Le toca contener a migrantes
Vaya tarea la que tocará a Salomón Céspedes, a partir del 15 de diciembre. Ese día, el todavía gobernador poblano asumirá como titular del Instituto Nacional de Migración, y tiene enfrente la misión de desactivar las caravanas migrantes con destino a la frontera con EU. La instrucción es que no las deje avanzar, justamente, más allá de Puebla. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La2)
Mucho se ha hablado de las reacciones de este lado del Río Bravo sobre la elección del presidente Trump, sobre el histórico hecho que representó que los estadounidenses eligieran a su primer presidente con cargos criminales. Aunque es cierto que habrá consecuencias en nuestro país, no nos podemos olvidar de aquellos que han decidido dejar territorio mexicano para emprender la búsqueda de una “mejor vida”, si, ahora más que nunca entre comillas.
Hablemos claro. Si bien es cierto que la migración no se va a detener, pues responde a un fenómeno económico y social mucho más complejo que lo político, la realidad es que los peligros y dificultades para los migrantes si pueden ser diferentes ahora. Ya en años recientes, con una administración demócrata, vimos actos racistas de la patrulla fronteriza, policía, autoridades y ciudadanos estadounidenses, ¿qué podemos esperar ahora que los republicanos han vuelto con el especialista del efervescente discurso antimigrante?
No es que seamos fatalistas, pero la realidad de la sociedad estadounidense se ha visto reflejada en la elección, ignorancia y división. El estandarte de la campaña fueron las deportaciones masivas, propuesta pensada y votada desde la ignorancia, pues Estados Unidos no tiene el presupuesto ni la infraestructura para deportar a más de 12 millones de personas (y no le conviene hacerlo), sin embargo, los engañados serán envalentonados por estas falacias para realizar detenciones arbitrarias y actos discriminatorios por doquier.
No hay que olvidar que además de mexicanos y latinos, hablar de la comunidad migrante también incluye a la comunidad asiática, árabe y africana, todos ellos han sufrido de ataques dirigidos específicamente hacia sus grupos.
Todos están preocupados y en un ambiente de incertidumbre respecto al 21 de enero, pero eso no les ha impedido empezar a movilizarse y crear su propio ejército y líneas de resistencia, con mucha valentía, muchas organizaciones han empezado a alzar la voz para promover y defender su propia agenda.
Una de las principales trincheras en esta lucha serán las denominadas “ciudades santuario”, en donde todos los migrantes pueden encontrar garantías de seguridad y las autoridades tienen un compromiso de no solicitar información de estatus ni compartir estos datos con autoridades migratorias. Las organizaciones pro migrantes y comunidad en general, no han chistado en exigir declaraciones de los gobernadores estatales y locales que aseguren que estas posiciones de bienvenida permanecerán, pero estas han tardado en llegar.
Del mismo modo, frontal y sin miedo, han lanzado cuestionamientos crudos sobre la protección de derechos civiles, ¿quién y, sobre todo, cómo se van a proteger los derechos civiles ante las inminentes amenazas?. El supuesto hipotético de que Trump tome control de la guardia nacional para abocarse en deportaciones tiene muy nerviosa a toda la comunidad que teme una deportación pero también abusos y peligros para su integridad y la de sus familias.
Por todo este escenario, la resistencia ya ha comenzado a organizarse y preparar su defensa, la misma comunidad unida será el primer frente, respaldado por las organizaciones comunitarias que cada vez tienen más voz en Estados Unidos y las propias organizaciones no gubernamentales, sin olvidarnos por supuesto de la red consular mexicana en ese país, la más grande y robusta de un país en otro, ninguna otra nación tiene más representaciones en otra que México en Estados Unidos, el gobierno invierte millones en ello por que, hoy más que nunca, de nuevo, la prioridad es la protección de nuestros del otro lado. (Azul Etcheverry, El Heraldo de México, Online)
Para el señor Trump todo tiene que ser grande. Ahora pregona una gran deportación de migrantes indocumentados, a los que ni siquiera llama ilegales, sino criminales. En la historia hubo dos grandes deportaciones, la de los años 30, con la crisis económica de la época, que consistió en la salida de medio millón de mexicanos. No se deportaron polacos, italianos o irlandeses, sólo mexicanos.
