El Presidente estadounidense, Joe Biden, ha hecho un muy buen Gobierno, pero sus desastrosas lagunas mentales en el debate presidencial perjudicarán seriamente sus posibilidades de ser reelecto en noviembre.
A menos que renuncie como candidato, es probable que Donald Trump gane las elecciones y convierta al país en una república bananera con armas nucleares, o en una Venezuela de habla inglesa.
Aunque es cierto que Trump, de 78 años, es una máquina de decir mentiras y un delincuente convicto que dijo un disparate tras otro en el debate, lució mucho más joven y vigoroso que Biden, que tiene 81 años.
Y eso va a tener un impacto enorme, porque mucha gente que no lee los periódicos nunca se va a enterar de las descaradas falsedades que dijo Trump sobre la economía, la migración y otros temas.
Lo que vieron fue a un ex Presidente que parecía en mejor estado físico que Biden, quien al principio del debate perdió el hilo de sus pensamientos y se detuvo en la mitad de una frase durante varios segundos interminables.
Biden lo tenía todo para ganar el debate: la economía de Estados Unidos está creciendo más que prácticamente todos los demás países industrializados, la bolsa de valores de Wall Street está en sus máximos históricos, el desempleo está cerca de sus niveles más bajos en cinco décadas, la inflación está bajando y la migración ilegal, el tema distintivo de Trump, está disminuyendo rápidamente.
Asimismo, los abrazos de Trump con dictadores como Kim Jong-un de Corea del Norte, su apoyo público a los violentos que tomaron el Capitolio el 6 de enero de 2021 y sus políticas impopulares sobre el aborto y el cambio climático habrían convertido al aspirante republicano en un blanco fácil de atacar.
Pero Biden no pudo o no supo contrarrestar las mentiras de Trump. Tomemos el caso del tema de la migración, que Trump sacó a relucir para desviar la conversación cada vez que le hablaban sobre sus cargos criminales o sus relaciones extramatrimoniales.
Biden podría haber contrarrestado fácilmente la afirmación de Trump de que hay una invasión de migrantes indocumentados, citando las últimas cifras oficiales, que muestras que los cruces irregulares cayeron más del 40 por ciento en los primeros cinco meses de este año.
Biden también podría haber dicho que la frecuente afirmación de Trump de que los migrantes “están envenenando la sangre de este país” es un comentario racista de la era nazi que oscurece el hecho de que Estados Unidos necesita de migrantes para mantener su crecimiento económico.
Asimismo, Biden podría haber ridiculizado la falsa afirmación de Trump de que Biden abrió la frontera a “millones” de migrantes que “vienen aquí desde prisiones, cárceles e instituciones psiquiátricas” para cometer delitos violentos.
¿En serio?, ¿”Millones de presos y enfermos mentales que vienen a matar gente”?, podría haber preguntado Biden burlonamente, dejando en claro que Trump estaba diciendo disparates.
Biden se limitó a responder que “todo lo que dice es mentira”, pero sin explicar que todos los estudios serios muestran que los migrantes cometen menos crímenes violentos que los ciudadanos estadounidenses.
Biden también podría haberse burlado de la afirmación de Trump de que los migrantes están robando “empleos (de los) negros”, lo que no es cierto. Según la Cámara de Comercio de Estados Unidos, hay 9 millones de puestos vacantes, pero solo 6.4 millones de trabajadores sin empleo disponibles.
Idealmente, Biden podría también haber planteado la necesidad de una alianza estratégica de Estados Unidos con países amigos de América Latina para ayudarlos a salir de la pobreza, y reducir la migración. Lamentablemente, América Latina ni figuró en el debate.
“Es muy preocupante que América Latina no haya estado presente ni dentro de las locuras de Trump ni en las lagunas mentales del Presidente Biden”, me dijo Alejandro Werner, ex jefe del departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional.
Biden dijo tras el debate que “es muy difícil discutir con un mentiroso”, y eso es cierto.
Sin embargo, por el bien del país, Biden debería hacerse a un lado y proponer a un candidato demócrata más joven.
De lo contrario, es muy probable que gane Trump, y convierta a Estados Unidos en autocracia corrupta con un líder delirante, como Venezuela. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)
Más allá de las incidencias del duro debate que sostuvieron el jueves, el expresidente, Donald Trump y el presidente Joe Biden, aún quedó una cuestión dudosa para México. Una verdaderamente preocupante.
