El próximo gobierno de Donald Trump ha prometido llevar a cabo una deportación masiva de migrantes indocumentados, un enfoque que se refleja claramente en la conformación de su gabinete, el cual respalda su postura radical y agresiva hacia la migración. Esto genera incertidumbre entre los aproximadamente 11 millones de migrantes indocumentados que residen actualmente en Estados Unidos, la mayoría de los cuales lleva más de diez años en el país. Durante su mandato anterior, Trump deportó a 1.5 millones de migrantes, una cifra similar a la del gobierno de Biden y menor que la registrada durante la administración de Obama. Aunque su gobierno ha prometido llevar a cabo “la mayor deportación de inmigrantes irregulares de la historia”, Trump enfrentará importantes limitaciones económicas, legales y logísticas que pondrán en duda la viabilidad de implementar esta medida a gran escala.
Primero, los tribunales de inmigración están saturados, con más de 3.5 millones de casos pendientes; destrabar esta situación requeriría una expansión importante del sistema judicial migratorio. Segundo, deportar a un millón de personas durante su primer año de mandato, requeriría también la colaboración de los Servicios de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) con diversas autoridades locales para darse abasto, situación que podría darse fácilmente en algunos estados como Texas, pero no en otros. El ICE cuenta con solo 20,000 agentes, insuficientes para deportar a 1 millón de personas en un año; aumentar sus filas para lograr las metas mencionadas demandaría una inversión de al menos $100 mil millones y una reestructuración del sistema de detención y deportación. Tercero, se generarán demandas legales por parte de organizaciones de derechos humanos y afectados.
Todo lo anterior, aunado al establecimiento de campamentos de detención y el incremento de controles fronterizos, implicaría una inversión exorbitante. Además, las deportaciones masivas tendrían un alto costo político, ya que requerirían negociaciones con los países receptores, sin mencionar el impacto económico de la mano de obra migrante en Estados Unidos que pasaría a formar parte del contingente expulsado.
En el mismo contexto, otra de las amenazas que Trump y el próximo vicepresidente J.D. Vance han hecho, es eliminar beneficios migratorios o estatus especiales de protección como el TPS, que permite a los migrantes que ya están en Estados Unidos permanecer y trabajar legalmente si se considera que sus países de origen son inseguros o pasaron por algún desastre natural, y que actualmente protege a cerca de un millón de migrantes de 17 países; o el DACA, para los migrantes llegados durante la infancia. Esto plantea graves repercusiones humanas y socioeconómicas, ya que muchos de sus beneficiarios son trabajadores esenciales en sectores clave como agricultura, construcción, salud y tecnología.
La promesa de deportaciones masivas de Trump parece más una estrategia política que una solución realista. No obstante, debemos estar seguros de que Trump y su flamante gabinete pondrán sobre la mesa mensajes y acciones ejecutivas agresivas y radicales para mostrar a su audiencia que están cumpliendo con lo prometido. Desafortunadamente, el mayor daño será la dinámica de miedo, xenofobia y racismo que estas amenazas generan a nivel comunitario y social.
Para México, la posible intensificación de deportaciones de connacionales y el retorno de migrantes de otros países hacia su territorio, que probablemente impulsará el gobierno de Trump, representa un desafío que exige una respuesta estratégica. El gobierno mexicano debe actuar con cautela e inteligencia en sus negociaciones, evitando aceptar políticas como “Quédate en México” o el Título 42, sin obtener beneficios claros a cambio. Es fundamental que México defienda los derechos humanos y la seguridad de sus ciudadanos y migrantes, contando con un equipo capacitado y experimentado para proteger sus intereses. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. A7)
El tema de la migración internacional cobrará cada vez más importancia en el mundo. Por mucho tiempo México fue principalmente país de origen y retorno de migrantes, pero, desde hace poco más de 20 años, se sumaron dos factores, al cobrar importancia como país de tránsito y de destino de migrantes. Por su ubicación geográfica, contigüidad y cercanía con Centroamérica, el Caribe y Estados Unidos (EU), México se ha configurado como territorio de tránsito para miles de personas migrantes, quienes en su mayoría buscan llegar a EU, otras buscan quedarse en México. Históricamente, la población migrante que vive en México es menor a uno por ciento de la población total, suman 1 millón 197 mil 624 los residentes nacidos en el extranjero (Inegi, 2024).
