Opinión Migración 191024

Bajo Reserva

Garduño reaparece en reunión oficial

Luego de que este diario documentó que el Instituto Nacional de Migración pagó sus viajes para ir a firmar al juzgado en Ciudad Juárez, el comisionado Francisco Garduño reapareció ayer. Nos comentan que aunque en Palacio Nacional se anunció que en diciembre será sustituido por el gobernador saliente de Puebla, Sergio Salomón, don Francisco participó en la reunión de trabajo intersecretarial del Gobierno de México para atender la migración. Con los días contados en su encargo, con un proceso judicial abierto por su responsabilidad en el incendio de la estación migratoria en Juárez en 2023, que mató a 40 personas, la pregunta es si el aún funcionario rendirá cuentas antes de que llegue su remplazo o simplemente se irá a un retiro tranquilo. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)

Un lamento recorre Europa: ya nadie nos escucha

Lo ha verbalizado esta semana el ministro de Exteriores luxemburgués, Xavier Bettel, pero era un secreto a voces: “Ya nadie nos escucha”.

El también ex primer ministro del pequeño ducado europeo fue contundente tras una frustrante reunión de ministros de la Unión Europea (UE) en la que lograron acordar por los pelos una inocua e insignificante declaración para criticar, muy levemente, los ataques del ejército israelí contra los cascos azules de la ONU en Líbano.

Ni una violación tan flagrante del derecho internacional genera consenso. Merece la pena rescatar las frases de un Bettel que supo captar la esencia del momento.

“En la UE somos 500 millones, pero en la escena internacional no somos más que confeti”, lamentó. “Entre Estados Unidos, China y Asia, ya casi nadie nos escucha”, añadió. “Muchos de nuestros conciudadanos tienen preguntas y nosotros no tenemos respuestas”, concluyó. ¿Cómo se ha convertido Europa en un chiste en la arena internacional? Esta misma semana encontramos algunas respuestas. Para muestra, tres botones.

Para empezar, la ausencia total de una política común, coherente y legible ante el genocidio que Israel está perpetrando en Gaza y la extensión de sus ataques a Líbano. Por no ponerse de acuerdo, no se han puesto de acuerdo ni la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ni el hasta ahora vicepresidente y responsable de la Acción Exterior, Josep Borrell, que ha puesto cierto contrapunto –insuficiente, a todas luces– a la adhesión inquebrantable de Von der Leyen a cualquier cosa que provenga de Tel Aviv. Ay, los complejos alemanes. Segundo botón: Ucrania.

Las ayudas prometidas a Ucrania no se acaban de cumplir y el escenario parece acercarse a un bloqueo del que sólo se podría salir mediante la negociación. No parece realista pensar que nadie pueda ganar esa guerra de forma absoluta. No es, en realidad, una mala noticia.

Es posible que para Europa sea la mejor posible, pero en vez de levantar esa bandera, opta por un silencio incómodo que no hace sino revelar la tutela exterior de la UE: ocurrirá una cosa u otra en función del resultado de las elecciones estadunidenses. Así de crudo.

Nadie va a mover un dedo hasta que se aclare quién ocupará el despacho oval. La irrisoria posición europea, especialmente la alemana, ha vuelto a quedar de manifiesto en el segundo aniversario del mayor acto de sabotaje realizado en las últimas décadas.

Hablamos de la destrucción de los gasoductos Nord Stream, que drenaban gas ruso a la locomotora alemana a través del mar Báltico. Es el crimen que nadie parece querer investigar, lo cual ya resulta elocuente.

Sin ser concluyentes, las pocas investigaciones periodísticas realizadas y las informaciones filtradas, lejos de apuntar a Moscú, señalan a Kiev, Varsovia e incluso Washington, principal beneficiaria de la destrucción de los gasoductos. Pero nadie en Europa parece querer pedir explicaciones, por si acaso.

Tercer botón. Si no intentan salvar parte de su pretendida inspiración humanista en Oriente Medio ni buscan una paz justa en Ucrania, ¿a qué se dedican los responsables de Exteriores de la UE? A replegarse sobre sí misma, a encerrarse en sus laberintos y sellar sus fronteras ante lo que millones de europeos sienten estúpidamente como la mayor amenaza a sus vidas: la migración. Italia ha estrenado esta semana los centros de internamiento para migrantes en Albania.

En Bruselas los llaman pomposamente return hubs, pero es difícil no acordarse de una cárcel al ver las imágenes. A cambio de sacos llenos de euros, Italia externaliza así sus fronteras y expulsa por la vía rápida a los migrantes en situación administrativa irregular.