Es la verdadera capacidad de quienes deban negociar con los Estados Unidos y Canadá en el próximo gobierno. Tanto don Juan Ramón de la Fuente, Secretario de Relaciones Exteriores nombrado, como don Marcelo Ebrard Casaubón, Secretario de Economía designado, tendrán papeles fundamentales en el régimen de la aún virtual presidenta electa Claudia Sheinbaum.
En sus respectivos roles deberán negociar temas como migración y narcotráfico, en el marco de tensiones sobre seguridad fronteriza, y la revisión del tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) en 2026.
El riesgo, o los problemas más inmediatos, están en el tema migratorio y sólo un paso atrás el del narcotráfico. Juntos, puede decirse que son el tema central de la actual campaña presidencial estadounidense.
La revisión del T-MEC en medio de una serie de desacuerdos político-legales sobre áreas que van de maíz al sector energético, complican la situación.
Biden, durante el debate del jueves, aludió a la colaboración con México para reducir la migración y la llegada de fentanilo. Pero Trump afirmó que Biden había terminado con un programa instaurado por él bajo el nombre “Quedarse en México”. Era una formulación que definió como “capturar y soltar en México, no capturar y soltar aquí”.
Habíamos hecho tantas cosas, negociaciones difíciles con México, y lo obtuve todo a cambio de nada”. Para nadie es un secreto que desde el inicio de su régimen, en 2017, Trump anunció sus intenciones de “cerrar” la frontera con México y que arreció sus amenazas con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder.
Hace año y medio, en su libro autobiográfico Never Give an Inch (Nunca cedas una pulgada), el exsecretario de Estado, Mike Pompeo, aspirante entonce a la candidatura presidencial y hoy en busca de ser el compañero de fórmula de Trump, relató haberse reunido con el entonces presunto Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, en Houston el 15 de noviembre de 2018, dos semanas antes de la toma de posesión en México, y le advirtió que “no necesitamos su permiso” para el cierre de fronteras.
Siempre según Pompeo, Ebrard se preocupó por el impacto que eso tendría sobre el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y pidió que no se anunciara que había un acuerdo formal y de hecho que no habría un acuerdo firmado, para evitar la percepción de que AMLO había sido presionado por los EU. Pompeo y Trump han presumido de haberlo hecho, y en específico a Ebrard.
Hora, tal vez, de preocuparse de nuevo.
“Sotto voce” se ha dicho que tanto de la Fuente como Ebrard han expresado tener ideas muy concretas respecto a cómo negociar con los republicanos; han habido quejas de la”influencia” que el tema migratorio le ha dado al presidente Andrés Manuel López Obrador sobre el presidente Biden.
Ojalá sea cierto. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Online)
La política exterior mexicana está muy por debajo de las necesidades de un país que es la economía 12 en el mundo, vecino y socio de la mayor potencia del planeta; el número 10 en el orbe por su demografía, y el más poblado entre los de habla española.
En el sexenio que concluye hay evidencias abundantes del daño a las relaciones internacionales de México. El uso de embajadas como ‘premio’ a gobernadores de oposición que entregaron su estado en favor del oficialismo. La declaración de persona non grata a embajadores mexicanos en Bolivia, Ecuador y Perú, por el intervencionismo de AMLO para favorecer a sus aliados políticos personales. El abandono a las comunidades mexicanas en Estados Unidos, nunca visitadas por AMLO en su sexenio. La contención migratoria militarizada que cobró numerosas víctimas que huían de Guatemala, El Salvador y Honduras, para salvar su vida.
‘Más que entender la política exterior como un medio para impulsar los fines del Estado mexicano, ha sido vista como una forma de apoyar los objetivos de política interna del gobierno en turno. Más que utilizarse como un instrumento para actuar con una visión de largo alcance, generalmente ha sido el vehículo para atender cuestiones de interés político coyuntural con visión de corto plazo’, señala el internacionalista Jorge Schiavon https://estepais.com/impreso/desafios-politica-exterior-mexico-2024/debilitamiento-institucional-dispersion-politica-exterior-mexico/
Tendrá que venir una cirugía mayor. Una visión realista y profesional —sin tergiversarla con una humareda de prejuicios, diría Irene Vallejo— debe partir de una premisa fundamental: está en el interés nacional de México fortalecer su presencia y peso en el mundo.
