México ha adquirido a través del tiempo la reputación de ser un país de asilo y refugio. Mucho de esto se debe a la generosidad del gobierno de Lázaro Cárdenas, que en la década de los 30 y 40 del siglo pasado recibió a más de 40,000 españoles que huían de la persecución franquista. Algunos años más tarde, en los 70 y 80, ese gesto humanitario se repetiría con miles de sudamericanos acogidos en nuestro país, cuya vida e integridad estuvieron amenazadas por las distintas dictaduras militares que operaron en la región bajo el esquema coordinado de represión, tortura y asesinato de la Operación Cóndor.
Si bien esas y otras muestras de solidaridad le valieron a México el reconocimiento internacional de ser una nación de asilo y refugio, es justo reconocer que no todos los grupos que han buscado la protección de nuestro país han corrido con la misma suerte. Tal fue el caso de judíos y chinos, o actualmente centroamericanos. Ciertamente es más sencillo y políticamente redituable para un gobierno recibir a un exilio “connotado”, que a ciudadanos cuya asimilación es más compleja o que tenga mayores necesidades y menores herramientas aparentes para contribuir al crecimiento y desarrollo del país.
En el caso de la CDMX, cada vez son más las colonias en las que se han creado asentamientos irregulares de personas que abandonaron sus lugares de origen por distintos motivos, que van desde los más urgentes, hasta la búsqueda de una mejor vida. Aunque organismos internacionales como el ACNUR y la OIM, así como la red de albergues de la sociedad civil en la CDMX, han redoblado esfuerzos por atender a estas poblaciones, la realidad es que no se dan abasto. Existen hoy al menos 5 campamentos improvisados en distintas alcaldías, afectando la seguridad, higiene y comodidad de vecinas y vecinos. Es inevitable que después de un tiempo estos comiencen a reclamar la recuperación de su espacio.
La pregunta que cabe hacerse es ¿dónde terminan los derechos de unos y comienzan los de los otros? Es responsabilidad del Estado encontrar la manera de mediar y generar las condiciones necesarias para cumplir con sus obligaciones internacionales de protección y solidaridad con los migrantes, así como garantizar el goce de derechos de los nacionales, sin afectar sus modos de vida.
La situación actual de desatención de contingentes migrantes en distintos puntos de la capital ha contribuido a la generación de un ambiente hostil entre estos y los citadinos. Los primeros, cuya situación es más urgente y precaria, están a espera de que se resuelvan sus trámites migratorios para poder seguir adelante. Los segundos, exigen recuperar el derecho al libre uso del espacio público.
Recientemente, la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la CDMX, Nashieli Ramírez, urgió a las autoridades capitalinas a implementar una mayor y mejor infraestructura y políticas públicas para integrar a las y los migrantes en la ciudad, de manera que no haya un incremento de la violencia entre la población. El descontento tiene el potencial de derivar en confrontaciones, además de abonar a la discriminación y xenofobia. Es preciso descartar la premisa de que hay un conflicto de derechos y que unos deben prevalecer sobre los otros. La solución debe partir de la empatía y solidaridad de ambos lados, para entender las dificultades por las que atraviesa el otro, y de exigir al Estado que cumpla con su obligación de garantizar los derechos de todas las personas que se encuentran en el territorio nacional.
Quien gobierne el país y la CDMX en los próximos años estará obligado a tomar las medidas necesarias para garantizar el goce de los derechos de nacionales y extranjeros, al tiempo de promover la solidaridad y hospitalidad, que hasta ahora solo están plasmadas en el texto constitucional capitalino. Urge la atención adecuada en espacios de acogida, que garantice los derechos básicos de las poblaciones migrantes y proteja los de la ciudadanía; una política que se centre en la integración social, educativa, productiva e inteligente de estas poblaciones. Mito o realidad, la CDMX tiene la oportunidad de honrar la reputación de México como país y ciudad de acogida. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. A13)
Por si alguien dudaba “y sí, los había” que la migración será uno de los dos temas principales en la carrera presidencial estadunidense, ayer, unos días antes del llamado supermartes cuando un buen número de estados muy importantes definirán, por fin, a los candidatos a la presidencia, los dos visitaron la frontera.
Donald Trump estuvo en Eagle Pass, Texas, atendido por el gobernador, la policía y la Guardia Nacional texana, quienes le explicaron cómo están lidiando con los migrantes que quieren llegar a Estados Unidos.
Trump fue… Trump; dijo, después de la reunión, que lo que sucede en la frontera es “como una guerra”, que es “una invasión”. Y criticó a estados como California y Arizona que no hacen lo que hace el gobernador texano.
También en Texas, Joseph Biden eligió Brownsville; ahí reclamó a los republicanos haberse echado para atrás después de la negociación secreta bipartidista que había llegado a un acuerdo del que se arrepintieron los republicanos por petición de Trump.
Valga detenerse ahí, porque lo que se sabe del contenido de ese acuerdo es que uno de sus pilares era un aumento sustancial en recursos para seguir endureciendo los mecanismos de detención fronteriza, más allá de que ciertamente aumentaba recursos para procesar de manera más rápida las peticiones de asilo.
Pero tanto los discursos de ayer como el mismo acuerdo señalan cómo los demócratas se han corrido hacia el bando republicano en los últimos tiempos.
Una cosa está clara: esta visita y la campaña electoral, más bien las campañas electorales en México y EU suceden en el peor momento de la migración en la región en décadas. Las graves y variadas crisis en muchos países (y no solo latinoamericanos) junto con las políticas antiinmigración más duras en muchas décadas tanto en EU como en México, como país de paso, tienen a decenas de miles de personas en situación de tragedia humanitaria.
En México, por un lado, se ha reforzado la estrategia de ser el primer muro de contención y los que logran evitarlo están en el olvido. Basta ver plazas y calles de varias ciudades del país. Los migrantes, por más que se digan humanistas, les valen madre, así, no hay otra manera de decirlo.
En Estados Unidos la cosa no es diferente. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
La novedad con la que salió Canadá, nuestro “socio” del T-MEC, de que desde ya los mexicanos necesitamos visa para entrar a su país no fue idea del soltero más codiciado del momento, Justin Trudeau. No, lo que pasó es que el Tío Joe Biden lo presionó para imponer el requisito porque los republicanos, y en especial su rival color “Tang” Donald Trump, lo traen finto con los temas migratorios.
