Nos cuentan que se instaló la Comisión de Asuntos Migratorios del Senado, en la cual legisladores de todos los partidos hablaron de un mejor trato a los ciudadanos extranjeros que cruzan por nuestro país. Sin embargo, nos dicen, se les olvidó el tema del todavía titular de Migración, Francisco Garduño, a quien de plano no quisieron importunar con un reclamo, un señalamiento o un citatorio a comparecer. El presidente de la comisión es el líder casi único del Partido del Trabajo, Alberto Anaya, quien optó por ni siquiera tocar la cuestionada política migratoria a cargo del indiciado Garduño en el caso de las 40 personas muertas en el incendio de la estación de Ciudad Juárez, en 2023. (Bajo Reserva, El Universal, Nacional, p. 2)
Los hispano-latinos cada vez más son estadunidenses, en el sentido de que las preferencias electorales se acercan entre votar por demócratas o republicanos.
En las elecciones de 2016 (H. Clinton vs. Donald Trump) los latinos votaron en 68 por ciento por los demócratas. Un punto más que con Obama, que obtuvo 67 por ciento.
Pero en 2020 (Biden vs. Trump), la preferencia del voto latino por los demócratas bajó cinco puntos, a 62 por ciento. Finalmente, en la actualidad, las estimaciones señalan, que los demócratas perderán siete puntos del electorado latino que queda, por el momento, en 56 por ciento vs. 37 por ciento, que prefiere a los republicanos.
Es una manera de ver las cifras, pero hay que considerar al voto independiente e indeciso, y en este caso la perspectiva cambia un poco. En 2016 los republicanos recibieron un apoyo de tan sólo 28 por ciento del voto latino; luego en 2020 subió a 36 por ciento y, finalmente, en la actualidad 37 por ciento apoyaría a los republicanos y, por tanto, a Donald Trump. La diferencia es tan sólo de 19 puntos, mientras que hace ocho años, en 2016, era de 39. Es una diferencia muy significativa. Ya no hay un preferencia clara y marcada de los latinos por el Partido Demócrata.
El problema no es, propiamente, entre republicanos y demócratas, que más o menos son lo mismo, en lo que concierne a México, y además suelen tener alternancia. El problema es que muchos latinos prefieran a Trump, que ha dicho muchas barbaridades en contra de los mexicanos y de los migrantes en general, que en su inmensa mayoría son latinoamericanos y caribeños.
Son conocidas las preferencias electorales de los cubanos y venezolanos por los republicanos y de los mexicanos y puertorriqueños por los demócratas, pero en términos generales la tendencia de los últimos años se dirige hacia una pérdida de la preferencia hispano-latina por los demócratas.
Un análisis más detallado plantea importantes diferencias en cuanto a género. Las mujeres prefieren a Kamala Harris en 62 por ciento y tan sólo 31 por ciento votaría por Trump. El doble de las mujeres latinas sufragaría por una mujer, por Kamala, lo que resulta muy significativo, y sólo una tercera parte lo haría por Trump.
Por el contrario, hay mayor cercanía entre las preferencias electorales de los hombres latinos, 48 por ciento de hombres votaría por Harris y 45 por ciento por Trump, una diferencia reducida de tres puntos, lo que sitúa la preferencia electoral en un empate técnico. La persistencia del machismo latino podría ser una explicación, pero hay un componente adicional, en este caso, el racismo. Kamala Harris, no sólo es mujer, es negra.
Varios estudios confirman que las mujeres latinas tienen menos prejuicios raciales y que, en la práctica, hay muchos más matrimonios interraciales entre las mujeres que entre los hombres.
El comportamiento de las preferencias electorales por edad entre los latinos es desconcertante.
Los mayores de 45 años prefieren a Harris en 60 por ciento y a Trump en 33 por ciento, una diferencia de 27 puntos. Mientras que los jóvenes, menores de 45 años, en su mayoría de segunda generación, 52 por ciento, prefieren a Harris y 42 por ciento a Donald Trump, con una diferencia de tan sólo 10 puntos. Aquello de que a mayor edad mayor conservadurismo no se aplica en este caso, teniendo en cuenta que uno de los temas álgidos de la contienda electoral es el aborto.
Finalmente, las cifras sobre escolaridad reflejan cierta sensatez, 62 por ciento de los que tienen estudios universitarios votaría por Kamala Harris, mientras que 35 por ciento por Donald Trump.
En el caso de los que no tienen estudios superiores, 54 por ciento votaría por Harris y 38 por ciento por Trump. Lo raro es que sea normal que los menos educados prefieran votar por el candidato demócrata.
Más allá de las diferencias o similitudes entre demócratas y republicanos, estas elecciones van más allá de la lealtad o afinidad partidaria. Se trata de un candidato, Donald Trump, que ya pasó por la Casa Blanca y que dejó un legado de caos, arbitrariedad, impunidad y una marcada preferencia y cercanía por el supremacismo blanco.
