Opinión Migración 100325

Pepe Grillo

Pausa, festival y nuevas amenazas

Se anunció la pausa, se organizó el festival musical en el zócalo y Donald Trump volvió a su guion y amenazó con que, en abril, entonces sí, ya no habrá otra pausa. Está claro que todo puede pasar y que puede cambiar la jugada en el último minuto.

Puede repetir palmaditas en la espalda y abrir otra pausa o dar manotazos en la mesa. México, mientras tanto, ya conoce el camino. Reducir el tráfico de migrantes y de fentanilo y seguir desmontando las estructuras criminales que se habían empoderado hasta niveles inadmisibles. Los carteles más grandes, el Sinaloa y el CJNG, están agazapados, siguen siendo muy peligrosos, pero arriaron banderas en espera de que pase el temporal.

El Gabinete de Seguridad no solo ha conseguido dos pausas, ha conseguido fortalecer la presencia del Estado mexicano en zonas en las que se había desvanecido. La idea es que la presión sobre los carteles no disminuya, sino que siga hasta acorralarlos y que sus jefes principales sean eliminados y detenidos. (Pepe Grillo, La Crónica de hoy, La Dos, p. 2)

Extorsionador voluble

La administración Trump avisó a los inversionistas norteamericanos que hacen negocios en otros países que no piensa perseguirlos si sobornan funcionarios. La corrupción internacional recibe la bendición. Trump anunció que se dejaría sin efecto la ley de prácticas corruptas en el extranjero porque el mundo se reía de Estados Unidos con la persecución del soborno. No pretende modificar una ley vigente hace cerca de cincuenta años, pero instruye a los suyos a ignorarla. Sepan los corruptos que tendrán el respaldo de la administración cuando hacen negocios fuera de las fronteras y se ven obligados a gratificar a los gobiernos locales. Eso de andar respetando las prácticas internacionales en materia de transparencia pone a nuestros inversionistas en desventaja.

El mismo día en que el Presidente firmó el decreto que fomenta la corrupción internacional para mejorar el clima de negocios en el mundo, el Departamento de Justicia retiró los cargos contra el alcalde de Nueva York. La fiscalía olvidaría las acusaciones de que Eric Adams había financiado su campaña con fondos ilegales y que había recibido sobornos durante su gestión. La dependencia federal no hacía el menor intento de disimular el obsequio de impunidad: los pleitos legales dificultaban la colaboración de la alcaldía con la política migratoria de Trump.

Te has quedado sin cartas, le dijo Trump al presidente de Ucrania. No tienes nada que negociar. Lo único que te corresponde es darme las gracias y esperar que Putin y yo lleguemos a un acuerdo. El lenguaje de Trump es la amenaza y la extorsión. Plegarse a su voluntad o sufrir las consecuencias. La paz puede llegar muy pronto a Ucrania, ha dicho Trump, pero si hay alguien que no está dispuesto a negociar en mis términos, no va a sobrevivir mucho tiempo. Si quieres seguir respirando, firma en la línea del convenio que he redactado para ti.

Cuando se habla de Donald Trump como un político “transaccional” se sugiere que es un estratega que despliega despiadada, pero racionalmente todas las fibras de su poder para sacar la máxima ventaja de su interlocutor. Amenaza para debilitar al aliado y someterlo a su voluntad. Ofrece protección a los truhanes para convertirlos en cómplices. Utiliza el desprecio, la humillación, presume sus sobornos. Elogia para comprar; insulta para destrozar. Y así, entre agresiones y cortejos, obtener lo que se propone. La vaguedad de sus exigencias es la clave de su poder. No hay peticiones concretas cuyo cumplimiento pueda verificarse objetivamente. Lo hemos visto durante estas semanas bajo el dictado de su capricho. Se señala una hora para el estallido de la bomba. Se exige, para evitar el bombazo, el cumplimiento de un pliego de resultados abstractos. Una sola persona decide si aprieta el botón. La historia de México vuelve a ser la de siempre: la de un país que cuelga del capricho de los déspotas.

Decir que la estrategia de Claudia Sheinbaum explica el nuevo aplazamiento de los aranceles es cierto… hasta cierto punto. A la Presidenta hay que reconocerle serenidad. No ha mordido los anzuelos de Trump, ha insistido en el diálogo, ha hecho todo lo posible por preservar la plataforma económica de nuestro país. Pero la decisión de Trump es apenas un reconocimiento de lo que se hace en México, un país que, insiste en cada oportunidad, es tierra de delincuentes. No es la estrategia de seguridad ni la colaboración migratoria lo que ha persuadido al presidente de Estados Unidos. Desde luego, no fue la elocuencia telefónica de la Presidenta lo que nos salvó del arancel. La decisión para México fue idéntica a la que aplicó a Canadá, un país que ha buscado estrategias muy distintas para enfrentar a Trump.