Esto lo debe saber el Tlatoani Tabasqueño, de manera que al reclamarle a Trudeau falla el tiro, pues éste realmente ni quería. (Recordemos que ese requisito existió antes, y Trudeau lo canceló).
Según el argumento para justificar tal medida, indocumentados usaban la frontera norte para ingresar ilegalmente a Estados Unidos desde Canadá. O sea, se les colaban -según ellos- por la retaguardia, mucho más porosa que las zonas fronterizas con México que visitaron ayer Biden y Trump.
En encuestas recientes -y asumiendo que el hombre “de color” llegue a estar en la boleta y no en la cárcel-, en las elecciones de noviembre del 2024 Trump vencería a Biden, quien acusa ya asomos de senilidad que generan mofa y burlas entre el respetable norteamericano.
Los republicanos han golpeado fuerte a la Administración Biden con los problemas migratorios y la presión al recién divorciado Trudeau es su forma de argumentar que ÉL (Biden) lucha por asegurar las fronteras norteamericanas. Pero, obviamente, complica con trámites y un CARGO de CIEN DÓLARES a un mexicano -sin visa norteamericana vigente- obtener permiso para ir a turistear o hacer negocios en Canadá.
Y es que en este año electoral el hombre naranja está poniendo las cosas color de hormiga, adueñado del irreconocible Partido Republicano, radicalizado en un ambiente político enrarecido por la guerra de desinformación que se libra en el ciberespacio.
La cosa se pondrá más interesante con potencial de complicaciones con el AMAGO que recién realizó el Mesías Macuspeño tanto a Trudeau como a Biden. Éste en el sentido de que por diferencias con ellos por los temas migratorios y el rollo del acero falsificado (que traen de China y luego mandan a EU como si fuera fabricado en México burlando la prohibición -o embargo comercial- norteamericano al país asiático) IGUAL DECIDE AUSENTARSE DE LA CUMBRE de Líderes de las Américas.
¡Qué preocupación! Imaginen otra Cumbre sin la augusta presencia del “líder moral” de la Cuarta Terminación… ¡desde hoy nadie podrá dormir ni en Washington ni en Ottawa!
Existe el pequeño detalle, quién sabe si lo hayan considerado o si se les escapa por la niebla rojiza que afecta su vista (con o sin el “tutupiche”), que si no se reúne en persona con Trudeau y Biden, MENOS podrá el Tlatoani arreglar las diferencias con los “socios”. Estas broncas no sólo afectan las relaciones, sino que acarrean consecuencias económicas.
Da la impresión de que este señor, el hermano de Pío, está acostumbrado a repartir leña, pero no a que le respondan. Tira jabs, pero le faltan los pies de Mohamed Alí para flotar como mariposa y evitar los ganchos al hígado con los que le responden, es decir, la CONSECUENCIA de sus actos, de las decisiones que toma -y ha tomado- como Presidente. Estas “decisiones” en realidad son ocurrencias que implementa sin medir consecuencias, por ello se la pasa de una bronca a otra, todas de su propensión a grillar y su disgusto por gobernar.
Ha dicho este señor que quien lo sucederá “es mucho mejor” que él, haciendo a un lado que la falsa modestia no le queda, porque con su creación, su candidata y -para él- segura sucesora sí lo distingue una diferencia, tan sólo por el historial de ésta.
Ante el hombre naranja (Trump) y ante el ruco de las gafas de sol Ray-Ban (Biden) a comparación del tabasqueño, la delfina se mira de un tono rojo carmesí mucho más subido. Tono que, sin ofensa para nadie, no les agrada a ambos VECINOS al norte del Bravo, por lo que los baches en las relaciones TRIPARTITAS prometen EMPEORAR, de ocurrir lo que el tabasqueño pronostica. (Manuel J. Jáuregui, Reforma, Opinión, p. 9)
Ante la nueva imposición de visas para los mexicanos que quieran viajar a Canadá, la Secretaría de Relaciones Exteriores reacciona con una balandrona obviedad que de aplicarse resultaría contraproducente:
“México se reserva, por supuesto, la potestad de actuar en reciprocidad”.
“¡Qué miedo!”, han de decir en el gobierno de Justin Trudeau.
Si se toma en cuenta que México recibe cada año algo menos de dos millones de turistas de ese país y Canadá menos de 300 mil mexicanos, es claro cuál país resulta más afectado.
Como penoso aderezo a este capítulo de la relación bilateral, el presidente López Obrador da por cancelado su encuentro en Quebec (le llaman “Cumbre de los Three Amigos”) con Joe Biden y Justin Trudeau, previsto para abril, y aseguró ayer que gracias a “nosotros” Canadá forma parte del tratado comercial con Estados Unidos:
“No podemos nosotros romper relaciones con Canadá ni con otros gobiernos porque es muy bueno el intercambio económico. Van trabajadores mexicanos a Canadá desde hace tiempo, entonces tenemos que actuar con prudencia, con serenidad. Si acaso, un pequeño reproche fraterno, respetuoso, al primer ministro porque nosotros les ayudamos —y él lo sabe— para que se aceptara que Canadá participara en el Tratado de Libre Comercio porque el presidente Trump no quería”.
En el “nosotros” está el gobierno de Enrique Peña Nieto porque Trump tampoco quería renegociar el TLC con México.
AMLO supone que el encuentro de los tres gobernantes pudiera cancelarse por el contexto preelectoral en México y Estados Unidos:
“Va a ser muy difícil que haya Cumbre, pero no por nosotros, sino por las campañas (…). Y yo ya, además, voy de salida, nada más me faltan siete meses y no me gusta viajar mucho. Me gusta viajar aquí a Palenque y aquí me siento muy bien de salud y ánimo, hay muy buenas vibras…”.
Lo de las visas le cae “como anillo al dedo”, pues en las vísperas había dejado ver su falta de ánimo para viajar a Quebec, pretextando la “campaña sucia” en su contra con lo de “narco presidente” en las ex “benditas” redes sociales, amenazando con que “si no hay un trato respetuoso, no participo (…). Me gustaría que el presidente Biden y sus asesores y que el primer ministro Trudeau, conocieran la campaña de AMLO presidente narco para que no participen en esta guerra sucia”.
Y aunque en ese sainete nada tiene que ver con Trudeau, dijo que “siempre hemos tratado a las autoridades de Estados Unidos y de Canadá con respeto, no merecemos maltrato ni que se manche el prestigio de México y de sus autoridades”.