En una conferencia reciente, Donald Trump se distrajo con una mujer guapa de la audiencia y dijo señalándola: ella sería asesinada por los migrantes si Kamala Harris logra llegar a la presidencia. Son asesinos, asesinos diabólicos. Si los migrantes la miran, una mujer tan bonita, la matarían. Son asesinos.
Más allá de toda leyenda urbana donde se acusa, casi siempre, al extranjero del asesinato de una mujer o un niño, los niveles de histeria e insensatez del ex presidente Donald Trump en esta campaña han llegado a extremos inimaginables. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 12)
El presidente Joe Biden confronta varios quiebres geopolíticos en diversas regiones del mundo. Cada tema alude a una o varias regiones, o cada región es en sí misma un gran tema. En Gaza y en Ucrania, por lo pronto, se juega el pellejo político, debido a las guerras y hasta el momento ha intentado, con éxito relativo, contener a Benjamin Netanyahu y a Vladimir Putin.
Ambos conflictos le han pasado la factura a Biden a nivel de la política interna en un momento en que el presidente tiene a Kamala Harris jugándose la Presidencia frente a Donald Trump. Las protestas internas, esencialmente de estudiantes graduados en más de 30 universidades en la Unión Americana y de sectores de población musulmana y afroestadunidense, representan la mayor muestra de inconformidad registrada durante su Presidencia.
Si la alternativa de condicionar su apoyo a Israel en su ofensiva en Gaza y el Líbano no le resulta y Netanyahu se sale con la suya al atacar a Hamás y Hezbolá y de pasada seguir exterminando a la población palestina de la franja, Biden puede terminar mal su mandato en lo que al tema se refiere. Más aún, podría perder en forma importante el voto en estados bisagra que son claves en la elección como Pensilvania, Arizona, Nevada, Georgia, Michigan, Wisconsin y Carolina del Norte.
El tema migratorio que es un hecho como tema de la campaña presidencial, es también un tema crítico y candente para Biden y Harris. Si no hay acuerdo con México en contener los flujos migratorios que provienen del sur del continente y de otras regiones del mundo, la fractura geopolítica será de proporciones enormes. Y el impacto de esta fractura en la dimensión doméstica de la política podría ser catastrófica para el presidente. Sea como sea, la migración hacia Estados Unidos desde México es y será una asignatura pendiente en los próximos años. Y con toda seguridad, si gana Trump las elecciones de noviembre 5, será un tema para el cual México debe de estar bien preparado desde ahora mismo, porque Trump viene con un ímpetu muy venenoso al respecto.
Por su parte, la ruptura democrática que representan los triunfos de la ultraderecha nacional populista, y en particular la posible presidencia de Trump por los próximos cuatro años, es un reto para la estabilidad democrática y la sobrevivencia de las instituciones republicanas en aquellos países y regiones en donde esta forma de extremismo político prevalece. En estos momentos, Estados Unidos es la principal preocupación toda vez que, si gana Trump, tendremos de nuevo un retroceso democrático y un ataque a las instituciones democráticas de proporciones inconmensurables.
Por otro lado, la violencia del crimen organizado en la relación bilateral amenaza con salirse de las manos (si no es que ya se salió) y atentar contra la seguridad nacional de Estados Unidos y México (algo en lo que Washington ha puesto mucho énfasis) poniendo en riesgo la agenda de seguridad de ambas naciones. Tal desenlace representa un quiebre histórico en el ámbito de la relación entre ambos países. Y también un fracaso de la cooperación bilateral en esta materia, que muy probablemente radicalizará a las agencias de seguridad estadunidense en contra de la fallida política de seguridad del gobierno de México, la cual deberá ser modificada por otra con más fuelle punitivo que detenga el avance de las organizaciones criminales en todo el territorio nacional.
Los recientes acontecimientos en Guerrero, Sinaloa, Jalisco y Tamaulipas, en donde han perdido la vida varias personas, incluidos menores, es una llamada de atención a la jefa de Estado para que modifique la fallida política frente al crimen organizado que le heredó su padrino político.
Lo único que le heredó fue un conflicto que debe de resolverse, entre otras cosas, con una estrategia de recuperación de espacios territoriales, que hoy en día están en manos del crimen organizado y tienen al Estado mexicano a su merced y a punto de convertirlo en un Estado fallido. Estos son los pendientes que le deja Biden a su sucesor/a y es de temerse que si la Presidencia queda en manos de Trump, estos problemas, más que resolverse, se van a exacerbar y profundizar a extremos muy peligrosos. (José Luis Valdés Ugalde, Excélsior, Nacional, p. 9)

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 8)