Opinión Migración 270724

México SA

Mayo Zambada-Chapito // Algo apesta a podrido // ¿Captura o entrega?

En un mar de confusiones e información encontrada (¿captura, entrega pactada, trueque de un delincuente por otro, liberación de Ovidio, la DEA, la FBI, participó o no el gobierno mexicano?, etcétera, etcétera), se ha divulgado que Ismael El Mayo Zambada, rey de reyes del narcotráfico mexicano, mago del escapismo, quien nunca pisó siquiera una agencia del Ministerio Público y el mismo que atinadamente pronosticó que nada importa si caen los capos, porque sus remplazos ya están ahí, ya duerme en una prisión estadunidense junto a Joaquín Guzmán López, uno de los hijos de El Chapo.

El avispero se agitó desde la tarde del jueves. Primero, corrió la versión de que la DEA o la FBI capturaron a Zambada y a uno de los Chapitos; después, que en realidad ambos se entregaron a las autoridades estadunidenses; más adelante, que El Mayo fue engañado para viajar a territorio gringo, en donde supuestamente lo esperaban los cherifes; otra fue que ese par negoció una suerte de trueque (su entrega por la liberación de Ovidio Guzmán López), y como esas, muchas más. Lo único cierto es que horas más tarde el Departamento de Justicia confirmó la detención, sin precisar si fue captura o entrega, ni en qué condiciones.

En la mañanera de ayer, el presidente López Obrador tampoco tenía muy clara la situación. ¿Detención o entrega?, mientras la secretaria de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, aportaba algunos elementos: el pasado jueves, a las 15:30 horas, se recibió una llamada de la embajada de Estados Unidos en México, para informar que El Mayo y Guzmán López se encontraban bajo custodia de las autoridades en El Paso, Texas. En una segunda llamada, a las 15:45, confirmó la información y reiteró que se tenía comprobada la identidad de las dos personas.

Rosa Icela detalló que el jueves, entre las 7:10 y las 7:31 horas se presentó ante el agente federal de Migración, en el área de aviación general del Aeropuerto de Hermosillo, un gestor de nombre Armando Ibarrola; presentó el plan de vuelo para una aeronave matrícula N8454Z, con programación de salida a las 8:00 horas; viajaría al aeropuerto de Santa Teresa, Nuevo México, frontera con Texas. El plan de vuelo indica un piloto a bordo de nombre Larry Curtis Parker, con la licencia respectiva. Y el gestor, en compañía del piloto, presentó también su pasaporte.

De acuerdo con la autoridad del Aeropuerto de Hermosillo, la aeronave despegó con un tripulante y la lista electrónica de pasajeros eso registró, pero a la terminal aérea de Santa Teresa llegaron tres, a quienes aparentemente esperaban los agentes estadunidenses. Sin duda, algo huele a podrido.

La Secretaria de Seguridad declaró: preguntan si fue entrega, si fue captura; eso es parte de la investigación y de la información que estaríamos esperando del gobierno de Estados Unidos. Hemos tenido buena información a partir de ayer con la embajada y hemos estado colaborando con ellos en diferentes procesos de extradición y de investigación de otros casos. ¿El gobierno mexicano participó en esta detención o entrega? La respuesta es: no.

Y sobre la presunta salida de la cárcel de Ovidio Guzmán López, la propia Rosa Icela reconoció que la embajada estadunidense en nuestro país le informó que definitivamente no está liberado; hay un cambio de medida cautelar. ¿Se convirtió en testigo protegido?, le preguntaron, y la respuesta fue existe el indicio que pudo haber sido así.

No puede olvidarse la entrevista (realizada en 2010) de Julio Scherer a El Mayo: “tengo pánico de que me encierren… No sé si tuviera los arrestos para matarme. Quiero pensar que sí, que me mataría… Un día decido entregarme al gobierno para que me fusile. Mi caso debe ser ejemplar, un escarmiento para todos. Me fusilan y estalla la euforia. Pero al cabo de los días vamos sabiendo que nada cambió… El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus remplazos ya andan por ahí… Si me atrapan o me matan, nada cambia”, dijo Ismael Zambada al periodista.

