Opinión Migración 250424

Estrictamente Personal / Tomaduras de pelo

Por segundo día consecutivo, el presidente Andrés Manuel López Obrador explotó contra el gobierno de Estados Unidos en reacción continuada de su enojo por el reporte anual sobre derechos humanos que dio a conocer el Departamento de Estado este lunes. El martes les exigió respeto y que no se inmiscuyeran en los asuntos internos de México, y el miércoles, quizá porque lo ignoraron en Washington y no le ofrecieron la disculpa que hubiera esperado, escaló los epítetos. Los llamo poco serios y mentirosos, un país anquilosado y en decadencia que, dijo, tiene que renovarse.

Mucho grito y pocas nueces.

La indignación del Presidente debió haber sido consecuente y haber instruido a la secretaria de Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena, para que llamara al embajador estadounidense, Ken Salazar, y pedirle explicaciones o hacerle un extrañamiento, rechazando el informe que hace cada año Foggy Bottom sobre 200 países y territorios en el mundo. No lo hizo. Al parecer, por lo que respondió a pregunta expresa en la mañanera, ni se le ocurrió. Tampoco parece saber o entender que los insumos que utilizan en Washington para elaborar los informes tienen como base los cables diplomáticos que les envía su embajada; o sea, Salazar.

Los gritos de López Obrador son algo a lo que están acostumbrados en el gobierno de Estados Unidos. Ya saben que lo hace para consumo doméstico y a veces como distractor de problemas profundos, y no le prestan atención. Lo hace únicamente cuando piensan o ven que el coraje se traslada al tema migratorio y que deja entrar libremente, contra lo acordado, indocumentados que tienen como destino final Estados Unidos, por lo que para apaciguarlo y que siga haciendo lo que le pidieron, un muro en la frontera sur, emiten un bálsamo en forma de declaración. Lo han hecho en otros momentos, con lo cual serenan al Presidente, aunque nada cambia en el fondo.

En términos de la relación bilateral, el fondo es lo que importa a Washington, mientras que la forma es lo único que le preocupa a López Obrador.

El mismo día en que explotó contra el Departamento de Estado, lo que sucedió de fondo en la relación fueron concesiones y cesiones importantes de México a Estados Unidos.

Por la mañana, a petición del Presidente, el Senado autorizó el ingreso a México de fuerzas especiales del Departamento de Defensa de Estados Unidos, armados con su equipo bélico, para dar cursos de capacitación. Esta acción insólita pasó casi desapercibida, pero para un Presidente que presume de conocer de historia, el que tropas estadounidenses pisaran territorio mexicano desde la expedición del Ejército de ese país para perseguir a Francisco Villa, la contradicción entre su gestión y su reclamo muestra su doble cara.

La aprobación en el Senado fue por una petición que hizo López Obrador, en noviembre del año pasado, para que 11 soldados estadounidenses armados entraran a México para dar un curso de capacitación de enero a marzo. Ese ingreso fue limitado. Lo que ahora autorizaron al Presidente fue la entrada de 180 elementos de la Compañía de Paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos, que es una unidad de élite de acción rápida y especializada en operaciones de asaltos en paracaídas en zonas hostiles.

Y por la tarde, la secretaria de Economía, Raquel Buenrostro, anunció aranceles a 544 productos asiáticos porque estaban subvaluados y a bajos precios, que estaban desplazando a los productores mexicanos. La decisión mexicana coincide con los reclamos que desde octubre le ha hecho la representante comercial de la Casa Blanca, Katherine Tai, a Buenrostro, y subsecuentes presiones de legisladores para exigirle que exprese a México la competencia desleal que está causando. Si fue o no esa la motivación del gobierno mexicano, debe servir para despresurizar el creciente conflicto comercial que se estaba creando.

El Presidente dijo que no son serios en el gobierno de Estados Unidos y que existen posiciones diferentes en la administración Biden. Para López Obrador, quienes critican a su gobierno en Washington y dan a conocer informes como los del Departamento de Estado, “están manejados por la derecha internacional… una internacional de derecha apoyada en Estados Unidos; sabemos que esos son los golpeadores, los halcones”.

