Entre los días jueves 6 junio y el 9 de junio, se realizaron elecciones en la Unión Europea, unos comicios donde los reflectores estaban a la expectativa por el giro que tornaría la política del Viejo Continente, si la derecha se fortalecería o tendría una tendencia de centroderecha.
Fue bastante sorprendente el anuncio del presidente de Francia, Emmanuel Macron, una vez cerrado los comicios en Europa, en un mensaje difundido en televisión y en redes sociales dio a conocer de la disolución de la Asamblea General del país y llamó a elecciones este próximo 30 de junio, como consecuencia de los resultados en las votaciones.
La Agrupación Nacional de Marine Le Pen resultó la gran vencedora en las elecciones en Francia, el partido de derecha enviará a cerca de 30 eurodiputados y Macron sólo 13, por lo que podría ganar influencia y ampliar su presencia en medios para fortalecer su candidatura como presidenta en Francia.
En otros países, los resultados arrojan que la derecha se fortaleció y ha ganado más curules dentro del Parlamento Europeo. En Italia, se mostró el apoyo a la primera ministra, Georgina Meloni, que pasó de tener 10 escaños en las elecciones pasadas a obtener 24. Alemania mantuvo el apoyo a los cristianodemócratas, y el partido de extrema derecha obtuvo 15 eurodiputados, incrementando su presencia.
La derecha obtuvo un gran resultado en esta contienda electoral, en la que no tendrán mayoría, pero su presencia es importante para dar a conocer sus propuestas, las cuales podrían ser atractivas para una gran parte de la población. La agenda de los partidos conservadores va en contra de la migración irregular, cambio climático y con un discurso anti Unión Europea.
A pesar de que “el centro se mantiene”, como lo comentó la comisionada Ursula von der Leyen, varios de los eurodiputados del Partido Popular Europeo tienen una tendencia más conservadora, esto podría ser un problema a la hora de lograr consensos dentro del Parlamento Europeo.
Hay analistas que consideran que la migración hacia el Viejo Continente es una de las principales razones por las cuales la extrema derecha ha subido su popularidad, en un discurso en el cual se les acusa de ser los responsables de la subida de precios y culpables por el incremento en la inseguridad.
Un gran problema se puede presentar con estos resultados obtenidos para el Parlamento Europeo, donde la transición hacia las energías renovables pueda verse perjudicado por la agenda de la derecha, cuya ideología no considera que el cambio climático sea real y prefieran seguir usando energías fósiles.
Si bien la extrema derecha no ganó, como se especulaba, los partidos de centro e izquierda tendrán que realizar un análisis profundo de la sociedad europea y crear los mecanismos pertinentes para acabar con la división social que se creó a partir de la crisis migratoria. Trabajar con los gobiernos de los países africanos para crear programas para evitar la inmigración y, sobre todo, poder realizar la transición energética y combatir el cambio climático. (Azul Etcheverry, Excélsior, Nacional, p. 8)
Sudán: de lo que no se habla
El resultado de nuestros recientes comicios y sus posibles consecuencias, Trump y sus locuras, las elecciones en el Parlamento Europeo, Rusia y su agresión a Ucrania, las hábiles maniobras político-económicas de China, la guerra Hamás-Israel y las apasionadas manifestaciones propalestinas en campus universitarios, en calles y avenidas de capitales diversas, son los temas que en estos días capturan la mayor parte de la atención de los medios de comunicación tradicionales y de las redes sociales, presentándolos de manera obsesiva. Pero ese gran ruido sofoca muchos otros asuntos cuya gravedad no es menor, asuntos que tienen que ver con el desplazamiento, sufrimiento y muerte de millones de seres humanos para quienes no hay siquiera el mínimo consuelo de que su fatal suerte sea tomada en cuenta por las multitudes enganchadas con lo que los medios y sus hábiles manipuladores deciden venderle al gran público.
Escribo esto porque sólo en un muy escondido lugar de la prensa escrita encontré referencias a masacres poco o nada conocidas y de dimensiones inconcebibles que han ocurrido y siguen haciéndolo cada vez con más ferocidad en Sudán, país africano y miembro de la Liga Árabe, donde el estado de guerra interna se remonta a más de dos décadas atrás, pero que en el último año ha cobrado dimensiones de horror. Quienes actualmente se enfrentan en esta cruenta guerra en las zonas de Darfur y El Fasher son el Ejército Sudanés y la Fuerzas Rápidas de Apoyo Paramilitar, que han matado a cientos de miles de civiles, provocando un éxodo de millones.
