Opinión Migración 210924

Voces de la frontera sur

La migración en la frontera sur no es algo que sólo veamos en las noticias, es una realidad diaria en nuestros municipios y en las historias de quienes dejan su origen buscando un destino con oportunidades. Como diputada federal por los municipios fronterizos de Chiapas, sé que la migración no es pasajera. Cada día recibimos a más personas. Sus historias muestran cómo la migración transforma a quienes viajan y a nuestras comunidades, que enfrentan grandes retos para acogerles con dignidad.

En la frontera sur, los gobiernos de la 4T, con apoyo de la sociedad civil y organismos internacionales, ayudamos a migrantes que llegan buscando refugio, pero la infraestructura y los recursos no han sido suficientes. Albergues llenos y personal insuficiente hacen que los servicios sigan siendo limitados.

Además, los riesgos que enfrentan las mujeres migrantes en el sur son distintos a los del norte. En el sureste, muchas no participan en la economía formal, lo que las hace vulnerables a la explotación laboral.

Por ejemplo, en la comunidad de Suchiate, la situación es crítica. Las rutas de “coyotes” están llenas de migrantes que pagan lo poco que tienen para cruzar. María, una joven hondureña, pagó a un coyote para cruzar, sólo para acabar siendo explotada laboralmente.

Muchas mujeres quedan atrapadas en México, expuestas a redes de explotación. Cada día migran más mujeres por violencia de género, inseguridad, pobreza y cambio climático. Actualmente, el 41% de los migrantes que recibimos en nuestro país son mujeres, la mayoría entre 26 y 35 años; y el 75% de ellas viaja en compañía de su familia, es decir, al cuidado de los hijos.

México ha dejado de ser un país de paso para convertirse en destino de miles de migrantes. En su momento, como alcaldesa de Tapachula, vi cómo el flujo migratorio ponía una presión desproporcionada sobre los servicios básicos, superando nuestras capacidades. Es urgente definir políticas de integración que respeten los derechos de los migrantes y fomenten el empleo formal en igualdad.

Es necesario crear incentivos para ordenar la migración. Si los migrantes no ven beneficios al acercarse al gobierno, seguirán entrando de manera ilegal, lo que perpetúa la corrupción y los abusos.

Tampoco podemos olvidar a los niños. En Tapachula, muchas madres buscan atención médica para sus hijos tras largos y peligrosos viajes. Los niños migrantes son especialmente vulnerables por los riesgos del camino y la falta de servicios.

La migración en la frontera sur es una realidad que no va a desaparecer. Debemos actuar con políticas claras y con perspectiva de género. Es un problema que debemos atender con dignidad y responsabilidad. En mi encargo anterior, realizamos un trabajo incansable, que requiere de muchas más voluntades. Esta es una agenda que impulsaré en la LXVI Legislatura e invito a mis compañeros de bancada a unir fuerzas para atender la migración de fondo. (Rosy Urbina, El Sol de México, Análisis, p.12)

Europa después de Europa

“Soy alguien que cree que el tren de la desintegración (europea) ya salió de la estación Bruselas –y temo que condenará al continente a la inestabilidad y a la irrelevancia. Transformará un ambiente de tolerancia y apertura en otro caracterizado por una mentalidad estrecha y acosadora […] No necesariamente conducirá a la guerra, aunque contribuirá a provocar miseria y agitación. Tampoco desaparecerá la cooperación política, cultural ni económica, pero sí el sueño de una Europa libre y unida”.

Eso escribe el intelectual búlgaro Ivan Krastev (Lukovit, 1965), en la introducción a Europa después de Europa (Universidad de Valencia, 2019), una meditación visionaria desde la perspectiva de alguien que ya vivió lo que en su momento también parecía una desintegración impensable: la del bloque comunista en Europa del Este. El proyecto europeo camina hacia el ocaso, advierte, porque dos potentes fenómenos interrelacionados están transformando la naturaleza de sus democracias: uno es la crisis de los refugiados; el otro, la rebelión reaccionaria contra el cosmopolitanismo.

La consolidación del proyecto europeo coincidió con el colapso de la Unión Soviética a principios de los años noventa, aquella era que Francis Fukuyama bautizó como “el fin de la historia”: no más utopías ni revoluciones; de ahí en adelante, democracia, constitucionalismo, globalización, economía de mercado, libre comercio e integración, etcétera.

Sintomáticamente, en la fórmula de Fukuyama nunca figuró el tema migratorio. Pero la migración, dice Krastev, es la revolución del siglo XXI: no ya la de las grandes masas que dan la vida por cambiar a su país, sino la de personas que se desplazan a otros países para tratar de sobrevivir y ganarse la vida.

Pero en esos “otros países” tiende a desarrollarse una respuesta adversa, un “pánico moral” basado en el resurgimiento de solidaridades particulares (i.e., nacionales, étnicas, culturales, religiosas, lingüísticas, etc.) que chocan con la solidaridad universal que supondría acoger a los migrantes que logran llegar a su suelo.

Y así, a pesar de que muchas sociedades europeas enfrentan importantes retos demográficos cuya solución más evidente sería recibir mayores flujos migratorios, lo que prevalece cada vez más es una actitud defensiva, intolerante y agraviada contra las élites políticas que no refuerzan las fronteras, que no establecen más restricciones, que no expulsan a los extranjeros, en fin, que se rehúsan a atender las demandas de discriminar y excluir como parte de la política democrática.

No hay soluciones fáciles ni rápidas ante la magnitud de semejante desafío. Pero para sobrevivir, concluye Krastev, al proyecto europeo no le queda de otra que improvisar, ser flexible e incluso negociar con sus enemigos. Resignarse a gestionar pérdidas parciales, a ganar tiempo para esperar que las tendencias cambien, y así quizá evitar una derrota total. (Carlos Bravo Regidor, El Heraldo de México, Escena, p. 13)

INM: de reacciones tardías

A más de un mes de las agresiones cometidas contra los migrantes sudamericanos que se encontraban en la vías férreas cercanas a la comunidad de Nápoles en Silao, el Instituto Nacional de Migración (INM) reaccionó con algo más que una simple postura escrita desmintiendo versiones de redes sociales.

El director general de Control y Verificación Migratoria del Instituto Nacional de Migración (INM), Andrés Vidal Islas, saltó a la palestra para anunciar que separó de su cargo a los agentes implicados en aquel capítulo que incluyó golpes, insultos y detonaciones de arma de fuego.

A decir del funcionario federal, se trata de una actitud convencida de supervisar y evitar violaciones a los derechos humanos en territorio nacional. Tan es así, que aseveró que en lo que va del año se han sancionado a más de 3 mil agentes por malas prácticas. Una cifra descomunal que confirma que esto de los abusos es la regla y no la excepción.

Eso sí, puntualizó que los elementos del INM no usan armas de fuego ni tienen autorizado el uso de ningún nivel del uso de la fuerza. De percibir algún riesgo, se hacen apoyar de la Guardia Nacional… y es donde empiezan los problemas, pues de hecho en el caso referido las detonaciones vinieron de esta fuerza federal con la que ya son recurrentes los abusos.

De hecho, ayer mismo se denunció en redes sociales una nueva agresión de elementos de la Guardia Nacional contra migrantes en plena zona centro de Silao. Al momento se tienen los testimonios de la agitación que ya provoca la intervención de los agentes federales en el tema migratorio. Un síntoma de una sociedad crispada por los abusos a los migrantes. (Don Giovanni, Periódico Correo, Online)

Cartones

Respaldan su guerra comercial

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(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 10)