No ha pasado ni una década desde que los estudios comenzaron a abordar la migración de niños y adolescentes (NA). Para comprender las necesidades de protección de los derechos de esos migrantes, en el marco de los derechos humanos, Rafael López Vega, Luis Alberto Vázquez y Alejandra Reyes, expertos del Consejo Nacional de Población (Conapo), buscaron acercarse a la situación de la población migrante de NA, que conforma uno de los grupos poblacionales más vulnerables, por su condición de menores de edad, viajen solos o acompañados. El trabajo incluye estadísticas y una amplia revisión del marco internacional y nacional de los derechos humanos concernientes a la niñez migrante, particularmente de la que se halla en tránsito por México, se identifican los principios fundamentales que guían los marcos actuales basados en el reconocimiento de que los NA son titulares de derechos inherentes, independientemente de su situación migratoria.
A escala global, los NA migrantes internacionales suman 40.9 millones en el planeta, 48.4 por ciento son mujeres y 51.6, hombres (Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, Undesa, 2020). La relación por sexo es relativamente equilibrada entre quienes se dirigieron a África Subsahariana (94 niños por cada 100 niñas migrantes) y muestra sentido opuesto en África del Norte y en Asia occidental. Europa y los tres países que conforman Norteamérica son destino de la tercera parte del total de NA inmigrantes, con 13.3 millones; le sigue en importancia África septentrional y Asia occidental con 10.8 millones. EU es destino de 10.3 por ciento de toda la migración de NA del mundo, suman en volumen 4.2 millones inmigrantes.
Se estima que en 2023 vivían en EU 505 mil niños y adolescentes, 4.6 por ciento de sus residentes. En contraste, los NA migrantes internacionales que viven en México son una gran mayoría, 727 mil 881 (de cero a 19 años), representan 60.7 por ciento del volumen total de las personas residentes, de los cuales 90 por ciento nacieron en EU; el resto nació principalmente en países de Centroamérica y de Sudamérica (US Bureau of the Census, 2023). Se trata de dos dinámicas migratorias diferentes entre países que colindan y configuran un sistema migratorio binacional.
Sobre los eventos de personas que tuvieron al menos un encuentro (aprehensiones y canalizaciones) con la autoridad migratoria, ya sea en EU o en México, en 2023 se registraron 145 mil 474 eventos de NA, de los cuales 21 por ciento eran mexicanos; en el transcurso de 2024 (octubre 2023 a agosto 2024) se registraron 109 mil 711 eventos de NA, 29.1 por ciento mexicanos (Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EU). En cuanto a la migración de NA a México, en 2023 fueron canalizados a los albergues del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) 113 mil 660 menores que se encontraban en situación migratoria irregular, son 14.5 por ciento de inmigrantes registrados en el país, 62.0 por ciento de algún país de América del Sur y 26.1 por ciento de algún país de América Central (Upmrip, 2024). El trabajo se publica en el boletín semestral Señales migratorias, núm. 6, julio-diciembre 2024, que edita la Secretaría de Gobernación a través de Conapo (https://acortar.link/aAgTN7).
