Opinión Migración 140225

El peligro del odio bajo el mandato de Trump

La presidencia de Donald Trump ha reactivado y normalizado un discurso de odio que, junto con medidas tangibles, no solo amenaza a millones de migrantes, sino también a la dinámica social en Estados Unidos. En pocas semanas, hemos visto cómo se han intensificado políticas migratorias extremas: la securitización fronteriza, acciones ejecutivas antimigrantes, la promulgación de la Ley Laken Riley (que amplía el catálogo de delitos que justifican la detención y posible deportación de migrantes, además de autorizar su detención en lugares previamente restringidos) y la apertura de Guantánamo como centro de detención migratoria son solo algunos ejemplos. Estas medidas, acompañadas por una retórica de criminalización, envían un mensaje contundente: los migrantes son el enemigo.

Tom Homan, el “zar fronterizo”; Karoline Leavitt, la portavoz de la Casa Blanca; Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, y Marco Rubio, jefe del Departamento de Estado, son solo algunos de los miembros del gabinete de Trump que han servido para fortalecer esta narrativa.

 En estados como Mississippi y Missouri, legisladores republicanos han propuesto recompensar con mil dólares a quienes denuncien a migrantes indocumentados, instrumentalizando a la comunidad para el ejercicio del poder opresivo, convirtiendo a los vecinos en informantes y desintegrando la confianza en las comunidades. En Oklahoma, la propuesta de solicitar el estatus migratorio en las escuelas podría afectar directamente a unos seis mil niños, generando miedo entre familias y vulnerando el derecho a la educación de niños migrantes por miedo a la deportación.

 Muchas personas tienen desconfianza de salir de sus casas, han faltado a sus trabajos y han cambiado sus dinámicas de vida por temor o por angustia. A esto, se suma el surgimiento de grupos que se hacen pasar por agentes del ICE para acosar y aterrorizar a migrantes en sus hogares, escuelas y lugares de trabajo. Este tipo de acciones profundizan el miedo y la deshumanización, pero además ponen en riesgo a comunidades enteras al confundir las fronteras entre el ejercicio del poder estatal y la persecución civil. En un país donde millones de familias son binacionales, las consecuencias no son solo para personas migrantes, sino que alcanzan a ciudadanos estadounidenses.

La xenofobia impulsada desde el discurso oficial se traduce en actos concretos de discriminación. Durante la primera presidencia de Trump, los crímenes de odio aumentaron 20%, reflejando cómo la retórica racista aviva la polarización y refuerza la percepción de los migrantes como una amenaza. Cuando en realidad, el verdadero peligro radica en la violencia que esta narrativa genera.

El espacio digital amplifica estos discursos. Un estudio de la Universidad de California reveló que, tras la compra de Twitter (ahora X) por Elon Musk en octubre de 2022, los mensajes de odio aumentaron 50% y recibieron un 70% más de “me gusta” hasta junio de 2023. Aunque pueda parecer inofensivo, el discurso de odio en redes influye en la percepción de los usuarios, normalizando la discriminación y afectando el trato hacia los grupos atacados.

La historia ha demostrado que los discursos de odio y las políticas de exclusión no conducen al desarrollo, sino al estancamiento y a la descomposición social, y en casos extremos a crímenes atroces. Trump y su gabinete están debilitando el tejido social, fomentando el miedo y la desconfianza mutua.

El odio genera violencia y fractura comunidades. Que quede claro, esta narrativa no afecta solo a las comunidades migrantes atacadas de forma directa, sino que vulnera el corazón de un país que ha sido símbolo de integración y diversidad. (Eunice Rendon, El Universal, Nación, A9)

Frentes Políticos

Refuerzo bilateral. A fin de fortalecer la frontera que comparten México y Estados Unidos, Juan Ramón de la Fuente, secretario de Relaciones Exteriores y Marco Rubio, secretario de Estado de EU, sostuvieron una plática donde acordaron acciones conjuntas. Vía telefónica comentaron los avances para desmantelar los cárteles y detener el tráfico de fentanilo y armas, así como el tema de la migración. En su cuenta de X, la Cancillería mexicana señaló que “México y EU seguirán trabajando de manera coordinada, con pleno respeto a nuestra soberanía y para beneficio de ambos pueblos”. Respeto mutuo, clave para el entendimiento. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 11

Migración: reflexión del papa Francisco

Han transcurrido 26 días desde la asunción de Donald Trump y ha quedado en evidencia que los compromisos en temas como la seguridad nacional, la migración, deportaciones o combate a los cárteles y el crimen organizado no fueron sólo lemas de campaña, sino promesas que, al llegar a la Casa Blanca, han ido convirtiéndose en realidad.

