Durante un recorrido exhaustivo por las instalaciones, que incluyó tanto la Terminal 1 como la Terminal 2, se supervisaron áreas clave de seguridad, aduanas y migración, así como el Centro de Monitoreo y el Laboratorio de Rayos X, reafirmando que este gobierno está comprometido con la operatividad, seguridad y funcionalidad del AICM. La visita, que involucró también a otros altos funcionarios y directivos, pone de manifiesto la importancia estratégica que el AICM tiene en la agenda nacional. Pero sobre todo, que es muy necesario para una capital que quiere estar conectada con el mundo. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)
PESE A TODOS los riesgos y retrocesos que representa Donald Trump, anoche el mundo se fue a dormir temiendo despertar hoy en una pesadilla: su regreso a la Casa Blanca.
EL PROBLEMA de fondo es, ¿qué lleva a la mitad de los votantes norteamericanos a elegir a alguien que miente descaradamente, que socavó la democracia y que es un delincuente condenado por diversos delitos? La respuesta: el discurso antiinmigrantes.
INCREÍBLE que quien lo derrotó hace cuatro años, Joe Biden, fue quien le dio a Trump el boleto de regreso. La retórica del republicano contra la supuesta invasión por la frontera sur le sirvió para culpar a los migrantes de todo: de la falta de trabajo, de los altos precios y hasta de comerse gatos. ¿Y por dónde cruzan esos extranjeros de distintos países? Claro, desde México.
VAYA RETO tiene enfrente Claudia Sheinbaum, pues todo indica que deberá dedicar presupuesto, tropas y lo que tenga a la mano para sellar la frontera. De lo contrario, el costo puede ser muy alto para México. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
WASHINGTON, DC.— Al cierre de esta edición, parecía que nada podía impedir que Donald Trump gane la elección presidencial estadunidense, celebrada ayer, y regrese a la Casa Blanca a partir de enero entrante.
Ya se habían definido 491 de los 528 votos electorales que se distribuyen entre los estados, y el republicano tenía una ventaja de 267 contra 224 sobre su rival, la vicepresidenta Kamala Harris. Trump sólo necesitaba tres votos electorales más para asegurar su triunfo.
Éstos podían salir fácilmente de los estados de Pensilvania, Michigan y Wisconsin –el llamado Cinturón Azul del Partido Demócrata, que ayer dio la impresión de derrumbarse–, donde Trump llevaba esta madrugada una cómoda ventaja de cientos de miles de votos, con una pequeña porción de casillas por contar.
Por supuesto, con lo sucedido en 2016 y 2020 –cuando se cantaron antes de tiempo las victorias de Hillary Clinton y del propio Donald Trump, cosas que al final no ocurrieron–, hay que tener cuidado en dar las cosas por hecho.
Sin embargo, ya pueden sacarse algunas conclusiones:
Primero, que las encuestas que pronosticaban una contienda muy cerrada resultaron equivocadas, al punto de que Trump le llevaba casi cinco millones de votos de ventaja a Harris en la votación nacional, o cuatro puntos porcentuales. Eso está fuera de cualquier margen de error.
Segundo, las preconcepciones con las que se ha analizado la política estadunidense en los últimos años tendrán que abandonarse. De acuerdo con las encuestas de salida que se conocieron anoche, Trump recibió gran apoyo por parte de los jóvenes y las minorías afroamericana y latina. Habrá que tratar de entender cómo cosechó ese respaldo un hombre casi octogenario, quien ha hecho fama de rechazar los valores de las nuevas generaciones, de coquetear con el racismo y de estigmatizar a los migrantes.
Tercero, sigue siendo cierto que los votantes estadunidenses toman su decisión con base en dos cosas: el bolsillo y la conexión emocional con el candidato. Trump explotó ambos flancos: tuvo un mensaje para los estadunidenses afectados por los altos precios de los alimentos y se definió como un hombre que resolvería problemas percibidos, como la migración descontrolada, y que tiene una visión de futuro de Estados Unidos, como un país destinado a recuperar su grandeza.
Cuarto, su campaña recibió gran ayuda por parte de sus rivales, particularmente del presidente Joe Biden, quien cometió error tras error, como llamar “basura” a sus simpatizantes, pero también de su contrincante, quien nunca pudo desmarcarse de Biden e incluso elogió su política económica –a la que llamó Bidenomics–, causante de las penurias económicas que sufren muchos estadunidenses.
Quinto, la capacidad de Trump de convertir problemas en ventajas, como hizo con los juicios que enfrenta. Haber procedido contra él en los juzgados lo hizo parecer perseguido, sobre todo a los ojos de millones de estadunidenses que se sienten maltratados por el sistema económico y político y que ven en Trump al hombre capaz de darles un desquite.
Sexto, la gran votación que recibió Trump dotará de legitimidad los reclamos que el expresidente tiene respecto del vecino del sur. Porque, así como Claudia Sheinbaum dice que la reforma judicial es voluntad “del pueblo”, Trump podrá alegar que los estadunidenses le han pedido que mantenga y lleve adelante –muy probablemente desde la Casa Blanca, ya lo veremos– su exigencia de ordenar los flujos de personas y mercancías a través de la frontera con México. Exigencia reforzada, además, por el hecho de que 40% de los electores latinos votaron por él.
