Opinión Migración 231024

Razones / Sacerdotes asesinados, demasiado silencio

El asesinato del sacerdote Marcelo Pérez en San Cristóbal de las Casas debe ser un punto de inflexión en el escenario de inseguridad e ingobernabilidad en Chiapas. Ayer, de acuerdo con las autoridades locales, fue detenido el asesino material, pero creer que el asesinato del reconocido sacerdote, defensor de los derechos indígenas y uno de los más insistentes en reclamar la intervención estatal para controlar la violencia que sufren esas comunidades, fue un crimen aislado sería absurdo.

En Chiapas se necesita una intervención federal de, por lo menos, el mismo calado de la que hubo en 1994 y los años posteriores, cuando prácticamente fue intervenido el Estado, se establecieron desde la federación políticas públicas y de seguridad muy específicas, acompañadas por un trabajo político serio que permitió, incluso, la convivencia con el EZLN durante muchos años, manteniendo índices de seguridad relativamente estables.

Todo eso se perdió hace seis años con la llegada al gobierno de Rutilio Escandón, un hombre que no estaba preparado para gobernar, que abandonó las políticas de seguridad, dejó a su suerte a las comunidades, sobre todo indígenas, y puso en manos del crimen organizado amplias zonas del estado y de la frontera sur. Además, lo hizo permitiendo la corrupción de sus áreas y funcionarios de seguridad, que negociaron simultáneamente con distintos cárteles, generando crecientes y constantes enfrentamientos entre ellos.

En Chiapas, más allá de que en diciembre asuma el gobierno Eduardo Ramírez, un hombre mucho más preparado para ello que Rutilio Escandón, debe haber una intervención federal como la de 1994-95 porque, como entonces, lo que está en juego no es la seguridad pública, sino la seguridad nacional.

Pero todo esto debe ser también un punto de inflexión para la iglesia católica y su posición respecto a la violencia y la inseguridad. La iglesia católica tiene una actitud poco clara respecto al crimen organizado. Mientras muchos sacerdotes son víctimas del mismo, otros apuestan a tener diálogo, incluso acuerdos con grupos criminales. No hace falta ir muchos años atrás, con casos como la relación de los Arellano Félix con los hombres de la iglesia, a pesar de haber sido responsables del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, cuando supuestamente lo confundieron con El Chapo Guzmán, y que acabó, incluso, en una reunión en la sede del Episcopado de los hermanos Arellano con el nuncio Girolamo Prigione.

En la actualidad hemos visto cómo, en otra zona de terrible violencia como es Chilpancingo-Chilapa, en Guerrero, el anterior obispo, Salvador Rangel (el mismo que el año pasado fue secuestrado y encontrado en un motel en Morelos), insistía públicamente en la relación que mantenía con los jefes del Cártel de Los Ardillos, hegemónicos en la región, un diálogo que su sucesor, José de Jesús González Hernández, continuó. Los Ardillos son uno de los grupos criminales más violentos del estado y tienen sometida a la población, enfrentados a su vez con otras organizaciones criminales.

La muerte de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales El Gallo y Joaquín César Mora Salazar El Morita, asesinados durante un ataque armado en una iglesia en el municipio de Urique, en Chihuahua, en 2022, debió haber sido, como ahora con la de Marcelo Pérez, un punto de inflexión determinante en la posición de la Iglesia ante la violencia.

Porque, además, poco antes había sido asesinado otro sacerdote el padre José Guadalupe Rivas, muerto el 15 de mayo de 2022, en un rancho cercano a Tecate, Baja California. Era, como los asesinados en Urique y como Marcelo Pérez, un activista social. Al frente de la Casa del Migrante de Nuestra Señora de Guadalupe, en Tecate, brindaba hospedaje y alimentación a migrantes que intentan cruzar hacia Estados Unidos.

Los cuatro eran sacerdotes muy comprometidos con sus comunidades, explotadas continuamente por grupos criminales que tienen amplia hegemonía en esas regiones. La iglesia debe tener una posición mucho más firme en defensa de los derechos humanos, sobre la seguridad de sus sacerdotes y de todos. Su influencia debería ser determinante para cambiar el curso de las cosas, más aún cuando el papa Francisco tiene una posición tan clara respecto al narcotráfico y la violencia.

