Opinión Migración 151224

Sacapuntas

Le dio donde le duele

Vaya que le dolió al padre Alejandro Solalinde que el ex titular del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, lo acusara de ser el “pollero de Dios” por organizar caravanas migrantes. El cura contestó que “nunca ha lucrado con los migrantes”, y dijo que no se quedará de brazos cruzados. Pero mentiras, no dijo Garduño. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La Dos, p.2)

Número Cero / Johnson, la diplomacia de la guerra

Trump no quiere dejar margen a la interpretación de lo que piensa hacer de la relación estratégica con México, con señales claras dentro del cristal por el que mira al vecino. La nominación en la embajada aquí de un excoronel boina verde, con amplia experiencia militar y de contrainteligencia, representa el rostro de la diplomacia de la guerra con que busca alinear al país a los intereses de su agenda de seguridad nacional.

El perfil del hombre que ocupará la primera línea de los intereses estadunidenses con México no deja lugar a dudas de su misión en el país. Pero más importante es que detrás del también exagente de la CIA, Ronald Johnson, hay un diseño de plan con propósitos claros y objetivos específicos que Trump ha esbozado con declaración, amenazas y promesas de actuar de inmediato contra la migración y el fentanilo, con firmes ordenes ejecutivas desde el primer día de su mandato.

El discurso de Trump es el de la diplomacia de la guerra que desdeña la cortesía y los escenarios de salida por la eficacia de la expresión; un lenguaje conciso, directo y sin rodeos (“deportación masiva” o “invasiones suaves”) para transmitir rápido señales de tenacidad, firmeza y eficacia. Johnson es el rostro del lenguaje “trumpista” de la guerra declarada en pos de hacer grande a su país a costa de achicar a otros; un Rambo del ala dura de halcones de fuertes ideas conservadoras que operarán la nueva política exterior estadunidense.

El “efecto Trump” es central para una diplomacia distinta, en forma y fondo, a la clásica de la cortesía y los escenarios de salida para resolver conflictos; la suya es la de perseverar hasta conseguir un sí, la de lograr el objetivo o es el fin, tal como aplicó Johnson en el Salvador para convencer a Bukele de la política de “mano de hierro” contra las pandillas y el delito. Él carece de experiencia en economía o comercio, pero no importa, porque su cometido en México es orquestar una diplomacia sin tabúes, sin formalidades, sin “plan B” antiinmigrante y antidroga. Por supuesto, con el arma preferida de Trump, nada secreta, ni discreta, de las sanciones comerciales para dominar y obtener concesiones de México con el amago de sanciones arancelarias para detener la migración, atajar el tráfico de fentanilo y disuadirlo de coquetear en el comercio con China, con un discurso aterrorizador de medidas drásticas.

Si todo esto dibuja el perfil de una política exterior intervencionista, la interrogante es hasta dónde están dispuestos a incomodar a sus amigos y si en la diplomacia de la guerra habrá lugar a la flexibilidad. La trayectoria de Johnson responde a las prioridades del “presidente arancelario” para el que la ofensiva representa firmeza; y la transacción, las maniobras para lograr sus fines. Su objetivo es forzar una política criminal mucho más severa en México, pero con el enfoque pragmático de la diplomacia para contar con el mayor respaldo posible del gobierno mexicano.

El excoronel, el primer militar en la embajada de México en 120 años, parece mandado a hacer para la guerra contra el narco por su amplio conocimiento del tema de seguridad regional y trabajo de contrainteligencia con que armar una red de información sobre la estrategia de seguridad de Sheinbaum para reducir la violencia y el delito; hasta experiencia en operaciones encubiertas (invasión suave) para adentrarse en la actuación de los cárteles.

Johnson buscará que México sea el muro para la migración y el fentanilo, que consideran una amenaza para EU. Ven al país en plena crisis de seguridad e instituciones débiles para reducir el crimen y la violencia, con el mismo cristal con que miraron a El Salvador en la primera presidencia de Trump.