Si resulta extremadamente complejo lidiar con el gángster que gobierna a Estados Unidos, es porque su estrategia no es precisamente transaccional. La amenaza no cede cuando consigue su objetivo. Imposible el pacto con un extorsionador que además de serlo, resulta voluble. Trump amenaza para obtener ventajas, pero sobre todo amenaza para seguir amenazando. No suelta al torturado, aunque haya obtenido de él lo que desea. En el momento en que obtiene su confesión, exige algo más para volver a sofocar a su presa. El poder arbitrario no es el instrumento para lograr lo deseado, sino el objeto mismo del deseo. (Jesús Silva-Herzog, Reforma, Opinión, p. 12)

A fuego lento / China, no México, el verdadero dolor de cabeza de Trump

Se acabaron las amenazas por la imposición de nuevos aranceles de Estados Unidos a México, y no se hablará más del tema mientras no se modifique el T-MEC.

Ese fue uno de los acuerdos a los que llegaron la semana pasada la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump.

Otro, del que no se ha dicho nada, es que nuestro gobierno se comprometió a revisar la relación comercial que tiene con China, porque ahí radica el verdadero enojo y la presión que ha ejercido el mandatario estadounidense sobre nuestro país.

En ese sentido, la nueva pausa que convinieron no fue para definir dónde aplicarán los tan llevados y traídos aranceles, sino para entrar a la revisión del tratado comercial que incluye a Canadá.

En la llamada telefónica de la semana pasada, Sheinbaum fue muy clara y determinante con Trump al expresarle cómo podría responder México ante una medida como la que él estuvo anunciando en los últimos días.

Le enumeró una larga lista de productos estadounidenses susceptibles de ser objeto de aranceles y habló del impacto negativo que eso tendría para ambas economías.

Además, le compartió un resumen de las afectaciones que provocó, en un solo día, la supuesta entrada en vigor de las “nuevas” tarifas impositivas.

Por otro lado, le recordó que en la Casa Blanca ya tienen una carpeta con los resultados de todas las acciones de cooperación de los últimos meses en diferentes áreas, especialmente en el combate al tráfico de fentanilo, la captura y entrega de narcotraficantes, así como en migración. 

Trump agradeció el gesto y reconoció que hay avances, pero dijo que todavía falta mucho por hacer, por lo que incluso ofreció el apoyo de su gobierno para seguir avanzando.

No obstante, todo eso pasó a segundo plano. Lo que realmente le importaba al mandatario estadounidense era hacer saber a la Presidenta mexicana que está en desacuerdo con el intercambio comercial que tenemos con China. 

Una funcionaria de primer nivel me confió que ahí radica la verdadera preocupación de los gringos, debido a que en la última década sus productos fueron desplazados a nivel mundial por los de origen chino, y Trump no quiere que sigamos siendo partícipes de eso.

Tan sólo en los últimos dos años, la potencia asiática desplazó a EU como principal proveedor de autos para México, generando gran preocupación en Trump y en los fabricantes estadounidenses, aunado esto a la invasión del acero chino en los países que forman parte del T-MEC.

Y a pesar de que nuestro gobierno ya impuso sanciones a productos provenientes de China y endureció desde enero las reglas para las importaciones, en Washington siguen insatisfechos. 

Los indicadores macroeconómicos los ponen en franca desventaja. El superávit comercial de China, calculado en un billón de dólares en 2024, es el mismo billón de dólares que registró EU como déficit comercial.

Por ello, el inquilino de la Casa Blanca ha impuesto agresivos aranceles al dragón rojo y espera que sus socios hagan lo mismo o reduzcan al máximo su relación comercial.

Esa fue la petición que externó a Sheinbaum, colocando en segundo plano el tráfico de drogas y la migración, temas que inicialmente utilizó como señuelo para presionar a nuestro gobierno. 

La ventaja fue que la mandataria mexicana nunca cayó en su juego y se mantuvo cautelosa y prudente.

Lo que sí veremos pronto, me dijo una fuente gubernamental, será una agresiva estrategia de México contra las importaciones chinas, tanto legales como ilegales.

Se endurecerá la relación con la fábrica más grande del mundo por el bien de nuestra economía y la presión de nuestros vecinos del norte.