Y séptimo, el resultado tendrá consecuencias sobre la política exterior estadunidense, que ya se había vuelto muy proteccionista y nativista, cosa sobre la que muchos deberán tomar nota, como los soldados ucranianos que defienden su territorio contra la invasión rusa, los activistas medioambientales que luchan por reducir el apetito por los combustibles fósiles y, sí, también nosotros los mexicanos. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nación, p. 2)
En diciembre del año pasado, el número de “encuentros” —así les dicen— con migrantes sin documentos en la frontera entre México y EU por parte de la autoridad estadunidense fue de 301 mil 981. Una cantidad que no se había visto nunca. El peor mes de los últimos 25 años era marzo de 2000, con 220 mil encuentros.
El 27 de diciembre viajó a México el secretario de Estado, Antony J. Blinken, junto con el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, y la asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Liz Sherwood-Randall. Se reunieron con el presidente Andrés Manuel López Obrador para hablar de “la migración irregular sin precedentes en el hemisferio occidental”.
Nunca sabremos qué puso en la mesa el gobierno estadunidense encabezado por Joseph Biden —Trump había extorsionado a AMLO con tarifas años antes—, pero el caso es que la operación militar de contención de migrantes desde nuestra frontera sur y a lo largo del país se reforzó, y en serio. En Estados Unidos el presidente Biden cambió reglas para quienes piden asilo y reforzó otras medidas. En enero el número bajó a 176 mil. En septiembre de este año el número fue de 101 mil encuentros.
Ayer le preguntaron a la presidenta Sheinbaum sobre las amenazas de Trump en campaña.
La Presidenta mencionó la caída que reflejan los números del párrafo anterior y anunció que el viernes, el canciller mexicano estará en la mañanera para presentar lo hecho y los planes para seguir enfrentando el problema migratorio. ¿Por qué el canciller presentará eso? Vaya usted a saber, será lo de los cargos y encargos. Hasta donde sé, el Inami depende de Gobernación y quienes detienen migrantes en Chiapas son de la Sedena, en fin. Me distraigo.
Sea quien sea, esos números son la primera carta en cualquier mesa de negociación con los estadunidenses. Así tranquilizó el gobierno humanista de la 4T a Trump, así hizo feliz a Biden.
Así también se empezó a pudrir la situación en Chiapas que hoy está en tiempos sombríos y trágicos.
No hay para dónde hacerse, eso seguirá haya ganado quien haya ganado. Tiempos de cierre hacen que aún no lo sepa. Pero no importa, eso no cambiará demasiado. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
En aquella extraordinaria película de Luis Buñuel, Él, el personaje principal sufre una serie de alucinaciones visuales y acaba horrorizado ante el influjo de otras de carácter auditivo. En la deslumbrante novela de Henry James Otra vuelta de tuerca, un niño y una pequeña creen observar a dos adultos cuidadores ya desaparecidos que les habían infligido el mal en sus entrañas.
Una alucinación es una distorsión cognitiva producida por alteración de los sentidos que puede ser de carácter espontáneo o producida por el interés de quienes padecen esas distorsiones. Así, uno puede creer ante la presencia de un simple roedor la idea de que se trata de un animal con rabia o bien se puede suponer que una persona parecida a alguien quien nos agredía en la infancia es un enemigo permanente nuestro.
Actualmente vivimos un siglo de grandes diásporas se presentan múltiples migraciones de diversos tipos y las naciones dejan de ser autárticas para llenarse de colores, olores y sabores de muy diferentes orígenes. Ante tal situación, racistas y xenófobos empiezan a sufrir especies de delirium tremens al concebir a los migrantes como seres repelentes, detestables e indeseables.
Aquí nos encontramos con una contradicción: multitud de grandes empresarios sobre todo en el mundo más desarrollado requieren a los migrantes por ser trabajadores que ofrecen mano de obra barata, requieren de poca o nula asistencia social, sufren sobrexplotación, y son fácilmente desechables y deportables, cuando las circunstancias lo requieren.
Pero los grandes magnates se encuentran actualmente ante la desagradable sorpresa de que millones de migrantes y refugiados huyen de sus lugares de origen, incrementándose de manera protuberante, lo que es peor, organizándose para exigir sus derechos laborales y culturales procurando la equidad con los trabajadores nativos de los países receptores.
Ya no existen más las zonas monoculturales en casi todo el mundo; en casi todas partes el pluriculturalismo va imponiéndose como algo habitual en lo cotidiano. Los migrantes mexicanos, por ejemplo, que en Estados Unidos se calculan entre 12 y 18 millones según cifras diversas, han dejado de supeditarse al melting pot y van enriqueciendo al vecino país con una enorme cantidad de rasgos y complejos culturales.
La manera más eficaz de combatir el racismo y xenofobia alucinantes es comprender la otredad, entender al diferente como alguien cercano y llegar a constituir una serie de acuerdos comunes, como una especie de denominador común existencial a pesar de lo disímbolo de las trayectorias personales de los sujetos implicados.