 

LA TRIPLE CRISIS

Existe en Sinaloa un triple conflicto institucional: por una parte, la Fiscalía General de la República sostiene que Héctor Melesio Cuén fue asesinado en la misma finca donde supuestamente secuestraron al El Mayo Zambada y que en ese lugar encontraron sangre de Cuén. Un juez federal dice que no se han librado órdenes de aprehensión porque los estudios hemáticos no confirman que esa sangre sea del asesinado exrector de la UAS y diputado federal electo, al tiempo que la Fiscalía del estado está investigada y cuestionada porque exhibió un video que resultó un montaje y que quería demostrar que Cuén había sido asesinado en una gasolinera en un intento de robo.

Lo cierto es que las autoridades todavía a ciencia cierta no saben qué pasó ese 25 de julio, incluso no saben si El Mayo fue secuestrado o no por Joaquín Guzmán, o si hubo o no participación externa en los hechos. No deja de asombrar que ante ello no exista también en Sinaloa, más allá del envío de guardias nacionales y soldados, una intervención mucho más profunda de la Federación en un estado donde obviamente el grado de penetración criminal no admite más que una cirugía mayor. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 12)

A la sombra…

Aunque todo indicaba que lo dejarían morir para promocionar el AIFA de López Obrador, dicen los que saben que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) se encuentra obligado a llevar a cabo una ambiciosa remodelación de sus instalaciones, desembolsando tres mil millones de pesos este año, como preparación indispensable para la afluencia masiva de aficionados que arribarán al país con motivo del Mundial de futbol 2026. La magnitud del evento requiere mejoras urgentes en infraestructura y servicios para cumplir con los estándares internacionales y garantizar una experiencia moderna y eficiente a los visitantes.

La remodelación abarcará áreas clave como bandas de equipaje, salas de espera, zonas de migración, baños, estacionamientos, así como la renovación de sistemas operativos y de videovigilancia. Este proyecto no es opcional: se trata de una medida imperativa para que la Ciudad de México, bajo el mando de Clara Brugada, pueda estar a la altura de las exigencias del torneo global, cuyo impacto en la imagen y economía del país dependerá en gran medida del éxito en la modernización de su principal puerta de entrada aérea. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)

Dinero negro y el negocio inmobiliario en EU

En marzo, las autoridades de Estados Unidos incautaron un departamento lujoso en Manhattan propiedad de la hija de Denis Sassou-Nguesso, ex presidente de la República del Congo, en África central.

La demanda judicial señala que el origen de los fondos para comprar esa propiedad de 7 millones de dólares, con vista al Central Park, resulta de una “apropiación indebida, robo o malversación” del tesoro de Congo. La investigación describe las capas de empresas fantasmas por las cuales se blanqueó el dinero robado.

La prensa se fijó sobre todo en el famoso nombre del edificio donde se encuentra esta propiedad: Trump International Hotel and Tower. Sin embargo, pasaron por alto lo más importante. Algo que está filtrándose en el debate electoral. El rincón más oscuro del mercado inmobiliario estadunidense es el flujo masivo de dinero en negro que llega de todo el mundo para comprar residencias de prestigio en grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Miami. Parte de este dinero proviene de África, que perdió más de 600 mil millones de dólares por la fuga ilícita de capitales desde principios de siglo.

Esta es una mecánica globalizada con capítulos similares de fuga capitales, evasión y elusión fiscal en América Latina.

En 2015, pesquisa del New York Times arrojó luz sobre los volúmenes en juego.

Según los registros de ventas de viviendas de lujo en Manhattan, 54 por ciento de las adquisiciones se realizaban por empresas fantasmas anónimas. Los periodistas descubrieron un patrón similar en otras ciudades. Uniendo puntos con los datos sobre el valor total de las propiedades residenciales en Manhattan y la proporción de unidades de lujo, podemos concluir que la riqueza oculta invertida en estos inmuebles supera 100 mil millones de dólares.

Muchas de estas propiedades están vacías. Las compran no como lugares para vivir, sino para acaparar riqueza mal habida. El departamento de Sassou-Nguesso en la Torre Trump está deshabitado desde que lo compró en 2014.

