Opinión Migración 041024

Muerte migrante a manos del Ejército

Hace unos días, en la carretera Villa de Comitán-Huixtla, Chiapas, elementos de la Sedena dispararon contra una camioneta que transportaba a 33 migrantes, en su mayoría provenientes de Egipto, Pakistán, Nepal y la India. El ataque dejó un saldo de al menos 7 muertos y 11 heridos de gravedad.

 Tras los lamentables hechos, la Sedena reconoció la matanza y anunció la separación del cargo de dos soldados después de que, según dicha institución, sus elementos confundieron a los migrantes con miembros de grupos criminales que operan en la región, se sintieron rodeados, creyeron oír detonaciones y dispararon. Hará falta una investigación exhaustiva para esclarecer los hechos; para ello, las autoridades deben recabar los testimonios de los sobrevivientes, garantizando su seguridad y proporcionándoles atención médica y psicosocial, así como asegurando una reparación integral del daño para las familias afectadas.

Preocupa que no se trata de un caso aislado; las autoridades militares en repetidas ocasiones repelen supuestos ataques de parte de civiles a los que confunden con criminales. El 11 de octubre del año en curso, un enfrentamiento en el estado de Chihuahua dejó dos migrantes muertos y cuatro heridos. El 18 de mayo de 2023 en Nuevo Laredo, Tamaulipas, cinco jóvenes desarmados fueron presuntamente ejecutados extrajudicialmente por elementos del Ejército. Según los reportes, los militares simularon un enfrentamiento al colocar armas junto a los cuerpos, lo que fue captado en video, volviendo imposible encubrir la brutalidad de los hechos y generando indignación a nivel nacional e internacional.

 El 30 de marzo de 2021, en un retén militar en Motozintla, Chiapas, un migrante guatemalteco perdió la vida a manos de soldados mexicanos luego de no detenerse cuando se le solicitó. Estos eventos reflejan un patrón alarmante de uso desproporcionado de la fuerza y violación a los derechos humanos de las personas migrantes en México.

Una constante en México es que la letalidad es mayor cuando intervienen las fuerzas armadas, debido a los protocolos y entrenamientos orientados hacia la guerra. El informe “A(r)madas y letales”, de Data Cívica e Intersecta, muestra que las fuerzas armadas no solo recurren a la fuerza sin que sea el último recurso, sino que la emplean de manera desproporcionada. Desde 2007, su participación en enfrentamientos ha generado un mayor número de muertes civiles en comparación con las fuerzas de seguridad civil.

 Mientras las fuerzas armadas registran 4.4 muertos por cada herido, las policías registran 2.7. Además, en enfrentamientos con autoridades civiles, suele haber más detenidos que fallecidos, a diferencia de lo que ocurre con las fuerzas armadas, donde la proporción de fallecidos es mayor. Es urgente capacitar a los miembros del Ejército y la Guardia Nacional en proximidad, inteligencia, trabajo con poblaciones vulnerables y el uso proporcionado de la fuerza.

La reciente reforma que consolidó el control del Ejército sobre la seguridad pública, incluyendo la subordinación de la Guardia Nacional a la Sedena, pone de manifiesto la necesidad de transformar y adaptar a las fuerzas armadas para su interacción con la población civil. Sin mecanismos efectivos de rendición de cuentas y control, el riesgo de violaciones de derechos humanos se incrementa. La concentración de poder bajo la jurisdicción militar dificulta aún más la posibilidad de enfrentar la impunidad de manera efectiva, dejando vulnerable a la población civil, y en particular, a quienes están en situación de movilidad.

Es crucial que el Estado mexicano reconozca la gravedad y recurrencia de las violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas armadas, ya sea por negligencia o participación directa, atendiendo esta problemática de manera focalizada. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, A7)

Día con día / Inercia y cambio

Hay un nuevo gobierno, pero no hay un nuevo país. Es una obviedad, pero una obviedad viva, cotidiana.

La dejan ver cosas como el estado de emergencia que vive Culiacán o como la actuación del Ejército en Chiapas, disparando sobre una camioneta sospechosa de portar criminales, cuando llevaba migrantes. (Héctor Aguilar Camín, Milenio, Al Frente, p. 3)

Uso de Razón / La guerra contra los migrantes

Que elementos del Ejército mexicano hayan matado a tiros a seis migrantes en Chiapas es otra confirmación trágica de que los soldados no deben hacer labores de policías.

Lo ocurrido es consecuencia de la militarización de la seguridad pública: matanzas de personas inocentes que son abatidas a tiros por la impreparación de soldados cuya especialidad es la guerra y el auxilio a la población en casos de desastres.

