La política antinmigrante que se avecina
La inminente llegada de Donald Trump nuevamente a la presidencia de Estados Unidos y que los republicanos tengan mayoría en el Congreso modificará necesariamente la política exterior del país vecino con México.
Con Marco Rubio en el Departamento de Estado, Kristi Noem en el Departamento de Seguridad Nacional; y Tom Homan como zar de la frontera, es posible que en el gobierno de Trump implemente un rudo programa antinmigrante en su frontera sur en enero de 2025.
Seguramente la política fronteriza se concretizará con el aumento de personal de la Patrulla Fronteriza, con más recursos tecnológicos y militares incrementando la vigilancia con drones, cámaras infrarrojas, así como construir otros tramos más del muro fronterizo.
Ante tal embate, es necesario que el gobierno federal –Secretaría de Relaciones Exteriores y Gobernación–, de los estados y municipios mexicanos fronterizos del norte y sur de México, redoblen esfuerzos para hacer posible que se respeten los derechos humanos y la seguridad de los migrantes mexicanos y centroamericanos que intentarán llegar a territorio estadunidense.
La tarea será dura y difícil para contrarrestar el accionar de la delincuencia organizada en la trata de migrantes, así como desterrar el abuso de poder público en que, en ocasiones, incurre contra los migrantes, el personal del Instituto Nacional de Migración.
Pese a lo que viene, hay una buena noticia y que tiene que ver con las acciones de resistencia que se están presentando en las comunidades mexicanas en California, Chicago y Nueva York, al fortalecer las ciudades santuarios, y todo, para contrarrestar en lo posible las previsibles redadas de connacionales y también evitar la expulsión de familias mexicanas de distintos estados del país vecino. (Mario Trujillo Bolio, La Jornada, Editorial, p., 2)
Cientos de miles de migrantes mexicanos en Estados Unidos han pasado repentinamente de aspirar al “sueño americano” a no poder dormir. De acuerdo con los testimonios que ha recogido nuestro compañero corresponsal Manuel Ocaño, la amenaza de ser deportados –luego del anuncio de la política migratoria que piensa aplicarse en el segundo gobierno de Donald Trump– ha generado una ola de angustia entre los connacionales que viven allá.
“Apenas ha pasado una semana, ni han comenzado las deportaciones y yo ya me siento cansada, deprimida”, confesó Beatriz, madre de familia originaria de Jalisco, quien tiene dos hijos menores de edad y vive en el sur de California. “Llevo toda la semana sin poder dormir bien, sólo duermo a ratitos”, agregó. Los migrantes temen, sí, a la escena de un agente estadunidense tocando a la puerta de su casa, o llevándoselos esposados de su lugar de trabajo, siendo separados de sus hijos y recluidos en un centro de deportación. Pero lo que les espanta en el fondo es la perspectiva de regresar a un país del que tuvieron que salir, no por gusto, sino por necesidad.
Están atrapados entre Trump y la perspectiva de una vida en pobreza o bajo la amenaza de criminales. Porque eso es lo que les espera en caso de tener que volver al país: encontrase de nuevo en un lugar del que tuvieron que irse porque no les generó perspectivas de progreso y tranquilidad. Desde que se supo que Trump retornará a la Casa Blanca en enero próximo, el gobierno mexicano ha dicho que va a “defender” a los migrantes. Pero ¿cuál es esa defensa? De acuerdo con la versión oficial, “la red de consulados en Estados Unidos”.
Habrá que ver si esa red es capaz de hacer un mejor trabajo del que hizo durante los dos periodos de Barack Obama, cuando fueron deportados 5.3 millones (de los cuales tres millones eran de origen mexicano). O cuando dos millones fueron expulsados de EU el primer cuatrienio de Donald Trump. O en lo que lo va del gobierno de Joe Biden, cuando se ha dado un número combinado de repatriaciones y deportaciones rápidas por el covid, que suma 4.4 millones.
¿Qué podrán hacer las autoridades consulares mexicanas ante esos números? Si promediamos las deportaciones de mexicanos en 300 mil al año, sin considerar que pudieran aumentar drásticamente a partir de enero, eso significaría que a cada consulado mexicano le tocaría “defender” a unos 16 connacionales al día. Y, claro, no todos son sobrinos de una secretaria de Estado como para darles atención personalizada. Desde luego, no está mal contar con la posibilidad de defenderse ante un sistema judicial independiente. Eso es mucho más de lo que tendremos en México dentro de poco y también más de que lo que tienen los migrantes en suelo mexicano. Pero si esa “defensa” consiste en darle a los amenazados con la deportación una lista de abogados especializados y ellos no tienen, como sucede con Beatriz, los recursos para contratar sus servicios, ¿para cuánto puede servirles?
Lo que el gobierno de México no ha dicho es si los que sean deportados –o los que regresen voluntariamente, para evitar ser fichados– habrán de contar con un recibimiento en territorio nacional; que existirán programas para reencauzarlos; que habrá fuentes de empleo para ellos. Perdón, pero ¿qué parte del Presupuesto de Egresos 2025 está destinado a eso?
Lo que suele pasar con los migrantes regresados a México es que intentan regresar de inmediato a EU, y eso provoca grandes aglomeraciones –campamentos– en la frontera. ¿Estará preparado el gobierno federal? ¿Está siquiera consciente? Hablar de “defensa” en EU es un recurso retórico. Lo que se necesita es un plan para enfrentar los efectos de las deportaciones. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)
Si el tigre no deja de luchar contra el elefante, el elefante morirá exhausto.
