No es la primera ni la única vez que Donald Trump se vanagloria de que, con el tema migratorio, le sacó todo lo que quiso a México. Lo ha dicho mil veces, siendo presidente y después de su gestión. Lo dijo en el primer debate con Joe Biden (que ayer ya quedó fuera de la contienda) y lo sigue diciendo en campaña. Y lo dice porque en buena medida es verdad, aunque sea una verdad a medias.
Es evidente que Trump se refería a Marcelo Ebrard con lo del IQ bajo, etcétera. Pero para nuestro país lo más grave no es el supuesto agravio al excanciller y próximo secretario de Economía, es la forma con la que Trump piensa que será la relación con México y cómo la establecerá con base en amenazas.
La administración de López Obrador y, en su momento, la de Peña Nieto, se equivocaron y mucho con Trump.
Peña Nieto lo recibió como candidato en Los Pinos, sin haber concertado una visita similar con su entonces oponente Hillary Clinton, cuando Trump amenazaba con el muro y la deportación masiva de migrantes, cuando decía en sus discursos que los mexicanos eran asesinos y violadores. Esa visita marcó el tono de la relación. Eso sirvió para derrumbar la popularidad de Peña, aumentar la de Trump y para que Luis Videgaray, que fue quien gestionó aquella visita, tuviera una buena relación con el yerno de Trump, Jared Kushner, y que se abriera la renegociación del TLC que terminó ya en el gobierno de López Obrador, en el nuevo T-MEC, que tendrá que volver a ser revisado en 2026.
López Obrador actuó también a la defensiva con Trump. El Presidente, que como candidato incluso había escrito un libro muy duro contra Trump, cuando llegó a Palacio Nacional creyó que lo podía presionar abriendo las fronteras. Con Alejandro Encinas como subsecretario (la gestión de Encinas tanto en el tema migratorio como en el de Ayotzinapa ha sido costosísima para el gobierno de López Obrador) se decidió abrir las fronteras y llegaron las primeras oleadas migratorias, que tuvieron enorme repercusión mediática en Estados Unidos.
Trump respondió con amenazas, como lo dijo en su discurso, como lo había dicho antes y como también lo cuenta con detalle el exfiscal William Burr en su libro de memorias, y el presidente López Obrador decidió que podía hacer cualquier cosa menos pelearse con Trump, dio un giro de 180 grados, envió 27 mil soldados y guardias nacionales a la frontera y aceptó, con otro nombre, jugar el papel de tercer país seguro con los migrantes y solicitantes de asilo.
Desde entonces hemos dicho que esa decisión no debía entenderse solamente como respuesta a una exigencia de Trump, era también una necesidad de la seguridad nacional de México. Ningún país del mundo puede tener fronteras completamente abiertas, con ingreso de cientos de miles de personas de todo el mundo sin tener siquiera un control migratorio eficiente. Menos cuando compartimos una frontera de tres mil kilómetros con Estados Unidos. Era una exigencia de Trump, pero también era una respuesta a una necesidad de política interior. Se había cometido un grave error y era necesario subsanarlo. Pero esta administración es incapaz de asumir que ha cometido errores. Entonces se optó por disfrazar decisiones. De más está decir que, desde entonces, Trump dice que el muro lo hicieron los soldados mexicanos y lo paga México. En parte tiene razón.
López Obrador fue más allá. En plena campaña del 2020 voló a Washington para estar con Trump en la Casa Blanca, lo que fue interpretado como un apoyo explícito su campaña. Actuó, vaya paradoja, exactamente igual que Peña Nieto, al que tanto criticaron por haber recibido cuatro años antes a Trump en Los Pinos.
El único endurecimiento de López Obrador con Trump se dio con la detención del general Salvador Cienfuegos: a pesar que en las primeras horas la celebró, luego de una intensa presión militar y política exigió su liberación y finalmente la logró. Trump había perdido en esos días la elección.
Después del fallido atentado, en el primer gran mitin después de la Convención republicana, y ya con Trump de candidato y con otro duro crítico de la política migratoria como J.D. Vance como vicepresidente, retomó el tema y ya nos debe quedar claro que migración y fentanilo serán capítulos centrales de su campaña y, si el 20 de enero llega a la Casa Blanca, de su gobierno. A eso hay que sumarle, porque en su lógica está relacionado, el tema de China y de la industria automotriz, incluyendo la exportación de automóviles chinos a Estados Unidos. Trump y Vance amenazan con aranceles y eso se cruzará a su vez con la revisión (que para Trump es renegociación) del T-MEC en 2025-2026.
No me gustó la respuesta inmediata que tuvieron Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard cuando se comenzó a difundir lo dicho por Trump en el mitin del sábado. En primer lugar, porque cayeron en la mentira de que el agravio personal era para Marcelo, sin entender que el destinatario era Biden. Pero hay que ir más allá: lo que debemos tener es otra política, diferente a la que tuvo López Obrador, ante la posibilidad de que Trump regrese al poder.
Un Trump de regreso y más radicalizado será también mucho más duro en una relación bilateral que hoy con migración y fentanilo, pero también con industria automovilística, relocalización de empresas, energía, agricultura, todo será mucho más complejo.
Insistimos: se requerirá una agenda que diversifique las políticas y mayor capacidad de interlocución y operación. Y para manejar esa agenda debemos tener una presidenta presente, política y personalmente, en la Unión Americana, sin apostar por algún candidato (esa siempre ha sido mala idea), pero con presencia personal en Estados Unidos. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 12)
El vergonzoso tropiezo de Marcelo Ebrard y después de Claudia Sheinbaum del fin de semana, cuando —uno supone— sus equipos y después ellos, apuraron una respuesta a Donald Trump por un fragmento de discurso que mal escucharon o mal tradujeron, en el que Trump, como acostumbra, insultó a Joseph Biden y de este lado de la frontera creyeron que insultaba a Ebrard; refleja varias cosas, sobre todo una con la que llevamos viviendo estos seis años.
A la autollamada 4T le encanta el discurso, las palabras y muchas veces tiene poco que ver con la realidad.
Antes de insultar a Biden, Trump había presumido cómo había chantajeado al gobierno mexicano utilizando tarifas comerciales para que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador enviara decenas de miles de soldados a contener la migración en la frontera con Guatemala. Y sí. Más allá de la narrativa y los chistines de sus pláticas como Ebrard, pues así fue. Sí se mandaron decenas de miles de soldados a frontera y no hubo nuevos aranceles.
No solo eso, en ambas fronteras y en muchos lugares del país llevamos años con una imparable persecución y mal trato de las comunidades migrantes que quieren pasar por México para llegar a Estados Unidos y hasta algunas que quieren quedarse aquí. El récord de la Instituto Nacional de Migración, incluidos los muertos, cuentan la historia.
Entonces qué hay que hacer, pues decir que este gobierno es muy digno e independiente y seguir maltratando migrantes. Pronto sabremos cuánto tiene que ver la crisis de violencia en Chiapas con las políticas migratorias de este gobierno.
Podrán hablar mucho de humanismo, pero las políticas frente a la migración son trumpianas, o peor.
Va ejemplo, cuando usted viaja a Tijuana, entre el avión y la salida hay un filtro del INM que pide a todos identificación. A todos. Esto es ilegal. Y si uno se asoma a quien guardan en un cuartito a lado es obvio el racismo y la xenofobia. Este fin de semana me tocó ver que ahora hacen lo mismo con vuelos de ciudad de México a La Paz. Porque, según dicen, los migrantes viajan a La Paz y de ahí toman largos autobuses hasta la frontera. Una vez más, esto es ilegal.
No solo eso, ni Trump lo podría hacer en Estados Unidos, nadie puede checar el estado migratorio de nadie en el mismo país. Aunque eso quiere hacer ahora si se reelige.
Así que no se hagan los muy dignos. O al menos, chequen qué dijo Trump antes de hacerse los muy nacionalistas ofendidos y lo que hace este gobierno, digo. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
“Para proporcionar un falso sentimiento de seguridad, los gobiernos han hecho el comercio, la migración y la construcción más difíciles, asegurando un menor crecimiento y dañando a la misma gente que los políticos dicen estar protegiendo”.
