Opinión Migración 150225

Trascendió Puebla

Que la llegada del ex gobernador Sergio Salomón Céspedes al Instituto Nacional de Migración no será ni en el corto ni en el mediano plazo. Aunque algunas plumas afines aseguraron que para finales de mes ya despacharía en su nueva oficina y estaría al lado de la presidenta Claudia Sheinbaum abordando temas migratorios, la propia mandataria lo desmintió. Por ahora, Francisco Garduño sigue al frente del organismo y el movimiento no parece inminente. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)

Bajo Reserva

Tatiana está de vuelta (ahora sí)

Quien está de vuelta en el gobierno, ahora sí, es Tatiana Clouthier. Su reincorporación al gabinete, después de su paso por el gobierno del expresidente López Obrador, se había anunciado desde el inicio de la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum, pero, como en otros casos de funcionarios designados, no se ha materializado. Ayer se le preguntó a la mandataria sobre la nombrada titular del Instituto de Mexicanos en el Exterior, y le respondió a este diario que Clouthier se integra formalmente en marzo, porque tuvo que enfrentar algunos “asuntos personales”. A doña Tatiana le espera un regreso a la actividad pública intenso, en medio de los jaloneos con el gobierno de Donald Trump en el tema migratorio. Bienvenida, pues. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)

Sacapuntas

Prevé acuerdo “muy pronto”

Resulta que el secretario de Estado de EU, Marco Rubio, adelantó que se están logrando acuerdos con el gobierno de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sobre seguridad y migración en la frontera. “Creo que vamos a tener algo positivo en ese frente muy pronto”, dijo en una entrevista de radio. Mencionó que se mantiene en contacto con las autoridades de nuestro país: “tenemos un buen equipo y los mexicanos tienen un buen equipo. Así que vamos a trabajar en eso”. (El Heraldo de México, La 2, p. 2)

Que Estados Unidos espíe narcos todo lo que quiera…

EL UNIVERSAL, bajo la batuta de David Aponte y Carlos Benavides, ha hecho un estupendo trabajo a lo largo de la semana. Nuestro diario nos dio información vital para entender la magnitud de lo que está sucediendo estos días, en lo que yo veo como los preparativos de la guerra (o guerrita) contra el narco que emprenderá Donald Trump dentro y fuera de su territorio: el presidente estadunidense pidió a los militares de su país que incrementaran los vuelos de espionaje para documentar los movimientos del crimen organizado en la frontera con México, de acuerdo con lo publicado en estas páginas y lo que trascendió en Washington.

El objetivo es saber con más precisión y detalle -milimétricamente- cómo, a qué hora, y por dónde fluye el tráfico de personas y drogas a lo largo de la frontera, con la complicidad de agentes corruptos de ambos lados del muro.

Eso ayudará a los militares estadunidenses desplegados en la frontera -y a la Patrulla Fronteriza- para que diseñen operativos a fin de detener el contrabando humano (no hay que olvidar la explotación sexual) y el trasiego de estupefacientes, además de que les permitirá neutralizar a posibles objetivos terroristas que pretendan entrar a Estados Unidos como si fueran migrantes comunes.

Pero no sólo eso, los vuelos espía también están concebidos para obtener en México lo que Estados Unidos ha logrado en todos los sitios en los cuales ha intervenido militarmente durante este siglo: una cartografía detallada de campamentos de guerra con la ubicación de tropas enemigas. En el caso mexicano se trata de ubicar asentamientos criminales donde se cocinan drogas sintéticas o químicas (por ejemplo, laboratorios en las zonas serranas y en poblados más grandes), pero también se pretende targetear centros de adiestramiento del sicariato nacional, como los detectados desde hace años en Chihuahua, o los que tiene el Cártel Jalisco Nueva Generación en varios estados.

Tal como sucedió en el norte del país con otros cárteles, el CJNG lleva años levantando jóvenes para reclutarlos por la fuerza, sobre todo a chavos de origen humilde engañados vía internet con promesas de trabajo y luego secuestrados en las terminales de autobuses de la zona metropolitana de Guadalajara, donde previamente son citados. El crimen organizado, no hay que olvidarlo, se agigantó debido a las torpezas de los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y se ensoberbeció y volvió más temerario e insolente durante el sexenio pasado, gracias a la insensatez de Andrés Manuel López Obrador de menguar su combate.