No sólo los ciudadanos comunes de África sufren las consecuencias de los flujos financieros ilícitos que despojan al continente de los fondos que necesita desesperadamente para su desarrollo. También padecen sus consecuencias los estadunidenses. Cuando los fondos saqueados entran en los mercados inmobiliarios urbanos, hacen subir los precios de forma generalizada. La compra de viviendas de lujo provoca un efecto cascada. Mientras los compradores potenciales se quedan fuera del nivel superior del mercado, suben los precios en el nivel inmediatamente inferior. Los compradores que no acceden a ese nivel, suben los precios en el siguiente, y así sucesivamente. Las personas con ingresos bajos, que se encuentran en el nivel inferior del mercado, se ven totalmente excluidas y terminan viviendo lejos del centro de la ciudad, con largos y costosos desplazamientos para llegar a su trabajo.

El flujo de dinero en negro hacia EU es una de las razones de la crisis de accesibilidad a la vivienda en ese país. Pero no sólo allí. A principios de octubre una gran protesta ciudadana en Madrid, España, obligó a poner el problema en la agenda de las urgencias políticas.

Los candidatos presidenciales de EU toman nota de este reclamo. Donald Trump dijo que reducirá la demanda de vivienda prohibiendo las hipotecas para inmigrantes ilegales y deportándolos. Kamala Harris promete aumentar la oferta construyendo 3 millones de viviendas. Ambos ignoran el hecho de que la cantidad de viviendas en ese país aumentó más rápidamente que el número de hogares desde principios de los 2000. El problema no es tanto la disponibilidad de viviendas como su accesibilidad para el ciudadano común.

La demanda inmobiliaria no se limita al número de personas que necesitan una vivienda. Se trata de la cantidad de dinero que ingresa al mercado. La gente sin dinero no hace subir los precios. Muchos nuevos inmigrantes se mudan con sus parientes. Además, buen número de ellos trabajan en el sector de la construcción precisamente. El verdadero problema no es la afluencia de personas del extranjero, sino la afluencia de dinero en efectivo. Las restricciones a la inmigración intentan cerrar la frontera equivocada.

Apenas un mes después de los atentados del 11-S en 2001, el Congreso aprobó el Título III de la Patriot Act para combatir el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo. Obligaba a los bancos a informar de las transferencias de dinero sospechosas procedentes del extranjero.

Pero los grupos de presión del sector inmobiliario convencieron al Departamento del Tesoro para que les concediera una exención “temporal” de la obligación de informar sobre transacciones dudosas. La laguna sigue existiendo, creando lo que se ha denominado “una extraordinaria oportunidad de crecimiento para el sector inmobiliario de prestigio (high standing)”, y dejando a EU como el único país del G-7 que no exige a los profesionales inmobiliarios el cumplimiento de las leyes contra el blanqueo de capitales.

En agosto, el Departamento del Tesoro impuso por fin requisitos de información para las transacciones inmobiliarias. Las nuevas normas, que entrarán en vigor en diciembre de 2025, fueron aclamadas por los defensores de la transparencia como “un importante punto de inflexión en la lucha contra el dinero negro”. Pero la experiencia pasada exige que seamos cautos. La Financial Crimes Enforcement Network (FinCEN), la agencia del Tesoro encargada de aplicar estas normas, sigue infradotada de fondos y personal. Un estudio de la Brookings Institution examinó el impacto de un programa piloto lanzado en 2016 para supervisar las transacciones inmobiliarias y concluyó que no pudo iden tificar efectos discernibles. Y como dijo supuestamente Abraham Lincoln: “Las leyes sin capacidad de ser aplicadas son sólo un buen consejo”.

La frontera entre la economía estadunidense y el capital extranjero es menos tangible que las líneas físicas que delimitan el territorio, pero no por ello menos significativa. El Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras cuenta con más de 60 mil empleados. La FinCEN del Departamento del Tesoro tiene sólo 300.