Es clara la alta prioridad que ha cobrado el tema para el gobierno de México, al privilegiar el fortalecimiento de los derechos humanos en el lugar de origen, así como restar fuerza a su aparente carácter anárquico. Tal como hace años el presidente López Obrador definió esta posición y arrancó la campaña internacional para llamar a invertir en los países expulsores, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó que “para detener el flujo migratorio a EU debe invertirse en los países de origen […] para disminuir la migración hay que invertir y desarrollar los países que están expulsando personas por necesidad, en vez de construir muros, hay que apoyar a los países y a las personas”. Para la presidenta de México el reto es muy complejo y delicado de manejar, al tomar en cuenta nuestra ubicación geopolítica y las agendas bilaterales con EU. (Gabriela Rodríguez R., La Jornada, Opinión, p. 18)
Eugenio Lira Rugarcía, obispo de la diócesis de Matamoros-Reynosa y religioso que nació en la ciudad de Puebla, fue nombrado responsable de los trabajos que realiza la Conferencia del Episcopado Mexicano en defensa de los migrantes.
En medio del aumento de los flujos migratorios por México, a Lira Rugarcía se le encomendó la titularidad de la Dimensión Episcopal para la Pastoral de Movilidad Humana en la agrupación de obispos mexicanos durante el trienio comprendido entre 2024 y 2027.
Para la cúpula episcopal del país, el religioso que recibió la ordenación sacerdotal el 22 de febrero en el Seminario Palafoxiano de Puebla, cuenta con la experiencia y el conocimiento para ser el instrumento que acompañe a quienes están en busca de mejores condiciones de vida.
En su momento, Lira Rugarcía reveló que la violencia como la que viven los migrantes, está arrebatando a los seres queridos únicos e irrepetibles a las familias, problema que requiere atención a partir de la participación de todos los sectores de la sociedad.
La situación de violencia que se vive en diferentes partes del país es tan compleja, comentó el obispo, que se requieren múltiples operaciones conjuntas: un adecuado marco jurídico; una justa y oportuna persecución y sanción delito; una labor preventiva que atienda a las causas estructurales, sociales y familiares que provocan que algunos se dejen seducir por el crimen y la violencia; recuperar la conciencia de la dignidad, los derechos y las obligaciones de toda persona, y educarnos todos en su debido respeto.
“Dada la extensión del problema, que traspasa límites territoriales y fronteras, es necesario un trabajo coordinado, a nivel local, estatal, federal e internacional. Y, en esto, todos tenemos un papel que desempeñar. No olvidemos que todos somos hermanos, hijos de un mismo Dios. Debemos amarnos, preocuparnos y ocuparnos unos de otros”, confió el obispo de origen poblano.
Para Lira Rugarcía, quien ya está implementando acciones ante su nueva responsabilidad, advirtió que la sociedad está siendo engañada, problema que origina la violencia ya que diferentes personas resultan deslumbradas por el dinero y el poder. (Milenio Online)
Los recientes nombramientos en el próximo gabinete de Donald Trump reflejan una política donde la lealtad y el apego ideológico pesan más que la experiencia o los conocimientos. Trump está rodeándose de personas afines que ejecutarán sus órdenes sin cuestionamientos. Varios de los designados impactarán directamente la relación entre México y Estados Unidos, particularmente en la negociación de temas comerciales, migración y seguridad fronteriza.
El ejemplo más notable es el de Stephen Miller, designado como Jefe Adjunto del Gabinete para Políticas. Miller, conocido por su postura extrema contra la inmigración, indica un retorno a políticas como “Permanecer en México”, junto con la presión para que México refuerce el control de migrantes que cruzan su territorio. Su influencia se anticipa especialmente conflictiva, ya que su enfoque estrictamente migratorio probablemente incrementará la tensión entre ambos países, sobre todo si insiste en la ampliación del muro fronterizo.
Por su parte, Tom Homan, el “Zar de la Frontera”, implementará aún más rigurosamente las leyes migratorias, incluyendo deportaciones masivas, lo que presionará al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum a alinear sus políticas con las de EU. Este tipo de medidas severas puede derivar en fricciones diplomáticas y un fuerte desgaste en la relación binacional, generando obstáculos adicionales en las negociaciones del T-MEC.