Como he mencionado anteriormente se ha ido acreditando que sus declaraciones han mantenido un tono fuerte y cargado de advertencias; sin embargo, hoy quisiera enfocarme en una de las áreas que más han despertado indignación, preocupación y, por supuesto, miedo.

Desde la designación de Tom Homan como el zar de la frontera éste aseguró que realizaría la mayor operación de deportación jamás registrada en su país y ha sido visto como uno de los hombres más importantes para cumplir la promesa de campaña que jugó un papel fundamental para el triunfo de Trump.

Ante el incremento de las persecuciones, la pobreza extrema, la inseguridad, los conflictos armados y la injusticia, pero sobre todo frente al dolor de miles de niños y adultos que tienen que migrar, el pasado 10 de febrero el papa Francisco emitió una carta a los obispos de Estados Unidos, en la cual, aunque reconoce el derecho de una nación a defenderse y mantener a sus comunidades a salvo de aquellos que han cometido crímenes violentos o graves mientras están en el país o antes de llegar, también hace un significativo llamado.

Francisco afirma que se debe promover la maduración de una política que regule la migración ordenada y legal. Sin embargo, la mencionada “maduración” no puede construirse a través del privilegio de unos y el sacrificio de otros. Lo que se construye a base de fuerza, y no a partir de la verdad sobre la igual dignidad de todo ser humano, mal comienza y mal terminará.

Asevera que un auténtico estado de derecho se verifica precisamente en el trato digno que merecen todas las personas, en especial, las más pobres y marginadas.

Un personaje tan polémico como Homan no iba a dejar pasar la oportunidad de opinar sobre la contundencia de la carta y respondió diciendo que el Papa debería concentrarse en su trabajo y dejarle a él los temas correspondientes a la frontera, incluso criticó su reproche mencionando: “¿Quiere atacarnos por proteger nuestras fronteras? El Vaticano tiene un muro alrededor, ¿no es así? Tiene un muro que lo protege a él y a los suyos, pero ¿nosotros no podemos tener un muro alrededor de Estados Unidos? Así que debe ceñirse a la Iglesia católica y dejar que nos encarguemos de la seguridad fronteriza”.

La carta de Francisco cuestiona las medidas de Trump, quien ha mantenido un perfil conservador y al que incluso podría etiquetarse de “religioso”; no olvidemos que afirmó que “Dios le salvó la vida” después del atentado en Pensilvania, pero además, el pasado viernes 7 de febrero firmó un decreto para la creación de una Oficina de la Fe de la Casa Blanca, la cual estará dirigida por la telepredicadora Paula White.

La oficina se alojará en el Consejo de Política Nacional y será dirigida por un asesor superior de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, tendrá de múltiples funciones: 1) hacer recomendaciones al presidente, a través del asistente del presidente para política interna, sobre cambios en políticas, programas y prácticas, y aspectos de la agenda política; 2) coordinar con todas las agencias para implementar capacitación y educación en todo el país, y 3) identificar y proponer medios para reducir las cargas al libre ejercicio de la religión, incluidas las barreras legislativas, regulatorias y de otro tipo para la participación plena y activa de entidades religiosas, entre otras.

Tras las acciones de Trump en pro de la libertad de culto, quizá surjan muchos cuestionamientos sobre sus verdaderas intenciones tras la creación de esta oficina y la manera en que ha tergiversado algunos de los valores cristianos para justificar sus ataques. No olvidemos que hace unas semanas la obispa de Washington, Mariann Budde, le pidió piedad para aquellos que se encontraban asustados y el presidente le respondió solicitándole una disculpa y llamándola “seudobispa”.

Poco después del decreto de creación de la Oficina de la Fe, donde también se pide la designación a todas las agencias federales de un “enlace religioso” en un plazo de 90 días, el Papa envió un significativo mensaje a Trump.

Las declaraciones de Francisco tocan fibras sensibles, sobre todo en un país dividido por lo acontecido en los últimos días donde el miedo, la desesperación y la ansiedad se han apoderado de familias completas, que han atestiguado la lacerante manera en que han comenzado a aprehender y deportar a miles de personas.

¿Merecen los migrantes ser tratados así? ¿Por qué las políticas públicas han quedado rebasadas ante el fenómeno migratorio? ¿De qué forma abordar un tema tan complejo, buscando por supuesto crear puentes y no muros?

