Hasta ayer, las elecciones estadounidenses eran prácticamente un volado y probablemente no serán hasta el 5 de noviembre, cuando formalmente se celebre una votación que de hecho comienza a fines de septiembre gracias a los votos por correo.
Una encuesta divulgada el martes por la Radio Pública Nacional (NPR) Y el Sistema Público de Televisión (PBS) puso a la demócrata Kamala Harris a la cabeza, 49 a 48 por ciento, sobre el republicano Donald Trump, que encabezó una muestra reportada el domingo por The New York Times, 48 a 47 por ciento.
En ambos casos las encuestas estuvieron holgadamente en sus márgenes de error estadístico y cualquiera puede ser electo, pero la historia es más complicada: en el sistema estadounidense de elección presidencial indirecta, sino a través de un Colegio Electoral con 538 miembros, no siempre gana el partido que obtiene más votos populares.
De hecho, las encuestas demuestran la polarizada división que reina en Estados Unidos, donde el triunfador del próximo cinco de noviembre puede ser determinado por unos cuantos decenas de miles de votos en siete estados, considerados como bisagra porque pueden inclinarse por uno u otro.
De acuerdo con la mayoría de los especialistas, las elecciones giran alrededor de cuatro temas esenciales: economía (incluso inflación y comercio), democracia, inmigración (que abarca seguridad fronteriza y drogas) y aborto. Harris parece tener ventaja en democracia –gracias a las acciones de Trump ,tras las elecciones de 2020– y aborto, mientras el magnate centra su retórica sobre problemas económicos y una alarmista visión de la inmigración.
Los demócratas han ganado el voto popular para presidente en siete de las últimas ocho elecciones. Pero perdieron el voto electoral en las elecciones de 2000, cuando George W. Bush se alzó con el triunfo gracias a unos cuantos miles de votos en Florida y una decisión de la Suprema Corte de Justicia, y en 2016, cuando Hillary Rodham Clinton batió a Trump en las urnas, pero perdió en el Colegio Electoral.
Pero en la narrativa que han tratado de construir Trump y sus seguidores, él y los republicanos fueron víctimas de un masivo fraude electoral en 2020, con la amenaza implícita de recurrir a la violencia si fuera derrotado. Algunos, como el prestigiado analista Nate Silver, consideran que los republicanos han logrado construir una ventaja inherente en el Colegio, gracias a su consistente control de los estados predominantemente rurales del medio oeste y el noroeste.
Ese dominio es visible en mapas electorales, donde el centro y el sur, o sea casi 30 estados, aparecen cubiertos en rojo republicano con algunos puntos azules, que marcan los centros urbanos donde se concentran los demócratas, predominantes a su vez en el noreste, partes del norte y en la costa oeste.
En alguna medida, pues, la división es entre regiones rurales y urbanas, pero según lo que se ha visto también entre hombres y mujeres, religiosos y no-religiosos, personas con estudios universitarios o no, y así…En otras palabras, las elecciones no germinarán con la división. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)
Andrés Manuel López Obrador tomó posesión del cargo de Presidente de la República y después de juramentar y protestar cumplir con el mandato de la ley ante el pleno del Congreso de la Unión publiqué un par de artículos intitulados Cambio de Régimen (1 y 2), en los cuales sostuve que, desde Palacio Nacional, desplegaría toda una estrategia de su gobierno para combatir los rezagos existentes, como son: la pobreza extrema, por medio de sus programas económico-asistenciales, ahora consagrados en la Constitución (beneficiando a 10 millones de mexicanos); una migración desbordada por hermanos centroamericanos que persiguen el sueño americano; una corrupción galopante que invadía a todas las esferas del poder, especialmente a los gobernadores de la administración anterior (casi todos fueron a dar a la cárcel); una economía globalizada con Estados Unidos, China y demás países, con las constantes amenazas de Donald Trump de desconocer los acuerdos del T-MEC, o bien subir aranceles a todos los productos, bienes y servicios que se comercializan y transitan a diario entre países, o la amenaza de la Guardia Nacional, junto con la instalación de su “Muro de Berlín” en la frontera. Temas resueltos con la espléndida ayuda del entonces canciller Marcelo Ebrard.