Brasil tiene 131 embajadas y Cuba cuenta con 125. México tendría que crecer de 79 embajadas y 67 consulados hoy, y de 1,300 plazas en la Secretaría de Relaciones Exteriores, al menos a 100 embajadas, 80 consulados y 1,500 plazas en el transcurso de 2024-2030.
No se trata simplemente de aumentar burocracia y presupuesto, sino de trabajar con el Congreso de la Unión, las entidades federativas, el sector privado, la academia, las comunidades culturales, para que la política exterior atienda las necesidades de la sociedad mexicana. Algunos ejemplos:
¿Quiere el gobierno de Sheinbaum edificar un sistema que conjunte el pensamiento con la acción y el profesionalismo con la funcionalidad? Habrá de recuperar el know-how de los experimentados diplomáticos del servicio exterior mexicano, hoy relegados. Y entender que, para contar con una visión estratégica de las tendencias globales y sus desafíos, tendremos que invertir más y mejor en nuestra red diplomática y consular. (Por México Hoy / Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, p. a19)
El jueves pasado se celebró un debate que será recordado por generaciones. El cara a cara que sostuvieron el presidente Joe Biden y el ex presidente Donald Trump, quedará para el registro histórico por dos grandes razones: le devuelve relevancia a los debates, y es un nuevo hito en cuanto a la imagen pública, y la irrelevancia de la verdad en tiempos de las redes sociales.
Me refiero al primer concepto: Los debates habían dejado de ser importantes para la toma de decisiones del electorado que llega con afinidades, filias y fobias inamovibles al día de la elección. El mejor ejemplo es el debate en México, donde independientemente de la percepción de quién ganó o perdió, no movió un ápice la intención de voto. El del jueves fue un debate diferente, atípico. Vimos por primera vez en un ejercicio así a dos hombres que ya han ocupado la Casa Blanca, solamente en un primer período de cuatro años. Estamos acostumbrados a ver a un contendiente, no a un contendiente ex presidente. Fue evidente, incluso, cómo los moderadores –que por cierto, hicieron un trabajo extraordinario, con preguntas precisas, puntillosas y elegantes– se referían a Trump de manera diferente. Ella le decía “ former president”, él, president Trump. En este marco, digo que el debate volvió a ser relevante porque sí cambió preferencias. No sobre Trump o Biden, sino entre Biden y cualquier otra alternativa competitiva en el partido demócrata, una decisión de última hora, en crisis, frente a ese alud llamado trumpismo y la inocultable fragilidad del presidente en funciones.
Biden tenía la necesidad de acallar las críticas sobre su capacidad para gobernar, no tanto por su edad, pues a los 81 años es solamente tres años mayor que Trump, sino por las condiciones en las que llega a esa edad y las que tendrá a los 86, cuando acabaría su segundo mandato. No lo logró. Por el contrario, fue dramático ver a un presidente de Estados Unidos incapaz de articular una idea, un ataque, titubear frente a la mirada atónita del mismo Trump, y saber que estaba fracasando en cadena nacional, en su intento de demostrar que puede aún gobernar ese país complejo, multicultural, que nos guste o no, sigue marcando la pauta de la economía global y la correlación de fuerzas en el mundo.
Es precisamente en ese tema donde Trump fue implacable: hizo ver en la debilidad de Biden, la debilidad de Estados Unidos. Hizo ver a toda la audiencia del debate, que la fragilidad e incoherencia del presidente, era la fragilidad de su país frente a Rusia, Irán, o Hamas. Con extrema facilidad y fiel a su estilo, hizo del titubeante discurso de Biden, un paralelismo perfecto con el titubeante discurso migratorio, o las políticas fronterizas. La parte más cruel, tal vez, fue cuando Trump dijo que los veteranos, los militares, los policías, la patrulla fronteriza, están con él y no con su comandante en jefe. Por más desagradable que suene el comentario, no está alejado de la verdad.
Hay una amplia franja de ciudadanos en Estados Unidos que lo que quieren ver es a un presidente fuerte. Una figura que se imponga a Vladimir Putin, que ponga orden en la frontera, y sí, que enarbole un discurso antimigrante con verdades a medias, y mentiras completas, como el insistente argumento de que los migrantes vienen de cárceles e instituciones de salud mental.