Para abordar la crisis inmobiliaria del país, habría que preocuparse menos por los trabajadores indocumentados y más por el dinero indocumentado. (James K. Boyce y Léonce Ndikumana, La Jornada, Opinión, p. 18)

Miedos, grosería y guerra

No hace falta ser muy observador. Tampoco convivir largo tiempo con el pueblo estadunidense. Ni recurrir a estudios profundos de la conducta ciudadana y del poder establecido para notar ciertas anomalías continuas. Tan sólo es necesario aguzar un tanto la curiosidad para apresar lo que flota en el ambiente público de la nación vecina del norte. Amenazas, peligros y terrores, conflictos y hasta guerras van y vienen constantemente azuzadas por los medios. Propiciados desde varios orígenes y con frecuencia desde el mismo poder. La materia de origen o los causantes de tales miedos varían, aunque unos que otros, permanecen o se alternan con regularidad. Todo lo que rodea o sea imaginable como peligro para la propiedad individual y social es estigmatizada de inmediato. Así se erigió el enemigo mayor que pudieron construir tras largos periodos de luchas y temores: el comunismo o los comunistas.

La destructiva y agresiva política que definió y usó la lucha contra el terrorismo se forjó de esta manera.

Aunque, de manera relativamente reciente, este envolvente, ya histórico y provocador, ha sido remplazado por el migrante y, con precisión, por el migrante “ilegal”. La desembocadura de ello bien puede ser un muro fronterizo o conjunto de políticas a cual más agresivo. Hay otros muchos motivos (terroristas, traficantes, China, por ejemplo) que se van sucediendo en la cotidianidad de los días o semanas.

Esas ocasiones, propiciadoras de temores, generan, con las frecuentes o sucesivas repeticiones, un mundo espectral que flota en el ánimo colectivo de manera constante.

Todos con energía suficiente para inducir acciones. Y seguidamente se transforman en sujeto a neutralizar o, incluso, destruir.

El medio que mejor puede llevar a cabo la tarea, protectora de todos, es el ejército. La policía, agrupada en agencias, puede, eventualmente, reunir los requisitos indispensables para tal tarea. En los últimos tiempos esas mismas agencias que deben velar por la tranquilidad y castigar al infractor se han convertido en entes capaces de abarcadoras conspiraciones, capaces de infundir pánicos ciertos. Hay actores políticos que, en sus afanes de sobresalir y ganar audiencias, se tornan hábiles auspiciadores de temores.

Las campañas electorales son momentos inigualables para hacer aparecer cualquiera de los ya bien cimentados miedos. Sean éstos un país, una organización o hasta un individuo elevado a la categoría de terrorista. Las oleadas de migrantes, sin permisos previos, o con ellos, pero numerosos, capaces de lidiar con cualquier barrera, se convierten en perentorios invasores, peligrosos para la paz y tranquilidad. El magnate Donald Trump ha estado llevando a cabo una inigualable tarea de zapa al respecto.

Lo hizo en el pasado cuando esta misión le acercó la misma presidencia de la república. Estos alebrestados días le permiten repetir con eficacia el mismo rol que lo hizo famoso y hasta necesario para buena parte del electorado. Agitar miedos y presentarse como el enérgico curandero de almas en pena por excelencia es una escenificación que le sale con pasión teatral inigualable.

Para llevarla al culmen de su estelaridad no duda en mentir flagrantemente y procrear escenas extremas de terror: migrantes negros comiéndose indefensas mascotas, por ejemplo. La demagogia electorera desplegada, una otra vez por Trump, lleva consigo contradicciones y falsedades que, sin embargo, no le causan daño notable entre sus simpatizantes. Pero, a nivel externo, le acarrean rechazos que llegan al desprecio por su persona y por su eventual gobierno.

Las factibles consecuencias de esos irresponsables desplantes, lo convierten en un personaje indeseable y dañino para la imagen de la nación a la que aspira representar.

Pero esa será una cuestión adicional con la que habrá de lidiar en caso de que, como parece, pueda encaramarse en ese ambicionado y estelar puesto.