Kristi Noem, propuesta como Secretaria de Seguridad Nacional, representa otro punto de conflicto por ser promotora de políticas de asilo estrictas y de medidas de seguridad en la frontera. Estas disposiciones, combinadas con un aumento en las deportaciones, presionarán aún más los recursos de México.
En el ámbito de comercio, el nombramiento de Marco Rubio como Secretario de Estado podría ser especialmente problemático para el T-MEC. El aún senador por Florida es un firme defensor de la “América Primero” e intentará renegociar los términos para favorecer a la industria manufacturera y automotriz estadounidense, lo que complicará el panorama para las exportaciones mexicanas. Además, está alineado con los intereses de EU para contener la influencia de China, lo cual podría derivar en medidas restrictivas que afecten los términos de intercambio con México.
Finalmente, Pete Hegseth, en Defensa, y Matt Gaetz, como Fiscal General, completan un equipo con una orientación dura hacia México, ya que ambos han propuesto políticas agresivas contra los cárteles de droga. La posibilidad de acciones militares de EU contra estas organizaciones criminales en territorio mexicano pone en riesgo la soberanía de México y podría generar una muy grave crisis diplomática.
En conclusión, este equipo de funcionarios, cuyas lealtades están más cerca de la ideología de Trump que de un compromiso real con sus respectivas responsabilidades, amenaza con reducir las relaciones México-EU a un juego de suma cero en el que México lleva las de perder. La renegociación del T-MEC y las políticas migratorias estarán plagadas de tensiones, guiadas por un enfoque transaccional que apenas deja espacio para la diplomacia y la cooperación, sacrificando los intereses bilaterales en favor de un triunfalismo que poco beneficia a ambos países. (Eduardo J Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 47)
Hizo bien la secretaria de Relaciones Exteriores en enviar una nota diplomática al Departamento de Estado para expresar su extrañamiento por las palabras del embajador Ken Salazar, que dijo que la política de “abrazos, no balazos” había sido un fracaso, que el expresidente Andrés Manuel López Obrador rechazó la ayuda de Estados Unidos que ayudaría a disminuir la inseguridad, y que las estadísticas que presenta el gobierno a los mexicanos son un engaño, porque no reflejan la realidad del país. Hizo bien también la presidenta Claudia Sheinbaum en descalificar a Salazar por decir un día una cosa y otro una diferente.
Bien merecido se lo tiene Salazar, a quien le han tundido desde todos los frentes por su incongruencia. Fue un zalamero normalizador de la política de López Obrador que hoy cuestiona, a quien trató con una genuflexión como nunca antes ningún representante de Estados Unidos lo había hecho. Cuando uno revisa la mayor parte de su estadía en México, puede argumentarse que sirvió más a los intereses del expresidente que de su país. Fue, junto con Juan González, que era el consejero de Seguridad Nacional para México en la Casa Blanca, el promotor de que el presidente Joe Biden cerrara los ojos ante la destrucción obradorista de las instituciones democráticas, para que ayudara a frenar la migración.
De ahí viene también el dardo bien colocado de Sheinbaum al embajador, al que cuestionó por “la disparidad de sus declaraciones”. Las palabras de Salazar fueron claramente intervencionistas. Por mucho menos, el presidente Felipe Calderón pidió a la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, la salida del embajador Carlos Pascual, tras revelarse sus críticas a la lucha contra el narcotráfico gracias a la filtración de los cables diplomáticos en WikiLeaks. En los 80, la actitud arrogante de John Gavin nunca alcanzó los niveles de intromisión alcanzados por Salazar. Lo paradójico es que fue uno durante cinco años y otro en este año, que es lo que, además de criticar, habría que reflexionar en el porqué.
Salazar es hoy sólo una correa de transmisión del gobierno de Estados Unidos. Cuando gozaba de autonomía, defendió a López Obrador hasta en Washington, hasta principios de este año, cuando las cosas cambiaron en la Casa Blanca. González, el arquitecto de la política de Biden en América Latina, fue prácticamente despedido en febrero por sus fracasos, particularmente en Venezuela. Salazar no tuvo el mismo destino, aunque su cándida torpeza le impidió ver el cambio de vientos en su gobierno sobre México, por sentirse engañados por López Obrador sobre el combate al fentanilo.
