Opinión Migración 190324

Estrictamente Personal / Los errores del embajador

Ken Salazar, el embajador de Estados Unidos en México, debe estar arrepentido por las recomendaciones que hizo a Washington sobre cómo lidiar con el presidente Andrés Manuel López Obrador porque son las mismas que ya provocaron la caída de Juan González, que dirigía los asuntos para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, cuya aproximación al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, bajo el mismo parámetro del que estableció Salazar para con López Obrador, fracasó.

Maduro desmanteló el acuerdo que tenía de realizar elecciones democráticas este año y está persiguiendo a sus opositores. Recientemente, el Tribunal Supremo de Justicia, controlado por Maduro, inhabilitó a la dirigente opositora, María Corina Machado, como candidata. Aunque en Washington entienden que México y Venezuela son dos países con condiciones diferentes, las similitudes entre López Obrador y Maduro, en cuanto a la utilización de los avances de la democracia para ir desmantelándola aceleradamente fomentando un régimen autoritario, parecen ahora diáfanas.

Hasta hace dos años era diferente. Salazar había logrado sobrevivir a las críticas de las empresas norteamericanas al Departamento de Estado por no defender los intereses estadounidenses e inclinarse por los mexicanos dentro del Acuerdo de Libre Comercio, y las molestias de Foggy Bottom contra su proceder. Salazar, muy cercano al presidente Joe Biden, había establecido una relación fácil, cómoda y amistosa con López Obrador, con el argumento de que tratando al Presidente mexicano con una mano suave, podrían los estadounidenses dialogar con él y llegar a acuerdos. Estaba totalmente equivocado.

Un error estratégico en el diseño de Salazar metió en una trampa al gobierno de Estados Unidos, que requería de una buena relación con López Obrador para que ayudara a Biden a contener la migración, convertido en una pesadilla político-electoral muchos meses antes de iniciar la campaña presidencial. Salazar cedió en todo para tener contento a López Obrador, que aprovechó el presidente para salirse con la suya en materia económica, comercial e inversiones, logrando a través de la amenaza de abrir la puerta migratoria, evitar paneles dentro del tratado norteamericano. Su defensa de López Obrador fue tan vehemente, que lo llamaban con sorna “el embajador de México en el Departamento de Estado”.

Biden fue reduciendo el nivel de interlocución de su gobierno con López Obrador. La primera en ser relevada fue Kamala Harris, la vicepresidenta, con lo cual bajó un escalón. Después agotó la paciencia de John Kerry, una especie de embajador at large de Biden, con quien tuvo varios desencuentros en Palacio Nacional. Al final redujeron el nivel de interlocución a Salazar –algo inaudito al convertir al mensajero en la ventanilla de López Obrador–, y agregar a Elizabeth Sherwood-Randall, responsable de Seguridad Territorial en el Consejo Nacional de Seguridad, con lo que dejaron claro que la prioridad de la relación bilateral era la migración y el fentanilo.

En la medida que López Obrador aceptó contener la migración y combatir el fentanilo, Salazar pudo navegar hacia puerto seguro. Las cosas fueron cambiando conforme se acercaban los procesos electorales. El primero en caer fue González por el tema de Venezuela, y personas que conocen a Salazar dicen que se encuentra nervioso de que ese pueda ser su destino, porque los agravantes son mayores que en el caso de Maduro. En Washington están viendo con preocupación la creciente presencia de personal diplomático ruso, que fue detectada por primera vez por la veterana corresponsal mexicana Dolia Estévez, cuya investigación levantó las alertas.

Este domingo, en un largo reportaje en The Hill, el periódico más leído en el Capitolio, se afirmó que la huella rusa es desproporcionadamente grande comparada con la presencia de México en Moscú, lo que ha despertado preocupación por el potencial espionaje del Kremlin y su ciberactividad en Estados Unidos, “un valioso objetivo de inteligencia”, en la actual coyuntura del proceso electoral en aquella nación. “López Obrador, un exmilitante del PRI, ha mantenido una posición neutral en una variedad de temas, específicamente en aquellos que involucran a Rusia”, señaló el reportaje. “Se ha negado a tomar partido en la invasión a Ucrania y no ha condenado aún la muerte del líder opositor Alexéi Navalni”.