El primer desembarco ha sido un rotundo fracaso, porque un juez decretó ayer que debían ser devueltos a Italia, al considerar que sus países de origen, Egipto y Bangladesh, no podían considerarse seguros en plenitud. Pero pese al contratiempo, la primera ministra ultraderechista de Italia, Georgia Meloni, ya ha triunfado.

Los centros de internamiento de migrantes en terceros países, rechazados por ilegales en 2018 por la propia Comisión Europea, son ahora la iniciativa de moda en Bruselas, abrazada sin demasiado disimulo por la propia Von der Leyen, que en su día se opuso.

Pero no sólo es Italia. Es también Polonia, a la que el resto de socios europeos ha permitido esta semana suspender el derecho al asilo, y son también los 15 países de la UE –más de la mitad– que ya en mayo pidieron seguir la estela del proyecto italiano, entonces todavía contestado.

Muchos de ellos son además países bálticos y del Este de Europa con cifras irrisorias de población extranjera. De hecho, no es que no reciban apenas a gente, es que pierden población local, en un declive demográfico en algunos casos impactante.

El naufragio es cósmico, porque en países de emigrantes, miles de personas sienten que su mayor problema son los inmigrantes. Es cierto, como señala Bettel, que Europa no tiene respuestas, pero eso sería perdonable si al menos se acertara en las preguntas. (Beñat Zaldua, La Jornada, Opinión, p.12)

Kamala o Trump, ¿a quién apoyarán los hispanos?

Estamos a menos de tres semanas de que se realicen las elecciones en la Unión Americana y, aunque pareciera que Kamala Harris y Donald Trump son perfiles muy opuestos en materia migratoria, la verdad es que ni una ni otro han generado que los millones de migrantes que radican en su país tengan, al menos, la esperanza de un cambio a su favor. ¿Será que ni Kamala ni Trump están preparados ni dispuestos a atender la problemática migrante?

Analicemos a ambos candidatos. Recientemente Kamala Harris participó en un foro abierto en Univisión y comentó que “hay personas reales que están sufriendo por la incapacidad de poner soluciones por delante de la política”. Tal afirmación la realizó al referirse al sistema de inmigración de Estados Unidos, al cual remató diciendo que está totalmente “roto” y que ha provocado el sufrimiento de los millones de migrantes indocumentados que radican en la Unión Americana.

Estas declaraciones ponen entredicho a las acciones del gobierno estadounidense en materia migratoria, incluyendo las decisiones de su aún jefe, el presidente Joe Biden. ¿Será que Kamala continuará con la política migratoria actual o se desmarcará para crear un nuevo comienzo? En este sentido, en una entrevista a Fox News, la candidata demócrata aseguró que ella no será una continuación de Biden, porque, según sus propias palabras, “representa una nueva generación de liderazgo”.

Por su parte, para Donald Trump es imposible ocultar su sentimiento antiinmigrante, el cual le ayudó, incluso, a ganar las elecciones presidenciales en el 2016. Si bien este discurso que atenta contra la dignidad de los migrantes ha sido parte de su popularidad, también le ha generado a Trump duros cuestionamientos que pueden marcar tendencia en la intención de voto de los latinos. En otro foro organizado por Univisión, un agricultor hispano le comentó: “Durante muchos años, he trabajado con estas manos encorvadas recogiendo fresas y cortando brócoli. Este duro trabajo lo hacen principalmente personas indocumentadas. Si deportas a estas personas, ¿quién haría este trabajo y qué precio se pagaría por la comida?”. La respuesta de Trump fue, simplemente, verlo a los ojos en silencio.

Tanto Harris como Trump tienen ante sí una crisis migratoria que deben focalizar como un grave problema qué urge resolver y no sólo integrarla como parte de su narrativa electoral. Pero ¿qué tan importante les es el tema migratorio a los votantes latinos y cuál es el impacto real del voto latino en esta contienda por la Casa Blanca? De entrada, y como lo he venido comentando en artículos pasados, para este 2024 los 36 millones de latinos con derecho a votar pueden ser clave para la victoria o la derrota en las urnas este próximo 5 de noviembre.

Ahora bien, si tomamos como referencia la tendencia histórica, el voto latino ha favorecido a los demócratas, pero si revisamos los porcentajes en las últimas dos elecciones, podemos ver que la situación está cambiando. Por ejemplo, 68 por ciento de los latinos votaron por los demócratas y 28 por ciento por los republicanos en 2016; cuatro años después, en el 2020, la distancia se acortó, cuando el voto de los hispanos por los demócratas disminuyó a 62 por ciento, mientras que el apoyo a los republicanos subió a 36 por ciento.

