DIVISADERO
Migrantes. El lamentable deceso de cinco argentinos la semana pasada en Quintana Roo, ha levantado algunos comentarios chovinistas. Estos cinco extranjeros radicados en la Riviera Maya transitaban por carretera cerca de Puerto Aventuras, cuando perdieron el control por exceso de velocidad y se proyectaron contra otro vehículo.
La pregunta propuesta por algunos medios fue ¿por qué estaban paseando cinco argentinos que ya radicaban en México?
Y el periódico Novedades de Quintana Roo, incluso rescató un estudio de BBVA que identificó el año pasado más de 39 mil extranjeros viviendo en esa entidad, para destacar en su portada que están llenos de inmigrantes irregulares.
Siempre será positivo que normalicen su situación, pero vaya que sería un error empezar a satanizar a quienes se han tenido que mudar a México para ganarse la vida. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 5)
El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ha señalado que está considerando imponer visas a mexicanos. Tiene serias presiones y baja popularidad. El gobernador de la provincia de Quebec le insiste que ya no pueden con tantos migrantes. El líder de la oposición le recuerda que hay una crisis inmobiliaria. E incluso Washington, a través de Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Interna, le señala que muchos mexicanos están viajando a Canadá (que no requiere visas) para introducirse a Estados Unidos por su frontera común.
Los datos de la Comisión de Migración y Refugio de Canadá hablan por sí mismos: entre enero y septiembre de 2023, los mexicanos fueron los extranjeros que más solicitaron refugio: 17 mil 500, cifra muy superior a quienes les siguen: haitianos, 8 mil 500. Lo paradójico es que un año antes sólo 250 mexicanos lo solicitaron.
Evidentemente no hay una hecatombe en México. Son los traficantes de personas disfrazados de asesores y abogados-coyotes quienes incitan a emigrantes económicos a lanzarse a Canadá. Conocer la historia, dice el refrán, para evitar repetir errores. En plena crisis de la pandemia H1N1, el primero de mayo de 2009, el presidente Felipe Calderón realizó una llamada internacional importante. Le llamó a su homólogo de Canadá, Stephen Harper.
La comunicación tenía por cometido agradecer su colaboración en la incipiente pandemia y buscar rutas de mayor cooperación regional.
Canadá jugó un papel relevante. Fue en un laboratorio nacional de ese país donde se descubrió un nuevo virus –H1N1–. México no contaba con ese equipo. Gracias a la colaboración canadiense, México tomó medidas para evitar la propagación de la pandemia.
Lo que sería una llamada amistosa con “Stephen”, con quien FCH tenía una buena relación personal, se convirtió en una ríspida conversación que desencadenaría una crisis de confianza bilateral.
Desde que inició la llamada, Harper mostró un tono muy serio y espetó: “Quiero que seas el primer mexicano en saberlo…hace un par de días tuvimos una reunión de gabinete y hemos decidió imponerle visas a México. Están llegando demasiados mexicanos vía peticiones de asilo”.
Lo único que logró FCH fue retrasar unas semanas la decisión. Sería hasta el 5 de julio en que las visas entraron en vigor con sus consecuentes efectos negativos.
México no podía hacer un acto recíproco e imponerles visas. Sería darnos un balazo en el pie. Los destinos de playa mexicanos reciben una importante infusión económica de los llamados “pájaros de invierno” de ese país del norte.
Como revancha diplomática, y sin gran sentido, México les impuso visa a los diplomáticos. Su charola diplomática no sería válida.
La medida mandó al congelador las relaciones entre ambos países por varios años. Y en un acto de buena voluntad, poco después de asumir como primer ministro, Trudeau tuvo a bien eliminar las visas en 2016.
No hay una mala voluntad del primer ministro Trudeau hacia México. Tiene presiones políticas y presupuestales.
Fuera máscaras. Ni en 2009 ni en 2023, la gran mayoría de los peticionarios mexicanos en Canadá tenía un caso válido de asilo.