Para su rival demócrata, Kamala Harris, parece cuesta arriba adoptar el rol de protectora social ante peligros y temores acendrados. La feminidad es una característica que poco aporta contra esos extremos casos. Sí lo puede hacer, en cambio, para los matices y las calidades en las conductas de variada índole que no impliquen armas o penas. Sin embargo y muy a pesar de haber entrado tarde a la contienda, Harris ha logrado presentarse como una muy aceptable opción ante los votantes. No ha requerido apelar a tragedias inminentes para convertirse en aceptable opción. En el actual empate, que repetidamente se reporta califica, lleva aunque sea la pequeña ventaja por delante. Será, sin duda alguna, mucho mejor presidenta que su grosero rival. Ojalá y el vetusto y complicado proceso electivo estadunidense pueda esta vez funcionar para bien de la vida organizada de ese amedrentado país. No se menosprecia, sino se urge que, en adelante, el voto popular mayoritario sea, en efecto, el que dirima el triunfo.

Kamala Harris ha logrado presentarse como una muy aceptable opción ante los votantes de Estados Unidos. (Luis Linares Zapata, La Jornada, Opinión, p. 19)

Duda Razonable / Musk al rescate (‘gulp’)

Elon Musk ha venido al rescate de Donald Trump. Cuando las cosas estaban peor para el ex presidente, cuando Kamala Harris aparecía con leve ventaja, pero ventaja al fin en las encuestas de los estados clave en donde se decidirá la elección estadunidense en un par de semanas, apareció Musk.

Musk no solo ha puesto dinero y ha aparecido en mítines del candidato republicano. Trump ya ha anunciado que lo pondrá a cargo de una comisión de eficiencia gubernamental. O, como lo dijo Franklin Foer en The Atlantic: en la jerga trumpiana Musk será el “secretario de la reducción de costos”. SpaceX es el modelo implícito: Musk abogará por la privatización del gobierno, subcontratando los asuntos de Estado a empresarios ágiles y tecnólogos hábiles. Eso significa que habrá aún más oportunidades para que sus empresas obtengan contratos gigantescos. Y miren que ya los tiene.

Musk ha hecho algo más que podría tener como consecuencia un apretado triunfo de Trump: comenzó un programa en Pensilvania, estado clave, para pagar a jóvenes a ir casa por casa para invitar y ayudarlos a registrarse a votar a quienes podrían hacerlo por Trump. La ley no permite decir por quién votar, pero los jóvenes tienen claro adónde ir a invitar a quienes podrían quedarse en su casa.

El apoyo a Trump también incluye el rechazo a los migrantes: The Wall Street Journal descubrió que en 2022 donó más de 50 millones de dólares para anuncios de campaña de Citizens for Sanity, un grupo relacionado con el ex asesor de Trump, Stephen Miller, el hombre que ha hecho la estrategia antiinmigrante desde que el candidato estaba en la Casa Blanca, y su organización sin fines de lucro America First Legal.

Musk puede decir que odia al gobierno, pero según el medio Político, es actualmente uno de los mayores contratistas del Pentágono. Dos de sus compañías, Tesla y SpaceX, han recibido más de 15 mil millones de dólares en contratos federales hasta el año pasado.

Y por supuesto que ahí está X o Twitter, como le llamamos la mayoría de sus usuarios, y su influencia en lo que pueda suceder en noviembre, porque lo que suceda en la red social después de la elección, en caso de que Trump pierda y no lo acepte, puede ser el detonante de una situación peor que aquella del Capitolio.

En fin, la megalomanía ayudándose una a otra. (Carlos Puig, Milenio, AL Frente, p. 2)

Carta desde Washington / Los votos cruciales

A 13 días de que los estadounidenses acudan a votar, la contienda presidencial entre la vicepresidenta, Kamala Harris, y Donald Trump está como una moneda girando en el aire. Así se ha mantenido desde septiembre y así preveo que esté -amén de un evento sorpresivo o exógeno que modifique las intenciones enquistadas de voto- la víspera de los comicios, sin duda los más reñidos desde 2000, cuando Bush perdió el voto popular pero ganó el Colegio Electoral -y la presidencia- por 500 votos en Florida. Pero junto con esta certeza, prevalecen dos más: el día después de la votación, Estados Unidos seguirá estando tan polarizado y tribalizado como lo está hoy; y hay tres sociodemográficos clave que definirán el resultado en los siete estados bisagra en juego: mujeres, hispanos y negros.