Eso me lleva al segundo gran hito de este debate: la irrelevancia de la verdad. Ambos presidentes dijeron ser los mejores de la historia en todo, tachando al otro del peor en todo. Ese absolutismo ramplón, esa superficialidad indigna de un debate presidencial, no tiene ninguna consecuencia. Sí, habrá quien revise la cantidad de mentiras dichas por Trump, y las exageraciones de Biden, pero para la audiencia, la que quiere creer en uno u otro, lo importante no son los hechos, sino quién y cómo los emplea en su narrativa. Así, Trump pudo decir que todo el mundo quería la reversión de la ley sobre el aborto, o que en algunos estados, se practican abortos a los nueve meses de gestación; y Biden, decir que heredó la inflación y tiene el mejor desempeño económico del orbe.
La pregunta antes del debate era si Biden podía tener una carrera pareja contra Trump; la respuesta es que no. La nueva interrogante es si Biden se empecinará en ser candidato, después del jueves negro para los demócratas, o dará paso a quien pueda ser competitivo frente a Donald Trump, que se acerca a Washington DC a toda velocidad. (David Penchyna Grub, La Jornada, Política, p. 18)
LA ULTRADERECHA, ADEMÁS de secuestrar al cristianismo para su causa, tuvo la oportunidad de proceder sin problema con su otra gran arma, con Trump proclamando que los inmigrantes son el diablo, la fuente de todo mal en este país, mientras el católico en el escenario fracasó por completo en rechazar tal obscenidad. Los inmigrantes, los “otros”, siempre han sido un fundamento de la ofensiva neofascista en Estados Unidos y Europa, y al permitirlo en el debate tendrá consecuencias inmediatas para los que promueven los crímenes de odio, lo cual empeorará aún más si al final eso permite la elección del bufón peligroso. (David Brooks, La Jornada, Mundo, p. 31)
A mis hijas.
Los minutos transcurrían, y al asombro se aparejaba la tristeza. La decepción absoluta: los movimientos del Presidente, las palabras balbucientes; la mirada perdida, la ocasión desperdiciada. En el debate no sólo quedaron comprometidas las esperanzas del presidente Biden y del Partido Demócrata, sino también el futuro de sus principales aliados. El futuro de México, en específico.
La elección norteamericana se aproxima, y el triunfo del candidato republicano es una posibilidad cada vez más real: es momento de pensar, con seriedad, en lo que podría ocurrir el futuro cercano. La campaña podrá haber durado unos meses, pero los conceptos no difieren de los que sostenía durante su mandato; si acaso, se han recrudecido. Trump necesita un enemigo al que enfrentarse para mantener su narrativa, y, así como López Obrador señaló a los neoliberales como causantes de todos nuestros males, el republicano ha encontrado en nuestro país la némesis que requería.
Lo que allá son promesas aquí son amenazas: la frontera podría cerrarse al día siguiente de la inauguración del próximo gobierno, y en el mismo instante se daría la instrucción a las fuerzas especiales para ingresar a nuestro país —con consentimiento o no— para eliminar a quienes determinen como cabecillas del crimen organizado. “Nuestros matones son más rudos que los de ellos”, afirmó en una entrevista para Rolling Stone. El muro se volvería a construir, y podría revivirse la idea de pagarlo con las remesas que hasta hoy sostienen al gobierno mexicano; se impondrían aranceles del 100% a las fábricas chinas que se instalen en nuestro país, con lo que nos podríamos despedir del nearshoring, y en 2026 se revisará el USMCA, que será negociado en términos muy —muy— distintos a los actuales.
La política de protocolos de protección a migrantes (MPP, por sus siglas en inglés) regresaría al llamado Remain in Mexico, lo que nos endosará el problema con la advertencia de que no se destinarán ni diez centavos para atender las causas que lo originan. Los paradigmas cambiarán por completo: el enemigo ahora se encuentra en el patio trasero, y la relación bilateral será muy distinta a la que hemos vivido en las últimas generaciones. El hombre fuerte ya se va, y en su movimiento comienzan a surgir las primeras fisuras; el hombre fuerte no se ha ido, y en su desmesura se probará la fortaleza de lo que considera su legado.