Son migrantes económicos que se “dejan asesorar” por una buena cantidad de dólares para penetrar tramposamente el sistema de refugio canadiense.
Se trata de los mismos traficantes que han alimentado la crisis permanente en la frontera México-Estados Unidos. Su narrativa y “asesoría” ha sido: bajo Biden se puede ingresar a Estados Unidos. La crisis permanente no sólo es un problema formidable para ambos gobiernos federales, sino también para los legítimos peticionarios de asilo.
Se ha dicho que la Cancillería mexicana ha entablado un buen diálogo con el equipo de Trudeau sobre esta crisis. Aprovechemos para hacer la tarea que no se hizo desde 2009: ir como región de América del Norte contra las bandas de traficantes de personas. No es posible que nos tengan secuestrado el control de los flujos migratorios.
Sería funesto que en este momento se volviera a congelar la relación con Canadá. De regresar Trump a la Casa Blanca, Canadá sería nuestro mejor y casi único aliado.
Cuando AMLO se propone algo es implacable. Qué mejor legado para América del Norte, a meses de terminar su presidencia, si lograra resolver la crisis migratoria actual sin que Canadá nos imponga visas. (Rafael Fernández de Castro, El Financiero, Mundo, p. 31)
A partir de este 2024 se encargarán del mantenimiento y cuidado de la red de carreteras federales. Ya construyen y administran aeropuertos, sucursales bancarias y trenes (como el Tren Maya que ha costado casi 500 mil millones de pesos); controlan y dirigen las aduanas; son el muro (con el que Trump y Biden soñaban) contra los migrantes en el norte y el sur de nuestro país; construyen y regentean hoteles turísticos; manejan una aerolínea (fracasada); se dedican a labores de inteligencia y de investigación. Paradójicamente, donde menos éxito tienen es donde más se les necesita: combatir al crimen organizado. Caray, nada mal van las cosas para los uniformados.
Disponen, en medio del austericidio proclamado, de presupuestos jugosos y que cada año aumentan; no se preocupan por la transparencia en el manejo de estos recursos ni por la rendición de cuentas. En fin, los militares están en su mejor momento, llenos de dinero, trabajo y empoderados.
Esta situación no solo se vive en México. Muchos países de América Latina se decidieron también por la militarización de la política y el desempeño de los uniformados en tareas que no son ni deberían de ser de su competencia. Esto pone en riesgo lo que con tanto trabajo hemos construido: una democracia y unas instituciones que, endebles o no, nos las dimos con mucho esfuerzo y que debemos defender.
Venezuela, Nicaragua y Cuba son buenos ejemplos de la situación que en nuestro país cada vez más estamos experimentando. Los militares están, sin duda, detrás (o al lado o adelante) de estos gobiernos sin que para llegar a ello hubiera una oposición valiente en la que la propia ciudadanía de forma contundente combatiera estas decisiones. Las cosas se dieron así, las decidió el ejecutivo y no nos decidimos a opinar ni a oponernos. De manera insidiosa se fue dando el cambio y parece que por lo pronto no hay marcha atrás.
Los que ahora cultivan a los uniformados son los que prometían regresar el ejército a los cuarteles y los acusaban de no respetar los derechos humanos, pero esos tiempos ya se fueron y ahora se les dan incrementos sustanciales en los presupuestos de defensa y toda la confianza del actual gobierno. Nadie como ellos para seguir ciegamente órdenes.
El autoritarismo siempre se ha llevado mal con la democracia y ha resultado buen amigo de los generales. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, con una alianza político-económica con los señores de los cuarteles aseguró su “reinado” hasta hoy. Está igualmente el caso doloroso de Venezuela, donde primero Chávez y ahora Maduro establecen una relación de codependencia económica y política con las fuerzas armadas por su capacidad de seguir las directrices del dictador. Esta relación simbiótica ha garantizado la estabilidad de estos regímenes autoritarios con el consecuente deterioro de las instituciones democráticas.