Las elecciones de este año giran en torno a la brecha de género por tres razones: el resultado podría colocar a la primera mujer presidenta del país -noción que, hay que subrayarlo, ciertamente no ayudó a Clinton en 2016- en la Casa Blanca; el aborto, el tema kriptonita para los republicanos desde que la Suprema Corte revocó Roe v. Wade en 2022, podría aumentar los ya de por sí elevados niveles de participación de mujeres en las casillas que se han registrado en todos los comicios locales, estatales y especiales de entonces a la fecha; y la contienda presidencial en los estados bisagra está tan reñida que cualquier variación mínima en una u otra dirección decantará la elección. Las mujeres blancas, que representan casi el 40 por ciento del electorado nacional, han sido columna vertebral del Partido Republicano durante décadas, pero las encuestas sugieren que su apoyo a ese partido puede erosionarse este noviembre, gracias a mujeres blancas más jóvenes que se están moviendo a la izquierda a una velocidad vertiginosa. Si la composición del electorado que acude a las urnas y la brecha entre hombres y mujeres votando siguen siendo las mismas que en 2020, o si la participación de las mujeres aumenta con respecto a 2020, el 5 de noviembre podría ser un muy buen día para Harris. Inversamente, si la participación de los hombres aumenta drásticamente con relación a la última elección presidencial, Trump será el que celebre esa noche.

¿Y los votantes hispanos y negros? A contrapelo de lo que ocurre con el voto de las mujeres, 2024 podría ser el año de mayor realineamiento político-partidista racial desde que se promulgó la Ley de Derechos Civiles en 1964. Las encuestas hoy sugieren que Trump bien podría regresar a la Casa Blanca a lomo de votantes negros e hispanos combinados si le llega a ir mejor que a cualquier otro candidato presidencial republicano precisamente desde ese lejano 1964. Y eso que en 2016 se convirtió en candidato y finalmente en presidente después de llamar violadores a inmigrantes mexicanos, afirmar falsamente que Barack Obama no había nacido en EU y ahora, ocho años después, ofender a millones de votantes negros e hispanos al afirmar recientemente que los refugiados haitianos se comen a los gatos y perros de sus vecinos y que los inmigrantes están “envenenando la sangre de nuestro país”. ¿Cómo es esto posible? No hay una respuesta fácil, y las explicaciones pueden diferir con respecto a votantes hispanos y votantes negros.

En términos generales, Harris se llevará holgadamente ambos demográficos: hoy cuenta con 78 por ciento de la intención de voto negro frente al 14 por ciento de Trump, y lidera, con promedios de 56-52 por ciento contra 40-37 por ciento, la intención de voto hispano. Pero esos umbrales son menores que el apoyo de alrededor del 90 por ciento (negros) y el 65 por ciento (hispanos) a las candidaturas demócratas en 2012 y 2016. Y es que el aumento en las potenciales intenciones de voto por Trump parece estar siendo impulsada principalmente por hombres hispanos y negros jóvenes. En promedio, las encuestas sugieren que 26 por ciento de los hombres negros menores de 50 años prefiere a Trump, en comparación con 49 por ciento que dice que votará por Harris. A modo de comparación, 77 por ciento de los hombres negros mayores de 50 años afirma apoyar a Harris. En 2020, las encuestas a boca de urna muestran que Trump contaba con un 19 por ciento de apoyo entre todos los hombres negros. Por su parte, el porcentaje de votos hispanos a favor del GOP ha oscilado entre un máximo de 44 por ciento en la reelección de Bush en 2004 y un mínimo del 21 por ciento cuando Clinton derrotó a Dole en 1996. Por lo tanto, si Trump termina ganando o incluso arañando el 40 por ciento del voto hispano en noviembre, mayoritariamente el de jóvenes solteros hispanos, eso sería potencialmente decisivo, dado el creciente porcentaje del voto total conformado por hispanos: se proyecta que este año será del 14.7 por ciento.