Johan Norberg,
The Capitalist Manifesto
ROMA.- Donald Trump de Estados Unidos dijo este sábado 20 de julio en Michigan que “la inmigración salvó mi vida”. Se refería al gráfico sobre migración que estaba mostrando en el mitin de Butler, Pensilvania, cuando una bala rozó su oreja. El candidato ya lo había dicho en su discurso de aceptación de la candidatura republicana el 18 de julio: “Ese fue el gráfico que me salvó la vida”. Según su versión, el hecho de que volvió ligeramente la cabeza para comentar el gráfico impidió que el disparo se incrustara en su cabeza.
Independientemente de si realmente Trump salvó la vida por el gráfico, o si fue una intervención de Dios, como también ha afirmado, lo que sí es claro es que ha recurrido nuevamente a la migración y al proteccionismo comercial para construir su campaña política de 2024. El gráfico que mostraba pretende comprobar que durante su mandato se redujo la inmigración ilegal, y que ésta se ha disparado durante el gobierno de Joe Biden, pero la realidad tiene otros datos.
El punto de baja migración al que Trump apuntaba en el gráfico es marzo de 2020. Es verdad que el número de “encuentros” -detenciones, expulsiones- bajó mucho, pero por la pandemia de covid y no por sus políticas. Es cierto también que al comienzo del gobierno de Biden hubo un incremento, pero se ha moderado en los últimos meses.
Muchos de los argumentos de Trump contra la migración, por otra parte, son falsos. Dos de las razones de la prosperidad histórica de la Unión Americana han sido, precisamente, su apertura comercial y migratoria. Él afirma que los inmigrantes cometen más crímenes que los nacionales, pero es falso: los nativos cometen muchos más que los inmigrantes. Dice que los inmigrantes quitan empleos a los locales, pero en realidad toman los trabajos que los nacionales rechazan. Argumenta que los inmigrantes usan programas sociales, pero en realidad aportan más que los beneficios que reciben.
Los países prósperos suelen tener altos niveles de inmigrantes. Los Emiratos Árabes Unidos registran la mayor proporción, 88.13 por ciento; le siguen Arabia Saudita con 38.65, Australia con 30.14, Canadá con 21.33, Alemania con 18.81 y Estados Unidos con 15.28 (World Population Review). En cambio, los países pobres como la India, México, El Salvador, Honduras, Haití, Cuba o Venezuela son los que exportan más población.
Italia, el país en que me encuentro, es ejemplo de las dificultades para detener la migración. Giorgia Meloni fue electa primera ministra en 2022 con la promesa de reducirla. En diciembre de 2023, sin embargo, reconoció que la migración “es el fenómeno más complejo con el que he tenido que lidiar”. El número de inmigrantes acusados de entrar ilegalmente a Italia pasó de 138,420 en 2022 a 194,750 en 2023 (en 2020 era de 22,785) (Statista), pero las empresas italianas están teniendo enormes dificultades para encontrar trabajadores, lo cual ha frenado la economía. Por eso, sin abandonar la retórica antiinmigrante que la llevó al poder, Meloni ha decidido elevar las cuotas de visas de trabajo para no residentes de la Unión Europea de 136 mil en 2023 a 165 mil en 2025 (integrazionemigranti.gov.it).
La mayoría de los pueblos rechaza al extranjero porque es diferente. La apertura migratoria, sin embargo, es tan importante como la libertad comercial para crear economías prósperas. Lo demuestra la historia, lo niegan los populistas.
RENUNCIA
Era, quizá, inevitable, pero por fin ayer el presidente Joe Biden decidió retirar su candidatura a la presidencia de Estados Unidos. Ha decidido respaldar a Kamala Harris, pero la decisión la tomarán los líderes de la Convención Demócrata, y no está claro que respalden a la actual vicepresidenta. Lo importante será escoger a un candidato que unifique a los demócratas y no que los divida. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 10)
Uno de los principales mensajes del ex Presidente estadounidense Donald Trump -si no el principal- en su discurso de aceptación de la candidatura republicana fue que, si es electo, ordenará “la mayor deportación de la historia” de migrantes indocumentados.
Muchos en la Convención Nacional Republicana portaban carteles que decían: “¡Deportaciones masivas ya!”.
Lo que Trump convenientemente omitió señalar es que la deportación de muchos de los 11 millones de indocumentados en el país causaría un desastre económico y humanitario.
La promesa de Trump de utilizar a la Policía, la Guardia Nacional y tal vez incluso al Ejército para arrestar a los migrantes irregulares no solo convertiría al país en un Estado policial, con posibles redadas al azar de gente de habla hispana y separación de padres de sus bebés, sino que también causaría una enorme escasez de mano de obra que haría subir la inflación.
Una nueva encuesta de casi 70 economistas realizada por The Wall Street Journal, que no es precisamente un periódico de izquierda, concluyó que “los economistas ven los planes de Trump de aumentar los aranceles y tomar medidas enérgicas contra la migración ilegal como una presión alcista sobre los precios”. El titular del artículo decía: “Los economistas dicen que la inflación sería peor con Trump que con Biden”.
En su discurso de una hora y media en la convención republicana, Trump comenzó hablando de paz y amor, pero inmediatamente volvió a su habitual relato repleto de falsedades sobre los migrantes.
“La mayor invasión de la historia está teniendo lugar aquí mismo en nuestro país”, afirmó el ex Presidente.
Lo cierto es que el flujo de migrantes aumentó en 2022 y 2023, en parte porque en 2019 y 2020, hacia el final de la Presidencia de Trump, la pandemia de Covid-19 hizo que muchos migrantes potenciales se quedaran en sus países.
Lo que el ex Mandatario tampoco dijo es que la migración ilegal está bajando. Los cruces ilegales en la frontera sur se desplomaron un 40 por ciento durante los primeros cuatro meses de este año, según la Oficina de Aduanas y Patrulla Fronteriza.
Peor aún, Trump dedicó gran parte de su discurso a pintar engañosamente a los migrantes indocumentados como criminales. Obviamente, hay indocumentados que cometen crímenes, pero Trump selecciona hechos aislados cometidos por migrantes para dar la impresión engañosa de que la mayoría son criminales violentos.
Prácticamente, todos los estudios muestran que los indocumentados cometen menos delitos violentos que los nacidos en Estados Unidos. Además, los homicidios cayeron el año pasado, según el FBI.
“Vienen de prisiones. Vienen de cárceles. Vienen de instituciones mentales y manicomios”, afirmó Trump en su discurso, como si la mayoría de los 11 millones de indocumentados fueran delincuentes.
“Van a pasar cosas malas”.
Además, aseguró que países como Venezuela están reduciendo sus índices de criminalidad exportando a sus delincuentes a Estados Unidos. De hecho, la enorme mayoría de los exiliados venezolanos son gente honesta, que huyó de una dictadura.
En su diatriba contra los indocumentados, Trump también afirmó falsamente que los migrantes están quitando empleos a los estadounidenses, incluidos los afroamericanos y los hispanos.
La Cámara de Comercio de Estados Unidos, otra fuente a la que no se puede acusar de izquierdista, dice que hay casi 9 millones de puestos vacantes en el país, pero solo 6.4 millones de trabajadores desempleados. En otras palabras, se necesitan más migrantes, no menos.
Hacia el final de su discurso, Trump dijo que su plataforma de campaña promete lanzar “la operación de deportación más grande en la historia de nuestro país”. Incluso más grande que “la del Presidente Dwight D. Eisenhower”.
La deportación masiva de Eisenhower en 1954, que envió hasta 1.3 millones de personas a México, incluyó redadas en comunidades hispanas en las que muchos fueron deportados por error, dicen los historiadores.
En resumen, el discurso incendiario de Trump contra los indocumentados se basa casi en su totalidad en mentiras burdas.
No hay duda de que es necesario reformar el sistema migratorio, y deportar a los criminales. Pero, en lugar de demagogia política, Estados Unidos necesita migrantes para llenar puestos de trabajo vacantes.
Deportar a millones de indocumentados que hacen trabajos que los estadounidenses no quieren realizar solo haría subir los precios, aumentar la inflación y empobrecer a todos. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)
Este sábado en Michigan, en un discurso tras haber sido elegido candidato presidencial del Partido Republicano y a unos días de haber sobrevivido un atentado en Pensilvania, Donald Trump –convertido en “mesías” para algunos y autoproclamándose como un sobreviviente “por la gracia de Dios”– regresó a su campaña con una fuerza pocas veces vista en los años anteriores.
