Opinión Migración 021024

Detective / La lucha sigue

Escribir desde la nada, para las tres hijas y el hijo de Samir Flores, las buscadoras de Sonora y Coahuila, los cuarenta migrantes fallecidos en la estación de Ciudad Juárez, las familias de cuarenta y tres estudiantes de Ayotzinapa, los pueblos desplazados de Chiapas, la gente de a pie en medio de la violencia de Culiacán, Guanajuato, Chilpancingo y Fresnillo, los manifestantes desalojados por la Marina en Mogoñé Viejo, las Abejas de Acteal, el exilio de Lydia Cacho Ribeiro y Omar Gómez Trejo, la comunidad otomí residente en Ciudad de México, las morras asesinadas en Monterreyna, la Guardia Comunal de Santa María Ostula, los damnificados de Otis, la Asamblea de San Gregorio Atlapulco en defensa de su territorio, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas y el Miguel Agustín Pro, los cuarenta y siete colegas periodistas caídos, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, los cinco jóvenes de Lagos de Moreno, el migrante guatemalteco Elvin Mazariegos asesinado en un retén militar instalado en Motozintla para complacer a Donald Trump, las huérfanas y huérfanos de los vuelos setenteros de la base aérea de Pie de la Cuesta, los comerciantes extorsionados del Estado de México, Quintana Roo, Chihuahua y Aguascalientes, las mujeres indígenas mayas de Citilcum obligadas a pedirle disculpas al Ejército por protestar contra el Tren Maya, los niños mormones masacrados en La Mora, los sacerdotes jesuitas asesinados en la parroquia de Cerocahui, el Congreso Nacional Indígena, Homero Gómez y demás guardianes de la naturaleza, las cincuenta mil personas desaparecidas, los pueblos nahuas que recuperaron su agua en Puebla, y la izquierda universitaria que no olvida el dos de octubre ni tampoco que una cosa es la organización popular y otra el poder populista militar.

Escribir para quienes no tuvieron cabida en la ficción mañanera sexenal donde solo había una víctima presidencial y la crisis humanitaria era una perversa estrategia contra el humanismo mexicano. Escribir sin caudillo ni la respectiva mitología de por medio. Escribir clarito que la transformación no significa el fin de la historia nacional. Escribir sabiendo que neoliberalismo, militarismo, impunidad y corrupción (siendo casi pleonasmos), siguen vigentes. Escribir en una era en la que la verdad se ha transferido a los algoritmos y hay más información gelatinosa que nunca sobre la cual la humanidad sustenta su aniquilación.

Escribir de una transformación que haga posible la transformación. (Diego Enrique Osorno, Milenio, Política, p. 20)

Desde el Biopoder / Esperanza migrante para México

Los migrantes poblanos que viven en diferentes demarcaciones de Estados Unidos como Nueva York, Los Ángeles, San Diego y Chicago, cuentan con la esperanza de que parte de la realidad en México pueda cambiar ante el inicio del sexenio de Claudia Sheinbaum como presidenta de la República.

Para quienes se fueron en busca de mejores condiciones de vida al país vecino del norte, el cambio de gobierno abre la posibilidad de que se puedan poner en marcha diferentes programas de apoyo para sus comunidades de origen.

La idea de diferentes migrantes se centra en que puedan aportar recursos para proyectos de obra pública e inversión y que los beneficios se multipliquen con recursos federales, estatales y municipales en poblaciones de las Sierras Mixteca, Negra y Norte, así como en la zona metropolitana del estado.

El objetivo principal se basa en que las remesas ya no solo se queden como recursos para el gasto de las familias, sino que puedan traducirse en palancas para impulsar una mejor calidad de vida de las poblaciones.

Los connacionales poblanos quieren reencontrarse con sus seres queridos en sus poblaciones de origen y que el llamado “sueño americano”, es decir, la migración, ya no sea la única opción para mejorar la calidad de vida.