Claro que el paso de los migrantes por las distintas naciones representa cambios en la estructura económica, social y de seguridad, lo cual puede detonar la falta de oportunidades de empleo, una débil gobernanza y la violencia entre comunidades. Es urgente atender las causas de este fenómeno, las cuales deben estar basadas en el amor al prójimo. (Simón Vargas Aguilar, La Jornada, Opinión, p. 14)

Mucho odio en poco tiempo

Donald Trump intoxicó al mundo con torrentes “nuevos” de odio propio y ajeno, destilado por él y sus esbirros e inyectado con las aberraciones que él piensa y hace. Intoxicó, en tiempo récord, al planeta con amenazas, sanciones e injurias de todo pelaje. Ensució los imaginarios con su palabrerío soez de mafioso inmobiliario, ignorante y petulante.

Cada una de sus “ideas” hiede nazifascismo. ¿Es un plan de “guerra cognitiva”? ¿Será esto obra de sus asesores de “imagen”? Es odio disfrazado de “revolución cultural” que se vuelve nazifascista y culpa a los pobres y a los inmigrantes de las crisis sociales y económicas, provocadas por el propio neoliberalismo, mientras refuerza las estructuras de privilegio de las élites.

Artimaña para distorsionar el conflicto de clases y presentarlo como odio horizontal entre sectores de la clase trabajadora. Ese odio de Trump, abigarrado y multifacético, con retóricas de identidad narcisista, proyecta amenazas y jerarquías simbólicas venenosas para perpetuar la hegemonía capitalista.

Tal odio que supura Trump proviene de una mentalidad que se autoerotiza con arrogancias mercantiles, fanatismo e individualismo fermentados entre mercaderes de estilo confrontacional y provocador. Trump disfruta su lenguaje de odio siempre ofensivo, racista, misógino o xenófobo, especialmente contra los “inmigrantes” a quienes estigmatiza con apodos despectivos y acusaciones de “violadores” y “criminales”.

Es un odio rentable para imponer restricciones a ciudadanos de múltiples países y separar a familias en las fronteras sometiéndolas a condiciones inhumanas, como las de los centros de detención. Odio rentable hasta para retirarse del Acuerdo de París y contra la ciencia climática.

Odio incluso contra las instituciones democráticas burguesas. Odio y narcisismo empecinado en atribuirse éxitos inexistentes, mientras rinde pleitesía a sus amigos supremacistas blancos que odian, como él, al multiculturalismo.

Odio atesorado por sus mafias de clase, infestadas con el na cionalismo empresarial del “América primero”. Es odio con estilo personal de magnate caprichoso en franca ruptura con los principios de la democracia burguesa, odio macerado a lo largo de su carrera empresarial y su retórica exagerada hinchada con desprecio. Además, odio hacia ciertas organizaciones internacionales y países con los que sostiene dependencias económicas clave.

Odio a Naciones Unidas, a la Organización Mundial de la Salud. Odio a China, acusándola de prácticas comerciales desleales y de ser responsable de la propagación del covid-19. Odio incluso contra Meryl Streep, a quien insultó calificándola de “sobrevalorada” tras sus críticas en los Globos de Oro.

Se trata, pues de un odiador serial que mezcla sus perversiones personales, sus manías empresariales mafiosas y conveniencias polarizadoras para sumar seguidores a quienes engaña con palabrerío de justiciero defensor de los intereses del “sistema”, siempre y cuando le deje ganancias.

Un análisis semiótico del odio de clase que expresa Trump hacia los sectores populares debe explorar también las fuentes ideológicas que alimentan cierta semántica del poder y sus retóricas deleznables en el marco de un desprecio social realmente inaceptable. Aunque no se lo puede (o se lo quiere) condenar judicialmente, su palabrerío permite analizarlo desde una perspectiva ética para sancionarlo moralmente.

Desde una óptica semiótica crítica, es evidente que el odio que Trump segrega es incluso altamente tóxico para su propio clan mercenario porque busca afirmarse como baluarte de admiración burguesa y poder represivo capaz de eclipsar el ego de sus compinches y eso es ciertamente peligroso para ellos y para sus pueblos. Hay que ver el espectáculo macabro entre los egos de mafias en Chicago entrados los albores del siglo XX. Porque es odio de clase que sale de una dictadura ideológica inventada para perpetuar las jerarquías económicas individualistas más aberrantes.

