Opinión Migración 181023

Repensar / Histeria

Con nuevos bríos regresa en Estados Unidos la histeria antimigrante. Los mismos políticos que han sido incapaces de acordar leyes para que su país tenga un proceso migratorio ordenado y provechoso, regresan a denunciar una imaginaria invasión. Buscando réditos electorales, alarman a la población haciéndole creer que se ha disparado la inmigración ilegal.

No es verdad. Lo primero que hay que tener claro es que no to[1]dos los que llegan, se quedan. Así como entran miles de migrantes cada año, otros tantos (ciudadanos, residentes o ilegales) se van.

Lo hacen porque terminaron una carrera universitaria o un contrato laboral; porque se casan con un extranjero o se divorcian de un nacional; porque no encontraron un trabajo satisfactorio o no se adaptaron; porque extrañan a sus familiares o se aburrieron de la comida; porque buscan un lugar donde hacer fortuna o donde les rinda más su pensión; porque se les acabó la visa o los deportaron.

Tenemos por eso que hablar de inmigración neta. Esta ha sido positiva (más ingresos que egresos) desde el inicio de la nación y se ha mantenido estable en lo que va del siglo. Fue de 1.2 millones en 2001 y de 1.0 millones el año pasado.

Hay que entender que de ese millón que aumentó la población migrante el año pasado, la mayor parte entró en forma legal, con visas para reunificación familiar, para trabajar o estudiar.

Lo que es cierto es que las políticas restrictivas de Donald Trump, en específico la reducción en el tope anual de refugiados y la expulsión exprés por razones sanitarias durante la pandemia (Título 42 de la ley migratoria), redujeron a la mitad esa inmigración neta entre 2019 y 2021.

Tampoco han crecido, como se supone, los “encuentros” en la frontera. Es decir, las aprehensiones y expulsiones por parte de la Patrulla Fronteriza. Fueron 1.6 millones en 1986, 1.6 millones en 2000 y 1.7 millones en 2021.

LO QUE SI CAMBIÓ

Lo nuevo en este siglo es el perfil demográfico y nacional de los inmigrantes indocumentados. Antes eran mayoritariamente hombres jóvenes solos y ahora hay más familias completas y niños no acompañados.

Entonces eran casi todos mexicanos. En este siglo fueron disminuyendo los compatriotas que querían irse para allá, hasta llegar casi a cero. Lamentable[1]mente en los últimos años volvieron a aumentar. Hoy son mayoría los centroamericanos, caribeños y venezolanos. Crecientemente están llegando africanos y asiáticos.

También es diferente en los últimos años la forma de entrada. Menos se arriesgan a cruzar por el río y por el desierto. Más entran con visa de turista y no salen antes de que expire.

Muchos solicitan se les admita como refugiados, sin que realmente estén escapando de una guerra o persecución. Aprovechan que los jueces han interpretado flexiblemente la ley, en beneficio de quienes se dicen víctimas de desastres naturales o de violencia intrafamiliar. Admitidos temporalmente, buena parte se esfuma sin esperar el juicio.

Por último, los puertos de entrada más socorridos ya no son San Diego y El Paso, sino Río Grande, Del Río y Yuma.

En realidad, numéricamente, la inmigración no ha variado tanto. Sólo se vuelve preocupante cuando se le ve como proporción de la población total.

Dado que la tasa de nacimientos (por 100 mil habitantes) pasó de 14.2 en 1970 a 12.0 en 2019, el crecimiento natural de la población va quedando por debajo de la inmigración neta. Es decir, se incrementa más rápido la población migrante que la nativa.

Los que viven en la Unión Americana, sin haber nacido ahí, llegaron a ser 13 millones (15% de la población) a fines del siglo 19, después de las grandes migraciones europeas. Luego fueron bajando hasta 10 millones (5% de la población) en 1970, para incrementarse aceleradamente hasta llegar a 46 millones (14% de la población) en 2022.

