Opinión Migración 221224

Lavado de dinero en remesas

A raíz de que la agencia Reuters dio a conocer una investigación en la que se demostró que los cárteles del narcotráfico utilizan contactos en México para hacerles llegar desde Estados Unidos grandes sumas de dinero que luego depositan en diferentes cuentas bancarias, el ex presidente López Obrador se indignó y le restó veracidad al reportaje.

Sin embargo, los hechos hablan por sí mismos. Está comprobado que buena parte del dinero que se genera en EU por actividades de tráfico de estupefacientes es canalizado a México a través de personas que se prestan para ello a cambio de pagos generosos.

Posteriormente, en un estudio publicado el año pasado por un periódico de circulación nacional, se reveló que estados de la Unión Americana donde la presencia de mexicanos es irrelevante, como Minnesota, han experimentado un incremento en los envíos de dinero a México. Tan sólo en el año 2022, las remesas provenientes de ese estado ascendieron a la importante cifra de 4.7 mil millones de dólares, superadas únicamente por California y Texas, donde el número de mexicanos es importante.

Otros estados como Tennessee, Idaho y Utha, donde la población mexicana es escasa, las cantidades enviadas no corresponden al número de migrantes. En cambio, está más que documentado que los estados norteamericanos que envían el mayor número de remesas son California, Texas, Illinois, Arizona, Florida, Nevada, Colorado, Washington, Nuevo México y Georgia.

Lo de Minnesota lleva a concluir que para alcanzar esa cifra, cada mexicano radicado en ese estado tuvo que haber enviado 23 mil dólares ese año, lo que a todas luces es ilógico.

El reportaje afirma que durante los primeros meses de 2022, hubo 227 municipios de México que se vieron beneficiados con una cantidad de remesas inusual, el fenómeno representó más o menos el 25% de todas las remeses enviadas en un lapso de 9 meses.

Los datos anteriores indican que los cárteles han encontrado una vía para transferir el dinero que ganan en EU hacia México ya que las remeses resulta una vía eficaz y menos monitoreada. Las tiendas minoristas y las compañías de transferencia de dinero en el país del norte, son estratégicas en este proceso, porque al segmentar el dinero ilícito, se vuelve más escurridizo.

Este entramado que favorece a los cárteles, involucra a civiles reclutados por diferentes organizaciones criminales con base en México, actúan como intermediarios para mover las ganancias ilícitas al sur de la frontera de los EU.

En este contexto, Rodney Scott, quien se desempeñará como director de Aduanas y Protección Fronteriza, asesora al próximo presidente para intensifican las investigaciones y controles para cerrar las llaves al lavado de dinero, que hoy se estima en un 7.5% del valor total de las remesas.

Por ello no es casual que Trump y su equipo analicen aplicar un impuesto de hasta 10% a esa estratosférica suma que los mexicanos envían a México y con ese dinero financiar la extradición de los miles de trabajadores hispanos indocumentados. De llevarse a cabo este impuesto, afectaría la economía de millones de mexicanos pobres que reciben dinero enviando por sus familiares desde los EU.

Las remesas representan para México la segunda fuente más importante de divisas, después de las obtenidas por las exportaciones petroleras, y es el tercer país que más recibe remesas sólo superado por China e India. Este año llegarán a más de 63 mil millones de dólares, a través de cerca de 159 millones de transacciones electrónicas, según lo ha informado el Banco de México. Los estados que reciben la mayor cantidad de estos recursos son, en el siguiente orden, Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Chiapas y el Estado de México. (Fernando Martínez González, La Crónica de Hoy, Columnistas, p.4)

Trumpistas: hipocresía y doble rasero

Los segundos mayores financiadores de la campaña presidencial de Donald Trump, Liz y Dick Uihlein, usaron a trabajadores mexicanos en los almacenes de Wisconsin y Pensilvania de su empresa Uline a sabiendas de que no contaban con documentos que les permitieran laborar en Estados Unidos. De acuerdo con una investigación periodística, los multimillonarios urdieron un esquema de simulación en el que pretendieron que las personas con visas para capacitación y turismo recibirían entrenamiento en un programa denominado “apoyo de transbordador”, con lo cual violaron tanto las leyes migratorias como las laborales, pues evadieron requisitos de contratación de personal como las pruebas antidopaje. Asimismo, abusaron de los extranjeros al pagarles menos que a sus pares estadunidenses por realizar tareas equivalentes.

El reportaje exhibe la hipocresía del magnate y de quienes utilizaron su dinero para regresarlo al poder, pues, al mismo tiempo que seducen a las bases electorales con un discurso cargado de chovinismo, nativismo, xenofobia, racismo y otras formas de odio típicas de los fascismos, se benefician con la mano de obra de los migrantes a los que llaman “animales”, “no humanos” e incluso acusan de “contaminar la sangre” de los estadunidenses, una expresión nazi que habría llevado a la inhabilitación de un candidato en cualquier democracia merecedora de tal nombre.

El fariseísmo de estos ultrarricos es más notorio si se considera que Uline tuvo un aumento de 25 por ciento en sus ingresos anuales durante el periodo en que empleó a migrantes indocumentados. Ante esta exhibición de hipocresía, debe remarcarse que atizar el odio racial es injustificable, pero resulta sencillamente perverso hacerlo como un eslogan electorero, a sabiendas de que los grupos discriminados son esenciales en el funcionamiento de la economía.