En el tema de salud, que prometió instalarnos a la altura de Dinamarca, mis amigos médicos me comentan que recorren todo el país para apresurar el equipamiento y entrega funcional de decenas de clínicas y hospitales con toda la infraestructura médica que requiere la población de escasos recursos en estados donde la seguridad social es poca o casi nula. López Obrador en este tema, estoy cierto, nos dará esa sorpresa antes de retirarse de Palacio Nacional, Ciertamente, la violencia sigue siendo una asignatura pendiente, pero la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, por conducto del secretario de Seguridad Nacional, Omar García Harfuch, habrá de anunciar importantes modificaciones de política pública, con la creación de tres cuerpos de Seguridad Nacional a su cargo, que atenderán las grandes prioridades nacionales: la policía fronteriza, para todo el tema de migrantes y desplazados; la policía federal de carreteras, para regresar seguridad al tránsito de personas, bienes y mercancías; y la policía federal antisecuestros, dirigida a crímenes de alto impacto en las zonas urbanas del país. Así, el crimen organizado encontrará el muro de contención a sus fechorías, que tanto dañan, agobian y laceran a la sociedad.
La 4T de López Obrador culminará su obra con cambios sustanciales a la Constitución Política del país. Constitución que señala que los fines esenciales del Estado son: promover la prosperidad general de la sociedad y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes de los mexicanos, con esta expresión impulsó su programa de gobierno, quedando pendiente la abolición de los privilegios de la casta divina del Poder Judicial. Hoy, como antes Juárez separó a la Iglesia del Estado, López Obrador culmina su obra con un “cambio al régimen” del funcionamiento del Estado, con la aprobación de la mayoría parlamentaria del Congreso general del país, al prosperar su iniciativa para elegir jueces, magistrados, y ministros de la Corte Suprema, para limpiar, purgar y permitir que las nuevas generaciones de jurisconsultos tengan la oportunidad y posibilidad de ser parte de una nueva generación de juzgadores que impartan y hagan justicia, sin distingo de pertenencia social o económica de los ciudadanos.
La mayoría de los mexicanos ayudó a AMLO a ganar la mayoría de las gubernaturas para su partido, escaños y curules del Congreso de la Unión, pues la gente desea que sigan los cambios en la organización jurídica y política de “la cosa pública”, de todo lo que nos atañe, nos constriñe y perjudica. Reitero, seguir en la ruta de cambios, a la seguridad, la justicia, la educación, la salud y la economía, para lograr tranquilidad y crecimiento anhelados por la mayoría de las familias mexicanas. ¿O no, estimado lector? (Juan Carlos Sánchez Magallán, Excélsior, Nacional, p. 16)
Desde que Kamala Harris fue nominada oficialmente como candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, votantes y extraños esperábamos con ansias el debate entre los candidatos.
Desde la nominación, la candidatura de Harris no ha perdido impulso. La convención demócrata fue rotundamente exitosa y esto se reflejó en los números: en los estados veleta, Harris ha logrado una ventaja de hasta 4% sobre Trump; además, ha recaudado el triple que su contrincante electoral. Y el debate no fue la excepción.
En los primeros sesenta minutos, vimos a una Kamala fuerte, sólida, que adelantó el saludo y se presentó como una ciudadana de la clase media: promover una economía de oportunidades que permita el acceso a la vivienda y se comprometió a impulsar la deducción de impuestos para los pequeños empresarios.
Kamala insistió en la unidad, en la esperanza y en el futuro de una sólida democracia. Recalcó, además, que busca defender a los más débiles —adultos mayores o víctimas de violencia sexual, por ejemplo—; y mostró que la retórica cancina de Trump no atiende los problemas difíciles de los ciudadanos estadounidenses.
Respecto al aborto, Kamala insistió en que era indispensable rehabilitar las protecciones de la sentencia de Joe vs. Wade y defender la libertad de cada una de las mujeres estadounidenses, sin criminalizarlas por las decisiones que toman respecto de su cuerpo; en especial, en los casos difíciles: violación, incesto o abortos espontáneos.
Trump, por su parte, hizo lo de siempre: mentir, exagerar, parlotear, descalificar y autoalabar su gestión. No perdió la oportunidad de demonizar y criminalizar a los migrantes e incendiar los ánimos para polarizar a la ciudadanía. Ninguna idea sustantiva sobre la que se pueda discutir.