El México del futuro se definirá en poco tiempo, y será producto de cuatro cortas etapas en una relación bilateral en la que todo podría salir mal. La primera comenzó tras el debate de la semana pasada, y se extenderá hasta finales de agosto: en este periodo, el candidato empoderado doblará la apuesta y el Presidente saliente, que continúa en la embriaguez de su propio triunfo, reaccionará en tanto perciba que su legado está en riesgo. La segunda empezará con el informe triunfalista de gobierno, y la instauración de la legislatura que brinda poder absoluto al mandatario por un mes entero: septiembre es el mes de la Patria -la desmesura hará su trabajo- y el titular del ejecutivo se envolverá en la bandera confundiendo el miedo a perderlo todo con el patriotismo, en un órdago irresponsable que podría dar lugar a soluciones desesperadas. En la tercera etapa, la Presidenta entrará en funciones y no sólo tendrá que desfacer los entuertos de su antecesor, sino que enfrentará la presión —interna y externa— hasta que se definan los comicios estadunidenses; en la cuarta, y por mucho definitoria, tendrá que establecer lazos, sanar las heridas, y recuperar el diálogo y la confianza con la próxima administración norteamericana.
El México del futuro se definirá en poco tiempo, y será producto de cuatro cortas etapas en las que todo podría salir mal. El Presidente, y su desmesura; la sucesora, y las fisuras que ya se asoman. La oposición, y su carencia de causas; la sociedad civil, y la ausencia de liderazgos para construir una opción distinta. Los minutos, mientras tanto, están transcurriendo… (Víctor Beltri, Excélsior, Nacional, p. 14)
Las crisis político-electorales que enfrentan el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el de Estados Unidos, Joe Biden, ponen muchas cosas en peligro y quizá la menos importante, francamente, es su reelección.
Ambas sociedades están siendo presionadas por las propuestas de líderes populistas que explotan los miedos profundos de sus respectivas sociedades. En ambos casos existe, por un lado, una creciente aversión a las oleadas de migrantes legales e ilegales. Por otro lado, una suerte de convocatoria al aislacionismo, expresado en una propuesta de soberanía nacional exacerbada, con un fuerte énfasis autoritario.
Las expresiones concretas en común son sorprendentes. En primer lugar, está la promoción de leyes antiinmigrantes. Y como expresión del aislacionismo (mal entendido como soberanía nacional) existe un rechazo a la participación en esfuerzos de apoyo a Ucrania, lo cual contiene un tácito apoyo a la autoritaria e ilegal invasión de Putin a ese país. El populismo (de derechas e izquierdas) se alimenta de soberanismo, aislacionismo, apoyo a la invasión a Ucrania por parte de Rusia, junto a una fascinación con el autoritarismo y el bloque antiliberal en el mundo.
Subyace en todo ello sugerencias y declaraciones abiertamente autoritarias y antidemocráticas en las propuestas de Marine Le Pen, en Francia, y de Donald Trump, en Estados Unidos. El populismo mundial se asienta en valores conservadores. Rechazan a las nacionalidades que estiman inferiores o cargadas de negativismo y se les considera portadores de enfermedades sociales peligrosas (sic). Como es lógico, el repudio a las diversidades sexuales hace que se carguen contra esas comunidades promoviendo legislaciones contrarias a sus libertades y con actos de autoridad que pueden, incluso, significar encarcelamiento o tratamientos psicológicos obligatorios.
También permea un pensamiento tradicional sobre la familia y el papel de la mujer en la sociedad como sujeto subordinado a los imperativos a la atención al marido y los hijos. El rechazo al aborto en cualquier modalidad es una política pública generalizada entre quienes comparten las políticas populistas.
En el actuar político, el populismo promueve el miedo, los odios ancestrales y la polarización social como métodos útiles para consolidar su liderazgo de masas y, así, poder reproducir su poder político. El populismo es, en esencia, militarista.
Existe una situación de crisis política en Europa y los Estados Unidos a partir de la derrota de Macron en Francia, quedando en tercer lugar en los votos generales (aún está por verse cómo quedan los números de diputados en la Asamblea General) y por la debacle de Joe Biden en su debate con Trump, que lo dejó herido de muerte políticamente y en la antesala a una casi segura derrota en las elecciones presidenciales de noviembre próximo.