Los mensajes de Trump son claros. Su política exterior tendrá connotaciones graves para México, porque desafía y trastoca los canales habituales de la diplomacia clásica en que se mueve el gobierno mexicano. Frente al lenguaje de Trump, Sheinbaum pone énfasis en la coordinación y colaboración mutuamente ventajosa, como mejor camino para negociar en un “menú” de salidas a los problemas; persuadir de los perjuicios al comercio bilateral o la marcha de las económicas, y hasta apurar resultados de su nueva estrategia de seguridad.

Pero la lógica de Trump es otra y, hasta ahora, la comunicación parece haber chocado con el lenguaje de la guerra y la belicosidad de su diplomacia. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 11)

Crear caos, la intención con deportaciones

Donald Trump, futuro presidente de Estados Unidos, declaró que usará al ejército con todo el rigor de la ley para apoyar sus decisiones de deportación masiva y con ello expulsar a un número nunca visto de migrantes, y retornar a todos los extranjeros sin documentos a lo largo de sus cuatro años de mandato. Vale la pena preguntarse, en primer lugar, por qué las personas son indocumentadas, y en segundo lugar, cuál es la verdadera razón para la deportación.

En cuanto a la indocumentación, hay varias respuestas, pero la más importante es porque las urgencias a que las personas se ven sometidas las obliga a salir de sus países de origen, ya sea por desastres naturales, por conflictos armados, por inseguridad, por dificultades económicas, o por una o todas ellas al mismo tiempo, que les impide alcanzar una vida digna.

Intentan llegar a aquellos países que en el imaginario colectivo pueden paliar sus carencias, y uno de ellos es Estados Unidos, como sucede del otro lado del Atlántico con la Unión Europea y las naciones del sur.

Por supuesto que ser indocumentado es una falta administrativa, porque no cumplieron con los requisitos que la soberanía del país implanta. Recordar que con la firma de la Paz de Westfalia, en 1648, se sentaron las bases del concepto de soberanía nacional y del sistema de Estados modernos, lo que sin ninguna duda deberíamos discutir en pleno siglo XXI. Separados por fronteras, se dice “tienes derecho a salir, pero no a entrar, a menos a que yo, Estado, lo permita”.

Y si bien los países han firmado acuerdos internacionales comprometiéndose a otorgar refugio y asilo a aquellos cuya vida corre peligro, la realidad es que los esquivan sosteniendo que la mayoría no lo demuestra porque son “migrantes económicos”, y les cierran la puerta.

Sin embargo, las naciones desarrolladas, destino de la mayoría de migrantes por razones obvias, necesitan su aporte sobre todo por sus dificultades demográficas, pero les ha resultado enormemente lucrativo mantenerlos en situación irregular y en un lamentable limbo jurídico, porque libera a los empresarios de cualquier obligación derivada de las leyes laborales.

Esto es claro en momentos de crisis económicas que son cíclicas y necesarias en el sistema capitalista, cuando pueden simplemente deshacerse de ellos deportándolos sin importar los años que trabajaron, que hayan pagado sus impuestos en forma religiosa y generado riqueza para el país receptor. De esta forma equilibran sus mercados laborales, mantienen sus beneficios y cuando viene la recuperación los flujos se renuevan, bajo la misma figura de indocumentados.

¿Hay alguna razón para deportar a millones de migrantes mexicanos si en su haber no hay ningún delito, están trabajando y tienen hijos nacidos en el país receptor? Podrían las autoridades revertir la situación y aplicar a todos los indocumentados una multa para obtener los papeles y con ello, por un lado, castigar la falta y al mismo tiempo resarcir el supuesto daño administrativo, pero tampoco lo aceptan.

Desde mi punto de vista, la verdadera razón de la orden de deportaciones, propuesta por la derecha, y más aún por la ultraderecha, es la de crear caos para doblegar a los países latinoamericanos, particularmente a México, y obligarlo a retroceder en la puesta en marcha de una política independiente y soberana, que busca un cambio de régimen desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador.

Política que, paradójicamente, tiene como uno de sus corolarios la reversión de la migración indocumentada forzada. No es un hecho menor que el próximo embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, quien realizó la mayor parte de su carrera militar en el Comando Sur de Estados Unidos, se retiró del ejército en 1998 y ahora es parte de la CIA.