Pero bueno, regresando a los que acontece estos días, consecuencia de aquellos días pasados, al final los despliegues aéreos militares de Estados Unidos sobre México tienen un objetivo concreto: se trata de poner sobre la mesa del Despacho Oval una gran charola de caramelos bélicos (posibles operaciones militares), para que el presidente Trump opte por algunos y cumpla con sus estridentes compromisos de campaña en el sentido de que neutralizará a los cárteles, e incluso, de ser necesario, los borrará de la Tierra, estén donde estén.

Ese “estén donde estén”, ¿es realmente viable en suelo nacional? Sí, al menos parcialmente. Como Estados Unidos ya declaró organizaciones terroristas a varios cárteles mexicanos, en la Casa Blanca creen que sus militares tienen el derecho de “neutralizar” a esos grupos por medio de la destrucción de sus centros operativos. ¿Cómo lo harían? Con tecnología que permite ataques quirúrgicos a través de drones militares, tal como lo han hecho en Medio Oriente o en Afganistán.

¿Alguien va a protestar porque un dron haga volar en pedazos un campamento narco durante una noche cualquiera en Chihuahua, Sinaloa o Durango? En principio, yo no. El problema es que muchas veces en esos laboratorios clandestinos de droga trabajan y viven, literalmente, jóvenes esclavos, además de los halcones y sicarios que los vigilan. ¿Serían permisibles esas bajas colaterales? Eso, es algo con lo que tendrá que lidiar el gobierno mexicano.

¿Qué otra cosa pretende conseguir Washington con esos sobrevuelos? Información muy relevante de coordenadas que permitan orquestar incursiones de sus cuerpos de élite para capturar objetivos narcoterroristas muy codiciados, como pudiera ser el caso de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, el líder del CJNG, organización que tiene presencia en incontables condados estadunidenses a través de sus socios gringos. No hay que olvidar que este mes y hasta marzo un grupo de militares estadunidenses, justamente de élite, estará capacitando a miembros de cuerpos militares de élite mexicanos.

Regreso a los vuelos. La Presidenta aceptó esta semana que hubo incursiones aéreas de espionaje, el Secretario de la Defensa también, y Estados Unidos lo reconfirmó y aseguró que la información obtenida en esas operaciones la comparte con México. Los primeros dos matizaron diciendo que las aeronaves extranjeras no habían violado el espacio aéreo nacional en Baja California y Chihuahua, pero hay otros datos procedentes del Pentágono que dicen lo contrario.

Me parece que eso no es relevante en este momento, salvo para quienes exacerban el nacionalismo y se envuelven en la bandera nacional que ondea en la comentocracia. No hay mejor manera de callarle la boca el señor Trump, quien recién nos acusó en un documento oficial firmado en la Casa Blanca de tener un gobierno aliado con el narco (sí, un narco-gobierno), que combatir conjuntamente al crimen organizado. Sí, conjuntamente, con toda determinación, si acaso pretendemos que Estados Unidos suprima o limite el tráfico de armas hacia México, porque actualmente su frontera hacia nuestro país es una coladera: de allá para acá no revisan nada de lo que cruza.

Si un país no tiene ciertas capacidades militares y de seguridad e inteligencia, debe usar las de un aliado, mucho más si es un vecino enorme y poderoso. Es algo básico en el ejercicio de la geopolítica internacional. Eso viene en el libro más rudimentario de Política y Diplomacia Kínder 1. ¿O qué libros de estrategia política y de guerra han leído últimamente en la Secretaría de la Defensa, en Bucareli y en Palacio Nacional que recomienden hacer lo contrario en un caso así? Algo de Sun Tzu, no: él hablaba de la enorme importancia de generar inteligencia para la guerra, a través de mucha información y espionaje… que es lo que puede aportar Estados Unidos a México.

Ya es tiempo de pensar con una mentalidad abierta y moderna, porque el crimen organizado es un conglomerado multinacional que se expande como la lava por las laderas después de una erupción y que se actualiza como la Inteligencia Artificial. Que yo sepa, México no tiene las capacidades aéreas de espionaje que posee Estados Unidos, así que, en un marco de cooperación, México debe aliarse con Estados Unidos y usar para nuestro beneficio todos los juguetes de guerra que tenga el vecino. ¿O alguien, algún patriota envuelto en la bandera decimonónica me puede llevar a un hangar mexicano para presumirme nuestras damas dragonas, nuestras aeronaves espía U2? ¿O nuestros RC-135 River Joint que interceptan las comunicaciones criminales? ¿Algunos Boeing P-8A Poseidón para detectar sumergibles como los que usa el narco?