Ni una palabra sin embargo sobre las razones del gobierno canadiense para exigir el visado, acordadas con el de Estados Unidos y la seguridad: el año pasado, fueron mexicanos que huyen de la violencia en sus localidades y un número no precisado de narcodelincuentes quienes hicieron más peticiones de asilo: 24 mil 500, rebasando por más del doble a solicitudes de emigrantes del más empobrecido país del Continente: Haití…(Carlos Marín, Milenio, Al Frente, p. 2)
El gobierno de Canadá ha anunciado que reimpondrá visas a los ciudadanos mexicanos para frenar la oleada de refugiados y solicitantes de asilo de ese país, que han aumentado de 250, en 2016, a 17 mil 490, en 2023. El gobierno de Stephen Harper implementó por primera vez el requisito de visas en 2009, el cual fue revertido por el primer ministro Justin Trudeau, en 2016.
Claramente es tentador para Ottawa volver a recurrir a esta palanca de emergencia, especialmente en medio de la presión pública que están ejerciendo la provincia de Quebec y Estados Unidos. Consideramos que Ottawa no debería haber tomado una acción tan drástica. Por el contrario, es importante tomar en serio las raíces del problema: el crimen organizado, quien juega un papel central en impulsar un número creciente de solicitantes de asilo y migrantes que pretenden mayor seguridad en los países del norte, y también en el contrabando y tráfico de personas a través de las fronteras, incluyendo canadienses.
Las organizaciones criminales y las pandillas juveniles, como las maras centroamericanas, son uno de los grandes impulsores del desplazamiento migrante y de refugiados en todo el continente americano. Los altos niveles de violencia causados por la lucha intestina entre pandilleros por controlar la explotación de tierras y recursos, controlar aspectos de la producción económica y en especial el tráfico de narcóticos y la venta de armas, han obligado a las personas a abandonar sus hogares en búsqueda de una vida mejor. Habría que añadir como causante de la diáspora latinoamericana los crecientes niveles de extorsión, cobro de piso, violencia sexual y explotación de mujeres y niñas, perpetrados por pandillas para ejercer control sobre la población local.
Los grupos criminales también desempeñan un papel crucial en los corredores migratorios que van desde Sudamérica, pasando por Centroamérica hasta la frontera México-Estados Unidos, y la frontera Canadá-Estados Unidos. Numerosos grupos están involucrados en el tráfico de personas a través de fronteras interestatales a cambio de una compensación financiera o material altamente lucrativa. Durante la pandemia del covid-19, a pesar de los cierres de fronteras y otras restricciones al movimiento de personas, la demanda de servicios proporcionados por traficantes, conocidos como polleros o coyotes, creció, en parte, debido al debilitamiento de los mercados laborales locales.
En Canadá, la atención ha tendido a centrarse en los solicitantes de asilo que llegan desde Estados Unidos. Sin embargo, el flujo de migrantes que se dirigen en la dirección opuesta, es decir hacia Estados Unidos, está aumentando rápidamente. En 2021, los funcionarios estadounidenses registraron un total de 27 mil 180 cruces en la frontera Canadá-Estados Unidos; en 2022, esa cifra saltó a 109 mil 535; para 2023, fue de 189 mil 402. Los migrantes de México representaron más de la mitad de los registros por parte de las autoridades estadounidenses, seguidos por migrantes de India y Venezuela. Estas cifras palidecen en comparación con los más de 2 millones de encuentros en la frontera México-Estados Unidos el año pasado, pero la relativa facilidad para cruzar hacia Estados Unidos desde Canadá ha hecho que esa frontera sea cada vez más atractiva.
Los cárteles mexicanos –Sinaloa y Los Zetas– están encontrando en Canadá un lugar hospitalario para hacer negocios con drogas, lavado de dinero y tráfico de personas, junto con otras bandas criminales globales ubicadas en India, Irán y China, entre otros países. Las leyes canadienses han sido instrumentadas débilmente por la falta de recursos para la policía y los servicios de inteligencia, la porosidad de sus puertos, la negligencia política y la falta de efectividad de FINTRAC –agencia responsable de rastrear y analizar información sobre lavado de dinero–.
Poner en el congelador las relaciones de Canadá con México, su tercer socio comercial, sólo porque es el eslabón débil en el nexo migratorio-criminal de las Américas, no tiene sentido. Por el contrario, como argumenta el Grupo de Trabajo sobre Migración de América del Norte y Centroamérica, del cual los tres somos miembros, deberíamos trabajar los tres países de América del Norte y nuestros vecinos regionales de Centroamérica en instrumentar un marco legal robusto para combatir a los traficantes de personas y al crimen organizado de manera efectiva y sistemática.
Las mexicanas y mexicanos se ofendieron profundamente por el requisito de visa que impuso Canadá en 2009, pues tuvieron que soportar un frustrante y engorroso proceso operado por una burocracia insuficientemente entrenada y equipada. Las empresas canadienses, los agricultores y los operadores turísticos también incurrieron en enormes pérdidas. Sin embargo, el daño que no se ha tomado en cuenta puede hoy ser más significativo aún: más de 350 mil mexicanos visitan Canadá anualmente y 2 millones de canadienses, muchos de ellos turistas, viajan a México. Este país se ha convertido en el décimo destino más importante para la inversión canadiense, con cerca de 2 mil empresas operando en ese país. Afortunadamente, parece que las restricciones de visa reimplementadas no afectarán a aquellos que vienen a Canadá a estudiar o trabajar, ya que los trabajadores temporales de México son un gran pilar del sector agrícola canadiense, y los intercambios académicos entre instituciones de educación superior mexicanas y canadienses han crecido sin precedente.
El gobierno federal de Canadá parece haber elegido la salida fácil y rápida. Una decisión a corto plazo en medio de la creciente fiebre electoral, pero que no aborda las verdaderas raíces del problema que pretende resolver.
Este artículo apareció por primera vez en The Globe and Mail. Puedes encontrar la versión original. (Rafael Fernández de Castro, El Financiero, Mundo, p. 29)
Embajador, ¿sin oficio en Canadá?