Ambos gobernantes, junto con el gobierno de Gran Bretaña (hay elecciones para elegir a un nuevo primer ministro el próximo jueves y donde el actual partido en el poder está condenado a la derrota) han sido el puntal de apoyo a Ucrania en su lucha contra el totalitarismo ruso, además de representar los valores del republicanismo y democracia en sus países y en el mundo.
La perspectiva de ser derrotados por fuerzas populistas antirrepublicanas y antidemocráticas que apoyan a Putin en su agresión a Ucrania y que esbozan valores conservadores hace que sean considerados un peligro para el mundo democrático.
Los diques de contención al populismo antidemocrático están siendo derribados por las fuerzas extremistas del miedo, el odio y la polarización. El liberalismo en todo el mundo está bajo amenaza de su extinción. Y para que esto no suceda, los países requieren de líderes que, alejados de sus exabruptos, guíen a sus pueblos por el camino democrático y de tolerancia a sus diferencias internas, con respeto a las mayorías y las minorías.
Casualmente, este escenario alimenta la creciente ansiedad de inversores y gobernantes mundiales al observar los acontecimientos recientes en México: un discurso gobernante asociado al populismo y promoviendo la destrucción de las instituciones que podrían frenar el ímpetu autoritario del gobierno actual y el futuro. (Ricardo Pascoe Pierce, Excélsior, Comunidad, p. 19)
El 3 de agosto de 2019, el estadounidense Patrick W. Crusius, confirmó que buscó abrir fuego contra “mexicanos” en un centro comercial en El Paso, Texas. Con un rifle AK-47 mató a 8 mexicanos, a otros 15 ciudadanos estadounidenses y extranjeros. Después de ese terrible atentado, México asumió un fuerte liderazgo internacional para prevenir el extremismo violento que puede conducir al terrorismo.
Este tipo de ataques se atribuye a supremacistas blancos que creen en la teoría racista del “Gran Reemplazo” que afirma que las personas de color y demás minorías, como los latinos, están desplazando del poder político a la población de raza blanca en EU y Europa.
El riesgo de los extremismos violentos contra minorías religiosas, étnicas o de la diversidad sexual, está en aumento por las siguientes razones.
Inversiones y presencia comunidad judía. A lo largo de la región, esta comunidad tiene inversiones financieras, sobre todo en el sector inmobiliario, escuelas, sinagogas, centros comunitarios y zonas residenciales con importante presencia. Lamentablemente, los atentados contra esta comunidad están aumentando en todo el mundo.
Aumento de migración irregular de musulmanes. Los datos de los gobiernos de México y EU en 2023 y 2024 comprueban un aumento significativo de migración de países de mayoría musulmana que buscan el “sueño americano”. En esta columna alertamos que fueron detenidos 8 nacionales de Tayikistán en EU, con posibles vínculos con ISIS. Un solo atentado terrorista en EU aumentará el riesgo de violencia contra las comunidades musulmanes que quieren vivir de manera pacífica en el continente.
Por supuesto, el antisemitismo y la islamofobia están en aumento por el conflicto en Medio Oriente, por el uso excesivo de violencia de Israel en su respuesta contra Hamas en Gaza y por los actos terroristas de grupos terroristas islamistas. (
Atentados contra comunidad LGBTIQ+. Esta es otra minoría que también está en el centro de estos grupos extremistas. México lamentablemente encabeza los atentados mortales contra esta comunidad en el continente americano.
Mundial FIFA 2026. La seguridad de este enorme evento deportivo y otras grandes concentraciones humanas, como conciertos, tiene que considerar la posibilidad de actos de extrema violencia tendientes al terrorismo en contra de estas comunidades. Gobiernos nacionales, ciudades, fiscalías y empresas de seguridad privada, que resguardan instalaciones estratégicas privadas (estadios, aeropuertos, centrales de autobuses, entre otros), deben actualizar sus protocolos de prevención y coordinación para atender este fenómeno.
Finalmente, la OEA, a través del Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE), es la única organización regional con un mandato relevante para prevenir este fenómeno en el hemisferio. Se observa que la atención de este riesgo requiere la colaboración estrecha entre el sector público y privado. (Gerardo Rodríguez, El Heraldo de México, País, p. 10)
Entre un anciano con evidente falta de capacidad en la concentración mental iniciando oraciones sin sentido y sin llegar a ninguna conclusión y un toro sin cerca anunciando una estrategia geopolítica de mayor dominación militar estadounidense, el mundo debe prepararse para cuatro años más de incertidumbre y guerras.