Usemos a los gringos con todo y sus juguetes de guerra, porque de todas maneras ellos los van a utilizar. (Juan Pablo Becerra-Acosta M. El Universal, Nación, A5)

La Casa Blanca afirma el inglés, México no comprende

La página oficial de la Casa Blanca eliminó su versión en español y mandó dos mensajes. Muchos estadounidenses gustan que su presidencia se presente en inglés. Y la mayoría de los mexicanos no entiende qué pasa en Estados Unidos porque no sabe el idioma. Ambos somos analfabetos en distintos sentidos.

En su momento, la iniciativa de George W. Bush mostró una cara de Washington en español con sentido práctico y simbólico. Bush había ganado Texas con el voto hispano en su segundo periodo como gobernador y rebasó a los republicanos. En el año 2000 este electorado representó 13% de la población nacional. Incluso, el presidente se acercó al Consejo Nacional de la Raza y a vida de migrantes indocumentados.

La página en español de la Casa Blanca permitía leer principales políticas estadounidenses en un lenguaje creciente, facilitaba realizar trámites administrativos y migratorios. Fue mantenida por los presidentes Obama, Biden y retirada de manera recurrente por Trump.

Hoy, latinos y otras minorías no tienen problema de manejarse en inglés. Un tercio de los hispanos declara que es sólo anglófono. De los que nacieron en suelo estadounidense, 90% habla muy bien el idioma. Los cubanos, puertorriqueños, colombianos y venezolanos tienen mayor facilidad con el inglés frente a mexicanos y centroamericanos.

Los migrantes indocumentados mexicanos y centroamericanos enfrentan mayores barreras y discriminación por su ignorancia del inglés, a nivel laboral, migratorio y en los servicios de salud (según LA Times Survey of Immigrants). Seis de cada 10 dicen que por la lengua no conocen la política migratoria de EU, ni cómo afecta a su familia. En contraste, más de 50% de los que sí hablan inglés consiguen más fácil su “green card”, permisos de residencia y doble nacionalidad. Parece inexplicable que dos vecinos norteamericanos estén perdidos en la traducción en pleno siglo XXI. México ha sido satanizado en la opinión pública estadounidense, con afectaciones patrimoniales en su economía y humanitarias en sus migrantes. En seguridad, narcotráfico, comercio y frontera aparece reprobado. “Los americanos tienen generalmente una visión negativa de México”, lo contrario a 2017, cuando también se midió (según el Pew Research Center 2024). Ahora 60% de los estadounidenses, la mayoría, tiene una imagen negativa de los mexicanos.

A muchos no sorprende que el 70% de la población blanca desestime a México. Lo que es difícil de concebir en la vieja Tenochtitlán es que la mitad de los latinos no tenga simpatía por los mexicanos. De hecho, las quejas comunes de varias comunidades son: vernos al ombligo, no aprender las reglas y el lenguaje anglosajón.

En estricto sentido, el gobierno estadounidense tiene el derecho de usar su lengua fundamental. No es responsabilidad de EU que millones de indocumentados mexicanos no hablen inglés y que su baja educación no les permita aprenderlo tan rápido como otros latinoamericanos.

Una respuesta diplomática mexicana sería actualizar los principales portales de gobierno en inglés, con datos positivos y verificables. La solución a mediano plazo es extender la lengua inglesa entre los estudiantes y la población de México. El inglés es una herramienta de sobrevivencia, si no para conseguir un trabajo o triunfar como migrante, sí para leer lo que pasa en Estados Unidos, sin discriminaciones, ni traducciones. (Articulista Invitado, El Universal, Mundo, A12)

Si alguien nos pregunta sobre migración, tercera y última parte

“Para poder ser realistas, uno tiene que creer en milagros….”

David Ben-Gurion

Cuando en diciembre del año 1998, en los inicios del XVI Ayuntamiento del Gobierno Municipal de Tijuana, se fundó simultáneamente El Consejo de Atención al Migrante y la Comisión de Asuntos Fronterizos aprobados por unanimidad del cabildo, la siguiente tarea se bifurcó en varias acciones, que me permito delinear a continuación, queridas amigas, apreciados amigos, distinguidos lectores.

I.

La integración del Consejo con todos los actores del sector social que atienden el fenómeno migratorio en la frontera norte de nuestro municipio, más de dos docenas de instituciones que con gobierno o sin él, apoyan diariamente a las y los migrantes.

II.

El Consejo sumó además a representaciones del Gobierno Estatal, el Congreso de Baja California, la Universidad Autónoma de Baja California (UNAM), el Colegio de la Frontera Norte (COLEF), las Delegaciones Federales de Relaciones Exteriores, el Instituto Nacional de Migración, Gobernación; entre otras, por supuesto el Consulado General de los Estados Unidos de Norteamérica en Baja California y el Consulado General de México en San Diego.