Dos momentos marcan la caída de Salazar: haberlo mantenido –hasta ahora– en la oscuridad sobre la captura de Ismael el Mayo Zambada, y haberlo obligado a cambiar 180 grados su declaración en apoyo a la reforma judicial con mentiras para cuerpear a López Obrador, y criticarla a la semana siguiente. El embajador no tiene peso en Washington y está viviendo horas extras. No es él quien debe preocupar al gobierno de Sheinbaum, sino todo el aparato gubernamental de Estados Unidos, que a lo largo de todo este año ha dejado perfectamente claro lo que piensa de López Obrador y su relación con el narcotráfico, y el papel que jugó su gobierno en busca de una pax narca a cambio de apoyo electoral, que es una línea de la cual no se ha apartado todavía la Presidenta.
Salazar no podía haber hecho esa declaración intervencionista sin autorización del Departamento de Estado –que ayer, en el briefing rutinario de la Cancillería, no fue desautorizado–, y la relevancia que tienen sus palabras es que en las próximas semanas estará en Washington ofreciendo un briefing y la perspectiva de las políticas de Sheinbaum directamente al presidente electo, Donald Trump, o a su equipo que se encargará de la relación bilateral.
El gabinete mexicano de Trump está plenamente integrado en las cabezas de las áreas de seguridad y de migración, a las cuales nombró con una velocidad que sólo se entiende porque México, al igual que China, son las dos principales prioridades del próximo jefe de la Casa Blanca: Kristi Noem, como secretaria de Seguridad Territorial; Stephen Miller, como jefe adjunto de Gabinete bajo cuya responsabilidad caerá la consejería sobre seguridad territorial, y Tom Homan, como zar de la frontera. Todos ellos tienen como común denominador que son de extrema derecha, tienen amplia experiencia en temas migratorios y trabajarán con vehemencia para llevar a cabo la deportación de millones de migrantes.
También está designado el próximo secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de cubanos, que ha sido crítico de México y acusó a López Obrador de haber entregado territorio a los cárteles de la droga. Cuba, Venezuela y Nicaragua serán países que, por su historia, estará viendo de manera particular, que tampoco es algo para la tranquilidad de Sheinbaum, que ratificó el respaldo incondicional con el régimen de La Habana, al que está ayudando económicamente.
Rubio fue seleccionado por su dura posición contra China, que se cruza en la ecuación de la frontera segura que desea Trump, por el tráfico de fentanilo y por los componentes electrónicos en los automóviles que se exportan a ese país y su robusta plataforma de telecomunicaciones, quedando México en medio de la guerra comercial y tecnológica entre Washington y Pekín.
Las declaraciones de Salazar no son las de un político y diplomático que tiene sus horas contadas como embajador en México, sino el capitulado de uno de los principales temas en la agenda de Trump, expresado reiteradamente durante la campaña presidencial, sobre su intención de combatir a los cárteles de las drogas. No hacen bien varios funcionarios del gobierno y el entorno de Sheinbaum en pensar que la realidad no es tan ominosa como muchos ven, porque consideran que Trump es un pragmático que negociará sin llegar a tomar las acciones que está anunciando implementará.
Nadie puede saber, salvo su círculo interno, hasta dónde será capaz de llegar, pero las primeras señales han tenido un doble mensaje: los radicales en el entorno de Trump sí quieren cobrarle facturas a México, y Sheinbaum necesita revisar su equipo para lo que se viene. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 48)
Tanto en su mandato anterior como en su campaña política que lo llevó a una aplastante victoria en las elecciones presidenciales de EU hace poco más de una semana, Donald Trump ha sido claro sobre su política de mano dura hacia México en materia de migración, comercio y tráfico de estupefacientes.
