¡Maldita época neoliberal! Sí, esa cuando los migrantes regresaban —por gusto— a México. Más de un millón de personas retornaron a nuestro país entre 2005 y 2014 (Pew Research Center), entre otras razones gracias al fortalecimiento de la economía mexicana…
Pero no nos preocupemos. La migración, esto es, la expulsión de mexicanos hacia otros países (especialmente los Estados Unidos) volvió a aumentar brutalmente desde el 2018. Datos oficiales de nuestro vecino país del norte señalan que hoy en día al menos 10.9 millones de migrantes son mexicanos que residen en ese país (no contabiliza a los nacidos allá).
Sí, los mexicanos son el mayor grupo de inmigrantes en Estados Unidos, casi el 23% de los 47.8 millones de residentes de EEUU nacidos en el extranjero que se contabilizaban a fines del 2023. El grupo que también envía el mayor porcentaje de remesas. De los 161 mil millones de dólares en remesas enviados a Latinoamérica, 65 mil millones tienen como destino México (Banco Interamericano de Desarrollo, diciembre de 2024). Notable, ¿no? Más del 40% de los dineros es enviado por 23% de las personas (algo no cuadra, pero esa es otra historia…).
Con estas cifras en mente, pensemos en el temor que acecha entre los migrantes. Pensemos también lo que deportaciones masivas significarían para la economía mexicana y una nueva ola de inseguridad, nunca antes vista, que se generaría en nuestra nación.
El problema no es que el presidente de Estados Unidos a partir de enero expulse de pronto a 11 millones de paisanos. Eso NO ocurrirá pues, entre otras cosas, no los podrá localizar a todos, no los podrá mantener en separos, ni los patrones que los necesitan contribuirán a expulsarlos (si bien algunos, al momento del “pago por sus servicios”, no dudarán en ser solícitos con la Border Patrol y poner a los mexicanos de patitas en nuestras calles).
El asunto es que sí puede deportar a unos cuantos cientos de miles y eso es más que suficiente para sembrar pánico entre los migrantes, inestabilidad en Estados Unidos y caos en México. El deportar a una fracción significativa de inmigrantes indocumentados sí es viable y Trump lo intentará.
Además de su grupo de “halcones” expertos en deportación, Trump cuenta también con el gobernador de Texas Greg Abbott, quien ya esboza una campaña de terror para expulsar indocumentados (adicionalmente se adivina una cacería contra delincuentes, vagos y drogadictos, sean de la nacionalidad que sean).
Atestiguamos por ende, un movimiento que aterroriza y fustiga. No cejarán en su empeño de expulsarles como tampoco de intentar quitarles la nacionalidad a sus hijos nacidos en Estados Unidos. Esto es, retirarles los derechos adquiridos por nacimiento y con ello despojar de esperanza a sus familiares.
Con la pena, un puñado de asesores jurídicos, expertos en cuestiones migratorias, que es lo que prepara la SRE y el doctor Juan Ramón de la Fuente para la defensa de nuestros compatriotas no harán la diferencia.
¿Un ‘botón de alerta digital’ en una aplicación? ¿Y cómo se detectará la ubicación del indocumentado y se avisará a sus familiares y al consulado más cercano si precisamente lo último que desean estos mexicanos es ser localizados y dar información de su paradero?
¿Qué enorme, descomunal partida del presupuesto federal está dispuesta para enfrentar este tsunami? ¿De cuánto estamos hablando? De la capacidad de los consulados es finita; muy reducida. Mientras que el Instituto Nacional de Migración de por sí está saturado. Su anterior director únicamente dejó equipadas las estaciones migratorias con 5,129 cámaras y 776 micrófonos. Y se sabe que estas no funcionan, de lo contrario no habría sucedido la tragedia de Ciudad Juárez de hace casi dos años..
El temor de los migrantes es fundado.