Es la moral del amo erigida como fanatismo de méritos personales para despreciar a quienes no encajan en el ideal capitalista, odio contra las clases trabajadoras, contra los inmigrantes y los sectores empobrecidos. Fábrica de “sentido” para odiar al otro y reforzar una identidad de plutócratas con desprecio hacia los pueblos, especialmente si desarrollan pensamiento crítico y organización transformadora. Es odio de clase que Trump exuda, como si fuese un triunfo moral, para exacerbar un retroceso civilizatorio abrumador parido por la extrema derecha. Esa práctica de infestar con odio a las sociedades, bajo el disfraz de una “revolución cultural”, tiene consecuencias inimaginablemente peligrosas, en especial cuando ese odio responde a intereses de la industria militar, las mafias bancarias y las jaurías mediáticas, represores todos que se ocultan tras un discurso de “libertad” o “democracia”.

Ese odio burgués disfrazado de “revolución cultural” no es otra cosa que la explotación económica que maquilla las contradicciones del capitalismo. Es odio destilado desde las élites que impregnan a los pueblos “valores” de casta criminal como ejemplo edificante del individualismo extremo, del culto al consumismo y la competencia feroz. Odio institucionalizado para justificar medidas autoritarias, para la deshumanización y la pérdida de solidaridad. Para desorganizarnos y desmoralizarnos, para destruir los lazos de solidaridad. Hay que desentrañar, semióticamente el modo en que Trump inyecta odio como herramienta para dividir, alienar y desviar las luchas populares, y cómo, en contraposición, se puede construir una praxis revolucionaria basada en la solidaridad, la conciencia de clase y la emancipación colectiva.

Ese odio de Trump no es un fenómeno espontáneo ni aislado, es expresión de la lucha de clases. Odio disfrazado de “revolución cultural” para mantener el control social, en una guerra contra toda transformación que surge de la organización revolucionaria de las bases. Guerra ideológica para combatir los programas políticos populares contra la burguesía. Para nosotros es crucial una semiótica crítica del odio burgués, pero que sea capaz de recuperar el espíritu emancipador de las revoluciones basadas en la lucha real de los pueblos por la justicia social, la solidaridad y la superación de las contradicciones del sistema capitalista.

Porque neutralizar y combatir el odio de Trump no puede provenir de la imitación, sino desde una praxis que dignifique la vida y combata las raíces estructurales eco nómicas e ideológicas de la desigualdad. No podemos quedarnos cruzados de brazos. Está muy claro. (Fernando Buen Abad Domínguez, La Jornada, Opinión, p. 14)

Movilidad humana

La filoxenia se refiere a la hospitalidad y la buena acogida hacia la persona extranjera, su significado integra la empatía hacia las personas extranjeras a través de la generación de diálogos sociales de confianza y comprensión de las relaciones humanas en todos los niveles sin distinguir país de origen.

Dentro de los conceptos que existen para definir la movilidad humana, en un contexto con migrantes, desplazados forzados, refugiados o solicitantes de esta condición, existen definiciones que nos ayudan a comprender las diferentes dimensiones de la migración, donde hay un origen, un tránsito, un retorno o un destino, de tal suerte que la condición de refugiado se da cuando las personas tienen fundados temores de ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas; por lo que la admisión humanitaria se presenta cuando se admite en un país, con carácter temporal o permanente, y reconoce que requiere protección específica, debido a que se encuentran en riesgo. Son víctimas de violencia de género o reclutamiento forzado, incluidas las personas con necesidades apremiantes de protección, en situación de vulnerabilidad, los miembros de la familia extendida o las personas que necesitan asistencia y cuidados médicos.

La determinación de desplazados internos va encaminada a personas o grupos que se han visto obligados a escapar o huir de su lugar de residencia habitual como resultado de los efectos de un conflicto armado, de violaciones de los derechos humanos o de catástrofes naturales y que no han cruzado una frontera reconocida. La llamada deportación o expulsión es el acto por el cual, con base en una orden de deportación, un país obliga a un extranjero a salir de su territorio y lo devuelve a su país de origen o a un país tercero, tras la denegación de entrada; esta acción recurrente de regresar a personas extranjeras por una situación migratoria irregular incluye a adultos, niñas, niños y adolescentes.

Es fundamental el enfoque de los derechos humanos, donde se reconoce a todas las personas como titulares de estos derechos y en el entendido de que, en el ámbito de la movilidad humana, hay grupos de población que son objeto de una mayor marginación, exclusión y discriminación; este enfoque requiere un análisis de las normas de género y de los desequilibrios para poder garantizar que las intervenciones lleguen a los segmentos más marginados, específicamente en el caso de niñas, niños y adolescentes, donde, dentro los derechos de la niñez, se les tiene que reconocer como titulares de los mismos, en toda la extensión de la palabra, pues por su proceso de crecimiento tienen necesidades y, por tanto, derechos que difieren del resto de los seres humanos; por lo que cualquier persona migrante menor de 18 años de edad que no se encuentre acompañada por una persona adulta que ejerza la patria potestad o que la tenga bajo su guarda y custodia deberá tener la protección del caso, y al principio de interés superior de la niñez determinado en la Observación General N.º 14 del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, publicada en 2013, lo que significa que se tendrán que tomar las decisiones que mejor convengan a sus derechos.