¿Que explica estas tendencias potenciales de voto entre varones jóvenes negros e hispanos? En primer lugar, muchos de ellos se describen a sí mismos como conservadores ideológicamente; un bloque considerable de hispanos son cristianos evangélicos (especialmente pentecostales), lo cual los acerca más al GOP, y sus tendencias -o fobias- ideológicas hacen que la patraña del “comunismo” de Harris propalada por la derecha tenga resonancia discursiva, sobre todo entre aquellos que tienen raíces cubanas o centro y sudamericanas. Muchos de los jóvenes negros ya no van a la iglesia, que tradicionalmente ha sido una fuente importante de movilización e incubadora de activismo y participación política de ese sector de la sociedad estadounidense.

 

Ambos sociodemográficos ven con recelo el aumento de la inmigración, a quienes lideran al movimiento Black Lives Matter y los derechos en aumento de las personas transgénero, por mencionar algunos temas de política pública y social. Alrededor del 40 por ciento de los votantes negros y 43 por ciento de los votantes hispanos dicen que apoyan la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México; de manera similar, el 41 por ciento y 45 por ciento, respectivamente, dicen que apoyan la deportación de inmigrantes indocumentados. Solo alrededor de un tercio de los votantes hispanos dice que Trump está hablando de ellos cuando vilifica a los inmigrantes, lo cual, además enmarca quizá una oportunidad perdida de Harris y su partido: al tratar de mitigar el flanco de vulnerabilidad ante los ataques trumpianos en materia de política migratoria, adoptando una narrativa de mano dura, dejaron de recordarle a los hispanos que la promesa de Trump de llevar a cabo una deportación masiva de inmigrantes indocumentados podría significar un acoso oficial y no oficial a cualquiera que parezca o suene “extranjero”, así como la expulsión de familiares y amigos.

La mitad de los hispanos y casi la mitad (47 por ciento) de los negros dicen que la delincuencia en las grandes ciudades es un problema importante que se ha salido de control, esencialmente lo mismo que la proporción de votantes blancos (50 por ciento) que afirma lo mismo. De manera más relevante para el papel que juegan en este ciclo electoral las percepciones en torno a la inflación y el bienestar económico (hay que recordar que lo que importa en un ciclo electoral no son los datos duros macroeconómicos sino el hecho de que una economía es tan buena o mala como la perciban los votantes en ese momento), no creen que les está yendo bien. Hay, además, mucho en el mensaje populista, conservador y chovinista de Trump que tiene eco en parte considerable de los votantes negros e hispanos: hacer “grande” de nuevo al país y una política exterior más aislacionista. Y aunque la mayoría de los votantes estadounidenses se han sentido ofendidos por Trump en algún momento, un sustancial 53 por ciento de hispanos y 35 por ciento de negros dijeron que no encontraban nada de lo que éste había dicho recientemente como ofensivo. Para una nueva generación de estadounidenses hispanos y negros, Trump es “normal”. Los jóvenes negros eran niños durante la campaña de Obama en 2008 y ya no tienen consciencia de la lucha por los derechos civiles, lo cual naturalmente hace más difícil retratar a Trump como lo que es: una amenaza a la democracia y al Estado de derecho. Y adicionalmente, hay que subrayar que en algunos lugares (notablemente Florida y Texas), los republicanos simplemente han superado a los demócratas en su intento de cortejar a estos votantes.

Esta elección se decidirá por márgenes ínfimos, con ambas campañas pugnando por atraer a esa brizna del electorado que queda por decantarse: un 5 por ciento, que son votantes indecisos. Por ende, una variación, por pequeña que sea, en los patrones de voto con cualquier de estos tres grupos demográficos podría tener un impacto significativo en los resultados electorales, particularmente si ese cambio se manifiesta en un estado tan clave como Pensilvania (quien gane ahí tiene un 80 por ciento de posibilidades de obtener la presidencia), donde Harris había despuntado después del primer y único debate con Trump y ahora podría estar empatada o ir incluso un punto porcentual a la zaga. Como nunca antes, las mujeres y los hombres hispanos y negros tienen el futuro de EU en sus manos. (Arturo Sarukan, El Financiero, Mundo, p. 23)

CARTONES

Montaje

Montaje

(Rocha, La Jornada, Política, p. 5)

A confesión de partes

A confesión de partes

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 55)