¿Y la gobernadora?
Nuevamente Tlaxcala… Dicen que solo con la complicidad de la autoridad o de plano, con la ineficacia, la delincuencia puede llenar una bodega con 700 migrantes en un estado tan pequeño, y no es casual que esa entidad sea reconocida por el problema de la trata de personas, un delito muy ligado al tráfico migrantes. Aunque a muchos no les sorprende que en la entidad en donde se ha cambiado a cuatro secretarios de Seguridad en dos años pasen estas cosas, como las que suceden en el estado gobernado por Lorena Cuéllar. ¿Será? (¿Será?, 24 Horas, PÁG. 2)
La administración del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tiene un problema respecto a su política migratoria. Cualquiera que sea la solución que proponga, a muchos de sus electores no les gustará.
Lo primero que Biden se tiene que preguntar es el cauce que dará a las demandas que le plantean los más disímbolos grupos sociales en torno a la migración, y el peso que la política en la materia tendrá en la próxima elección. Una vez resuelta esa disyuntiva, deberá sopesar la forma en que su decisión afectará el voto de la comunidad de origen latino, a su partido y a él mismo en los comicios venideros.
De acuerdo con un estudio elaborado en 2020 por la organización PEW Research Center, una de las organizaciones más serias y consistentes en materia de estudios de opinión, la migración aparece en noveno lugar debajo de la economía, la salud, la Suprema Corte, el coronavirus, el crimen, la política externa, las armas, la desigualdad, incluido el racismo y la pobreza. Los tiempos han cambiado y el tema de la migración se ha elevado a uno de los que más preocupan a la sociedad estadunidense, o para ser más exacto, a uno de sus sectores. Pero el contexto ha cambiado y el tema de la migración se ubica entre los más destacados en la próxima elección.
El Partido Republicano se ha encargado de satanizar a los migrantes y usarlos como tema de campaña para atemorizar al electorado sobre sus efectos negativos en el país. Empezando por su virtual líder, Donald Trump, quien en una de sus más recientes arengas de campaña dijo que los migrantes envenenan la sangre de la nación; vienen de las prisiones y son débiles mentales, lo que más bien pareció una autocrítica. La forma en que Biden le respondió fue categórica, acusándolo de racista y xenófobo.
La disyuntiva del mandatario es cómo rechazar no sólo los epítetos de Trump en contra de los migrantes, sino cómo dar cauce a la creciente preocupación de miles de estadunidenses en torno a la llegada de miles de extranjeros sin violentar la tradicional política de bienvenida a quienes llegan a contribuir con su trabajo y no a medrar, como aseguran Trump y sus adláteres.
Los asesores de Biden tendrán que preguntarse si el voto latino tiene un peso electoral sustancial como para arriesgarse a ignorar las oleadas republicanas por lo que consideran una política de fronteras abiertas. No es para ganar el voto de los migrantes, que al fin y al cabo no votan, sino el de quienes los apoyan y sí votan. En cualquier caso, deberán encontrar una fórmula que sin ignorar las demandas de asilo de miles de migrantes al mismo tiempo acalle a sus críticos en torno al tema.
En este contexto, es innegable que el problema de Biden va más allá de la política migratoria. Tiene que ver con la incesante caída de su popularidad, que no se ha detenido con los éxitos obtenidos en cuestiones como salud, el respeto a los derechos humanos y, desde luego, la economía. Por ejemplo, su programa de gasto en infraestructura ha servido para que los gobernadores y legisladores republicanos de varios estados lo exploten como si fuera un programa de ellos y no del gobierno federal. ¿Cómo hacer entender al electorado que quienes hoy se regodean con la derrama que ha producido el gasto en infraestructura fueron los que criticaron la iniciativa y pusieron todo tipo de cortapisas para que se concretara? Es de esperarse que, no en el largo plazo, sino en corto y mediano, los beneficios de los programas económicos de la administración satisfagan las necesidades de las mayorías, incluyendo las de origen latino.
Por ahora, Biden tiene que revertir la caída en su popularidad por uno de sus componentes: el voto latino. El Partido Demócrata debe superar el mito de que los electores de origen latino votan automáticamente por los demócratas. Se ha demostrado que por muchas razones no es así. Habrá que analizar la complejidad de estas razones en próximas entregas. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Política, p. 18)
El pasado 9 de enero de 2024 se dio un importante encuentro entre legisladoras y legisladores del Congreso de la Unión con titulares de embajadas y consulados de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Un espacio de diálogo y encuentro, para abordar temáticas como el cambiante contexto internacional, los conflictos internacionales actuales y sus efectos, así como los retos que enfrenta la región de América Latina y el Caribe. Sin duda, el tema central para nuestro país es la migración.
Por su posición geográfica, México comparte con los Estados Unidos una línea fronteriza a lo largo de 3,152 km desde el noroeste en Tijuana hasta la desembocadura del Río Bravo en el Golfo de México; de tal forma que nuestro país es origen, tránsito y destino de procesos migratorios. Desde el año 2018 hemos observado un cambio significativo en el fenómeno migratorio, con el advenimiento de las denominadas caravanas de migrantes; el incremento en cifras récord de personas migrantes; y la diversificación de los países y regiones de origen de las personas migrantes que cruzan el territorio nacional.
El Inegi informó que la población mexicana nacida en el territorio, pero que emigró al extranjero, era de 11.7 millones; la población mexicana nacida en el extranjero, de primera generación, eran 13.5 millones; y que la población mexicana nacida en el extranjero, de segunda y sucesivas generaciones, era de 12 millones, misma que radica casi en su totalidad en los Estados Unidos.