Espero que en este sentido las cosas pronto cambien en México. El pronóstico es reservado. Estamos a tiempo de abrir los ojos. (Tere Vale, El Heraldo de México, El País, p. 6)
Beato nunca imaginó que la tarde cuando salió de su comunidad en Metlatónoc, Guerrero, su vida cambiaría por completo. Beato es un hombre del pueblo ñuu savi que con todo en contra construyó un futuro en un país extranjero. Es uno de los ocho hijos de doña Guadalupe, que al morir su esposo y padre de sus hijos, se las vio muy difícil para seguir cuidarlos. Beato, como muchos niños de la Montaña, en varias ocasiones su única comida fue tortilla con sal; pocos eran los días que podía comer carne o frijoles. Ante la pobreza en que se encontraba y al ver que su madre no podía mantener a sus hermanos, decidió migrar. Dejó atrás sus estudios de secundaria y con ello su sueño de ser maestro o cantante, “canto muy bien; a veces en las fiestas me echo mis canciones en tu un savi o en español”, dice Beato con mucha añoranza en los ojos de lo que puedo ser.
Cruzó el desierto y llegó a Virginia, donde se encontraban dos de sus hermanos. Por su corta edad, y ante la imposibilidad de hallar trabajo, decidió inscribirse en la secundaria, pero no la concluyó, pues la vida de un indocumentado siempre es priorizar la sobrevivencia propia y la de su familia. Trabajó de todo: en la construcción, en una empacadora de cigarros; limpió hoteles, lavó platos en un restaurante chino, donde recibió una señal: “Mis patrones no podían pagarme y me regalaban cosas, con esto me iba a los mercados de pulgas para vender lo que me daban”. Así, se le ocurrió comprar y vender máscaras de luchadores y otros productos mexicanos. “Mi padre nos enseñó lo que es el comercio; por eso no me daba pena vender en las calles”. Juntó para comprar un carro de comida. Sin saberlo, esto lo impulsaría para ser el líder que es ahora en su ciudad. “Vendí comida en las calles; ante lo mucho que extrañaba las tortillas que me hacía mi mamá, me imaginé tener la primera tortillería mexicana en Richmond y en 2014 lo logré”. Sin pensarlo, Beato fue un pionero en el estado. Sin duda, la vida da vueltas, pues de ser un niño que no tenía para comer en su comunidad, ahora es uno de los empresarios mexicanos más reconocidos en Virginia. Posee tortillerías, tiendas y restaurantes, todos con el estilo guerrerense y mexicano.
La historia de Beato muestra cómo se puede materializar el anhelado sueño americano; por desgracia no es la realidad de todos. Para muchos se vuelve una pesadilla. La discriminación, la violencia, la desigualdad y, sobre todo, el estigma de ser un indocumentado es algo que cargamos los migrantes mexicanos. Muchas veces nunca más volvemos a ver a nuestras familias y el dinero que ganamos, rara vez lo vemos materializado en nuestras comunidades de origen. Todo se va en mandar remesas y sobrevivir en un país donde nunca nos valorarán, pues para ellos tan sólo “es el ilegal”. Si bien nos va, regresaremos a nuestros pueblos o comunidades, donde tal vez emprendemos un pequeño negocio para terminar nuestros días en la tierra que nos vio nacer. Siempre divididos. Siempre nuestra mente en dos realidades.
Eso lo sabe Beato, por lo que no pierde la fe en apoyar a sus hermanos mexicanos que han migrado. Muchos, desplazados por la pobreza, la seguridad o simplemente porque no han tenido más remedio que salir de su país. Sabe lo que es la desigualdad de un sistema económico, donde a veces es tan sólo tener la suerte de nacer en cuna de oro sin tener que esforzarse o, como le tocó a él, donde lo normal es tener hambre diario. Beato ha visto morir a su gente y ha vivido impotencia de que las autoridades no hagan nada por los indocumentados. Es el sentimiento que tiene al regresar a su comunidad y ver que la pobreza que lo obligó a migrar sigue presente. “Me duele ver a los niños sin zapatos y con hambre, me recuerda mi infancia. Pensé que con el tiempo todo sería diferente, pero no es así. Parece que sólo quieren que nos vayamos y mandemos dinero, pero los gobiernos no hacen nada”, dice Beato, al volver a Metlatónoc.