III.

Se organizó un calendario anual, con sesiones de trabajo semanales con todos los actores involucrados, además de invitados permanentes del gobierno municipal, estatal y federal que tiene que ver con la materia de atención migratoria.

IV.

De forma inmediata se solicitó una audiencia al más alto nivel con las autoridades correspondientes en la Secretaría de Gobernación, donde nos atendieron los titulares de la Subsecretaria de Población, Asuntos Migratorios y Religiosos y el Comisionado del Instituto Nacional de Migración.

V.

Con las autoridades federales mencionadas en el número anterior, se estableció una mesa de trabajo de forma permanente, que derivó en varias acciones con extraordinarios resultados que se describirán con precisión en el siguiente número.

VI.

Se logró programar una serie de giras de trabajo encabezadas por los titulares citados en el inciso IV, con una regularidad mensual que incluyó visitas a la ciudad hasta en dos docenas de ocasiones a lo largo de los siguientes 2 años, que concluyeron con el cambio de administración en diciembre del 2000.

VII.

Entre los múltiples resultados obtenidos desde el inicio de las actividades, se destacan; la repatriación ordenada, respetuosa y agendada con precisión los días y horas, lograda por las autoridades de ambos países.

VIII.

Una demanda recurrente, que se planteó desde los tres órdenes de gobierno ante la federación y el Congreso de la Unión, fue la necesidad de una reforma constitucional, para atender la vulnerabilidad de las y los migrantes en situación de movilidad, más allá de su origen, sin importar la nacionalidad, particularmente para los nacionales además de los extranjeros.

IX.

Esta reforma constitucional, finalmente se logró en el año 2011, después de plantearlo insistentemente ante cuatro legislaturas, exitosa gestión encabezada por la bancada de diputados federales del estado de Baja California.

X.

De los resultados más importantes y tangibles, se generó la visualización del fenómeno con atención directa desde la frontera acercando a la federación a los lugares de origen, tránsito y destino.

Hasta siempre, buen fin. (Carlos Mora Álvarez, El Universal Online)

Pantaleón y la política exterior de Trump con Venezuela

La elección de Donald Trump trajo consigo cambios significativos en la política exterior de EU. Uno de los aspectos más preocupantes ha sido su postura agresiva contra los inmigrantes, como lo demostró en su enfrentamiento con el presidente colombiano Gustavo Petro. Sus medidas despiadadas han generado incertidumbre entre las comunidades de inmigrantes. Esto es especialmente cierto para los venezolanos en EU; una población que enfrenta deportaciones masivas; mientras se convierte, por otro lado, en una ficha de intercambio dentro la política exterior.

Uno de los aspectos más notables de la política exterior estadunidense es su carácter contradictorio con respecto a Venezuela. El 21 de enero, Trump afirmó que no necesitaba comprar crudo venezolano, lo cual agudizaría aún más la crisis económica en ese país. Las designaciones dentro de su gabinete también resultan contradictorias. Por un lado, nombró a Marco Rubio como Secretario de Estado, lo cual parecía indicar que la política hacia Venezuela seguiría la línea de “máxima presión” contra Nicolás Maduro. Sin embargo, por otro lado, designó al diplomático Richard Grenell como su enviado especial para Venezuela.

El mismo día de la investidura de Trump, Grenell anunció en X el inicio de negociaciones con Venezuela. Pero, ¿con quién conversaba? La presencia de figuras de la oposición, como Leopoldo López, Juan Guaidó y Edmundo González Urrutia, en la investidura parecía señalar una continuidad en la estrategia de respaldar a un sector de la oposición como alternativa a Maduro. A pesar de los gestos públicos de apoyo a la oposición, Grenell y el empresario petrolero Harry Sergeant ya habían abierto un canal directo con el gobierno de Maduro, centrado en un tema crucial para Trump: la inmigración venezolana. Esta población se transformó en un útil comodín para Trump que durante su campaña había destacado la “amenaza” que representaba esta comunidad, denunciando repetidas veces la presencia en EU del Tren de Aragua, una banda criminal venezolana.

El 31 de enero, Grenell se reunió con Maduro en Caracas. El gobierno venezolano aceptó recibir inmigrantes venezolanos deportados como parte de un acuerdo de gran utilidad mediática y, a su vez, con poderosos movimientos económicos más soterrados. Al día siguiente, EU extendió la licencia para que la petrolera multinacional Chevron continuara operando en Venezuela. La presencia de Grenell en Venezuela no sólo representó una concesión económica, sino también un reconocimiento tácito al gobierno de Maduro. En todo esto, las víctimas de la crisis venezolana, los inmigrantes que huyen la violencia y la pobreza, son reducidos a simples fichas de cambio en una negociación de intereses particulares. El intercambio fue claro: inmigrantes por petróleo.