Duro se fue ayer la aspirante presidencial de la oposición, Xóchitl Gálvez, en contra del embajador de México en Canadá, Carlos Joaquín González, a raíz del nuevo visado que ordenó el gobierno de Justin Trudeau contra los mexicanos. “Mandamos a un embajador sin experiencia, como resultado de ‘un premio político’, cuando lo que necesitábamos era un diplomático, alguien que tuviera oficio para cabildear y evitar que nos impusieran todos estos requisitos”, reclamó. El tema le cayó “como anillo al dedo”, a horas de iniciar su campaña. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 35)
Cuando Roberto Velasco, jefe de la Unidad para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, dijo que algunos sectores en EU promueven una política intervencionista en México y advirtió de sus implicaciones en la actual campaña electoral en desarrollo en Estados Unidos.
Tiene razón, pero en cierta forma se quedó corto.
La realidad es que la creciente integración socio-económica lleva a una relación interméstica, donde lo que ocurre en un país tiene impacto en el otro.
Esa interacción impone condicionamientos brutales a las dos naciones: más de 600 mil millones de dólares de comercio, más de 35 millones de mexico-estadounidenses, más de 10 millones de mexicanos residentes en Estados Unidos y más de dos millones de estadounidenses que radican en México la mayoría del año.
La problemática de la frontera entre los dos países, significada por migración y narcotráfico, es considerada como el principal tema de la campaña electoral ya en desarrollo en Estados Unidos, donde 75 por ciento considera que es un problema serio o una crisis.
En ese marco, no es sorprendente que legisladores republicanos con más músculo que cerebro se sientan obligados a proponer incursiones militares en México para combatir a los narcotraficantes, además del tratar de ejercer un control mayor de la frontera para limitar la entrada de indocumentados y más bien, de peticionarios de asilo.
Hay razones por las que los estadounidenses deberían apoyar los esfuerzos mexicanos contra el tráfico de drogas y para enfrentar las corrientes de migración; pero también hay puntos propios para que México atienda las preocupaciones de EU.
La actividad de los cárteles de la droga es un problema serio uno que, de acuerdo con algunas fuentes, afecta a 40 por ciento del país, complica la vida en las rutas de la droga y en las ciudades fronterizas.
Pero, sobre todo, sus disputas por territorios crean un ambiente de violencia y de incertidumbre en México, que las autoridades no parecen capaces de controlar.
Igual puede decirse de la epidemia de masacres por personas desquiciadas con acceso a armas de fuego y las muertes por adicción en Estados Unidos.
En cierta forma, esos problemas tienen vínculos entre sí. Las armas producidas en EU llegan a México ilegalmente, más frecuentemente para armar a los cárteles de la droga que las usan para tratar de eliminar adversarios y establecer control sobre regiones donde desarrollan sus actividades, encaminadas a enviar drogas al enorme mercado consumidor de Estados Unidos.
Desde el lado estadounidense, en plena campaña electoral, resulta fácil hablar de intervenciones, sin considerar los posibles efectos secundarios en un país políticamente polarizado y, sobre todo, con una frontera de tres mil kilómetros de largo.
En México se desarrolla también una campaña electoral, y hay una evidente preocupación por la retórica de su vecino. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)
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La reciente decisión del gobierno de Canadá de cancelar 1.4 millones de Solicitudes Electrónicas de Viaje (ETA), como parte de sus nuevas políticas migratorias, ha suscitado controversia y preocupación, al menos entre los viajeros y los mexicanos que tienen familiares en esa nación del norte.
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Este endurecimiento de las políticas migratorias, justificado por el deseo de Canadá de controlar el aumento de solicitudes de asilo por parte de ciudadanos mexicanos, pone en tela de juicio la fluidez de la relación bilateral entre Canadá y México, especialmente después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador insinuara la posibilidad de no asistir a la próxima cumbre de líderes de América del Norte. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)
Más allá de las virtudes, problemas y defectos que tiene la relación con EU y Canadá, por más obvio que sea recordemos que hemos estado, estamos y estaremos unidos por la geografía, la historia y en los últimos años ha quedado clarísimo que por el comercio.
Nunca han sido ni serán relaciones sencillas. Son complejas por definición y, sobre todo, por el papel que juega EU como potencia del mundo y su expansionismo, y la fortaleza económica de Canadá.
El TLC vino a cambiar las cosas, porque se reconoció la dependencia económica de la región y la importancia que tenía abrir un mercado para más de 480 millones de personas. Con todo y que el tratado fue criticado, a la distancia tiene un reconocimiento, porque cambió la dinámica económica del país y se abrió un espacio de producción y expansión comercial inédito.
Evidentemente no hemos estado exentos de una gran cantidad de problemas estos años, algunos de los cuales se solventaron con la firma del T-MEC, lo cual contó con la plena anuencia del actual Gobierno.
Sin embargo, los problemas obviamente no dejan de aparecer. Cada país defiende sus espacios. Siendo que nuestra economía es la menos fuerte, muchos asuntos acaban confrontados por políticas internas o por decisiones muy concretas de parte de López Obrador, las cuales se mueven en el límite de las reglas del T-MEC.
Por estos días deben de resolverse algunos temas que están siendo motivo de controversia, sin tener por ahora claridad de lo que pueda suceder, asuntos que comprometen áreas de la economía del país.
El Presidente ha amenazado, más que informado, que muy probablemente no asistirá a la próxima reunión del T-MEC debido a que “a México se le tiene que respetar”. La narrativa, que sin duda es atractiva y rentable, no queda muy claro a qué se refiere del todo.
Lo que parece que está de por medio es el multicitado reportaje del NYT y la decisión de Canadá de establecer de nuevo una visa para los mexicanos que deseen entrar a su territorio.
Canadá ha tomado una decisión debido a que cada vez tiene un mayor número de solicitudes de refugio de mexicanos que, en un buen número de casos, van a este país para desde ahí intentar ingresar a EU.
Canadá ha entrado inevitablemente en el terreno migratorio. Los migrantes buscan llegar a EU como les es posible, a lo que debemos sumar que en los últimos años se ha incrementado la migración mexicana producto de la violencia que se vive en México. Está documentado que familias enteras migran de sus lugares de origen huyendo de la violencia, la muerte, las presiones y la impunidad.
Tiene lógica la decisión de Canadá. Lo que está buscando es reglamentar la entrada a su país para evitar ser un país de paso, debido a la porosidad de la frontera con EU. El Gobierno de Trudeau ha estado recibiendo fuertes presiones de la oposición sobre este tema y teniendo elecciones enfrente está tratando en algún sentido resolverlo.
