Opinión Migración 020924

Agenda de Riesgos 2025: Parte II

En esta segunda entrega de la agenda de riesgos para México 2025 nos centraremos en las variables económicas e internacionales.

Incertidumbre económica por reformas constitucionales. La prestigiosa revista británica The Economist alertó sobre “las consecuencias que heredará” Claudia Sheinbaum de las reformas constitucionales que impulsa Andrés Manuel López Obrador y que dice “podrían ser especialmente dolorosas para la economía”. El texto final del artículo dedicado a México afirma que “la agitación y la incertidumbre ahuyentan a los inversores. El país los necesita para impulsar rápidamente el crecimiento y financiar el déficit fiscal, que se sitúa por encima del 5% del PIB, la tasa más alta desde los años ochenta. Sheinbaum ha intentado atraer a los inversores, consciente de que México necesita aprovechar una breve ventana de oportunidad para atraer a las empresas que desean trasladarse más cerca de EU. Ha dicho a los inversionistas que no tienen «nada de qué preocuparse». Pero ellos sí lo están, y ella también lo debería estar”.

Ajuste del valor del peso. La mayoría de los analistas de riesgo financiero coinciden que el superpeso se está ajustando a lo que debe ser su valor real. La razón: se generaron demasiadas expectativas positivas por la futura relocalización de empresas de Asia a México. También impactaron de manera positiva en el superpeso la alta tasa de interés que ofrecen los bonos soberanos de México y la recepción histórica de remesas.

Conforme vaya avanzando la aprobación de las reformas constitucionales el valor del peso, se irá depreciando lentamente, al tiempo que se ajustan las proyecciones de nuevas inversiones extranjeras que temen a una nueva era de autoritarismo político.

Esta no es necesariamente una mala noticia para el país. Los productos de exportación mexicanos serán un poco más competitivos. También el país será más atractivo para turistas, nómadas digitales, jubilados, empresarios extranjeros y diplomáticos.

Nube conservadora en Norteamérica. En 2026 probablemente tengamos dos gobiernos conservadores en América del Norte y abiertamente a favor de políticas antiinmigrantes en Washington, si regresa Donald Trump, y otro en Ottawa, si gana la elección Pierre Poilievre en Canadá. Trump está proponiendo de nuevo deportación masiva de indocumentados y Poilievre exigió este año que volviera a imponer la visa a los mexicanos. Poilievre afirmó que “la eliminación del requisito de visa a los viajeros mexicanos provocó un aumento del fraude y el abuso del sistema de asilo de Canadá, provocando largas demoras en el procesamiento para los solicitantes de asilo legítimos”. El 20 de octubre serán las elecciones en Canadá y se desconoce la posición de Poilievre sobre el T-MEC.

Agenda estratégica: Este martes 3 de septiembre se llevará a cabo el Seminario Internacional “México Seguridad 2025 Perspectivas” en la CDMX. Este importante evento de análisis de los futuros de México y el mundo es coordinado desde hace un par de años por Miguel Ángel Beliera y Carlos Seoane. Participan Ana Laura Magaloni, Carlos Elizondo, Eduardo Guerrero, Francisco Rivas, Renato Sales, Guillermo Valdés, entre otros. Aquí la info: https://shorturl.at/TrSfx (Gerardo Rodríguez, El Heraldo de México, País, p. 12)

Pecado de él, penitencia de ella

Entre el poderío y la debilidad, el desierto. Lerdo de Tejada no quería tender vías férreas para comunicar a México con Estados Unidos porque pensaba que estrechar lazos con la potencia nos subyugaría. Pero la cicatriz de arena fue pronto vendada por la geografía, la migración y el comercio, y hoy el menor intento de alejamiento suscita reclamaciones de ambos lados y de arriba a abajo de la sociedad. Nuestra integración, nos guste o no, se ha vuelto inescindible.

Eso no quiere decir que la relación bilateral sea tersa. Nos suele dar dolores de cabeza, y a veces migraña. Así ocurrió en la Presidencia de Donald Trump, por sus pulsiones tiránicas potenciadas por el miedo de Peña Nieto y de López Obrador, y así sucede en estos momentos en el gobierno de Joe Biden que, si bien le ha dejado pasar muchas cosas a AMLO a cambio de la penosa labor antiinmigrante de la Guardia Nacional, parece decidido a endurecerse ante una reforma judicial que somete los intereses empresariales a un esquema autocrático y populista. Lo de antes eran golpes de saliva; esto es una amenaza a inversiones multimillonarias, y no sé si el viejo truco del TLC —sus asuntos se tratarán en instancias internacionales— convenza a los inversionistas gringos.