Las migraciones contemporáneas necesariamente ocasionarán cambios cualitativos en las relaciones entre capital y trabajo y en lo que atañe al desarrollo de nuevas formaciones culturales en las distintas naciones del mundo. Estos cambios, por supuesto, provocarán serios conflictos interétnicos y entre diversos grupos nacionales; lamentablemente no podrán descartarse en un futuro próximo embates genocidas como el que desarrolla el gobierno de Israel en la franja de Gaza y en Líbano.
Si se da la luz verde a estos multihomicidios, no será nada extraño que en un próximo futuro diversas poblaciones puedan llegar a sufrir las mismas agresiones y crímenes que padecen los palestinos; al respecto, no sería sorprendente que en algunos días por venir muchos compatriotas nuestros padezcan incluso agresiones armadas por supremacistas blancos partidarios del señor Donald Trump y energúmenos aún peores. Y recordemos que el gran cantante Joan Manuel Serrat ha declarado que el mar Mediterráneo es un gran sarcófago de migrantes, muchos de los cuales han muerto no solamente por disturbios accidentales, sino por ataques deliberados en su contra.
En los momentos en que escribo este texto pienso en el notable evento que el Instituto Nacional de Antropología e Historia llevará acabo del 5 al 8 de noviembre del presente año; transmitido de manera virtual por YouTube INAH Tv de 10 a 15:30 horas. Se trata del tercer coloquio El impacto de las migraciones en el mundo globalizado, en el cual de forma virtual importantes especialistas en temas relacionados con los flujos migratorios, tratarán esta materia con la mayor profundidad posible tratando de sentar bases para el establecimiento de políticas migratorias de carácter democrático teniendo como soporte el apoyo de los propios sectores de migrantes y sus negociaciones y acuerdos con la notoria variedad de estados que existen en este planeta. (Francisco Javier Guerrero, La Jornada, Opinión, p. 15)
Mientras escribo esta entrega, se desarrolla el llamado Súper Martes, parte final de las elecciones en nuestro vecino del norte, Estados Unidos, en medio de la contienda más competida de la historia, entre el expresidente Trump y la actual vicepresidenta, Kamala Harris. Como ha sido siempre, las elecciones estadounidenses tienen un gran impacto en el presente y futuro de México, su relación bilateral económica, política y social, las posibles afectaciones que tendrá para nuestro país, en cualquiera que sea el resultado dado por el Colegio Electoral.
Como hemos podido observar, la campaña estadounidense estuvo marcada por la dimisión en la reelección del actual presidente, Joe Biden, después de verse distraído y con algunos malestares de salud, un terrible desempeño en el debate y una notoria desventaja ante su adversario republicano. La llegada de Kamala Harris, el “fichaje” de Waltz como compañero de fórmula, la manera en que se volcaron los aliados demócratas en recaudación de fondos y el apoyo de los Obama le devolvieron la esperanza al Partido Demócrata y a las y los millones de estadounidenses que desconfían del magnate neoyorquino.
Sin embargo, todo esto no ha podido presagiar de manera precisa un resultado favorable para Harris, los demócratas y las personas que tememos el regreso de Trump a la Casa Blanca, no solo a los habitantes de la Unión Americana, nativos o inmigrantes, también a las y los mexicanos, incluida la presidenta Sheinbaum pues, aunque Harris y Trump diferenciaron de manera casi opuestas sus campañas y discursos, en algo coincidieron durante todo el proceso: endurecer la frontera con México.
Esto supone que cualquiera que sea el nuevo inquilino de Avenida Pennsylvania, número 1600, la relación con Palacio Nacional va a ser muy delicada respecto a este tema. Trump, quien desde su campaña de 2016 ha azuzado a su electorado diciendo que regresará a México a los “violadores y asesinos”, a todos esos “bad hombres”, en esta contienda ha ido más lejos, repitiendo en cada evento de campaña que, de ganar, seguirá la construcción del muro fronterizo, volverá el Título 42 y comenzará deportaciones masivas en todo el sur, lo que representa 11 millones de personas en situación irregular. Retórica que funciona muy bien con sus votantes y causa mucho temor a la ciudadanía en esta condición.
Por su parte, Kamala Harris ha manifestado su visión para afrontar la crisis migratoria, misma que no dista de la del republicano. Su propuesta es la continuidad de las acciones de la actual administración, además de “recuperar un sistema de inmigración seguro, humano y ordenado en la frontera sur”, dotar de mayor presupuesto a la Patrulla Fronteriza y centros de detención. Es decir, menos estridencia, más inteligencia, pero un mismo resultado: endurecer la frontera y deportar a la mayor cantidad de “paisanos” (mexicanos, venezolanos, haitianos, etc.).