López Obrador ha tenido varios discursos al respecto. Veladamente reclamó a su homólogo canadiense. No queda claro si éste es el motivo por el cual amenaza, más que informa, que no iría a la reunión del T-MEC.
Con EU el problema pasa por más ventanillas. Están abiertos muchos frentes en la relación bilateral destacándose por mucho el migratorio que alcanza a todos los países a meses de trascendentales procesos electorales internos, los cuales involucran directamente a los tres mandatarios.
Lo que sí queda claro es que si con alguien no podemos ni debemos distraernos es con EU; pero así como se señala que nuestros vecinos están en proceso electoral no pasemos por alto que nosotros también; los tres mandatarios están con las manos en la puerta.
RESQUICIOS.
Por fin este día empiezan las campañas. Precampañas e intercampañas nos tienen en la saturación. Imagínese cómo la vamos a pasar a partir de hoy. Se vienen tiempos apasionantes, densos y confrontativos. Que no meta la mano quien no tiene que meterla. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, La Dos, p. 2)
Este jueves, el presidente Joe Biden y Donald Trump coincidieron en la frontera con México. Aunque en tonos radicalmente distintos, ambos fueron allí con el mismo propósito: evidenciar su preocupación por el flujo masivo de migrantes y su compromiso con la seguridad fronteriza. Trump lleva la delantera en este duelo; Biden parte en desventaja y es poco probable que siquiera empate el marcador. Los verdaderos perdedores, una vez más, serán los migrantes en busca de asilo y regularización en Estados Unidos.
Una encuesta reciente de Gallup muestra que, actualmente, la migración es la principal preocupación de los estadounidenses. Esto no ocurría desde hace más de 5 años, cuando miles de centroamericanos llegaron a la frontera en caravanas masivas. Más de la mitad de los encuestados, el porcentaje más alto jamás registrado, considera que el número de migrantes indocumentados constituye una “amenaza existencial” para los intereses del país.
La posición dura de Trump es bien conocida desde al menos 2016, cuando acusó a los migrantes de ser criminales y violadores. En la actual campaña, ha radicalizado su postura aún más, insultando a los migrantes, prometiendo las deportaciones más grandes en la historia de Estados Unidos y la instalación de campos de detención, amenazando con regresar a la política de “remain in Mexico”, y no descartando la separación de familias.
Apenas hace unos días, dijo que los migrantes “están matando a nuestra gente, acabando con nuestro país”. Ya en la frontera no habló tanto de “invasión” como de “guerra”, diciendo que por la frontera estaban llegando “hombres en edad de combatir” que parecen “guerreros”. Luego, fue explícito al respecto: “esto es como una guerra”.
Aunque Biden no ha adoptado una postura así de radical, sí ha endurecido su posición en el tema de migración. Antes de esta visita a la frontera, respaldó el paquete bipartidista del Senado sobre el tema, que dejó fuera todos los temas que interesan a los migrantes, para privilegiar la seguridad fronteriza. Aunque el paquete no fue aprobado, Biden incluso afirmó que, de ser aprobado, cerraría de inmediato la frontera.
El número récord de “encuentros” de migrantes en la frontera, que en el pasado año fiscal supero los 2 millones, y el estado de la opinión pública, explican este cambio en Biden. El panorama se ha vuelto más complicado por las imágenes de miles de migrantes en las calles de Nueva York, Chicago o Denver, a donde los ha mandado el gobernador George Abbott de Texas. La golpiza que hace unas semanas propinaron unos migrantes a dos policías en Times Square y el asesinato de un estudiante en Georgia por un indocumentado, refuerzan el sentido de vulnerabilidad de los estadounidenses.
Aunque se trate de casos aislados, ya que no hay evidencia de una relación sistémica entre migración y delincuencia, una mayoría de estadounidenses piensa que sí la hay: el 85 por ciento de quienes se identifican como republicanos y el 31 por ciento de los que están del lado demócrata, según una encuesta reciente del Pew Research Center.
Según otra encuesta de noviembre pasado, realizada por ABC News/Ipsos, los estadounidenses confían más en los republicanos que en los demócratas para manejar la inmigración. Biden califica particularmente mal en su manejo de la migración o la seguridad en frontera, con niveles de aprobación que no superan el 30%.
Para Trump, la situación es distinta. Dentro del campo republicano, es quien mejor califica en estos temas. En la elección primaria en Carolina del Sur, Trump se llevó el 80 por ciento del voto de los electores que ubicaron a la migración como su principal preocupación, que fueron la mayoría.
Los datos de una encuesta de Univision de septiembre pasado muestran que incluso para los hispanos, la seguridad fronteriza se ha vuelto un tema de creciente importancia. La mayoría de los hispanos están de acuerdo, como era de esperarse, con abrir caminos para regularizar la situación de los migrantes, pero también en que se necesita más seguridad fronteriza. De todos los temas importantes para los hispanos, el control en la frontera es el único en el que les confían más a los republicanos que a los demócratas.
Todo esto inevitablemente ha puesto mucha presión sobre los demócratas. En su visita a la frontera Biden quiso empatar el marcador con los republicanos, echándoles la culpa por no avalar el plan bipartidista del Senado, para que al menos carguen con algo de la culpa por la situación en la frontera. Dijo que el tiempo para actuar se ha agotado y reitero que con ese plan cerraría la frontera “temporalmente”.
Trump se ha radicalizado. Biden ha endurecido su posición. Todo esto como en un duelo político perverso que nada bueno traerá para los migrantes, quienes son acusados de ser una casusa de la criminalidad en Estados Unidos, cuando en realidad han sido uno de los motores del repunte económico de Estados Unidos después de la pandemia. (Leopoldo Gómez, El Financiero, Opinión, p. 30)
Es pedir un imposible, se reconoce, pero la candidata prianista Xóchitl Gálvez debe cuidar la lengua antes de lanzar una declaración pública so pena de poner en riesgo el apoyo incondicional y la decidida cuan incondicional entrega a su causa de uno de sus próceres –con todo lo que ello implica–, es decir, su dilecto protector y patrocinador Felipe Calderón, más sus matraqueros, propagandistas y promotores de odio.
El gran problema es que para lograr ese objetivo –algo por demás normal para los mortales–, la suspirante de la derecha primero debe conectar su cerebro a su lengua para inmediatamente después lanzar cualquier declaración pública medianamente estructurada, pero en su caso es notoria la carencia de uno de los referidos cuan necesarios componentes, y no se trata precisamente del órgano muscular móvil situado en el interior de la boca.
