Opinión Migración 200225

A la Sombra

Nos cuentan que entre las circunstancias que están complicando la entrega de resultados a Donald Trump, para evitar los aranceles que prometió a final de mes, destaca el que, en dos posiciones clave de la relación bilateral, la presidenta Claudia Sheinbaum tenga control limitado. Se trata por supuesto del Instituto Nacional de Migración, donde sigue despachando a Francisco Garduño, y de la Agencia Nacional de Aduanas México, cargo al que regresó Rafael Marín Mollinedo. Es claro para los funcionarios de las dos naciones vecinas que a esos alfiles los mueven desde Chiapas. (El Sol de México, Nacional, p.2)

Expectativas excesivas

Imaginemos un escenario en el cual la 4T fracasa porque es incapaz de generar el crecimiento necesario. Llega a una crisis fiscal después de años en que en la razón de deuda pública a PIB el denominador crece a tasas anuales de 1%, mientras el numerador lo hace cinco veces más rápido. Imaginemos que los programas sociales se encarecen de forma acelerada, dado el envejecimiento de la población, y que la recaudación se estanca ante la caída en inversión privada ahuyentada por la falta de certeza jurídica, por la infraestructura deficiente, por la inseguridad rampante y por la extorsión creciente. Imaginemos que se acelera el deterioro de Pemex, ante un desplome en la producción de petróleo y por la insistencia de apostarle a refinar, provocando pérdidas crecientes y mermando al erario. Imaginemos que la creciente hostilidad a comunidades migrantes en EU provoca el cierre del que ha sido un útil amortiguador social por décadas, reduciendo el flujo de remesas.

Sería preocupante la profunda desilusión de un montón de mexicanos que votaron por Morena como respuesta a su legítimo hartazgo con la corrupción de gobiernos previos y con la enorme desigualdad. Votaron por un gobierno que marginaría a una élite “neoliberal” y tecnocrática a la que despreciaban. Creyeron ciegamente en la 4T, pensando que ésta garantizaba prosperidad y menor desigualdad. Su fracaso los dejaría sin alternativas creíbles de cambio.

En EU podríamos imaginar un proceso similar. Ahí llegó un gobierno poco convencional como reacción a élites arrogantes que incurrieron en excesos culturales que ahuyentaron al electorado más conservador. Trump llega con la promesa de que revertirá esos excesos, de que bajará impuestos a partir de una reducción en el gasto que provendrá de cerrar dependencias públicas y de racionalizar el gasto militar, prometió también desregular para reducir el costo de hacer negocios en ese país.

La implementación de soluciones para esos fines loables -y deseables- será complicada y lenta, particularmente si respetan instancias y procesos legales. Trump corre el riesgo de hacer cosas llamativas que acaparen titulares, pero poco efectivas para lograr sus objetivos. Quiere reducir inflación, sabiendo que ésta fue determinante en la caída de la popularidad de Biden, pero insiste en imponer tarifas y en realizar deportaciones masivas. Ambas medidas crearán presión inflacionaria, y pueden provocar que las tasas de interés lejos de bajar, suban.

Pero, adicionalmente, corre otro riesgo. Como lo dijo David Brooks (“Can We Please Stop Calling These People Populists?”, New York Times), Trump no encarna una revuelta popular, sino una especie de guerra civil entre distintas facciones de los mismos grupos privilegiados. Él estudió en Penn, una universidad elitista; su vicepresidente en Yale, y Elon Musk en Stanford. Puso al hombre más rico del mundo a cargo de recortar gasto público y éste empezó por despedir a decenas de miles de funcionarios públicos de carrera y por dejar sin fondos a un montón de programas sociales. Si esto sale mal, la reacción popular contra esa oligarquía puede ser incontenible.