En un discurso que duró poco menos de dos horas, Trump habló con agresividad sobre el futuro de las relaciones de Estados Unidos con sus socios comerciales, con los países en guerra y con la idea de regresar al “Make América Great Again “, su ardid publicitario más potente.
Sobre México, la referencia a un episodio que sucedió en 2019, cuando se llevó a cabo una mesa de discusión en la Casa Blanca con el objetivo de buscar frenar el fenómeno migratorio, encendió todas las alarmas del lado del territorio mexicano, sobre todo en la Cancillería y en la Secretaría de Economía; la primera ocupada por Marcelo Ebrard durante buena parte del actual sexenio y que a partir de octubre llevará Juan Ramón de la Fuente, y la segunda, cartera que encabezará con miras a la renovación del TMEC en 2026.
Trump recordó cómo en esas reuniones, en las que mencionó al presidente López Obrador –a quien se refiere como amigo–, el mandatario mexicano envió a una persona a negociar, a quien le hizo varias peticiones y le pidió que enviara 28 mil soldados a la frontera sur, pagados por México. Ebrard pidió ir a consultarlo con el presidente, a lo que Trump contestó que le daba cinco minutos porque tenía cosas más importantes que hacer.
Trump relata que Ebrard regresó inmediatamente a decirle que aceptaba todas las peticiones para evitar la implementación de tarifas a productos exportados a Estados Unidos, como los más de 2 millones y medio de vehículos ligeros que se envían de México a EU cada año.
La mención de Trump al desempeño de Ebrard fue una absoluta falta de respeto y una burla a su gestión, por lo que de entrada, además de fijar el tono de las próximas negociaciones, pone al futuro secretario de Economía en una posición vulnerable si el expresidente republicano regresa a la Casa Blanca.
Trump siguió su discurso diciendo que “esta persona” no tenía ni 50 puntos de IQ, y enseguida mencionó a Biden como alguien que estaba negociando muy mal con Rusia, China e incluso Francia, haciendo alusión a que seguiría la pésima actuación en las negociaciones, incluso con México.
Los discursos de Trump confunden continuamente, al saltar de un tema a otro. Queda la duda de si la mención de “IQ de 50” era sobre Ebrard o sobre Biden, aunque más adelante el republicano menciona a Biden con un “IQ de 70”, lo que hace suponer que la primera referencia efectivamente fue un agravio contra el excanciller. Sea como sea, ya tensionó las relaciones con el próximo gobierno de Claudia Sheinbaum.
La futura presidenta de México publicó en sus redes sociales una respuesta bien estructurada y defendió a su excompetidor por la candidatura de Morena. “Lamento el lenguaje soez del expresidente Trump y desde luego discrepo de su opinión sobre Marcelo Ebrard. Para mí es uno de los mejores servidores públicos de México y será un gran secretario de economía de nuestro país, que nadie debe olvidar, es libre y soberano”, con lo cual también fijó el tono de las negociaciones e incluso de la relación bilateral, por más que los dichos de Trump hayan sido en campaña y no como presidente de los Estados Unidos.
El mismo Ebrard reaccionó en su cuenta de X. “Cuando te insultan en campaña, como acaba de hacerlo el expresidente Trump, siempre hay un propósito electoral: ganar adeptos. Nunca aceptaré la calificación de un candidato en el exterior. No me intimida. Defenderé los intereses de México con toda dignidad y firmeza”, publicó.
Ya hemos vivido cuatro años de Presidencia de Donald Trump, por lo que el tono empleado en esta campaña obliga a México a buscar más interlocutores que ayuden a que la agenda bilateral entre ambos país transite por buen camino y se logren resultados, sobre todo ante la inminente revisión del TMEC –aunque en el mismo foro, el republicano mencionó que el tratado es bueno y debe continuar–, el combate a la migración, a los grupos del crimen organizado y muchos otros pendientes,
Posdata 1
A inicio del año pasado, el exsecretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, ya había hablado de una supuesta condescendencia de Marcelo Ebrard sobre varias solicitudes de Estados Unidos a México.
En su libro Never Give An Inch, Pompeo expuso que el entonces titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores habría pedido al gobierno de Estados Unidos ocultar el acuerdo que puso en marcha el polémico programa de devolución de migrantes “Quédate en México” del gobierno de Donald Trump.
El exfuncionario de Trump escribió que el canciller mexicano hizo la solicitud personalmente, para que quedara bajo reserva el acuerdo y no llegara a la opinión pública, particularmente lejos de Martha Bárcena, exembajadora de México en Estados Unidos.
Según Pompeo ambos funcionarios se reunieron personalmente y en privado el 15 de noviembre del 2018, dos semanas antes de que iniciara el sexenio de López Obrador.
Las palabras de Pompeo fueron negadas y desmentidas por Ebrard.
Posdata 2
En el contexto de los ataques de Trump a México, Joe Biden anunció su retiro de la candidatura por la Presidencia, con lo que pretendía reelegirse por otros cuatro años al frente de Estados Unidos.
Sus constantes traspiés, al confundir y olvidar nombres de integrantes de su propio gabinete, las sospechas sobre su delicado estado de salud, lo mal que le fue en el primer debate contra Donald Trump y las críticas de varios demócratas, expresidentes y editorialistas de EU y del mundo terminaron por orillar a Biden a hacerse un lado de la carrera por la Presidencia.
Todo indica que será su vicepresidenta, Kamala Harris, quien asuma la candidatura a 106 días de las elecciones en Estados Unidos. Se antoja difícil que en tan poco tiempo logre rebasar a Trump en las encuestas, pero nada está escrito. Definitivamente para México, una relación entre dos presidentas (Sheinbaum y Harris) sería mucho mejor.
Posdata 3
El titular de la Coordinación de Informática, César Daniel Mendoza Morales, y su jefe de oficina, Jairo Medina de la Cruz, han encendido alertas en la delegación Estado de México Poniente del IMSS, luego de que se filtrara información de que ambos habrían operado un esquema para extorsionar a proveedores.
Las denuncias exponen que ambos funcionarios habrían creado escenarios falsos de defectos y fallas en laptops, computadoras de escritorio, impresoras y multifuncionales, situación que habría sido usada para presionar a los contratistas que atienden y abastecen en el Órgano de Operación Administrativa Desconcentrada de esta delegación, obligándolos a pagar una “compensación” a cambio de solucionar los inconvenientes. (Mario Maldonado, El Universal, Nación, p. A10)
Hace poco más de una década se publicó una novela de Renaud Camus llamada “El gran Reemplazo”. En ella lanza una teoría de la conspiración según la cual la Europa cristiana y blanca estaría en riesgo por la invasión de inmigrantes africanos. Paradójicamente, este autor francés que fue parte de la izquierda cultural de su país y defensor de los derechos de los homosexuales, es hoy referente para los supremacistas blancos de todo el mundo. Y es que en su texto habla de “una colonización demográfica que amenaza con modificar la cultura y la esencia del pueblo europeo.”
En los Estados Unidos, algunos radicales de derecha han tomado estos conceptos y los han adaptado a su realidad. Denuncian que los integrantes del partido demócrata promueven la llegada de migrantes para “reemplazar” a los blancos anglosajones. Señalan que con ello se pone en riesgo su poder económico, político y cultural.
El joven senador elegido para contender como vicepresidente junto con Donald Trump, J. D. Vance, ha crecido políticamente difundiendo esas ideas y ha promovido iniciativas que frenan la inmigración. Se trata de uno de los representantes más radicales del partido republicano. De hecho, en cuanto se anunció que sería el compañero de fórmula del expresidente, sugirió impulsar una deportación masiva de migrantes ilegales.
Además de calificar a la mano de obra barata como una amenaza para el mercado laboral de los suyos, ha culpado a los inmigrantes por la crisis de opioides que hay en su país. Ligar el tráfico de fentanilo con los criminales extranjeros no es faltar a la verdad, así que en eso ancla su discurso para difundir miedo. Los mensajes radicales tienen un mayor alcance cuando existe fragilidad e incertidumbre. El miedo siempre ha sido una muy potente herramienta política en las contiendas electorales y Vance se ve dispuesto a utilizarlo.
En campaña se dicen muchas cosas, la clave es lo que ocurre una vez que llegan al poder. Ya sean republicanos o demócratas los que ganen la elección, quien gobierne tendrá que buscar un equilibrio entre seguridad fronteriza y prosperidad económica.