De manera adicional, los paisanos esperan que en el sexenio que comienza, se puedan sentar las bases para que se facilite el voto desde el extranjero y, al mismo tiempo, aumente su participación en la toma de decisiones para sus comunidades de origen.

Los datos del Instituto Nacional Electoral (INE) revelan que el estado de Puebla se colocó en el cuarto lugar a nivel nacional por la cantidad de votos desde el extranjero. Un total de nueve mil 972 migrantes poblanos emitieron su sufragio, cantidad que representa 5.4 por ciento del total de los que se recibieron en todo el país.

Al final, los poblanos que dejaron sus comunidades de origen y que envían remesas de manera constante, esperan que, en la presente gestión federal, no solo aumente la cantidad de ciudadanos que votan desde el extranjero, sino que su voz y sus propuestas se traduzcan en acciones concretas en beneficio de sus comunidades de origen. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Online)

La lucha por nuestra libertad, es la lucha por nuestros derechos

Para las mujeres mexicanas en Estados Unidos, la protección de sus derechos es fundamental debido a las diversas realidades que enfrentan. Desde su migración en el siglo XX, han sido pilares en la construcción de comunidades y la economía. Sin embargo, a pesar de su contribución, siguen enfrentando barreras significativas, tanto en el ámbito laboral como en el acceso a servicios esenciales. A menudo ocupan empleos informales con condiciones laborales precarias y, en muchos casos, carecen de seguro médico, lo que les impide acceder a atención preventiva.

La violencia de género es otro grave desafío. Las mujeres migrantes son más vulnerables a la violencia doméstica y, debido a la falta de recursos y servicios de apoyo, muchas veces no pueden acceder a ayuda adecuada. Además, el acceso a la salud mental es limitado, lo que refuerza la necesidad de programas que ofrezcan atención psicológica y espacios seguros para compartir experiencias y recibir apoyo emocional.

Una de las herramientas más poderosas para el empoderamiento de las mujeres es la educación. Es crucial promover programas que informen sobre sus derechos, salud, finanzas y desarrollo personal. En ese sentido, los consulados tienen un papel clave en conectar a las mujeres con organizaciones que ofrecen asistencia legal y servicios en diferentes áreas.

Las alianzas con organizaciones comunitarias son esenciales para crear una red de apoyo que brinde acceso a servicios y fomente la solidaridad. Organizaciones como 50+1 son referentes en la lucha por los derechos de las mujeres, equipándolas con herramientas para promover su desarrollo, así como enfrentar la discriminación y la violencia.

Las políticas públicas inclusivas también son fundamentales. Es necesario trabajar con legisladores para garantizar que las voces de las mujeres migrantes sean escuchadas y sus realidades consideradas en la creación de leyes. Esto incluye fortalecer la legislación contra la violencia de género y promover iniciativas que fomenten la igualdad en el ámbito laboral y educativo.

A pesar de los desafíos, muchas mujeres mexicanas en Estados Unidos han superado barreras y han contribuido significativamente a sus comunidades como empresarias, activistas y líderes. Han creado negocios, promovido cambios en políticas y ofrecido apoyo a otras mujeres en situaciones de vulnerabilidad.

El camino hacia la igualdad de género requiere la colaboración de gobiernos, organizaciones y comunidades, así como la participación activa de las propias mujeres. Juntos podemos construir un futuro en el que los derechos de todas las mujeres sean respetados y protegidos. (María Elena Orantes, El Heraldo de México, Editorial, p. 21)

Yo lector

En abandono

 

Desde hace meses, el monumento a La Raza se ha convertido en total muladar. Ya que decenas de personas lo han convertido como un hotel móvil.

Antes, las personas en situación de calle se juntaban por esa zona para quedarse a pernoctar y colocaban cartones, hules o el material que encuentran para hacerse su “casa”, sin embargo, ahora decenas de migrantes ya se apoderaron de ese lugar.

Como vecinos de la zona, entendemos que no tienen recursos para rentar un cuarto de hotel o buscar una vivienda, pero creo que tampoco la zona sea ideal para montar “casas” improvisadas y hacer, literalmente, todo ahí.