En el ámbito internacional, se está demoliendo USAID, una de las agencias de asistencia internacional que han sido fundamentales en el posicionamiento de EU para ganar los corazones y las mentes de comunidades vulnerables en todo el mundo. También juegan con fuego cuando el Presidente propone desplazar, permanentemente, a la población palestina de Gaza, dándole la razón a Hamas que afirmaba que la única alternativa de supervivencia era el terrorismo. Y ahora insulta a Europa, al decir que su democracia está en crisis y al no incluir a europeos -o a Ucrania- en la mesa de negociación para discutir el fin de la guerra iniciada por la invasión rusa (aunque ahora Trump culpa al país invadido).

En los dos países habrá una fuerte reacción si no se cumplen las desmedidas expectativas de cambio. La triste diferencia entre ambos es que en México Morena parece determinado a demoler instancias democráticas que permitirían alternancia. (Jorge Suárez-Vélez, Reforma, Opinión, p. 9)

Bajo Sospecha / Más allá de los cárteles como terroristas

Es difícil no compartir la designación como terroristas de los cárteles de la droga mexicanos, venezolanos y salvadoreños (los colombianos ya están en esa categoría desde hace años, junto con las FARC, el ELN y las Autodefensas Unidas). En México hemos visto masacres, ataques con drones, emboscadas a fuerzas de seguridad, asesinatos de políticos de todos los partidos, minas antipersonales en caminos, coches-bomba.

Tuvimos en el sexenio pasado 200 mil muertos y 60 mil desaparecidos. Los cárteles han movido, traficando con personas, millones de migrantes en los últimos años; a muchos de ellas y ellos los han matado, secuestrado, violado, extorsionado, convertido en sicarios. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 12)

Astillero

EN LA MIRA, mapeado y anunciado, el golpe de Donald a cuenta del “terrorismo” será recurso de chantaje durante su cuatrienio. México ya ha aceptado ser una especie de tercer país seguro, recibiendo migrantes no mexicanos deportados de Estados Unidos, ya está permitiendo vuelos y navegaciones de vehículos estadunidenses dedicados al espionaje, unos en espacios “internacionales” y otros en aguas y cielos nacionales, y mantiene un discurso interno de defensa de la soberanía nacional aunque las condiciones no dan para plenitudes prácticas de esa oratoria. Aun así, Trump es insaciable y, entre más doblega, más va exigiendo. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)

El Sur global no existe

Nos quieren convencer de que el mundo está dividido en un Norte global y un Sur global, pero ¿de qué hablamos exactamente? ¿De diferencias económicas? Siete de las 20 economías más importantes del mundo están en el Sur.

También en el Sur, algunos países son 80 veces más ricos que sus vecinos. ¿De diferencias climáticas? El cambio climático afecta a todos los países del planeta y, más aún, a los pequeños Estados insulares y los países más pobres. Si consideramos las emisiones de CO2 per cápita, hay tantos países del Norte como del Sur entre los diez mayores emisores.

¿Hablamos de diferencias en cuanto a la migración? La gran mayoría de las migraciones son flujos entre países del Sur. ¿De diferencias políticas? Tanto en el Norte como en el Sur, hay partidarios de soluciones colectivas, pero también tentaciones de alejarse de los asuntos mundiales. Tanto en el Norte como en el Sur, existe competición entre potencias regionales.

Tanto en el Norte como en el Sur, hay países que respetan el derecho internacional y otros que lo pisotean. Ciertamente, estamos asistiendo a una fragmentación del mundo, pero ¿obedece esta división a las fronteras geográficas Norte-Sur? Definitivamente, no. La ONU tampoco reconoce esta distinción artificial; su labor se centra en aquellas categorías de países que más necesitan la ayuda internacional. La verdadera línea divisoria es la que separa a aquellos que respaldan el orden internacional, basado en normas, del resto.

El debate que debemos tener, durante el G20 y en cualquier otro foro, no es el del enfrentamiento entre el Sur y el Norte, sino el del enfrentamiento entre los partidarios del derecho y los partidarios de la fuerza. En Francia tenemos una brújula que no apunta al Norte ni al Sur, sino a la justicia. No apartamos la vista ante ninguna crisis, ante ninguna vulneración del derecho internacional.