Las rebanadas del pastel

Desde Palacio Nacional, atento saludo a Ricardo Salinas Pliego, con copia a los dueños de otras plataformas de manipulación: no utilizar los medios (de comunicación) como mecanismos para obtener prebendas o para chantajear a autoridades y obtener contratos leoninos, eso ya no funciona; aunque se aferren, esto ya cambió. Y por andar de grillo y de chillón, al evasor fiscal ayer se le desplomó 10 por ciento el precio de sus acciones de Elektra en la Bolsa Mexicana de Valores. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p.20)

El Santo Oficio / Mi amigo Trump

En su nueva campaña para la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, como lo hizo en 2016 y 2020, se ha ensañado contra los migrantes, entre ellos miles de mexicanos, a quienes ha llamado delincuentes, locos, violadores, traficantes de drogas y de personas, pandilleros, asesinos. Ha prometido terminar la construcción del muro en la frontera con nuestro país y realizar “la mayor operación de deportación” ocurrida jamás en EU, aunque para ello deba recurrir al ejército. “Teníamos la frontera más segura en la historia y ahora tenemos la peor en la historia. […] La gente entra y mata a nuestros ciudadanos”, ha dicho una y otra vez ante el delirio de sus fanáticos, incapaces —como sucede en México con los devotos de la 4T— de distinguir la mentira de la verdad, cuya crisis nos afecta a todos, como afirma el filósofo Guillermo Hurtado en su libro Biografía de la verdad (Siglo XXI, 2024), donde advierte: “sin el resplandor de la verdad, el mundo se torna oscuro”.

En respuesta a sus ofensas, AMLO le mandó a Trump una tímida carta llamándolo amigo, minimizando los agravios, haciéndole la barba: “Sepa que el nuestro fue el primero de todos los gobiernos que condenó esa agresión”, le dijo en referencia al atentado contra Trump el pasado 13 de julio. También podría haberle recordado su obsequiosa visita en 2020 a la Casa Blanca y cómo su administración fue tardía en reconocer el triunfo de Joe Biden.

Con exasperante languidez, López Obrador le escribió a Trump sobre sus dichos en la convención republicana, donde —según él— el ex mandatario estadunidense llamó a los migrantes “invasores” y “maleantes”. Didáctico, le explicó los inconvenientes de cerrar la frontera y, comprensivo, le dijo: “‘Entiendo que usted está en campaña y que no es, como algunos piensan, un obcecado”. Para él, su amigo Trump, quien sin pretenderlo lo mandó a Palenque antes de tiempo, no es, por supuesto, ni vulgar, ni grosero, ni ambicioso, ni conservador, ni reaccionario como los medios, periodistas y críticos empeñados en poner en duda sus palabras y su elevado lugar en el sagrado altar de la historia.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. (José Luis Martínez S. Milenio, Al Frente, p.2)

Templo Mayor

RESULTA increíble la huida de cientos de mexicanos que salieron de Chiapas para buscar refugio en Guatemala haciendo el camino inverso a millones de migrantes centroamericanos que han cruzado a México durante décadas.

ES EVIDENTE que el gobierno de Rutilio Escandón está más que rebasado por el problema y que la estrategia de seguridad en la zona no ha funcionado.

PERO quizás lo más inaudito del asunto es que la respuesta a esos hechos por parte del gobierno mexicano sea a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores que les ofrece asistencia consular ¡en territorio guatemalteco!

EL MUNDO al revés, pues. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.8)

4Trump

El propio compañero de fórmula de Donald Trump —J.D. Vance— lo dice de forma muy clara: al actual gobierno de México le encantaría que los Republicanos y el movimiento MAGA ganaran la elección, pero no lo pueden decir abiertamente.

Uno puede preguntarse ¿Por qué Morena tiene simpatía por un candidato que parece ser su enemigo ideológico en todos los niveles y que ha humillado al país imponiendo requerimientos como el hecho que México sea la “sala de espera” de la migración? Algo que hubiera sido inimaginable bajo otros gobiernos.