Salazar no parece haber informado con oportunidad y contexto sobre la creciente penetración rusa en México, que se está convirtiendo en un tema relevante en Washington por la postura del virtual candidato republicano a la Presidencia, Donald Trump, sobre Rusia. Trump ha dicho que él puede hablar directamente con Vladímir Putin, recién reelecto para un quinto mandato presidencial, y aunque López Obrador no ha dicho públicamente nada similar, sus acciones –como invitar a uno de los batallones que invadieron Ucrania a desfilar el 16 de septiembre–, su inclinación hacia Moscú ha sido evidente.

Tampoco parece haber informado Salazar a Washington –quizás porque le pasó desapercibido–, el apoyo que desde las elecciones presidenciales de 2020 brigadas de Morena en Estados Unidos le dieron a Trump. En la actualidad, ante la posibilidad de que Trump derrote a Biden en noviembre, el embajador ha comenzado a actuar, a su manera. Hace unos días habló con el fiscal Alejandro Gertz Manero para pasarle información de su gobierno de que Trump tenía pensado arrancar su campaña presidencial –después de que sea nominado en la Convención Republicana que se llevará a cabo a mediados de julio– con un discurso muy duro contra México y con nuevas amenazas para imponer aranceles, si el gobierno no frenaba la migración y sellaba su frontera norte.

A Salazar se le fue de las manos la relación con el presidente, por desestimar el perfil de los servicios de inteligencia de su país sobre López Obrador, y hacer caso omiso a la información que lo valoraba. El presidente no engañó al embajador. Si Salazar pensó que podía encontrar los espacios para que trabajaran juntos, con la mano suave de la Casa Blanca y los ojos cerrados ante los abusos políticos que hacía a cambio de colaboración migratoria, hoy da señales de haberse equivocado, porque los costos para su gobierno serían más elevados que aquellos que provocaron  la caída de González. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)

Quebradero / EU. Somos parte de su elección

Además de coincidir en el mismo año las elecciones presidenciales de México y EU, el momento apunta a que sean de enorme trascendencia para la relación bilateral.

Mientras las elecciones en México van tomando de alguna forma un aparente derrotero, en EU las cosas están muy lejos de definirse. Donald Trump se ha metido en una infinidad de líos políticos y económicos, de los cuales no ha salido, pero, como fuere, los ha ido solventando.

Trump se la ha pasado bajo el síndrome de peleador callejero, estrategia, por cierto, de toda su vida, le ha dado resultado ante su muy conservador electorado. Sus posibilidades de triunfo son manifiestas, además de que se la pasa amenazando con lo que puede pasar si no gana.

La manifestación más clara de que EU se va paulatinamente avejentando está en la edad de los dos candidatos a la presidencia. No aparecen voces jóvenes influyentes que pudieran darle una dinámica distinta a la presidencia de la Unión Americana. Así como EU se va avejentando, su clase política todo indica que de manera paralela sigue por el mismo camino.

Muchos estadounidenses se han distanciado de la política y su mayor interés está en lo que puede pasar en sus comunidades y en sus estados. La nación vive serios problemas internos que pasan por un incremento cada vez más profundo de la pobreza y, por otro lado, acarrea un problema medular, el consumo de drogas.

A pesar de sus muchos problemas, EU sigue siendo el gran fiel de la balanza a nivel mundial. Es una nación poderosa que influye de manera definitiva como se  alcanza a ver en la guerra en Medio Oriente y la invasión de Rusia a Ucrania. En este último caso, Joe Biden está enfrentando a quien, como sea, sigue siendo una gran potencia mundial; sin embargo, los planteamientos del presidente estadounidense son claros respecto a su defensa de Ucrania y a la ayuda que le está otorgando, pero se va viendo que no es suficiente con ello.

La elección es de particular interés para México. No habíamos estado en una posición como ahora, nuestro país es ya parte central del proceso electoral. En el último debate entre candidatos republicanos el tema México-migración ocupó 35% del tiempo, hecho que pone en evidencia lo que se ve venir en las campañas y todo lo que se va a lanzar en contra de nuestro país.

La posibilidad de triunfo de Donald Trump debe colocar a quienes suspiran por la presidencia en el diseño de una estrategia que no puede seguir los mismos pasos que la de López Obrador. El Presidente mexicano se la pasó como candidato arremetiendo contra el empresario-político, incluso hizo un libro, pero en cuanto entró a Palacio Nacional, muchas cosas cambiaron en la forma de ver al mandatario y cómo tratar los problemas bilaterales.