Hay actividades como la construcción y la agricultura, que dependen estrechamente de los trabajadores ilegales. Deportarlos masivamente generaría una crisis en varias industrias y crearía un grave déficit de recursos humanos. Hay aproximadamente ocho millones de personas con estatus migratorio irregular trabajando hoy en la Unión Americana. Según el Pew Center, representan casi el cinco por ciento de los trabajadores totales en Estados Unidos. Se ha comprobado que hasta Trump ha empleado a migrantes ilegales en su campo de golf en Bedminster, Nueva Jersey.
Adicionalmente, los bajos salarios que reciben esas personas que Vance deplora, permiten que Estados Unidos no tenga aún más presiones inflacionarias. Sin los trabajadores extranjeros subiría el costo de la mano de obra, y con ello aumentaría de precio todo lo demás.
No es verdad que los inmigrantes ilegales les quiten el trabajo a los estadounidenses; la realidad es que hacen las labores que nadie quiere hacer y por salarios que sus ciudadanos jamás aceptarían. Por eso son perseguidos en el discurso, pero tolerados en los hechos: porque su presencia conviene a la economía.
Por otro lado, el inmenso problema de salud y seguridad que enfrenta la Unión Americana por el consumo de drogas tan letales como el fentanilo, no puede atribuirse únicamente a los grupos criminales extranjeros. Hay que recordar que esos grupos tienen socios estadounidenses que son cruciales para la logística de la distribución y venta, que en ese país obtienen las armas que les dan fuerza y, sobre todo, que es allá donde lavan gran parte de su dinero. Si su sistema económico no diera cabida a las enormes ganancias que el mercado de las drogas genera, los cárteles no tendrían el inmenso poder que tienen.
Es muy simple: todo se reduce a dinero. Mientras convenga a la economía estadounidense, seguirá habiendo migración ilegal y tráfico de lo que sea que el mercado demande. Será así digan lo que digan, y gane quien gane. (Paola Rojas, El Universal, Opinión,. P. A16)
En su afán por ganar las elecciones de noviembre en Estados Unidos, el republicano Donald Trump enfiló sus baterías contra México, los mexicanos, los países centroamericanos y contra China.
Le ha resultado insuficiente montar todo un show al rededor del “atentado” que sufrió el pasado 13 de julio en Pensilvania y busca ahora enemigos externos para intentar “unificar” a los estadounidenses para ganar las presidenciales.
Todo esto hace pensar que no tiene garantizado el triunfo, más cuando Joe Biden renunció a la reelección y Kamala Harris, la vicepresidenta, será ungida como candidata presidencial en la convención Demócrata del próximo mes.
Pero más allá de los asuntos domésticos, Trump tomó como bandera de campaña los ataques contra el exterior.
Y con eso soslaya la esencia histórica de Unión Americana, una nación que se construye y se enriquece todo el tiempo de la migración.
Por un lado, impulsa la integración comercial con sus socios del norte, pero no quiere pagar el costo que eso implica.
Tampoco quiere que sus socios hagan negocios con otras naciones, como China, y se opone al flujo migratorio.
Si es o no nacionalista recalcitrante, ese es su problema. El punto es que, como decimos en México: no puede chiflar y tragar pinole.
Quiere más negocios, más trabajo para los suyos y más desarrollo, pero al mismo tiempo plantea cerrar la frontera con México.
Lo bueno de todo esto es que los mexicanos ya conocemos a Trump. Dice más de lo que hace.
Lo que molesta, sin embargo, es su discurso amenazante y altanero.
No tiene empacho en decir que México y Sudamérica solo envían criminales a su país.
Devalúa y menosprecia todo lo bueno que han hecho por su nación.
En el discurso que pronunció el pasado viernes, durante el último día de la Convención Republicana, ofreció cerrar la frontera a la migración ilegal desde el día 1 de su gobierno.
Dijo que la tasa de criminalidad de EU sube y sube, mientras que en latinoamericana baja, gracias a que están poniendo a los criminales en territorio estadounidense. Una falacia.
Por eso prometió la deportación más grande en la historia de EU. Algo que nunca hizo en su gestión como Presidente.
Sobre China, recordó que se instalan fábricas de autos en México para enviarlos en EU, por lo que prometió erradicar esto por completo, imponiendo aranceles de 100 a 200 por ciento para que sea imposible la venta de ese tipo de unidades en su país.
Para responder al estridente discurso del republicano, la virtual presidenta electa, Claudia Sheinbaum, dijo que la migración no es un asunto del crimen.
Para disminuirla, planteó que es necesario invertir y fomentando el desarrollar entre los países expulsan gente por necesidad.
Sheinbaum atribuyó el altanero discurso de Trump al ambiente propio de la campaña.
Ella no lo dijo pero, según el político pelo naranja, la migración lleva criminales y asesinos a EU, pero quien “atentó” contra su vida no fue un migrante sino un fanático estadounidense.
VOLVIÓ A QUEDARSE con las manos vacías la senadora Susana Harp.
Cumplió con los requisitos y hasta entregó un proyecto de trabajo, pero no logró convertirse en la próxima secretaria de Cultura.
No es la primera vez que la legisladora oaxaqueña se queda en el “ya mérito”.
Con la venia de López Obrador, hace dos años se apuntó para ser candidata al gobierno de Oaxaca.
Se inscribió en el proceso interno, pero en Morena se inclinaron por el actual gobernador Salomón Jara.
Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Con la lengua se tropieza más seguido que con los pies”. (Alfredo González Castro, El Heraldo de México, País, p. 5)
La relación de México con los Estados Unidos de América ha sido siempre compleja y asimétrica. Desde nuestros orígenes se constituyeron procesos que llevaron a nuestros países a tener estructuras sociales, económicas, religiosas, culturales y políticas radicalmente distintas. La mayor crisis vivida entre ambos Estados se dio, sin duda alguna, con la invasión de 1845, y la pérdida de más de nuestro territorio nacional, que fue anexado a aquel país.
Desde entonces, EU avanzó progresivamente hacia su consolidación como una poderosa nación, que rivalizó rápidamente con las potencias europeas y comenzó a trazar una ruta de influencia y numerosos abusos en contra de las frágiles naciones latinoamericanas.
Al consolidarse como la principal potencia mundial a partir de su intervención en la Primera Guerra Mundial, su influencia se configuró como determinante para nuestro país y, poco a poco, sobre todo a raíz de la Segunda Guerra Mundial, los procesos migratorios hacia nuestro vecino del norte se intensificaron y dieron como resultado que, en la tercera década del siglo XXI, la población mexicana se convirtiera en la primera minoría étnica en aquel país.
La población que emigra hacia EU no sólo lleva hacia aquel territorio su fuerza de trabajo. En realidad, ocurren procesos mucho más complejos, porque llevan nuestra lengua, con sus variaciones y peculiaridades regionales; también transportan lenguas indígenas; transterran costumbres y cultura, tradiciones, formas de practicar creencias y religiosidades; formas de relación comunitaria y familiar, que en el momento en que llegan a nuestro país vecino comienzan a desarrollar interacciones, sí, económicas y comerciales, pero también y, sobre todo, simbólicas y significantes.
La relación con EU es, en ese sentido, en el nivel de lo gubernamental, mucho más que el millón de dólares que se comercia por minuto con aquel país; se trata de la defensa de los derechos humanos de nuestros connacionales y también de la generación de nuevas formas de convivencia pacífica, colaborativa y con la perspectiva de construir una región de prosperidad compartida.
Visualizar así nuestra relación bilateral, pero en buena medida también con Canadá, porque está mediada por el tratado de libre comercio de América del Norte, exige pensar en cuestiones vitales: por ejemplo, el manejo compartido del agua, tema que podría generar fuertes tensiones en el corto o mediano plazos, de continuar agudizándose los efectos del cambio climático y la desertización de nuestros suelos, pero también los de amplias regiones de nuestra frontera compartida.
A ello se vincula entonces el tema de la producción, almacenaje y distribución de alimentos. En esa lógica, la agresión rusa a Ucrania es un ejemplo de lo relevante que es proteger la industria alimentaria y la generación de capacidades soberanas con base en criterios de sostenibilidad ambiental, mejorando la dieta de las personas y ampliando las capacidades productivas sin provocar el agotamiento del agua y de los suelos, o la pérdida de bosques y selvas.
