Opinión Migración 090325

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Pasea Garduño más relajado

Desde Chihuahua, nos platican que al que se le vio un poco más relajado visitando el estado fue al comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño Yáñez (Morena), luego de que libró su proceso penal por el incendio en la estación migratoria. Nos relatan que don Francisco acudió hace una semana muy puntual y en primera fila al informe de la gobernadora María Eugenia Campos Galván (PAN) y días después volvió a la frontera para tener una reunión con su equipo a puerta cerrada con llave y toda la cosa, aunque, nos dicen, no se le quita la costumbre de pasar de largo “sin pelar a la gente” y mucho menos responder preguntas, pues como dicen, “genio y figura”. ¡Qué tal! (El Universal Estados, A10)

¿Fueron miles de migrantes?

El señor Trump tiene la propensión a agrandar las cifras. Dice 50 e inmediatamente cambia a 100; todo lo agranda. Pero contamos con cifras oficiales de aprehensiones en la frontera; ahora les dicen “encuentros”, que se publican mes por mes y año con año, por lo que podemos pasar de la retórica a los hechos.

Durante el primer periodo de Trump (2017-2021) las cifras de aprehendidos fueron muy menores, unos 2.3. millones; influyeron dos factores. Primero, la amenaza de los aranceles de 2019 y la respuesta mexicana de poner a 20 mil guardias nacionales a contener el flujo de migrantes y luego el cierre de fronteras por la pandemia.

Pero durante el periodo de Joe Biden los números empezaron a crecer dramáticamente. En el año fiscal 2021 se aprehendió a 1.6 millones de migrantes, en 2022 a 2.3 millones; al año siguiente a 2.4 millones y en 2024 a 2.1 millones. En número redondos, 8.6 millones durante la administración del demócrata, tres veces más que con Trump.

Muchos meses las cifras superaban 200 mil migrantes mensuales y en diciembre de 2023 se llegó al récord de 301 mil encuentros, con la patrulla fronteriza. No obstante, a partir del mes siguiente las cifras empezaron a bajar notablemente, y a diciembre de 2024 se registraron sólo a 96 mil, tres veces menos. Este descenso se debe en parte al cruce legal de los solicitantes de asilo, por medio del programa CBP1, que ordenó y regularizó el acceso a refugio y disminuyó el cruce subrepticio para solicitar refugio.

Como quiera, la cifra de 300 mil migrantes en un mes que cruzan la frontera de manera irregular es muy elevada, por decir lo menos, y todos ellos pasaron por México. Es posible que en esos años hayamos tenido una población flotante en tránsito, de un millón, aproximadamente.

Durante ese mismo periodo las aprehensiones del Instituto Nacional de Migración fueron in crescendo, pero a nivel mucho menor. En 2021 fueron 309 mil, en 2022 llegaron a 441 mil, se incrementaron a 778 mil en 2023 y de enero a agosto de 2024 se llegó a 925 mil.

Pero la capacidad de aprehensión del Inami es una y la de deportación es otra. En 2023 sólo se devolvió a 17 por ciento del total (54 mil), en especial a centroamericanos y en mucho menor medida a caribeños, sudamericanos y a algunos asiáticos y africanos. Lo que pasó con el 83 por ciento restante, salvo los solicitantes de asilo en México, fue a parar a manos de la patrulla fronteriza.

No obstante, el panorama durante los cuatrienios de Trump y Biden fue muy diferente, no sólo en cuanto al volumen, sino también por la composición del flujo y la posibilidad de deportarlos. En realidad hubo un cambio sustancial del patrón migratorio.

En primer lugar, cambió el lugar de origen de los migrantes que iban a Estados Unidos. En 2021, 43 por ciento de los aprehendidos eran mexicanos, 38 por ciento centroamericanos y en el rubro de otros figuraban tan sólo 17 por ciento.

Cuatro años después el renglón de otros representaba 61 por ciento; los mexicanos, 23 por ciento y los centroamericanos, 16 por ciento.

Con la pandemia se agudizaron las condiciones en muchos países y cuando se abrieron las fronteras empezaron a emigrar y remigrar venezolanos, cubanos, haitianos y nicaragüenses, que anteriormente no formaban parte sustancial del escenario.

En segundo término, en estos cuatro casos, la posibilidad de deportación fue mucho más complicada por falta de acuerdos con los países de origen. Ya no existía la posibilidad de usar el título 42 de deportación inmediata a México, que utilizó Trump y, además, muchos de estos migrantes eran solicitantes de asilo, particularmente de países autollamados socialistas; en el caso de Haití se trató de un país capitalista fallido.

También se incrementó la cifra de sudamericanos, como ecuatorianos, colombianos y peruanos, como demuestran los datos recientes de la Unidad de Política Migratoria (ver cuadro). (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 15)

¡No abras la puerta!

Los fuertes golpes en la puerta despertaron a la familia de Ángela, una mujer del pueblo Náhuatl una mañana de enero. Con gran susto, todos en la casa se levantaron. Los más grandes fueron hacia la puerta para preguntar ¿quién era?, la respuesta los dejo sin aliento: “abran la puerta, es el ICE”.

Esas palabras hicieron palidecer a la familia. El terror se apoderaba de ellos, pero fue en ese momento cuando Ángela con seguridad, les preguntó si contaban con alguna orden judicial para que los dejara entrar. Después de esto el silencio reinó, por lo que minutos más tarde los agentes del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) se alejaron del lugar. Esta historia es sólo una de las miles que hemos escuchado durante estas semanas del gobierno de Donald Trump. Familias enteras que viven con temor, el cual las paraliza para realizar acciones cotidianas como llevar a sus hijos a la escuela, hacer sus compras semanales o ir a la iglesia. Las constantes órdenes ejecutivas firmadas por el actual presidente, han hecho temblar a más de uno.