Un modelo de Inteligencia Artificial de la dirección general adjunta de Análisis Económico y Financiero de Banorte corrobora esta información, pues al cierre de su campaña electoral, 85 por ciento de los comentarios de Trump con respecto a México fueron negativos.
Por ello, conviene revisar con lupa al gabinete de Donald Trump, que al estar alineado con su agenda de “America First”, ya anticipa cómo será la relación con nuestro país.
La política exterior la conducirá Marco Rubio. A pesar de que Donald Trump en repetidas ocasiones se refirió a él de manera denigrante como Little Marco y el mismo Rubio consideró que el magnate era la peor opción para la presidencia, el hijo de dos inmigrantes cubanos que abandonaron la isla en 1956 se ha pronunciado por medidas más fuertes para inhibir la entrada de inmigrantes ilegales a EU. Durante la campaña, Rubio respaldó las deportaciones masivas planeadas por Trump, comenzando por migrantes ilegales que hayan cometido algún crimen.
Rubio es una antagonista natural de la 4T. El cubano-estadounidense se confrontó con el expresidente Andrés Manuel López Obrador y fue un acérrimo crítico de la reforma judicial, además de que promovió sanciones contra México por enviar petróleo a Cuba y por contratar médicos cubanos, lo cual calificó como trata de personas.
Otro integrante del gabinete de mano dura contra México y la inmigración ilegal es Stepehen Miller, quien en 2018 justificó el polémico programa de separación de familias de migrantes ilegales en la frontera, que dejó al menos 5 mil 500 menores –algunos de apenas meses de edad– lejos de sus padres. Ahora, desde la subdirección de Personal para Políticas, Miller tiene manga ancha para influir en las medidas de la administración Trump 2.0 en temas cruciales como la migración, la política exterior y el comercio.
Ni qué decir del exboina verde Michael Waltz, promotor de una ley para autorizar al presidente de EU a utilizar la fuerza militar contra los cárteles mexicanos de la droga. Él será el principal asesor de Donald Trump en materia de Seguridad Nacional. Waltz considera que hay una “Guerra Fría” con China, y apoya una política comercial de línea dura contra ese país, al cual México corteja para incrementar inversiones y Trump acusa de utilizar al T-MEC como trampolín para ingresar al mercado de EU.
Tampoco hay que olvidar a Tom Homan y a Kristi Noem, designados “zar de la frontera” y secretaria del Departamento de Seguridad Nacional. El encargado de la seguridad fronteriza fue un fuerte promotor de la separación de familias migrantes y estará a cargo de la deportación de al menos 11 millones de personas que están en EU de manera ilegal. Noem trabajará muy de cerca con Homan y además conducirá la estrategia contra el terrorismo, que tiene en la mira a grupos criminales en México.
Para cerrar la pinza está el fiscal general Matt Gaetz, uno de los hombres más leales a Trump –y quien seguramente cancelará las investigaciones en su contra–. Desde el Departamento de Justicia, Gaetz estará a cargo de endurecer las políticas migratorias e instrumentar acciones como las deportaciones masivas que quiere hacer Donald Trump desde el día uno de su administración, así como acciones para desmantelar al crimen organizado.
No solo se trata de la tan anticipada amenaza de aumentar aranceles a productos provenientes de México, pues desde la política migratoria hasta las negociaciones comerciales, los amigos seleccionados por Trump reflejan un cambio inevitable en la dinámica bilateral, marcada por la confrontación y la presión.