Tres en Raya
En Estados Unidos, además de los migrantes mexicanos y centroamericanos, hay al menos un 5.38% de migrantes de la India, 4.31% de China y otro 5% de países asiáticos. ¿Qué harán las autoridades estadounidenses con esos migrantes?, ¿cómo los mandará al Asia? ¿O piensan mandarlos a México como ya ocurrió con los haitianos? ¿Dónde está el equipo inter-secretarial del gobierno federal mexicano para hacerle frente a un fenómeno muy complejo que trasciende la labor de Relaciones Exteriores? (Verónica Malo Guzmán, El Heraldo de México, Online)
Thomas Homan, quien será zar para la frontera en el próximo gobierno de Donald Trump, dijo que está sobre la mesa la posibilidad de usar bases militares para detener migrantes y aviones de las fuerzas armadas a fin de acelerar las deportaciones.
En la primera administración del magnate, Homan fue el artífice de la política de separación de familias y de meter a niños en jaulas como si se tratase de animales, extremos de crueldad que el propio Trump presumió como mecanismos disuasorios contra la llegada de buscadores de asilo.
En semanas recientes, Homan ha insistido en que estas violaciones a los derechos humanos serán puestas otra vez en marcha a una escala masiva; culpó de ellas a los migrantes por tener hijos dentro de Estados Unidos a sabiendas de que su estatus migratorio era irregular y aseguró que él no desea separar a las familias, pero no tiene otra opción porque su deber es cumplir la ley.
La última aseveración de Homan se inscribe en el discurso, según el cual la cacería antimigrante no es motivada por el odio racial ni por pulsiones fascistas de control, sino por un gran celo en el cumplimiento de la ley; en este caso, las que establecen los requisitos para ingresar y permanecer en territorio estadunidense. Se trata de una descarada mentira: lo cierto es que la campaña xenofóbica de Trump y sus correligionarios se basa en el quebrantamiento sistemático de las leyes de su propio país, de las normas internacionales y de los derechos humanos universales.
Si el interés del magnate y sus secuaces fuera la aplicación de la ley, tendrían que comenzar por desautorizar al gobernador de Texas, Greg Abbott, quien ha usado al menos 11 mil millones de dólares para militarizar la frontera, detener migrantes, instalar barreras sobre el río Bravo y empujar personas al mismo; todo ello de modo completamente ilegal, puesto que la política migratoria es potestad exclusiva de la Federación. Se verían obligados a denunciarse a sí mismos por la separación de familias y la desaparición forzada de niños, las cuales califican como actos de tortura por constituir formas de dolor o sufrimiento severo infligidas para un propósito inapropiado por un agente de un estado.
Tendrían que impugnar a su líder si concreta su amenaza de negar la ciudadanía a los hijos de migrantes indocumentados nacidos en territorio estadunidense, forma de discriminación que contradice la enmienda 14 constitucional. Deberían, también proceder contra Trump, Homan y todos los funcionarios de la primera presidencia trumpista o de la que está por iniciar, que promuevan la embestida militar contra civiles y la suspensión del derecho a la petición de asilo. Asimismo, si lo que molestara de los migrantes fuese su falta de documentos, no se habrían cerrado casi por completo los caminos para la entrada regular a Estados Unidos, como se hizo en el primer mandato de Trump.
Dado que las leyes no detuvieron a los ultraderechistas en 2017-2020 y que tienen menos probabilidades de hacerlo ahora que el magnate se aseguró una lealtad inédita dentro del Poder Judicial, lo único que queda a México y otras naciones afectadas por la ola xenofóbica es prepararse para defender a sus connacionales y su soberanía.
En este sentido, cabe saludar las medidas anunciadas ayer por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el canciller Juan Ramón de la Fuente, mediante las cuales se reforzará el sistema de asistencia consular a los mexicanos que residen en Estados Unidos y, al mismo tiempo, se transformará al Instituto Nacional de Migración, a fin de que sea un organismo de apoyo a la movilidad humana.