Trump también alteró radicalmente la suerte de más de 600 mil inmigrantes venezolanos que estaban amparados bajo el Estatus de Protección Temporal. Según una nueva directiva del gobierno, un primer grupo perderá su protección en abril y el segundo grupo en septiembre. La mayoría de estos inmigrantes no tienen adónde regresar debido a las condiciones críticas que enfrentan en Venezuela. Esto plantea un dilema migratorio, humanitario y ético de gran magnitud: transformar a una población vulnerable en una ficha de cambio dentro de una partida geopolítica, dentro de un juego de promesas electorales y transacciones comerciales, cuando ya enfrenta deportaciones y estigmatización.

La comunidad venezolana residente en EU es heterogénea. Los sectores más populares enfrentan gran inseguridad, otros de clase media y alta aspiraban a repetir la experiencia de los exiliados cubanos. A pesar de ello, los acuerdos tras bambalinas, la creciente contradicción en el discurso oficial estadunidense, las agendas económicas del petróleo y las políticas internas de ambos países parecen indiferentes a la diversidad de experiencias. Todo queda reducido a “la amenaza de los venezolanos”.

En el contexto de medidas migratorias que fragmentan a la comunidad venezolana, Trump se erige como una figura peculiar en el teatro político global. Su comportamiento errático, su capacidad para manipular a la opinión pública con espectáculos mediáticos y su uso de los inmigrantes como fichas recuerdan la figura de Pantaleón, el personaje clásico de la commedia dell’arte, quien representaba al viejo comerciante avaro y mezquino, un hombre regido por la codicia y la explotación. En el escenario de la política global, Trump podría ser visto como una especie de Pantaleón moderno, un personaje que maneja la política exterior de manera grotesca y cruel, movido por intereses personales y económicos más que por un sentido profundo de justicia.

Este “Pantaleón” estadunidense, con su mezcla de oportunismo, improvisación y crueldad, no es simplemente un líder internacional, sino un actor que utiliza la política como un espectáculo, una puesta en escena donde los inmigrantes y los pueblos en crisis son tratados como mercancías intercambiables. Con sus gestos grandilocuentes y su enfoque brutal, Trump ha logrado transformar la política exterior estadunidense en un teatro en el que la humanidad de los afectados se pierde en un juego de poder y manipulación. (Luis Duno Gottberg* y Miguel Tinker Salas, La Jornada, Opinión, p. 16)

Golpe de realidad

Aún no se cumple un mes del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y el mundo entero resiente el clima enrarecido con cada ocurrencia del mandatario.

Siguiendo el manual populista, Trump ha soltado metralla indiscriminadamente. Decenas de órdenes ejecutivas para declarar emergencia nacional en la frontera con México, contra los migrantes, contra el fentanilo, contra les energías limpias, contra la ayuda internacional, contra la OMS, la UNESCO, el Acuerdo de París, contra los empleados federales, contra los fiscales que investigaron el asalto al Capitolio, contra los jueces que dictaron sentencias en su contra, contra los migrantes, contra los indocumentados y sus hijos nacidos en Estados Unidos, contra sus socios comerciales, contra China, contra los palestinos, contra Europa, contra los popotes de papel. La lista es agotadora. 

Con México ha sido particularmente duro, en su afán de cumplir las promesas de campaña que le ganaron el voto de 77 millones de norteamericanos, la segunda votación más alta en la historia de Estados Unidos (solo detrás de los 81 millones que alcanzó Joe Biden en 2020).

Una a una, las amenazas de Trump han sido refutadas con sólidos argumentos en las conferencias mañaneras de Claudia Sheinbaum. Los aranceles aumentarán los precios para los consumidores en EU; el T-MEC ha sido benéfico para los tres países; los migrantes trabajan, consumen, pagan impuestos y son esenciales para empresas e industrias norteamericanas.

¿Ha funcionado la estrategia? Difícil tener la respuesta apropiada. Después de todo, las personalidades narcisistas son refractarias a la evidencia y sólo ceden al halago y la constante sensación de triunfo. En esto la presidenta ha tenido la experiencia de vida más útil: décadas al lado de López Obrador han forjado su temple y cabeza fría.