“Quiero ayudar a mi gente, quiero hacer un cambio y que los niños no piensen que migrando es la única forma de salir adelante. Allá se sufre mucho”. Esto no lo dice en vano. Hace unos días fue encontrado muerto su amigo Salvador Vitervo Ortiz, quien duró desaparecido en Virginia y gracias a la presión de la comunidad mixteca se dio con su paradero. “Por eso quiero trabajar para el bien de todos, que en Estados Unidos, sepan que, pase lo que pase, estaremos juntos luchando y que aquí en México también”.
Beato hace entender que la única esperanza que tienen las comunidades en mayor vulnerabilidad, vendrá de su propia organización comunitaria. Ningún gobierno entenderá lo que es nacer y crecer en estos lugares olvidados, donde se aprende a ser feliz contra toda adversidad. Ninguna promesa de campaña será suficiente, pues autoridades vendrán y se irán, y muy probablemente no se verá el cambio en la región. Beato y su gente saben que ellos allá en el norte, han aprendido a estar juntos, sin importar lo que pase. Es la única manera de ser escuchados y lograr los cambios.
“Caminar juntos será la esperanza para que los migrantes de la Montaña seamos tomados en cuenta.” Estas palabras sintetizan el inicio de muchos movimientos de migrantes guerrerenses en Estados Unidos, como el del Pueblo de la Lluvia, en Richmond; los Deliverystas en Nueva York; el colectivo de intérpretes indígenas y los grupos culturales que mantienen vivas nuestras tradiciones, tomando de base los principios y valores comunitarios. Ellos son la esperanza para los migrantes de la Montaña que viven en Estados Unidos. (Fabiola Lizette Mancilla Castillo; La Jornada, Opinión, p. 16)
Tronó el presidente López Obrador en contra de The New York Times. La publicación de una investigación sobre el supuesto financiamiento del narco a su campaña presidencial de 2018 fue la gota que derramó el vaso.
Al Presidente se le ve irritado, desconcertado. Van cuatro publicaciones en menos de un mes que hablan de dinero de los cárteles en campañas presidenciales de López Obrador.
El hashtag #NarcoPresidente lleva semanas siendo tendencia. Según cifras del propio Presidente, ha sido replicado 200 millones de veces no sólo en México, sino también en otros países. Dice que es obra de una ”internacional del conservadurismo”.
El mandatario hace esfuerzos por quitarse la etiqueta. Difícilmente lo va a lograr.
* Las primeras tres investigaciones sobre supuesto financiamiento del narco a su campaña presidencial se refieren a la que realizó en 2006. Éstas son: ProPublica, con un trabajo de Tim Golden, dos veces ganador del Premio Pulitzer; Deutsche Welle, firmada por Anabel Hernández, e InSight Crime, de Steven Dudley.
El emblemático diario neoyorkino, alguna vez calificado como la catedral del periodismo, cita a “informantes” para señalar que “uno de los confidentes” de López Obrador se reunió, antes de las pasadas elecciones presidenciales, con El Mayo Zambada.
Pero también que un líder de Los Zetas pagó cuatro millones de dólares a dos colaboradores suyos.
Sin embargo, lo que más calentó al Presidente es que el reportaje de The NYT embarra a sus hijos. Un tercer informante asegura que los vio recogiendo dinero del narco.
* López Obrador pidió ayer al gobierno de Estados Unidos que saliera a decir algo y le hicieron caso. El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, ofreció una conferencia virtual en la que aseguró:
“No existe ninguna investigación del Departamento de Justicia sobre el presidente López Obrador”.