Con éstas y otras políticas, México no sólo protegerá a sus propios ciudadanos, sino que asumirá el reto de atender a las personas que llegan aquí desde todas las regiones del mundo en su intento de alcanzar suelo estadunidense; un enfoque que honra la tradición humanista mexicana y marca una importante distancia ante la deriva fascistoide en el país vecino del norte. (La Jornada, Editorial, p.2)
Del 5 al 8 de noviembre se celebró el III Coloquio. El impacto de las migraciones en el mundo globalizado, organizado bajo la égida de varias dependencias del Instituto Nacional de Antropología e Historia, entre las que destaca el Museo de las Culturas del Mundo, donde previamente se habían efectuado dos eventos bajo el mismo rubro temático. Este acto cobra importancia especial debido a que hoy existe una coyuntura que altera muchos de los elementos que le otorgaban una identidad más o menos precisa al fenómeno migratorio.
Hoy existen muchas migraciones de diversos tipos; las hay de carácter laboral, otras ocurren debido a desastres ambientales, miles de migrantes huyen de la delincuencia organizada en sus países de origen, otros escapan del terrorismo de Estado, hay quienes incluso consideran al turismo un hecho migratorio y no faltan quienes clasifican a la propia Taylor Swift como una reiterada migrante debido a sus múltiples giras.
Los migrantólogos no se han puesto de acuerdo en definir con certeza el fenómeno que analizan, pero se puede aseverar que éste ocurre cuando determinados individuos o grupos sociales buscan un mejoramiento en sus condiciones de existencia ya sea material o anímica y para ello recurren a variados tipos de diásporas o desplazamientos de unos territorios planetarios a otros.
Es de hacer notar que las migraciones más estudiadas han sido las que se han efectuado del siglo XIX a nuestros días, aun cuando el fenómeno migratorio se ha realizado desde la aparición de los primeros homínidos. Pero las migraciones efectuadas en estos dos últimos siglos han sido básicamente de carácter laboral, ya que en los países capitalistas desarrollados donde han tenido lugar varias conquistas de las capas trabajadoras nativas, las clases dominantes han recurrido a expansiones de tipo colonial o imperialista para explotar a la mano de obra barata en zonas subdesarrolladas o bien han importado laborantes de esas mismas zonas para generar un proletariado con características decimonónicas, en las últimas décadas del siglo XIX y en todo el siglo XX y parte del XXI.
Es decir, se trataba de formar un proletariado sometido a la sobrexplotación sin derechos y prestaciones laborales, sin servicios asistenciales y sanitarios y harto punible y desechable.
Sin embargo, en la esfera de los explotados empezaron a darse luchas para lograr mejores condiciones existenciales y de nivel de vida, conformando diversas organizaciones de migrantes que en buena medida han logrado diversas formas de ascenso social en los países receptores. Esto se puede comprobar, testimoniando las luchas que hacen nuestros compatriotas especialmente en Estados Unidos de América. Esto ha generado alarmas y alertas en los sectores que están en la cúspide y la dominación y que se oponen fervientemente al mejoramiento de esas condiciones de existencia.
En lo personal, y ya como miembro del seminario permanente de estudios chicanos y de fronteras he conocido, como decía Martí, las entrañas del monstruo. El gran escritor Paul Auster opinaba que de la extraordinaria ciudad de Nueva York se podía decir lo mejor y lo peor. Pienso que de Estados Unidos se puede decir lo mismo. La nación donde nació Lincoln es un país pletórico de hechos positivos y magnificentes pero, a la vez, en su seno las ideologías dominantes han procreado amplios grupos de encarnizados xenófobos, furibundos racistas y mitómanos que creen pertenecer a un pueblo elegido, así como Hitler creía en el suyo y el genocida Netanyahu en el propio.
En esa extraordinaria nación de científicos excelsos y sabios científicos notables existen millones de hombres y mujeres que piensan como Donald Trump y por ello éste representa lo que algunas personas llaman el ugly american (el americano feo).