El gobierno “humanista” insistió en entregar para siempre las tareas de seguridad pública al Ejército y a la Marina, y han calificado de mentirosos a quienes sostienen que eso es militarización.

La explicación de la Secretaría de la Defensa es totalmente creíble: a bordo de una patrulla, en un camino rural, “personal del Ejército manifestó escuchar detonaciones, por lo que dos elementos accionaron su armamento, deteniendo su marcha una de las camionetas de redilas”.

Hirieron a diez personas, mataron a un niño de once años y a otros cinco migrantes que viajaban en la camioneta que frenaron a tiros.

Además de la desnaturalización de nuestro instituto armado, las consecuencias de la militarización dejan sin argumentos al gobierno de México para denunciar ante el mundo los atropellos contra connacionales en Estados Unidos.

Crímenes como el ocurrido en Chiapas la noche del 1 de octubre dan carta de normalización a tratar a los migrantes como seres sin derechos, ni sujetos del respeto que merecen los seres humanos.

Visto en términos políticos, normalizar la barbarie contra los migrantes es actuar contra el interés nacional.

En Estados Unidos, Trump, Kamala Harris y Biden ya comparten la idea de una guerra de baja intensidad contra los migrantes, que en su mayoría son mexicanos y envían más de 60 mil millones de dólares al año a sus familiares en México.

La satanización de los migrantes como estrategia electoral arrancó con Donald Trump en 2016.

Se materializó durante sus cuatro años de gobierno con la militarización de la frontera, el Título 42, el programa Quédate en México, la separación de niños migrantes, la ampliación del muro fronterizo y un largo etcétera.

Trump no llegó a más porque las cortes lo acotaron o no le alcanzó el tiempo.

Con el triunfo de Joe Biden el tema regresó al primer plano en Estados Unidos con las imágenes de la migración desenfrenada en la frontera con México.

La crispación en ese país llegó a su punto más alto en diciembre de 2023, cuando el gobierno de AMLO relajó los controles en la frontera sur, lo que fue interpretado en Estados Unidos como trabajo sucio para favorecer las aspiraciones reeleccionistas de Trump.

Tras un arreglo a puertas cerradas en Palacio Nacional con los enviados de Biden en enero de este año, incluido el secretario de Estado, Antony Blinken, y el de Seguridad, Alejandro Mayorkas, las aguas regresaron a su nivel.

En la campaña electoral en Estados Unidos la migración reapareció como uno de los mayores focos rojos con la decisión de Trump de convertirla en punta de lanza para detonar el temor al calificar el fenómeno como “una invasión”.

Trump boicoteó el acuerdo migratorio bipartidista logrado en el Senado, que consistía en cerrar la frontera cuando las cifras de migración ilegal rebasen un determinado número.

Su interés era y es seguir escalando el odio contra los migrantes. En una entrevista con la cadena Fox News dijo que le gustaría ser dictador “durante un día”. Su primera acción: cerrar la frontera con México.

Encarrerado, acusó a los migrantes haitianos de estar comiendo perros y gatos en Springfield, Ohio.

A partir del primer debate Trump-Harris del 10 de septiembre, la vicepresidenta cambió el tono y propuso el cierre de fronteras con México, más agentes fronterizos al sur y un presupuesto de 650 millones de dólares para completar el muro.

Y en una visita a Douglas, Arizona, Kamala Harris fue más allá: “Yo haré más para asegurar nuestra frontera, para reducir los cruces fronterizos ilegales. Tomaré medidas adicionales para mantener la frontera cerrada entre los puertos de entrada”, dijo.

“Aquellos que crucen nuestras fronteras de manera ilegal serán detenidos y expulsados, y se les prohibirá volver a ingresar durante cinco años”, remató.

A un mes de las elecciones, se aprobaron reglas para hacer más difícil solicitar asilo político en la frontera con México, a partir de esta semana.

Que la carrera presidencial en Estados Unidos se haya convertido en una competencia para ver quién es más duro contra los migrantes es un acto lamentable de oportunismo político.

Pero es la realpolitik al estilo americano, donde los principios se pueden meter bajo la alfombra con tal de ganar elecciones.

Y el gobierno de México se queda sin argumentos para defender a los connacionales, luego de actos criminales como fue la matanza de migrantes en Chiapas. (Pablo Hiriart, El Financiero Nacional, Política y Sociedad, p. 42)

Quebradero / Migrantes asesinados. La suma del todo

No se ha planteado por ahora que las cosas en materia migratoria vayan a cambiar.

