Nos dicen que para poder entender el monto de las remesas que llegaron a México en octubre, por un total de 5 mil 812 millones de dólares, lo que representó un nuevo máximo mensual, basta con ver a los migrantes centroamericanos en tránsito por el territorio nacional, haciendo largas filas en Banco Azteca, de Ricardo Salinas Pliego, así como en supermercados y farmacias que tienen el servicio de remesadoras, para cobrar el dinero que les envían sus familiares desde Estados Unidos para poder seguir su camino hacia la frontera norte del país.
Nos cuentan que debido a que muchos de ellos permanecerán más tiempo del previsto en tierras mexicanas por las complicaciones que se les está presentando al perseguir el sueño americano, las remesas seguirán fluyendo ya no únicamente como un sostén para los hogares mexicanos, sino para los miles de familias de migrantes que acampan por todas partes en las calles. (Desbalance, El Universal, Cartera, p. A26)
Paisanos, imparables // Récord en remesas // Adiós, Samuel, adiós
Los paisanos se han convertido en uno de los pilares económicos y sociales de la propia tierra que los expulsó ante la falta de oportunidades y el constante deterioro de su precario nivel de vida. Con miras al norte y soportando todo tipo de vejaciones, este universo de mexicanos salió de su patria en busca de seguridad y mejores niveles de bienestar que su país y sus gobernantes tajantemente les negaron. A la vuelta de los años, este universo de mexicanos puntualmente envía remesas a sus familiares y apuntalan su desarrollo.
Tan solo en el transcurso de la presente administración gubernamental y contra viento y marea, los paisanos acumulan envíos por más de 240 mil millones de dólares (hasta octubre pasado), o si se prefiere más de 4 billones de pesos al tipo de cambio actual. Se trata de una enorme cuan creciente derrama económica que reciben millones de familias que han visto mejoría en sus niveles de bienestar. Y los paisanos no aflojan.
La Jornada lo reseña así (Alejandro Alegría): las remesas familiares establecieron un nuevo máximo histórico mensual. En octubre de 2023 sumaron 5 mil 812 millones de dólares, monto que representó un aumento de 8.4 por ciento frente a igual lapso de 2022, según datos publicados por el Banco de México. El resultado anual también impuso una nueva marca, ya que el saldo de las remesas entre enero y octubre ascendió a 52 mil 888 millones de dólares, acumulado que significó un avance de 9.4 por ciento respecto a igual periodo del año pasado. El monto mensual reportado en el décimo mes se colocó como el periodo con mayores ingresos en lo que va del año, al superar 5 mil 696 millones de dólares registrados en mayo y 5 mil 651 millones de dólares en julio. Es la cifra más alta desde 1995, cuando comenzó el registro.
De acuerdo con el Pew Research Center, en 2022 había 63.7 millones de hispanos viviendo en Estados Unidos. Esa población tiene diversos orígenes. Cerca de 60 por ciento de ese universo lo conforma la población mexicana, con alrededor de 37 millones 200 mil. El 40 por ciento restante lo conforman puertorriqueños, salvadoreños, dominicanos, cubanos (que en conjunto representan 21 por ciento del total) y otras nacionalidades latinoamericanas (los españoles apenas representan 1.55 por ciento del total (de acuerdo con la Oficina del Censo del vecino del norte).
El citado centro señala que “recientemente los orígenes de los hispanos estadunidenses han comenzado a cambiar a medida que se modifican los patrones de inmigración desde América Latina. El número de inmigrantes mexicanos que viven en Estados Unidos ha disminuido a medida que ha crecido el de dominicanos, venezolanos, guatemaltecos, hondureños, salvadoreños o con otro origen hispano.
En el periodo comprendido entre 2010 y 2021, detalla el PRC, los mexicanos, el grupo de origen hispano más grande, registró la tasa de crecimiento más lenta: 13 por ciento . Sin embargo, esa población agregó una mayor cantidad de personas que cualquier otro grupo de origen: 4.3 millones. En ese mismo periodo, la población venezolana en Estados Unidos aumentó 169 por ciento: de 240 mil a 640 mil. Esta fue, con diferencia, la tasa de crecimiento más rápida entre los grupos de origen hispano. Los dominicanos y guatemaltecos tuvieron las siguientes tasas de crecimiento más rápidas, con 60 por ciento cada uno.