La América trumpiana se halla en decadencia y por ello su principal representante concibe una feroz política antimigratoria que piensa llevar a cabo, aunque sea parcialmente. En este marco, se impone necesariamente la defensa de nuestros compatriotas migrantes, lo cual no puede ser solamente una tarea parcial y erizada de dificultades del gobierno mexicano, sino que ante todo corresponde a las organizaciones de trabajadores mexicanos en diversas ramas de la economía y los servicios, fortalecer la solidaridad con aquellos connacionales que aspiran a un mejor futuro para ellos y para sus hijos. (Francisco Javier Guerrero, La Jornada, Opinión, p.11)
A grandes males… El secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, informó sobre la creación del Botón de Alerta, una aplicación en la cual trabaja la SRE junto con la Agencia de Transformación Digital para tenerla disponible para la primera quincena de enero de 2025. Frente a las amenazas del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, en el sentido de realizar deportaciones masivas de migrantes mexicanos, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y el canciller De la Fuente ponen manos a la obra para no desamparar a los paisanos. Gobierno humanista, la marca de la casa. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 9)
Que diversas organizaciones pro migrantes han lanzado convocatorias para realizar mítines y caminatas en varias ciudades fronterizas de México para expresar su solidaridad y exigir respeto al derecho que tienen los migrantes al asilo de cara a la toma de posesión de Donald Trump como presidente de EU el próximo 20 de enero. Una estrategia similar avanza en el otro lado del río Bravo, donde activistas y defensores de paisanos también preparan movilizaciones y han exigido a los congresistas de origen hispano que dejen sus asientos y se pongan a trabajar. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
Por los paisanos
Será un botón de alerta para mexicanos que viven en EU, una de las principales estrategias de protección de los migrantes, activa a partir de enero, ante la amenaza de Trump. Presentado por el canciller Juan Ramón de la Fuente, explicó que sirve ante una detención inminente, con una alerta al consulado más cercano, familiares y la Cancillería. (El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Faltan 25 días para que el Presidente Donald Trump tome posesión como el nuevo Presidente de los Estados Unidos, pero con el triunfo en la bolsa él sigue haciendo campaña. Sus declaraciones generan nuevos debates, obligan a definir una estrategia en el gobierno de Claudia Sheinbaum y complica su discurso político.
El debate tiene que ver con hasta dónde es posible creer las amenazas del futuro Presidente, dado que sus dichos, de cumplirse al pie de la letra, generarían problemas en Estados Unidos. Subir los aranceles es una de las políticas proteccionistas más comunes para estimular el mercado nacional, pero después de 30 años del tratado de libre comercio, la economía norteamericana se ha adaptado a una relación comercial con México de la que sin duda obtiene importantes beneficios. Tampoco es la primera ocasión en la que el mismo Trump anuncia que subiría los aranceles, pero para evitarlo fue necesario que el presidente López Obrador dictara políticas para limitar la llegada de migrantes a los Estados Unidos.
El hecho es que Trump regresa con una agenda que ya conocemos (migración, comercio con México y la entrada ilegal de drogas a través de nuestra frontera). Pero llega con experiencia, control político y la mayoría de su partido en el Congreso. Subestimar sus intenciones sería un error importante, pero reaccionar equivocadamente y caer en provocaciones también es un error de estrategia.
Por lo pronto, las declaraciones del próximo presidente ya incidieron en México con prácticas que no se habían visto en el periodo de López Obrador, como el avance en la persecución de los capos del crimen organizado y la desaparición del “abrazos, no balazos” en las mañaneras. Con todo, la estrategia discursiva de la Presidenta Claudia Sheinbaum la presenta como una gobernante que responde al discurso de campaña de Trump, que aún no es presidente.
Sheinbaum argumenta que a Estados Unidos no le convienen las políticas que anuncia Trump en materia de aranceles, que la deportación masiva generaría problemas de oferta de empleo y que calificar de terroristas a los cárteles mexicanos no quiere decir que habría una intervención directa de Estados Unidos en México. Es posible que tenga razón, pero la agenda nacionalista de Trump es mucho más compleja y no tiene que ver solo con México.
