Se le pasa la mano dura a delegada
Desde Chihuahua, nos comparten que “de mal en peor” van las condiciones en el Instituto Nacional de Migración (INM), pues recientemente el comisionado Francisco Garduño Yáñez (Morena) nombró a Esther Martínez Zúñiga como titular de la Oficina de Representación en el estado y desde su llegada han aumentado las inconformidades del personal de la dependencia como las quejas de malos tratos, falta de pago, horarios de más de 24 horas sin pagos extras, lo que ha generado la renuncia de al menos 30 personas de áreas como archivo, finanzas, recursos materiales, entre otros que no soportan la situación y lo peor para ellos es que cada vez que don Francisco visita la entidad “no pela a la gente”. ¡Qué tal! (Kiosko, El Universal, Estados, p. A15)
1 Frontera tensa. Donald Trump amenaza con revivir el Título 42, catapultando el tema migratorio al frente del debate electoral en Estados Unidos, mientras México y Andrés Manuel López Obrador, observan preocupados. En 2023, Luis Miranda, vocero del Departamento de Seguridad Nacional de EU reportó más de 695 mil deportaciones, un pico desde 2011. Tom Homan, exjefe de ICE y asesor de Trump, propone usar la Guardia Nacional para contener la migración. Gloria Chávez, jefa de la Patrulla Fronteriza en McAllen, Texas, alarma sobre la presencia del Tren de Aragua, vinculada a delitos graves. Las respuestas urgen.
2 Diplomáticos en la mira. La FGR, a cargo de Alejandro Gertz, hace sacudir al Senado: revela que tiene 94 investigaciones abiertas en el último año por delitos que implican a personal diplomático. El informe, presentado a la Comisión Permanente del Congreso, es un misterio en cuanto a detalles, pero destaca la intervención de una Unidad Especializada para atender estos casos. ¿Qué esconde este velo de diplomacia y delito?, ¿en qué están metidos casi un centenar de diplomáticos mexicanos? El silencio sólo añade intriga a la preocupante cifra. La canciller Alicia Bárcena ¿sabe algo más?
3 Desatención crítica. Horacio Saavedra, excónsul de México en Miami, critica la falta de propuestas concretas de los candidatos presidenciales mexicanos sobre el apoyo a migrantes en Estados Unidos y los deportados a México. Con el fin del Título 42, la administración de Joe Biden ha expulsado a casi 700 mil indocumentados, y según Saavedra, no se vislumbran programas de salud, educación o empleo para ellos. Los candidatos deberían priorizar el mejoramiento de procesos para reintegrar a los connacionales, subraya el especialista en diálogo con Excélsior. ¿Quién tomará la batuta en esta crisis olvidada? (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 9)
Cuando Don Ramón llegó de migrante a los Estados Unidos, proveniente de la Ciudad de México, ya tenía cincuenta años de edad. Don Ramón migró porque, a su edad, era difícil encontrar trabajo en su lugar de origen. Desde que comenzó su experiencia como migrante, las promesas han sido el peor enemigo de Don Ramón. El “coyote” le prometió que el cruce de la frontera sería rápido y sin peligro, no obstante, el desierto fue inclemente y casi le quita la vida. Al llegar a Arizona, le prometieron un trabajo con seguridad social, sin embargo, años después se enteró que el número con el que pagaba impuestos era de otra persona, por lo que no tenía ningún derecho. Finalmente, cada cuatro años Don Ramón ha escuchado a los candidatos presidenciales prometerles tantas cosas a los migrantes que si las juntáramos las podríamos traducir en una sola: luchar por sus derechos. Estamos a menos de seis meses de que se elija al presidente de Estados Unidos y Don Ramón está cansado de las promesas, menos de una, la que se hizo él mismo al dejar la Ciudad de México: ¡que tu familia se sienta siempre orgullosa de ti!
En tiempos electorales, toda promesa es posible de ofrecer y toda petición es valida de exigir. Sabemos muy bien que en las contiendas políticas estos dos insumos (promesas y peticiones) dan vida a las campañas. Esto lo saben muy bien en los bunkers tanto de republicanos como de demócratas, tan es así que, esta semana, ochenta legisladores del partido demócrata firmaron una carta en la que piden a Joe Biden hacer un máximo esfuerzo para agilizar, de una vez por todas, las vías hacia el estatus legal de los indocumentados. ¿Hasta el final de la administración de Biden se les ocurrió esta “gran idea” a los demócratas? ¡Para nada! Los demócratas (como también lo hacen los republicanos con su discurso antiinmigrante) mueven sus piezas retóricas para llamar la atención de los latinos y que, como lo han hecho en las distintas elecciones, prometer lo que hasta el momento no han cumplido.
Cuando leí esta nota en la página de Telemundo, me vino a la mente el libro que actualmente trabajamos un grupo de especialistas en materia de migración (y que pronto presentaremos), sobre el gran impacto de los latinos en los Estados Unidos y de cómo su poder va más allá de lo social y cultural, ya que hoy son un motor insustituible de su desarrollo. Sólo por adelantarles parte de los datos que encontrarán en este libro, les comparto que en uno de los apartados, Producto Interno Bruto (PIB) Latino, se detalla la gran contribución de los latinos en Estados Unidos en torno a indicadores económicos, demográficos, financieros y geográficos. Tan sólo los datos del 2021 son muy reveladores: el PIB de los latinos que radican en la Unión Americana fue de 3,2 billones de dólares, casi el doble de lo registrado en el 2010. Para entender la magnitud de estas cifras, si los latinos que viven en Estados Unidos fueran un país, su PIB sería el quinto más grande del mundo, superados únicamente por EE.UU., Alemania, Japón y China.
Si bien la carta que firmaron los congresistas demócratas y que le enviaron a Biden tiene una naturaleza política, también lleva una gran verdad. “Deportar a todas estas personas –como amenaza hacer Donald Trump de llegar nuevamente a la Casa Blanca- devastaría la economía y destruiría las familias de este país”, se advierte en dicha petición. Mientras las promesas van y vienen en tiempos electorales, como hojas que se lleva el viento, Don Ramón se presenta puntual en el hotel donde trabaja como elevadorista. Él sabe que subir y bajar no es cuestión de promesas cumplidas o incumplida; porque desde que decidió ser migrante, que sólo su esfuerzo será el que lo saque adelante. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, p. 14)