Hay muchos ejemplos de que a la candidata derechosa, entre tantas otras cosas, de plano no se le da esa necesaria conexión (la pendejea todos los días), y muestra de ello es que entre los más recientes, que no los últimos, se animó a decir que en cinco años el presidente (López Obrador) no ha hecho política internacional y hoy le echa la culpa al primer ministro de Canadá. Lo que necesitábamos era un embajador que tuviera oficio para cabildear y evitar que nos impusieran estos requisitos.
Algo más dijo la hidalguense: ¿Cuál es el problema? Es que hay muchos turistas que se están yendo a Canadá y se están quedando por falta de oportunidades, por la inseguridad que hay en todo el país. La gente no está encontrando esas oportunidades en México. La expulsión de personas en Michoacán, Zacatecas; la gente no está encontrando oportunidad. Más que mañanera, el Presidente lo que tendría que hacer es política exterior .
Lady chicles ayer se refirió a la decisión del primer ministro Justin Trudeau, en el sentido de que, a partir de las 22:30 horas de ayer, Canadá incrementará los requisitos de viaje para las personas mexicanas. Las solicitudes de autorización electrónicas deberán ir acompañadas de la existencia de una visa estadunidense vigente o de una visa canadiense en los últimos 10 años. Las personas mexicanas que no cumplan con lo anterior deberán tramitar una visa canadiense, de acuerdo con la información divulgada por la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Pero, como siempre, la memoria no le dio, la pendejió y una vez más se fue de boca, porque 15 años atrás todas las acusaciones y señalamientos que hoy hace a López Obrador fueron flores, piropos y loas por defender a la patria al entonces inquilino de Los Pinos, Felipe Calderón, quien padeció por una decisión exactamente igual, y por los mismos motivos (exigir visa para frenar el flujo de solicitudes de asilo de mexicanos), a la ahora adoptada por Justin Trudeau.
En julio de 2009, a partir de las 23:01 horas del día 13, el entonces primer ministro canadiense, Stephen Harper, comunicó a Felipe Calderón su decisión de exigir visa de residente temporal a los mexicanos que pretendan visitar su territorio. Con esta medida se propone controlar el incremento en las solicitudes de refugio que recibe de ciudadanos de esta nacionalidad, que en un alto porcentaje son fraudulentas. El gobierno de México lamentó la decisión. De acuerdo con las autoridades canadienses, a partir de 2005 las peticiones de refugio por mexicanos prácticamente se triplicaron ( La Jornada, Alma Muñoz).
Y en aquel entonces, Xóchitl y el universo panista apoyaron decididamente a Calderón por su patriotismo y decisión con el que enfrentó el agravio canadiense (por cierto, fue el propio Trudeau quien, en 2016, suavizó la exigencia de visa y a cambio impuso las solicitudes de autorización electrónicas; ocho años después, retoma la decisión de Stephen Harper de 2009).
Por cierto, por aquellos ayeres, el presidente de la Junta de Coordinación Política, Manlio Fabio Beltrones, acusó a la Secretaría calderonista de Relaciones Exteriores por estar nada más funcionando para nombrar y remover embajadores y cónsules.
Entonces, lo de siempre: falta de conexión, doble discurso, doble rasero, para un mismo problema.
Las rebanadas del pastel
Circulan cuando menos cinco videos verdaderamente violentos, grotescos y promotores del odio bajo el título A Sheinbaum se le va a caer el país. Nadie se responsabiliza de su autoría y difusión, pero sin duda tienen el indeleble sello de la propaganda negra, de la guerra sucia prianista, del cobarde estilo de Max Cortázar y todo lo que él representa. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía p. 16)
Cuando Carlos Joaquín González, embajador de México en Canadá, llegó a su nueva oficina en Ottawa, se encontró con que sus dos antecesores estaban enterados de que el gobierno Justin Trudeau quería reimponer las visas a los mexicanos.
El motivo era económico y no sólo hay que responsabilizar a los despachos de abogados en México que lucran ofreciendo falsamente empleos en Canadá ni a los mexicanos que pagaron para abusar de las leyes de ese país, sino también a los empresarios canadienses que encontraron cómo beneficiarse de esa medida.
Estos últimos descubrieron que podían contratar a mexicanos pagándoles menos, mientras las autoridades canadienses revisaban su petición de asilo.
Un ejemplo fue el de Carlos Tomás Aranda, el oaxaqueño que fue hallado muerto cerca de Vancouver, cuando trató de escaparse de una granja a donde había sido confinado luego de que lo habían engañado con un curso para capacitarse como chef.
Al inicio de esta semana, la canciller mexicana Alicia Bárcena estuvo en Canadá para ampliar 20% el programa anual de trabajadores agrícolas temporales, que este año llegará a 28 mil plazas.
También firmó un nuevo programa de movilidad laboral con ese país, que permitirá contratar hasta 40 mil mexicanos para llegar hasta 70 mil en 2025.
Pero a los canadienses parece los tiene sin cuidado los tiempos y las formas políticas, pues esta misma semana aplicaron a rajatabla la medida de exigir nuevamente la visa.
La decisión de que ayer a las 11 de la noche haya entrado en vigor la medida, provocó que ya no pudieran abordar los aviones decenas de mexicanos que tenían la autorización electrónica de viaje, pero que no contaban con una visa de Estados Unidos o de Canadá expedida en los últimos 10 años.
Aeroméxico, que precisamente tiene vuelos que salen a esa hora, abrió facilidades para hacer cambios, pero eso no le repondrá el dinero a quienes de buena fe ya tenían reservaciones de hotel y de servicios terrestres.
Esto, además se da cuando faltan unas semanas para la cumbre de los jefes del Ejecutivo de México, Estados Unidos y Canadá, que se llevará a cabo en abril en Quebec y a la que seguramente Andrés Manuel López Obrador no asistirá.
Miguel Galicia, propietario de la mayorista Travel Shop, especializada en el mercado de mexicanos que van a Canadá, consideró que la decisión no era comparable a la última vez que ese país, con el mismo motivo, impuso la visa a los mexicanos.
En primer lugar, porque se autorizará la entrada a quienes cuenten con la visa estadunidense, además de aquellos que tengan una visa canadiense y también a los estudiantes registrados en escuelas de ese país.