Muchas cosas que se suscitaron en la relación bilateral que algún día sabremos. Trump se ha encargado descaradamente de poner en evidencia a México a través de declaraciones antidiplomáticas, las cuales no han tenido una respuesta firme de la autoridad mexicana.

Si gana Trump, la próxima presidenta de México tendrá que buscar con firmeza mecanismos de entendimiento que por ahora no parecieran aparecer. Más bien, Trump de nuevo se la ha pasado insultando a los migrantes y a todo lo que tiene que ver con México en relación a nuestra problemática interna, que en muchos casos pasa por la relación bilateral.

Ha anunciado severas medidas en la frontera con México lo que va de nuevo a colocarnos en una disyuntiva con el norte del país y también con el sur.

Es cuestión de tiempo para que se intensifiquen y magnifiquen las referencias a México. Nunca se había presentado una elección presidencial en EU que tanto tuviera que ver con nosotros.

RESQUICIOS.

No hay indicio de que el Presidente vaya a recibir a las madres buscadoras. Ceci Flores, de Sonora, estuvo a las puertas de Palacio y la respuesta del inquilino fue que le dejara las cosas que le trajo, en referencia a una pala para que se ponga a buscar a las y los desaparecidos. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, LA DOS, p. 2)

El humanismo de Sheinbaum

Las palabras importan, así se les degrade o de plano trastoquen su significado. Es verdad que no son intocables, que recrearlas es legítimo, sobre todo en la poesía, que el tiempo las va moldeando, que muchas son equívocas y es el contexto el que da las claves para definirlas. No es motivo de este escrito balbucear filosofía del lenguaje, sino hablar de la dolosa manipulación de conceptos a los que se les vacía de sentido o, peor aún, se les adultera con demagogia y propaganda para engañar a la opinión pública y, en específico, de la desvergüenza que tiene el grupo en el poder al reivindicarse “humanista”. Una impostura insostenible.

Claudia Sheinbaum se presenta como “ambientalista”, siendo que, entre otras cosas, destruyó el humedal de Xochimilco, se desentendió del Metro, no movió un dedo para que la termoeléctrica de Tula que contamina a la CDMX dejara de operar con combustóleo y viene de avalar el ecocidio en el sureste, subiéndose al Tren Maya justo cuando los reyes de Suecia no quisieron hacerlo. La candidata oficial también se asume feminista después del maltrato y desprecio a las impresionantes marchas de mujeres, la persecución de activistas y el respaldo a Salgado Macedonio. Pero nada es tan falaz como la identificación rimbombante de ella, del Presidente y de su movimiento con lo que llaman “humanismo mexicano”.

El concepto es escurridizo y multitask, pero podemos encontrar las coordenadas que, al menos, nos permitan dilucidar lo que no es. Se suele identificar el origen del humanismo con el Renacimiento, que es muy diverso, pero de alguna manera rescata la centralidad del ser humano de la época clásica (grecolatina): de su cuerpo, sus pasiones, su sensibilidad, sus contradicciones, sus deseos, sus dilemas, su relación con la divinidad o su angustia frente al horizonte ineludible de la muerte. Es la reivindicación de la persona que los vive, enfrenta, sufre, goza, sobrelleva. Nada que ver con el populismo que la diluye en un “pueblo” homogéneo, representado e interpretado en exclusiva por un líder que no admite la expresión de diferencias en su seno.

No tenemos espacio para ahondar en abstracciones, así que vayamos directo a la experiencia, reconociendo que Sheinbaum se ha esforzado con éxito en mostrar una identidad sin dobleces con el titular del Ejecutivo y que no hay nada que permita colegir desacuerdos entre ellos. No se puede ser humanista cuando se ignora el dolor de las madres buscadoras o se abandona a comerciantes, restauranteros, taxistas, empleados, artistas y un largo etcétera durante la pandemia, por no hablar de la experimentación con pacientes de covid, dándoles Ivermectina, que resultó contraindicada. Al perseguir a migrantes con militares los hicieron vulnerables a ser secuestrados y explotados en la trata por redes del crimen, así como a la extorsión de autoridades.