Desde que salió Trump, con quien fue prudente hasta la ignominia, AMLO se ha dedicado a declarar sobre política interna estadounidense con más imprudencia de la que le achaca al embajador Salazar. Que si violan los derechos de Assange, que si deben quitar la estatua de la Libertad, que si son disolutos, que si deben votar de uno u otro modo. Tenemos un presidente injerencista, según su propia definición de término: insulta a España, Panamá y Canadá, se entromete en asuntos electorales de Colombia, Ecuador, Bolivia y otros países y se la pasa dando consejos a Estados Unidos. Está bien; vivimos en un globo aldeano y, aunque deploro que sean ellos el único contrapeso a nuestro Ejecutivo, el que se lleva se aguanta. Lo curioso es el bandazo: el mismo amago —pegarle al T-MEC, motor de la economía— llevó a AMLO primero a ceder todo y luego a no ceder nada: de construir con soldados el muro trumpiano pasó a confrontar a Biden y detonar una crisis innecesaria. Subrayo el adjetivo: no había necesidad, más allá de su voracidad autoritaria, de elegir a los juzgadores por voto popular: las urnas darán todo el poder al presidente sin corregir ninguno de los vicios de nuestra judicatura. Hay quienes dicen que no busca controlar ni vengarse sino estirar la cuerda a la izquierda —como si el afán hegemónico fuera izquierdista— previendo el corrimiento al centro de Claudia Sheinbaum. Discrepo. AMLO siempre juega a tres bandas: lanzó el plan C para perpetuar a la 4T, vengarse de la Corte y, ulteriormente, expiar su pecado histórico de sumisión frente a Trump. El problema es que la penitencia correrá por cuenta de la presidenta electa.

El brete en que está metiendo a su sucesora es enorme. El gobierno de Estados Unidos actúa como si tuviera un as bajo la manga —¿El Mayo Zambada?—, el de México tiene una carta migratoria que menguará tras las elecciones estadounidenses de noviembre. La obsesión de AMLO de imponer un régimen de pensamiento único tendrá un alto costo para Sheinbaum. Quizá la haga añorar el desierto de Lerdo. (Agustín Basave, Milenio, Plítica, p.18)

En Arizona, un laboratorio electoral

La elección estadounidense de noviembre definirá qué partido controla la Casa Blanca, pero habrá mucho más en juego. Como cada dos años, se renovará la Cámara de Representantes. Habrá elecciones en 34 curules del Senado. Del resultado de esas elecciones dependerá el control del Congreso.

Hoy, los republicanos mantienen una estrecha mayoría en la Cámara Baja mientras que los demócratas controlan apenas el Senado. En 2024, el mapa favorece al partido republicano. Para retomar la mayoría de la Cámara Alta, los demócratas tendrían que ganar en estados que no parecen favorecerlos, como Montana y Ohio, y aun así estarían al filo de la navaja. La mayor oportunidad está en arrebatarle el control de la Cámara de Representantes a los republicanos. Para conseguirlo, los demócratas tendrán que ganar un cierto número de carreras específicas que se les escaparon por escaso margen hace un par de años. ¿Lo conseguirán? En Estados Unidos hay varios distritos en los que el resultado de la carrera por el Congreso y la contienda presidencial es incierto, incluso a dos meses de la elección. El destino del gobierno estadounidense dependerá, en gran medida, de esos lugares.

La semana pasada recorrí el distrito sexto de Arizona, que se extiende desde el este de la ciudad de Tucson hasta la frontera con México. La batalla por el distrito está en el aire. El congresista local es un republicano de origen mexicano llamado Juan Ciscomani, que ganó su sitio en el Congreso hace dos años por apenas un par de puntos porcentuales. Su rival es la demócrata Kristen Engel, que perdió la contienda anterior con Ciscomani, pero ahora está de vuelta con un mensaje distinto.

Las características de ese distrito crucial en Arizona y los temas de cada campaña son un buen ejemplo del debate que terminará por definir el rumbo de Estados Unidos. La candidata demócrata tiene ventaja en la zona urbana y suburbana de Tucson, mientras que su rival apuesta por el voto de los condados al sur de la ciudad, donde la vida es marcadamente diferente al ritmo y las preocupaciones de los centros urbanos.

A partir de esa división, la candidata demócrata ha hecho del derecho al aborto el centro de su campaña. La esperanza de Engel es que un número suficiente de mujeres se presente a votar para defender su libertad reproductiva, dejando de lado otras preocupaciones de política pública. Los demócratas parecen apostar especialmente a que el voto de las mujeres latinas se haga presente. Las mujeres hispanas, como las de otras minorías, se han visto particularmente afectadas por la política restrictiva del aborto, sobre todo la histórica decisión que echó abajo el derecho federal a la interrupción del embarazo.

La apuesta del candidato republicano es muy distinta. Ciscomani quiere que la elección sea sobre seguridad fronteriza y, en segundo término, sobre la economía. Apuesta a que, en un estado como Arizona, la crisis en la frontera sur sea lo suficientemente escandalosa como para animar al voto conservador. El tema tiene más posibilidades de resonar en las áreas rurales cercanas a la frontera antes que en la ciudad.

Si las mujeres y las minorías se presentan a las urnas para responder a los temas que sugiere Engel, ganarán los demócratas. Si la seguridad fronteriza impera como prioridad, ganarán los republicanos.

Este cálculo, tan claro en el microcosmos del sur de Arizona, operará en mayor o menor medida en el resto del país. Kamala Harris ha insistido repetidamente en el tema de las libertades como centro de su campaña. Por otro lado, Donald Trump insiste en el nativismo antiinmigrante desde el que ha construido su carrera política. De la respuesta de los electores dependerá el futuro de Arizona y también del país. (León Krauze, El Universal, Nación, p.13)