¿En qué momento Morena aceptó ser el verdadero patio trasero y muro de la migración y se mostró agradecida por la oportunidad de servir a Donald Trump? La respuesta es muy simple y es de realpolitik pura: mientras a Trump se le atienda en los temas fronterizos y de migración, a él todo lo demás sobre México no le importa. En cambio, un gobierno dinámico por parte de los demócratas no sería tan sencillo de complacer, sin duda exigirán en el tema migratorio, pero tendrían opinión sobre los derechos humanos, violencia de género y contra la prensa, inseguridad, estado de derecho y pluralidad, temas en los que la 4T no tiene interés de apegarse al concierto internacional.

Esa es la ecuación que guía la diplomacia guinda: hincarse en lo migratorio (y un poco en lo comercial), a cambio de un cheque en blanco para hacer de México lo que ellos quieran. Esa es la diplomacia de transacción mediante la cual la 4T se transforma en la 4Trump. Es momento de decirlo con todas sus letras. El proyecto guinda es un proyecto de poder político, así que todo es sacrificable en el plano internacional mientras se les dé manga ancha para tener hegemonía política absoluta en México.

En ese marco, noviembre es un mes crucial para México, pues curiosamente el desinterés o interés norteamericano por lo que pasa en México puede ser una de las últimas líneas de contención al proyecto proto-autoritario de Morena. Con Trump la 4T ya conoce el camino simplón de monólogos compartidos; con Kamala Harris la conversación sería más compleja y tocaría tópicos que seguro no harían felices a los inquilinos de Palacio Nacional. Hasta esos límites increíbles hemos llegado.

Estamos ante esos cálculos crudos porque lo que viene en México es la intentona de la extinción de la democracia real. Morena piensa devorarlo todo y que la pluralidad que sobreviva sea la pluralidad marginal de sus divisiones y contiendas internas, como alguna vez lo fue en los intestinos del partido de Estado en el México postrevolucionario, solo que ahora todo ocurriría bajo una rigidez ideológica que el PRI del Milagro Mexicano jamás padeció.

Es un mundo al revés. Mientras el PRI por fin entiende su condición de partido sucesor y se aleja de la unidad inercial que era la excusa perfecta para que el partido no creyera en nada y aceptara todo; los guindas que tanto hablan de la reivindicación, dignidad y libertad nacional aceptarán cualquier humillación privada que les dé juego libre en un país que conciben será vuelto a ser regido (no gobernado) por un nuevo partido de Estado.

Para la 4Trump, aceptar ser el verdadero patio trasero del vecino del Norte es viable a cambio de gozar de Carte Blanche internacional para construir una hegemonía autoritaria. Por esa razón es esencial que la democracia norteamericana sobreviva, para que la democracia mexicana mantenga una línea mínima de defensa. Esos días vivimos.

Secretario de Acción Electoral del CEN del PRI (Rolando Zapata Bello, El Universal, Opinión, p.13)

Seguridad sin drogas ni armas

Durante la historia de México, su relación con Estados Unidos ha sido diversa y compleja en distintos temas: migración, economía, crimen organizado y drogas. Aunque se han logrado distintos acuerdos respecto a estos temas, los matices se han definido en gran medida con las personas a cargo de cada uno de los países. En la actual coyuntura electoral, política y económica que mantienen ambos Estados-nación no sólo por sus transiciones de gobierno, sino por las crisis humanitarias que transitan y acontecen en ellos, se hace indispensable reflexionar de qué manera se abordarán los derechos humanos.

Es importante recordar que los derechos humanos son un compromiso que, si bien asume y ratifica cada país a través de los tratados existentes, se convierte en responsabilidad internacional garantizar la protección de la dignidad humana de cada persona en el mundo. Sin embargo, estas obligaciones se difuminan cuando los intereses económicos o de particulares se anteponen a las necesidades colectivas, principalmente, de aquellas que históricamente han estado en situación de vulnerabilidad. De acuerdo con el reporte de junio del presente año de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, casi 60 por ciento de la población de más de 18 años siente inseguridad en donde vive.