De acuerdo con el citado centro, en 2021 la mayoría de los hispanos residentes en EU eran ciudadanos estadunidenses: alrededor de 81 por ciento, frente a 74 por ciento en 2010. Entre los grupos de origen hispano, prácticamente todos los puertorriqueños son ciudadanos estadunidenses. Los españoles (95 por ciento), panameños (90), cubanos (82) y mexicanos (81) tienen algunas de las tasas de ciudadanía más altas, mientras que hondureños y venezolanos (51 por ciento cada uno) las más bajas.
En Estados Unidos los mexicanos constituyen la mayor proporción de hispanos en el país, con 60 por ciento. Ningún otro grupo de origen representa siquiera 10 por ciento de los hispanos en Estados Unidos, aunque estas proporciones difieren sustancialmente en áreas metropolitanas específicas.
Las rebanadas del pastel
Parece que concluyó el vodevil norteño, con Samuel García como protagonista, mientras los prianistas –expertos en chantaje, chicanas y enjuagues– no dejan de mostrar el cobre. En paralelo, Dante Delgado amenaza con remplazar al fosfo fosfo con una alternativa mucho peor, pero, eso sí, ambicioso como ninguno y especialista en cambiar de chaqueta. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 23)
Varios sectores sociales que fueron consultados por esta columna coincidieron en que quieren más de las precampañas. Haciendo un esfuerzo de síntesis, podría decir que lo que se busca es más sustancia y menos retórica. Piden seriedad y enfoque.
Las soluciones sobre los problemas de seguridad, violencia y narcotráfico son de los primeros temas que se tocan cuando se les pregunta sobre qué se quiere escuchar y debatir. Muy cerca de la violencia están los temas de la migración masiva que impacta en todo el país, generando una ola de criminalidad, violencia y desesperación en su paso.
Por supuesto, está la preocupación por la situación económica que ha generado una nueva oleada de migrantes mexicanos que, silenciosos, prefieren abandonar sus casas, barrios y pueblos para buscar una cierta seguridad al norte. Los datos macroeconómicos pueden ser buenos formalmente, pero la gente está sufriendo y necesita respuestas.
Hay que discutir a fondo las propuestas serias y meditadas sobre el futuro de la inclusión social en el modelo económico. Todos cabemos, pero ¿cómo? También se demandan respuestas.
El debate sobre la salud se ha degradado a una burla sobre Dinamarca. Dejemos eso atrás y que hablen los que sí saben del tema sobre qué hacer para reconstruir urgentemente una alternativa seria y real para poder atender la emergencia de salud que enfrenta el país.
Sin una buena educación de calidad no hay futuro. Singapur y Corea del Sur son ejemplos a seguir, en términos de fincar el futuro de un país en la educación de las generaciones futuras de la nación. Sin educación no hay país.
En el mundo moderno no abordar con seriedad y profundidad los problemas medioambientales, del modelo económico, el desarrollo urbano y la sustentabilidad, nos dejará en el rezago y encaminados a la autodestrucción. Esto se vincula al modelo energético del país y la funcionalidad de los grandes proyectos industriales que medran del medio ambiente. Existe un agotamiento social con la retórica fácil y comercial sobre el tema. (Ricardo Pascoe Pierce, Excélsior, Comunidad, p. 29)
En las próximas semanas, la Suprema Corte de Justicia de la Nación tomará una decisión muy importante para el desarrollo de las ciencias y las humanidades de nuestro país: declarar vigente o no la nueva ley de humanidades, ciencia, técnica e innovación (Conahcyt), que entró en vigor el 8 de mayo pasado. Se encuentran en juego un asunto de forma y otro de fondo. El primero es la impugnación que ha hecho a la ley la oposición al gobierno, aduciendo falta de deliberación democrática.