Así -sea cual sea-, el resultado de las elecciones estadounidenses no es nada alentador en materia migratoria para nuestro país, puesto que todo está imbricado, economía, política y sociedad. Trump nos amenazará con tasas arancelarias exorbitantes para detener la migración hacia su país; Harris propondrá una “revisión” exhaustiva (o anulación) del T-MEC si no regularizamos los procesos migratorios -de propios y extraños-. El trabajo deberá ser extenuante para Juan Ramón De la Fuente y para Claudia Sheinbaum, tender puentes y atender las causas y siempre respetar los derechos humanos, tendrá que ser la palanca entre Palacio Nacional y la Casa Blanca. (Adriana Sarur, El Heraldo de México, Online)
A partir de ahora cambia el juego. La elección en Estados Unidos y la nueva era obligarán a la presidenta Claudia Sheinbaum a reimaginar la relación bilateral. Le tocó a ella. Un cambio tan profundo que puede venir con el nuevo gobierno estadounidense no le había tocado ni a Carlos Salinas de Gortari cuando negoció el primer Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Lo de ahora es otro tablero, que incluye migración y seguridad.
Un primer paso es que la Presidenta debe dejar detrás cualquier postura reactiva a las acciones que emprenda Estados Unidos. Ayer, por ejemplo, señaló que tan pronto el colegio electoral califique la elección presidencial allá, su gobierno explicará todo lo que México ha hecho para luchar contra el fentanilo. Pero esa postura, que puede ser adecuada, quedará reducida a algo anecdótico ante el tamaño del desafío que viene: reinventar Norteamérica.
Hay tres acciones clave que Sheinbaum tiene que organizar para que México triunfe ante la nueva realidad estadounidense: (1) Invertir en cabildeo en Washington, para incrementar el posicionamiento nacional ante las próximas políticas arancelarias y de lucha contra la migración y el crimen organizado mexicano; (2) Fortalecer el equipo de Marcelo Ebrard y Juan Ramón de la Fuente. Ambos serán cabeza visible de los posicionamientos nacionales. Debe dejarlos ser vistos, fortalecer su perfil y permitir que tengan recursos y carta abierta para negociar cuando se sienten a hablar con Estados Unidos; y (3) Crear una idea estratégica para los siguientes 30 años para Norteamérica. Este es el momento en que México debe proponer integración aduanera; movilidad laboral total; y otras iniciativas de calado profundo.
La Presidenta perderá mucho si no da un paso al frente tras el proceso electoral estadounidense. Ayer señaló que las reuniones que tiene pensado proponer a EUA son para que “se conozca lo que ha hecho México” porque está “convencida de que va a haber una buena relación”. Eso está bien; pero ahora debe proponer el siguiente piso de la relación. Veremos. (Carlos Mota, El Heraldo de México, Merk-2, p. 17)
Ayer se celebraron las elecciones presidenciales en Estados Unidos, así que mientras recorres estas líneas, amable lector, seguramente ya conoces las tendencias o el resultado de la jornada electoral. Se llegó a esta fecha donde todo puede pasar, con un final de fotografía, porque las encuestas marcaban un empate entre Kamala Harris y Donald Trump, donde la duda era la magnitud del voto oculto y a favor de quién se inclinaría.
Hoy se está develando la realidad y conoceremos si expertos, videntes, ouijas y oráculos acertaron en sus predicciones, pero es más importante que nuestro vecino y socio comercial imprescindible no esté viviendo una crisis poselectoral por los posibles resultados cerrados, la ríspida campaña y denuncias anticipadas de un posible fraude.
En México, el público atento –conformado principalmente por empresarios, la larga cadena de trabajadores manufactureros, académicos, analistas y medios de comunicación– ha venido observando con ansiedad el proceso y preparándose para una posible victoria del republicano. ¿Cómo no va a existir preocupación por el resultado y sus consecuencias si el año pasado las exportaciones de México ascendieron a 529 mil millones de dólares como el mayor socio comercial de Estados Unidos, superando a China y Canadá?
Si el señor Trump cumple sus baladronadas, además de afectar la economía mexicana provocaría más pobreza, violencia, caravanas de migrantes y tensiones sociales, particularmente en las fronteras, también con indeseables consecuencias globales. Como en otras partes del mundo, la pobreza está directamente relacionada con la inmigración, como se observó en la década de 1990, cuando de nuestro país partieron cinco millones de personas a Estados Unidos. Si este escenario se repite, Trump se daría un balazo en el pie, provocando precisamente lo que pregona combatir, pues no existirá muro que evite la marcha hacia el sueño americano.
Las amenazas de imponer aranceles a diestra y siniestra que desatarían guerras comerciales, las ofensas racistas y las advertencias de combatir en suelo mexicano a los cárteles deben entenderse parcialmente en el contexto de la campaña política y la retórica que la acompaña. Quizá algunos de nuestros paisanos radicados en EU hayan tomado en serio estas bravuconadas, así que pronto sabremos cómo sufragaron y si los electores de origen hispano votaron por melón o por sandía.
Ahora mismo quizá conozcamos si la demócrata fue la triunfadora y, de la misma manera que con el republicano, nos asaltará la duda sobre la dureza de su política migratoria y políticas proteccionistas a partir del 20 de enero de 2025, que será cuando tome posesión el nuevo presidente o presidenta.
La realidad se impone y a pesar de todas las adversidades, sigue creciendo el flujo de familias enteras de caminantes que huyen de dictaduras, violencia, catástrofes naturales y, sobre todo, de la pobreza y falta de oportunidades en sus lugares de origen, que no pararán ante un muro, por alto y hostil que parezca, pues tienen poco o nada que perder.