Para el estadounidense se trata del segundo piso de su propio intento de transformación, en la defensa de los intereses de su país, para reposicionarlo como eje de la política internacional, y con una economía vigorosa en clave nacionalista. Por eso sus ataques a China y a quienes comercian con el país asiático; por eso se lanza contra Canadá y Panamá y busca recuperar el Canal. La agenda de México debe tomar en serio cualquier amenaza de Trump, pues él no considerará ni las reglas de la diplomacia, ni los efectos internos de su estrategia, ni el himno nacional mexicano. (Arturo Sánchez, El Heraldo de México, Editorial el Heraldo, p. 15)
PUEDE SONAR como broma del Día de los Inocentes la idea de un “botón de pánico” para los migrantes mexicanos, que ayer anunció la Cancillería.
O DE PLANO el gobierno mexicano ya decidió torpedear la política migratoria de Donald Trump y ganarle la partida al bully mayor a puro WhatsApp… o andan viendo cómo justificar las vulnerabilidades ante el tsunami que viene.
ESTÁ COMO MUY OJONA pa’ paloma la promesa de que el dichoso botón salvará a los candidatos a ser deportados de las redadas trumpistas. Según se dijo ayer en la mañanera, “el botón de pánico” es una aplicación para teléfonos móviles, que los migrantes activarán cuando sientan que el peligro ya ronda sobre ellos, de tal forma que sus familiares y los consulados de inmediato acudan en su rescate. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
En 2005, Baja California aparecía en las propagandas inmobiliarias como el nuevo sueño americano. Llegaban inversionistas extranjeros, buscaban terrenos cerca de la frontera y del mar. Uno de aquellos proyectos fue un fraude. Y las víctimas compraron atraídas por un nombre: Donald Trump.
La estafa que terminó con los ahorros de cientos de personas comenzó cuando Irongate, una desarrolladora inmobiliaria, contrató a Gustavo Torres, un empresario de Baja, para que les buscara un terreno cerca del mar. Tras ocho meses, Irongate compró siete hermosas hectáreas en las playas de Tijuana, con 300 metros frente al océano Pacífico, a 10 kilómetros de la frontera con EU.
Poco después, me contó Torres, Irongate alquiló una franquicia con el nombre de Donald Trump para el proyecto, que pasó a llamarse Trump Ocean Resort Baja. Trump alquilaba su nombre, Irongate construía y todos ganaban.
Irongate cavó los cimientos, colocaron un espectacular con la foto de Trump, hicieron eventos de promoción en San Diego y captaron más de 100 millones de dólares en preventas. Los Trump anunciaban que eran “desarrolladores” del proyecto y que ellos mismos estaban comprando unidades, como lo reportó Univision.
“Todo esto disparó el precio de las unidades a 250% más de lo que hubieran costado con otro nombre”, me dijo Torres. “Yo compré una unidad con mis hermanos, nos salió carísimo, pero vi como buena inversión tener una propiedad con el nombre de Trump”.
En 2006, 2007 y 2008 el proyecto no avanzó. Poco después comenzó en todo el mundo la crisis financiera de 2009. La prensa estadounidense publicó que el proyecto de Baja se quedó sin financiamiento. Ante el escándalo, Trump dijo que él no tenía responsabilidad. “El desarrollador no era Trump. Era Irongate y no tenían fondos”, me dijo Torres.
Poco después, unos 100 afectados (de más de 200 en total) se unieron en una demanda colectiva. Tras años de litigio, llegaron a un acuerdo. Otros compradores, como Torres, nunca recuperaron su dinero.
En 2016, cuando Trump competía por la Presidencia de EU por primera vez, el activista y exfuncionario Jaime Martínez Veloz comenzó a indagar el caso. Por medio de solicitudes de información, los ayuntamientos de Tijuana y Rosarito, el Instituto Nacional de Migración (INM) y la Secretaría de Relaciones Exteriores le confirmaron que ni Irongate ni Trump habían solicitado permisos de uso de suelo, de construcción ni habían constituido el fideicomiso requerido por ser extranjeros para tener una propiedad tan cerca del mar.