La palabra clave es dignidad, pero ésta se conculca cuando amenazan con quitar programas sociales o se paga para el acarreo de contingentes y, peor aún, cuando coaccionan el voto. Para colmo, la CNDH se olvidó de las víctimas y de los derechos constitucionales para defender al Presidente. La polarización provocada por gobernantes que estigmatizan periodistas y ciudadanos por disentir, que premian la obediencia ciega y que promueven con recursos públicos el culto a su personalidad no tiene nada de humanista. Al contrario, es la búsqueda del sometimiento individual al Leviatán puesto al servicio de una élite que, en nombre de una mayoría alienada, excluye a las minorías.

En la novela 1984, George Orwell relata una distopía que rememora al estalinismo. El Ministerio de la Verdad se encarga de mentir con propaganda engañosa que cambia según los intereses del Gran Hermano; el Ministerio de Paz se dedica a la guerra y el del Amor maneja a la policía que persigue y reprime. Esa perversa soberbia de resignificar las palabras para la manipulación y el control político de la sociedad es algo que los populismos comparten con los regímenes totalitarios. Sólo así se entiende que en México tengan la audacia de decirse humanistas quienes pretenden acabar con la democracia liberal y las libertades conquistadas. El mundo al revés. (Fernando Belaunzarán, Excélsior, Nacional, p. 12)

Aeropuerto CDMX una vergüenza

Los aeropuertos son esenciales para el desarrollo económico de cualquier lugar, conllevan la creación de miles de empleos; internos y externos, generan actividad económica y revalorizan el entorno, amén de los millones de pesos que los turistas nacionales y extranjeros dejan en beneficio del país que los acoge. México, nuestra grande y querida nación durante muchos años ha sido reconocido mundialmente por sus bastos recursos naturales, turísticos y su enorme calidez humana:

Con el paso de los años se convirtió en el más importante de América Latina por su número de operaciones, movilidad de pasajeros y la cantidad de carga que desde ahí se recibía y enviaba; y se ubicaba en el lugar 26 de los 55 aeropuertos más importantes del mundo. Sin embargo, en los últimos cinco años, el aeropuerto internacional de la ciudad de México (CDMX) Benito Juárez es una vergüenza, deja mucho que desear, sus instalaciones deterioradas por la falta de mantenimiento, el desorden para canalizar a los pasajeros en las decenas de accesos y pasillos interiores, la falta de eficiencia del personal que ahí labora han generado un caos absoluto en todos y cada uno de los servicios, incluida claro, la Terminal dos (T2), la cual es catalogada ya por los usuarios como una porquería.

Sume usted distinguido lector, el enorme conflicto que genera el estacionamiento del aeropuerto, el cual siempre está saturado, los responsables del servicio brillan por su ausencia, la circulación interna no es clara y el costo por hora es sumamente elevado, a pesar de la inseguridad y pésimas condiciones de infraestructura que tiene. Ante el incremento anual de operaciones y viajeros, en 2007 se puso en marcha la Terminal 2, que actualmente moviliza al 46 por ciento de los pasajeros. Mientras en la terminal 1 atiende al resto. El AICM en sus dos terminales, espacios de atención y comercio, opera con más de 20 aerolíneas nacionales e internacionales. El año pasado movilizó a más de 46 millones 258 mil pasajeros. ¿Se imagina usted la imagen de México que se llevan los turistas?

Además, existen añejos problemas en aduanas, en migración, en el manejo de maletas, en el filtro de los pasajeros, problemas de delincuencia organizada, de lavado de dinero, de inmigración ilegal. Asimismo, situaciones estructurales que hay que corregir, aunado al combate de robo de maletas, y disminuir las demoras y cancelaciones de los vuelos. En fin, una situación muy lamentable que nos exhibe ante el resto del mundo. Por fortuna y en contraste, los aeropuertos internacionales de Monterrey, Cancún, Veracruz, Aguascalientes, Oaxaca, Etc., concesionados a la IP, administran de manera eficiente, operan y brindan servicios de primer mundo a sus pasajeros.

Y es que, a los pocos años de la entrada de la Iniciativa Privada a la operación de este sector en México, sus operadores le han apostado a la inversión en la infraestructura, a nivel operativo, tecnológico y de seguridad, al interior y exterior de sus instalaciones, se percibe con una enorme mejoría, amén de las multimillonarias inversiones, las cuales han situado a algunas de estas instalaciones a competir con las mejores del mundo. (Vicente Gutiérrez Camposeco, La Prensa, Editorial, p. 14)

Apuntes de Guerra / ¿Un baño de sangre en EEUU?