En los discursos de la Presidenta el tema ha sido mencionado bajo lugares comunes y bajo el reconocimiento de lo que significan las remesas, ante lo que no está de más recordar que no se deben a las políticas de gobierno, sino que son producto del trabajo de los migrantes que están en EU, porque no encontraron condiciones de trabajo en nuestro país.

El fenómeno migratorio ya no pasa únicamente por los terrenos económicos. Particularmente en este sexenio tiene en la violencia política una más de sus razones. Familias completas se han desplazado hacia la frontera con el objetivo de cruzar hacia lo que en otro tiempo se conoció como el “sueño americano”.

Datos recientes muestran que se ha intensificado de nuevo la migración mexicana. En muchos casos se debe a la persecución a la que se ven sometidas las familias por la delincuencia organizada. Así como en Guatemala, Honduras y El Salvador, padres y madres les piden a sus hijos que se vayan de sus lugares de origen antes que sean sometidos por las bandas delincuenciales, en México llevamos ya varios años con una tendencia similar.

Por nuestro territorio cruzan una gran cantidad de migrantes. Cada vez más mexicanos se han sumado al intenso fenómeno migratorio de estos últimos seis años. Recordemos que se alentó a los migrantes centroamericanos a que vinieran a México porque aquí se les ofrecería empleo, lo dijo el expresidente y varios gobernadores del sur del país.

No pasó nada de esto y más bien nos hemos convertido en el tercer país para los migrantes, lo que produjo enormes problemas en las fronteras y, sobre todo, que mucha gente pensara que se podrían quedar en México mientras tramitaban la posibilidad de cruzar la frontera.

En los últimos años los migrantes se la han pasado recorriendo las carreteras y las veredas de nuestro país. Esto lo saben las autoridades no solamente de migración, sino las Fuerzas Armadas y la integrada Guardia Nacional. En su diagnóstico saben que el panorama es multifactorial, porque al mismo tiempo que se enfrenta a la delincuencia organizada están también los migrantes, mayoría de ellos mexicanos, que recorre nuestras carreteras llevados por polleros que son capaces de cualquier cosa.

El asesinato de seis migrantes muestra la falta de protocolos ante situaciones conocidas que están a la vista, y también evidencia el porqué de muchos cuestionamientos sobre el papel de las Fuerzas Armadas en funciones de seguridad. Los soldados viven, habrá que reconocerlo, en vilo. Sin embargo, están obligados a actuar con apego al respeto de los derechos humanos y más cuando hay zonas del país, particularmente en Chiapas, en donde está asentada la delincuencia organizada con un gobierno ausente y cuestionable.

Lo sucedido muestra las innumerables contradicciones bajo las cuales estamos con el tema de la seguridad. Las versiones entre la Fiscalía y las Fuerzas Armadas sobre el asesinato de los seis migrantes son contradictorias. La Fiscalía habla de que los soldados dispararon porque oyeron balazos, en tanto que la Sedena no ha mencionado nada en este sentido.

El ataque a los migrantes es la suma del todo. Buena parte de Chiapas desde hace tiempo está bajo la violencia. No parece que haya un diagnóstico claro, porque entre el gobernador y el expresidente minimizaron la brutal violencia. Recordemos que en algunos municipios no se pudieron desarrollar las elecciones. El lamentable asesinato de seis migrantes es producto del largo proceso bajo el cual estamos en materia de seguridad. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, La Dos, p. 2)

De esto y de aquello…

Tras la confusión de militares que derivó en la muerte de seis migrantes y que resultara herida una decena más en una carretera de Chiapas, al disparar a un camión de redilas similar al que usan grupos criminales, la presidenta Sheinbaum lamentó lo sucedido e informó que la FGR indaga a soldados involucrados. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 8)

Los muertos del 68; de hoy y el petróleo

Obviamente este debate, ahora inútil ante los decretos publicados en los estertores del gobierno anterior, para la asimilación de la Guardia Nacional por el Ejército seguirá sin embargo por muchos años, sobre todo cuando ocurren desgracias como esta en Chiapas, derivadas de la distinta e incompatible naturaleza de la policía y la milicia.

“(Sedena). – Integrantes del Ejército Mexicano al efectuar reconocimientos terrestres, detectaron un vehículo tipo ‘pick-up’ que iba a alta velocidad, mismo que al ver al personal militar se evadió…” El resultado: seis migrantes muertos a bala por los soldados.

Como en tiempos lejanos. ¡Uste jusile y después virigüe!