Eso es lo que no es serio: que la derecha internacional tome decisiones en el Departamento de Estado por encima ¿de la Casa Blanca? ¿Plantea un choque entre el presidente y el secretario de Estado? Son fuegos pirotécnicos para distraer a sus audiencias domésticas y las clientelas políticas, buscando en el enemigo externo la cohesión interna, y una forma sonora para no responder al contenido. No puede hacerlo porque los señalamientos están documentados en México y buena parte de lo que incluyeron en las secciones son actos públicos de presión y hostigamiento del Presidente. Como el de los ataques a la presidenta de la Suprema Corte, Norma Piña, donde la respuesta de López Obrador fue de molestia porque registraron lo que él admitió ayer, el enfrentamiento contra el Poder Judicial.

López Obrador calificó el reporte sobre derechos humanos como una “tomadura de pelo”. Pero lo que está haciendo con estas respuestas sí es una tomadura de pelo. Si en realidad quisiera cambiar de fondo los términos de la relación, no diría que mantendrá la cooperación con Estados Unidos. La suspendería en su totalidad, no sólo efímeramente, como lo hizo recientemente en protesta por las investigaciones que lo vinculan con el narcotráfico, y dejaría de acatar las exigencias de la Casa Blanca sobre migración, el combate al fentanilo, el comercio o las industrias estratégicas que quieren que se instalen en México con recursos de Estados Unidos para garantizar su cadena de suministro.

Pero López Obrador no puede romper con Estados Unidos, aunque quiera, porque la economía de México colapsaría. Es lo correcto en términos de país, pero también podría hacer algo más que gritos que no sirven para nada y reproches en el circo de la mañanera, como una protesta formal y directa con Salazar primero, Blinken después, y terminar con Biden. Eso sería serio, no una pantomima política para salvar cara. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 42)

Periscopio  /  Embajador con matraca

La sospecha empezó a expandirse en las altas esferas de la política estadounidense a principios de 2022. No pocos funcionarios de la Casa Blanca, la DEA y congresistas republicanos e incluso demócratas alertaron de que su embajador en México, Ken Salazar, mostraba cierta falta de capacidad para defender los intereses de Estados Unidos.

En cambio, exhibía una sobrada destreza y tenacidad para favorecer al actual régimen político mexicano, encabezado por el presidente Andrés López Obrador. De hecho, se dice que las preocupaciones llegaron hasta la oficina oval, donde despacha el presidente Joe Biden, amigo de Ken, quien minimizó las alarmas que había sobre su amigo.

Incluso el 5 de julio de ese año, el influyente diario The New York Times difundió en su primera plana: “Salazar ha logrado acercarse al presidente mexicano. Pero al interior del gobierno (de EU) hay una preocupación creciente de que, en el proceso de acercamiento, el embajador haya arriesgado los intereses estadounidenses”.

Biden lo echó en saco roto, pero la desconfianza de otros sectores de poder estadounidenses no se desvaneció. No eran las constantes visitas de Ken Salazar a Palacio Nacional lo que malmiraban, sino sus abiertas posturas a favor de políticas de López Obrador que iban incluso en contra del interés estadounidense.

Como su defensa de la contrarreforma energética de la 4T, que amenazaba inversiones estadounidenses en el sector, o su silencio timorato ante el boicot de AMLO a la Cumbre de las Américas de mayo de 2022.

Ahora, esas alertas se han vuelto a encender, incluso en el Departamento de Estado, que esta semana ha sido objeto de descalificaciones por parte del mandatario mexicano porque le disgustó el informe sobre Derechos Humanos. Y perciben que su embajador ni siquiera mueve un dedo para defender a su gobierno.  

Al contrario, ayer mismo, cuando López Obrador tundió a Estados Unidos por segundo día consecutivo y lo tachó de mentiroso y decadente, Ken Salazar optó por destacar la cooperación del gobierno mexicano en el combate a las drogas y la captura de capos. Ni una palabra en defensa del Departamento de Estado.

Peor aún: ayer la agencia de noticias Reuters difundió información en el sentido de que, en plena carrera presidencial en Estados Unidos, funcionarios de la 4T “se han estado reuniendo con personas cercanas a (Donald) Trump para discutir temas como la migración y el tráfico de fentanilo a Estados Unidos”.