No existe duda de que, gane quien gane, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum debe estar preparado para un futuro retador y complejo, particularmente por el cuello de botella que seremos por la política migratoria, pero también lleno de oportunidades por la revisión del tratado comercial y las políticas de cooperación bilateral que puedan fortalecerse, mientras que la comunidad mexicoamericana con sus 40 millones de personas seguirá aportando mucho a la economía y a la riqueza social y cultural de aquel gran país.
Mirando al sur: el 8 de diciembre inicia una nueva era para Chiapas
Así como el Plan Sonora de energía renovable está creando un gran vínculo con Arizona, esa sinergia podría ocurrir entre Chiapas y Centroamérica, particularmente con Guatemala, en muchos sectores económicos. Chiapas está fuertemente unido a esta región por haber formado en el pasado parte de una sola nación, que continúa compartiendo lazos culturales, sociales y comerciales.
Es un acierto de la presidenta Claudia Sheinbaum determinar que Puerto Chiapas sea un polo de desarrollo, así como la propuesta del gobernador electo de Chiapas, Eduardo Ramírez, de crear un corredor de inversiones en la frontera sur. Sólo las acciones concretas en los lugares de origen de los migrantes y en su ruta podrán ofrecer solución a las causas de la tragedia humanitaria que representa con frecuencia este fenómeno. En este momento, se estima que son más de 50 mil las personas que abandonaron Guatemala, Venezuela, Cuba, El Salvador, Nicaragua y Haití que están en Tapachula organizándose para continuar su viaje.
Los discursos amistosos y la diplomacia no sirven si no se materializan en empleos y en el fortalecimiento de la economía del sur de México y más allá. En este tema mucho tiene que hacer el gobierno de Estados Unidos, la ONU y otras agencias de cooperación internacional. En Chiapas han disminuido los índices de pobreza, pero ha aumentado la violencia, por lo que las esperanzas de los ciudadanos están fincadas en los compromisos del gobernador Eduardo Ramírez de trabajar en línea con los esfuerzos presidenciales para que regrese la paz en el estado y generar las condiciones para que existan más y mejores empleos para los chiapanecos. Éste es el desafío, gane quien gane las elecciones. (Juan Carlos Gómez Aranda, Excélsior, Nacional, p. 13)
La noche electoral en Estados Unidos ha sacudido las trabes del orden global. El aparente regreso de Donald Trump al centro de la política estadunidense, superando las expectativas y proyecciones iniciales, no sólo representa un giro dramático en la política interna de ese país, sino que augura transformaciones profundas en el orden internacional.
La fortaleza de Trump refleja varios fenómenos simultáneos: el descontento con la gestión económica de Biden, la persistencia de su discurso incendiario sobre migración y seguridad fronteriza, y la capacidad del expresidente para convertir sus problemas legales en combustible político. A pesar de, o quizás debido a, sus múltiples acusaciones penales, Trump logró consolidar una base de apoyo que ve en sus batallas legales una persecución política que sólo reforzó su narrativa de outsider contra el sistema.
El potencial retorno de Trump a la Casa Blanca presagia cambios significativos en el panorama político estadunidense. Podemos anticipar una probable reversión de políticas climáticas y ambientales, un giro hacia el proteccionismo económico más agresivo, una posible reconfiguración del sistema judicial y, especialmente relevante para México, un endurecimiento radical de la política migratoria.
Para México, las implicaciones son particularmente sensibles. En el ámbito migratorio, es absolutamente probable que enfrentemos una presión sin precedentes para militarizar la frontera, junto con exigencias más estrictas en control migratorio y la posible renegociación de acuerdos existentes. En el terreno comercial, se cierne la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC, con el riesgo latente de nuevas tensiones comerciales y posibles aranceles punitivos.
La nueva administración de Claudia Sheinbaum enfrentará desafíos particulares en la relación bilateral. La necesidad de replantear la estrategia será urgente, especialmente ante las probables tensiones en temas de seguridad y narcotráfico. La relación México-Estados Unidos, siempre compleja, podría entrar en una fase particularmente delicada.
El efecto dominó del retorno de Trump se sentirá en todo el planeta. Las relaciones con China probablemente verían una intensificación de la guerra comercial. La OTAN enfrentaría una renovada incertidumbre sobre el compromiso estadunidense. El apoyo a Ucrania podría ver un replanteamiento dramático (por la consabida cercanía de Donald Trump con Vladimir Putin), y los acuerdos internacionales sobre cambio climático podrían sufrir un retroceso significativo.
Esta reconfiguración del orden mundial sugiere un debilitamiento de las alianzas tradicionales, un fortalecimiento de las tendencias nacionalistas, un cuestionamiento profundo de las instituciones multilaterales y, posiblemente, un nuevo auge de políticas populistas en muchos más países.
En este escenario complejo, México enfrenta tanto retos como oportunidades. Por un lado, existe la posibilidad de posicionarse como un socio estratégico indispensable y desarrollar una mayor autonomía económica. Por otro, el país deberá navegar las presiones para mantener su soberanía y proteger sus intereses nacionales en un contexto potencialmente muy hostil.