De acuerdo con sus cálculos, hechos a partir del análisis de los más de 12 mil mexicanos que llevó a Canadá el año pasado, es que alrededor de 60% cuenta con una visa estadunidense.
El especialista dijo que los mexicanos que van a los destinos de la Costa Este de ese país pagan en promedio por un viaje de 8-10 días entre dos mil y dos mil 500 dólares, y a la Costa Oeste entre dos mil 500 y tres mil dólares.
Desde su perspectiva, no sólo los mexicanos presionarán porque los permisos digitales y las visas se emitan de forma expedita, sino también los destinos canadienses que se benefician con el alto gasto de los mexicanos. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 05)
Las reiteradas críticas y confrontaciones que el Presidente López Obrador ha sostenido con los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, exigiéndoles respeto, más la “amenaza” de no asistir a la próxima Cumbre Trilateral de Países del Norte, empezaron a tener consecuencias y a opacar el arranque de las campañas de Xóchitl Gálvez al primer minuto de hoy en Fresnillo; de Claudia Sheinbaum, esta tarde en el Zócalo capitalino, y de Jorge Álvarez Máynez, en San Juan de los Lagos.
Por lo pronto, poco antes de la medianoche de ayer, el gobierno de Canadá anunció oficialmente la restauración de la visa a mexicanos que visiten ese país, y el republicano presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, advirtió en Washington que “México hará lo que nosotros le digamos”, para enfrentar el flujo migratorio y propuso aplicar de nuevo el programa “Quédate en México”, que el expresidente Donald Trump aplicó en su gobierno y su sucesor demócrata, Joe Biden, propuso al Congreso, y logró cancelar.
DE ESTO Y DE AQUELLO…
Y si los candidatos presidenciales de México se alistaron ayer a iniciar sus campañas, para presentar a quienes formarán parte de sus equipos, anunciar los temas que abordarán y lugares que recorrerán, los de Estaos Unidos, Joe Biden, y Donald Trump, encabezaron diversos actos en las ciudades fronterizas de Texas, Brownsville y Eagle Pass, en los que el tema prioritario fue el migratorio y las propuestas para enfrentarlo con medidas drásticas.
En conferencia de prensa Claudia Sheinbaum anunció que el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, será el Coordinador General de campaña; la secretaria general, Citlalli Hernández, coordinará Enlace de Mujeres, y Tatiana Clouthier seguirá como coordinadora de Voceros; y también la incorporación a su equipo del “exrebelde”, Marcelo Ebrard, quien será coordinador de Vínculo con Organizaciones Civiles y Mexicanos en el Exterior.
El exgobernador pevemista de Chiapas, Manuel Velasco, coordinará las Alianzas, y de César Yáñez, el exsubsecretario de Gobernación, la Agenda y giras; dos disciplinadas excorcholatas: Adán Augusto López Hernández, como Coordinador Político, y Ricardo Monreal, de Enlace Territorial, y Gerardo Fernández Noroña, que estuvo a su lado como vocero en precampañas e intercampañas.
Signo de los discrepantes tiempos que empezaremos a ver: Martí Batres, jefe de Gobierno de CDMX, y Clara Brugada, candidata de Morena a sucederlo, expresaron su desacuerdo con el Ejecutivo federal de que la capital se esté “derechizando” o “empanizando”, cuando había sido de “izquierda”.
Eso parece evidenciar algunas versiones morenistas de que el candidato opositor a gobernar esta ciudad, el panista Santiago Taboada, avanza con firmeza rumbo al segundo despacho más importante frente al Zócalo. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 06)
98,909,770 aparecemos en la lista nominal. Casi 99 millones estamos invitados al banquete democrático. El 51.9% son mujeres y 48.09% somos varones. 4 millones tendrán entre 18 y 19 años para el 2 de junio; 11 millones entre 20 y 24 y otros 11 millones de electores entre 25 y 29. Es decir los jóvenes serán fundamentales.
Los partidos se gastarán 10 mil 378 millones de pesos. Quien más dinero posee es Morena, seguido del PAN y en tercer lugar el PRI. Se instalarán 170 mil centros receptores de votos y 809, 446 ciudadanos han sido ya notificados, visitados y capacitados para fungir como funcionarios de casilla.
2,302 estaciones de radio (AM, FM y FM multiprogramación) y 1,437 canales de televisión (TDT y multiprogramación) integran el catálogo de medios. Es decir, 3,739 emisoras tendrán que pautar 52,052,106 de spots gratuitos y obligatorios. El monitoreo será realizado por la Autónoma de Nuevo León, para cerciorarse que se transmitan todos los promocionales de los partidos y autoridades electorales.
Habrá 3 debates : domingo 7 de abril en las oficinas del INE; domingo 28 de abril en los Estudios Churubusco; y el domingo 29 de mayo en el Centro Cultural Tlatelolco.
En el extranjero (20 consulados en USA, 1 en Montreal, 1 en Madrid y 1 en París) se podrá votar de manera electrónica, postal o presencial, por los siguientes cargos: Presidente, senadores, 6 gubernaturas, Jefe de Gobierno, diputado migrante (CDMX y Oaxaca) y diputado de representación proporcional (Jalisco y Edomex). 11 personas expertas integran el Comité Técnico Asesor de los Conteos Rápidos para estimar: Presidencia, conformación del Congreso de la Unión, 8 gubernaturas, 1 Jefatura de Gobierno y porcentaje de ciudadanos que no acudieron a votar (abstencionismo).
La presidenta Guadalupe Taddei cantará a la ganadora antes de que inicie el lunes 3 de junio.
El INE se gastará 2 mil 138 millones de pesos, y se elegirán 20,079 cargos, y usaremos 238,949,435 boletas para las elecciones locales.
El 26 de septiembre tendrán nuevo gobernador en Guanajuato; 1 de octubre, en Morelos, Tabasco y Yucatán; 5 de octubre en CDMX; 1 de diciembre en Chiapas y Veracruz; 6 de diciembre en Jalisco y 14 de diciembre en Puebla.
El 1 de octubre tendremos nuevo Presidente (a) de la República
COLOFÓN: Marcelo, César Yáñez y Velasco se sumaron a la campaña de Claudia Sheinbaum. Mario Delgado será el coordinador general.
Santiago Nieto, candidato a senador por Querétaro, iniciará su campaña el sábado. Desayunará con mujeres, y visitará el Cerro de las Campanas.