Parece ser que las cosas han llegado a tal nivel de barbarie, que el fiscal de la Corte Internacional de Justicia, Karim Khan, acaba de declarar que “…hay evidencia creíble proveniente de fuentes diversas acerca de ataques contra población civil, en particular contra campos de desplazados internos… donde se muestra un extendido uso de violaciones y otras formas de violencia sexual, junto al bombardeo de áreas civiles, rapiña contra propiedades y ataques directos a hospitales”.
Según los observadores, los dos bandos participan por igual en esos crímenes, que en realidad son la continuación de lo visto en las guerras previas entre población árabe y no árabe del país. En estos momentos, el conflicto muestra una raíz étnica, siendo la comunidad masalit la más afectada. Las cifras de víctimas reportadas son espeluznantes. Según la Organización para la Migración de la ONU, más de 10 millones de personas han sido desplazadas, por lo que califica a la situación como la peor catástrofe humanitaria en el mundo, con 150 mil muertos desde abril de 2023.
Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud, acaba de pedir a la comunidad internacional no olvidar la situación en Sudán, que tras 14 meses de guerra civil se ha convertido en “la mayor crisis humanitaria de la actualidad… en la que la población muere no sólo por la violencia, sino también por la falta de acceso a servicios de salud esenciales y medicinas, además de haber un riesgo muy real de hambruna masiva en algunas regiones”.
Lógicamente, surgen varias preguntas. ¿Por qué los grandes medios y los usuarios de redes sociales no cubren esa inmensa tragedia? ¿Por qué no hay fotos ni videos que muestren esa barbarie? ¿A qué se debe la falta de interés por escenas que podrían generar indignación o bien venderse a los ojos de quienes son adictos al morbo inherente a escenas sangrientas y descarnadas? Tal parece que las respuestas podrían girar alrededor de un hecho evidente: no hay conocimiento previo de lo que ahí ocurre, como tampoco existen prejuicios o estereotipos que puedan ser útiles para determinar quiénes son los buenos y quiénes los malos. Son africanos de tez oscura que enfrentan a africanos con igual color de piel, y en ese contexto no hallan referencias para tomar partido.
Existe una enorme clientela de los medios de comunicación y las redes sociales que desde la comodidad de sus casas, universidades y celulares están ávidos de embarcarse en una militancia que brinde sentido a sus vidas, más allá de su cotidianeidad. Para ellos, casos como el de Sudán son un fiasco en términos de la emoción que entraña tomar un partido con fervor. Así que se le ignora para dedicarse en cambio a hincar el diente al manjar que ofrecen otras realidades que posibilitan ondear banderas y gritar consignas a favor o en contra de lo que la gran masa, con sus visiones simplonas, prejuicios y estereotipos a cuestas, impone y exige para quedar en el bando de las buenas conciencias. (Esther Shabot, Excélsior, Nacional, p. 11)
La prensa constata: tras las elecciones al Europarlamento, Europa se escora hacia la extrema derecha. El avance de los partidos racistas, xenófobos y supremacistas ganan terreno. Pero, seamos sinceros, desde los años 70 la línea que separaba el proyecto totalitario nacido del Tercer Reich de una propuesta socialdemócrata se difuminó. El triunfo de Margaret Thatcher fue el punto de inflexión. La adopción de las políticas neoliberales y la economía de mercado destapó el verdadero rostro de la Unión Europea. ¿Cómo si no explicar la guerra de las Malvinas? ¿El mantenimiento del bloqueo a Cuba? ¿El reconocimiento del gobierno espurio de Juan Guaidó desestabilizando la República Bolivariana de Venezuela? o ¿Las políticas migratorias con miles de muertos en el mar Mediterráneo? La Unión Europea es el mejor ejemplo de capitalismo económica y militarmente dependiente de los Estados Unidos. Hoy tenemos 27 países en manos del capital financiero, las empresas transgénicas, farmacéuticas, agroalimentarias, automotrices, armamentísticas, electrónicas y capitalismo verde.