La victoria de Trump trasciende lo meramente electoral; representa un punto de inflexión en la política global. Para México, el desafío será mantener un equilibrio entre la necesaria cooperación con Estados Unidos y la defensa de nuestros intereses nacionales. La administración de Sheinbaum deberá prepararse para un escenario complejo en el que la diplomacia, la firmeza y la creatividad serán más necesarias que nunca.
En este momento de incertidumbre, la claridad estratégica y la unidad nacional serán fundamentales. México debe fortalecer sus instituciones, diversificar sus relaciones internacionales y construir resiliencia económica. El regreso de Trump no es sólo un desafío para Estados Unidos; es una prueba para el sistema internacional y una oportunidad para que México redefina su papel en el mundo. La manera en que nuestro país responda a este desafío podría definir su trayectoria durante las próximas décadas. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 14)
Al momento del cierre de esta columna, querido lector, aún no teníamos datos finales para declarar ganador de las elecciones a Donald Trump, aunque comienza a verse como un triunfo irreversible por el comportamiento en Georgia, Michigan y Pensilvania. Ya no importan las fobias personales, llegamos al momento de la verdad y hay que subrayar que el candidato republicano también dominó con el voto hispano (a pesar de las amenazas, adjetivos y burlas a los puertorriqueños).
Con el regreso de Trump al Salón Oval, resulta fácil prever que a nivel internacional viene una era de desprecio al multilaterismo y la diplomacia; de nueva cuenta se van a privilegiar las relaciones bilaterales y el interés superior de Estados Unidos. No habrá sorpresas para Gaza, Ucrania, Irán ni China.
¿Y EL MUNDO?
Las elecciones en Estados Unidos son tan importantes que incluso pueden definir el curso de los principales conflictos armados. El cambio más significativo lo representaría Ucrania, pero también la relación con la Unión Europea. Trump podrá terminar con el apoyo a Ucrania, un acercamiento a Rusia y, por ende, un distanciamiento claro con la Europa proucraniana.
En cualquier caso, el genocidio en Gaza continuará y podría extenderse a un conflicto regional aún más profundo.
¿Y para América Latina? En el mapa geopolítico estadunidense es una región secundaria, donde Venezuela y Cuba seguirán estando bajo el yugo estadunidense sin importar el o la ganadora de la elección.
Sin duda, los presidentes de derecha en América Latina tienen mucho que celebrar, sobre todo Javier Milei, quien tiene la esperanza de que Trump le dé un guiño a Argentina y pueda obtener algún beneficio
MÉXICO: LA REALIDAD TRAS EL DISCURSO
En México prevalece una narrativa ilusoria de que Kamala Harris y el Partido Demócrata son más tolerantes en su política hacia México. No es real. Es una distorsión de la realidad. Los intereses de Estados Unidos respecto a México trascienden las divisiones partidistas. Ambos partidos actúan en función de sus prioridades geopolíticas y de seguridad nacional; algo evidente y, en realidad prioritario, para cualquier gobierno.
Históricamente, los demócratas han deportado a más migrantes mexicanos que los republicanos. A pesar de su retórica compasiva o su narrativa más humanitaria, Barack Obama deportó a más de tres millones de personas. Los demócratas prometieron en diversas administraciones la tan acariciada reforma migratoria: ninguno lo cumplió (alegando diversos impedimentos)
En el tema económico, el pragmatismo domina los intereses estadunidenses. Kamala Harris votó en contra de la existencia misma del T-MEC, mientras que con Donald Trump fue renegociado y aprobado este tratado vital en el desarrollo económico de México. El TLCAN (antecesor del T-MEC) fue firmado por el presidente republicano George H. W. Bush.
En temas de seguridad y narcotráfico se podría creer que Donald Trump podría ser mucho más agresivo (más aún tras sus declaraciones de aranceles), pero, en la realidad, los republicanos han sido proclives a colaborar con México. Por su parte, tenemos ejemplos claros, como Genaro García Luna o el secuestro de El Mayo Zambada, de cómo durante la administración de Joe Biden el tema de colaboración en materia de seguridad ha sido ignorar y excluir, una y otra vez, a México.
El gobierno mexicano debe tener claro que la relación bilateral se basa en intereses económicos, estratégicos, geopolíticos y de seguridad, dejando de lado nociones simplistas de “benevolencia” y “aversión”, independientemente de las señales efímeras del tipo de cambio. (Kimberly Armengol, Excélsior, Global, p. 24)
La volatilidad se dejó sentir en el peso mexicano. El tipo de cambio tuvo una jornada fluctuante, donde, a pesar de haber terminado con una ligera ganancia, de cinco centavos, llevándolo a cotizar en 20.06, en el intradía se vivieron momentos en que el tipo de cambio parecía haberse subido a la montaña rusa.
Llegó a 20.35 y terminó en 20.06 pesos por dólar
En un momento de la jornada de las elecciones de EU, cuando el mercado sentía una mayor proclividad a un triunfo de Donald Trump, el peso mexicano perdía fuerte.