Martínez Veloz pidió también al INM la visa de trabajo que, asegura, Trump debió obtener para hacer negocios como empresario en México. El INM nunca la mostró. “(Trump) trabajó como indocumentado en México, por más que diga que solo prestó su nombre. Hizo negocios y ganó muchísimo dinero”, me dijo Martínez Veloz.
Antes de que Trump jurara como Presidente, Martínez Veloz presentó una denuncia ante la Fiscalía federal en México por defraudación fiscal. En 2018, una fiscal lo citó para que declarara. Desde entonces, no ha visto avances en la investigación, aunque tampoco algún aviso de que se ha cerrado.
Han pasado casi 20 años de que inició el proyecto en Baja. Allí, el terreno sigue cercado, sin ningún desarrollo. Torres cree que parte de la actitud de enojo de Trump hacia México proviene de este caso. “Tiene ese corajito ahí atravesado”, me dijo Torres.
Ahora, a unos días de que inicie la segunda Presidencia de Trump, Martínez Veloz quiere revivir el caso. Busca que la Fiscalía continúe la investigación y sugiere que el gobierno mexicano use lo que él ha confirmado como una forma de sostener los embates. “Viene una ofensiva de Trump sobre las remesas familiares y el gobierno mexicano está obligado a elaborar una estrategia para proteger a los mexicanos”, me dijo Martínez Veloz, quien preside el Centro de Estudios y Proyectos para la Frontera Norte Ing. Heberto Castillo Martínez.
Más allá del momento político, creo que la Fiscalía debería llegar al fondo de este caso, porque los defraudados siguen allí, después de haber creído en el hombre que ahora va a liderar, de nuevo, la mayor economía del mundo. (Peniley Ramírez, Reforma, Opinión, p.8)
Secretaría del Bienestar pasa lista a albergues ante deportaciones
Nos cuentan activistas y directores de albergues fronterizos que personal de la Secretaría del Bienestar federal inició un recorrido por esos lugares para empezar a conocer la capacidad que tiene cada uno de ellos para recibir a los migrantes, ante la amenaza de que, a partir del 20 de enero, cuando inicie su mandato el presidente Donald Trump, habrá deportaciones masivas. Todo indica que mientras se acerca la fecha de la llegada de Trump al poder el gobierno mexicano se prepara desde varios frentes. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
La relación de México con Estados Unidos ha sido permanentemente compleja, solo baste ver los temas de Migración donde nuestro país está buscando diseñar políticas que equilibren los compromisos con EU, sin descuidar los derechos humanos, mejorar la seguridad.
Mostrar avances reales en la lucha contra el narcotráfico para evitar conflictos diplomáticos y proteger el comercio. Preservar los intereses nacionales en un contexto de posibles demandas comerciales. Ahora, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, se prevé que la dinámica bilateral se torne aún más tensa. Temas como la migración, el narcotráfico, el comercio y la creciente influencia de China y Rusia en la región serán puntos de fricción constantes.
El presidente electo Donald Trump ya sabe cómo hacerle y así lo ha dejado ver durante la transición. Sin ninguna otra responsabilidad que la de esperar a que llegue la fecha en que deberá rendir protesta de su cargo, el magnate ha sabido aprovechar el eclipse de la figura del mandatario Joe Biden, de quien muy poco se sabe ya, para monopolizar su presencia en el escenario político, no solo de su país, sino del mundo en general.
Con declaraciones de impacto, ya sea por polémicas propuestas de nombramientos de personajes ajenos a la administración pública sin ningún conocimiento ni experiencia en los cargos que se les pretende asignar, o por revelaciones sobre acciones de gobierno que, afirma, habrá de imponer desde el primer día de su mandato, mantiene la atención y no poca preocupación, de varias naciones del mundo.
El próximo mandatario gringo Donald Trump ha centrado buena parte de su agenda en cuestiones de seguridad fronteriza, culpando a México de problemas como el tráfico de fentanilo y la migración irregular. Los nombramientos de Ron Johnson como embajador en México, junto con figuras como Marco Rubio y Chris Landau, señala una estrategia más dura hacia la región. Las herramientas clave entre México y Trump quedan abiertas y al mejor postor para mantener canales de comunicación.