De esos 46 millones aproximadamente la mitad están naturalizados, un cuarto es de residentes y otro cuarto (11 millones) de indocumentados.

Precisamente por esa mutación demográfica, Estados Unidos requiere migrantes y va a requerir cada vez de más. El problema es que la polarización política no les ha permitido rehacer racionalmente el sistema migratorio.

En lugar de eso, unos buscan conseguir votos proponiendo irresponsablemente la regularización indiscriminada y los otros venden como panacea el estricto control fronterizo, con muros, alambradas, boyas flotantes, drones y soldados. (Alejandro Gil Recasens, El Financiero, Mundo, p. 31)

El Dedo en la Llaga / Morir en México

Pies descalzos y sangrantes de tanto caminar por lugares inhóspitos. Los peligros de caer de un tren, ser arrollados en una carretera o asfixiados en un transporte inhumano. Hambre, cansancio, extorsión y secuestro a manos de mafias de coyotes, maltrato de autoridades e indolencia de muchos. Eso es lo que sufren miles de migrantes que huyen de países con regímenes autoritarios, políticas criminales y economías empobrecidas que cercenan toda oportunidad de crecimiento y desarrollo. Estamos viendo una verdadera crisis humanitaria.

Números de escándalo. De acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores, diariamente salen tres mil personas desde el tapón del Darién, provenientes en su mayoría de Venezuela. A su paso por Centroamérica se agregan tres mil más, por lo que llegan seis mil a nuestra frontera sur en promedio. A esas caravanas se suman dos mil mexicanos, así que a la frontera norte llegan 8 mil personas, todos los días, buscando entrar a Estados Unidos.

El Ejecutivo Federal insiste en que la capacidad de atención migratoria no está desbordada, afirmación claramente fuera de la realidad. La propia canciller mexicana, Alicia Bárcena, dijo hace menos de un mes en la ONU que es imposible procesar 140 mil solicitudes de asilo en Tapachula.

Este mismo lunes, un grupo de haitianos desesperados derrumbaron vallas metálicas y entraron por la fuerza a las instalaciones de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados en esa ciudad chiapaneca, episodio cada vez más frecuente aún cuando hace pocos días se había despresurizado la carga en esa instalación, enviando a 8 mil 152 a otros puntos de la región y de Tabasco y Veracruz.

¿Problema focalizado? No. Sólo durante las pasadas dos semanas, Oaxaca contabilizo´ el paso de 63 mil 104 migrantes según el informe público del secretario de Gobierno, Jesús Romero López. Ese número sólo incluye a los identificados mediante una instancia oficial, así que habría que agregar otra gran cantidad indeterminada de migrantes que no pasaron por filtro alguno. El gobierno oaxaqueño ha tenido que tomar medidas como instalar Centros de Movilidad Migratoria, clausurar terminales irregulares de autobuses que hacen negocio trasladando migrantes e incrementar las revisiones del transporte en las carreteras.

En tanto ¿qué están haciendo los gobiernos de los países expulsores para retener a sus ciudadanos? La cumbre sobre migración de este domingo en Palenque, Chiapas, no tiene grandes expectativas. Incluso el gobernante venezolano, Nicolás Maduro, estará presente con su discurso de odio contra el país a donde buscan llegar quienes huyen de su régimen dictatorial.

Estados Unidos no tiene cómo frenar realmente la migración ni forma de filtrar el paso de delincuentes que se escabulle entre ellos. Tiene convertido a México en un tercer país seguro de facto, donde se agolpan miles y miles de migrantes con la esperanza de cruzar la frontera con el permiso del tío Sam, que los expulsa hacia acá en lo que su burocracia procesa solicitudes. El gran problema es que nuestro país no recibe apoyo financiero alguno del gobierno estadounidense por servir como su sala de espera.

