De fondos a fondo
#GuardaditoAmigo… Diferente y relevante la propuesta financiera de Banco Azteca, que dirige Tonatiuh Rodríguez Gómez, pues el Guardadito, su producto estrella de depósito bancario, tendrá una nueva variante: Guardadito Amigo, y será el primer producto financiero mexicano dirigido a la población migrante. El producto se lanza en colaboración con la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), que en México representa Dana Graber Ladek.
Como recordará, del 5 al 8 de septiembre, en el Monumento a la Revolución se realizará la Semana Nacional de Educación Financiera, evento que organiza la Condusef, que encabeza Óscar Rosado, y que en esta ocasión estará enfocado en Bienestar Financiero. ¿Cómo pensar en el bienestar financiero de millones de familias en condición especial, como adultos mayores, discapacitados y migrantes? (Alicia Salgado, Excélsior, Dinero, p. 5)
La elección presidencial de Estados Unidos marcará un hito en un país que, además de ser la mayor potencia global, es nuestro vecino, alberga 38 millones de personas de origen mexicano y es nuestro principal socio comercial. La pregunta se impone: ¿Quién le conviene más a México en la Casa Blanca, Donald Trump o Kamala Harris?
La compleja relación entre México y Estados Unidos es interdependiente y asimétrica. Los temas bilaterales son vastos, pero tres dominan la agenda: seguridad, migración y comercio. Dada la complejidad de estos, como dijo Jack el destripador: ¡Vamos por partes! En esta entrega nos concentraremos en el tema migratorio.
Es fundamental entender que los Presidentes de Estados Unidos gobiernan para su país y ven a México en función de sus propios intereses. La Casa Blanca recibirá a alguien que, en el mejor de los casos, vea a México como un vecino útil, y en el peor, como un mal necesario. Dicho esto, vale recordar que durante su mandato, Trump recurrió a la amenaza para convertir a México en un muro fronterizo. En mayo de 2019, bajo la presión de imponer aranceles a productos mexicanos, nuestro país aceptó, sin oponer la menor resistencia, controlar los flujos migratorios hacia Estados Unidos. A lo largo de estos años, incluidos los de la Administración de Joe Biden, México ha jugado, con mayor o menor rigor, el rol de “policía migratorio”.
Muchos advierten que los demócratas “son peores”, señalando a Barack Obama, quien deportó a más de 3 millones de migrantes a lo largo de sus dos mandatos (2009-2017), ganándose el mote de “deportador en jefe”. También argumentan que la candidata demócrata ha endurecido su postura respecto a la migración. Mientras en 2020, Harris promovía propuestas progresistas como cerrar los centros de detención de migrantes, a principios de este año ayudó a construir un acuerdo bipartidista de línea dura sobre seguridad fronteriza, que incluía millones de dólares para la construcción del muro. Trump frustró el acuerdo, pero Harris ha afirmado en su campaña que relanzará este rígido proyecto.
Según el Pew Hispanic Center, ocho de cada 10 estadounidenses consideran que su gobierno está haciendo un mal trabajo de control fronterizo. Además, casi la misma proporción afirma que la situación migratoria es una “crisis” o un “problema importante” para su país. Ante esto, no sorprende que los actores políticos de ambos partidos hayan endurecido su postura en el tema.
¿Habrá una política migratoria de mano firme en Estados Unidos llegue quien llegue a la Casa Blanca? Sí. ¿Habrá deportaciones de migrantes gane quien gane? Sí. Entonces, ¿da lo mismo Trump que Harris? No.
Existen algunas diferencias significativas entre los candidatos. La primera es la criminalización del migrante como culpable de todos los males de Estados Unidos, que enarbola Trump, quien ha llegado al extremo de decir que los migrantes “envenenan la sangre” del país. Este discurso tiene consecuencias. Los crímenes de odio contra los migrantes aumentaron 20 por ciento durante su Gobierno (2017-2021).