Los grupos más vulnerables son la comunidad migrante, la población LGBTQ+, las organizaciones sin fines de lucro, así como diversos sectores gubernamentales.

En las noticias dan aviso constantemente de nuevas “redadas” en varias ciudades de Estados Unidos. Los Ángeles, Texas, Denver, Chicago, Nueva Jersey y Pensilvania son donde más se ha visto presencia del ICE. Algunos simpatizantes latinos del nuevo presidente comentan que están a favor de estas acciones, porque van contra los migrantes que tienen algún antece dente criminal. Sin embargo, esto no es cierto, ejemplo de esto, es el caso de Faustino del pueblo me’phaa, que fue capturado en la ciudad de Erie, en el estado de Pensilvania, cuando dirigía a su trabajo.

El junto con su hermano Lino fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza, la detención se daba sólo unos minutos después de que una persona los señaló como migrantes indocumentados. Contrario de lo que se piense ni Faustino ni Lino tenían antecedentes, mucho menos, había una orden judicial contra ellos, su caso fue fortuito, producto de estar en el momento y lugar equivocado.

Según los registros del consulado de México en Pensilvania, fueron capturados por no contar con identificación en el momento de su arresto. Tanto Lino como Faustino fueron trasladados a la prisión del condado de Erie, donde el ICE tiene convenio para colocar a los migrantes que detiene.

Es ahí cuando empieza el calvario. Lo primero es aislarlos y después usan presión sicológica para que firmen su deportación voluntaria. Sólo los más fuertes resisten. Los que no tienen ni familia ni nada por qué quedarse en Estados Unidos firman el documento y en algunas semanas están de regreso en sus países de origen. No es el caso de Faustino, pues él después de 25 años no tiene mucho por qué regresar, su padre y su hermana fallecieron meses atrás en un accidente automovilístico.

Su única hija es ciudadana estadunidense, por lo que no existe más futuro para él en Totomixtlahuaca, un pueblo localizado en la Montaña de Guerrero.

Es por esto que Faustino continúa resistiendo, con la esperanza de que un alivio migratorio le permita arreglar su estatus en aquel país.

Mientras tanto, intenta man tener bajo control su diabetes, que apenas fue diagnosticada.

Las personas migrantes temen a las deportaciones, pues aunque dicen que sólo “están agarrando a los que tienen algún delito”, en una declaración pública el denominado zar de la frontera, Tom Homan, refirió: “cualquier persona que haya cruzado ilegalmente a Estados Unidos es criminal”.

En lugares santuario como Nueva York, California o Chicago existen organizaciones sociales que se movilizan ante cualquier operativo realizado por el ICE. Sin embargo, en estados más conservadores se impulsan leyes que fomentan la persecución de la comunidad migrante, Texas o Florida son ejemplo de ello. En otros más, como Misuri o Misisipi, han sido detenidos proyectos de ley antimigrante por ser violatorios a derechos humanos. “El país es un caos y están yendo contra todo lo ganado, por primera vez nos está costando mucho continuar nuestro trabajo, con el nuevo gobierno”, son las palabras de líderes sociales que por años han trabajado con la comunidad latina. A pesar de lo desesperanzador del panorama, las hijas e hijos de los migrantes están impulsando nuevos liderazgos. Salen a las calles exigiendo un alto a las redadas migratorias que ponen en riesgo la seguridad de sus familias.

“Queens ya no es lo mismo”, menciona Miguel Hernández, líder de la raza zapoteca, la gente tiene miedo. La ruidosa avenida Roosevelt, ubicada en el corazón comercial de este condado latino de Nueva York, ya no se escucha igual. Miles de comerciantes que diariamente se daban cita han decidido ir espaciando sus salidas para vender, prefieren resguardarse en sus hogares. Sólo salen para reunir lo necesario y pagar la renta mes con mes. Como medida de resistencia se han hecho infinidades de grupos de Facebook o de WhatsApp, donde se reporta la presencia de los agentes migratorios.

Las madres y padres se reúnen en centros comunitarios para firmar poderes legales y que sus hijos estén seguros en caso de que ellos sean deportados. Se trabaja en planes de emergencia para tratar de revertir la separación familiar.

Por otro lado, se han repartido las famosas Tarjetas Rojas, que ha sido una herramienta fundamental ante cualquier detención. Estos documentos han marcado la diferencia en algunos casos. Es una sencilla tarjeta de 5×9 centímetros donde se citan los cuatro siguientes puntos: “No abra la puerta; no conteste preguntas; no firme nada; entréguele esta tarjeta al agente”, mientras en el reverso en inglés se aboga a la cuarta y quinta enmienda de Estados Unidos, así como los derechos constitucionales como individuo.

Por su parte, la red consular de México ha lanzado un botón de pánico para alertar a sus familiares en caso de cualquier detención.

Todas estas estrategias están encaminadas a hacer resistencia comunitaria ante las medidas represivas del actual gobierno. Las palabras cuidado colectivo están teniendo otro significado. Es por esto que ante la desesperanza y la zozobra que vivimos, nuestras redes están salvando vidas.

Comunitariamente estamos buscando formas de sobrevivir, nos hemos vuelto aliados ante este difícil del escenario. Entre nosotros, el pueblo migrante, nos alertamos cuando los riesgos están más presentes, ¡por lo que es importante recordarnos medidas tan básicas como la de iNo abrir la puerta! Ante cualquier tribulación provocada por los discursos de odio y discriminación. (Fabiola Mancilla Castillo, La Jornada, Economía, p. 17)