La segunda gran expulsión fue la operación Espalda mojada, de 1954, que sacó de ese país a más de un millón de mexicanos que habían ido a trabajar de manera indocumentada y de forma paralela al convenio Bracero. Fue una operación, eficiente, de corte militar, ejecutada por el gobierno de Dwight Eisenhower. El problema es que una vez que concluyó, se tuvo que abrir nuevamente la puerta a los braceros contratados para que levantaran las cosechas.
En la actualidad se estima una población de 11 millones de indocumentados, de los cuales la mitad serían mexicanos. Por tanto, la probabilidad de que deporten a un buen número de connacionales es muy alta, no sólo por su magnitud, también por la vecindad, el menor costo y la facilidad que supone contar con 50 cruces fronterizos. Para la otra mitad, la expulsión es mucho más costosa, lenta y complicada, porque debe ser por vía aérea.
Dado el personal encargado por Trump para manejar la deportación, hay que pensar mal, y en ese sentido podría darse una especie de limpieza étnica, dirigida especialmente a los mexicanos, por ser fácilmente deportables. *Ahora bien, de los 5.5 millones de estos deportables, podrían ser, hipotéticamente 10, o más, los expulsados si contamos a los acompañantes forzados, porque al sacar a un jefe de familia le siguen el cónyuge y sus hijos menores.*
Según el demógrafo Juan Diego Terán, la población de niños estadunidenses que llegó con sus padres deportados registrada en el censo de 2020, fue de cerca de medio millón. Por tanto, hay que prever una deportación de tipo familiar y no tanto de personas. Otro agravante es la antigüedad de la migración irregular mexicana, una mayoría muy amplia tiene más de 15 o 20 años viviendo en Estados Unidos, lo que implica una integración al lugar de destino y una desconexión inexorable con México y su lugar de origen.
Lo que nos puede enseñar la historia es que las deportaciones masivas son un evento y que luego los flujos migratorios siguen su curso. No obstante, después se dan cambios significativos en las políticas migratorias y la composición de los flujos. Las expulsiones de la década de los 30 tuvieron como objetivo deportar a familias enteras, sobre todo las que se ubicaban en los estados industrializados del norte y que ya eran parte de la clase obrera. En la de 1954, la finalidad era romper con el flujo de migración irregular que corría paralelo al convenio bracero y que trabajaba fundamentalmente en la agricultura.
Deportar migrantes irregulares no soluciona el asunto. Hay 3.7 millones de solicitantes de asilo en espera, que teóricamente no podrían ser sacados de manera inmediata, también hay medio millón más de personas con estatus temporal protegido; a esto hay que sumar unos 800 mil dreamers que tienen protección. El costo estimado para deportar a un millón de indocumentados en un año es de 88 mil millones de dólares, unos 880 dólares por persona, pero la infraestructura disponible es totalmente insuficiente y también el personal para realizarlo.
Por otra parte, las ciudades santuario e infinidad de iglesias e instituciones ya se preparan para hacer una defensa cerrada y coordinada contra la deportación masiva. Las demandas judiciales van a entorpecer el proceso; sin embargo, no todos los migrantes irregulares están en la misma situación. Los mexicanos y luego los centroamericanos serán los más perjudicados. Los haitianos, comegatos, como diría Trump, tienen cierta protección y es difícil sacarlos por el caos y la violencia que impera en ese país. Los cubanos, siempre privilegiados, ahora tienen la protección de Marco Rubio como secretario de Estado. Los venezolanos, al parecer podrán ser expulsados y aceptados a cambio de que las empresas petroleras estadunidenses puedan trabajar en Venezuela. No sabemos qué podría pasar con los nicaragüenses y si van a ser aceptados por su país; tampoco con los asiáticos y africanos, a los que resulta complicado y costoso deportar.
Para México es indispensable tener información precisa y amplia sobre los expulsados, sus datos demográficos básicos, si vienen con familiares, si dejaron parientes, si vienen ciudadanos estadunidenses, lugar en que habitaron, tiempo de residencia, dónde trabajaron, habilidades aprendidas, manejo del inglés, etcétera.