El peso mexicano logró tocar un mínimo de 20.35 por dólar, lo cual no se veía desde septiembre del año 2022.
Sin embargo no todo estaba escrito. Y entre la posibilidad de una delantera de Kamala Harris en la votación, el peso se tranquilizaba.
Además, a la moneda mexicana le ayudó la muy posible baja en tasas de la Reserva Federal de este jueves, que podría informar que sus tasas bajan un cuarto de punto, para situarse en un rango de entre 5.50% y 5.75%. La posible baja en tasas en EU haría menos atractivas las inversiones en dólares.
Así, el peso mexicano pudo sortear una jornada llena de volatilidad, y al final ganar 5 centavos y terminar con una cotización de 20.06.
Tensión también por Reforma Judicial
Sin embargo, la tensión está ahí. En el mercado cambiario también se sintió presión por la reforma judicial, sobre todo al ver que el bloque de ocho ministros de la Corte no era sólido y la reforma judicial –con voto popular de jueces, que genera incertidumbre jurídica a las empresas– podría continuar su curso.
Si Trump gana, tipo de cambio hacia 21 pesos por dólar
Además, si Donald Trump ganara las elecciones ahora, entonces veríamos al peso dispararse hacia 21 pesos por dólar.
La vez pasada, cuando Trump ganó las elecciones en 2016, la moneda mexicana tuvo una gran pérdida. El tipo de cambió saltó de 18.50 a 20.41 pesos por dólar.
En esta ocasión, si Trump llegase a ganar, no se prevé una renegociación del T-MEC, porque fue él quien lo negoció. Pero sí viene una revisión, la Cláusula Sunset, en el 2026, y desde luego tendríamos varios frentes comerciales abiertos.
Además, Trump, con o sin T-MEC, podría imponer aranceles a México y, desde luego, a todo el mundo. Todavía un día previo a las elecciones, el lunes, dijo que si México no frenaba la migración y la entrada de criminales y drogas a Estados Unidos, entonces impondría un arancel de 25% a todos los productos, y lo iría subiendo hasta 100%.
Kamala, tampoco fácil el tema T-MEC y migración
Con Kamala Harris, por lo menos, se podría caminar por vías institucionales. Kamala conoce México y, si bien no ha estado de acuerdo en temas del T-MEC, claramente buscaría poner mayor enfasis en el tema laboral y ambiental, la bandera demócrata.
Kamala Harris no votó por el T-MEC, pero ve en México a un socio comercial.
Ahora, en cualquier caso, también vería el tema migratorio, en el cual a Harris (como a Biden) les importó que México contuviera la migración centroamericana.
Sheinbaum se adelanta: se reducen flujos migratorios
Claudia Sheinbaum, la presidenta mexicana, al ver la preocupación de Trump, pero también de Harris sobre la migración, fue clara. México ha reducido en 70% el flujo migratorio en lo que va del año. La Presidenta mexicana sabe que el tema migratorio seguirá estando ahí, gane quien gane la Casa Blanca, y hace bien en llevar la fiesta en paz. (José Yuste, Excélsior, Dinero, p. 2)
Como cada cuatro años, vuelve a decirse en medios de la izquierda latinoamericana que no hay mayores diferencias entre los partidos republicano y demócrata en Estados Unidos o entre los proyectos de sus respectivos candidatos: Donald Trump y Kamala Harris. Se asegura, incluso, que eventualmente a América Latina y al Caribe podría irles mejor con el primero, ya que fue menos “injerencista” que Joe Biden.
Se afirma esto último para el caso de México, a pesar de que el argumento tiene en contra toda la política migratoria y arancelaria de Trump, junto con su retórica nativista, racista y xenófoba. Se invisibiliza a través de México, que tiene la situación excepcional de su enorme frontera terrestre y su acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, el terrible efecto que tuvo la pasada presidencia de Trump para América Latina y el Caribe, y el que tendría una nueva, de 2024 a 2028.
Trump, recordemos, ha dado un impulso deliberado a nuevas corrientes de la derecha latinoamericana, como las que encabezan Jair Bolsonaro en Brasil, Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador. Las redes globales de su movimiento, a través del CPAC, se han aplicado a la dilatación de esa tendencia en la región, haciendo guiños o dando incentivos para la permanencia o consolidación de gobiernos como los de Dina Boluarte en Perú y Daniel Noboa en Ecuador.
Trump, qué duda cabe, es el principal referente global de las nuevas derechas en el mundo. Su supuesto aislacionismo no es tal, ya que propone un mayor compromiso con Israel en la ofensiva militar en Gaza y una alianza con Victor Orbán en Hungría y Vladimir Putin en Rusia, además de un reforzamiento de la agenda de la guerra comercial contra China.
El único punto de la política exterior de Trump, que conviene realmente a esas izquierdas latinoamericanas, que lo prefieren sobre Harris, es su falta de apoyo al gobierno de Ucrania en su defensa de la invasión rusa. Pero ese único punto puede llegar a pesar tanto en sectores bolivarianos de América Latina y el Caribe que algunos están dispuestos a no recordar el incremento de sanciones contra Venezuela, Nicaragua y Cuba entre 2016 y 2020.