Los Uihlein no son los únicos oligarcas trumpistas que despliegan un doble rasero en el tema migratorio. Otro de sus principales financiadores, Elon Musk, comenzó su actividad empresarial en Estados Unidos cuando se encontraba en el país con una visa de estudiante, lo cual es ilegal. La diferencia entre los criterios que el hombre más rico del mundo y mayor vocero de la ultraderecha global se aplica a sí mismo y los que impone a latinoamericanos o africanos refuerza la percepción de que los adeptos a esa ideología no odian a los migrantes en situación irregular por su estatus legal, sino por el color de su piel.

Está probado entonces que Estados Unidos no puede prescindir de la mano de obra migrante, y el daño que se autoinfligiría, si el magnate cumple su amenaza de emprender una deportación generalizada aumentaría con la medida que eligió para presionar a sus vecinos para que frenen los flujos humanos. La oficina de presupuesto del Congreso presentó a los senadores un reporte sobre el efecto de los aranceles propuestos por Trump en tres rubros: el presupuesto, la economía, y la distribución de la riqueza.

Según el estudio, si se aplicara una tarifa de 60 por ciento a todas las importaciones procedentes de China y de 10 por ciento a las del resto del mundo, habría una disminución del déficit presupuestal por el aumento de los ingresos federales-pero se reduciría el poder adquisitivo de los consumidores y empresas-, provocaría una disminución de 0.6 por ciento en el producto interno bruto real, el ingreso real medio se encogería, y aumentaría la incertidumbre de las empresas sobre los futuros obstáculos al comercio, con una consecuente reducción en el rendimiento de las nuevas inversiones.

En conclusión, la evidencia indica que la promesa de “hacer a Estados Unidos grande de nuevo” requiere de más, no de menos, migrantes, así como de más y no menos comercio equitativo con sus socios del T-MEC. Cabe desear que Trump y sus seguidores se den cuenta de esta verdad antes de acometer una cacería humana lesiva para sus víctimas y para sí mismos. (Editorial, La Jornada, p.2)

Desde el pueblo

El día está cada vez más cercano. El día en que Donald Trump tomará de nuevo posesión como presidente de los Estados Unidos se acerca con velocidad y sobre todo con mucha expectativa. El magnate, ahora en su segundo periodo y siendo el primer presidente de ese país con cargos criminales, ha prometido muchas cosas en ese esperado “día 1” de su nuevo gobierno.

“Hay que esperar”, dicen muchas voces, para ver el nivel de agresividad en la ejecución de la nueva administración. Pero hay quienes no piensan así, quienes no quieren esperar y desde ya han levantado la voz para manifestar que no están de acuerdo y que piensan ofrecer una resistencia pacífica desde la solidaridad.

En los días recientes de esta semana, (e incluso desde la campaña de Trump), supimos de movilizaciones por parte de organizaciones pro migrantes que buscan abogar por la dignidad y derechos de la comunidad frente a los abusos y detenciones arbitrarias. En la Ciudad de Filadelfia, por ejemplo, se realizó una marcha de este tipo que fue desde el ayuntamiento de esa urbe y finalizó a las afueras de las instalaciones de las autoridades migratorias de Estados Unidos al grito de “no tenemos miedo”.

¿Por qué deberíamos prestar atención a estos movimientos?

Hay que dimensionar el esfuerzo y la osadía en primer lugar. Seguro que resulta difícil para la comunidad involucrada, muchos de ellos sin un documento que avale su estancia legal en Estados Unidos, recorrer calles y gritar en las narices de los encargados de las deportaciones cosas como “Filadelfia es mi ciudad, no quiero que sea mi jaula” o “No tenemos miedo, tenemos derechos”, su valentía, derivada en muchos casos de un caso de separación familiar o de la posibilidad de sufrir una, es la voz que habla por los 16 millones de migrantes en todo Estados Unidos.

El boom de la información también los ha empoderado, se saben importantes y justifican sus demandas con lo que más les gusta a los estadounidenses, los números y estadísticas, respaldan sus proclamas con datos como que en Filadelfia, por ejemplo, representan el 16% de la población siendo más de 240 mil habitantes o que son dueños de más del 30% de las pequeñas empresas. Esto se traduce en un dinamismo económico y en una sociedad multicultural vibrante que le da a la ciudad un toque único de diversidad y que, al mismo tiempo, abre un espacio para todos.

También esta semana en la referida ciudad, vimos una protesta pacífica de una organización pro inmigrante a las afueras de “Independence Hall”, nada más y nada menos que el histórico lugar donde se firmó la declaración de independencia de Estados Unidos, a sus afueras, un grupo de migrantes con diferentes estandartes exigiendo que se cierren los diferentes centros de deportación cercanos.

Respondiendo a nuestra pregunta inicial, aquí encontramos otra respuesta. Que icónico e irónico resulta que, en un lugar tan histórico para la libertad y la democracia occidental, un grupo de personas se plante a pedir no separar familias y a respetar sus derechos básicos.

Por el peso histórico de la locación, no olvidemos que es uno de los lugares más turísticos de esa ciudad, por lo que el impacto del mensaje se multiplica, cualquier persona de aquí o de allá alrededor del mundo, puede enterarse de lo que está pasando, despertar su curiosidad y quién sabe, tal vez alguien que quiera sumarse a esas voces. Por si esto fuera poco, todos estos eventos cuentan con cobertura de medios masivos de comunicación como televisión, radio y diarios.

Está muy claro que la primera línea de defensa hoy viene desde el pueblo. (Azul Etcheverry, E Heraldo de México, Online)