Súbitamente, Kirby se desvió hacia un tema primordial en la relación con EU-México: la migración. Dijo: “Nosotros seguimos trabajando con el gobierno del presidente López Obrador para hacer lo que podamos para lidiar con esta migración sin precedentes en nuestras fronteras”.
Nos queda claro que Biden no quiere dañar la buena relación que tiene con López Obrador. Para el jefe de la Casa Blanca, es clave que nuestro país siga conteniendo a miles y miles de migrantes que tratan de llegar a Estados Unidos. Aspira a reelegirse.
Los observadores en Washington destacan, además, que entre las medidas que promueve el gobierno de Estados Unidos hay una que busca regresar a México a los demandantes de asilo.
Y para eso necesita el visto bueno del mandatario mexicano.
* Por supuesto que López Obrador dijo que todo es “absolutamente falso”. Habló de calumnias y calificó al NYT de “pasquín”.
En la mañanera de ayer, hizo público el cuestionario que Natalie Kitroeff, jefa de la corresponsalía de The New York Times en México, le envió a Jesús Ramírez, pero con un detalle adicional: incluyó el teléfono privado de la periodista.
Ese detalle no pasó desapercibido en NY. El diario le respondió a López Obrador en su cuenta de la red X:
“Esta es una táctica preocupante e inaceptable por parte de un líder mundial, en un momento en que las amenazas contra los periodistas van en aumento.
“Hemos publicado el artículo en cuestión y respaldamos nuestro trabajo de reportería y a los periodistas que van en pos de la información a donde sea que este se encuentre”, puntualizó.
El Inai, por cierto, ya abrió una investigación de oficio sobre la publicación del número telefónico de la corresponsal. Lo confirmamos con el presidente de ese instituto, Adrián Alcalá.
* Ayer se registró Marcelo Ebrard como candidato a senador de Morena. Aparece en el lugar número siete de la lista de pluris al Senado.
Quedó abajo de Adán Augusto López Hernández, que encabeza la lista, y de Gerardo Fernández Noroña, número cinco, quien ya no va por el PT, sino por el guinda.
Podría leerse como un mensaje de que no se cumplirá lo acordado en la convocatoria que firmaron las corcholatas, con el Presidente como testigo de honor.
Ese acuerdo decía que el que quedara en segundo lugar en la elección interna sería el coordinador de la bancada de Morena en el Senado. ¿Lo recuerda?
Marcelo no sabe si lo van a respetar. Interrogado al respecto, expresó que es “muy apresurado” determinar cómo quedará la coordinación en el Senado en la próxima Legislatura.
Pero se lo tomó con filosofía: “Mi número de la suerte es el siete”. (Francisco Garfias, Excélsior, Destino, p. 4)
El reportaje de ayer del New York Times sacó al presidente López Obrador de sus casillas y llegó al extremo de difundir hasta el teléfono privado de la corresponsal de ese medio en México. La molestia puede estar justificada, el proceder, no. Pero, más allá de eso, se debería tratar de comprender qué es lo que está detrás de esas publicaciones.
El matutino estadunidense, calificado por el Presidente como “un pasquín”, publicó información que sólo puede surgir de fuentes de seguridad del gobierno estadunidense. Dice que se investigaron los nexos entre cárteles y personajes cercanos al candidato y luego presidente López Obrador, que los cárteles dieron dinero a los aliados del mandatario, incluso ya en su administración, y que funcionarios del gobierno se reunieron con líderes del crimen organizado para llegar a acuerdos. Una de sus fuentes sostuvo que los cárteles de la droga tenían videos de los hijos del Presidente recibiendo dinero de grupos criminales. Dice el NYT que hay datos sobre relaciones y reuniones con El Mayo Zambada y otros personajes y hasta se dice que Los Zetas aportaron dos millones de dólares a la campaña de 2018 con el fin de que se liberara a dos de los líderes de esa organización que estaban detenidos.