Es cierto que Kamala Harris ha ignorado a América Latina y el Caribe durante una campaña presidencial breve y sumamente polarizada en lo interno. Pero valdría recordar que la vicepresidenta ha tenido una experiencia directa en la región a través de sus visitas a México y su involucramiento en los programas de desarrollo social en Centroamérica, con el objetivo de contener la migración ilegal.
Para México y América Latina, el enfoque de la cuestión migratoria por parte de Harris es más ventajoso que el de Trump, aunque la administración Biden haya tenido que ceder posiciones, lo cual seguramente costará votos a los demócratas entre los hispanos. Con todo, la plataforma de Harris tendría mayores puntos de convergencia con las agendas de control migratorio que se impulsan desde México, Centroamérica y el Caribe. (Rafael Rojas, La Razón, Mundo, p. 4)
Dinero, Fondos y Valores / ‘Hecho en México’, lo que más compra EU
La elección presidencial en Estados Unidos se dio en el contexto del anuncio que en el día previo hizo el expresidente Donald Trump en torno a la amenaza de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas, medida vinculada a temas de carácter migratorio.
Hasta ahora, el gobierno de México no se ha manifestado sobre la necesidad de desvincular la agenda comercial de la migratoria.
Al ser Estados Unidos el primer socio comercial del país y al ser México la economía con las más altas exportaciones a EU, es prioritario mantener la asociación estratégica con el vecino del norte y defender la integración económica de América del Norte, una de las regiones más productivas del mundo.
El candidato presidencial republicano amenazó con imponer aranceles de hasta el 100 por ciento a México si no detiene la inmigración ilegal en la frontera.
Dijo que impondría un arancel del 25 por ciento al principal socio comercial de EU si no cerraba la frontera, incrementándose hasta el 100 por ciento si eso no funcionaba.
En un evento en Raleigh, Carolina del Norte, uno de los siete estados clave para decidir las elecciones presidenciales, Trump anunció que si gana los comicios informaría desde el primer día a la presidenta Claudia Sheinbaum que debe frenar el flujo de migrantes y drogas, o se arriesgará a que se impongan aranceles de 25 por ciento a las importaciones de mercancías mexicanas.
“Ahora tenemos una nueva presidenta en México. Se supone que es una mujer muy agradable, según dicen. No la conozco. Y le voy a informar el primer día o antes que si no detienen esta avalancha de criminales y drogas que entran a nuestro país, voy a imponer inmediatamente un arancel del 25 por ciento a todo lo que están enviando a Estados Unidos.
“Y la razón por la que lo he retrasado (este anuncio) es porque ustedes son los primeros a quienes se los he dicho. Felicidades, Carolina del Norte”, dijo Trump el lunes en un discurso de campaña.
Sheinbaum respondió ayer que tanto en el Partido Republicano como en el Demócrata deben tener claro “el esfuerzo que ha hecho México para disminuir la migración” hacia EU.
No es la primera vez que Trump hace pública una propuesta en el mismo sentido, pues hace casi un mes amenazó con reabrir el T-MEC en 2026 si regresa a la Casa Blanca.
El 10 de octubre, en un evento ante líderes empresariales en el Club Económico de Detroit, la ciudad más grande de Michigan, uno de los siete estados clave que definirán la elección, el magnate inmobiliario dijo que si gana la elección presidencial impondrá aranceles de 100, 200 o hasta mil por ciento, “cualquier arancel que sea necesario”, a los autos chinos importados desde México.
El lunes de esta semana en Raleigh, Trump afirmó que su amenaza de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas “tiene un 100 por ciento de probabilidades de funcionar”.
Lo tiene “porque si no funciona (el arancel de 25 por ciento) haré que sea 50, y si eso no funciona será de 75 y luego el 100 (por ciento)”.
Según cifras publicadas ayer por la Oficina del Censo estadounidense, perteneciente al Departamento de Comercio, las exportaciones de mercancías mexicanas hacia Estados Unidos alcanzaron un monto récord en septiembre pasado.
En el noveno mes del año, las exportaciones mexicanas sumaron 44 mil 155 millones de dólares, un máximo nunca antes visto en un solo mes, además de que el dato representó un crecimiento de 11.7 por ciento en comparación con septiembre de 2023.
Esto afianzó a México como la economía del mundo con las más altas exportaciones a EU, que representan 15.4 por ciento de las importaciones totales del vecino del norte.
En el acumulado del año entre enero y septiembre, las exportaciones mexicanas totalizaron 378 mil 885 millones de dólares, un aumento de 6.5 por ciento respecto a igual periodo de 2023.
Esto también se reflejó en la participación de mercado de México, que alcanzó un 15.7 por ciento, muy por delante del segundo lugar de China con 13.3 por ciento.
Sobre la base de lo anterior, una vez teniendo claridad del proceso electoral en EU y sus resultados, México debe insistir en la importancia de no mezclar temas comerciales con problemáticas migratorias y de seguridad.
¿Lo hará? (Víctor Piz, El Financiero, Economía, p. 12)
Dos caravanas simultáneas hacia EU

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)
Las campañas más caras de su historia

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)