Van a expulsar migrantes, pero también Estados Unidos va a perder un capital humano impresionante, que podemos aprovechar y potenciar en beneficio de ellos y sus familias, pero también del país. Pero para eso hay que tener información precisa y confiable. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 12)
No debe haber dudas ni confianza respecto de lo que nos espera a partir del 20 de enero próximo, cuando se inaugure el segundo periodo gubernamental del presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump. El panorama de las relaciones bilaterales se pronostica sombrío, difícil y peligroso, sobre todo por lo disruptivo y estrafalario del carácter del futuro mandatario del país vecino. El zigzagueo mediático de la conversación sostenida recientemente entre Mr. Trump y la Presidenta de nuestro país evidencia que la relación no es y no va a ser fácil ni cordial, como prueban los mensajes contrastantes divulgados en redes sociales.
Las características más notorias, evidentes y obvias del señor Trump son harto ofensivas, y se sustentan en sus actitudes de falta de respeto, violencia verbal, arrogancia, soberbia, prepotencia, abuso, irascibilidad, espíritu dominante y carencia de buenas maneras. Su discurso para con México y para con las y los mexicanos ha sido muy bélico y tan atroz que hasta genera miedo y obliga a pensar muy bien el diseño y la operación de la estrategia que el gobierno mexicano deberá establecer y dirigir frente a él y su gobierno, precisamente para no dejar lugar a dudas, confusiones ni omisiones.
Al gobierno que encabezó Andrés Manuel López Obrador el presidente Trump le exigió colaboración forzosa para detener o por lo menos para atenuar el flujo migratorio del sur de la frontera mexicana, no obstante que quedó demostrado que durante el sexenio de Enrique Peña Nieto y durante los dos primeros años de AMLO la migración mexicana disminuyó, aunque volvió a resurgir durante los cuatro años restantes, lo cual demuestra que el reparto de dinero como parte de los programas sociales del gobierno federal no ha contribuido plenamente a que el flujo migratorio mexicano disminuya, sino que se ha acrecentado, y ese apoyo no basta para mitigar las necesidades más sentidas de la población; por ello, nuestros compatriotas siguen buscando irse a residir en Estados Unidos, por necesidad y en busca de mayores ingresos.
El anterior sexenio de México tuvo que ceder ante la amenaza trumpiana de establecer aranceles a los productos exportables mexicanos, y por eso se vio obligado a enviar a la frontera sur a más de 20 mil integrantes de la Guardia Nacional, quienes integraron una especie de muro humano contra el flujo migratorio. Por esa decisión se logró que la amenaza no se cumpliera.
Como presidente electo, Donald Trump ha vuelto a las andadas y ha hecho públicas amenazas y definiciones, entre las que destacan el establecimiento de aranceles (25 por ciento) a los productos mexicanos, la expulsión masiva de migrantes (habló de un millón en la primera deportación), el cierre de la frontera con México y la invasión territorial, con el propósito de venir a capturar a los que allá califican de narcoterroristas; más la revisión del T-MEC. Todos estos asuntos están en el debate binacional, y ahora hasta contra Canadá arremetió el futuro mandatario estadunidense en el tema de los aranceles, lo cual obligó al primer ministro de ese país a trasladarse a Florida a entrevistarse con Donald Trump durante una cena celebrada en su famosa residencia.
La exigencia actual para México es que el gobierno que encabeza la doctora Claudia Sheinbaun sea eficaz en el combate al narcotráfico, especialmente contra los traficantes de fentanilo y que contribuya más a detener la migración hacia Estados Unidos, ignorando, al parecer, el informe de las estadísticas del gobierno de Joe Biden en el sentido de que el flujo migratorio que cruza nuestro país procedente del exterior se ha reducido en más de 70 por ciento durante los últimos dos años.
Este dato, al parecer no le importa a Mr. Trump, o al menos gusta dar la impresión de que lo ignora o no le interesa. En la víspera de la asunción como sucesor del presidente Biden, el empresario neoyorquino muestra que va en serio con sus advertencias y amenazas, sobre todo a partir de los anuncios que ha hecho respecto de quiénes serán sus colaboradores en el gobierno: todos los nombres dados a conocer señalan a personajes de línea muy dura y muy radical ubicados en la ultraderecha estadunidense, quienes se han caracterizado por ser enemigos verbales, mediáticos y también amenazantes hacia nuestro país y especialmente contra quienes migran, y también presionando al gobierno del segundo piso de la 4T, lo cual es un presagio ominoso que anuncia futuras y funestas tempestades diplomáticas, económicas y sociales con intenciones intervencionistas.