Tenemos, además, una compleja dinámica de conurbación fronteriza que impone nuevos y difíciles retos. Se trata de zonas metropolitanas binacionales que tienen dinámicas únicas, no sólo en lo que a número de cruces fronterizos se refiere, sino a las interacciones sociales e, incluso, nuevas formaciones de núcleos familiares auténticamente binacionales.
En la nueva lógica de la llamada “relocalización” se han generado también nuevas exigencias, sobre todo en materia energética, pues la exigencia de contar con la capacidad de producción y distribución del fluido eléctrico se ha convertido en una poderosa condicionante de la posibilidad de recibir, si es que es lo conveniente para el país, a las empresas que están saliendo, principalmente de China.
La nueva Presidencia deberá ser capaz de comprender y asumir la complejidad de todas estas agendas y deberá intentar llevar más allá de lo económico nuestras relaciones con los Estados Unidos de América, porque lo que está en juego es potenciar las capacidades de desarrollo en nuestro territorio, pero también nada menos que los derechos humanos de más de 30 millones de mexicanas y mexicanos que viven de aquel lado de la frontera. (Mario Luis Fuentes, Excélsior, Nacional, p. 14)
Don Alfred, ¿en qué consiste la Agenda 2025 de los conservadores y cómo va a afectar a México en caso de que, Dios nos guarde, el Trump ganara?
Eliminar el Departamento de Educación. Usar el dinero público de los contribuyentes para las escuelas religiosas privadas. Enseñar a los religiosos cristianos en las escuelas públicas. Poner fin a los programas de almuerzo escolar gratuitos y con descuento. Poner fin a los derechos civiles y a las protecciones en el gobierno. Prohibir los estudios afroamericanos y de género en todos los niveles de educación. Prohibir los libros y el plan de estudios sobre la esclavitud. Fin de las protecciones climáticas. Aumentar la perforación ártica. Desregular las grandes empresas y la industria petrolera. Promover y acelerar la pena capital. Poner fin a la igualdad en el matrimonio. Condenar a las madres solteras mientras se promueve sólo a las “familias tradicionales”. Desfinanciar el FBI y la Seguridad Nacional. Usar el ejército para romper las protestas domésticas. Deportación masiva de inmigrantes y encarcelamiento en “campos”. Terminar la ciudadanía con derecho al nacimiento. Prohibir la entrada de musulmanes al país. Eliminar las agencias federales como la FDA, la EPA, la NOAA y más. Continúa empacando la Corte Suprema y los tribunales inferiores con jueces de derecha. ¿Qué hacer? Los mexicanos que viven en EU y tienen doble nacionalidad pueden votar. Me atrevo a asumir que la inmensa mayoría de ellos tienen amigos, conocidos y familiares que residen en México.
Éste es el momento de elogiarlos, alentarlos y motivarlos para que acudan a las urnas en noviembre y voten, evitando así la implementación de estas políticas. Si bien el Proyecto 2025 no se enfoca directamente en México, su implementación podría tener implicaciones significativas para las relaciones y políticas entre Estados Unidos y México que afectan a ambos países. A continuación, se detallan algunas de las formas clave en que el Proyecto 2025 podría afectar potencialmente a México: 1. Política de inmigración: el Proyecto 2025 aboga por medidas más estrictas de aplicación de la ley de inmigración y control fronterizo. Esto podría implicar: * El refuerzo de la frontera entre Estados Unidos y México con infraestructura y personal adicionales. * Un aumento en las deportaciones de inmigrantes indocumentados, muchos de los cuales son ciudadanos mexicanos. * La implementación de políticas más agresivas para combatir los cárteles de la droga que operan a través de la frontera, lo que podría incluir la presencia de tropas en territorio nacional.
Tras la esperada declinación del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a buscar la reelección, anunciada ayer en Washington, ofreció su apoyo a la vicepresidenta Kamala Harris y Michelle Obama se apunta para enfrentar y vencer a Donald Trump, en las elecciones de noviembre, mientras exmandatarios y legisladores demócratas, coincidieron en reconocer la gestión del ocupante de la Casa Blanca.
Harris declaró que buscará la candidatura demócrata y dijo que con su “acto patriota” de renunciar a buscar la reelección, Biden hizo lo que ha hecho a lo largo de su vida de servicio: poner al pueblo estadounidense y a nuestro país, sobre todas las cosas”, al anunciar que su intención es “ganarse y ganar la nominación demócrata a la presidencia” para derrotar a Trump y el proyecto 2025 del Partido Republicano de una deportación masiva de migrantes con el cierre de la frontera sur.
DE ESTO Y DE AQUELLO…
En su primer mitin de campaña en Michigan, luego de ser nominado oficialmente el candidato presidencial republicano, Donald Trump, se ufanó de que durante su mandato, obtuvo de México “lo que quiso” y ridiculizó la actitud del entonces canciller de nuestro país, Marcelo Ebrard, al recordar cómo lo “dobló” para que el Presidente López Obrador aceptara enviar 28 mil soldados a la frontera sur para impedir el paso a Estados Unidos.
A lo largo de su discurso, tildó como “persona estúpida” al referirse al presidente Biden, del que dijo tener un coeficiente intelectual de entre 50 y 60, lo que tanto Ebrard como la virtual Presidenta electa, Claudia Sheinbaum, coincidieron en creer que se refería al designado nuevo secretario de Economía y le replicaron rudamente, luego de que en un acto sabatino en San Luis Potosí, el Presidente López Obrador había elogiado a su “amigo Trump” como un “hombre de visión y fuerte”.
Es más, en su mañanera del viernes, ante la amenaza de candidato presidencial de EU de que cerrará la frontera con México para impedir el ingreso de migrantes, anunció que le enviaría una carta para decirle que eso no se puede ni se debe hacer y que le va a demostrar que ellos van a trabajar honradamente.
Vuelve a fallar el intento de despojarle la alcaldía capitalina de Cuauhtémoc a Alessandra Rojo de la Vega, la opositora que la ganó: la Sala Regional del TEPJF ordena recuento parcial, no total de votos, como lo exigía la morenista Catalina Monreal.
Como “anillo al dedo” cayó al Gobierno y a Morena lo que ocurre en EU para distraer la atención y poder concretar aquí su ilegal mayoría calificada en San Lázaro. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 10)
Cuando uno cree haber visto todo, aparece lo inédito.
La política estadounidense ha dado un giro con la decisión de Joe Biden de no postularse para la reelección como candidato presidencial demócrata.
Esta noticia lleva a la campaña a un terreno desconocido.
Más allá de los efectos internos de la decisión de Biden en Estados Unidos, esto puede influir también en México y en la relación bilateral entre ambos países.
La expresión de incertidumbre condujo a que la cotización del peso frente al dólar saltara hasta 18.10 pesos luego del anuncio de Biden, aunque luego bajó y ayer por la tarde estaba ya en 17.95 pesos por dólar.
Kamala Harris, actual vicepresidenta, quien recibió el respaldo de Biden para reemplazarlo, también genera dudas respecto a su competitividad electoral. Pese a ello, otros influyentes demócratas ya también la respaldaron.
En realidad no se ve a ninguna otra persona en el firmamento demócrata con potencial para atraer el respaldo que ya tenía Biden.
En las diversas encuestas publicadas hasta el viernes pasado, antes de la declinación, Trump tenía una ventaja de entre 2 y 5 puntos. Sin embargo, también aventajaba a Biden en casi todos los llamados ‘estados columpio’, determinantes en el resultado electoral.
El sábado pasado ya tuvimos una prueba de lo que nos espera en los siguientes meses, con las declaraciones de Trump insultando a Biden y mofándose del gobierno de López Obrador, al señalar que obtuvo todo lo que quiso a cambio de nada durante su mandato.
Pero, quien piense que la relación que tendríamos con Kamala Harris como hipotética presidenta sería muy fácil, necesita revisar algunos tópicos.
Harris ha mostrado una postura clara en cuestiones de inmigración.
Como vicepresidenta, tuvo un papel crucial en la gestión de la crisis migratoria en la frontera con México.
Su enfoque coincide con el del gobierno mexicano al señalar que se deben abordar las causas fundamentales de la migración promoviendo el desarrollo económico y la estabilidad en la región.
Sin embargo, esta misma postura podría traer consigo presiones adicionales para el gobierno mexicano, pues a la par que atacar las causas, Harris podría insistir en que México implemente políticas más estrictas para controlar el flujo migratorio hacia Estados Unidos.