Porque un país agredido es un país agredido y un país agresor, un país agresor, ya sea en el Norte o en el Sur. Por ello, Francia condena las violaciones del derecho internacional humanitario en Gaza y Cisjordania, los ataques terroristas del 7 de octubre contra Israel, la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, sin olvidar las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas sudanesas y las RSF en Sudán.

Por ello, Francia está plenamente comprometida con el mantenimiento del alto al fuego en el Líbano, tras haber trabajado en su adopción junto a Estados Unidos. Por ello, está movilizada para que cesen los enfrentamientos en la región de los Grandes Lagos, donde el M23 sigue violando la soberanía congoleña. Por ello, está trabajando para que los sirios y las sirias puedan por fin vivir en paz y en libertad en una Siria soberana, pacificada y reintegrada en su contexto regional.

En esta línea, he visitado todas estas regiones con el fin de reafirmar enérgicamente nuestras convicciones. Porque Francia no tiene un doble rasero. Y la voz de Francia, que defiende incansablemente el equilibrio y el derecho, se seguirá oyendo –en una época en la que el derecho es cuestionado– si reforzamos ese derecho. Esto supone que cada cual encuentre su lugar en la gobernanza mundial y, por tanto, que esa gobernanza sea reformada.

Cada segundo que perdemos en el proceso de reforma del multilateralismo alimenta el proceso de deslegitimación de sus instituciones. Francia espera que, de aquí a 2026, cuando nuestro país asuma la presidencia del G7, hayamos completado una serie de proyectos cruciales para el futuro de la paz y la gobernanza mundial.

En el marco del 80 aniversario de la creación de las Naciones Unidas, debemos avanzar con determinación para que nuestras instituciones reflejen el mundo de hoy y para que nuestros socios africanos ocupen el lugar que les corresponde en la gobernanza mundial, en el Consejo de Seguridad y en las instituciones financieras internacionales.

Avancemos también en la aplicación concreta del Pacto de París por los Pueblos y el Planeta, lanzado por el presidente de la República Francesa. Porque ningún país debería tener que elegir entre la lucha contra la pobreza y la lucha contra el cambio climático.

Porque se necesita financiación privada para aumentar la escala de la ayuda al desarrollo y porque necesitamos innovar para apoyar a los países en desarrollo. Creo que ésta es también una de las principales orientaciones de que Sudáfrica desea otorgar a su presidencia del G20. Y, para ello, puede contar con el pleno apoyo de Francia. (Jean-Noël Barrot, Excélsior, Global, p. 21)

Baja probabilidad de aranceles duraderos del 25%

Efectos no deseados en migración

Otro factor a considerar es que un arancel del 25% sostenido en el tiempo podría generar menor crecimiento económico en México, lo que incrementaría significativamente los flujos migratorios hacia EU, dado que la migración económica responde principalmente al diferencial de crecimiento entre el país de origen y el de destino. Este es un escenario que la administración estadounidense probablemente querrá evitar, dado que la migración es un tema políticamente sensible. (Carlos Serrano Herrera, El Financiero, Economía, p. 8)

De migrantes a víctimas colaterales: la crisis tras la etiqueta de terrorismo

Por décadas, México ha desempeñado un papel ambiguo en la crisis migratoria: contenedor y víctima de un problema que no origina, pero que carga sobre sus hombros. La estrategia ha sido la misma: militarizar, detener, reprimir. Desde el refuerzo de fronteras hasta acuerdos de deportación masiva con EU, el gobierno mexicano ha intentado ser el muro que Washington exige.

Pero el muro no ha detenido a nadie. La migración no cesa; solo se transforma. Las rutas cambian, los peligros aumentan y los migrantes quedan atrapados en un limbo de desesperación. Ciudades fronterizas saturadas, albergues colapsados, redes criminales que sacan provecho de cada resquicio del sistema. Mientras tanto, la estrategia de contención sigue en pie, aunque se desmorone a pedazos.