Pero más allá de la forma, la presidenta está constatando el profundo daño que Trump es capaz de infligir al país y a su mandato. Por ello necesitará otra receta para no naufragar. No solo cabeza fría, sino mente abierta a los argumentos racionales.

López Obrador le heredó la presidencia de un país cada vez más frágil. No hay crecimiento, la violencia no cesa, la corrupción sigue rampante. Encima de esto, las amenazas de Trump y las reformas constitucionales están ahuyentando las inversiones y cancelando en los hechos el acuerdo comercial que nos ha sacado a flote. La popularidad de la 4T descansa en el reparto de recursos vía programas sociales. Pero si el país no crece no habrá más que repartir.

El regreso de Trump puede ser el golpe de realidad que nos haga reaccionar. Como se está haciendo en materia de seguridad, podemos corregir el rumbo y frenar el deterioro institucional para mejorar la posición de México frente al huracán que vamos a enfrentar.

La pregunta es si la presidenta está dispuesta a tomar decisiones sobre bases racionales y no ideológicas. Es decir, a aceptar ella misma la receta que quiere darle a Donald Trump. (Verónica Ortiz, El Heraldo de México, País, p. 8)

Amenaza global, retroceso de la Justicia Internacional en tiempos de autoritarismo

En unos cuantos meses, como en algunos capítulos más oscuros de la historia, la amenaza del autoritarismo cambió la escena de interacción y convivencia internacional. 

Donald Trump no sólo transformó la relación bilateral entre México y Estados Unidos desde su primer mandato, sino que también refleja una tendencia global preocupante: el avance de posiciones autoritarias en países hegemónicos y el debilitamiento de la justicia internacional.

Su política migratoria agresiva, su escepticismo hacia los organismos multilaterales, y su enfoque en la soberanía nacional, tuvieron repercusiones profundas en México tanto en el ámbito de seguridad pública, el comercial y el migratorio. 

Este fenómeno no es aislado; es parte de un retroceso global que amenaza los pilares de la cooperación internacional y los derechos humanos.

Indudablemente es un golpe al Multilateralismo.

A nivel global se ha incrementado una postura crítica contra las instituciones internacionales, argumentando que socavan soberanías como la de Estados Unidos, Rusia y China.

No obstante, Donald Trump está tomando medidas drásticas contra organismos globales como la Corte Penal Internacional (CPI), el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), paralizando e ignorando sus decisiones cuando no se alinean con sus intereses.

Pero no sólo Trump, en los últimos años, Xi Jinping y Vladimir Putin han adoptado posturas autoritarias, rechazando la jurisdicción de tribunales internacionales y priorizando sus intereses nacionales sobre el multilateralismo. Es un retroceso significativo en la justicia internacional, en el sistema de gobernanza global establecido después de la Segunda Guerra Mundial, que buscaba promover la cooperación internacional y el respeto a los derechos humanos.

Ahora Trump presiona a México para imponer su propio sistema de justicia contra los cárteles, arrogándose el derecho de una intervención militar en nuestro país, como atribución de sus propias leyes antiterroristas que contravienen las normas internacionales.

Son tiempos de autoritarismo como una nueva amenaza global.

De igual forma, las actuales políticas migratorias de Trump, como una secuela más agresiva de su primera administración, alardean con el despliegue de buques en aguas internacionales limítrofes con las mexicanas. Además del despliegue de tropas y aeronaves en la frontera, que presagian un golpe hegemónico si no se impone su ley. 

La actual tendencia global de países hegemónicos es el rechazo a la jurisdicción de tribunales internacionales.

Este fenómeno tiene implicaciones profundas para el sistema de justicia internacional y los organismos multilaterales, como el debilitamiento de los Tribunales Internacionales, la Corte Penal Internacional y el Tribunal Internacional de Justicia que podrían enfrentar un creciente escepticismo y rechazo por parte de otros países, como tendencia.

Esta situación limita su capacidad para investigar crímenes de guerra, violaciones de derechos humanos y disputas entre estados.

Por ejemplo, la decisión de Trump de imponer sanciones a funcionarios de la CPI envió un mensaje claro: Estados Unidos no tolerará ninguna forma de supervisión internacional sobre sus acciones.

Los hechos demuestran una clara erosión del Multilateralismo. Organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) están perdiendo influencia debido a la preferencia de países hegemónicos por acuerdos bilaterales y acciones unilaterales.

En un escenario así se debilita la capacidad de la comunidad internacional para abordar desafíos globales, como el cambio climático, las pandemias y las crisis migratorias. 