Entre las ciudades con mayor percepción de inseguridad se encuentran Fresnillo, Zacatecas; Uruapan, Michoacán, y Tapachula, Chiapas. Asimismo, donde la población presenció o escuchó más actividades relacionadas con la venta y consumo de drogas durante este 2024 fueron las alcaldías Cuauhtémoc, Iztapalapa y Tláhuac de la Ciudad de México. Y sobre la presencia y/o detonación de armas alrededor de sus viviendas, hubo un mayor registro en Cuernavaca, Morelos; Fresnillo, Zacatecas; Chimalhuacán y Ecatepec de Morelos, en el estado de México, y Tijuana, Baja California.

Ante este panorama, la violencia generalizada se ha incrementado en gran medida por la presencia de las drogas y sus cárteles, pero aún más por el aumento de las armas en las calles, cuya problemática radica más en el país vecino que en el propio. Sin embargo, las repercusiones de esta situación están visualizándose más en nuestros territorios, pues son el vehículo para que la violencia armada vaya en aumento, pero la paz y la justicia en detrimento.

En ese sentido, las políticas de seguridad que se han implementado en México se han encaminado a incorporar más armas autorizadas mediante policías con facultades que van más allá de garantizar la seguridad pública y civil, en lugar de combatir las condiciones estructurales que perpetúan esto.

Asimismo, las políticas migratorias se han securitizado bajo el argumento de protección de las fronteras y la población del país vecino con la concepción de que la inseguridad viene del Sur y no del Norte. Estos fundamentos están basados en la discriminación racial, económica y con tintes coloniales sobre quiénes pueden ingresar y habitar ciertos territorios, dejando de lado las causas por las que se encuentran en movilidad. Por tanto, es importante que las transiciones de gobierno, tanto en México como en Estados Unidos, puedan colocar el tema de seguridad como uno de los principales a dialogar, donde la lógica armamentista sea modificada por una dinámica de procuración de seguridad pública desde el enfoque de derechos humanos y construcción de paz.

Además, la cuestión referente a las drogas y el crimen organizado tiene que discutirse más a profundidad, en donde los objetivos no se concentren en la captura de los líderes de los cárteles y/o de sus miembros, sino que trasciendan a transformar las causas estructurales que perpetúan la incorporación de más personas en esta problemática, ya sea de forma voluntaria o no. En miras de las negociaciones sobre el tratado del libre comercio entre México, Canadá y Estados Unidos, es necesario que se recupere el enfoque de derechos humanos con los más altos estándares internacionales en la materia.

Y, por último, recordarnos que la justicia y la paz no se puede lograr mientras la violencia continúe generándose a través de los intereses hegemónicos y particulares por encima de la protección de la dignidad del pueblo. (Mariana Bermúdez, La Jornada, Opinión, p.15)

Doble fondo / Dejemos los atavismos: que EU se lleve a todos los capos

Sí, que se los lleven a todos: a El Mayo, a El Chapito, a los otros Chapitos. También a El Bart, ese sicario que quiso asesinar a Ciro Gómez Leyva y que ante la cámara sonríe con desparpajo al narrar su (afortunadamente) fallida hazaña criminal. Que se lleven -pero ya- a El Mencho y los criminales que hoy destazan Chiapas provocando no sólo que desaparezca el turismo, sino que ciudadanos mexicanos huyan a Guatemala, tal como los guatemaltecos lo hacían rumbo a México en los años 80, cuando escapaban de las feroces dictaduras.

De paso, que se lleven a esa despiadada hidra criminal que no cesa de reproducirse en Michoacán, ésa que jode a aguacateros, limoneros y mangueros que venden sus productos a Estados Unidos. Permitamos, igualmente, que los gringos capturen a los caníbales de la narco-extorsión que han despedazado Acapulco, ese paraíso que le robaron a los miles de springbreakers que venían cada año a gozar, y que, por la violencia en el puerto, jamás regresaron. Que vengan por la fauna delictiva que asuela Zacatecas y que por favor no olviden llevarse a los sanguinarios capos de los cárteles de Guanajuato y Morelos, ésos que cada vez están más arraigados en barrios y pueblos.