La segunda, radica en las deportaciones. Las Administraciones de Obama y Biden se centraron en deportar a migrantes recién llegados o bien con antecedentes criminales, mientras buscan vías de regularización para quienes llevan años en el país. Ejemplos de esto son la protección a cónyuges indocumentados de ciudadanos estadounidenses y la facilitación de visas de trabajo para los Dreamers.
Además, un eventual regreso de Trump podría significar el relanzamiento de políticas migratorias más agresivas, como el programa “Quédate en México”, que obligó a solicitantes de asilo a esperar sus audiencias en territorio mexicano, en condiciones de vulnerabilidad, o el “Título 42”, implementado durante la pandemia de Covid-19 para expulsar migrantes sin darles la oportunidad de solicitar asilo, usando la salud pública como pretexto. Tampoco puede desestimarse el riesgo de que, de volver a la Casa Blanca, el ex Presidente cristalice su promesa de llevar a cabo la mayor deportación masiva de la historia estadounidense (11 millones de personas).
Por último, está el cauce de la relación bilateral. Trump ha demostrado preferencia por los exabruptos y chantajes, dejando de lado la vía institucional. En contraste, un triunfo de Harris, aunque lejos de ser un escenario perfecto, ofrecería a México una contraparte más estable, que favorecería los cauces institucionales.
Para ilustrar, recuérdese la fábula de la cabra: un hombre judío, agobiado por el poco espacio en su casa, donde vivía con su esposa y 10 hijos, buscó el consejo de su rabino. El rabino le sugirió llevar una cabra a la casa. Aunque sorprendido, el hombre siguió el consejo. Un mes después, desesperado, regresó con el rabino diciendo que la situación ahora era insoportable. El rabino entonces le aconsejó sacar la cabra. Al hacerlo, la familia sintió que la casa era más amplia y tranquila que antes. En la relación México-EU, Trump bien podría ser esa “cabra”. (Brenda Estefan, Reforma, Internacional, p. 15)
Si ninguno se echa para atrás, en dos semanas veremos frente a frente a Kamala Harris y Donald Trump en el primer debate como candidatos presidenciales de Estados Unidos. Dos políticos completamente diferentes, con historias de vida contrastantes, pero con posiciones de poder similares y, con la misma posibilidad, por lo parejas que están las encuestas, de convertirse en presidente o presidenta de su país.
Ambos han incluido en su agenda el combate al crimen organizado y la seguridad fronteriza. Temas relevantes en México, donde impactaría la política de uno o el otro. Si bien la postura de Trump es más agresiva e intervencionista al plantear el envío de tropas a luchar contra los cárteles de la droga e insistir en que presionará con la imposición de aranceles para que las fuerzas mexicanas detengan los flujos migratorios, Harris ha sido promotora de la colaboración, o presión estadunidense, para lograr la detención y extradición de capos de la droga a su país y ha logrado que México ayude en la contención de los migrantes desde Chiapas. En ningún caso lo que pidan al gobierno mexicano será un asunto sencillo.
México tiene de su lado mecanismos de presión, cuyo éxito deberá evaluarse dependiendo el ganador: insistir en limitar la importación del maíz amarillo, producido mayormente en estados republicanos y que no se aprovechó cuando Trump nos puso contra la pared y logró que 28 mil guardias nacionales fueran asignados a labores fronterizas; el discurso de combate al tráfico de armas, y el valor económico de los mexicanos en aquel país, sin importar el estatus migratorio.
Sin importar si es Harris o si es Trump, México debe hacerles las cuentas a los estadunidenses para que devuelvan un poco de lo que los mexicanos han hecho en ese país. Promover que se avance en una reforma que legalice la situación de quienes aportan en impuestos, pagan seguridad social y seguros médicos sin que puedan utilizarlos.
Eso mostrará fortaleza ante el nuevo gobierno estadunidense y será un gran gesto con la comunidad mexicana que cada mes envía millones de dólares en remesas, uno de los principales ingresos para México.