En otras palabras, que faltó más tiempo para analizar la propuesta de ley en las cámaras de Diputados y Senadores, pero el tema de fondo es mucho más importante y es el relacionado a la continuidad, o no, de la política neoliberal del Estado en este sector, como ocurrió durante 36 años. Esta última cuestión ha sido ampliamente expuesta en diversas ocasiones por María Elena Álvarez-Buylla Roces, directora del Conahcyt, a través de la denuncia de que de 2001 a 2018 se destinaron al desarrollo de los programas de investigación de las compañías privadas 45 mil millones de pesos y que en el caso de Kimberly Clark se otorgaron 36 millones para estudiar nuevas tecnologías en pañales, así como millones de pesos a la Nissan para la investigación sobre nuevos colores para carrocería de sus automóviles, entre otros. La pregunta obligada es si se está de acuerdo con que los impuestos de los ciudadanos mexicanos sean empleados de esa manera.
Esta actitud y otras similares son propias de un Estado dependiente, pero existen también otros temas que se prevén en una ley muy detallada, como el desarrollo de ciencia básica, en especial el agregado de una h al antiguo nombre de Conacyt. Esta letra es extraordinariamente importante en la situación en que nos encontramos.
Como todos sabemos, vivimos en una crisis humanitaria mundial en diversos sentidos: en el plano internacional estamos presenciando el sacrificio terrible del pueblo ucranio a causa de una lucha hegemónica entre Rusia y Estados Unidos y una no menos terrible matanza del pueblo palestino; en nuestro país presenciamos el viacrucis de los migrantes hacia el sueño americano, a pesar de los enormes sacrificios y riesgos que representa y que implica que la situación en sus países de origen era ya insoportable; también estamos siendo víctimas de la que parece ser una inamovible política armamentística en Estados Unidos, proveyendo a narcotraficantes, con extraordinaria facilidad, las armas más dañinas.
De igual forma, vivimos en México los efectos de los desaparecidos y la violencia contra las mujeres y, en otro orden de cosas, nuestros niños, niñas y jóvenes, se encuentran bajo el efecto de la más profunda enajenación que los priva de una conciencia de sí y de las circunstancias en que se encuentran, sometiéndolos a un mundo imaginario y violento.
Es por esta razón que el ciudadano debe contar con armas legales para exigir que el Estado desarrolle una fuerte contraofensiva contra estas formas actuales de enajenación, mediante una educación filosófica y humanística. En este sentido, la nueva ley de Conahcyt implica el fortalecimiento de los aspectos humanísticos de todas las ciencias, así como un fuerte impulso a la ética, la lógica, la estética, el arte, la literatura y en general a todas las disciplinas humanísticas.
Todo esto se establece explícitamente en la ley al definir que el Estado está obligado a formular, ejecutar y evaluar las políticas públicas que implican el apoyo a las humanidades y a la investigación en ciencia básica y de frontera que contribuya al avance del conocimiento en todas las áreas y campos del saber científico, así como a aquella orientada a diagnosticar, prospectar y proponer a las autoridades competentes acciones y medidas para la prevención, atención y solución de problemáticas nacionales (fracción I); la participación de los sectores público, social y privado en actividades de investigación humanística y científica; el desarrollo tecnológico y la innovación, sobre la base de programas y proyectos específicos, así como su vinculación corresponsable con universidades, instituciones de educación superior, centros de investigación nacionales e internacionales y la comunidad en general (fracción X), y también, el desarrollo de la filosofía, las humanidades y las ciencias sociales, incluyendo la bioética y otras disciplinas de carácter ínter y transdisciplinario, que permitan analizar y evaluar el progreso científico y tecnológico, así como sus consecuencias en las formas de ser y de pensar de los seres humanos y sus entornos naturales y culturales (fracción XXV).