Harris y Trump son dos personajes de una película electoral en la que se sigue tachando a los migrantes, injustamente, como los malos. Las campañas están por concluir y la duda es ¿a quién apoyarán los latinos y será su voto el decisivo para uno de los candidatos? (Juan Hernandez, El Sol de México, Análisis, p.12)

Latinos a las urnas estadunidenses

De los 244 millones de electores americanos, casi 36 millones son de origen o ascendencia latina y estarán emitiendo su voto en la próxima elección presidencial de Estados Unidos, ya sea a favor de Kamala Harris o Donald Trump.

Es indudable que ese 15% de votos sea tan codiciado por ambos candidatos, saben que el respaldo de los hispanos podrá hacer la diferencia en estados claves que buscan conquistar, y, aunque el voto latino ha respaldado a los demócratas en las pasadas elecciones, aún no está definido hacía dónde se orientará el apoyo masivo en este 5 de noviembre.

En los eventos de campaña, nunca falta la retórica impulsiva y xenófoba del candidato republicano con respecto a los migrantes; mientras que, Kamala Harris siempre ha sido más moderada y congruente con sus raíces migrantes. Por eso, resultó interesante verlos en un ambiente totalmente hispano en el foro Los latinos preguntan, los candidatos responden, que organizó Televisa Univision.

El espacio sirvió para hablarle de frente a millones de espectadores latinos y contrastar las dos visiones de gobierno con respecto a los temas de interés de la comunidad, pero también para corroborar que, en época de elecciones, todo se vale, hasta morderte la lengua y lograr una transformación draconiana como lo hizo Trump.

En su turno, se vio a una Kamala Harris en una actitud respetuosa, comprensiva y solidaria, por momentos, muy conmovida por las historias de los latinos que se presentaron, y a quienes aseguró que no le eran ajenas por su propio pasado familiar y sus experiencias profesionales.

La palabra que más repitió fue “dignidad”, una palabra bien pensada para describir lo que seguramente miles de hispanos anhelan recuperar tras sufrir por años vejaciones y discriminación en un país en el que muchas veces viven en la sombra.

Kamala aprovechó bien el encuentro para endulzarle los oídos a los hispanos y decirles lo que querían escuchar sobre sus principales temores: migración y seguridad fronteriza, acceso a la salud, vivienda, trabajo y economía, inflación e incremento del costo de vida.

Ratificó su compromiso de presentar de nuevo el proyecto de Ley de Seguridad Fronteriza, combatir al crimen organizado trasnacional y detener el flujo de fentanilo, mantener la independencia del departamento de justicia e impulsar la Ley de Salud a Bajo Precio y respetar la constitución y la democracia.

Reiteró, una vez más, que será la aliada natural de las mujeres en la Casa Blanca y favorable al tema del aborto, porque “hay ciertas decisiones, especialmente en el corazón y en la casa, que el gobierno no debería tomar por nosotros”.

Donald Trump quiso mostrarse un poco más conciliador con la comunidad que ataca reiteradamente, por eso sonaron poco creíbles y vacías sus palabras cuando destacó que mantiene una “gran relación” con los hispanos. Adularlos como “gente muy especial, brillantes y llenos de energía” fueron sus mejores adjetivos con los que intentó seducirlos, para luego burlarse de un mexicano, “vean eso, qué buena cabellera”, soltó muy a su estilo sarcástico.

En lugar de responder a los señalamientos que le hicieron sobre sus políticas controvertidas de deportación, reforma migratoria y cambio climático, prefirió echarse porras y soltar frases que son risibles y anecdóticas: “Soy lo mejor que les ha pasado a los agricultores”, “recibimos en nuestro país a puros excarcelarios y enfermos mentales”, “yo tuve la frontera más fuerte y la mejor economía en la historia del país”, “tuvimos un gobierno muy exitoso”, entre otras fanfarronerías.

Lo único rescatable de su presentación fue su idea obsesiva en la generación de “más empleos”, los cuales muy probablemente no estará pensando en darle a los latinos en primera instancia. No hubo propuestas, compromisos, no hubo más.

En mi percepción, Kamala Harris se reveló como presidenta y Trump como un candidato extraviado, bufón y mal perdedor. Pero tengo claro, que hoy, la demagogia y la polarización rinde frutos en cualquier parte del mundo y, en Estados Unidos no es la excepción. (Fernando Aguirre, Excélsior, Nacional, p.8)

El mundo ilusorio de Trump

Donald Trump está diciendo muchas cosas que no son ciertas. Y lo hace, sin duda, para tratar de ganar la Presidencia el próximo 5 de noviembre. Pero eso no cambia la realidad. Solo muestra a un expresidente y a un candidato desconectado del mundo.