El problema es que los montones de basura se van haciendo cada vez más grandes y del olor ni le cuento. No son agresivos con la gente que pasa ahí para entrar al Metro o al Metrobús, pero eso no quita el mal aspecto que ya tiene el lugar, ahora, el un monumento que tiene casi cien años y lo han convertido en cochinero, está grafiteado, manchado sepa Dios de qué y en total abandono. (Flavio Camargo, Excélsior, Nacional, p. 10)

Desde Afuera / México y América del Norte

La importancia de la colaboración entre los tres países norteamericanos fue puesta de relieve en el discurso de toma de posesión de la presidenta Claudia Sheinbaum.

 

América del Norte es hoy por hoy la región económica más importante del mundo, a pesar de la creciente competencia china, del bloque árabe –apoyado en sus finanzas–, o la Unión Europea.

Pero más importante, para muchos expertos, América del Norte no puede ser competitiva a menos que Estados Unidos, México y las cadenas de valor de América del Norte sean parte de la ecuación.

“Si hacemos el ejercicio intelectual de pensar que Rusia desapareciera mañana, los extrañaríamos a nivel mundial debido al petróleo y el gas. Si México desapareciera mañana, hay 20 cadenas de valor en las que el caos se haría presente”, estimó recientemente José Antonio Meade, exsecretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores, durante una mesa redonda en línea realizada por la Sociedad de las Américas. La importancia de México es, pues, considerable. Tanto que le permite actuar con

independencia, pero también lo obliga: su bienestar está vinculado al de la región norteamericana y de EU en particular.

Ese punto no puede ser ignorado: el bienestar y en alguna medida el poderío estadounidense depende de una buena relación con México, pero también lo hace objeto de un escrutinio especial por parte del aparato político estadounidense.

Más allá de las cortesías obligadas entre gobiernos soberanos, el gobierno de Claudia Sheinbaum y el de quien sea electo en EU tiene enfrente un diálogo muy complicado, con temas que van de seguridad y migración al papel de China en las exportaciones mexicanas y las plantas automotrices.

México es el principal socio comercial estadounidense en el mundo, con un comercio bilateral de 807 mil millones de dólares en 2023, y un aliado indispensable para detener flujos migratorios ilegales desde Centro y Sudamérica. Este año las autoridades mexicanas han interceptado a más de 280 mil migrantes.

De hecho ya se prevén problemas en las conversaciones sobre la revisión del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) en 2026. En especial, el creciente proteccionismo reflejado en la actual campaña presidencial estadounidense

Todos y cada uno de esos temas tienen complicaciones.

Y eso sin considerar que la cercanìa de la relación hace a México objeto de interés de otras potencias, pero más allá de las posibilidades de acceso a los mercados norteamericanos, para pasar del simple espionaje a lo que en caso extremo serían posibilidades de crear problemas en las cadenas de suministro, sin dejar de notar que la mera vecindad hace de México un “daño colateral” en atentados terroristas o actos de guerra de la misma forma que lo hizo punto de paso para migrantes o narcotraficantes.

Pero eso que le permite subrayar su independencia lo hace sujeto de críticas y presiones.  (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 35)

Repensar / Voto latino decepcionado

La población latina en Estados Unidos ha crecido significativamente en la última década, tanto por la continua migración, como por la mayor fertilidad. Es la primera minoría racial, superior a los afroamericanos, los asiáticos y los pueblos originarios.

Son casi 63 millones (19.1 por ciento de la población), cuando apenas en 1980 eran 14.8 millones (7 por ciento de la población). De ellos, se identifican como mexicanos 37.2 millones. En la última década ha crecido extraordinariamente la inmigración de Venezuela (169 por ciento), República Dominicana, Guatemala y Honduras.