Los países en desarrollo, como México, dependen de los organismos internacionales para proteger sus intereses en un mundo desigual. El debilitamiento de estas instituciones los deja en una posición más vulnerable frente a las presiones de los países hegemónicos.

Un ejemplo es la paralización del sistema de solución de disputas de la OMC. Esto afectó a México, porque ha utilizado este mecanismo para defender sus intereses comerciales frente a Estados Unidos.

El retroceso de la justicia internacional y el avance de posiciones autoritarias de países hegemónicos plantean preguntas urgentes sobre el futuro de la gobernanza global: si los países más poderosos del mundo rechazan la jurisdicción de tribunales internacionales y priorizan sus intereses nacionales sobre el multilateralismo, ¿Qué pasará con los principios de cooperación internacional y respeto a los derechos humanos?

Para países como el nuestro, este escenario representa un desafío doble: por un lado deben navegar un entorno internacional cada vez más volátil, donde las acciones unilaterales de países hegemónicos pueden afectar su economía y seguridad. Por otro lado tienen la responsabilidad de defender el multilateralismo y la justicia internacional, no solo por su propio beneficio, sino por el bien de la comunidad global. (Marisela Morales Ibáñez, El Heraldo de México, Editorial el Heraldo, p. 15)

Un mundo dividido

Las confusiones existentes en el mundo actual son una expresión de la falta de visión común entre los líderes de las naciones. Un giro más pronunciado a la derecha se incrementa ahora con el ascenso de Trump a su segunda presidencia de los Estados Unidos.

Esta opción política tiende a expandirse por todo el mundo. En Europa, lo observamos en Holanda, Dinamarca, Suecia, Austria o Grecia, que son sólo unos ejemplos de cómo países de tradición liberal, actualmente tienden hacia un conservadurismo de ultraderecha, como la Hungría de Viktor Orbán, que se ubica como mascarón de proa en una versión europea de esa internacional reaccionaria, acompañado de la posfascista Giorgia Meloni en Italia, conservadora, tendiendo a la ultraderecha. En Latinoamérica ya son tres los países con gobernantes de derecha y Asia no se queda atrás con Bangladesh, Myanmar y Pakistán, entre otros.

Se espera que Francia, a pesar de Le Pen, y Alemania, se mantengan aún a la defensiva. Este último, faltando unos días para el 23 de febrero, día en que se celebrarán las elecciones generales, la AfD, el partido de ultraderecha, se ha fortalecido peligrosamente. Considerado por los servicios de inteligencia como un partido que defiende las posiciones extremistas y riesgosas para la democracia, con recuerdos dolorosos sobre el régimen nazi de Adolfo Hitler y la responsabilidad alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

En vista del peligro latente, Angela Merkel rompió su silencio y criticó duramente al candidato de su propio partido, por considerar “errónea la adopción de una moción que restringe severamente el derecho de asilo”. La presencia de la excanciller propició el cierre de filas de los partidos de izquierda, de los ambientalistas y de los conservadores, en una unión histórica, llenando las plazas de las principales ciudades del país, para manifestarse a favor de la diversidad, de la migración y contra cualquier tipo de colaboración con el partido de la ultraderecha Alternativa. La última encuesta muestra que 49% de los alemanes ve la victoria del AfD con un auténtico temor.

De este lado del Atlántico, la victoria arrolladora de Trump, convencido autócrata, ha dividido a su país en dos: por un lado, los ultraconservadores y por el otro, los demócratas convencidos. El presidente de EU aspira doblegar al mundo bajo su puño de narcisista, xenófobo e insensible a los más necesitados. Utiliza los aranceles como el arma para obtener sus objetivos y acorrala a sus homólogos imponiendo condiciones fuera de toda proporción y carentes de equidad. Su política de limpieza étnica está enviando al olvido los derechos humanos, las políticas en pro del medio ambiente y se pronuncia a favor de una oligarquía de ambiciones ilimitadas que sólo vela por sus propios intereses.

Las confusiones existentes en el mundo actual son una expresión de la falta de visión común entre los lideres nacionales. La situación no puede ser más confusa observando el conflicto árabe y judío, en donde el voraz expansionismo inmobiliario de Trump busca sacar provecho de las negociaciones de paz haciendo caso omiso de la historia y de tradiciones que datan de hace más de cinco mil años. La situación sigue la temperamental rueda de la fortuna a favor de Netanyahu y de su afán por borrar del mapa a Palestina.

En un futuro muy cercano observaremos cómo las ambiciones sin límite de Trump encontrarán un trofeo más en las llamadas tierras raras, asunto que hace unos días se incorporó como unos de los temas que formarán parte de la agenda en las próximas negociaciones de paz entre Estados Unidos, Ucrania y Rusia.