El regreso de Trump y la criminalización de los migrantes

Con Donald Trump de vuelta en la Casa Blanca, la crisis se recrudece. Su gobierno ha endurecido la frontera como nunca antes: los cruces ilegales han caído un 93% y las aprehensiones, un 85%. Pero la migración no ha desaparecido; los migrantes simplemente han quedado atrapados en México.

Ahora, la situación se agrava con la reciente designación de los principales cárteles como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO, por sus siglas en inglés). Esta medida no solo intensifica la presión sobre México, sino que también criminaliza a quienes huyen del crimen organizado. Cualquier persona sospechosa de estar vinculada con estos grupos será inadmisible en EU, lo que allana el camino para deportaciones masivas e indiscriminadas.

La contención ha colapsado, pero México sigue aferrado a ella

Desde la implementación del programa “Quédate en México”, las ciudades fronterizas dejaron de ser puntos de tránsito para convertirse en campamentos de desesperación. Con el nuevo endurecimiento de Trump, la presión sobre estos territorios ha explotado. Miles de migrantes sobreviven atrapados entre la burocracia, la violencia y la incertidumbre.

El cierre de la frontera no significa menos migrantes, sino más vulnerabilidad. La saturación de albergues y la falta de oportunidades han disparado el tráfico de personas, la explotación y el reclutamiento forzado por parte del crimen organizado. Mientras más difícil es cruzar, más rentable se vuelve para los cárteles.

La migración no desaparece, solo cambia de forma. Y ahora, México ya no puede seguir dependiendo de EU para contener un fenómeno que claramente lo ha rebasado.

La integración como única estrategia viable

Mientras México se ahoga en su propio callejón sin salida, otros países han optado por estrategias que no solo funcionan, sino que fortalecen sus economías.

  • España (2005): ante una crisis migratoria similar, regularizó a más de 500 mil personas en sectores con alta demanda laboral. En menos de una década, el problema estaba estabilizado.
  • Canadá y Alemania: en lugar de criminalizar la migración, la han tratado como una oportunidad económica, emitiendo permisos de trabajo temporales en sectores con escasez de mano de obra. ¿El resultado? Menos presión en las fronteras y un impulso a la economía.

México podría hacer lo mismo. No se trata de abrir las puertas sin control, sino de gestionar la migración de manera inteligente. Implementar permisos de trabajo podría absorber a la población migrante en sectores clave como la construcción y la agricultura, reduciendo la presión en las ciudades fronterizas y debilitando el negocio del tráfico de personas.

Si se aplicara este modelo en los próximos cinco años, la crisis migratoria podría estabilizarse entre 2027 y 2032. Pero el tiempo se agota.

Antes del fin

México enfrenta dos caminos. Si sigue apostando por la contención, sus ciudades fronterizas seguirán desbordadas, las redes criminales se fortalecerán y la crisis humanitaria podría prolongarse hasta 2040.

Pero si opta por la integración, podría transformar la migración en una oportunidad económica y estabilizar la situación en menos de una década.

México ya no puede seguir actuando como si la migración fuera un problema temporal. La contención es insostenible, y depender de EU para resolver la crisis es una estrategia condenada al fracaso. El endurecimiento de las deportaciones y el colapso de los mecanismos tradicionales han dejado en evidencia la urgencia de una solución real.

No se trata de frenar la migración, sino de administrarla estratégicamente. La decisión debe tomarse ahora. México puede seguir siendo un muro de contención que se desmorona o convertirse en un actor clave en la reorganización de los flujos migratorios globales.