¿Y Alfredo del Mazo iría al Gabinete? (Gustavo Rentería, El Heraldo de México, El País, p. 10)
Alerta de noticias falsas: tanto la extrema izquierda latinoamericana como la ultraderecha estadounidense están propagando una falsa narrativa sobre los 8 millones de migrantes venezolanos que han huido de su país en los últimos años.
En el primer caso, la campaña de desinformación del dictador venezolano Nicolás Maduro y sus aliados en América Latina está reinventando la historia para hacernos creer que el éxodo de sus ciudadanos ha sido causado por las sanciones petroleras de Estados Unidos contra Venezuela.
Haciéndose eco del revisionismo histórico de Maduro, el Presidente colombiano Gustavo Petro escribió el 17 de febrero en su cuenta de X, antes Twitter, que “lo que produjo la migración venezolana por millones se llama bloqueo económico”.
“Bloquearon la venta internacional de petróleo y de eso vivía la sociedad venezolana”, agregó.
Esa explicación es ridícula, porque las primeras sanciones petroleras de Estados Unidos, en un principio muy leves, ocurrieron en agosto de 2017, mientras que el éxodo de migrantes venezolanos había empezado en el 2013, el año en que Maduro asumió el poder.
En 2017, ya habían huido de su país 1.7 millones de venezolanos. La razón principal del fenómeno en ese momento fue una combinación de la destrucción casi total del sector privado por parte de Maduro y el colapso de los precios mundiales del petróleo, la principal exportación de Venezuela, en el 2014.
En 2019, Estados Unidos impuso sanciones económicas más severas a Venezuela después de que Maduro se reeligió en las elecciones fraudulentas de 2018. Pero para entonces, el éxodo venezolano ya había alcanzado unos 4 millones, según la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas.
Y la afirmación de Petro de que Estados Unidos impuso un supuesto bloqueo internacional a Venezuela es igualmente falsa. Caracas todavía envía su petróleo a China y a varios otros países. Que sepamos, no hay buques de guerra estadounidenses deteniendo a barcos cargueros de crudo en las costas venezolanas.
Por el otro lado, el aspirante presidencial Donald Trump y sus aliados en el Partido Republicano de Estados Unidos están propagando una narrativa igualmente distorsionada: pintan a los indocumentados venezolanos y de otras partes de Latinoamérica como responsables de una supuesta ola de crímenes, a pesar de que las tasas de homicidio han caído en los últimos años.
De hecho, los homicidios en Estados Unidos han disminuido drásticamente desde 2020, según cifras del FBI. Y los migrantes indocumentados cometen menos delitos violentos que los estadounidenses nacidos en el país, según muestran varios estudios.
Y, sin embargo, cuando un migrante indocumentado venezolano fue acusado a principios de esta semana del asesinato de Laken Riley, estudiante de enfermería de la Universidad de Augusta, de 22 años, en Georgia, Trump y los medios de ultraderecha aprovecharon la ocasión para culpar a los “ilegales” de una supuesta explosión de crímenes violentos en Estados Unidos.
“El monstruo que le quitó la vida entró ilegalmente a nuestro país en 2022”, escribió Trump en su red social, prometiendo que tomará acciones drásticas contra los indocumentados si gana las elecciones este año. El Gobernador republicano de Georgia, Brian Kemp, también afirmó falsamente que “¡la invasión fronteriza de Biden está destruyendo nuestro país y matando a nuestros ciudadanos!”.
Ambos están tergiversando la realidad burdamente. El resaltar un crimen aislado presuntamente cometido por un migrante indocumentado venezolano, así como la famosa afirmación de Trump de 2016 de que los migrantes mexicanos “están provocando el crimen” y “son violadores”, solo puede describirse como demagogia racista.
Un riguroso estudio publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos asevera que los migrantes indocumentados son arrestados la mitad de veces por crímenes violentos que las personas nacidas en Estados Unidos. La gran mayoría de los indocumentados son gente decente, y trabajadora.
Ya es hora de desacreditar las falsas narrativas sobre los exiliados venezolanos. Hay que decir las cosas por su nombre: el éxodo se debe a que Venezuela ha sido destruida por el régimen chavista.
Solo hay una manera de reducir la masiva salida de venezolanos a otros países, y es aumentar la presión sobre el régimen de Maduro para que celebre elecciones libres. A menos que se restablezca la democracia en Venezuela, el éxodo continuará. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)
Texit
Aumenta la presencia mediática del Movimiento Nacionalista de Texas que tiene como objetivo convertir a ese estado en un país independiente. Los expertos sostienen que es una posición con la que simpatiza mucha gente, incluso hispanos, que están hartos de depender de las decisiones que se toman en Washington.
No es una posición nueva, está presente desde el fin de la Guerra de Secesión, pero ha tomado fuerza en últimas fechas. El interminable jaloneo entre el gobernador Gregg Abbott y el presidente Joe Biden intensifica las versiones de que el movimiento independentista podría dar la cara y participar abiertamente en próximas elecciones en Estados Unidos.
Desde luego, la principal demanda es tener libertad absoluta para manejar su frontera con México, pero no sólo con ese país sino con estados de la Unión Americana como Nuevo México, Luisiana, y hasta Oklahoma por los que se cuelan migrantes de diversas nacionalidades a Texas.
No hay que perder de vista un dato: el PIB de Texas es el segundo de Estados Unidos, solo después de California. De modo que el dinero no será problema.
Relación permanente
En Canadá cientos de miles de mexicanos han encontrado una nueva oportunidad de vida. Son gente que aporta y que en su inmensa mayoría respeta las reglas de convivencia.
Por la tranquilidad de esos compatriotas y otros que en el futuro resuelvan viajar a Canadá es necesario que la relación entre el gobierno de López Obrador y el de Justin Trudeau se normalice y se encause a través de la diplomacia y la buena voluntad.
Ellos, los gobernantes, son transitorios pero la relación es permanente. Hay que cuidarla.
Canadá tiene derecho a imponer los requisitos que juzgue pertinentes para recibir mexicanos en su territorio, el único límite es el respeto a los derechos humanos. México también tiene el mismo de derecho de regular la llegada de canadienses a nuestro país. Somos socios cercanos y la relación seguirá adelante una vez sus actuales líderes se dediquen a otra cosa. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 3)
A cuidar la salud

(Magú, La Jornada, Política, p. 3)
Amarga bienvenida

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p.14)