En atención a estos conceptos, el gobierno de México, a través de la Secretaría de Salud y del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia, ha construido una guía de atención para la salud de niñas, niños y adolescentes en contexto de movilidad humana que, sin duda, involucra los más altos estándares para los diferentes ámbitos de aplicación en beneficio de la población migrante. (Daniel Aceves Villagrán, Excélsior, Nacional, p. 17)

Día con día / El factor americano

No hay país en el mundo que esté inafectado o tranquilo por la ofensiva exterior de Trump, a la vez proteccionista y expansionista.

México no es la excepción, sino uno de los países más afectados y en mayor alerta por el desbocado segundo gobierno de Trump.

Es imposible decir cuánto de lo que Trump ha puesto en la mesa de México será exigido y real, pero la negociación con el vecino se alza, por ahora, como el mayor problema político de un gobierno mexicano que arrancó en condiciones de hegemonía sin contrapesos, al punto de que pudo cambiar el régimen constitucional.

Aquí le tenemos miedo a la palabra, pero la arquitectura de ese cambio constitucional tiene el perfil de una dictadura legalizada, es una dictadura germinal.

Tanto durante el primer Trump como durante Biden, a Estados Unidos le importó poco la deriva autoritaria mexicana. No quisieron sino que México les sirviera de muro migratorio.

Las condiciones de indiferencia hacia México del segundo Trump han cambiado sustantivamente. La política autoritaria mexicana sigue importándole un comino y hasta puede verla con alguna empatía, porque sus impulsos políticos profundos, y aun los superficiales, se parecen mucho a los de López Obrador.

Pero las exigencias del segundo Trump cubren demasiado espacio en decisiones clave del gobierno mexicano.

Trump mantiene y expande las exigencias de contención migratoria de México hacia Estados Unidos y la aceptación de deportaciones hacia México, lo mismo de mexicanos que de no mexicanos.

Las exigencias en materia de seguridad y tráfico de drogas lindan con el intervencionismo militar. Ponen contra la pared a un gobierno que lleva seis años de condescendencia y complicidad con criminales en varios estados de la República.

Por último, Trump mira hacia el Tratado de Libre Comercio vigente como un abuso, mediante el cual México obtiene un gran superávit con Estados Unidos y lo regala en parte, con un déficit comercial de 100 mil millones de dólares, nada menos que a China.

La renegociación del tratado está adelantada y se topa con todo lo anterior, además del carnaval de incertidumbre jurídica que es la reforma judicial en marcha.

Trump está resultando una piedra difícil de saltar en el camino de la hegemonía morenista. Un inesperado contrapeso. (Héctor Aguilar Camín, Milenio, Al Frente, p.3)

Sacapuntas

Diálogo, con respeto a soberanías

Avanza en buenos términos el diálogo y la cooperación con Estados Unidos. El canciller Juan Ramón de la Fuente sostuvo otra plática telefónica con el secretario de Estado de la Casa Blanca, Marco Rubio, en la que abordaron los avances en materia de migración, tráfico de fentanilo y armas, y el fortalecimiento de la frontera común. Lo más relevante de la charla fue que acordaron seguir trabajando de manera coordinada con pleno respeto a las respectivas soberanías.

Agradece acciones de la presidenta

Por cierto, el secretario de estado, Marco Rubio, agradeció al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum el despliegue de 10 mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera común para frenar la migración ilegal. También por la recepción de vuelos de deportación al sur de México y la repatriación de migrantes a sus países de origen. (El Heraldo de México, La 2, p. 2)

Golpe de realidad

Aún no se cumple un mes del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y el mundo entero resiente el clima enrarecido con cada ocurrencia del mandatario.

Siguiendo el manual populista, Trump ha soltado metralla indiscriminadamente. Decenas de órdenes ejecutivas para declarar emergencia nacional en la frontera con México, contra los migrantes, contra el fentanilo, contra les energías limpias, contra la ayuda internacional, contra la OMS, la UNESCO, el Acuerdo de París, contra los empleados federales, contra los fiscales que investigaron el asalto al Capitolio, contra los jueces que dictaron sentencias en su contra, contra los migrantes, contra los indocumentados y sus hijos nacidos en Estados Unidos, contra sus socios comerciales, contra China, contra los palestinos, contra Europa, contra los popotes de papel. La lista es agotadora. 

