra las afirmaciones de los líderes militares de Gaza, hechas en canales privados, cuando sabían que estaban siendo monitoreados por Israel, de que no estaban preparados para una batalla.
Las fallas del 11-S en Estados Unidos son similares, pero giran en torno a otro problema: las 18 agencias de seguridad estadunidenses de esa época no estaban coordinadas y no compartían correctamente su información, lo que provocó que una gran cantidad de datos que hubieran podido impedir el ataque terrorista se perdieran, no se usaran, no se compartieran: la información estaba allí, pero no llegó a los canales adecuados. Y como ocurrió con Hamás, se subestimó la capacidad de Al Qaeda de organizar una operación de ese tipo, a pesar de advertencias de muchos de sus propios operadores de inteligencia.
Parte de todo esto es algo fundamental en esta época y que se replica en las agencias de inteligencia y en muchos ámbitos de la sociedad: la confianza excesiva en los propios sistemas electrónicos, cibernéticos, las escuchas, ahora en la inteligencia artificial. Israel tenía interceptadas las comunicaciones de Hamás, tenía equipo para monitorear la existencia de túneles en la frontera, tiene los equipos más sofisticados para atender todo tipo de amenazas, pero resultó que los terroristas ingresaron simplemente rompiendo cercas y pasando con motos y camionetas, volando en parapentes, y toda la comunicación, toda la organización se hizo con contactos humanos en forma directa. Y estamos hablando de un ataque que incluyó cerca de mil terroristas, armamento, logística, planificación, coordinación de ataque aéreo con el terrestre. Todo en una franja de territorio que apenas tiene 40 kilómetros de largo y que tomó absolutamente desprevenidas a las poderosas fuerzas de seguridad de Israel.
Todos esos instrumentos cibernéticos, electrónicos, de IA, son esenciales en la seguridad moderna. Pero como ocurrió el 11-S y ahora en este sábado trágico en Israel, lo que faltó fue la inteligencia humana, las filtraciones, los infiltrados, el poder ver a los ojos de los adversarios, que hubiera personas, no máquinas, que pudieran interpretar el clima y manejarse con imaginación respecto a lo que podrían hacer terroristas que no se van a ceñir a ningún código o norma de conducta tradicional, militar o civil. No es fácil ni se consigue en un lapso corto de tiempo, al contrario, pero las fuentes humanas son fundamentales para la seguridad, y la progresiva pérdida o subestimación de éstas se encuentran en la mayoría de los grandes fallos de la inteligencia de los países.
Eso se combina y está relacionado con otro elemento político clave: el clima de desconfianza generalizada hacia la autoridad, con el surgimiento de movimientos populistas de los que se aprovechan también los terroristas. En el 11-S, a todos los elementos objetivos se sumó la percepción de que el país no había podido trascender la elección de noviembre del año 2000, donde el triunfo de George W. Bush terminó siendo decidido por la Suprema Corte, sin que siquiera se hubieran terminado de contar los votos. En Israel, el gobierno de Benjamin Netanyahu es el más conservador y populista de la historia, de un país que estaba dividido y polarizado por ese gobierno decidido a vulnerar el Poder Judicial y muchas libertades de sus ciudadanos. Estaba distraído en su propio conflicto y polarización interna.
En México nos pasa algo similar, con todas las diferencias del caso: no se termina de comprender la magnitud del desafío del crimen organizado (nuestros virtuales terroristas, que han matado 170 mil personas en lo que va del sexenio), el peso del control territorial que ejerce en varios puntos del país, la trascendencia de una crisis migratoria que terminará por estallar en cualquier momento. Hay quienes piensan que los grupos criminales no estarán interesados en los procesos electorales y que no intervendrán ni generarán provocaciones o estallidos. Se equivocan: están leyendo mal la información que ya poseen. Reaccionarán tarde y mal. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)
Militares rusos, de nuevo invitados a México
A pesar de la polémica que generó en el Desfile Militar del 16 de septiembre, nuevamente se contó con una delegación rusa en una ceremonia oficial, en esta ocasión como invitada al Bicentenario del Colegio Militar. Dirán que también se invitó a delegaciones de otros países, sí, pero los otros no son invasores de un pueblo soberano como el de Ucrania, ¿verdad? Y bueno, de la presencia también de militares del régimen represor de Daniel Ortega en Nicaragua ya mejor ni hablamos. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 33)