Si eso no es ya un gran problema, se agrega que los mexicanos en busca de irse también a Estados Unidos lo hacen debido a gobiernos incapaces de hacerlos sentir seguros en su propia tierra, pero sí se atreven a presumir la llegada de las remesas como un gran logro, cuando es todo lo contrario. Esas remesas son, en su mayoría, producto del éxodo masivo de mexicanos que tuvo que buscar suerte en el norte debido a que la gran crisis de 1995 les quitó aquí sus patrimonios, empleos y sueños, dejándolos sin otra alternativa.

Seguimos igual. (Adriana Delgado Ruiz, El Heraldo de México, País, p. 6)

L.A.tinolandia

“Si, we’ll be there in five minutes ‘mija’, so, apúrate”, escucho que le dice una madre a su hija por teléfono en un autobús rumbo al “downtown” de Los Ángeles, California. Por la noche fui a Beverly Hills a ver las casas de los famosos (nada más “gringo” que eso), y seguido, manejé a West Hollywood.

En el camino observé la arquitectura que se desvelaba por la zona y en un instante, sentí que me había transportado de regreso a México. De todos lados procedieron olores, sabores y colores de esa cultura: puestos de taquitos en la calle, tamales, piñatas y demás; era cómo andar en el centro de cualquier ciudad mexicana.

Luego aparecieron las tiendas y restaurantes modernos y supe que estaba de nuevo en Estados Unidos. El efecto se pareció a una atracción de realidad virtual, en dónde no se distingue la realidad del juego. El parque de diversiones dónde ocurrió esto no se llamaba Disneylandia, sino Latinolandia. “Córrele brother, come on”, se volvió a escuchar y entendí que hay gente que incluso no habla inglés, a pesar de los años viviendo en ese país anglo parlante y ¿para qué? Si todos hablan español.

En esta ciudad norteamericana 1.8 de los 3.8 millones de habitantes que hay, son de origen latino; representan el 47% de la población. De acuerdo con el Public Policy Instituto de California, el Golden State tiene más inmigrantes que cualquier otro. Casi 50% de los niños en CA tienen un padre inmigrante.

La migración nunca para. Diariamente familias enteras provenientes de países latinoamericanos como Honduras, El Salvador, Guatemala y Venezuela arriesgan su vida para cruzar ilegalmente a la tierra del Tío Sam en búsqueda de una mejor vida. Llegan principalmente a California por su política liberal de inmigración, en contraposición de Texas y Florida que son estados republicanos (conservadores) donde impera el racismo.

L.A. se ha convertido en un santuario de inmigrantes, pero el sueño americano tiene varias aristas. El trabajo es duro, pero es mejor estar “acá” y trabajar de lo que sea, a padecer infortunios y pobreza en países latinoamericanos. De acuerdo con Home Land Security, en septiembre se reportó la mayor aprehensión de inmigrantes que intentaban cruzar ilegalmente la frontera; hubo 200 mil.

La migración es el tema de debate de este 2023 de Estados Unidos y México, y mientras se discute el tema para encontrar una solución, decenas de miles de migrantes están cruzando por algún “hueco” de la línea fronteriza , si no es que en la caja de un tráiler. La nueva ley de migración que criminaliza el transporte de inmigrantes ilegales es la nueva ” casa del terror” de Universal Studios, sobre todo en Florida.

 

La gente ni siquiera sale a la calle para evitar ser detenida, pero mientras no mejoren las condiciones de los lugares de origen de los migrantes, habrá más gente intentando derribar los muros, incluso si eso les cuesta la vida. Por lo pronto yo, desde la tierra de la “fantasía latina norteamericana”, sigo observando y aprendiendo de este delicado tema. (Flor María Yáñez Álvarez, El Sol de México, Análisis, p. 13 y Ovaciones, Opinión, p. 28)

Cartones

Concluye operación repatriación

repatriación

(De la Torre, Excélsior, Nacional, Editorial, p. 12)