Con México ha sido particularmente duro, en su afán de cumplir las promesas de campaña que le ganaron el voto de 77 millones de norteamericanos, la segunda votación más alta en la historia de Estados Unidos (solo detrás de los 81 millones que alcanzó Joe Biden en 2020).

Una a una, las amenazas de Trump han sido refutadas con sólidos argumentos en las conferencias mañaneras de Claudia Sheinbaum. Los aranceles aumentarán los precios para los consumidores en EU; el T-MEC ha sido benéfico para los tres países; los migrantes trabajan, consumen, pagan impuestos y son esenciales para empresas e industrias norteamericanas.

¿Ha funcionado la estrategia? Difícil tener la respuesta apropiada. Después de todo, las personalidades narcisistas son refractarias a la evidencia y sólo ceden al halago y la constante sensación de triunfo. En esto la presidenta ha tenido la experiencia de vida más útil: décadas al lado de López Obrador han forjado su temple y cabeza fría.

Pero más allá de la forma, la presidenta está constatando el profundo daño que Trump es capaz de infligir al país y a su mandato. Por ello necesitará otra receta para no naufragar. No solo cabeza fría, sino mente abierta a los argumentos racionales.

López Obrador le heredó la presidencia de un país cada vez más frágil. No hay crecimiento, la violencia no cesa, la corrupción sigue rampante. Encima de esto, las amenazas de Trump y las reformas constitucionales están ahuyentando las inversiones y cancelando en los hechos el acuerdo comercial que nos ha sacado a flote. La popularidad de la 4T descansa en el reparto de recursos vía programas sociales. Pero si el país no crece no habrá más que repartir.

El regreso de Trump puede ser el golpe de realidad que nos haga reaccionar. Como se está haciendo en materia de seguridad, podemos corregir el rumbo y frenar el deterioro institucional para mejorar la posición de México frente al huracán que vamos a enfrentar.

La pregunta es si la presidenta está dispuesta a tomar decisiones sobre bases racionales y no ideológicas. Es decir, a aceptar ella misma la receta que quiere darle a Donald Trump. (Verónica Ortiz, El Heraldo de México, País, p. 8)

Amenaza global, retroceso de la Justicia Internacional en tiempos de autoritarismo

Su política migratoria agresiva, su escepticismo hacia los organismos multilaterales, y su enfoque en la soberanía nacional, tuvieron repercusiones profundas en México tanto en el ámbito de seguridad pública, el comercial y el migratorio. 

Este fenómeno no es aislado; es parte de un retroceso global que amenaza los pilares de la cooperación internacional y los derechos humanos. 

Indudablemente es un golpe al Multilateralismo.

A nivel global se ha incrementado una postura crítica contra las instituciones internacionales, argumentando que socavan soberanías como la de Estados Unidos, Rusia y China.

No obstante, Donald Trump está tomando medidas drásticas contra organismos globales como la Corte Penal Internacional (CPI), el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), paralizando e ignorando sus decisiones cuando no se alinean con sus intereses. 

Pero no sólo Trump, en los últimos años, Xi Jinping y Vladimir Putin han adoptado posturas autoritarias, rechazando la jurisdicción de tribunales internacionales y priorizando sus intereses nacionales sobre el multilateralismo. Es un retroceso significativo en la justicia internacional, en el sistema de gobernanza global establecido después de la Segunda Guerra Mundial, que buscaba promover la cooperación internacional y el respeto a los derechos humanos.

Ahora Trump presiona a México para imponer su propio sistema de justicia contra los cárteles, arrogándose el derecho de una intervención militar en nuestro país, como atribución de sus propias leyes antiterroristas que contravienen las normas internacionales.

Son tiempos de autoritarismo como una nueva amenaza global.

De igual forma, las actuales políticas migratorias de Trump, como una secuela más agresiva de su primera administración, alardean con el despliegue de buques en aguas internacionales limítrofes con las mexicanas. Además del despliegue de tropas y aeronaves en la frontera, que presagian un golpe hegemónico si no se impone su ley. 

La actual tendencia global de países hegemónicos es el rechazo a la jurisdicción de tribunales internacionales.

Este fenómeno tiene implicaciones profundas para el sistema de justicia internacional y los organismos multilaterales, como el debilitamiento de los Tribunales Internacionales, la Corte Penal Internacional y el Tribunal Internacional de Justicia que podrían enfrentar un creciente escepticismo y rechazo por parte de otros países, como tendencia.