En materia comercial, Harris podría adoptar una posición dura en la revisión del TMEC que tendrá efecto en 2026, ya que de triunfar, seguramente tendría que haber hecho compromisos con algunos poderosos sindicatos, que insisten en que Estados Unidos ha dado muchas concesiones a México en contra del interés de los trabajadores norteamericanos.
La posición antiChina que ya se ha visto en el gobierno de Biden se mantendría en el caso de Harris y sería todavía más acentuada en caso de que gane Trump.
Un aspecto crucial a considerar es la posible reacción del sector empresarial en ambos países. La elección de Harris podría ser vista con recelo por parte de algunas empresas debido a su inclinación hacia políticas más reguladoras y su énfasis en la justicia social.
En términos de seguridad, la postura de Harris sobre el tráfico de drogas y el combate al crimen organizado quizás le quitara presión a México en caso de que los demócratas ganaran.
Si bien se espera que continúe con la cooperación en materia de seguridad, su enfoque podría centrarse más en abordar la demanda interna de drogas en Estados Unidos y en la implementación de políticas más humanitarias para los usuarios de drogas, en lugar de una estrategia exclusivamente punitiva.
Esto podría aliviar parte de la presión sobre México en la lucha contra los cárteles, pero también requeriría una estrecha coordinación en nuevas estrategias de seguridad.
México debería prepararse para una dinámica bilateral renovada, donde la adaptación y la negociación serán clave para mantener una relación constructiva y beneficiosa para ambos países.
Por cierto, no sabemos si la declinación de Biden será la última sorpresa de esta campaña electoral en Estados Unidos, o aún nos quedan otras por presenciar. (Enrique Quintana, El Financiero, Página Dos, p. 2)
En menos de un mes, la escena política de Estados Unidos se ha reconfigurado drásticamente. Lo que ocurra en los próximos 106 días determinará el futuro de ese país y del mundo.
Todo empezó el 28 de junio cuando el presidente Joe Biden se vio disminuido al debatir contra Donald Trump. Surgieron dudas sobre su capacidad física y mental para continuar la campaña y, de ganar, gobernar efectivamente. Desde entonces, voces dentro del Partido Demócrata pidieron al hombre de 81 años declinar su candidatura.
Mientras, los republicanos realizaron su convención nacional, ungiendo a Donald Trump y J.D. Vance como candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia. En sus discursos de aceptación de sus candidaturas, ambos expresaron posturas antimexicanas, xenófobas y antiglobalizadoras.
Trump, atribuyendo a la intervención divina su supervivencia al reciente intento de asesinato, se presentó como un líder elegido por Dios. Prometió “la mayor deportación en la historia” y finalizar la construcción del muro fronterizo, alegando que su país sufre “la mayor invasión en la historia”.
Vance compartió una historia de superación personal, destacando la influencia de su abuela “quien tenía 19 armas en casa” y su experiencia como Marine. Criticó los acuerdos comerciales que “enviaron millones de empleos a México y otros países”.
El sábado, Trump pronunció un discurso más polémico. Criticó la reubicación de fábricas a México y amenazó con aranceles de hasta 200% para forzar su regreso. Presumió haber presionado al presidente Andrés Manuel López Obrador, mediante la amenaza de imponer aranceles del 15% al 100% a las exportaciones mexicanas, para desplegar 28,000 soldados para controlar la migración. Parte de su discurso fue mal interpretado y difundido por X, provocando reacciones airadas e injustificables de la presidenta electa Claudia Sheinbaum y del próximo secretario de Economía Marcelo Ebrard, augurando una posible relación difícil con Trump en caso de que gane la elección el 5 de noviembre.
Sorpresivamente, Biden anunció ayer que no aceptará la candidatura presidencial, apoyando a Kamala Harris para competir contra Trump. Este giro plantea nuevas interrogantes sobre la campaña demócrata y su capacidad para enfrentar a Trump.
Los próximos 106 días serán cruciales. Las políticas propuestas por Trump y Vance redefinirán las relaciones comerciales, la política migratoria y el equilibrio global. Una victoria demócrata mantendrá la situación actual, pero con sus propios desafíos.
Las políticas de Trump, de implementarse, impactarán en las comunidades migrantes y en las relaciones con México y Latinoamérica. Su retórica plantea dudas sobre el futuro de las relaciones comerciales entre EU y nuestro país.
Esta elección reconfigurará el panorama político y económico global. Sin importar quién gane, las implicaciones serán profundas para la política internacional, el comercio y la diplomacia.
Nos esperan días de incertidumbre mientras llega el 5 de noviembre. El resultado electoral de ese día no solo definirá el rumbo de la superpotencia, sino que tendrá repercusiones globales en temas como migración, medio ambiente, la OTAN, Ucrania, Medio Oriente, Rusia y China, por mencionar algunos.
¿Está preparado México para los cambios que se avecinan? (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 47)
A la compleja situación interna que vive el país por la embestida reformadora de la actual administración que pretende dejar como legado a la siguiente un poder omnímodo y de frágiles contrapesos, se suma la tensión, que ya se advierte, en la relación con el vecino del norte.
Tres temas destacan en la narrativa de los candidatos republicanos a la presidencia y vicepresidencia de los Estados Unidos con respecto de México: la relación comercial; la migración y el crimen organizado que, de obtener el triunfo en las elecciones de noviembre próximo, como todo parece indicar, condicionarán no sólo la relación bilateral, sino la política interna de nuestro país en materias por demás sensibles y duramente cuestionadas.
El discurso y los nombramientos de quienes constituirán el gabinete que acompañará en su gestión a la futura presidenta ofrecen, con prístina claridad, el rumbo que seguirá el nuevo gobierno en la construcción del segundo piso del movimiento regenerador que contará, de ser aprobadas las reformas en el mes de septiembre, con amplísimas facultades de decisión y control a las que no se les moverá ni una coma.
Pero dado el tenor del discurso de los candidatos norteamericanos, puede advertirse que no se comparten las mismas visiones y, desde luego, los mismos intereses. La popularidad de los republicanos va en aumento, fortalecida por el fallido atentado al expresidente Trump, radicalizando su mensaje en contra de México, que es señalado como responsable de la epidemia de drogas que mata decenas de miles de norteamericanos cada año y por el incremento de lo que ellos llaman invasión migrante.
Por su parte, el gobierno de México en ciernes, anunciando la continuidad de la transformación, tácitamente se pronuncia por el mantenimiento de la estrategia de los abrazos y la política de ayuda a los países expulsores en lugar de amurallar la frontera, lo que evidentemente resulta antagónico a las intenciones manifiestas por los candidatos republicanos de continuar con la construcción del muro fronterizo, imponer sanciones económicas e incluso declarar a las bandas criminales como organizaciones terroristas.
Y no es sólo una cuestión discursiva, el expresidente de los Estados Unidos, durante su mandato, dio muestras de cumplir sus intenciones, haciendo alarde de haber “doblado” rápidamente a nuestro entonces canciller. La elección de su potencial vicepresidente, que se percibe aún más radical, anticipa una relación menos que tersa y de muy difícil gestión para nuestro futuro gobierno.
Y encima, la crisis reformadora interna que ya se deja sentir. (Gerardo Herrera Huizar, El Financiero, Opinión, p. 28)
Para que el eslogan de su campaña, Make America Great Again, se convierta en una realidad, Donald Trump considera indispensable librar una batalla, frontal y contundente, contra el crimen organizado transnacional. De acuerdo con el candidato republicano, el tráfico de migrantes y el tráfico del fentanilo son dos grandes negocios criminales que atentan contra la seguridad nacional de su país. Esta misma red transnacional, por cierto, es también la que tiene a México postrado con una epidemia de violencia letal y una expansión territorial de cárteles y mafias sin precedentes. Estados Unidos y México enfrentan, entonces, un enemigo común. Conviene que no lo olvidemos.
Por su actitud displicente y constantes ofensas hacia nuestro país; por la crueldad además con que trató a los migrantes ilegales cuando fue presidente, Trump genera repudio entre muchos sectores de la opinión pública de México. Nuestra clase política y el llamado ‘círculo rojo’ no terminan de digerirlo. Durante su presidencia fueron frecuentes los desencuentros e intercambios de señalamientos con autoridades mexicanas, que culminaron en predecibles capítulos de dimes y diretes. Éstos sólo sirvieron para interrumpir el diálogo y entorpecer la cooperación bilateral, especialmente en asuntos de seguridad regional.