Por su parte, China, India y Paquistán no logran limpiar los pizarrones de sus conflictos. Son millones de vidas las que están expuestas y no puede haber más confusión en el mapamundi actual.

México está en el centro de este avatar. Por un lado, es encomiable la acogida que se les está dando a nuestros repatriados, brindándoles empleo y apoyo para un nuevo comienzo de vida. Igualmente, se les ha proporcionado a los deportados los vuelos de retorno a sus países. La Presidenta se ha defendido de las diatribas de Trump, presentando acciones positivas en la lucha contra el tráfico de drogas, además de esgrimir argumentos equilibrados dentro de toda lógica.

No todo está perdido, resuena la voz del papa Francisco, quien ya en 2016 –refiriéndose a Trump– señalaba que era “una persona que sólo piensa en la construcción de muros, dondequiera que se encuentren, y no la construcción de puentes, no es cristiano”. Y ahora, nueve años después, en la carta que Francisco le envió a los obispos norteamericanos exhorta “a todos los fieles de la Iglesia católica, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder ante las narrativas que discriminan y hacen sufrir innecesariamente a nuestros hermanos migrantes y refugiados”.

No todo está perdido en estos momentos tan oscuros (Julio Faesler, Excélsior, Nacional, p. 11)

No negociemos como Trump

Pero hay una pregunta que no puedo olvidar: “¿Quién es Trump?”, me cuestionó Fernando del Collado, conductor de este programa que te saca, como decimos los mexicanos, “toda la sopa”. Mi respuesta fue corta, pero espero contundente: Trump es un hombre con un ego tan grande que no cabe en todo el territorio estadounidense.

Otra de las preguntas detonantes y más interesantes que me hicieron en este programa (y no porque lo diga yo, sino porque es algo que nos cuestionamos millones de mexicanos) es si ¿Sheinbaum debería temerle a Donald Trump? Procuré responder con la razón y no con el corazón: la presidenta de México debería no contestar ni reaccionar a las amenazas de Trump, más bien, debería hacer una invitación a los Marco Rubio, a los George P. Bush (hijo de una guanajuatense, por cierto) y a líderes mexicanos de segunda y tercera generación para que vengan a México y que, juntos, construyamos una estrategia para trabajar de manera conjunta con Estados Unidos.

Esto lo comenté en el programa porque la comunidad latina que radica en Estados Unidos, incluida, por supuesto, la mexicana, es una ola de crecimiento y participación que nadie la detiene (ni siquiera Donald Trump). Hoy, en Estados Unidos (y también en México, por cierto) ya puede haber senadores migrantes, diputados migrantes y, por qué no, pudiera en el corto plazo haber un presidente de los Estados Unidos migrante.

Este es el panorama que debería tomarse en cuenta en el gobierno mexicano y no el de las amenazas de Trump. Mi idea es: sumar a la gran comunidad de mexicanos de segunda y tercera generación que radica en la Unión Americana. Que inviertan en México, que crean en México, que empujen a México a consolidar la gran nación transnacional que somos. Los tiempos ya cambiaron, nuestro país es muy distinto al que existía cuando se fueron las primeras generaciones de migrantes.

Hoy los migrantes mexicanos ya no son únicamente trabajadores agrícolas, también son jefes de flotillas en la industria de la construcción, gerentes de restaurantes en las principales ciudades estadounidenses, emprendedores multimillonarios y grandes promesas deportivas en importantes universidades.

Esta inercia positiva la conoce muy bien Donald Trump. Él sabe que el PIB latino asciende a más de 3.7 billones de dólares, de los cuales el 60% es aportación del esfuerzo y lucha diaria de nuestros connacionales que se parten el alma todos los días en ciudades como Chicago, Arizona, Atlanta, Los Ángeles, entre otras. Pero ¿esto lo saben en el gobierno federal mexicano? Quizás no o, tal vez, tristemente, no les ha importado.

Finalmente, la pregunta obligada llegó por parte de Fernando del Collado en su programa “Tragaluz”: ¿Esta es la oportunidad de Claudia Sheinbaum para alejarse de la sombra de López Obrador? Sinceramente, yo creo que sí… La primera presidenta en la historia de México tiene la opción de buscar una alianza en Norteamérica, junto a la gran nación transnacional mexicana que somos. Es su momento para negociar a la mexicana para que nos devuelva la luz que apagaron, por cierto, los de la administración pasada antes de salir. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, p.12)

Cartones

El Mensaje de la Casa Blanca

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(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)