A la pregunta del New York Times (NYT) en una entrevista con el candidato electo Trump de cómo pensaba usar a las fuerzas militares para deportar inmigrantes en vista de que “The Posse Comitatus Act” o “Fuerza del condado” prohíbe usar a la milicia para aplicar la ley nacional, contestó: “Bueno, no lo hace, no lo hace si hay una invasión en nuestro país, y yo considero que hay una invasión en nuestro país. Tenemos criminales llegando a nuestro país que nunca habíamos visto, que nunca habíamos visto antes. Tenemos personas llegando a unos niveles y en record numéricos que nunca habíamos visto antes. Y yo solo voy a hacer lo que la ley permita”, “Nosotros tendremos a la Guardia Nacional e iremos tan lejos como me sea permitido ir, de acuerdo con las leyes de nuestro país” Así las cosas. (Vicente Gutiérrez Camposeco, El Sol de México, Análisis, 12)
El año 2025 se presenta como un período crucial para México, en el que confluyen una serie de desafíos que pondrán a prueba su estabilidad política, social y económica. Entre los principales retos destacan las tensiones internacionales, los cambios políticos internos y los problemas estructurales que han persistido por años.
La llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca podría traer consigo una serie de presiones significativas para los connacionales que residen en suelo estadounidense. Históricamente, los cambios en la administración norteamericana suelen reflejarse en políticas migratorias más estrictas, que frecuentemente derivan en abusos a los derechos humanos de los migrantes. México enfrentará el reto de proteger a nuestros paisanos a través de sus consulados y de mantener un diálogo firme pero constructivo con el gobierno estadounidense para garantizar un trato digno y equitativo a sus ciudadanos.
Por primera vez en la historia del país, se llevará a cabo la elección popular de impartidores de justicia, un proceso que corre el riesgo de fracasar debido a la falta de reglas claras y al regateo presupuestal que el Congreso, controlado por Morena, ha impuesto al Instituto Nacional Electoral (INE). La ausencia de recursos suficientes para organizar esta elección podría derivar en una baja participación ciudadana y en cuestionamientos sobre la legitimidad de los resultados, lo que afectaría gravemente la confianza en el sistema judicial.
La inseguridad continuará siendo un reto mayúsculo para México. Los grupos delictivos han incrementado su poder y presencia en diversas regiones del país, mientras que los esfuerzos institucionales para contenerlos han mostrado un deterioro notable. La incapacidad del gobierno para garantizar la seguridad y el respeto al estado de derecho no solo pone en riesgo la vida de los ciudadanos, sino también debilita la percepción de estabilidad necesaria para atraer inversión extranjera y fomentar el desarrollo económico.
El optimista pronóstico de crecimiento económico del gobierno federal para 2025 probablemente no se cumplirá, lo que obligará a recurrir a un mayor endeudamiento para cubrir los compromisos asumidos. Este escenario aumentará la presión sobre las finanzas públicas y limitará la capacidad del gobierno para implementar políticas sociales y de infraestructura necesarias para el desarrollo del país.
La desaparición de órganos autónomos, promovida por el gobierno de Morena ha debilitado las instituciones encargadas de proteger los derechos humanos y de regular la actividad económica. Sin árbitros imparciales y honestos, se ha incrementado la incertidumbre para los inversionistas, lo que podría traducirse en una menor actividad económica y en la pérdida de competitividad del país.
El 2025 se perfila como un año determinante para el futuro de México. Los desafíos internacionales, como la protección de los connacionales en el extranjero, y los problemas internos, como la seguridad, el estado de derecho y la estabilidad económica, exigirán liderazgos responsables, instituciones fortalecidas y una sociedad civil activa para superar las adversidades y trazar un camino hacia un desarrollo sostenible y equitativo. (Alejandro Moreno, El Universal, Opinión, A 12)

(Fer, Reforma, Opinión, A13)

(Camacho, Reforma, Opinión, p.9)

(Obi, Reforma, Opinión, p.8)