Esta situación limita su capacidad para investigar crímenes de guerra, violaciones de derechos humanos y disputas entre estados.

Por ejemplo, la decisión de Trump de imponer sanciones a funcionarios de la CPI envió un mensaje claro: Estados Unidos no tolerará ninguna forma de supervisión internacional sobre sus acciones.

Los hechos demuestran una clara erosión del Multilateralismo. Organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) están perdiendo influencia debido a la preferencia de países hegemónicos por acuerdos bilaterales y acciones unilaterales.

En un escenario así se debilita la capacidad de la comunidad internacional para abordar desafíos globales, como el cambio climático, las pandemias y las crisis migratorias. 

Los países en desarrollo, como México, dependen de los organismos internacionales para proteger sus intereses en un mundo desigual. El debilitamiento de estas instituciones los deja en una posición más vulnerable frente a las presiones de los países hegemónicos.

Un ejemplo es la paralización del sistema de solución de disputas de la OMC. Esto afectó a México, porque ha utilizado este mecanismo para defender sus intereses comerciales frente a Estados Unidos.

El retroceso de la justicia internacional y el avance de posiciones autoritarias de países hegemónicos plantean preguntas urgentes sobre el futuro de la gobernanza global: si los países más poderosos del mundo rechazan la jurisdicción de tribunales internacionales y priorizan sus intereses nacionales sobre el multilateralismo, ¿Qué pasará con los principios de cooperación internacional y respeto a los derechos humanos?

Para países como el nuestro, este escenario representa un desafío doble: por un lado deben navegar un entorno internacional cada vez más volátil, donde las acciones unilaterales de países hegemónicos pueden afectar su economía y seguridad. Por otro lado tienen la responsabilidad de defender el multilateralismo y la justicia internacional, no solo por su propio beneficio, sino por el bien de la comunidad global. (Marisela Morales Ibáñez, El Heraldo de México, Editorial el Heraldo, p. 15)

Confidencial

Cada país con su tema

El canciller Juan Ramón de la Fuente y el secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvieron una segunda llamada, y ambos gobiernos siguen hablando a medias sobre lo que se discute. Por un lado, el gobierno estadounidense aseveró que México aceptó “la repatriación de migrantes ilegales a sus países de origen”, algo que la SRE dejó fuera. Por su parte, la Cancillería mexicana afirmó que ambos secretarios hablaron sobre el “control de tráfico de armas”, tema en el que México ha sido insistente pero que el Departamento de Estado dejó fuera de su comunicado. O sea cada quien su tema. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 37)

‘Es el narco, estúpidos’

Desde el inicio de su gobierno, Trump ha sido un agente del caos, disparando en todas direcciones y dejando a todos tratando de descifrar si sus iniciativas responden a un interés real, una táctica o una distracción. Con México, por ejemplo, nos tuvo en vilo con la amenaza de aranceles: los anunció, los pausó y aún nadie sabe si los impondrá ni en qué términos. Lo mismo ocurre con su amenaza de deportaciones: busca frenar la migración y evitar escenas como las de Biden, apostando al miedo y tomando medidas impactantes. Pero de ahí a que asuma el costo de afectar sectores clave que dependen del trabajo de los inmigrantes con deportaciones masivas, no está tan claro.

En contraste, toda la evidencia indica que Trump va con todo para golpear a los cárteles en México, salvo que el gobierno de Sheinbaum tome acciones contundentes de alto perfil, incluida la entrega de políticos de su propio partido sobre quienes pesan serias sospechas. Apenas el domingo, en Fox News, afirmó que la respuesta de México “no había sido lo suficientemente buena”.

De hecho, tanto la migración como los aranceles han sido, en buena medida, extensiones de la estrategia contra el narcotráfico. En una de sus primeras órdenes ejecutivas sobre migración, justificó la emergencia en la frontera sur alegando que los cárteles controlan “vastos territorios” en México y han empezado a “tomar el control de zonas” en Estados Unidos, causando “cientos de miles” de muertes. Ese mismo día, firmó otra orden ejecutiva que los designa como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTOs).

Al anunciar los aranceles a México y Canadá, Trump afirmó que los cárteles tenían una “alianza intolerable con el gobierno de México”, lo que la presidenta Sheinbaum rechazó de inmediato. Luego, al pausar los aranceles, Trump justificó la decisión alegando que los 10 mil elementos de la Guardia Nacional comprometidos por Sheinbaum se centrarían en “detener el fentanilo y la migración ilegal”, en ese orden.