 

Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Trump no quiere que México juegue con China, pero él sí quiere jugar con México”. (Alfredo González, El Heralo de México, País, p. 5)

América para los norteamericanos

Donald Trump es una paradoja de la historia. Su presidencia marca un nuevo orden global en el que Estados Unidos adopta un rol proteccionista, con una política de sustitución de importaciones de facto, alejada de aliados históricos y cerca, muy cerca, de sus grandes enemigos a lo largo del siglo XX. Digo que es una paradoja porque fue Estados Unidos el que, con ahínco, promovió la agenda globalizadora en el entonces orden bipolar. Fue Estados Unidos el que promovió la caída de los muros, y hoy enarbola una agenda antinmigrante no solamente en su territorio, sino en Europa, como dejó claro el discurso del vicepresidente JD Vance en Alemania. Hoy Estados Unidos no exporta los valores de Occidente, ni busca ser el policía del mundo, ni el garante de la libertad. Hoy Estados Unidos quiere exportar la ideología MAGA, que es, en esencia, la agenda de la derecha en el siglo XXI: antinmigrantes, antidiversidad, antiderechos sociales, antiacciones afirmativas, antiaborto, pro armas, pro industria doméstica, pro impuestos regresivos y, desde luego, pro expansionismo y pro actividades contaminantes. Por eso Vance fue a decirles a los alemanes, que algo saben del tema, que el enemigo no era externo (refiriéndose a Rusia), sino interno.

El enemigo, según la cultura MAGA, es el inmigrante africano en las calles de Berlín, es la prohibición a partidos neonazis, o la moderación de contenidos que propagan el odio en redes sociales.

Si Estados Unidos fue caricaturizado en el siglo XX como promotor de una cultura pop, consumista y superficial; el siglo XXI apunta a un Estados Unidos exportador de una agenda ultraconservadora, que encuentra eco en ciertas facciones de Europa.

La guerra comercial con los multicitados aranceles es la expresión más pragmática del gigante económico recordándole al mundo su relevancia.

Pero de fondo, hay un cambio en los valores estadunidenses. Si hoy fuera 1942 y estuviera en vilo el destino del mundo, Estados Unidos no priorizaría la libertad, sino el retorno sobre la inversión de una intervención militar. El caso práctico es Ucrania, que para combatir la invasión debe optar por sufrir otra invasión, económica, por parte de su aliado americano. No es que en el pasado Estados Unidos no haya sido movido por el afán expansionista, territorial o transaccional, pero sí llama la atención el cambio absoluto de paradigma en el que, con Trump por delante, Estados Unidos abraza y glorifica un papel pragmático y mercantilista. No importa si Ucrania sobrevive como nación, lo que importa es hacerse de sus minerales. No importa si Groenlandia es danesa, lo que importa es desestabilizar y expandirse.

No importa si Canadá ha sido socio y aliado, lo que importa es reducirlo a nivel de estado. No importa si Europa libró con Estados Unidos las guerras más relevantes para la libertad y la democracia, lo que importa es que paguen más. Es la mentalidad de un negociante inmobiliario, llevada a la Casa Blanca.

Con esta lógica, lo que agoniza no son solamente las cadenas integradas de suministro o los bloques regionales de producción de insumos que hacen más eficientes a las economías de los países. Lo que agoniza es una idea compartida sobre los valores de Occidente. Lo que se apaga rápidamente es una causa democrática común, dando paso a una nueva era de proteccionismo, de xenofobia, de chovinismo, de avasallamiento, pero paradójicamente, esta vez el perpetrador es quien, hasta hace unos años, era el auto proclamado responsable de velar por esas banderas compartidas. Es como si Francia y su orgullosa República, un día se volvieran en contra de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Así se ve Estados Unidos, el país que conformaron los inmigrantes, los que sufrieron el acoso religioso, defendiendo una agenda ultraconservadora, levantando muros y encerrándose en su propia retórica. No es salirse de la OMS, descalificar a la OMC, hacer irrelevante a la ONU o terminar con Usaid. No es la emboscada a Zelensky, el favor a Putin, el distanciamiento con los vecinos y la frialdad con los aliados. Es el cambio diametral del rol de Estados Unidos en el mundo, que en el afán de recuperar liderazgo y control económico, ha dejado el estandarte de Occidente en el suelo.

La libertad, la democracia, la verdad, son irrelevantes frente a requilibrar el déficit comercial, sellar sus fronteras y abrazar la agenda conservadora que llevó a Trump de regreso a la Oficina Oval. (David Penchyna Grub, La Jornada, Política, p. 18)

CARTONES

Victoria

Victoria

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 48)