Por lo anterior, resulta importante que cambiemos la dinámica de nuestra relación con Trump, en caso de que regrese a la Casa Blanca. México no puede darse el lujo de seguir perdiendo oportunidades de cooperación con Estados Unidos, dado el desafío común que figura en el corazón de la agenda bilateral. A pesar de los factores adversos que la relación sin duda enfrentará, será fundamental que ambas naciones sostengan un diálogo franco y permanente para avanzar en una estrategia eficaz de seguridad conjunta. Sobre todo cuando nuestros intereses nacionales coinciden tan marcadamente en una meta común: debilitar al crimen organizado trasnacional.
Dos tareas me parecen pertinentes para preservar este diálogo binacional, a pesar de las dificultades. En primer lugar, México debe mantener la cabeza fría y no responder a señalamientos provocativos, pero a la vez inocuos, que aparecen episódicamente en el lenguaje colorido de sus discursos (especialmente de campaña). Entendamos que la actitud beligerante por parte del republicano en los temas del fentanilo y de la inmigración ilegal es altamente taquillera, de modo que continuará. Intentemos, entonces, no engancharnos con esta retórica y sólo responder excepcionalmente con sobriedad e inteligencia.
En segundo lugar, debemos asimilar la retórica trumpista contra los cárteles como lógica e, incluso, necesaria. Lógica, porque como lo mencioné, se trata de una importante amenaza a la seguridad nacional de nuestro vecino. Y necesaria, porque se trata de un discurso que nos recuerda cuál es el enemigo común a vencer. Si en México las autoridades no estuvieran tan expuestas, como hoy lo están, a ser agredidas por los grupos criminales (en caso de criticarlos abiertamente) enarbolarían quizás un discurso anticrimen semejante al de Trump. Pero sabemos que adoptar esa retórica anticrimen podría ser la condena a muerte de su portavoz. Hace apenas algunos meses, en Ecuador, el candidato presidencial Fernando Villavicencio declaró en campaña que era necesario someter a las mafias de su país “con mano dura”. Días después del pronunciamiento fue asesinado a tiros.
Por último, conviene agregar que si Trump ubica las principales amenazas del crimen organizado transnacional en dos temas sustantivos, migración y fentanilo, las principales amenazas que enfrenta México también son dos pero de carácter transversal: epidemias de violencia letal y expansión del control territorial del crimen. La primera amenaza apareció nítidamente desde 2008, cuando inició un proceso de fragmentación y realineación criminal; la segunda amenaza irrumpió al implementarse la estrategia identificada bajo el mote “abrazos, no balazos” en 2018. Este proceder no confrontativo hacia los grupos criminales propició tanto una veloz expansión geográfica del crimen, como la conversión de la “presencia territorial” del crimen en “control territorial”, lo cual se ha traducido en una pérdida notable de soberanía territorial del Estado mexicano.
En síntesis, México debe aprovechar el ímpetu con que un eventual gobierno de Trump luchará contra el crimen organizado trasnacional, para sumarse a este esfuerzo sin perder de vista que del lado mexicano los dos grandes objetivos son pacificar el país y recobrar el control territorial que le ha sido arrebatado por los grupos criminales. En este trabajo que se avecina de cooperación estrecha con Estados Unidos será importante la firma de una amplia gama de “memoranda de entendimiento” que establezca diversos acuerdos de cooperación de corto plazo para avanzar en los dos grandes objetivos mencionados. Este cúmulo de acuerdos probablemente se convertirá, con el paso del tiempo, en una base institucional sobre la que podría construirse un futuro Tratado de Seguridad para América del Norte. (Eduardo Guerrero Gutiérrez, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 37)
¿Qué le depara a México, si Donald Trump gana las elecciones y vuelve a ser el Presidente de Estados Unidos?
¿Será “amigo”, como lo ha llamado el presidente saliente Andrés Manuel López Obrador?
En todo caso, ¿seguirá siendo “amigo” de México, cuando termine el sexenio lopezobradorista?
¿Cambiará Trump su relación con México, a partir del nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum?
¿Cuál será la estrategia que tendrá Sheinbaum, frente al próximo gobierno estadounidense, en caso de que gane Donald Trump?
En lo más álgido de la contienda electoral, Trump está reeditando su estrategia anti-México.
En recientes declaraciones criticó a México y su política exterior.
Recordó que durante su gestión presidencial pasada amenazó a México con aranceles y logró que el gobierno mexicano utilizara 28 mil elementos para contener en México a los migrantes.
Se refirió directamente a Marcelo Ebrard, quién será el próximo secretario de Economía, en el gobierno de Sheinbaum y responsable directo de la revisión del T-MEC en el año 2026.
Las declaraciones de Trump provocaron reacciones distintas en el presidente saliente y la presidenta entrante.
López Obrador, dijo que enviará a su “amigo” una carta –al todavía candidato a la Presidencia de EU–, para informarle sobre lo que está pasando realmente en materia migratoria entre ambos países.
Por su parte, a la advertencia de Trump de que cerrará la frontera y terminará el muro, Sheinbaum respondió que la migración no es un asunto de crimen sino de inversiones y desarrollo en los países que están expulsando personas
Después, cuando Trump criticó a Ebrard, Sheinbaum defendió a Ebrard, a quien calificó como uno de los mejores servidores públicos de México.
Ebrard también se defendió en su cuenta de X.
Publicó que “cuando te insultan en campaña, como acaba de hacerlo el expresidente Trump, siempre hay un propósito electoral: ganar adeptos”.
En la fotografía del momento, en la transición de un gobierno a otro en México y la definición de quién será el próximo presidente en EU, se observa una tensión creciente entre los principales actores de la política en ambos países.
Independientemente de las declaraciones de Trump, está el hecho de que seleccionó a JD Vance como candidato a vicepresidente, quien tiene un marcado perfil anti-México, anti migratorio y radical frente a las organizaciones del narcotráfico.
Y también está la realidad del endurecimiento de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Trump ha amenazado con imponer aranceles del 200% contra autos chinos fabricados en México.
En este tema, el presidente estadounidense mintió. Dijo que se están construyendo en México las plantas de autos de China más grandes del mundo. Hasta ahora, no hay una sola.
Por otra parte, Trump ha advertido que de ganar la presidencia reducirá el impuesto corporativo del 21% a 15% para frenar la inflación en EU.
Por ahora, las de Trump, son promesas de campaña. Y desde México, las respuestas, son más para la atención local.
Sin embargo, el secretario transexenal de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, reveló que viene un plan para aumentar la integración de México a la región norteamericana y distanciarse de China.
El sábado, en San Luis Potosí, en el evento Balance Económico sobre Desarrollo Industrial y T-MEC, ante los presidentes de México, saliente y entrante, el titular de las finanzas públicas anunció el Plan México para producir en México y comenzar a reducir importaciones de China.
Dijo que México, en el contexto de la tensión comercial y geopolítica entre EU y China, tiene que hacer su propia revisión porque compra a China, 119 mil millones de dólares por año y le vende 11 mil millones.
Producir más en México, requiere un aumento de empleo de 520 mil personas más para el país y 600 mil personas más en EU, con el aliciente de mayor valor y salario en Norteamérica
En el mismo evento, la secretaria de Economía, Raquel Buenrostro dijo que la situación económica de México está mejor que nunca; que es la doceava economía del mundo, goza de estabilidad macro y ha roto récords en empleos, salarios promedio, salario mínimo, inversión extranjera y exportaciones.
La funcionaria aseguró que la economía mexicana está mejor que las de España, Australia y Corea del Sur; que México ya es el principal socio comercial de EU, es el número nueve de las exportaciones mundiales y es el noveno más atractivo para atraer inversiones extranjeras directas.
Todo indica que en México se tiene confianza de que pasará el proceso electoral estadounidense y aumentará la sociedad comercial.
En el gobierno mexicano priva el optimismo, a pesar de las advertencias de la agencia calificadora Fitch que advierte una potencial rebaja en la calificación crediticia de México, con la que perdería el grado de inversión, si se aprueba la reforma judicial. Fitch destaca la debilidad del crecimiento económico y finanzas públicas y el riesgo Pemex. Al tiempo. (Marco A. Mares, El Economista, Empresas y Negocios, p. 30)
La esperada decisión de Joe Biden para terminar su carrera política con la inminente derrota de los demócratas en los Estados Unidos, abre la puerta para otra certeza relacionada con México: el futuro gobierno no tiene cómo enfrentar a un Donad Trump pendenciero, duro y recalcitrante, cuyo delirio –por si lo anterior no fuera suficiente–, consiste ahora en sentirse elegido de Dios.