Tras el debate y antes de que seamos bombardeados con la marea de desinformación rusa, que buscará impulsar la campaña de Trump, me permito presentar los puntos clave que defendió Kamala en el debate.
Todo ello basado en razones, articulación jurídica. Kamala, más vale que lo sepamos, es intolerante a las mentiras: no reaccionó a los ataques —como cuando la llamó marxista— ni a las incontables mentiras —como que permitirían un aborto en el noveno mes—, pero con sus gestos, datos y argumentos expuso los sinsentidos de Trump.
Como dijo Kamala, es momento de pasar la página: dejar atrás a los merolicos autócratas, y recuperar la construcción de nuestras instituciones, de nuestros sistemas jurídicos, de nuestras democracias. (Valeria López Vela, La Razón, Mundo, p. 23)
Ayer fue la noche más importante en la carrera política de Kamala Harris. En el primer debate, y probablemente el único, que tenga con Donald Trump, su tarea era que los estadounidenses la conocieran.
A pesar de ser actualmente la Vicepresidenta, ésta es una oficina que permite muy poco foco para quien la ostenta. La labor de un vicepresidente es precisamente la de no opacar al jefe.
En una contienda tan cerrada como está actualmente la presidencial de Estados Unidos, el debate de anoche era crucial. Sabemos que la fecha de la elección es el 5 de noviembre pero la votación anticipada arranca ya, este próximo lunes 16 de septiembre, en nada más y nada menos que un Estado crucial para Harris: en Pennsylvania.
Cada uno tenía una tarea fundamental que cumplir. Harris, como ya decía, tenía que mostrar quién es ella y sacudirse la imagen que Trump ha querido plasmar sobre la demócrata. El expresidente ha dicho que Harris es básicamente una comunista y por ello la ha llamado “camarada Kamala”.
Trump debía disciplinarse y durante noventa minutos atacar a Harris sobre temas específicos como economía; migración y seguridad y no meterse en ataques personales a su contrincante.
¿Logró anoche Harris que los estadounidenses la conozcan por quien es y no por quien dice Trump que es ella?
Si. Harris se mostró como una mujer preparada que supo frenar las mentiras de Donald Trump sobre ella. Notablemente cuando reafirmó que tanto ella como su compañero de fórmula son dueños de armas y no planean quitarle su derecho a portar armas plasmado en la Segunda Enmienda a los estadounidenses. También cuando quiso pintarla como la culpable del caos en la frontera. Ahí Harris fue clara al decir que cuando había una propuesta bipartidista para poner orden, fue Trump quien pidió que los legisladores republicanos la rechazaran para no darle un triunfo político a los demócratas.
¿Logró Trump disciplinarse y no atacar personalmente a Harris?
Mas o menos. No la atacó por su risa. Sí la llamó Marxista. Pero en donde definitivamente perdió el control Donald Trump fue cuando Harris comentó que los asistentes a los mítines del expresidente se salen temprano porque se aburren de escucharlo. Ahí Trump se salió de su casilla de disciplina al grado de desviarse para hablar de una teoría de conspiración sobre inmigrantes haitianos que se comen los perros de la población de Springfield, Ohio.
Esto evidentemente hizo reír a la vicepresidenta.
Trump se vio enojado: con los migrantes; con los resultados electorales del 2020 que sigue diciendo que fueron fraudulentos; habló de una América en declive y de que vamos encaminados a la Tercera Guerra Mundial.
Harris logró poner a Trump a la defensiva. Y lo hizo de forma decidida, firme y elegante. Habló de un Estados Unidos que quiere darle la vuelta a la página de los conflictos trumpianos; de un país que debe apoyar a empresas pequeñas y medianas; con una persona en La Casa Blanca que se preocupe por los estadounidenses, no por sí mismo.
En el debate quedó claro que Trump es el candidato del odio y del enojo y Harris es la candidata del futuro y de la esperanza. Ambos son sentimientos potentes para ganar elecciones. Veremos cuál de los dos sentimientos es el que resuena en los votantes estadounidenses que comenzarán a elegir desde el lunes próximo.
Apostilla: Al terminar el debate el equipo de Trump recurrió a la clásica herramienta de quien pierde, culpar a los moderadores. (Ana Paula Ordorica, El Universal, Nación, p. A8)