El discreto relevo de Garduño
Finalmente ocurrió el relevo en el Instituto Nacional de Migración con la salida de Francisco Garduño, quien pese a tener un proceso judicial abierto desde 2023 por la muerte de 40 migrantes encerrados en la estación migratoria de Ciudad de Juárez, pudo seguir cobrando su sueldo y viajando a cargo del erario hasta hace unos días. El nuevo responsable del INM, que deberá jugar un papel relevante frente a la oleada de deportaciones con que amenaza Donald Trump, es Sergio Salomón, exgobernador de Puebla, quien no tuvo presentación en la conferencia presidencial mañanera, sino en una reunión de cónsules, en la que se anunció que asumió el cargo. Activistas del tema migratorio, nos comentan, festejan la partida de don Francisco y esperan que la impunidad haya terminado. (Bajo Reserva, El Universal, Nacional, p. 2)
No hay desafío mayor que el de la relación con Estados Unidos. asunto no sólo por obvias razones, sino recurrente lo largo de nuestra historia.
Sin embargo, la verdadera pregunta no es sobre lo que Trump quiera, sino sobre lo que México requiere: dos perspectivas muy distintas. Trump ha sido muy claro en lo que él quiere de México y ha amenazado con emplear instrumentos heterodoxos, como los aranceles, para imponerse.
También sabemos que lo que más le gusta es ganar. Entonces, la pregunta que me parece pertinente es cómo hacerle para que él gane algo grande que la vez ayude que México avance y resuelva, o contribuya a resolver, algunos de los problemas críticos que el país enfrenta.
La evidencia al día de hoy no es encomiable. En lugar de intentar entender Trump, tanto en sus formas y naturaleza como en sus objetivos sustantivos, el gobierno se ha dedicado enfrentarlo tratar de torearlo. Mientras México titubea y persiste en su ciclo perverso de ofenderse, argumentar, reclamar, eludir, temer y volver a ofenderse, los canadienses -el país entero- le van dando forma los cimientos de una relación constructiva. ¿Quién avanza más?
La estrategia, si así se le puede llamar, de defensa y resistencia claramente no funciona El gran general prusiano Von Moltke ya lo decía: “Ningún plan de guerra sobrevive el primer contacto con el enemigo”. En contraste con ese gran estratega, que abogaba por una adaptación constante en el terreno de la realidad, el gobierno mexicano se apega a sus prejuicios y, en lugar de salir del atolladero, sigue cavando el hoyo en el que se encuentra.
La realidad no se va ajustar a las preconcepciones gubernamentales, por lo que no hay alternativa que cambiar la estrategia O, más bien, desarrollar una estrategia idónea para las circunstancias.
En lugar de adaptarse, la propensión ha sido corregirle la plana a Trump y reaccionar de manera intempestiva ante las declaraciones de diversos políticos canadienses.
En ambos casos, el gobierno mexicano proyecta tanto su ignorancia como su indolencia. Trump dispara desde las rodillas identifica las debilidades de su contraparte; cuando observa resistencias, ataca de nuevo.
Por su parte, los políticos canadienses, esa especie rara que sí le tiene que rendir cuentas a su electorado, actúa nivel local como en cualquier democracia que se respete. Es absurdo confrontarlos en diatribas callejeras. Sería mejor identificar los intereses nacionales desarrollar una estrategia para avanzarlos.
Una estrategia susceptible de evitar costos y a la vez avanzar hacia la solución de los problemas que nos aquejan implicaría comenzar por eliminar prejuicios para enfocar los asuntos de fondo. Primero que nada, entender los actores en juego: Trump es transparente y, dado que ya fue presidente, hay amplia evidencia de lo que le importa, como responde qué funciona con él.
Canadá ha hecho su tarea le está funcionando. Sería más útil aprender de ellos que acusarlos de traidores. En segundo lugar, sería necesario reconocer, y aceptar, que mucho de lo que Trump dice de México es veraz. Puede no gustarnos que alguien del exterior diga que hay criminalidad en México, que los carteles controlan vastos territorios o que hay mucha corrupción, pero está canijo negarlo…
La propensión a envolvernos (todos) en la bandera es enorme, pero poco productiva. Más útil sería aceptar la problemática para enfrentarla con seriedad. De esta forma, en tercer lugar, lo crucial sería preguntarnos cómo podemos apalancar el actuar de Trump para avanzar soluciones que México si necesita. Es decir, en lugar de reaccionar visceralmente, sería más productivo útil ir con Trump con un plan bien concebido plantearle soluciones conjuntas: los problemas que México enfrenta nos rebasan y agradeceríamos tu ayuda, pero los aranceles -o tus drones- serían contraproducentes.
En vez de eso, seguiría el planteamiento, nos sería más útil una estrategia conjunta de seguridad. una política comercial común (de los tres países) para enfrentar el desafío chino. De la misma manera, es necesaria una visión acordada sobre las causas de la migración y la necesidad de ordenar la demanda de trabajadores que hay en la economía americana y, por el otro lado, solución a los factores que llevan a los migrantes a abandonar su lugar de origen.