Hay gente que tiene mucho poder y dinero y que crea un entorno a su imagen y semejanza. Nadie les dice que no porque están rodeados de personas que solo les dicen que sí. Todo el tiempo les aplauden y los alaban.

Donald Trump es de esos.

Aquí tengo varios ejemplos:

-“En Springfield se están comiendo a los perros”, dijo Trump el mes pasado, refiriéndose a los inmigrantes haitianos que viven en esa ciudad de Ohio. “La gente que ha llegado se está comiendo a los gatos. Se están comiendo a las mascotas de la gente que vive ahí”. Pero las autoridades locales han confirmado que eso es mentira.

-En Aurora, Colorado, hace unos días, Trump dijo que los inmigrantes estaban “infectando nuestro país”. Durante la pandemia de Covid, Trump utilizó el llamado Título 42 para evitar la entrada de inmigrantes por razones de salud. Y, si gana la elección, quiere utilizarlo de nuevo para justificar deportaciones masivas. “La gente que viene está muy enferma, muy enferma. Vienen a nuestro país muy enfermos, con enfermedades muy contagiosas”. Pero no hay ningún reporte médico que corrobore las denuncias de Trump.

-En Pittsburgh, recientemente, Trump dijo que “si ves a Venezuela, el crimen ha bajado 72 por ciento. Están sacando sus criminales de Caracas, a sus traficantes de drogas, están vaciando sus cárceles para enviarlos a nuestro país”. Esto es falso. Ni el gobierno de Venezuela, ni el de Estados Unidos, han reportado jamás sobre esto. También es falso lo que dijo en marzo de que en “todo el mundo están vaciando” sus cárceles para enviar a sus prisioneros a Estados Unidos. El gobierno del Congo, por mencionar un caso, asegura que no hay ninguna validez en dicha afirmación.

-Entre las grandes mentiras de Trump, la más persistente y peligrosa es la de que él ganó las elecciones del 2020. No es verdad. Perdió el conteo electoral y el voto popular; 74 millones de votos para él frente a 81 millones para Biden. Las democracias se mueren, primero, desde dentro.

¿Por qué miente tanto Trump y por qué ataca tanto a los inmigrantes? Porque le funciona. Así de sencillo. Su estrategia es crear miedo entre los votantes. Las últimas encuestas sugieren un empate técnico entre Kamala Harris y Trump pero con él subiendo en algunos estados clave.

Aun así, la realidad no cambia solo porque lo diga Trump.

Hay un cuento maravilloso y muy conocido de Hans Christian Andersen llamado “El traje nuevo del emperador”. Trata de un rey que camina desnudo en un desfile, creyendo que lleva puesto un elegante traje. Al principio, nadie se atreve a decirle que no lleva ropa, hasta que un niño le grita: “¡Pero si no lleva nada!”. Poco después, el pueblo entero grita lo mismo. Pero el emperador siguió caminando como si nada hubiera ocurrido. “Hay que seguir en la procesión hasta el final”, se dijo.

Este cuento fue escrito en 1837 pero se puede aplicar perfectamente a este 2024. Trump seguirá siendo Trump hasta el final. Pero no es cierto, como dice, que los inmigrantes haitianos se estén comiendo a los perros y gatos de Ohio. Ni que los inmigrantes estén infectando a los estadounidenses con peligrosas enfermedades. Ni que cometan más crímenes que los ciudadanos de ese país. Ni que se estén vaciando las cárceles del mundo para que sus prisioneros viajen a Estados Unidos. Ni que Trump ganó la elección del 2020. Pero millones de republicanos no se atreven a decírselo a Trump.

Por eso nos toca a los periodistas ser el niño del desfile que le dice al rey que va desnudo.

En este caso, nos toca apuntar y corregir todas las mentiras que Trump ha dicho -y que sigue diciendo- sobre los inmigrantes, sobre la insurrección del 6 de enero del 2021 y sobre todos los esfuerzos ilegítimos por negar los resultados de las elecciones del 2020.

No se trata de tomar partido con los demócratas o los republicanos. Se trata, sencillamente, de tomar partido con la verdad. Y no quedarse callados. Eso es lo que hacen los verdaderos periodistas. Ya lo que decidan los votantes el martes 5 de noviembre es otra cosa. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 8)