Existe una grave preocupación por las crecientes expresiones xenofóbicas y propuestas normativas de otros países que buscan criminalizar a nuestros hermanos migrantes, cuyo ejemplo más claro es la ley promulgada el 18 de diciembre de 2023 en el estado de Texas, conocida como Ley SB4, la cual tipifica como un delito el que una persona migrante ingrese o intente ingresar a dicho estado de forma irregular. Un migrante, podría pasar hasta 20 años en prisión.
Como representantes populares, debemos alzar la voz, denunciar y combatir por todos los medios y con todos los recursos a nuestro alcance este tipo de medidas que normalizan y legalizan actos de discriminación, acoso u hostigamiento hacia comunidades y minorías vulnerables por parte de autoridades en otros países. Condenable la xenofobia del gobernador de Texas al afirmar que no dispara a migrantes para que no los acusen de homicidas. Nuestro deber es con las y los mexicanos, por ello la política exterior de nuestro país debe siempre tener la mirada vigilante para proteger a nuestros connacionales. (Geovanna Bañuelos, El Sol de México, Análisis, p. 14)
Para celebrar el 20 aniversario de la carta pastoral “Unidos construyendo el futuro con los Migrantes, ya no somos extranjeros”, los obispos fronterizos de México y de Texas dieron a conocer un nuevo mensaje que pretende ser una respuesta de ayuda humanitaria al trágico problema de los migrantes de más de 130 países que pasan por nuestro país.
El nuevo mensaje está dirigido a los gobiernos de Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador, a las organizaciones, y a los hombres y mujeres de “buena voluntad” que trabajan por la causa de los migrantes. La carta está firmada el 7 de enero de este año, por 8 obispos texanos y 5 obispos mexicanos y, entre sus 40 puntos de diagnóstico, denuncia y propuestas, destacan los siguientes temas:
Los 13 obispos de la Iglesia Católica dicen que conocen las múltiples violaciones a sus derechos fundamentales, la pobreza, las injusticias, la violencia, los peligros y los abusos que padecen, tanto en sus lugares de origen, como en los de tránsito y destino.
“Nos angustia que los migrantes sean víctimas de las organizaciones criminales, así como de la corrupción y complicidad de algunas autoridades. Nos preocupa el tráfico y la trata de personas, el desplazamiento forzado, las detenciones y deportaciones sin respeto al derecho de aquellos que buscan protección internacional, la persecución constante y la criminalización de la que son objeto”.
Si bien nuestra labor ha sido constante desde hace mucho tiempo, en los últimos años ha resultado especialmente difícil, debido a la llegada de miles de migrantes.
En 2020, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) calcula que en el mundo hay 281 millones de migrantes internacionales, lo que representa el 3.6% de la población mundial. Uno de cada cuatro migrantes internacionales a nivel mundial residía en el continente americano, lo que equivale a 73.5 millones de personas.
La principal región de destino de migrantes es América del Norte, pues Estados Unidos alberga al mayor número de migrantes de todo el mundo, con casi 51 millones. Actualmente, 8 mil personas que buscan asilo están llegando diariamente a la frontera entre México y su vecino del norte.
La OIM ha considerado la frontera entre Estados Unidos y México como la ruta migratoria terrestre más peligrosa del mundo, con un registro de 686 migrantes fallecidos o desaparecidos a lo largo de esa línea divisoria en el año 2022. México es un país de origen, tránsito, retorno y destino de migrantes. Entre enero y febrero del 2023 se registraron 6.1 millones de eventos de entrada a México de personas extranjeras, lo que representó un incremento del 37.5% respecto al periodo anterior.
Las personas migrantes huyen de sus países a causa de la injusticia, la pobreza, la violencia y de los desastres naturales ocasionados por el cambio climático, buscando libertad, seguridad y la oportunidad de una vida más digna. Datos de la Secretaría de gobernación en el primer trimestre del 2023 fueron detenidas en México personas procedentes de 125 países, la cifra se quintuplicó en la última década.
La Iglesia Católica, dicen los obispos, no aboga por fronteras abiertas, sino por leyes que respeten los derechos humanos; no fomentamos la migración ilegal o indocumentada, sino que abogamos por vías legales para la migración.
La militarización de la frontera sur de Estados Unidos y de la frontera norte y sur de México, ha incluido abusos de autoridad, detenciones arbitrarias y separación de familias. Es deplorable la condición de los lugares en la frontera comúnmente conocidos como hieleras; constantemente se reciben reportes de abusos, falta de comida y enfermedades sin tratar. Lamentablemente, estos abusos o falta de cuidado han llevado a la muerte a decenas de personas que estaban bajo la custodia del gobierno americano.
La estadística de las autoridades de México y Estados Unidos, así como de Naciones Unidas, no abarca la totalidad de personas en contexto de movilidad humana en México, tampoco considera el número de víctimas de trata ni de tráfico ilícito de migrantes, migrantes desaparecidos, ni personas que deciden permanecer en la clandestinidad.
Los Obispos de México y Estados Unidos, piden a los gobiernos de Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador: incrementar y simplificar la concesión de visas, abrir corredores humanitarios seguros y legales para los migrantes; ofrecer un alojamiento adecuado y decoroso, garantizar los servicios básicos de seguridad personal, asistencia consular y acceso equitativo a la justicia y libertad religiosa.
Así como dar a los migrantes libertad de movimiento y posibilidades de trabajar; ofrecer la posibilidad de participar en una economía que les permita asegurar su subsistencia vital; proteger a los menores de edad, asegurarles el acceso regular a la educación y prever programas de custodia temporal o de acogida; promover la inserción social de los migrantes y favorecer la reagrupación familiar. (Luis Vega D., La Prensa, Editorial, p. 6)
La mente de un gobersicópata
