Biciclo
La migración ha aumentado notablemente en Ciudad de México y Estado de México este año, con un alza del 77% en el flujo poblacional en todo el país, según UNICEF y ONU Migración. En respuesta, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha donado a la Dimensión Episcopal de la Pastoral de Movilidad Humana para apoyar a refugiados y personas vulnerables, con lo que beneficiará a más de 83,000 personas, incluyendo la implementación de huertos comunitarios, talleres vocacionales y asesoría legal gratuita. (Redacción, El Economista, El Foro, p. 46)
Aunque los votantes por la presidencia de Estados Unidos son estadounidenses, fuera de esa nación sólo queda tronarse los dedos de que se elija al menos malo. Pero no debe perderse de vista que la mayoría de los electores buscan a quién satisfaga las pasiones de los ciudadanos y pocos piensan en la responsabilidad del país en asuntos mundiales.
El debate Kamala Harris-Donald Trump se está analizando en función de los intereses estadounidenses, pero con dos percepciones que no hay que perder de vista: a pesar de haber sido fiscal en California, la vicepresidenta eludió cualquier referencia al problema migratorio, en tanto que el expresidente Trump potenció todo su discurso racista hasta el grado de acusar que algunos migrantes se están comiendo a los perros, no se sabe si sea cierto, lo más seguro es que sí, pero el tono de la afirmación sólo reveló una incomprensión del fenómeno social de los migrantes.
Los presidentes Clinton, Obama y Biden se comprometieron con las comunidades legales de migrantes -por la corresponsabilidad en el flujo ilegal -a regularizar a los millones de extranjeros que ya están dentro del territorio americano trabajando, pero viviendo con la angustia cotidiana de que los descubran y de manera violenta los deporten fuera del país.
A pesar del compromiso, ninguno de los tres mandatarios pudo regularizar la migración. Como el tema de la propiedad de las armas, la problemática de los migrantes no tiene solución porque está relacionado con los intereses conservadores racistas, pero también con la explotación de la mano de obra ilegal que otro sector importante de ciudadanos ejerce porque le conviene el estatus de ilegalidad.
Si gana Trump, la amenaza de la deportación masiva de millones de ilegales podría convertirse en realidad, aunque con problemas de operación institucional; si gana Kamala, la migración seguirá existiendo sin solución.
Zona Zero
La estabilidad en Sinaloa se ha roto como consecuencia de la guerra al interior del Cártel de Sinaloa para controlar a esa organización delictiva, pero con datos preocupantes respecto de la revelación de datos de que políticos y funcionarios públicos aparecen como cómplices del grupo criminal del Chapo Guzmán y El Mayo Zambada, antes compadres y hoy enemigos a muerte. La política gubernamental parece que dejará que la violencia debilite el grupo y entonces intervenir con menores costos políticos y de seguridad. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 10)
Según diversas encuestas, tras la sustitución de Joe Biden por Kamala Harris como candidata del Partido Demócrata a las elecciones presidenciales, las preferencias electorales en Estados Unidos muestran una contienda muy cerrada. Mientras Harris cuenta con un mayor apoyo entre las mujeres, los jóvenes, sindicatos, la población afroamericana, y personas con estudios superiores, Donald Trump domina entre los hombres, blancos, veteranos, personas sin título universitario y una buena parte de la población mayor de 65 años. El grupo etario de entre 50 y 64 años, antes cautivo por Trump, parece estar dividido esta vez.
Estamos frente a una contienda en la que hay una gran mayoría de electores cuyo voto estará determinado por su afinidad con demócratas o republicanos, y un porcentaje menor de individuos que no han decidido su voto y apuestan a la mejor opción, de entre dos que no los convencen del todo. Los sectores más críticos de la sociedad se encuentran ante la disyuntiva de dar continuidad a un gobierno demócrata que no dio los resultados que se esperaban, o castigarlo y dar su voto a los republicanos.
El cambio de candidatura por parte de los demócratas inclinó la balanza para el lado contrario. Mientras que en el primer debate el deterioro y la falta de lucidez de Biden hizo ver a un Trump fuerte y seguro, este último frente a una Kamala Harris confiada, dinámica y preparada, hizo ver a un Donald Trump desmoronado, viejo y enojado. La mayoría de las encuestas señalaron a la demócrata como la vencedora del debate, hecho que aprovechó su equipo de campaña llamando a un nuevo debate al candidato republicano. Trump, consciente de su fracaso ante Kamala, declaró que no debatirá nuevamente.
El desempeño del candidato republicano en el debate fue bastante negativo, e incluso cínico, con datos y argumentos que se prestaron a burlas y críticas. Fue incapaz de enfocarse en temas como la migración o la inflación que hubieran podido desestabilizar a la candidata demócrata y ocupó su tiempo para atacar a Joe Biden, cayendo en las provocaciones de Harris, e inventando datos como que migrantes haitianos estaban comiendo perros y gatos en Springfield. Sin embargo, los resultados del debate no necesariamente influyen en el voto y preferencia de las personas. Los principales flancos de ataque del candidato republicano seguirán siendo la economía y el tema migratorio -señalando una política de puertas abiertas- y la presunta llegada de delincuentes, violadores y pandillas a territorio estadounidense, temas que se encuentran dentro de las principales preocupaciones del electorado.
Estamos en una época en la que las emociones y creencias personales tienen más impacto en la opinión pública que los hechos objetivos, donde la verdad se ha vuelto insignificante para una gran parte del electorado. Además, si bien las encuestas reflejan las preferencias de los estadounidenses con respecto a los candidatos, el sistema del colegio electoral de EU -donde el candidato con más votos no siempre gana- no permite prever con precisión el resultado de las elecciones. El sistema bipartidista ha hecho que la mayoría de los estados se inclinen históricamente hacia alguno de los dos partidos principales, dejando la decisión de las elecciones en manos de los pocos “estados bisagra” en los que ningún partido cuenta con una ventaja clara, como Nevada, Arizona, Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Carolina del Norte y Georgia.
El voto latino será clave en la elección, representando de manera inédita el 14.7% del electorado. Las preocupaciones de la comunidad latina sobre la inflación y el desempleo podrían influir significativamente en el resultado electoral. Estados como California y Texas concentran la mayoría de estos votantes, seguidos por Florida y Arizona. El electorado latino será cada vez más influyente en las elecciones de Estados Unidos, ya que es una población joven que está alcanzando la mayoría de edad y sumándose al padrón electoral. Los siguientes meses serán cruciales para que ambos candidatos intenten cooptar tanto el voto latino como a los votantes indecisos para así lograr una ventaja. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. A5)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)