Eso, sumado al reclamo de López Obrador a Washington respecto a que “tiene a un candidato hostigándolo en los juzgados”, en referencia al juicio contra Trump, hace pensar a funcionarios estadounidenses del Departamento de Estado, de la DEA y del Congreso, que su embajador Salazar es un cómplice de López Obrador para reventar la reelección de su “amigo”, el deteriorado física y políticamente presidente Biden.

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EN EL VISOR: Otra vez operando en varias pistas electorales está el señor de las ligas René Bejarano. No sólo confirmó tener gente en la campaña de Clara Brugada, sino que también trabaja con muchos candidatos de Morena en todo el país.  (Raymundo Sánchez Patlán, El Heraldo de México, País, p. 13)

Agenda Levantina  /  Continuación del caos por otros medios

Líbano –principal socio comercial de México en la subregión del Levante– parece ajeno a los acontecimientos en torno a Palestina que lo están sacudiendo.

No es para menos: desastres como la explosión del puerto de Beirut, parálisis institucional (desde el 30 de octubre de 2022, Líbano no tiene Presidente y todos sus ministros se desempeñan como interinos), colapso judicial, malversaciones financieras, despojo de su dinero a los ahorradores, miseria y pobreza, emigración libanesa en masa y multitudinarias llegadas de refugiados sirios (que se suman a los 400 mil palestinos refugiados, tras su expulsión por el recién creado Estado de Israel en 1948), ha dejado a los libaneses exhaustos.

Con todo, la milicia chiíta Hezbolá amenaza con avanzar hacia una escalada si Israel cruza las líneas rojas, tales como: una ofensiva terrestre contra Gaza y el desplazamiento de sus habitantes; la erradicación de Hamas y un ataque contra Irán.

Hezbolá es un grupo parlamentario que cuenta con una tropa de milicianos experimentados equipados con un arsenal de misiles, drones y armas de fuego, protege las fronteras nacionales, construye líneas de defensa y rutas de contrabando, controla los organismos responsables de la seguridad interior, el puerto y el aeropuerto; es, además, una milicia cuyo secretario general (Hassan Nasrallah), cuando habla, perfila las orientaciones políticas del país y amenaza al enemigo con la guerra. 

 Por diseño, el Estado libanés desde su independencia en 1943 fue creado como un espacio de negociación de diferentes comunidades religiosas y étnicas, más que como un actor centralizado y con un monopolio de la violencia legítima, pero es un hecho que desde 2011 Hezbolá se ha aprovechado de esa característica, tanto como de la intransigencia israelí, para avanzar una agenda cada vez más estrecha que agudiza las deficiencias del aparato institucional libanés.

Sin embargo, Hezbolá no ha declarado la guerra a pesar de que Tel Aviv ya cruzó todas esas líneas. Es de suponer que este pragmatismo resulta no sólo de la abrumadora realidad –la agonía social, política y económica de Líbano, a lo que se agrega la pérdida del amplio apoyo para el Hezbolá proveniente de la comunidad cristiana libanesa— sino también del acuerdo que en 2022 Israel y Líbano firmaron sobre la delimitación de su frontera marítima para la explotación de yacimientos de gas.

Seguiremos viendo cómo evolucionan los cálculos del Hezbolá, sobre todo si Israel ataca a Irán, algo que no puede descartarse, si bien Tel Aviv no querría participar en una guerra a gran escala con Irán sin el apoyo de Estados Unidos con Joe Biden (podría ser el caso dentro de unos meses, si gana Donald Trump la Presidencia). Por lo pronto, la prioridad del gobierno israelí es Gaza, borrar a Palestina, su memoria y su resistencia, con la aquiescencia de las potencias occidentales.  (Marta Tawil, El Heraldo de México, Orbe, p. 28)

Post “electoral”  /  Votar desde el extranjero

Imagínese que para poder votar en las elecciones del 2 de junio tuviera que apartar su lugar en la casilla con por lo menos tres meses de anticipación, llenando un formulario y anexando documentación. ¿Cuál cree que sería el porcentaje de votantes que lo haría en tiempo y forma? Ésa es la realidad para la gran mayoría de quienes viven en el extranjero. Por eso es entendible que resulte tan grave la exclusión del listado nominal que el INE comunicó a más de 40,000 personas.

