Que el Presidente quiera aplicar su muy personal idea de lo justo, por encima de la ley escrita, ya no es una posibilidad remota o un vaticinio alarmista, pues lo está haciendo con la reforma educativa. De prosperar ese memorándum enviado por López Obrador a los secretarios de Educación, Hacienda y Gobernación, la firma del Presidente estará por encima de las disposiciones legales que norman nuestra vida en sociedad. Si no se frena ese memorándum, los mexicanos tendremos un supremo intérprete de la ley por encima de las instituciones. (Pablo Hiriart, El Financiero, p.42)
El país empieza a salir del libreto del Presidente. Si durante años, el discurso del opositor parecía la más certera denuncia de la realidad, hoy se escucha como retórica escapista: mis números me elogian, los males provienen de otro tiempo, los conspiradores se empeñan en negar nuestros logros. Lo cierto es que el Presidente ya no pasea triunfalmente. A pesar de la cortesanía de su entorno, no puede ignorar la multiplicación de la crítica. Sus rituales matutinos se descomponen. La política del chasquido estalla en todas partes con algo que sigue sin aparecer en su imagen de México: la complejidad. (Jesús Silva-Herzog Márquez, Reforma, p. 10)
El viernes por la noche, en el salón de fiestas Los Potro, una sencilla palapa en la colonia Obrera de Minatitlán, sicarios armados con rifles automáticos mataron a 13 personas, entre ellas un niño de dos años de edad, y dejaron lesionadas a otras cinco. El ataque se sumó a una cadena de homicidios que sufrió Minatitlán durante la Semana Santa. El gobernador del estado, Cuitláhuac García Jiménez, decidió echar la culpa del aumento de los hechos de violencia en la entidad al fiscal estatal, Jorge Winckler. Es verdad que la violencia en Veracruz no surgió de la nada. Pero también que los ciudadanos esperan más que excusas de las autoridades federales, estatales y municipales para frenar el horror que ha cobrado la vida de más de 700 personas en 140 días. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, p.2)
Espaldarazo a Cuitláhuac García.- Quien recibió el espaldarazo presidencial en un momento complicado fue el mandatario de Veracruz, Cuitláhuac García, quien ayer estuvo presente en la conmemoración del 105 aniversario de la defensa del Puerto de Veracruz. “Cuitláhuac García es un gobernador inteligente, con convicciones y, sobre todo, honesto; un hombre bueno, no de malas entrañas, y eso importa mucho para garantizar la paz y la tranquilidad”, sostuvo el primer mandatario, tras la masacre de 13 personas en el municipio de Minatitlán ocurrida el viernes pasado. (La Razón de México, p.2)
Desde San Luis Potosí hasta Minatitlán, lloramos a las víctimas de quienes hacen justicia por su propia mano. Durante décadas el Presidente en tumo -priista o panista declaraba en algún momento la ley soy yo. Desde el pináculo del poder expropiaba y decretaba, ordenaba y presionaba, interpretaba la ley y decidía la dirección de su ejercicio. Así lo hizo Vicente Fox con el desafuero, así lo hizo Felipe Calderón con la Guardería ABC, así lo hizo Enrique Peña Nieto con la Casa Blanca y Odebrecht. Por ello, la falta de respeto a la ley está incrustada en el ser nacional; cuando el Estado no respeta la legalidad, invita a los ciudadanos a emularlo. (Denise Dresser, Reforma, p. 11)
No son los muertos de López Obrador, como tampoco fueron antes de Peña Nieto o de Calderón. Son nuestros muertos, son los muertos de los mexicanos. Fue muy fácil en el pasado hablar de los muertos de Calderón o de Peña Nieto. Supongo que para muchos es simple justicia cargarle a López Obrador los muertos del sexenio, como en el pasado él y sus seguidores lo hicieron con sus predecesores. Pero no es justicia para los muertos. Ni para los de ayer, ni para los de hoy, ni para los de mañana. Súbitamente ha surgido de la Cuarta Transformación una voz sensata que pide poner fin a la perversa manipulación política de los muertos. (Sergio Sarmiento, Reforma, p. 10)