Por tales motivos sería una gran muestra de humanismo y buen juicio que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación evaluaran el fondo, el significado y la importancia de esta ley. (Gabriel Vargas Lozano , Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la UAM-I, La Jornada, Política, p. 14)
“Las democracias se deshacen gradualmente y después de repente”, escribe Lisa Allardice, modificando tantito una frase de Heming-way, en su reseña en The Guardian de la novela recién ganadora del Premio Booker, Prophet Song, la cual imagina a Irlanda bajo un régimen fascista. Esa frase resume la coyuntura no ficción de otro país, ese que siempre ha presumido ser el modelo mundial de la democracia.
Ese proceso gradual en Estados Unidos se aceleró durante los últimos 40 años bajo ese modelo, por definición antidemocrático, el neoliberalismo, con una cúpula política cada vez más lejana del pueblo que pretende representar. Gore Vidal decía que hay un solo partido en Estados Unidos, el Partido de la Propiedad, y tiene dos alas derechistas: republicanos y demócratas.
Sigue siendo una democracia donde no existe el voto directo popular para elegir a los presidentes, donde varios estados tienen leyes explícitamente diseñadas para suprimir el voto de los pobres y de las minorías, y un proceso electoral viciado por el dinero (más de 14 mil millones de dólares fluyeron en las elecciones federales de 2020).
El ex presidente Jimmy Carter, quien por décadas se dedicó a promover y monitorear elecciones libres alrededor del mundo a través de su Centro Carter, comentó en 2015, después de un fallo de la Suprema Corte aprobando el dinero ilimitado en las elecciones, que Estados Unidos ahora es sólo una oligarquía, con soborno político ilimitado. Carter advirtió en enero de 2022, un año después del intento de golpe de Trump, que “ahora temo que eso por lo cual hemos luchado tanto para lograr globalmente, el derecho a elecciones libres e imparciales… se ha vuelto peligrosamente frágil aquí en casa”.
Los sondeos y tasas de aprobación de las instituciones políticas estadunidenses siguen registrando una masiva desaprobación de la cúpula política. Un sondeo de 2021, el Survey Center on American Life, registró que casi siete de cada 10 estadunidenses opinan que la democracia estadunidense sólo sirve a los intereses de los ricos y los poderosos.
Hoy día, 65.5 por ciento contra 26.3 por ciento creen que el país procede en una dirección equivocada con una mayoría reprobando al Ejecutivo, según un promedio de sondeos, reporta RealClearPoltiics. Peor aún, la aprobación del desempeño del Congreso se desplomó a sólo 13 por ciento en la encuesta de Gallup más reciente y una mayoría de 58 por ciento desaprueba del desempeño de la Suprema Corte.
Estos indicadores del grave deterioro del sistema político, y su reprobación por el demos, son acompañados por una economía cada vez más antidemocrática, con la desigualdad tanto en riqueza como en ingresos llegando a niveles no vistos desde poco antes de la Gran Depresión. Los tres hombres más ricos del país tienen más riqueza que la riqueza total de 50 por ciento de los estadunidenses (https://inequality.org/facts/wealth-inequality/).
Mientras tanto, Trump, quien está empatado o le gana a Biden en encuestas recientes al inicio del año electoral, ofrece una opción cada vez más explícitamente fascista, con promesas de represión a disidentes y enemigos dentro y fuera de Estados Unidos, campañas xenofóbicas antimigrantes, ataques contra los derechos y libertades civiles; todo mientras sus fieles amenazan con violencia política y sus aliados continúan con la censura y hasta quema de libros.
Las alarmas suenan de nuevo, pero con hasta mayor preocupación, sobre la extinción de la democracia con un posible retorno de Trump, y no sólo entre liberales y progresistas.
La ex diputada Liz Cheney, quien era la tercera republicana de mayor rango en el Con-greso, advirtió esta semana: estamos caminando como sonámbulos hacia la dictadura en Estados Unidos. Robert Kagan, analista político neoconservador en el Brookings Institution, ofreció la misma advertencia en el Washington Post sobre un retorno de Trump, al afirmar que hay un camino claro hacia la dictadura en Estados Unidos y se está acortando cada día.
¿Continuará alumbrado el (autoproclamado) faro de la democracia? (David Brooks, La Jornada, Mundo, p. 27)