La diáspora mexicana tiene una influencia fundamental en lo que sucede en el país. No se trata de un grupo que emigra y pierde vínculos con familia y sociedad que se queda, sino que generalmente mantiene fuertes lazos, económicos y afectivos en México. Recientemente, Leonardo Curzio definió la aportación de los migrantes a la economía mexicana, durante este sexenio, como una especie de Plan Marshall que ha logrado compensar el raquítico crecimiento económico (inferior al 1 por ciento).

No obstante, en lo político se ha regateado su participación históricamente. En 2006 se reconoció por primera vez su derecho a votar. No obstante, se introdujeron una serie de candados que hicieron muy complejo el registro y el ejercicio del voto. Estas barreras se han ido desmontando en las elecciones sucesivas, pero lo cierto es que es mucho más complejo votar desde el extranjero todavía. Paradójicamente, no obstante que se han aprobado acciones afirmativas para que los partidos tengan la obligación de postular a migrantes en candidaturas a diputaciones, los mexicanos, residentes en el extranjero, no pueden votar por ellos.

Un principio fundamental es que el voto en el extranjero debe ser igual de seguro que en territorio nacional. Ésta fue la forma de atajar el rechazo al reconocimiento al sufragio de quienes auguraban que el fraude electoral, proscrito en territorio nacional, iba a renacer desde el exterior. Parecería que esta máxima permanece vigente. Sin embargo, el INE fue más allá y eliminó masivamente a más de 40 mil potenciales votantes sin siquiera señalarles los motivos de su exclusión. Afortunadamente, la autoridad recapacitó y regresó el registro a cerca de la mitad de estas personas, no obstante que no sabrán en qué habían fallado y cómo se arregló su situación.

No sorprende la percepción de migrantes, que se inscribieron de buena fe, de que la actuación de la autoridad electoral representa un intento de inhibir su participación política. A eso hay que añadir la lamentable intervención de la canciller en una conferencia mañanera inmiscuyéndose indebidamente en temas que son responsabilidad exclusiva del INE. Por ello es fundamental que la autoridad determine uno a uno los casos de deficiencias o de dolo, a fin de que tome acciones positivas para contactar a todas las personas excluidas y demostrar fehacientemente su convicción en favor de alentar la participación de las y los migrantes. (Patricio Ballados V. La Razón, México, p. 10)

Uso de Razón  /  Votos por la Santa Muerte

A querer o no, el domingo a las 20:00 Claudia Sheinbaum Pardo tomará su lugar en el segundo debate por la Presidencia de la República como la candidata de la Santa Muerte.

Las camisetas negras con el emblema de la Iglesia de la Santa Muerte que llevan la leyenda: Un Verdadero Hombre Nunca Habla Mal de López Obrador, no son una anécdota.

Son la imagen de un gobierno necrófilo. Es decir, que disfruta con la muerte.

Seguidores de AMLO, y al menos un alto funcionario federal y consejero del Presidente en materia de comunicación social, Jenaro Villamil, presumen con orgullo la camiseta de la secta asociada a ritos satánicos y trasiego de drogas.

López Obrador salió a defender a la secta llamada Iglesia de la Santa Muerte como si fuera una religión más. Así lo ve él.

Se han encontrado fosas clandestinas con cadáveres humanos debajo de altares de la Santa Muerte, la secta que presume Morena en su camiseta: “Un verdadero hombre nunca habla mal de López Obrador”, nos dice una calavera que con el índice en la boca ordena callar.

Ese es el gobierno que Claudia Sheinbaum saldrá a defender en el debate del domingo en los Estudios Churubusco.

“La obra del presidente López Obrador”, dijo ayer.

Nunca habíamos visto a un Presidente que se burlara públicamente de los derechos humanos.

López Obrador lo hizo el martes en su conferencia matutina, al hablar de los paramédicos asesinados y calcinados en Celaya, luego de que fueran atacadas tres ambulancias por grupos criminales.