En fin, que trepen a todos a los criminales que quieran en aeronaves Hércules y que se los lleven acusados de perjudicar a jóvenes estadunidenses con fentanilo, tal como han envenenado a cientos de miles de chavos mexicanos que desgraciadamente ya fueron inoculados de forma irremediable con esa droga letal que es la subcultura del narco y su interminable dinero, esa vida crematística de hombres y mujeres del sicariato y del halconeo nacional que nos han arrebatado la paz y libertad en tantos municipios y regiones del país, zonas, no olvidemos, que yacen sometidas bajo el imperio espiritual de la santa muerte.

Dejemos ya los atavismos. Hasta donde sé, no ocurrió con Zambada y Guzmán (espero la versión final), pero, en esta época completamente interconectada y sin fronteras reales, ¿qué tendría de malo que, en suelo mexicano, efectivos de élite estadunidenses atraparan a dos presuntos criminales que llevaban años y décadas viviendo en la más absoluta impunidad? Si Estados Unidos tiene mejor tecnología, mejores mecanismos de espionaje, infinitamente más recursos para localizar y detener criminales que ejercen poderes transnacionales, ¿por qué no podemos superar el pasado y pedir ayuda a nuestros antiguos enemigos de quienes hoy somos socios cercanísimos?

Esto no es un asunto de izquierda y derecha, no es un tema de principios y valores patrios, es un problema de eficacia para someter mafias que hacen mucho daño a la sociedad en ambos lados de la frontera, donde tienen un sinfín de negocios que van desde el tráfico de personas hasta la venta de mujeres y niñas para fines de esclavitud sexual. Olvidémonos de las drogas. La guerra contra los estupefacientes ha sido un fracaso desde la época de Nixon y lo único que podría funcionar para contener las adicciones es invertir en prevención, en educación, y legalizar todos los mercados de todas la drogas para arrebatarles ese poder a los cárteles gringos y mexicanos.

Esto se trata de consorcios que explotan seres humanos y que tienen nexos en todos los continentes de este planeta. Esto se trata de derrotar un cáncer que recluta niños y los convierte en asesinos despiadados en México y en Estados Unidos. Esto es una epidemia que pulveriza negocios a punta de extorsiones y cobros de piso. Este es un asunto de dejar de vivir en negación: el sistema policial y de procuración e impartición de justicia es bastante malito en México, tan malo como el nivel internacional del futbol mexicano, que desde siempre es vapuleado una y otra vez en los mundiales. (Juan Pablo Becerra-Acosta M., El Universal, Nación, p.5 )

México, patria de los perseguidos

Un pequeño libro, editado por la Academia Mexicana de la Historia, que es en verdad benemérita, a diferencia de otras que no se lo quitan ni del nombre y distan mucho de serlo, acaba de publicar un librito de apariencia insignificante que todos los mexicanos deberían leer, especialmente aquellos que gustan de menospreciar y denigrar al país.

Se trata de una apretada recopilación de datos principales sobre los muy diferentes asilados políticos que, después de la Revolución, México ha tenido a bien recibir, haiga sido como haiga sido la naturaleza de su gobierno.

Al término de su lectura, me quedé un buen rato mirando por mi ventana pensando en lo orgullosos que deberíamos sentirnos todos los mexicanos por lo dilatada y rica que es la historia de los asilados en nuestro país.

¡Cuán pocos son los países cercanos y lejanos de nuestro hemisferio occidental o del norte que no hayan aportado muchos o nomás algunos de ellos!

Sin embargo, son demasiados quienes no tienen conciencia de ello, incluso algunos que descienden de manera directa de quienes hallaron el amparo en esta nobilísima tierra.

El texto de marras, de la autoría del historiador Pablo Yankelevich, argentino de origen, destaca el hecho de la enorme diversidad de origen y de creencias de los asilados y, por otro lado, la constancia de los gobiernos, sin importar si eran éstos más de derecha que otros, en conservar siempre las puertas abiertas para los perseguidos.

El título del libro, Exilios. Razones, proyectos y figuras en México, no me acaba de gustar, lo mismo que la gran escasez de puntos y aparte y lo chico de la letra que dificultan un tanto su lectura, a pesar de que la redacción es clara y precisa.