Tienden a concentrarse en enclaves nacionales, dentro de las grandes ciudades. Los mexicanos son mayoritarios en Chicago, Los Ángeles, Riverside, Phoenix, Houston, Dallas, San Antonio, Kansas y Minneapolis; los cubanos en Miami, los puertorriqueños en Orlando, los salvadoreños en Washington, DC. Las grandes urbes del este (Nueva York, Filadelfia, Boston) son diversas.

Su edad media es diez años menor que la población general. Por eso, aumenta su participación en el mercado laboral. En 1990 había 11 millones de trabajadores latinos; hoy son más de 30.

Cada año un millón de jóvenes de este grupo llegan a la edad de votar. Son 50 por ciento de los nuevos votantes. En 2024 los latinos representan 15 por ciento del padrón electoral (36.2 millones). Sin embargo, son de los segmentos con menor identificación política (62 por ciento no se reconoce como simpatizante de ningún partido) y con menor tasa de participación política. No se espera que acuda a las urnas ni la mitad.

Se les van

Tradicionalmente los latinos han tendido a favorecer al Partido Demócrata. Esa tendencia se consolidó en los sesenta, cuando las leyes de derechos civiles, promulgadas para sofocar las protestas de los negros, los favorecieron también a ellos. Poco a poco se fue acabando la discriminación laboral y consiguieron educación bilingüe y mejor acceso a la salud y a la vivienda.

Por otro lado, los políticos demócratas apoyaron las reivindicaciones de los trabajadores del campo y las de los que laboraban a destajo en empacadoras de carne.

Los programas contra la pobreza los beneficiaron particularmente. Miles de familias inmigrantes han completado durante años el ingreso familiar con los cupones de comida (food stamps). Es sabido que se ha abusado mucho de ese programa. Ronald Reagan llamó “welfare queens” (algo así como “reinas del estado benefactor”) a mujeres que recibían esa prestación sin necesitarla. Los legisladores demócratas se han opuesto a establecer controles que eviten el fraude.

Durante mucho tiempo, los demócratas pensaron que los latinos, por ser morenos, seguirían el patrón de los afroamericanos y simpatizarían en automático con ellos. Incluso usaban los mismos spots que se dirigían a los negros, nada más que con actores que hablaban español. A lo más, cuando su voto era importante, los candidatos aparecían comiendo burritos y se dirigían a ellos como “amigos”.

No más. Los latinos están desertando del Partido Demócrata. No les cumplieron las promesas o no les prometen lo que ellos necesitan.

Encima, los quieren incorporar a las políticas de identidad, que ellos ven como divisivas e infructuosas. Se les hace un insulto que los llamen latinx o que los hagan sentirse víctimas. No quieren derechos especiales, sino los mismos que los demás. No se sienten atraídos por legisladores latinos radicales, como Alexandria Ocasio-Cortez.

No entienden por qué los demócratas no se dan cuenta de que muchas políticas para combatir el cambio climático, populares entre las clases acomodadas, a ellos los perjudican. Nuevas regulaciones ambientales, políticamente correctas, implican pérdida de empleos. Irónicamente, muchos de los que aplauden esas reformas, ni siquiera acostumbran votar.

Cometieron además el error de seguir ofreciendo la regularización de los indocumentados, cuando el influjo de inmigrantes se hizo masivo y perjudicó especialmente a las comunidades por las que cruzan o en las que, dada la ventaja del idioma, se asientan.  Son los latinos los que sufren debido a la competencia por los empleos y al abatimiento de los salarios. Están también entre los más afectados por la inflación y por el aumento de la delincuencia, que se achacan a las decisiones de Biden.

Kamala Harris está tratando de distanciarse de las políticas ambientales y migratorias de la actual administración y no se dirige a los latinos en términos de identidad. Ya comprendió que lo que les preocupa son los trabajos, los salarios y los precios. Para ganar tiene que recabar sufragios de los mexicanos de Arizona y Nevada y de los puertorriqueños y dominicanos de Pensilvania. Corre contra el tiempo. (Alejandro Gil Recasens, El Financiero, Mundo, p. 37)