Entre tanta disputa interna, el próximo gobierno de México ha descuidado la estrategia frente al país vecino. No envió emisario alguno a sus convenciones (republicana ni demócrata) y tampoco ha trabajado en un acercamiento con ambas campañas. Prefiere discutir las opiniones de un embajador que al final de cuentas está por irse. (Alejandro Domínguez, Milenio, Al Frente, p. 3)
México se enfrenta nuevamente a una encrucijada crucial en su relación con Estados Unidos. La elección del próximo presidente de EU impactará significativamente la dinámica bilateral. Pero, ¿quién le conviene más a México? ¿La demócrata Kamala Harris o el republicano Donald Trump?
La relación entre México y EU ha sido siempre compleja y, de acuerdo con una encuesta de Pew Research sobre las percepciones mutuas entre mexicanos y estadounidenses difundida el 12 de agosto, en los últimos años estas percepciones se han polarizado. Hoy, 61% de los mexicanos tiene una visión favorable de EU, mientras que 60% de los estadounidenses tiene una visión desfavorable de México.
Los resultados del estudio muestran una realidad que influye significativamente en el proceso electoral en EU. Las opiniones negativas de los estadounidenses sobre el manejo de la frontera por parte del gobierno mexicano pueden generar políticas migratorias más agresivas y restrictivas. Las diferencias partidistas en la percepción de México y el manejo de la frontera afectarán las políticas públicas y decisiones legislativas a partir de enero de 2025, mientras que el voto latino, crucial en la elección, se verá influenciado por cómo se aborden temas como la migración. La necesidad de cooperación internacional y la seguridad fronteriza también son un punto de discusión en la campaña, destacando la importancia de una colaboración más estrecha entre ambos países para abordar desafíos compartidos.
Los demócratas abogan por enfoques más humanitarios y cooperativos en migración, lo que se alinea mejor con las prioridades de México. Por ejemplo, 44% de ellos considera prioritario permitir que algunos inmigrantes que llegaron ilegalmente siendo niños se queden en el país. En contraste, los republicanos aplican políticas más restrictivas y punitivas y 60% de ellos exige reforzar la seguridad fronteriza entre su país y México.
La cooperación bilateral es esencial para abordar desafíos compartidos. Los demócratas promueven una relación más institucional y cooperativa, mientras que los republicanos son más confrontativos, lo que complica la cooperación y genera desconfianza.
El comercio bilateral es vital para la economía de ambos países. Los demócratas apoyan políticas que promueven el comercio justo y la cooperación económica, mientras que los republicanos aplican o amenazan con aplicar aranceles y medidas proteccionistas que afectan negativamente el comercio bilateral.
La soberanía y los derechos humanos son cuestiones fundamentales para México. Los demócratas generalmente respetan ambos. En contraste, algunas políticas republicanas representan una amenaza a la soberanía y los derechos humanos.
Por lo anterior, Kamala Harris le conviene más a México que Donald Trump. La cooperación bilateral, las políticas de migración más humanitarias, el respeto a la soberanía y la promoción del comercio justo son aspectos que se alinean mejor con las prioridades de nuestro país. Sin embargo, a partir del 1 de octubre el gobierno de Claudia Sheinbaum deberá ser pragmático para negociar y adaptarse a cualquier resultado electoral, navegar las complejidades de la relación bilateral y proteger los intereses nacionales. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 42)
#TEAM Mayito

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)
Sexto Informe

(Chavo del Toro, El Economista, El Foro, p. 46)
Debaten por los micrófonos

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)
El Pacificador

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)
Dictamen listo

(El fisgón, La Jornada, Política, p. 5)
Advertencia

(Hernández, La Jornada, Política, p. 10)
El Aviso

(Xolo, 24 Horas, PÁG. 2)