El reloj está en cuenta regresiva. La ventana de oportunidad se está cerrando. (Nadine Cortés, El Financiero, Opinión, p.32)

Rozones

Pero qué necesidad

Y nos dicen que donde aplica una de las máximas de El divo de Juárez, esa de “pero qué necesidad”, es en el caso de la edición de una foto que hizo el diputado Pedro Haces para aparentar que el Papa Francisco lo recibió a él solo en el Vaticano, cuando en realidad se trató de un encuentro en el que estuvo con tres diputadas más. Se le hizo fácil al coordinador de operación política de la bancada de Morena en San Lázaro pedir que le pasaran el photoshop a la imagen para desaparecer a las legisladoras Solache González, de Morena, quien, se ha informado, gestionó el encuentro; Marcela Guerra, del PRI, quien preside la Comisión de Asuntos Migratorios y Cristal Pelayo Rodríguez, directora general de la Unidad de Asuntos Internos Internacionales y de Relaciones Parlamentarias. El encuentro con Francisco fue el 13 de febrero y fue la diputada Guerra quien dio a conocer la foto original, donde aparece toda la comitiva. Mientras, la alterada fue presentada por el propio Haces en una conferencia. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)

Antropoceno / ¿Volvió el fascismo?

El reciente discurso incendiario del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, hace creer a algunos que los años 30 del siglo XX están de regreso. Vance fustigó a las democracias europeas. Su discurso pintó una visión apocalíptica, en la que la peor amenaza al mundo parece ser la llegada de tercermundistas al norte y la tibieza, ante ello, de los gobernantes de Europa.

Entre quienes hacen sonar las alarmas en México está el funcionario y escritor Paco Ignacio Taibo II, quien asegura que llevar migrantes a Guantánamo es nazi. Taibo II lleva su mensaje al punto de declarar que los mexicanos que apoyan a Trump son traidores a la patria y sugerir que les corresponde la pena de muerte.

Es estalinista amenazar con ejecuciones políticas a quienes sean culpables del vago crimen de “apoyar” a Trump (¿apoyar su estilo, su injerencismo, apoyarlo con aportaciones en efectivo?). Además, es posible que la historia se esté repitiendo no como renacimiento del viejo enfrentamiento entre fascistas y estalinistas, una tragedia, sino, más bien, entre nuevos clowns populistas. Una farsa, como decía Marx.

El prestigiado filósofo liberal John Rawls consideraba, como Trump y Vance, que Estados Unidos, Europa e Israel eran sociedades “bien ordenadas” (estables, justas y respetuosas de las libertades fundamentales). Otros eurocéntricos agregan que son educadas, ricas, democráticas e industrializadas. Para los trumpistas, estas características están en la cultura occidental y no se transmiten rápidamente a los inmigrantes pobres. Vance, casado con una mujer morena hija de inmigrantes de la India, parece más un occidental apanicado que un racista.

En vez de jugar al Stalin en Canal 11, al mismo tiempo que se cobra en el gobierno mexicano que apoya a Trump con su contención migratoria, habría que entrar al debate mundial contra los populistas de ultraderecha. Eso hace la Presidenta Sheinbaum cuando repite en las mañaneras que enviará a Estados Unidos datos sobre las aportaciones de los migrantes mexicanos a Estados Unidos. De este lado de la frontera sabemos de la nobleza de los migrantes zapotecos (con sus habilidades para los instrumentos de viento metida en las venas), de los wixárikas (artistas natos y custodios de mitologías vivas), de los esmerados rancheros de Jalisco o campesinos de Michoacán. ¿Podemos servir de intermediarios culturales ante la opinión pública en el Norte Global? ¿Hacerles ver la sabiduría de las culturas no totalmente occidentales?

Parece una misión imposible, pero Sheinbaum y Petro la intentan. Rawls era eurocéntrico, pero se podía debatir con él, como hicieron intelectuales de todo el mundo. ¡Conversar!, en vez de derribar la mesa con un movimiento de la barriga. Pretender montar el teatro del siglo XX que opuso a nazis contra estalinistas es, además de anacrónico, irresponsable. En un mundo cada vez más marcado por la histeria colectiva, el acto más radical no es gritar muy fuerte y sacar a relucir las propias pulsiones asesinas, sino conseguir la epopeya intelectual de derrotar la barbarie, en los libros y en las urnas. (Bernardo Bolaños, La Razón, México, p. 4)