Sotto Voce
En Villahermosa, Ricardo Aldana Prieto, secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, acompañado del director general de Petróleos Mexicanos, el doctor Víctor Rodríguez Padilla, inauguró el Centro de Capacitación y Adiestramiento Regional, que cuenta con tecnología de punta y servicios especializados para fortalecer la capacitación de las y los trabajadores petroleros. El gremio petrolero en México nunca ha estado tan cohesionado y en tanta armonía como con Ricardo Aldana, un líder discreto, con enorme experiencia, sensibilidad e inteligencia que se dedica a trabajar para incrementar la productividad y eficiencia de Pemex y velar por el bienestar de sus agremiados…
En Puebla, de los pocos estados de la República donde se vive una transición tersa y ordenada, el gobernador Sergio Salomón Céspedes deja todo en perfectas condiciones para la llegada de Alejandro Armenta, quien hizo una magnífica labor como candidato, recorriendo hasta el último metro cuadrado de su estado. (Oscar Mario Beteta, El Financiero, Opinión, p. 41)
Mientras Trump promete cerrar fronteras, China abre nuevos caminos en América. ¡Luego que no se quejen! (Redacción, La Jornada, Cp.)
El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca ha colocado al país en posiciones de riesgo porque, esta vez sobre la anterior, está dispuesto a cumplir sus amenazas.
Lo indican las designaciones de personajes abiertamente antiinmigrantes y en algunos casos anti mexicanos: Marco Rubio en el Departamento de Estado, Tom Homan como zar de la frontera…
Precisamente Homan ha sembrado el terror entre millones de migrantes con su advertencia de “preparen sus maletas” porque serán deportados con sus familias.
Remitir millones, o así fueran cientos de miles de extranjeros al sur de su frontera, generaría una crisis humanitaria en el país, pero sobre todo en los estados limítrofes, Baja California, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas.
Pero la detención y remisión es apenas uno de los ángulos a los cuales se enfrentará el gobierno de Claudia Sheinbaum a partir del 20 de enero de 2025, cuando el magnate tomará posesión.
SIEMBRA DE TERROR
Un sondeo con fuentes diplomáticas y de seguridad arroja mayores pistas.
El primer riesgo es el cumplimiento de amenazas de Donald Trump, tanto en materia migratoria como con el cierre de la frontera con severos daños en el cruce de mercancías entre ambos países.
El segundo, hasta ahora no monitoreado por las autoridades mexicanas, es la fuga masiva de trabajadores sin papeles ante el temor de caer en redadas e ir a la cárcel.
Pero también cabría, tercera posibilidad pero más remota, una cruzada de defensa: la oposición de patrones de trabajadores de fábricas, agricultores, granjeros y transportistas, porque se quedarían sin mano de obra barata.
No se sabe si están preparados los altos funcionarios, en especial la Cancillería de Juan Ramón de la Fuente, porque hasta ahora el entorno de Trump no ha contestado para entablar negociaciones directas.
La frase de Claudia Sheinbaum resume el estado de ánimo: se insistirá para encuentros bilaterales y si no se dan antes del inicio del nuevo gobierno estadounidense, el 20 de enero de 2025, será después.
Ya se verá entonces, pero por ahora los señalamientos del embajador Ken Salazar no hablan de buen ambiente siquiera con el gobierno del demócrata y menos agresivo de Joe Biden. (José Ureña, 24 Horas, México, p. 4)
Lo halcones de Trump
Las primeras designaciones de Donald Trump nos muestran una fauna disímil de figuras marcadas por su lealtad al líder más que por su experiencia.
Con los nombramientos se empieza a delinear también el regreso del tradicional “halcón” en temas de política exterior, una especie que estuvo en peligro de extinción en la era Biden.
En la política estadounidense un “halcón” es alguien que favorece una estrategia fuerte y a menudo agresiva en materia de política exterior y en defensa nacional.
Los “halcones” suelen presionar en favor de un mayor gasto militar, políticas intervencionistas y una postura firme contra países adversarios o amenazas.
Priorizan la seguridad nacional y pueden abogar por la acción militar en lugar de soluciones diplomáticas en situaciones en las que perciben un riesgo para los intereses o la seguridad de su país.
Con avisos de que propiciará algún tipo de intervención en México para combatir a los cárteles de las drogas, Trump está alineado con la corriente de los “halcones”, aun cuando en campaña prometió poner fin a la guerra de Rusia contra Ucrania.