Ho Chi Minh
Hay tres amenazas principales de Trump contra México: aumentar aranceles de 25% a las exportaciones; iniciar acciones militares contra laboratorios o grupos criminales mexicanos vinculados al fentanilo e iniciar “desde el primer día” deportaciones masivas. Las primeras nominaciones hechas por Trump, conocidas ya como “el gabinete de la venganza”, muestran al Trump descarnado, sin el incentivo de la reelección que tenía en su primera presidencia, sin personajes capaces de decirle que no y con la voluntad de terminar de hacer suyo completamente al Partido Republicano. La prueba de esto último la veremos al saber cuántas nominaciones le aprueba el Senado con mayoría republicana. Para México, la más inmediata es la amenaza de deportaciones masivas; en ella me concentraré en esta colaboración.
La primera regla me parece es la de no ceder por anticipado lo que tampoco significa provocar o no tomar con la mayor seriedad y responsabilidad la nueva realidad postelectoral de nuestro vecino del norte. Presentarse ante el bully, ya sea el propio Donald Trump o Tom Homan, quien será responsable del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), con un abanico de decisiones tomadas para calmarlo, tendrá el efecto opuesto y mandará el mensaje de que puede obtener mucho más.
La primera decisión que tendrá que tomar la Presidenta será la de nombrar responsables. El tema de migración ha sido responsabilidad de la Secretaría de Gobernación, pero se ha ido trasladando paulatinamente a la SRE, no sólo por la red de consulados y su trabajo con las comunidades mexicanas allá, sino por la impericia que ha caracterizado al Palacio de Cobián. La actual titular de Gobernación es una valiosa “resolvedora de problemas”, ése ha sido su trabajo por muchos años, pero no tiene experiencia en tratos con los americanos. Alguien con experiencia en EU y, sobre todo, con mentalidad de Ho Chi Minh, sería valioso, de la SRE o de donde lo o la encuentren.
¿Por qué Ho Chi Minh? El artífice de la derrota militar y política de Francia y Estados Unidos en Vietnam era un David profesional, un excelente estratega y, por tanto, un perfilador de las debilidades del adversario y de las oportunidades propias. En un terreno de confrontación notablemente disparejo, el enfrentamiento directo es suicida. Por el contrario, se requiere un trabajo de desgaste que obligue al adversario a cometer errores, a invertir más recursos que los calculados, a exponerse negativamente ante la opinión pública y a tardar más tiempo en la consecución de sus objetivos.
En Estados Unidos viven aproximadamente 11 millones de indocumentados, la mayoría con más de 10 años de vivir allá y “vivir” significa trabajar, formar una familia, integrarse a la comunidad, etcétera. De éstos, se estima que el 43% son mexicanos. Además, hay 2.3 millones de personas que cruzaron la frontera desde México, no tienen estatus legal, fueron detenidas por la Border Patrol y fueron soltadas mediante fianza o condicionalmente o por otro recurso que puede ser revocado inmediatamente. De aquí saldría el primer millón que Homan y Steven Miller quieren deportar de inmediato.
El gobierno estadunidense nunca ha deportado en un año más de medio millón de personas. Y entre éstas se cuentan muchas que son devueltas en la frontera. El plan trumpiano es difícil, aunque no imposible de implementar. Requiere muchos recursos, por ejemplo, duplicar la cantidad de jueces, invertir barbaridades en nuevas instalaciones carcelarias, aumentar el personal de ICE, etcétera. Para que se tenga una idea, la totalidad de personas en la cárcel en EU es de 1.9 millones de personas. ¡Y estos quieren localizar, detener, procesar y deportar a 13 millones de personas! Seis de cada 10 de los potenciales deportados no son mexicanos y no entran en el programa Remain in Mexico, que se aplica sólo a los que solicitan asilo. El gobierno Trump tendría que deportarlos por vía aérea y no todos los países aceptan esto.
Los consulados, las iglesias, las asociaciones de abogados especialistas en derechos humanos, las ONG humanitarias, las asociaciones de barrio, los legisladores locales, los empleadores pueden hacer difícil encontrar a ese millón de personas. Se detendrá a algunos y seguramente se les deportará, pero hagamos extenuante ese trabajo. La dispersión territorial de los indocumentados ayudará. El gobierno de California ya prepara acciones legales para defenderse de los extremistas de Trump. Ése no es el caso de Texas ni de Florida, donde gobiernan extremistas.
De este lado tendremos que prepararnos para recibir a nuestros paisanos, algo que quizá no contempló el proyecto de presupuesto. Y, sin duda, ordenar nuestra frontera sur. Si la pregunta es si Trump puede o se atreverá a hacer el máximo de daño, la respuesta es sí, porque puede, tal como lo hizo este gobierno con la reforma judicial: porque pudo. Si no se pone las pilas, tendrá una macrosopa de su propio chocolate. (Cecilia Soto, Excélsior, Nacional, p. 12)
LAS COMPARACIONES suelen ser odiosas… para quien no sale favorecido. Pero resulta inevitable comparar lo que acaba de suceder en España con lo que se vive todos los días en México.
ALLÁ, la Policía Nacional española llevó a cabo un operativo en Barcelona, apoyada por la corporación local Mossos d’Esquadra, por medio del cual aprehendieron a 14 integrantes del Cártel de Sinaloa. Y todo porque una sola persona fue asesinada en aquella ciudad.
EN CAMBIO en la propia Sinaloa se han contabilizado más de ¡350 asesinatos! desde que inició la ola de violencia y el tema no parece inquietar demasiado a las autoridades, pues incluso el gobernador Rubén Rocha Moya salió con la vacilada de que son ciclos que se dan en el estado. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)