La estrategia de seguridad nacional para la política exterior de Washington siempre estuvo determinada por un consenso bipartidista, tomando en cuenta que republicanos y demócratas definían enfoques electorales sólo en casos locales concretos de impuestos, gastos y derechos sociales.
El próximo Presidente de EU encontrará un planeta determinado por un desorden mundial, pero con el hecho inocultable de que los adversarios de Washington están más preparados para lo que viene que los dos candidatos locales, sus partidos y sus élites dominantes: Rusia, China, Irán, Corea del Norte, India y países radicales de África han seguido avanzando en la conquista de espacios de movilidad menos dependientes.
América Latina quedó al garete desde la caída de la Unión Soviética 1989-1991, Bush no la necesitó para sus invasiones a Irak y Afganistán, Obama se preocupó más por Europa occidental y Trump centralizó la relación en un entendimiento informal con México, pero a cambio de que aceptarán sus políticas migratorias restrictivas.
De 1992 a 2024, América Latina se ha reorganizado a sí misma eludiendo las trampas revolucionarias y aprovechando los beneficios del populismo, siempre con Rusia, China e Irán tratando de establecer relaciones políticas serias aunque informales. Biden no miró más allá del río Suchiate.
Si se reelige Biden, seguirá el rezago estadounidense; si Trump regresa a la Casa Blanca, entonces Washington comenzará a apretarle las tuercas a los gobiernos latinoamericanos, aunque sólo en temas migratorios y de narcotráfico.
Pero el mundo entrará en una zona de conflicto con Biden o con Trump.
Zona Zero
Sin que fuese un tema central de su discurso programático, Trump hizo un reconocimiento que pareció pasar desapercibido a los analistas: la frontera física México-Estados Unidos es un desastre de desorganización, corrupción y falta de una política estratégica. El punto clave radica en que el Gobierno federal de EU perdió la alianza con los gobiernos estatales sobre todo de California, Arizona, Texas y Miami y todo si quiere arreglar con presencia creciente de guardias nacionales estadounidenses y más patrulla fronteriza. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 13)
La peor depreciación del peso frente al dólar en lo que va del siglo se dio cuando estalló en Estados Unidos la crisis subprime. El 15 de septiembre del 2008, el día que quebró Lehman Brothers, el dólar estaba en 10.73 pesos, seis meses después, con la Gran Recesión a todo lo que daba, se canjeaba un dólar en 15.43 pesos, específicamente el 2 de marzo del 2009.
La segunda peor caída en estos últimos años fue producto de la rápida expansión del Covid-19 a principios del 2020. En ese momento el peso pasó de los 18.82 el 20 de febrero del 2020 a los 25.22 un mes después, el 23 de marzo.
Y la tercera más brusca caída del peso frente al dólar por porcentaje de depreciación se dio justamente cuando ganó Donald Trump la presidencia de Estados Unidos en noviembre del 2016.
El mundo entero veía atónito cómo ese personaje, que había iniciado su precampaña con la cobertura de las revistas del corazón y las páginas rosas de los diarios, le ganaba a una sólida Hillary Clinton, no en el número de votos, pero sí en el número de colegios electorales.
El día de las elecciones presidenciales de aquel año en Estados Unidos, el 8 de noviembre del 2016, se canjeaba un dólar en 18.30 pesos, tres días después, tras conocer los resultados, se elevó la cotización hasta 20.73 pesos por dólar y para el día de la toma de posesión, en enero del 2017, ya iba en 21.95.
Ojalá que en este próximo mes de septiembre la dupla López Obrador-Sheinbaum no vaya a querer ser la campeona de las devaluaciones con su reforma al Poder Judicial.
Mientras tanto, lo cierto es que Trump tuvo el poder de afectación sobre los mercados mexicanos equivalente a una crisis mundial o a una pandemia.
El debate de los precandidatos presidenciales estadounidenses del jueves de la semana pasada cambió el panorama electoral de ese país y la fuerza que tomó Donald Trump durante esas casi dos horas se le empezaba a notar al tipo de cambio, pero vale la pena ver los matices que tuvo su comportamiento.
Lo que el mercado cambiario reflejó durante el inicio del debate no fue tanto la actitud beligerante habitual de Trump, sino la confirmación de la debilidad senil del presidente Joe Biden.