Empieza por los asilados norteamericanos que huían del reclutamiento obligatorio, llamados despectivamente slackers por los gringos que eran como Dios manda, y termina con los sudamericanos de los años 70, de los cuales el de los chilenos fue el más duradero.

Pasa por supuesto por los republicanos españoles, cuyas cifras resultan más encogidas de lo que suponemos quienes contamos también a quienes vinieron más tarde a reunirse con sus padres, hijos, parientes, amigos y cónyuges

Éste fue el exilio más duradero, porque el dictador Francisco Franco, con la ayuda de gringos e ingleses democráticos, se perpetuó en el gobierno hasta 1975, cuando tuvo a bien estirar la pata. De hecho, una muy buena parte de esos asilados acabaron convirtiéndose de plano en migrantes, pues arraigaron en México.

Pero Yankelevich escudriña y exhibe refugiados de los que sabemos poco y de países en los que no se piensa, como no pocos alemanes e italianos que, huyendo del nazismo y del fascismo, respectivamente, también pasaron una temporada en México y tampoco faltaron algunos que se quedaron para siempre. Ello demuestra que, digan lo que digan, los mexicanos podremos tener muchos defectos, pero querendones sí somos.

Sin embargo, los judíos que también tuvieron que poner pies en polvorosa no encontraron las puertas totalmente abiertas y no faltaron quienes nomás no pudieron entrar. Es un tema que valdrá la pena desbrozar.

En suma, con muy pocas excepciones, este pequeño libro es un manual que todos los mexicanos deberíamos de leer, pero en especial aquellos que gustan de denostar con demasiada frecuencia a nuestro país. (José M. Murià, La Jornada, Política, p.12)

Bitácora del director / Guatepeor

Hace 32 años, en marzo de 1992, viajé a Chiapas y Guatemala para realizar un reportaje sobre los más de 40 mil refugiados del conflicto armado entre el ejército y las guerrillas del país centroamericano.

Para entonces, la guerra civil en Guatemala ya llevaba tres décadas. Y aunque se habían iniciado las conversaciones entre las partes beligerantes, aún faltaban cuatro años para que se firmara la paz.

Los enfrentamientos entre soldados e insurrectos, así como las masacres perpetradas por paramilitares en áreas rurales indígenas habían dejado decenas de miles de muertos. Pueblos completos —de los departamentos de Huehuetenango, San Marcos y El Quiché, colindantes con México— habían cruzado la frontera y vivían en Chiapas y Campeche, en campamentos precarios.

El gobierno del presidente Jorge Serrano Elías había mostrado interés en que los refugiados volvieran a su país, pero éstos se resistían por la falta de garantías. No fue sino hasta que se dio el acuerdo entre el gobierno y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemala —en diciembre de 1996— que ocurrieron los retornos masivos, aunque algunos miles decidieron permanecer en México.

Ahora los papeles se han invertido. En medio de la violencia por el enfrentamiento entre los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, centenares de mexicanos comenzaron a cruzar la frontera con Guatemala para buscar refugio.

En días recientes, habitantes de los municipios de Motozintla, Frontera Comalapa y Amatenango de la Frontera llegaron a distintos puntos del departamento de Huehuetenango, huyendo de la guerra que los delincuentes han desatado en sus comunidades. Muchos de ellos se instalaron en escuelas del municipio de Cuilco, a unos 30 kilómetros de la línea divisoria entre los dos países.

Entrevisté en Imagen Radio al pastor protestante Mario Castañeda, director del albergue Casa de la Misericordia, ubicada en la capital departamental. Me contó que el martes llegó una familia chiapaneca integrada por cinco personas. “Tienen mucho miedo de hablar, pero me dicen que están amenazados y corre peligro su vida”.

Dicho albergue da servicio principalmente a familias pobres que necesitan atenderse en el hospital de Huehuetenango y también a algunos migrantes que van de paso hacia el norte, pero Castañeda estima que en los próximos días se comenzarán a ver cada vez más chiapanecos que huyen de la violencia y deberá prepararse para recibirlos.