Ante ese arrojo no hay duda de que la soberanía de México debe respetarse y defenderse, siempre. Con Donald Trump no debe haber lugar para la ingenuidad ni para sorpresas, dado el odio manifiesto y las ideas tan negativas de él y de su futuro equipo de colaboradores. En lo personal no pienso que el futuro presidente estadunidense cumpla al pie de la letra sus dichos y anuncios amenazantes. Considero que va a presionar haciendo planteamientos y propuestas exigentes muy radicales y de enorme dureza ante el nuevo gobierno mexicano, y seguramente algo logrará, pues su estilo es presionar, amenazar, asustar y alarmar hasta lograr algo del propósito buscado.
Tampoco calculo que Trump cerrará la frontera con México como lo ha anunciado, pues ello sería antieconómico para su propio país y para México. Sí me parece que expulsará abusivamente a cientos de miles de migrantes, pero pienso y deseo que no lo hará con el millón de personas que ha expresado. Seguramente buscará la declaración de narcoterrorismo, pero no considero que invadirá nuestro país para capturar narcotraficantes en territorio mexicano, pues violentaría la soberanía nacional mexicana y el derecho internacional, pero en cambio en ese contexto sí podrá lograr –basado en la presión– un acuerdo y la autorización respectiva para que un mayor número de agentes actúen de manera legal en nuestro país.
En mi opinión el amago del arancel de 25 por ciento a los productos nacionales es un juego sicológico de presión política, y lo más probable es que sea una medida que no se pondrá en operación, pero a cambio podría lograr algo para reducir la migración y para asumir medidas conjuntas más efectivas y eficaces contra el narcotráfico y el crimen organizado.
Al parecer, al futuro presidente de Estados Unidos no le preocupa que con los supuestos aranceles se encarecerían los productos y las mercancías que consume su mismísima población; tampoco reconoce que con la expulsión masiva de migrantes se encarecerá la mano de obra que usan las empresas de su país. Me parece que las primeras reacciones de la Presidenta mexicana han sido correctas al responder con firmeza, contundencia y con buenas maneras las amenazas del vitriólico vecino, pero el gobierno mexicano no debe confiar y en cambio debe defender con efectividad y realismo los intereses nacionales.
Celebro que el sector empresarial mexicano esté respaldando la política gubernamental en estos menesteres, pero se requiere más. Esperemos que muy pronto se lleven a cabo encuentros civilizados e institucionales entre ambos presidentes y con los dos equipos de gobierno. Lo deseable es que surjan y se firmen acuerdos en los que las dos partes cedan en algo aceptable para ambas naciones, a la luz de que México es el principal socio comercial de Estados Unidos. La firmeza y la prudencia en medio de la terca realidad persistente han de ser buenos consejeros para ambos gobiernos, pero siempre habrá que estar alertas, atentos y prestos para reaccionar a las amenazas dadas a conocer con tanta virulencia.
No hay razón ni tiempo que perder. Son tiempos para no pestañear o para no descuidarse ni un segundo frente al agresor. Las y los mexicanos debemos hacer votos para que nuestro país salga razonablemente victorioso y para que el forcejeo se atenúe. Expuesto lo anterior, lo que es incomprensible es el por qué la mayoría de los electores de origen mexicano y latino –sabiendo muy bien lo que le espera a sus congéneres indocumentados– votaron mayoritariamente por Donald Trump para presidente de Estados Unidos. Ahora, ante tantas amenazas del futuro presidente estadunidense a Canadá, también es de esperarse un acuerdo previo de la presidenta Claudia Sheinbaum con el primer ministro de ese país, Justin Trudeau, para articular un plan conjunto de defensa de los intereses de México y de Canadá. (Heriberto M. Galindo Quiñones, La Jornada, Política, p. 4)
Número Cero / La estrategia de Sheinbaum con Trump
La reacción de Sheinbaum a la amenaza de guerra comercial deja ver que ya no sorprende el chico duro de la negociación que impone el resultado, aunque llega a la presidencia de EU con mucho más poder que antes. En su primer asalto de esgrima político con Trump, no se pasmó ni cayó en la provocación, sino que aprovecho para probar el tono de su postura y fijar límites al acuerdo.