“Es un hecho lamentable (CSP) y tiene que ser investigado y sancionado. Los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional que dispararon ya están puestos a disposición de la Fiscalía General de la República (FGR) y es la Fiscalía la que tiene que hacer la investigación de cómo ocurrieron los hechos, las responsabilidades, si hay responsabilidad adicional de mandos o solamente de los soldados que dispararon”. (Rafael Cardona, La Crónica, Columnistas,p.3)

Códice / Glifos

Cero impunidad. Sobre los hechos registrados en la carretera de Villla Comaltitlán, Chiapas, la Sedena informó que cerca de las nueve de la noche del martes primero de octubre se detectó un vehículo pick up y dos camionetas de redilas que circulaban a alta velocidad. Al ver al personal militar el convoy se evadió. Personal militar manifestó escuchar detonaciones por lo que dos elementos accionaron sus armas. Al acercarse a las camionetas se detectaron 33 migrantes de diferentes nacionalidades Cuatro de ellos murieron en el lugar de los hechos y dos más cuando recibían atención médica.

Los dos militares que dispararon fueron separados de sus funciones y al ser un hecho donde se vieron afectados civiles, se hizo del conocimiento de la FGR para que realice las diligencias legales La Sedena refrendó su compromiso de actuar con estricto apego al estado de derecho, bajo una política de cero impunidad. La dependencia está atenta a requerimientos por parte de las autoridades civiles para el esclarecimiento pleno de los hechos. (Juan Manuel Asai, La Crónica, Nacional, p. 13)

Arsenal

La imagen de México se deteriora. Recorre el mundo la noticia de los seis migrantes asesinados por militares en una carretera de Chiapas. Los fallecidos eran de Egipto, el Salvador y Perú.

 “El episodio llamó la atención sobre una preocupación creciente en México: Fuerzas Armadas cada vez más poderosas que operan con poca supervisión”, dice atinadamente The New York Times.

 El Comercio de Perú no escondió un tono de indignación:

 “A través de su representación diplomática en México, el gobierno de Perú exigirá a las autoridades de ese país una urgente investigación que esclarezca y determine las responsabilidades del condenable acto.

 También le dieron espacio, al sangriento hecho, France 24, El País de España, la CNN y Deutsche Welle…

 La presidenta Claudia Sheinbaum dijo que lo ocurrido es lamentable y tiene que ser investigado y sancionado. Los elementos de la Sedena que dispararon ya están puestos a disposicion de la FGR.

“No puede repetirse una situación así. Se están tomando medidas. Al general secretario le di instrucciones para que esto no ocurra así…”, dijo.

Charlamos sobre el tema con el senador del PAN, Ricardo Anaya. Nos dijo:

“No basta con que el gobierno nos diga ‘esto no va a pasar’.

 “Lamentablemente ha generado las condiciones para que vuelva a pasar. Si no cambian esas condiciones, hay un riesgo enorme de que vuelva a pasar.

 “Cuando tú expones a militares entrenados para la guerra y los pones a hacer labores de seguridad pública, vas a tener índices de letalidad que se te van a disparar”, pronosticó.

 Más adelante destacó que lo ocurrido es tragedia terrible para las familias.

 “Arruinaron la vida de la niña, de la señora, y de los cuatro varones. Pero también le arruinaron la vida a dos soldados que van a ser juzgados por homicidio y que no estaban entrenados para hacer ese tipo de labores”, puntualizó. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)

Migrantes muertos por militares

Sobre el segundo de los hechos que enfrenta CSP en sus primeras horas de gobierno, está la muerte de seis migrantes en Chiapas a manos de dos soldados que el Ejército confirmó ya fueron cesados de sus funciones y puestos a disposición de la FGR.

Los hechos ocurrieron la noche del martes pasado en un tramo de la carretera Villa Comaltitlán-Huixtla, cerca de Tapachula, Chiapas cuando una patrulla militar perseguía a una pickup que transitaba a exceso de velocidad y que, al detectar su presencia, buscó la manera de evadirse.

De acuerdo con el comunicado emitido por la Sedena, ya bajo el mando del general secretario Ricardo Trevilla, dos de los soldados dijeron haber escuchado detonaciones por lo que dispararon contra el vehículo en el que viajaban 33 migrantes egipcios, nepalíes, cubanos, hindúes, pakistaníes y árabes, de los cuales seis murieron y diez están heridos.

Este asunto toca el tema crucial de la estrategia de Seguridad. La militarización de la seguridad pública lleva eventualmente a que, por equivocación o dolo, se cometan probables excesos criticados por quienes, paradójicamente, son los mismos que repudian el “abrazos no balazos” de AMLO y exigen mano dura contra la delincuencia. (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Opinión, p. A22)

Cartones

El país de nunca Jabaz/¿Y LOS MIGRANTES, AMÁ?

WhatsApp Image 2024-10-04 at 4.32.17 AM

(Jabaz, Milenio, Al Frente, p. 3)