También hablé con el alcalde de Cuilco, Audilio Roblero, quien me contó que unos 300 mexicanos habían llegado a ese municipio. El funcionario me dijo que los víveres estaban escaseando y que no había comida suficiente para todos los desplazados.

El éxodo hacia Guatemala no es sino un síntoma de la guerra que protagonizan los dos grupos criminales mencionados, que buscan controlar una franja del territorio fronterizo por donde se trafica con personas, armas y droga.

Como comenté en entregas anteriores de esta Bitácora, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador no está prestando atención a la situación en Chiapas, que se descompone rápidamente. Decenas de miles de habitantes, de una docena de municipios, están atrapados por el enfrentamiento, sin poder moverse de sus casas y, en algunos casos, desprovistos de energía eléctrica y alimentos.

Quienes están tomando la ruta del exilio tienen la fortuna de vivir cerca de la frontera, pero ésa no parece ser opción para los que viven más lejos, pues no hay forma de moverse por los caminos, a causa de los bloqueos que han instalado los criminales y por el riesgo de quedar en medio de una balacera.

Hace unas cuantas décadas, los guatemaltecos veían en México un lugar de refugio para escapar de los combates entre soldados y guerrilleros, así como de los paramilitares que arrasaban sus poblados. Hoy es al revés: México es el infierno y el país vecino es el cobijo. Allá es Guatemala; y aquí, Guatepeor. ¿Quién iba a creerlo? (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p.2)

La Corte / Mayo en julio

Ha sido capturado este jueves en Texas, Ismael Zambada García, El Mayo Zambada. Nacido un 1 de enero de 1948, ahora con 76 años de edad, las autoridades estadunidenses informaron sobre la detención de Ismael para sorpresa de propios y extraños.

Ismael era de los criminales más buscados en México y Estados Unidos por estar estrechamente relacionado con el negocio de las drogas y cuya organización se convirtió en una de las más influyentes a nivel internacional. ¿Quién es este personaje? Uno de los más buscados, a pesar de su fama de ser el fantasma entre los grandes capos, de bajo perfil, pero gran influencia que incluso lo vincula con Joaquín Guzmán. Escurridizo y de gran peso no sólo entre los cárteles, sino incluso hay quienes aseguran que dentro de la política y gobierno ha logrado mover piezas clave para continuar con sus asuntos sin trabas.

¿Cómo podemos leer esta captura de uno de los más buscados? El presidente Biden ha manifestado su entusiasmo por este suceso sin hacer mención alguna a México. De ahí, una primera lectura sería recordar el contexto estadunidense, a meses de sus elecciones presidenciales, justo cuando los republicanos parecen ganar en popularidad después de lo sucedido con Trump en Pensilvania, la captura de Zambada parece ser que tiene la intención de regresar el reflector hacia los demócratas.

Sorpresivamente, el fentanilo sigue siendo declarado como el “enemigo número uno” de los Estados Unidos, por lo que la captura representa, según ellos, un golpe fuerte contra el enemigo y un oficialismo fuerte y comprometido más allá del discurso incendiario republicano.

Por extraño que parezca (y por lo que explicamos en los párrafos anteriores) la captura de este capo mexicano poco significado tiene para México, incluso el Presidente, en su conferencia diaria, pareció no estar tan informado sobre la situación porque el hermetismo de las autoridades estadunidenses, como siempre, es un duro hueso de roer y del que los líderes mexicanos prefieren mantener su distancia para no crear tensiones innecesarias.

En una entrevista realizada hace aproximadamente 14 años, el mismo Mayo dijo “si me atrapan o me matan… nada cambia”. Declaración corta, pero certera que nos acerca a nuestra conclusión. Tal como sucede con el tema migratorio, que es ajeno al discurso incendiario, la realidad migratoria y las motivaciones de los migrantes a veces ni siquiera se enteran de este discurso. Así mismo sucede con las capturas de los capos, pues para la dinámica de producción, tráfico y consumo les es indiferente quiénes sean los líderes y lo que suceda con ellos.