Pidió que vayan a investigar el caso “los de Latinus, o los de Derechos Humanos”, y remató con sendas carcajadas.

¿Continuidad al gusto por la muerte?

¿Continuidad a la burla de los derechos humanos?

Sí, mientras Sheinbaum no se deslinde, así es.

Votar por Morena es votar por la Santa Muerte.

La muerte no le inmuta al Presidente que entregará un país con más de 184 mil asesinatos dolosos.

Noventa y cinco cada día.

Uno cada quince minutos.

El gobierno que saldrá a defender Claudia Sheinbaum el domingo es el que tiene en su haber 50 mil 822 personas desaparecidas entre diciembre de 2018 y el 24 de abril de este año.

La cifra de niños muertos de cáncer debido al desabasto de medicinas oscila entre los 5 mil y 6 mil infantes, sólo en los tres primeros años de gobierno de López Obrador, de acuerdo con información de Associated Press (AP) que verificó los datos.

En México murió tres veces más gente que la media mundial por el covid-19.

Quinientos seis mil personas que no debieron morir durante la pandemia fallecieron por el desdén hacia la muerte del gobierno que lleva a Claudia Sheinbaum como candidata a dar continuidad al régimen necrofílico.

La esperanza de vida de los mexicanos cayó cuatro años durante la pandemia.

En la Ciudad de México, gobernada por Sheinbaum, la esperanza de vida cayó aún más: 7.3 años, con datos verificados por Animal Político.

Durante el gobierno de López Obrador, 117 mil 301 personas han emprendido desplazamientos masivos obligados por la violencia que el Presidente y su candidata mienten al decir que va en franco descenso.

Por primera vez en la historia, desde que hay contabilidad, en la frontera estadounidense han detenido y expulsado a mexicanos en 2 millones 800 mil ocasiones.

En el gobierno donde se realizan sacrificios rituales (ayer degollaron una gallina en el Senado, “para que llueva”) y se publicitan con orgullo a sectas con ritos satánicos, México ha vuelto a ser el país número uno en migración ilegal de sus habitantes a Estados Unidos

No van por falta de empleo, sino que huyen de la violencia.

El Departamento de Estado y Amnistía Internacional señalan que en México los derechos humanos se violan a diario. El Presidente manda a volar esos informes.

Se ríe de los derechos humanos.

Los cárteles criminales realizan secuestros masivos: 66 personas fueron levantadas por uno de ellos hace dos semanas y las soltaron cuando quisieron. Al Presidente nada le inmuta.

México se ha convertido en el productor número uno de fentanilo en el mundo, con lo que se mata a unas 100 mil personas al año en Estados Unidos. López Obrador lo niega.

La principal causa de muertes de jóvenes en Estados Unidos es por consumir fentanilo que producen en México los grandes cárteles, con precursores chinos.

Y la principal cauda de muerte de jóvenes en México es por violencia criminal.

Ese problema, las muertes de jóvenes por consumo de fentanilo, no tarda en llegar a México como una crisis de salud pública, por lo barato de su producción.

La vida dejó de tener valor. Como la ley, tampoco la tiene.

El gobierno del presidente López Obrador trajo a México a tropas de asalto del Ejército ruso a desfilar en el Zócalo capitalino, en medio de una invasión criminal a Ucrania.

He visto videos en que niños ucranianos preguntan por sus papás. Pegan sus retratos en las paredes de la ciudad de Mariupol, para encontrarlos.

Los rusos se han robado más de 19 mil niños ucranianos y se los llevan a su país para darlos en adopción.

No son opiniones, son hechos.

A los que invaden a un país vecino, matan, secuestran, destruyen la vida de gente pacífica, nuestro Presidente les da cobijo político.

Y a las tropas de ese Ejército, criminales de guerra, las invita el gobierno de López Obrador a desfilar en nuestro país.

Traerlos es darles apoyo.

El Presidente está del lado de la muerte. Adentro y afuera de México.

Su candidata y su partido ofrecen continuidad.

Votar por Morena es votar por la Santa Muerte que ostentan en sus camisetas negras.  (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 40)

CARTONES

Cartón 25 abril

(Galindo, El Universal, Opinión, p. A21)