En el gabinete de Trump no hay “palomas”, que tradicionalmente tienden a abogar por presupuestos de defensa limitados, centrarse en la ayuda humanitaria y apoyar soluciones diplomáticas por sobre los conflictos.
Los principales “halcones” de Trump son:
Marco Rubio, designado a secretario de Estado, ha sido uno de los críticos más notables de China en el Congreso. Con frecuencia denuncia los abusos de los derechos humanos, las prácticas económicas y la influencia de China a nivel mundial, y aboga por medidas para contrarrestar su influencia.
Rubio respalda una postura firme de Estados Unidos contra Rusia, en particular en respuesta a su agresión en Ucrania. Ha apoyado la ayuda militar a Ucrania y las sanciones a oligarcas rusos.
A diferencia de otros integrantes del círculo cercano de Trump, Marco Rubio ve a Rusia como una amenaza.
Es un duro crítico de los gobiernos de Venezuela, Cuba, Nicaragua y del pasado presidente de México, López Obrador, por haberle dado poder y territorio a los cárteles de las drogas y ser defensor de tiranías.
Habrá, pues, un secretario de Estado que es firme partidario de las sanciones y la presión diplomática sobre Nicolás Maduro, de Venezuela.
El equipo de seguridad interior designado por Trump concentra a lo más selecto de los “halcones”, por su rudeza contra la migración y la tendencia a “echar mano a los fierros” para combatir a los cárteles mexicanos.
Kristi Noem, gobernadora de Dakota del Sur, será la secretaria de Seguridad Nacional, con una biografía rabiosamente antiinmigrante. Ofreció al gobernador de Texas, Greg Abbott, mandar a la Guardia Nacional de su estado para frenar “la invasión” de extranjeros en la frontera con México y combatir a los cárteles de las drogas.
Con ella estarán otros dos “halcones” antiinmigrantes, Tom Homan como zar fronterizo, y el subjefe del gabinete presidencial, Stephen Miller, para realizar las “deportaciones más grandes de la historia”.
Mike Waltz fue designado asesor de Seguridad Nacional. Es el primer ex boina verde (una unidad militar de élite altamente entrenada que se especializa en guerra no convencional y contraterrorismo) en los altos mandos del gobierno de su país.
Es un creyente de que la proyección de fuerza de Estados Unidos es clave para la estabilidad global. Considera a China, Rusia, Irán y grupos terroristas como serias amenazas que deben ser acotadas.
Como miembro de los comités de Asuntos Exteriores y de las Fuerzas Armadas en la Cámara de Representantes, Waltz ha buscado que Cuba y Venezuela rindan cuentas por su falta de democracia.
Elise Stefanik será la embajadora de Estados Unidos en la ONU. Ella se inclina por apoyar a aliados de Estados Unidos en Asia y Europa para contrarrestar la influencia y amenaza de China y Rusia.
Ha sido fuerte partidaria de las acciones del gobierno de Benjamin Netanyahu en Gaza, en lo que ha calificado de una “guerra justa” contra Palestina.
Como miembro del Comité de Servicios Armados e Inteligencia, estuvo a favor de robustos presupuestos de defensa militar para Estados Unidos.
Trump designó a Mike Huckabee como embajador en Israel. Es defensor de la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania que, según él, no existe. “Es Judea y Samaria. No existe una ocupación”.
La cereza en la cetrería del nuevo gobierno es Pete Hegseth, un presentador de Fox News y veterano de las guerras de Irak y Afganistán, pero sin experiencia en el manejo del aparato militar.
“Pete es duro, inteligente y un verdadero creyente en el principio de Estados Unidos primero. Con Pete al mando, los enemigos de Estados Unidos están sobre aviso: nuestro Ejército volverá a ser grande y Estados Unidos nunca se echará atrás”, dijo Trump. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 46)

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 20)