Y así como no se puede desestimar lo que está pasando en Medio Oriente (que como señala el economista Jeffrey Sachs, Estados Unidos, a instancias de Israel ha dejado esa región en bancarrota y en ruinas), es muy importante recordar que América Latina es estratégica para Washington, tanto por razones geopolíticas como económicas, sociales, ambientales, de seguridad nacional y, sobre todo, por sus recursos estratégicos.

Por lo que tampoco debe olvidarse que Estados Unidos seguirá “alentando la fragmentación regional para obstaculizar cualquier iniciativa de coordinación y cooperación política que tienda hacia la integración. Divide y reinarás es la otra cara de la Doctrina Monroe (Morgenfeld, Leandro). (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p. 13)

Cruzando Líneas / Los migrantes “buenos”

Cuando entra en confianza, el hombre, de unos 40 o 50 años, empieza a hablar de su país natal. Critica la falta de liderazgo, condena la violencia, exige mano dura contra el crimen organizado y propone un combate más frontal a la pobreza. Habla de su Ecuador con nostalgia y, aunque sabe que esos viejos tiempos en la costa no volverán y que él ya no se imagina viviendo allá, le duele lo que pasa en su tierra. Luego culpa a los migrantes.

-“Toda esa gente de fuera”, sentencia.

Me desconcierta. El tramo entre la oficina y el hotel en Nueva York es corto, pero con el tráfico se siente como una eternidad. Por lo general, cuando estoy en La Gran Manzana camino a todos lados, pero con las temperaturas congelantes y mis principios de neumonía tomé la sensata decisión de pedir el raite. Diez minutos después me cuestiono si fue lo mejor. La retahíla de Carlos contra los migrantes me abruma y siento que me falta el aire.

Lo interrumpo con sutileza y me disculpo de antemano por la pregunta incómoda.

-Carlos, ¿tú eres migrante? le pregunto.

– jAhhhhhhhh, sí!, pero de los buenos, contesta sin vacilar.

No me da tiempo de responder con otra pregunta. Sigue hablando sin agarrar aire. Dice que cuando llegó acá sus papás pudieron “arreglarle los papeles” y fue facilísimo. En un dos por tres ya estaba trabajando en restaurantes y poco después, en la construcción.

Asegura con firmeza que en todos sus trabajos se topó con esos migrantes que no se asimilan ni se adaptan, que no aprenden inglés ni las leyes, que exigen como si merecieran, que tratan de imponer su música y su comida, que no respetan las leyes de esta casa ajena en la que los están albergando… y mil cosas más. No son criminales, aclara, pero son molestos y encajosos. Por eso Ecuador está como está, sentencia; por eso Nueva York va a donde va, condena; por eso Estados Unidos necesitaba que volviera Trump, celebra.

-Tú eres de los buenos?, alcanzo a preguntar en un segundo de pausa que hizo para tomar algo.

Y con orgullo dice que sí. (Maritza L. Félix, El Sol de México, Análisis, p. 15)

Semáforo / Escándalos por aquí y allá

El país pasó de un escándalo a otro: la boda de ya exfuncionarios en el Museo Nacional de Arte, que involucró a Martin Alonso Borrego Llorente, lonut Vâlcu e incluso a Alicia Bárcena, secretaria de Medio Ambiente. Francisco Garduño Yáñez, quien dejó el cargo de comisionado del Instituto Nacional de Migración, dijo sobre el incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez en 2023, que “no podía en ese momento correr para extinguir el fuego”. Y en el partido gobernante, Adán Augusto y Ricardo Monreal chocaron por presuntos contratos irregulares. (Semáforo, El Universal, Nación, p. A2)

Entre dietas y humorismo involuntario

Mientras las oportunidades se escapan, el área “creativa” del actual gobierno seguramente se encuentra trabajando afanosamente en aprovechar todo aquello que le brinde un tema a la actual Presidenta para consolidar el estilo y la estrategia de comunicación cuyas bases se definieron desde el sexenio anterior. Como se dice popularmente, se sigue “el librito” y difícilmente se saldrán de este guion en el que se ha fundamentado la retórica de la mentira, de la opacidad, de las palabras y frases chabacanas que son necesarias para todo discurso populista. Sin embargo, se han terminado por imponer algunas diferencias con respecto al monólogo al que nos tenía acostumbradas y acostumbrados López Obrador.