Pongámoslo en otras palabras, el consumidor estadunidense, totalmente a la deriva en una de estas zonas de zombis, ahora virales en redes, dentro de las grandes ciudades en ese país, totalmente consumidos por la adicción, no van a rehabilitarse por este triunfo político-electoral. (Azul Etcheverry, Excélsior, Nacional, p.7)

El regreso de míster Trump

Si hace unas semanas dudábamos que Donald Trump iba a ganar de nuevo las elecciones presidenciales del próximo 5 de noviembre, hoy la realidad es otra, y una vez más se reitera que en la política nada está escrito. Todo empezó con el debate Trump-Biden, el atentado que sufrió Trump el sábado 13 de julio, en Pensilvania, y la dimisión de Joe Biden a la candidatura demócrata. Estos recientes sucesos en pocos días han sido un terremoto en la campaña presidencial americana y ponen en suspenso el final de la contienda.

La renuncia de Biden confirmó los pronósticos de que su campaña nunca terminó de despuntar, siempre estuvo desfondada, errática, y no emocionó ni a los propios demócratas. Tras el penoso debate, se intensificó una campaña de desprestigio hacia Biden, orquestada por la oposición y que le abonó el fuego amigo de los demócratas que no lo querían, con lo que finalmente lograron descarrilarlo de la contienda.

En las últimas semanas, no se habló de otra cosa que de la posibilidad de una renuncia de Biden, a quien hicieron ver como una persona que por su edad no estaba ni física ni mentalmente apta para seguir al frente del país más poderoso en un segundo mandato presidencial.

La estrategia fue tan magistral que permeó, no sólo en Estados Unidos sino también a nivel internacional, ya que medios internacionales y opinión pública empezaron a documentar los errores del mandatario estadunidense y a mostrarlo cada vez más con una imagen sumamente senil, que trastabilla en todo momento.

Las encuestas también abonaron día a día a socavar el ánimo del electorado demócrata al presentar con números la estrepitosa caída de Biden. Por ejemplo, la cadena NBC News, presentó un sondeo casi cotidiano en el que señalaba que sólo 30-33% de los votantes demócratas estaban satisfechos con Biden como su candidato presidencial, mientras que más del 60% decía no estarlo. Del lado republicano, los mismos sondeos fueron muy generosos con Trump y siempre le dieron niveles de casi 70% de apoyo de sus correligionarios.

¿Los demócratas hicieron a tiempo el cambio de su candidato presidencial? Me temo que empezaron tarde, Trump lleva haciendo campaña de una u otra forma desde que dejó la presidencia en 2020, contrarrestar esa ventaja en tan sólo unas semanas será una tarea titánica para los demócratas.

Fue acertado el relevo demócrata con Kamala Harris, una figura que parece unificar y reconciliar a los demócratas, pero lo más importante será lograr contar con el respaldo popular. Las encuestas empiezan a brotar por todos lados en los medios americanos y posicionan a la demócrata con una intención de voto de 45-48%, mientras que Trump tendría entre 47-49 por ciento.

Es cierto que Kamala Harris muestra frescura y la posibilidad de que una mujer, y además, descendiente de migrantes, sea la primera presidenta de los americanos. Pero no es la primera vez que Trump compite por la presidencia con el factor “mujer”, ya en el 2016 lo hizo frente a Hillary Clinton, y ganó. Harris tendrá que conciliar con los jóvenes y los afroamericanos, dos sectores de la población desencantados con la gestión de Biden.

En México, vemos con atención y desconfianza el proceso electoral, las últimas declaraciones que Trump ha hecho sobre nuestro país, reinciden en que el narcotráfico y la migración son temas con los que siempre amenaza con tomar acciones, pero ya vimos que cuando gobernó no fue así.

En Europa, un regreso de Trump lo ven con preocupación, pues podría significar más apoyo a Israel contra Hamás, y, peor aún, sería una salida o menos apoyo a la OTAN y Ucrania, con lo que podría poner a los europeos a un paso de la guerra con Rusia.

El magnate se frota las manos, sabe que está a nada de regresar al poder, ¿será esta vez para “Hacer a América grande otra vez”? (Fernando Aguirre, Excélsior, Nacional, p.8)