El peso ha estado presionado por la política interna, pero dos días antes del debate estadounidense el peso se había recuperado hasta 17.91 pesos por dólar, no pudo sostener esos niveles y un par de horas antes de iniciar el encuentro Biden-Trump estaba en 18.43 pesos por unidad. Tras las evidencias de la debilidad del Presidente, se fue a los 18.57.
Sin embargo, al menos en este primer debate Trump se portó más moderado, fustigó al demócrata con los temas migratorios y comerciales, pero no se abalanzó sobre el país del sur que él mismo ratificó como socio en el T-MEC. La cotización bajó hasta los 18.20 unas cuantas horas después.
Claro, se trata de Donald Trump, quien ahora claramente va adelante en las encuestas, pero al menos durante el primer debate, no se mostró como el depredador de los mercados mexicanos. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 9)
La primera vuelta de las elecciones parlamentarias en Francia, efectuada ayer, corroboró el avance de la derecha populista en Europa. Según la encuestadora Ipsos France, la alianza de extrema derecha encabezada por Agrupación Nacional (Rassemblement National) obtuvo 34% de los votos; el Nuevo Frente Popular de izquierda, 28.1%; la coalición del presidente Emmanuel Macron, 20.3%; los Republicanos y otros de centroderecha, 10.2%; y los independientes de izquierda, 1.8 por ciento.
En la segunda vuelta, que se efectuará el próximo domingo, la Agrupación Nacional, liderada por la ultraderechista Marine Le Pen, podría ganar suficientes votos para imponer como primer ministro a su joven sobrino Jordan Bardella, de 28 años. Esto resultaría en una ‘cohabitación’, limitando los poderes de Macron en asuntos internos, pero no en los que atañen a política exterior, defensa y supervisión constitucional.
Un gobierno de extrema derecha en Francia causa preocupación por varias razones.
Primero, la Unión Europea podría perder su estabilidad y fuerza si un gobierno francés euroescéptico amenaza con abandonarla (Frexit) o adopta políticas proteccionistas que afecten la cooperación internacional y desencadenen disputas comerciales. Francia es la segunda mayor economía europea y su salida de la UE la debilitaría irremediablemente.
Segundo, un gobierno francés nacionalista y aislacionista podría adoptar políticas unilateralistas, reduciendo su compromiso con la diplomacia multilateral y la resolución de conflictos internacionales. Si ese gobierno decidiera sustraer a Francia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), le daría una ventaja estratégica al dictador ruso Vladimir Putin, ya que debilitaría la cohesión y capacidad operativa de dicha alianza militar, reduciendo la presión sobre Rusia y permitiendo una mayor influencia rusa en Europa. Además, fomentaría divisiones entre los países occidentales, debilitando su capacidad de respuesta coordinada a las acciones de Rusia, y llevaría a un reequilibrio de poder en favor de Rusia en Europa.
Tercero, un gobierno de extrema derecha podría socavar las instituciones democráticas, limitar la independencia judicial y restringir la libertad de prensa, marginar a las minorías y erosionar principios de igualdad y justicia.
Cuarto, Francia dejaría de ser un defensor de los derechos humanos y la democracia. Un cambio hacia la extrema derecha podría erosionar esa reputación e inspirar negativamente a movimientos similares en otras naciones. Las políticas antiinmigrantes aumentarían las tensiones raciales, sociales y religiosas, resultando en disturbios civiles y una sociedad más polarizada. La retórica antislámica y antiinmigrante de Le Pen y otros puede fomentar el terrorismo doméstico y la radicalización.
En resumen, la posible llegada de la extrema derecha al poder en Francia tiene implicaciones que van más allá de sus fronteras, afectando la estabilidad europea y global. ¿Estarán las democracias occidentales preparadas para enfrentar este desafío con firmeza y determinación? Porque hasta ahora, poco parecen haber hecho para detener el avance de los populistas, sean de de derecha o de izquierda, en Europa y otras partes del mundo. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 48)
Encrucijada Electoral

(Rocha, La Jornada, Política, p. 4)
Dead Man Walking

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)
El próximo debate

(Garci, El Financiero, Opinión, p. 26)
Debate

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 38)
Urgente

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 20 y Ovaciones, Opinión, p. 26)
Muy optimista

(Xolo, 24 Horas, Pág. 2)