Así, parece evidente que la atención, los micrófonos y los reflectores se han multiplicado y no es extraño encontrarnos con declaraciones de algún miembro del gabinete, de quienes lideran las cámaras del Poder Legislativo o de quienes no desperdician la ocasión para ganar tiempo en las pantallas y ser parte de alguna nota informativa. Y, justamente por este motivo, las muestras de incongruencia se hacen cada vez más patentes en un nuevo sexenio que apenas suma sus primeros meses. Día con día, quienes cavilan y operan las decisiones del gobierno han decidido mantener su dieta con base en el esperpento –rico en humor involuntario y su dulce condimento del absurdo–, mientras su apuesta por la manipulación de la realidad sea un discurso que funcione de manera óptima y determinando la agenda política de una nueva cortesilla política que defiende sus privilegios al costo que sea. Porque, aunque presuman que “no son iguales” a quienes gobernaron el país en otros tiempos, a veces se les escapan algunas revelaciones que nos permiten concluir que son más que similares.

Por ejemplo, bajo este contexto, no resulta nada extraño que diferentes personajes ocupen los encabezados noticiosos en busca del protagonismo que hace apenas unos cuantos meses les había sido negado. Todo ello se presta al análisis y la crítica puntual, así como ha sucedido durante esta última semana: en este sentido, no está de más detenernos en algunos ejemplos que, inclusive, han ameritado la intervención de quien encabeza el Ejecutivo.

En primera instancia, como resultado de una investigación de Latinus, se da a conocer el uso del Museo Nacional de Arte para una boda que, a pesar de la pantomima diplomática, involucró de manera directa a la actual secretaria del Medio Ambiente. ¿Cuál ha sido el resultado final de este episodio?, el apoyo y “espaldarazo” de la actual titular del Ejecutivo para quien aparece en las fotografías del cuestionable evento y que no había sido capaz de aceptar su error planteando, ahora, que su excolaborador “quebrantó su confianza”. Algo no termina por cuadrar en esta versión que parece no incomodar a la Presidenta de nuestro país, aunque en otros tiempos seguramente tendrían otra opinión ante algo similar.

Otros episodios más, que dejan mucho para el análisis y la suspicacia, son los dos más recientes nombramientos que subrayan la incongruencia del oficialismo que comienza a crear fracturas en su percepción inmaculada. Por un lado, la gobernadora Layda Sansores designa como secretario de Desarrollo Económico del gobierno de Campeche a un personaje vinculado en el caso Odebrecht y antiguo miembro del Partido Acción Nacional. Y, en otro anaquel del humorismo involuntario, se encuentra la designación del exgobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, como cónsul de México en Miami, Florida, luego que dejara a su estado inmerso en una grave y delicada situación. Apenas dos nombramientos, de tantos más, en los que se pone en entredicho esa premisa de “no somos iguales”.

Y, ya que andamos por aquellas zonas, tampoco está de más traer a cuento las declaraciones de quien, hasta el viernes, era el titular de Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño –uno de los personajes más inexplicables del sexenio pasado–: llamarle al padre Solalinde “el pollero de Dios” y plantear que las diferentes organizaciones que brindan una ayuda a quienes han sido prácticamente expulsados de sus países o de nuestros propios estados, no hacen nada por solucionar el problema de la migración es más que un despropósito. Claro, como si esa fuera su obligación y no la del gobierno federal. Y que no se olvide lo que sucede entre los dirigentes del oficialismo en ambas cámaras: entre helicópteros y acusaciones, las grietas comienzan a ser más visibles.