Dicen que parte de los datos provienen de informantes cuyas declaraciones son “difíciles de corroborar” y que los investigadores estadunidenses no descubrieron indicios que relacione directamente al presidente López Obrador con los grupos criminales. Subraya que nunca se terminó de abrir una investigación formal sobre el tema y que la información finalmente fue desechada por el gobierno estadunidense porque no querían un conflicto político con el gobierno mexicano.
Ya lo dijimos cuando surgió el tema del presunto financiamiento de la campaña de 2006, que es retomado en este nuevo reportaje del NYT: el problema es que el propio gobierno federal da crédito, cuando le conviene, a testimonios y versiones de distintos personajes, incluyendo criminales reconvertidos en testigos protegidos o colaboradores de la justicia de Estados Unidos, pero los rechaza cuando las acusaciones se tornan en su contra. Lamentablemente, si esos testimonios son buenos para acusar, por ejemplo, a García Luna, también son buenos cuando acusan a la campaña de López Obrador. Si son los mismos personajes y sus declaraciones están dentro de los mismos contextos, ¿por qué serían buenas en un caso y no en el otro?
El dato duro en todo esto es que la relación entre México y Estados Unidos, sea con Biden o con Trump, está seriamente deteriorada y que la estrategia de abrazos y no balazos no sólo está dañando seriamente la lucha contra el crimen organizado, sino también, finalmente, la imagen del presidente López Obrador. Liberar a Ovidio, detener una caravana presidencial para ir a saludar a la mamá del Chapo, referirse respetuosamente a los criminales, no ordenar una batalla frontal contra el crimen organizado, la crisis migratoria, el tráfico de fentanilo con su secuela de muertos por sobredosis, decisiones políticas, como profundizar la relación con la Rusia de Putin, no condenar la invasión a Ucrania (apenas el martes, en la OEA, México se abstuvo de condenar la invasión rusa a dos años de su inicio), no haber hecho declaración alguna sobre la muerte de Alexéi Navalni, defender (todavía lo hacía el Presidente ayer en la mañanera) los regímenes de Cuba y de Venezuela, los conflictos económicos y comerciales por violaciones al T-MEC, desde los temas energéticos hasta los agrícolas, desde el acero hasta las comunicaciones, son apenas una parte de la larga lista de desencuentros, y no se puede entender por qué el presidente López Obrador cree que los va a sobrepasar sin pagar costo alguno.
Contra el presidente López Obrador se ha vuelto el fantasma que él mismo alimentó contra sus antecesores: el de la percepción de corrupción, complicidades e historias oscuras. El gobierno federal, decíamos en estos días, hace ya mucho tiempo que rompió su interlocución con varios actores, y muchas de las declaraciones presidenciales realizadas sin considerar el peso que alimentan esas sospechas y percepciones.
No se trata sólo de acusaciones de presuntas relaciones con el crimen organizado, hayan trascendido o no, se trata de que se pierde la confianza y no se entiende que existe una trama geopolítica ante la que el presidente López Obrador (que sigue pensando en términos de la Guerra Fría y de la posición internacional de México en los años 50 y 60) no tiene respuesta.
Hoy, en Estados Unidos se percibe que México no está colaborando ni en contener los flujos migratorios ni en el tráfico de fentanilo, que se está alineando con Rusia y otros adversarios de la Unión Americana, que su deriva es cada vez más autoritaria y que incluso su lenguaje contra Estados Unidos es cada día más duro. Olvidan en Palacio Nacional que allí viven millones de paisanos que envían unos 67 mil millones de dólares anuales de remesas, que somos el principal exportador a EU, unos 475 mil millones de dólares el año pasado, y que no sólo nuestras cadenas de producción están integradas, sino también nuestro destino regional en todos los ámbitos.
Yo no creo que el presidente López Obrador haya recibido recursos del crimen organizado, pero se cosecha lo que se siembra y la percepción se termina convirtiendo en realidad. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional p. 8)