Con esto no pretendo definir las soluciones, sino proponer que es urgente un cambio en la manera de concebir la problemática que enfrenta el país ante la inminencia del cambio de gobierno estadounidense, nuestro vecino y principal fuente de crecimiento económico. La esencia no es lo específico, sino la disposición a aceptar que hay problemas en México que demandan soluciones y a ver al gobierno de Trump como una oportunidad para enfrentarlos de manera conjunta O con su apoyo (directo, logístico O con equipo especializado). El punto es que es urgente abandonar la actitud de víctimas para reemplazarla por una de “cómo lo resolvemos”.
Yogi Berra, el gran beisbolista, decía que se “se puede observar mucho con mirar”. En lugar de preocuparse por Trump, mejor entenderlo. O, como escribió Camus en La peste, el destino exige asumir el reto: “Hay en esta tierra pestilencia y víctimas, y es preciso resistirse a estar con la plaga”
La pregunta pertinente es cómo hacerle para que Trump gane algo grande que a la vez ayude a que México avance y resuelva problemas. (Luis Rubio, Reforma, Opinión, p. 9)
Programa de Asuntos Migratorios, IBERO CDMX
El próximo 20 de enero Donald Trump volverá a la Casa Blanca. Las conversaciones informales, las mesas de análisis político, los titulares de prensa resaltan lo que vimos durante la campaña que lo llevó a ganar las elecciones de noviembre pasado: su discurso violento, xenófobo, racista y antiderechos viene recargado.
De cara a esa realidad, y dado que México se ha consolidado como país de origen, tránsito, destino y retorno, las decisiones de nuestro gobierno en materia migratoria son de especial importancia para la vida de miles y miles de personas y familias migrantes provenientes de Centro y Sudamérica, así como de países de Asia y África.
Durante su primer mandato, Trump logró presionar a México para que diversificara y aumentara sus esfuerzos para contener la migración; ahora, antes de juramentar por segunda vez, ha hecho nuevas amenazas. Ante ello, la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum pretendió ser fuerte en lo discursivo, pues aseguró públicamente que México es un país soberano, que no admitirá injerencismos y que la postura nacional no es el cierre de fronteras.
Es verdad, México no ha cerrado sus fronteras. En cambio, ha debilitado el sistema de asilo, ha hecho uso ilegítimo de la fuerza para contener a las caravanas migrantes, ha desplegado a fuerzas militares en los cruces fronterizos y rutas migratorias, y ha mantenido en la impunidad a funcionarios públicos que, de manera sistemática, han cometido violaciones de derechos humanos. Nuestro país ha sido, de facto, un muro vertical que impide a las personas migrantes llegar a Estados Unidos a ejercer su derecho fundamental a la protección internacional. México ha sido, también de facto -aunque reiteradamente se niegue-, un tercer país seguro, aun cuando no cuente con las condiciones ni la infraestructura que permitan garantizar refugio y estancia segura a las personas migrantes.
Es por ello que, ante el riesgo de que la construcción discursiva antimigrante de Trump se materialice, las medidas del Estado mexicano ni nos tranquilizan, ni nos alcanzan.
No obstante, la hospitalidad, la empatía y la esperanza se siembran y se cosechan en otros sitios: en los colectivos, albergues y organizaciones de derechos humanos, en las personas solidarias, las iglesias y las redes comunitarias tanto en Estados Unidos como en México y Centroamérica. Su mera existencia es -y ha sido durante mucho tiempo- fundamental para el bienestar y la seguridad de millones de personas en movilidad.
Pareciera que, con el inminente regreso de Trump, las alarmas se encienden y las estrategias se activan. La realidad es que las alarmas nunca se apagaron y las estrategias de acción se han mantenido, ampliado y diversificado, simplemente porque la maquinaria estatal y criminal que pone en riesgo a las vidas migrantes nunca ha dado tregua.
Las interrogantes y los retos son muchos, a veces se antojan insalvables, a veces no encontramos respuestas. Sin embargo, quienes trabajamos por, con y para la población migrante, por su derecho a migrar, a no migrar y a retornar, y por el pleno ejercicio de sus derechos a lo largo de la ruta, seguiremos insistiendo en que la respuesta está en las redes de solidaridad locales, nacionales y transnacionales, esas que se organizan para brindar agua y alimentos, refugio, para curar heridas y enfermedades, para promover y defender derechos, para exigir justicia, para caminar a lado de las personas migrantes y, esencialmente, para seguirle apostando a un futuro digno para todas y todos. (Ángeles Hernández, Universidad Iberoamericana, El Universal, Online)

(Jerge, La Jornada, Política, p. 4)

(Solís, Excélsior, Nacional. p. 8)