Al parecer, la incongruencia comienza a ser más notoria gracias a esa urgente necesidad de sobresalir que tienen muchos y muchas de los personajes del oficialismo. Porque, además, la realidad, en sí misma, los coloca en ese lugar en donde la mentira termina por cobrar su propia relevancia e ilumina lo que hay detrás de la imagen que han querido imponer. (Carlos Carranza, Excélsior, Nacional, p. 9)

Domingrilla por Francisco Chiquete

En el viejo folclor de las jugadas de dominó, cuando un participante se veía obligado a pasar, sus rivales se solazaban haciéndolo notar: “ahí te mando un indio herido”.

En la política el gobernador Rubén Rocha Moya ha caído en el papel del indio herido. Si al rival del dominó se le buscaba arrinconarlo porque se sabía de su carencia de determinadas fichas, a Rocha lo arrinconan a propósito de cualquier tema.

Si se trata de criticar los malos resultados del gobierno federal en materia de seguridad, el ejemplo más fácil es el de Rocha; si se trata de decir que no hay resultados en determinada política pública, se vuelve a hablar de Rocha. Si se quiere demostrar distancia respecto del gobierno, basta con criticar a Rocha e incluso, con exigir su salida del gobierno sinaloense.

La mayor parte de los señalamientos en realidad son ajenos al problema de Sinaloa. Son muletas utilizadas para mostrar combatividad o independencia. Nadie tiene un esbozo de solución a la circunstancia sinaloense, sólo exigencias.

Una de estas mañanas, el excandidato opositor al gobierno de la Ciudad de México, Santiago Taboada, mencionó el estallido de una camioneta en Culiacán, y la indefinición de las causas. Como no se supo de bien a bien si fue un dron kamikaze o el estallido del tanque de la gasolina. Su conclusión era que Rocha debía renunciar, como si fuese el técnico especializado en esos acontecimientos.

Son muchos los problemas del estado y la responsabilidad de enfrentarlos y encontrarles solución es del gobernador, pero nadie de los que exigen su salida, se preocupa por ubicar esos problemas y determinar el grado de responsabilidad, simplemente lanzan la piedra.

Rocha no ha sido un gobernador carismático, pese al elevado número de votos con que fue electo, pero está protegido por dos circunstancias muy importantes: la bendición de Andrés Manuel López Obrador, y la protección permanente de Morena a sus elementos metidos en problemas.

Si Morena hubiese tenido apertura para atender las quejas de la sociedad, se habría ejecutado a Cuitláhuac García, de Veracruz, y a Rutilo Escalante, de Chiapas, pero en vez de eso, espero a que terminaran sus respectivos gobiernos y los protegió con nuevos puestos, lo mismo que a Sergio Salomón Céspedes, de Puebla, quien va al Instituto Nacional de Migración. Y ni qué hablar de Evelyn Salgado, la gobernadora de Guerrero, que ha visto pasar pacientemente una guerra más intensa que la de Sinaloa, y toda directa contra la población, sin que piensen en removerla.

Por cierto el titular saliente del INM es un ejemplo vivo del arraigo de los gobiernos morenistas para con sus funcionarios. Francisco Garduño fue una nulidad bajo cuya dirección los migrantes centro y sudamericanos fueron abandonados a su suerte, cayendo muchos de ellos en manos del crimen organizado, sin que se le molestara.

Incluso fue encausado judicialmente por su probable responsabilidad en el caso de la Estación Migratoria de Ciudad Juárez, donde murieron durante un incendio 40 personas, casi todas provenientes de Venezuela.

No sólo no lo corrieron: desde el año pasado estuvo yendo a Ciudad Juárez quincenalmente a firmar, como medida precautoria para mantenerlo dentro del país y cercano al proceso. Recientemente se descubrió que el gasto de su transporte de la Ciudad de México (donde estaba su trabajo) a Ciudad Juárez, era cubierto por el Instituto.

Según el periódico Reforma, la cuenta asciende a 80 millones de pesos (¿volaría en clase premier y se hospedaría en hoteles de lujo?) Hay que ver si una vez fuera del Instituto, le siguen pagando los viajes, porque el proceso no ha terminado y él sigue bajo encausamiento judicial. (Sinaloa en Línea, Opinión, Online)

Cartones

luy

(Luy, El Universal, Opinión, p. 15)