Del primer round de sombra entre ambos resalta que México parece haber aprendido a tratar con los modos agresivos sin respeto al protocolo de Trump; eso no significa que su estilo de negociación deje de generar mucho ruido, incertidumbre y conmoción. También que el gobierno se ha preparado para la “mayor debilidad en debilidad”, que es ser tomado de sorpresa por una contraparte más fuerte y sin alegatos o propuestas para defenderse; lo que tampoco quiere decir que bajará la presión y el endurecimiento de las posiciones.
Una negociación es un proceso de comunicación y lo socios del T-MEC han comenzado a hablar en público y privado, con razones políticas y prácticas, que ponen a prueba sus habilidades y técnicas para dirigir un acuerdo. Trump quiere resultados, y rápidos, con una estrategia para acerar en la misma agenda su guerra comercial contra China, la política migratoria y el combate al fentanilo. Lo engloba todo con el hierro de “la palabra más bonita” para un proteccionista: aranceles.
¿Cuál es la mejor forma y el tono para contestar a Trump? Sheinbaum movió ficha con una carta de razones prácticas sobre la inconveniencia económica, comercial y para los consumidores estadunidenses ante el amago de gravar con 25% las exportaciones mexicanas si no detiene la migración y el fentanilo a EU. Pero, más importante, en su respuesta transmitió que no está cruzada de brazos esperando el ramalazo y que tiene una estrategia para negociar, sin envolverse en la bandera del nacionalismo o la dignidad masilla.
Sheinbaum asienta su respuesta en la premisa de que México es un socio de igual nivel que EU y Canadá, que no se disminuye con interlocutores más fuertes; y advirtió a sus socios comerciales que puede replicar los aranceles. Es evidente que México sería el eslabón más débil de una guerra comercial que de facto inhabilitaría el T-MEC o nos excluya, como han expresado en Canadá. Algunas voces temerosas internas advierten tener cuidado de ponerse con Sansón a las patadas, pero hacerse menos de nada ayudaría a contener las exigencias del principal socio comercial. La clave de su estrategia está en el tono del discurso, el modo de expresar sentimientos, emociones y estados de ánimo, a diferencia de la apuesta por una relación personal y allanarse con que López Obrador logró frenar a Trump y salvar el T-MEC. La demodulación de la retórica “trumpista”, entre bulos y mentiras, es el terreno de juego para vender sus narrativas sobre la invasión ilegal de migrantes e imponerse en una negociación con la imagen del líder sin respeto a las formas para doblar a la contraparte.
La Presidenta muestra voluntad de escucha y disposición a cooperar con las preocupaciones de Trump, dentro de ciertas “líneas rojas”, como la defensa de la soberanía de amagos de intervención suave contra los cárteles o del tercer país seguro para la migración. Y sin parecer obsequiosa o sumisa, que sería un desacierto, por inflamar una personalidad machista y la violencia repetida entre pares, menos para evitar que cumpla sus amenazas. Por eso no es extraño que Trump usara la última llamada telefónica con ella para vender un triunfo anticipado de su política migratoria con campañas dirigidas a sus consumidores políticos. En modo publicitario, celebró que aceptara frenar la migración y, de hecho, cerrar la frontera, aunque luego ella contradijera esa versión.
No será el único logró que le dará para alzarse como héroe que transformó las reglas de juego con México. También comienza a acompañar su discurso con acciones visibles, como alejarse de China y golpear al comercio chino en la CDMX; o disolver caravanas y destinar a los migrantes a estados lejanos a la frontera norte del país. Y urgir resultados de Harfuch en el combate a los cárteles para apoyar el tono colaborativo y tener cartas para una negociación que todavía no empieza, pero ya está en marcha, aunque todavía nadie pueda asegurar su éxito. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 13)

(Calderón, Reforma, Opinión, p. 9)

(Luy, El Universal, Opinión, p. 17)

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 10)

(Hernández, La Jornada, Política, p. 7)

(Jerge, La Jornada, Política, p. 6)