Nada es lo que parece. Este año se cumplen 80 del desembarco de Normandía. El 6 de junio de 1944 las tropas aliadas dieron un paso de gigantes para derrotar al ejército alemán, cuyo punto de inflexión fue el triunfo del ejército soviético en Stalingrado. Sin embargo, en los actos conmemorativos de 2024, las autoridades civiles y militares dan la bienvenida a un representante de la extrema derecha europea, el presidente de Ucrania Volodymir Zelensky, lanzando diatribas contra Rusia, ninguneando su papel en la derrota nazi. Todos los allí presentes son partidarios de seguir financiando la guerra bajo el paraguas de la OTAN.
¿Cómo sorprenderse de los resultados electorales donde uno de cada dos europeos se abstuvo y la mayoría de los votantes apoyan la política belicista y son partidarios de endurecer las políticas migratorias? No es Meloni, Orbán, Le Pen, es Úrsula von der Leyen, el Grupo Popular y sus aliados, flanqueado por la socialdemocracia. La presencia de la extrema derecha es desigual en la Unión Europea y sirve para encubrir políticas reaccionarias. Las diferencias se magnifican.
Centrar el debate en el auge de los partidos de la extrema derecha es desviar la atención y cerrar los ojos a una opción que se mantuvo invernada tras la derrota militar del ejército alemán en 1945. No olvidemos: sus ideólogos arriaron banderas durante el periodo de la liberación, marcado por un fuerte antifascismo. Pero en los años 60 se orquestó la operación Gladio a través de la logia P2, financiada con dineros de la CIA, la OTAN y la banca para impedir al ascenso de la izquierda comunista en Italia y Francia, salpicando a la democracia cristiana y la socialdemocracia. Hoy la extrema derecha se reconoce fascista con orgullo, recupera el discurso y banaliza los crímenes de lesa humanidad del Tercer Reich. Las declaraciones del presidente del Partido Alternativa para Alemania, Maximilian Krah, afirmando que no todos los miembros de las SS eran criminales, refleja el pacto que siguió a los juicios de Núremberg para blanquear nazis. ¿Debemos olvidar que 90 por ciento de los dirigentes del partido nacionalsocialista, las SS y Gestapo fueron exonerados y algunos incorporados a los servicios de inteligencia de los países aliados? Científicos, músicos, juristas, militares de alta graduación, todos nazis, siguieron en las instituciones. Académicos, deportistas, actores, economistas, politólogos, vieron desaparecer su pasado nazi. Tres ejemplos y un escándalo: Herbert von Karajan será director de la Orquesta Filarmónica de Berlín desde 1954 hasta su muerte en 1989; Wernher von Braun, ingeniero creador de las bombas V1-V2 lanzadas sobre Londres, obtuvo la nacionalidad estadunidense en 1955, cooptado por la Nasa, para coordinar el proyecto Apolo, que llevó al hombre a la luna, y el ministro de guerra y armamento de Hitler, Albert Speer, tras 20 años en la cárcel (la Unión Soviética se opuso a dejarlo en libertad antes de cumplir su condena) vivió en Londres, publicó sus memorias y murió millonario en 1981. La perversión del blanqueo nazi, fue protagonizada por el austriaco Kurt Waldheim, elegido Secretario General de Naciones Unidas entre 1972 y 1981, dirigente del Partido Popular Austriaco. Tras el escándalo, su pasado nazi no fue un problema para ser elegido presidente de Austria en 1986.
Los votos de la derecha y la extrema derecha se nutren de los miles de hijos y nietos de nazis que en la actualidad se sienten orgullosos del pasado nacionalsocialista de padres y abuelos. El hijo de Otto von Wächter, creador de las Waffen-SS en Ucrania, responsable del asesinato de más de 20 mil polacos, Horst von Wächter, participó en 2014 junto al partido ucranio fundado por Stepán Bandera en un homenaje a su padre con uniformes de las SS y Esvásticas. ¿Y extraña que hoy, la segunda fuerza política en Alemania revindique el Tercer Reich? Las universidades, la justicia, las fuerzas armadas y las empresas tienen en sus descendientes a los mejores cuadros de la extrema derecha. En Francia, Italia, Hungría o Polonia han esperado la oportunidad para recuperar su espacio. ¿Algún responsable? Pregunten a quienes han consentido su rearme. La lucha contra la extrema derecha no vendrá de la derecha ni la socialdemocracia, saldrá de la izquierda. Y contra ella todos se unen. La historia viene cargada. Ojalá el Frente Popular encabezado por la izquierda insumisa en Francia sea un punto de inflexión, de lo contrario, la idea de una Europa solidaria de los pueblos y sin OTAN se aleja del horizonte. (Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada, Opinión, p. 13)