Dice Donald Trump que si no resulta electo, habrá un enorme baño de sangre y que probablemente no se vuelva a realizar una elección presidencial en Estados Unidos. Sí, el ex presidente bajo investigación por incitar la insurrección del 6 de enero de 2021, criticado por promover a grupos violentos como los Proud Boys y de atizar conductas racistas con sus ataques a inmigrantes y a minorías étnicas, advierte sobre las consecuencias de una posible derrota y pone a temblar a más de uno en un país que aún no se recupera de las nefastas consecuencias de su primer mandato.

No exagero al referirme al daño causado por Trump a la sociedad y al sistema estadounidense: desde sus primeras incursiones en la política se ha dedicado a esparcir rumores falsos (la infundada teoría de que Barack Obama no era nacido en EEUU), intimidar a sus contrincantes, amenazar con o incitar a la violencia y, por si todo lo anterior fuera poco, tratar de amedrentar al poder judicial en los casos concretos que están abiertos en su contra.

Tratando de contener el daño de esas ominosas frases, los allegados de Trump alegan que se le está sacando de contexto, y que se refería a la industria automotriz (el discurso fue en Dayton, Ohio). Si bien comenzó hablando de los riesgos de las importaciones de autos chinos, la cita exacta es “si no soy electo será un baño de sangre para todo el país”.

Y no quedó ahí la cosa: en el mismo discurso rindió tributo a los presos por los actos violentos en el Capitolio el 6 de enero de 2021, llamándolos “patriotas” y “rehenes”, y ha dado a entender que si gana la presidencia perdonará a muchos de ellos.

La retórica violenta de Trump es una constante y los ejemplos son muchos (Aaron Blake hace un buen recuento en un artículo publicado ayer lunes en el Washington Post), por lo que cabe preguntarse cuales son los limites que deberían existir para la incitación real -no figurativa ni metafórica- a la violencia en un país en el que la violencia política y el terrorismo doméstico (es decir nacional) son parte de la historia reciente.

Los peligros que plantea un segundo periodo de Donald Trump en la Casa Blanca no son hipotéticos, y el riesgo de un rompimiento institucional/constitucional no puede ni debe ser ignorado.

Las encuestas colocan hoy a Trump con clara ventaja para ganar las elecciones de noviembre. Aunque en el voto popular la diferencia con Joe Biden no es enorme (+- 5%), si observamos a los estados bisagra, aquellos que definirán el resultado en el Colegio Electoral dado el complejo sistema estadounidense, ahí Trump lidera en seis o siete de ocho entidades clave. 

Falta mucho para noviembre, pero en un ambiente tan enrarecido y polarizado como el de Estados Unidos las tendencias irán hacia los extremos. Si no sucede algo excepcional, Donald Trump podría volver. A menos, claro, que sus problemas legales y financieros se lo impidan.

Pongamos changuitos. (Gabriel Guerra Castellanos, El Heraldo de México, País, p. 9)

Café Político / ¿Querrá Palacio parar versiones complotistas?

NOTAS EN REMOLINO

La señora Ceci Flores, del colectivo de madres buscadoras de Sonora, será un reto más para el régimen, pues su causa difícilmente puede ser descalificada como parte de politiquería… Tal parece que el oficialismo está decidido a jugar todas sus cartas en el proceso electoral y, desconfiados del “pueblo bueno”, han sacado la carta del más añejo jacobinismo contra los obispos y jesuitas que promovieron el documento por la paz… Fuentes palaciegas confirman que el reborujo que resultó el sistema aeroportuario del Valle de México quizá, sólo quizá, cuando Palacio Nacional tenga nueva inquilina… Como ya se dijo, las familias de los migrantes son los ignorados damnificados del “superpeso”, pues la paridad ha mermado su ingreso mensual en más de mil pesos… Lamentablemente ya a este Gobierno se le acabó el tiempo, pero para el próximo será urgente reactivar los programas de vacunación que inmunizaron a millones de niños en el pasado “neoliberal” … Hasta los agnósticos apreciarán esta reflexión que nos dejó el irlandés Laurence Sterne: “Solamente aquellos espíritus verdaderamente valerosos saben la manera de perdonar. Un ser vil no perdona nunca porque no está en su naturaleza” … (José Fonseca, El Economista, Política y Sociedad, p. 39)

Cartones

Un Goebbels para un Führer

Trump

(Rocha, La Jornada, Política, p. 5)