Desde entonces, Trump y su equipo han enviado señales inequívocas sobre la importancia de este tema. El mismo día que se suspendieron los aranceles, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, recorrió la frontera sur para supervisar operaciones de seguridad. Al mismo tiempo, el portaaviones USS Nimitz fue avistado frente a Ensenada y, luego, CNN reportó 18 sobrevuelos de aviones espías cerca de la frontera. Como sostiene Raymundo Riva Palacio: “Trump ha vuelto la aniquilación de los narcotraficantes mexicanos un asunto de las Fuerzas Armadas, presionando a Sheinbaum a que cumpla lo que le ofreció”.

En una entrevista con ABC News, el “zar fronterizo” Tom Homan advirtió que si los cárteles atacaban a tropas estadounidenses en la frontera, responderían con toda su fuerza militar. La semana pasada, The Wall Street Journal reportó que la CIA enfocará sus esfuerzos en combatir a los cárteles y podría espiar al gobierno mexicano. Luego, la fiscal general Pam Bondi ordenó a los fiscales federales priorizar la lucha contra los cárteles. Esta semana, Trump nombró a Terrance Cole como jefe de la DEA, un veterano de línea dura que hace unos meses advirtió que ya era hora de que México y sus cárteles “rindan cuentas”.

Con esta escalada, Trump ha dejado claro que usará todas las herramientas para combatir a los cárteles mexicanos. A diferencia de otros temas, donde es difícil saber si actúa solo por cálculo político, en este parece haber una convicción real, aunque sin que eso implique que no considere el impacto mediático que estas acciones tendrían.

Todo apunta a que Trump está preparando el terreno para tomar acciones en México que atropellarían nuestra soberanía, lo que pondría a Sheinbaum en una posición extraordinariamente complicada. Frente a los aranceles o las deportaciones, la presidenta tiene margen de respuesta y puede salvar cara. Pero si Trump actúa unilateralmente en territorio mexicano y lo presume, como seguramente sería el caso, Sheinbaum quedaría entre la espada y la pared. Para algunos dentro de su propia coalición, sería un acto de guerra, y cualquier reacción que no implique un choque frontal con Washington la haría ver débil.

Este tema, más que cualquier otro, puede fracturar la relación bilateral. No hay salidas virtuosas ante la embestida que prefigura Trump; solo quedará elegir entre lo malo y lo peor. Además de fortalecer la lucha contra el crimen organizado, el gobierno debe abrir canales de comunicación y reforzar la coordinación con Estados Unidos, como ya lo está haciendo, para que las eventuales acciones de Trump no parezcan imposiciones unilaterales, sino esfuerzos conjuntos.

Habrá críticas por abrir espacios a los “gringos” que López Obrador había cerrado, pero las alternativas son peores. El problema es real y la determinación de Trump, evidente. Y si hoy tenemos este problema encima, en gran parte es porque el gobierno anterior no hizo lo suficiente y envió todas las señales equivocadas con su política de “abrazos, no balazos”. (Leopoldo Gómez, El Financiero, Opinión, p. 32)

Dato Incómodo / Rutilio Escandón: bomba política para Sheinbaum

DE CHIAPAS A MIAMI

El documento de Willy Ochoa acusó a Escandón de convertir a Chiapas, de 2018 a 2024, en un campo de batalla entre cárteles, con enfrentamientos, bloqueos y un colapso institucional sin precedentes.

Ochoa describe un estado sumido en el terror: miles de desplazados, municipios enteros bajo control criminal y una crisis de inseguridad que llevó a cientos de chiapanecos a huir incluso a Guatemala. Pero no se detiene ahí. También señala que bajo Escandón, Chiapas se convirtió en un corredor incontrolable para el tráfico de drogas, personas y hasta grupos extremistas.

La acusación tiene un fuerte tinte político, pero los datos oficiales sobre violencia en Chiapas durante su mandato son contundentes: pasó de ser un estado con índices de violencia relativamente bajos a un territorio con cifras récord de homicidios.

El 2024 fue el año más violento de su historia, con más de mil asesinatos, un 53% más que el 2023. Nueve de cada 10 chiapanecos viven con miedo en Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, según cifras de INEGI. Miles de desplazados internos y un aumento del éxodo a Guatemala.

Escandón no solo falló en controlar la violencia, sino que fue señalado como parte del problema. Y en vez de investigarlo, fue enviado a un cómodo consulado en Miami. (Juan Ortiz, Ovaciones Opinión, 26)