Mientras el republicano afirma con descarnada insolencia, el triunfo providencial, gracias a la deficiente puntería de un pelmazo metido a francotirador, su permanente campaña contra los emigrantes de México y cualquier otra parte del mundo mestizo, nuestro señor presidente de México no encuentra otro camino y colma de loas al futuro habitante de la casa Blanca.
“Visionario”, le llama como si en la lógica de la exclusión, el insulto chovinista, la amenaza y el uso de la fuerza, se pudieran ignorar las denigraciones sufridas por México, más allá del dominio consensuado. EU tiene a quien dominar y México se resigna –y hasta aplaude–, la dominación.
Vivan el síndrome de Estocolmo y las infructuosas invocaciones a la soberanía, cuyo pequeño ejemplo puede ser –entre otros muchos–, el cierre del mercado aguacatero debido al maltrato de los inspectores americanos del departamento de agricultura, celosos de su pureza sin bacterias.
Muy pronto se revisará el Temec y los signos son ominosos. Trump nos considera el basural del patio trasero .Ya dijo advirtió, cuando llegue a mi segunda presidencia voy a castigar con aranceles a las plantas chinas instaladas en México. Voy a recuperar nuestra industria automotriz.
Y el señor Vance, su vicepresidente, refuerza el cántico antiinmigrante.
La gran ventaja con. Biden fue su piadoso cambio de patio. Para los demócratas no somos el tiradero de atrás, somos el patio delantero. Y les aplaudimos.
Frente a eso México tiene un supersecretario en materia comercial: Marcelo Ebrard quien ya ha sido ”doblado” por la dureza de las negociaciones con Estados Unidos cuando fue secretario de Relaciones Exteriores. Su desempeño no fue suficiente para lograr la candidatura de su partido ni el favor de su jefe político. Y quien lo definió groseramente fue (y lo sigue siendo), Donald Trump:
“…después al ser advertido que se impondrían aranceles a la industria automotriz, pidió un momento para comunicarse con el presidente L.O., a lo que Trump respondió –relata AP– “tiene cinco minutos porque tengo que irme, tengo algo mucho más importante que hacer”.
“Después de la llamada –narró Trump–, el excanciller regresó y dijo que sí serían asignados militares (para contener a los migrantes centroamericanos), por lo que el exmandatario estadounidense dijo que obtuvo todo lo quer quiso de México.
Ya en otra ocasión Trump había dicho: lo doblé en cinco minutos. Nunca había visto a alguien tan fácil.
Y con ese queremos ganar en una negociación trilateral. Bendito sea el señor.
Ahora Trump, un consumado misógino, se las va a ver con dos mujeres. Una de ellas, Kamala Harris con la candidatura de los demócratas y Claudia Sheinbaum dentro de poco en la presidencia de México.
De Kamala no tengo dudas, acabará derrotada como Hillary Clinton. Y de nuestra futura jefa de Estado, tampoco tengo dudas, pero no quiero publicar el prejuicio.
Mejor repito el diagnóstico del presidente L.O.
“…Se va a poder lograr (el entendimiento con EU) porque se a tener un gobierno con un mandato amplio, popular, porque es un gobierno que va a llegar fuerte al mando de la doctora Claudia Sheinbaum; un gobierno con el respaldo contundente de la mayoría del pueblo de México, con el prestigio y la capacidad de gobernar a nuestro país…”
Pero las dudas no son por el mandato popular de la doctora, comienzan por su equipo: Marcelo (economía) y Juan Ramón (Relaciones Exteriores).
¡Ay!, nanita. O como dijo la beata, Dios nos coja confesados. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 3)
Donald Trump y DJ Vance despotrican día y noche contra la migración. Una de las ofertas centrales de su campaña política para irrumpir en la Casa Blanca es llevar a cabo la deportación masiva más grande en la historia del país. Lo harán sin contemplaciones, dicen en sus discursos que destilan odio contra de los que vienen de fuera. Es una estrategia que, según lo que dicen las encuestas, les da buenos resultados.
En lo que no se repara mucho es que ellos, Donald y JD, están casados con mujeres migrantes, que vienen de lugares que están a miles de kilómetros de Estados Unidos. La pregunta pertinente es si incluirán a sus respectivas esposas en la deportación masiva más grande de la historia.
Melania Knavs, ahora esposa de Trump, nació en un pueblo de Eslovenia en 1970, cuando todavía existía Yugoslavia. Los padres de Usha Chilukiri, esposa de DJ, nacieron en las comunidades de Godavari y Krishna de Andhra Pradesh, India, de donde emigraron para estudiar en escuelas norteamericanas. Usha nació en San Diego, en el hogar familiar se hablaba Telegu.
La belleza de Melania la acercó al modelaje, donde emprendió una carrera exitosa desfilando en pasarelas de París y Milán y apareciendo en portadas de revistas como Sports Illustrated. De hecho, cuenta la leyenda que conoció a Donald, casi 30 años mayor que ella, en una fiesta de la semana de la moda en Nueva York. Melania y Donald son padres de un hijo que acaba de terminar el High Scholl llamado Barron. Todavía están casados, aunque según las revistas de chismes viven en casas diferentes y se ven una o dos veces a la semana para eventos sociales.
Usha creció con sus padres en una comunidad llamada Rancho Peñasquitos en San Diego, muy cerca de la frontera con México. Fue una estudiante de alto rendimiento. No tuvo problemas para entrar a Yale donde estudió para abogada y conoció a JD Vance. Se casaron en una ceremonia que combinó ritos cristianos con hindús. Ya tienen tres hijos. Durante la reciente Convención Republicana, Usha habló de su orgullo de ser hija de inmigrantes justo cuando la audiencia agitaba carteles demandados una inmediata Deportación Masiva de inmigrantes, lo que es una paradoja que solo la política norteamericana puede generar.
Dos mujeres con historias diferentes, cada una exitosa a su manera, casadas con señores que destilan odio contra los migrantes cuando ellas mismas lo son. ¿La deportación masiva se podría concretar o es solo un alarde de campaña? Es un tema al que el actual gobierno mexicano, que preside López Obrador, pero sobre todo el próximo gobierno, el de Claudia Sheinbaum, tienen que seguir muy cerca, ya que los deportados, Donald manejó la cifra de 18 millones de personas, aunque es un disparate, pueden terminar en México, lo que generaría un caos inenarrable en nuestro país al que Trump, ya lo vimos, quiere agarrar de puerquito.
La doctora Claudia Sheinbaum arrancará su gobierno sin oposición política en casa, pero muy probablemente con Trump y Vance en la Casa Blanca, lo que será una pesadilla. Ya debe comenzar a tener un plan y poner a los mejores entre los suyos para instrumentarlo. Ahí está el doctor Juan Ramón de la Fuente para coordinar los esfuerzos. Viene una avalancha. También se ve el horizonte, la renegociación del T-MEC que será cruenta. Hay en Estados Unidos muchos migrantes hispanos que están a favor de la mano dura para los migrantes, ¿se darán cuenta de que pueden ser parte de la deportación masiva que proponen Donald y DJ? ¿Pondrán a sus respectivas esposas en un avión para que regresen a Eslovenia y la India? En una de esas… (Juan Manuel Asai, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 9)
¡No va!

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 14)
Nada ha cambiado

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)
Bye-Den

(López, Milenio, Al Frente, p. 3)
Sabia decisión

(Hernández, La Jornada, Política, p. 4)
La Carta

(Magú, La Jornada, Política, p. 3)
Tal cual

(Alarcón, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
IQ

(Chavo del Toro, El Economista, El Foro, p. 54)
Allanando el camino

(Camacho, Reforma, Opinión, p. 10)
Expectativa

(Obi, Reforma, Opinión, p. 11)
Los Apuntados

(Patricio, El Sol de México, Análisis, p. 22 y La Prensa, Editorial, p. 14)
Mostrando Músculo

(Osvaldo, Reforma, Análisis, p. 20 y Ovaciones, Opinión, p. 26)